Nota*

Primero, agradeceré por sus bellos comentarios, sé que son pocos los que hasta ahora leen la historia, pero paso a paso vamos construyendo más. De cualquier forma me emociona que hayan leído los primeros caps. Gracias también por sus sugerencias, me ayudan a crecer tanto como escritora, como persona. Traté de corregir esas cosillas que me apuntaron y pues… ahí vamos.

Les traigo un capitulo lleno de cosas un poco inesperadas, pero les prometo que estos son solo los abrebocas de la historia que estoy dispuesta a ofrecerles. Por ultimo les pido un trocito de paciencia, intentaré actualizar la historia cada cinco días o menos (si la U me lo permite) pero por ahora, solo desearle muy buenas vibras y bellas letras.

LR

Capítulo 3:Como niebla

-Devuélvelo, no te pertenece - la castaña estaba tan roja, que Draco creía iba a explotar.

- Y si no lo hago ¿Qué pretendes hacer? – contrarrestó la morena ya exasperada.

- Te obligaré a dármelo – y acto seguido, Hermione sacó su varita y apuntó directamente al cuello de Pansy, quién dio un paso atrás sorprendida.

"Esto se pone interesante" pensó el rubio riendo por primera vez desde hacía mucho. La verdad era lo único divertido que había visto en algún tiempo, quién diría que la sangre sucia podría hacerlo reír tanto, era la perfecta persona para ocupar el papel de bufón en la corte.

Primero, él se enojó bastante cuando en sus rutinas diarias, había salido a cazar estudiantes para aterrorizarlos, seguido lógicamente de Pansy que era insoportablemente pegajosa, pero mientras estaba quitándole a un chico de Ravenclaw cincuenta puntos, había aparecido Granger y lo había defendido, devolviéndole sus puntos y enviándolo a clase. Más frustrado que nunca, el rubio iba a descargar toda su ira contra ella, pero antes de que pudiera hacerlo, la castaña había vuelto los ojos hacia Pansy y le había lanzado toda una retahíla que, para la mente estúpida de la Slytherin fue difícil entender; pero que sin embargo Draco había comprendido a la perfección. Al ver la expresión de enojo de Granger, él había preferido quedarse como observador y disfrutar del teatro que entre las chicas se iba dando.

-Inténtalo sangre sucia – incitó Pansy sacando su varita también, pero mostrándose insegura.

- Está bien – fue la única respuesta de la castaña, para que con un rápido movimiento de varita y un mudo "Incarcerus", dejara a la morena amarrada y tendida en el suelo en una posición no muy agradable, pegando gritos y chillidos en donde lo único que se entendía eran palabras como "maldita", "sangre sucia", "Draco has algo" y "rata de biblioteca".

Mientras tanto la Gryffindor caminando despacio se acercó a Pansy y acuclillándose con aire solemne pero burlón, le dijo:

-Pansy no debes tomar cosas que no sean tuyas… Accio brazalete – Y dejando tumbada a la morena se levantó, con la pulsera de April en una mano y la varita en otra, sintiéndose muy orgullosa de si, lanzó una pequeña mirada hacia Draco, quien previendo el gesto, había dejado de sonreír justo antes de que ella le observase, y los dos mirándose fríamente giraron a lados opuestos.

Hermione caminó muy contenta, no se había percatado de que estaba en uno de los corredores más solitarios y oscuros del pasillo, y le fue inevitable reflexionar en qué estarían haciendo Draco y Pansy solos, "vamos Hermione, no pierdas el tiempo pensando en eso" se reprendió a sí misma, a ella que le importaba lo que hicieran, lo que sí le vino a la mente fue que tuvo una pelea con una Slytherin en frente de Draco, es más, tuvo una pelea con Pansy… y él no intervino en ningún momento, solo se limitó a quedarse de observador, y para asombro de la castaña, hasta sonrió disfrutándolo. Al principio Hermione pensó en que él había hecho esto para ver como Pansy le daba una paliza, pero al ella atarla y vencerla, el rubio no hizo absolutamente nada. Después pensó que Malfoy había cambiado, dejó de ser el chico miedoso y manipulador que se escondía detrás de Crabbe y Goyle, a pasar a ser alguien frio y calculador, sin temor y de piedra, en donde lo único que buscaba era su propio pellejo, sus propios intereses, ni siquiera fue capaz de defender a su… a lo que fuera Pansy para él, solo quería entretenerse, y la castaña se repudió en ese momento, por ser ella quien le había ofrecido tal diversión.

Sin embargo, había valido la pena, ahora le podía devolver a la chiquilla lo que le pertenecía, estaba tan concentrada viendo el brazalete que no se percató de que la venían siguiendo, solo cuando escuchó una risa sarcástica, se dio cuenta de quién era, ¿ahora que quería?

-Creo que me debes algo Granger – dijo el Slytherin arrastrando las palabras. Inmediatamente Hermione se puso en guardia con la varita en mano y la pulsera en el bolsillo.

- No te debo nada – contestó la castaña, mirándolo fijamente a los ojos.

-Te equivocas sabelotodo, me debes mucho – y con cada palabra pronunciada, Draco se fue acercando lentamente a Hermione quedando con la varita de ella enterrada en su pecho, ella no supo porque pero en ese momento su corazón dio un vuelco, la cercanía del rubio fue un golpe intoxicarte, no soportaba estar tan cerca de alguien a quien se le veía su palpante odio hacia ella, se sintió expuesta, desarmada, petrificada. Draco, quien tenía bastante experiencia leyendo a las personas se dio cuenta de esto y aprovechando su ventaja le susurró peligrosamente unas últimas palabras – cuídate, porque este no será un buen año, ni para ti, ni para tus amigos. – diciendo esto se alejó de ella, permitiendo que respirara con normalidad, pero antes de que él se diera la vuelta para irse la chica contestó.

- Tus amenazas no me dan miedo, Malfoy, Tú no me das miedo – al decir esto Draco con un movimiento rápido se acercó de nuevo a ella, quien había bajado por descuido su varita y ahora el campo que había entre ella y el rubio era tan solo de algunos centímetros, sin embargo ella no desvió la mirada, su orgullo no lo permitió. Él disfrutó eso, gozó observar la sombra que atravesó la mirada de la chica y murmurando un tétrico "Ya lo veremos" se separó de ella, y sin dirigirle una última mirada, se marchó.

Hermione contuvo el aliento y de pronto lo soltó, estaba sola, sus ojos se aguaron pero inmediatamente los cerro con fuerza para retener las lágrimas, lo que ella le había dicho era verdad… no le tenía miedo, y sin embargo no se explicaba porque después de unos minutos de su confrontación, aun le temblaban las piernas. Algo le quemaba en el pecho, era una sensación extraña, al principio creyó que se debía a lo que había sucedido, pero después se dio cuenta de que era el pequeño relicario que se había calentado sutilmente, lo tomó en sus palmas y rápidamente se fue enfriando y a continuación sucedió algo que la castaña creyó imposible.

Desde los grabados del camafeo, surgieron letras, algo difuminadas como la neblina, blancas, pero lo suficientemente nítidas como para leer cada palabra, era una oración, que para Hermione careció de sentido en ese momento. Al escuchar los pasos de alguien que venía, agito el aire en donde estaban las letras y estas a su vez desaparecieron, la castaña quitándole importancia a esto, se colgó de nuevo el camafeo y se fue al gran comedor, era hora de la cena.

Draco no tenía hambre, después de lo sucedido en el pasillo había decidido ir hasta la torre de los danzantes, era uno de los tantos lugares en Hogwarts, a donde casi nadie se atrevía a subir por temor a los fantasmas que la merodeaban, decían ser crueles y habían leyendas que Draco consideraba estúpidas. Por ejemplo estaba la de aquel chico que se asustó tanto cuando subió, que sin pensarlo se había lanzado desde la torre, otra de que a uno de los profesores le había dado un infarto por estar tan cerca de los fantasmas, una más que contaba cómo, uno de los monstruosos fantasmas había dejado colgado toda una semana a Filch, esa Draco era la que consideraba más verídica, el tonto del conserje podría haberse quedado hasta un mes colgado, sin que nadie, sólo su gata notara su ausencia.

Sin embargo, cuando Draco subió encontró a los cuatro fantasmas que hace tanto tiempo, había conocido, lo único aterrador en ellos era que casi nunca dejaban de jugar póker explosivo, y algunos dirían que sus rostros desfigurados y sin ciertas partes, eran horribles, pero eso a Draco no le afectaba… tenía pesadillas más espeluznantes que esos cuatro. Sacudiéndose recuerdos de su cabeza los saludó con un ademán de cabeza y siguió hasta el balcón de la torre, rústico, frio y de piedra, pero agradable al tacto. Colocó sus manos en el borde y echó su peso hacia delante, mirando abajo, cosa que hizo a su flequillo caer por encima de su frente, casi rozando los ojos. Esta noche no había luna, pero sí muchas estrellas, miró hacia el lago parcialmente negro, y después a los arboles del bosque prohibido, pensó ver algo en alguna de las copas pero un susurro a su lado lo hizo voltear la cabeza.

-Príncipe Malfoy – saludó uno de los dos fantasmas que se atrevían a hablarle, tenía el rostro torcido y le faltaba un ojo, Draco lo llamaba por su nombre, pero los demás le decían "el tuerto" – ¿cómo ha estado? –Draco volvió su cabeza al frente y dijo:

- ¿Qué quieres? –

- Anocheces de malas ¿verdad? – dijo el fantasma divertido por la actitud del rubio, era cierto que el chico tenía una energía aterradora, eso lo notó la primera vez que lo vio, y también era muy cierto que al paso del tiempo se fue haciendo más monstruosa. Pero él ya estaba muerto, no le temía ya a muchas cosas, es más admiraba muchas otras. Cuando murió y se condenó a vagar durante tres mil años, lo único que pudo hacer fue relajarse y olvidar su humanidad y era precisamente lo que más le gustaba ver, la humanidad de los seres, sus sentimientos, sus cualidades, sus emociones, su sensibilidad, y sus barreras.

- Y a ti que te importa Demian – Respondió Draco con un tono más agresivo de lo usual.

- Vamos chico, no te enojes con el pobre – Dijo otro fantasma acercándose a donde estaban, este era mucho más ancho que Demian y tenía la cara redonda, con marcas de cortaduras abiertas por todas partes, era despreciable pero irónicamente en su vida humana, fue un Slytherin, Draco desconocía mucho de su pasado, pero, en cuanto supo que el rubio pertenecía a esta casa, decidió que el humano era digno de confianza.

- Pues entonces no se metan – Al fantasma no le pasó desapercibido el plural que utilizó el rubio, era mejor andarse con cuidado.

- Hay rumores de que él que no debe ser nombrado, va a dar un golpe fatal a la comunidad mágica, ¿es eso cierto? – Preguntó imprudentemente Demian.

- Demian, a ti, que te importa – Draco lo miró a la maltrecha cara, y en ese instante Demian, supo que era cierto, supo que el rubio escondía cosas, muchas, y por un segundo lo hizo estremecer aunque ya no tuviera piel, este muchacho podría ser uno de los seres más peligrosos que había conocido estando vivo y también muerto.

No se hicieron más preguntas acerca de nada, los fantasmas continuaron su partida de cartas y el Slytherin siguió suspendido entre sus pensamientos y la vista que tenía por debajo de él.

Al estarse yendo, notó un jardín rodeando la mesa en donde jugaban los muertos, era muy bello, no tan elegante como el que su madre tenía en la mansión, pero si lo bastante digno para ser considerado estético.

-Decidieron decorar… – se despidió el rubio y a continuación bajó por el pasillo por donde había subido.

Hermione yacía tendida en su cama, había pasado las últimas dos horas dando vueltas en su cama, como no durmiera pronto, en la mañana amanecería pareciendo un panda. Pero es que era inevitable, apenas cerraba sus ojos y empezaba a sumergirse en el sueño, aparecían las letras del camafeo, seguidas por un par de ojos conocidos, ojos color mercurio, ojos que tenían amenazas y rencor impregnado. No quería preocupar tontamente a sus amigos y por eso precisamente no les comentó nada acerca de lo que había pasado, sin embargo las palabras del insensible de Malfoy, habían taladrado su cabeza y se habían instalado tan profundo en ella, que ahora era difícil sacarlas, ella sabía que tenían una segunda intención, y la iba a averiguar.

Por otra parte estaba el relicario, otro misterio, ella creyó que era un artículo muggle, común y corriente, pero por supuesto, se había dado cuenta de que no era así, entonces, ¿Por qué su temperatura subió? ¿Por qué las palabras en el aire? ¿Por qué en ese momento?

No aguantando más, muy despacio Hermione, iluminó con su varita y tomó su agenda, decidida a encontrar un patrón escribió en una página en blanco, la oración que le lanzó el relicario. Y habiendo calmado momentáneamente sus ansias, se quedó plácidamente dormida, sin ojos que la vieran, ni palabras que la rodearas, solo oscuridad, envolvente, fría y deliciosa.

En una letra fina, al principio de lo que sería una de tantas páginas, rezaba una oración, sin sentido, pequeña, pero inquietante:

"Cuidado con las metáforas, el amor puede surgir de una de ellas"