Hola amigos:

Luego de mucho tiempo escribo esta continuación. No sé si me salió bien y si a ustedes les guste pero hice mi mejor esfuerzo. Se puede decir que este es el último capítulo antes de la verdadera acción.

Un saludo

Yaem Gy

Capítulo 2: Los Hilos del Destino

Los últimos diez meses habían sido un tormento sin tregua. Desde que abandonara el castillo luego de la muerte de Dumbledore su vida había sido terrible.

El señor tenebroso se había adueñado de la mansión y trataba a su familia peor que a elfos domésticos. Su padre había recibido las más denigrantes humillaciones, él mismo había sido denigrado y obligado a torturar bajo la amenaza de que si no lo hacía sería severamente castigado. Caminar por la mansión se había vuelto un peligro constante y en las noches no había podido dormir pues a lo lejos se escuchaban los gemidos del prisionero en las mazmorras.

Draco ahora se arrepentía más que nunca de haber abierto el armario. Este se había convertido en una caja de Pandora que, al abrirse esa nefasta noche de junio había liberado sus tormentos al mundo. Dolor, furia, odio, violencia… maldad pura había escapado y sembrado su manto de horror.

Y todo por su culpa.

El Innombrable había tomado el poder en la sombra y ahora todo aquel que osara siquiera pensar en su contra estaba condenado. No se podía susurrar siquiera su nombre. Vivir cerca de su presencia era vivir con miedo. Fallarle era ahogarse en el tormento.

Y ellos, los Malfoy, le habían fallado una vez más.

Draco aun no podía recobrarse del intenso dolor en el cuerpo. Él, su padre, su madre y su tía Bella habían recibido la ira de su señor. Solo hacía dos días que el Harry Potter y sus compañeros habían sido capturados por una banda de carroñeros y llevados a la mansión para ser entregados. Cuando Draco los vio se le heló la sangre. Allí estaban el cara rajada, con una deformación en el rostro impresionante, la comadreja que más parecía un león herido y desesperado y ella… Su Tristesse, asustada, llorosa.

Al verla el cuerpo entero le tembló.

Cuando su padre le exigió reconocerlos trató de evitarlo todo lo que pudo. Podía simular que el monstruo de cara hinchada no era Potter, pero no podía fingir que no conocía a Weasley y a Hermione. Hizo lo que pudo para no afirmar que eran ellos y tal vez pudo lograr convencer a todos que no eran ellos si no hubiera aparecido Bella. Ella había reconocido a Hermione y eso dio pie a que se reconociera a todos los demás.

Con horror, el rubio fue testigo de cómo su odiada tía tomaba las riendas de la situación, doblegaba a los carroñeros y les quitaba una espada que para ella era importante y mandaba a encerrar a Potter y Weasley para luego comenzar un ritual de terror con Hermione.

Ver como la torturaba, escuchar sus alaridos, su llanto. Escuchar a la distancia los gritos en cuello de Ron llamándola lo estaba destrozando a él también.

Pero había tenido miedo. Había sido un maldito cobarde. Se había paralizado del miedo, de la desesperación y de la angustia y no había impedido que la mortifaga lastimara a su amor. Cada grito de la chica era una cuchillada en las sienes. Cada lágrima de ella se le atoraba en la garganta, ahogándolo. Sus manos temblaron, sus piernas casi no podían sostenerlo.

HERMIONE, HERMIONE –

Los gritos de Ron le rebotaban en el cráneo. Él también quería gritar, gritar tan fuerte que su garganta se destrozara, pero no le salía la voz. Estaba mudo.

Cuando Bella le mandó a buscar al enano que se encontraba prisionero junto a los magos en el calabozo, trató de tener un momento de lucidez para hacer algo. Tenía que hacer algo.

Bajó y aparentó una determinación que no sentía. Vio a Harry angustiado y a Ron loco de desesperación. Y se reflejó en el iris del pelirrojo. Ambos tenían la misma desolación en el rostro. Ambos estaban desmoronándose de la misma manera.

Al cerrar la puerta del encierro escuchó un fuerte crack y, soltando al enano que cayó casi desmayado al suelo, pegó el oído a la puerta. Entonces escuchó una voz que hacía varios años no escuchaba.

Dobby, el elfo doméstico que antes perteneciera a su familia se había aparecido en la celda.

Eso era una luz de esperanza.

Caminó rápido y entregó a su prisionero a las manos de la despiadada mujer, Después miró toda la habitación y buscó algo que usar para ayudar a los prisioneros para la huida. Casi le da un ataque cuando le mandaron buscar a Pettigrew pues un nuevo crack había sonado en la mazmorra.

Lo que pasó luego fue muy rápido. Bella iba a entregar a Hermione a las garras sucias del hombre lobo y eso no lo podía permitir. Entonces la comadreja entró con furia al salón e intentó desarmar a su tía. Draco vio que el hechizo no daría en el blanco y entonces movió su propia varita. La varita de Bella saltó lejos y Potter la capturó. Después vino el enfrentamiento y aunque peleaba contra ellos, Draco solo lanzaba hechizos flojos que eran rápidamente adivinados por Potter y desviados. Mas, la bruja que llevaba su sangre era dura de derrotar. Había sacado un puñal y lo blandía en el cuello de la castaña. Draco sintió pavor y las manos le temblaron cuando Bella lo mandó a recoger las varitas que Ron y Harry a habían visto obligados a dejar en el suelo.

Bella, complacida con su rendición, no dudo en llamar al Innombrable y Draco vio que se haría realidad su mayor pesadilla. El Innombrable acabaría con Potter y luego Bella destrozaría a Hermione; y al mismo tiempo le desgarraría el alma a él.

Fue en ese momento que la lámpara que colgaba del techo se cayó. Bella soltó a Hermione y Draco, que estaba cerca de la chica, la empujó evitando que el armatoste cayera sobre ella y facilitara que Weasley extendiera los brazos y la rescatara. El estallido le provocó cortes en el rostro y esto también le dio la excusa de no hacer el esfuerzo suficiente para impedir que Potter le arrebatara las varitas.

Pero no estaba en sus planes que le quitara su propia varita. Era la única que no quería entregar de todas las que llevaba en las manos pero Potter tiró con todas sus fuerzas.

Y El elfo se plantó frente a Bella, desafiándola y así tomó las manos de los prófugos…

Desapareciendo.

Lo que vino luego fue el horror personificado.

El señor tenebroso llegó en menos de un segundo después que los prófugos se marcharan y el caos se plantó sobre ellos. Su padre y él recibieron una oleada de crucios que le quitaron casi toda la fuerza. Su madre lloraba y suplicaba la clemencia para con su familia, pero no era escuchada. Bella… ella se arrodilló y suplicó el perdón de su señor con tanta vehemencia que el Innombrable la pateó en el suelo hastiado de su llanto. En medio de su agonía continua, Draco la escuchaba llorar como si fuera una niña.

¡Calla, Bella! ¡¿Cómo es posible que los dejaras escapar?! –

Mi señor… Fue el elfo… Le juro que yo… –

¡No quiero juramentos! ¡QUIERO A POTTER! –

El rostro del Innombrable se había deformado de tal manera que Draco solo pensó que esos eran los últimos minutos de su vida.

Y lo siguiente que recordaba era el dolor insoportable de otro cruciatus.

Ahora, acostado en su cama el sonido estruendoso de los gritos de Hermione le seguían torturando. Era por eso que cuando el Señor tenebroso le lanzó su castigo lo recibió sin reclamos. Lo merecía, lo merecía por cobarde y estúpido.

¿Cómo pude permitir que la lastimaran? – se recriminaba a sí mismo – Mientras él gritaba como un loco por ella, yo… yo me quedé tieso como una piedra.– el reclamo de un músculo del costado le hizo gemir por lo cual cambió de posición – En verdad no te merezco preciosa. A él no le importó ofrecerse a la tortura para evitar que te lastimaran… Pero yo no hice nada… tuve miedo… – una lágrima solitaria recorrió su pálida mejilla. Draco la secó con la mano y aspiró sintiendo el esfuerzo en sus doloridos pulmones – Pero no más. Y no pienso tener miedo nunca más. Un día… un día nos volveremos a encontrar y todo será distinto… yo seré distinto. No sé como, pero haré lo imposible por redimirme ante ella, ante Potter, ante Weasley… tengo que hacerlo… sino… no podré vivir en paz nunca más –

El tiempo fue pasando y el Slytherin tuvo que volver a Hogwarts. Allí la revolución encabezada por Neville Longbottom estaba haciendo estragos con la autoridad de Snape como director del colegio. Malfoy solo miraba aquello como una causa inútil en momentos en que sucesos de verdadera preocupación estaban aconteciendo más allá de los muros que rodeaban al recinto, ya de por sí custodiado implacablemente por los Carrow y acechado por dementotes.

Draco solo esperaba que los hilos del destino se unieran y que el trío fugitivo volviera a Hogwarts. Pues esa era su sospecha. Mientras tanto a sus oídos había llegado el increíble rumor de que Potter y compañía habían entrado en Gringott y que se habían metido a una de las bóvedas. Algo buscaban y debía ser demasiado importante como para que se arriesgaran de ese modo.

Esa noche sintió un movimiento extraño en el castillo, curioso, fue a merodear por los pasillos y casi se topa frente a frente con los mismísimos Ron Weasley y Hermione Granger que entraban a uno de los baños de niñas del segundo piso. Silencioso, los siguió y quedó asombrado al oír a Ron hablar Parsel y abrir un socavón en los lavamanos. Luego y siempre impresionándolo, la pareja se había metido por el agujero y había desaparecido.

La cámara de los secretos – susurró – Así que ésta es la entrada.

Un impulso lo empujaba a ir detrás de ellos, pero dedujo que si Ron y Hermione estaban en el castillo, Harry también debía estar allí.

El final es inminente – volvió a susurrar – La guerra ha llegado a Hogwarts.

Corrió por los pasillos y encontró a Snape luchando con Mcgonagall. A un costado estaba el cara rajada.

Snape perdía la pelea y la oscuridad se cernió sobre todos. Harry salió disparado por los pasillos y todos sentían el miedo caer sobre los hombros. Draco no sabía que hacer y decidió ir tras Potter, quien en forma veloz corría hasta llegar al termino de uno de ellos y hablar con uno de los fantasmas. Hablaron de una diadema y que estaba maldita, Draco no comprendía nada, pero prefirió continuar detrás del moreno para saber que significaba la joya.

Los sonidos de guerra de escuchaban, las paredes retumbaban. Harry continuó corriendo hasta llegar al séptimo piso e invocar esa sala que para Draco fuera tan familiar durante el año pasado. Junto a él se reunieron Ron y Hermione y los tres buscaron entre la rumba de objetos hasta encontrar el que buscaban. Entonces el pelirrojo le pasó a Potter un colmillo, Draco pestañeó varias veces para distinguirlo bien. Era un colmillo muy grande, algo que él nunca antes había visto. Potter amenazó la diadema con el colmillo y entonces todos los objetos que estaban en la sala empezaron a moverse como locos, Potter tomó la joya y junto con sus amigos corrieron entre las torres de cosas que caían sobre ellos y sobre Draco para aplastarlos. Poco a poco y con violencia, sillas, mesas, botellas con pociones, espadas enmohecidas, armarios rotos, y un montón de objetos se lanzaban contra todos y los atacaban sin piedad. Draco fue el primero en salir de la sala pues era el que estaba más cerca de la salida. Luego salió el trío y apenas dieran un pie fuera de ella Potter volvió a tomar el colmillo el cual enterró en la Diadema con brutalidad. Ésta se retorció y Harry la soltó pues parecía que le había quemado la mano. Un grito horrible se escuchó luego y una explosión los lanzó a todos contra los muros.

Draco quedó medio aturdido al golpearse la cabeza. Miró hasta la entrada de la sala y vio a Harry, Ron y Hermione levantarse de a poco.

¡Bien! – festejó el pelirrojo – Uno menos, Ya solo nos queda la serpiente.

Tenemos que irnos ya – dijo Potter – no quiero que él destruya definitivamente las protecciones del colegio. No quiero que nadie más salga lastimado –

Pero ya no podemos evitarlo Harry– escuchó Draco decir a la castaña – Él ya viene acá y ya sabe que hemos destruido a los demás objetos.

Pues tendremos que amenazarlo. Nagini es su último horrocrux. Si le amenazo a su serpiente él tendrá que huir. Hermione, quiero que me ayudes a hacerme visible ante él, pero fuera de Hogwarts. Quiero que él me vea lejos y que sienta el terror al saber que todos los pedazos de su alma están destruidos. Así dejará a los alumnos en paz y vendrá tras de mí –

Es muy arriesgado, amigo – decía Ron – ahora te dejas en total evidencia. Nos va a cazar como a conejos –

No tengo otra opción. Vámonos –

Draco no entendía nada de lo que estaba pasando. Aun sin procesar bien la información que había llegado hasta sus oídos, corrió detrás del trío y escuchó como Potter inducía a todos a abandonar el colegio con urgencia.

Pronto Ron se detuvo y llamó la atención de sus amigos con una inquietud.

¡Espera un Momento! – dijo Ron – ¡Se nos olvidaba alguien! –

¿Quién? – preguntó Hermione.

Los elfos domésticos. Deben de estar todos en la cocina ¿no?

¿quieres decir que deberíamos ir a buscarlos para que luchen de nuestro lado ynos faciliten la huida? – preguntó Harry.

No, no es eso – respondió Ron, muy serio – Pero deberíamos sugerirles que también abandonen el castillo; no queremos que corran la misma suerte de Dobby ¿verdad? No podemos obligarlos a morir por nosotros.

En ese instante se oyó un fuerte estrépito: Hermione había soltado los colmillos que llevaba en los brazos. Corrió hacia Ron, se le echó al cuello y le dio un beso en la boca. El chico soltó los colmillos que él también llevaba, y le devolvió el beso con tanto entusiasmo que la levantó del suelo.

Draco sintió como si se le desgarrara el pecho. Si había una cosa que nunca había querido ver en la vida era justamente eso. Pero lo comprendía, luego del terrible incidente en la mansión, el rubio sabía que Ron se merecía ese beso con creces.

¿Les parece que es el momento más oportuno? – preguntó Harry con un hilo de voz y como no le hicieron caso, sino que se abrazaron aún más fuerte y se balancearon un poco, les gritó – ¡Eh! ¡Estamos en guerra!

Ambos se separaron un poco, pero siguieron abrazados.

_ Ya lo sé, amigo – dijo Ron con cara de atontado, como si acabaran de golpearle la cabeza con una bludger – . Precisamente por eso. O ahora o nunca ¿no?

¡Piensa en el Horrocrux! – Le soltó Harry – ¿Crees que podrás aguantar hasta que salgamos a de aquí antes que ellos lleguen?

Esa palabra, Draco la grabó en la mente pues sabía que era clave para destruir al Innombrable.

Sí, claro, claro. Lo siento – se disculpó Ron, y con Hermione, ambos ruborizados, se ocuparon de recoger los colmillos del suelo.

Harry mandó un aviso a los Elfos y al ver por la ventana una nube más oscura que la noche misma dijo a sus amigos que había llegado el momento de partir.

El trío salió a toda máquina del castillo para cruzar el patio hasta el bosque prohibido en donde tuvieron que luchar contra los dementotes antes de desaparecer.

Draco iba siempre detrás pero tuvo que retroceder cuando los Dementotes notaron su presencia.

Entonces el sonido de la voz de Voldemort llegó a la mente de Draco.

Harry Potter. Has osado burlar mi poder. Pero ya no más. Entrégate a mí y yo no derramaré la sangre de tus amigos. Tengo el colegio rodeado de mis mortifagos. ¿Dejarás que otros sigan muriendo por ti? –

Pero entonces otra voz retumbo desde el bosque. Una voz limpia y determinada. Una voz joven y fuerte.

No dejaré que nadie más muera por mi causa. Pero te digo que no soy yo quien corre peligro esta noche. He destruido casi todos los objetos y lo sabes. Estoy a un paso de ti. Cuida a tu mascota. Ella es la siguiente – se hizo una pausa –Has llegado tarde. Ya no me encuentro en los terrenos de Hogwarts. Estoy lejos de tu acecho. Y te buscaré y buscaré a la serpiente. Te lo juro…. Corre mientras puedas –

Se escuchó un grito de furia y un estallido en el cielo. La barrera protectora se rompió y una legión de mortifagos descendió para atacar el colegio. Pero en él no se encontraba nadie. Estaba vacío.

Draco fue tomado del brazo por uno de los mortifagos y llevado ante el señor tenebroso. El muchacho temblaba pero esta vez no pensaba dejarse doblegar

Malfoy, ¿Me puedes explicar porqué fuiste el único alumno de Hogwarts que se hallaba en el colegio a mi llegada? –

Yo… creo que ellos hallaron otro pasadizo secreto y por allí sacaron a todos los que estaban en el colegio. Yo… yo seguí a Potter pero los dementotes me atraparon y no pude continuar…-

¿Sé fue al bosque prohibido? –

Sí… primero destruyó una diadema vieja y luego se escapó sin que yo pudiera evitarlo. Eran muchos dementotes para mi solo –

Maldición – gruñó entre dientes el Innombrable. Draco pudo notar con asombro que gotas perladas de sudor coronaban la frente del amo – Ya no podré sentirme seguro. Los ha encontrado todos… Ahora esto es una guerra declarada. Ya no me sirve moverme en las sombras y mis enemigos se agruparán sin dudar. Si él viejo se recupera pronto, fabricará varitas para todos… Y yo tengo una duda… una terrible duda –

Sin miramientos Draco fue sacado de la sala y su madre corrió a abrazarlo. Su padre lo miraba apoyado en el muro hasta que Voldemort le llamó a su presencia. Lucius caminó con paso vacilante y luego de recibir las humillaciones correspondientes tuvo que partir a buscar a Snape con celeridad.

Aunque su madre le tiraba del brazo para alejarlo del peligro, Draco se resistió y se mantuvo escondido en un resquicio. Tenía que saber más, mucho más de lo que estaba pasando.

Snape se presentó en el lugar y Voldemort exigió a todos que se marcharan. Draco se pegó al muro del resquicio y trató de no hacer ruido alguno para escuchar lo que sucedía.

Supe que la vieja Mcgonagall te derrotó, Snape. ¿cómo es posible que eso pasara? –

Los demás profesores las secundaron. Los Carrow y Yo no pudimos contra todos –

Como ves, el colegio está vacío ¿No se suponía que todos los pasadizos estaban bloqueados y vigilados? –

Ellos debieron encontrar uno desconocido – trató de defenderse el director.

Creo que la afirmación es obvia, Snape. No pude atrapar a nadie para amenazar a Potter y ahora todos mis enemigos saben que estoy dirigiendo los hilos del ministerio. No pasará un día para que se rebelen en mi contra y yo no tengo como doblegarlos.

Draco escuchaba y miraba por un pequeño espacio a la serpiente enrollarse en una especie de esfera de cristal. La esfera estaba a los pies del Innombrable y Snape también la miraba detenidamente.

Pero la verdad es que ya no puedo hacer nada con respecto a eso… en cambio no quiero hablarte de los rebeldes ahora sino de ti, Severus.

Mí único propósito ha sido servirle… Déjeme ir en busca del muchacho, mi señor, deje que lo traiga…-

La negativa al ofrecimiento de Snape fue rotunda.

Draco entonces fue escuchando como Voldemort hablaba sobre todos los problemas que había tenido al atacar a Potter con dos varitas distintas. La suya de tejo que fracasara dos veces y la de Lucius que se había quebrado ante la del Elegido. Luego habló de una varita distinta, La ya famosa y mítica varita de Saúco y Draco vio como Snape palidecía y fijaba su mirada en los ojos rojos del señor tenebroso.

Voldemort dijo que no se sentía dueño de la varita y Draco observó que levantaba la que llevaba en las manos.

La Varita de Saúco no puede servirme como es debido, Severus, porque yo no soy su verdadero amo. Ella pertenece al mago que mata a su anterior propietario, y tú mataste a Albus Dumbledore. Mientras tú vivas, Severus, la Varita de Saúco no será completamente mía.

¡Mi señor! – protestó Snape alzando su propia varita.

No puede ser de otro modo. Debo dominar esta varita, Severus. Si lo consigo, venceré por fin a Potter.

Draco vio como Voldemort cortaba el aire con la varita y la dirigía a la bola de cristal en donde se encontraba la serpiente y ésta se enrolló sobre Snape encerrándolo en ella hasta los hombro.

Mata – Dijo Voldemort en pársel.

Draco cerró los ojos y escuchó un grito espeluznante. Los entreabrió y vio los colmillos de la serpiente enterrados en el cuello de Snape. El peso de la esfera lo dobló de rodillas y cayó al suelo.

Lo lamento – dijo Voldemort con frialdad, y le dio la espalda.

Luego Voldemort movió la varita y la esfera liberó a Snape yendo detrás de él. El señor tenebroso se marchó sin mirar atrás, pero con un desplante arrogante. Era ahora el amo absoluto de la varita.

Draco esperó un momento y salió de su escondite para socorrer al herido. Vio que las heridas eran profundas y que la sangre salía en torrente inevitable. Snape temblaba con los dedos que en vano intentaban impedir que la sangre saliera y una sustancia distinta, azulada y plateada salía de sus ojos, orejas y boca.

Agárrala… agárrala…

Draco miró por la habitación y vio unos frascos vacíos en una de las repisas. Corrió y tomó dos de ellos tirando al suelo dos más que se quebraron. Volvió con Snape y vertió en los frascos la sustancia con ayuda de la varita de su madre .

Snape lo miró y con sus últimas fuerzas le habló casi en un susurro.

Da… dásela a Po… Potter… Es… nuestra… única… salvación…

Es imposible… no tengo como llegar a él…

Con… fío en ti… Dile… que tiene… los ojos de… su madre…

De pronto toda la vida que reinaba en el cuerpo de Snape se extinguió. Draco quedó pegado a los ojos inexpresivos del ex profesor y sintió un sensación extraña, algo parecido al dolor.

Sintió un ruido en la puerta y guardó las botellas en el bolsillo de su pantalón con premura. Luego sintió a su madre arrodillarse a su lado con las manos en la boca para ahogar el grito de terror que pugnaba por salir de ella.

¿Por qué? ¿por qué lo ha matado? – preguntó Narcissa

Por tener algo que el Innombrable deseaba. Ya nada podemos hacer por él. Madre, la guerra es definitiva y tengo que seguir usando tu varita para pelear en ella. Lo mejor es que te confines en la mansión y esperes. Tú y mi padre. Yo tengo que unirme a los demás –

No… no puedes… eres un niño…

Ya no… – Draco dejó descansar la cabeza de Snape en el suelo y agitando la varita de su madre lo levitó hasta la banca más próxima. Luego cortó una cortina y cubrió el cuerpo. Se miró las manos manchadas con sangre y las limpió en el pantalón.

Ahora debía emprender la búsqueda. Tenía que entregarle a Potter las botellas con la rara sustancia azul plateada.

Pero ¿Qué era esa sustancia? Y ¿Cómo podría llegar hasta Potter y darle los frascos?

En la madrugada un montón de datos inundaba su mente. De un momento a otro había escuchado de horrocruxes y varitas de saúco. Después se convertía en portador de frascos con secretos mágicos. Eran demasiadas cosas para una sola noche.

La guerra se hizo cruda desde entonces. Ahora los enemigos del señor tenebroso se mostraban abiertamente. Cada lugar de Gran Bretaña se convertía en campo de batalla y las noticias de muerte y destrucción llegaban a los oídos de Draco con estridencia.

Gracias a su persecución a Potter en la noche del frustrado ataque a Hogwarts, el Innombrable había tenido algo de consideración con el muchacho y solo lo había enclaustrado en su mansión junto a su familia mientras no tuviera el tiempo de elegir el merecido destino para Draco.

Al verse de pronto prisionero en su propia casa, y con demasiado tiempo libre mientras sus compañeros de casa se unían a las tropas del Señor tenebroso para combatir en la guerra, el joven empezó una ardua investigación en su amplia biblioteca sobre horrocruxes y sobre las viejas historias de la varita que ahora ostentaba el señor de las tinieblas.

No demoró mucho en encontrar la sangrienta huella de la varita en los libros de historia, pero de los horrocruxes no encontraba nada. Solo recordaba que Potter los había llamado pedazos del alma de Voldemort.

Pero, ¿Era acaso posible encerrar pedazos del alma en algo?

Los meses fueron pasando y la guerra recrudecía. Draco escuchaba los relatos de como el horror se desplegaba por toda Gran Bretaña y solo podía clamar su angustia por la suerte de Hermione al encerrarse en el viejo cuarto del piano en donde sufría su impotencia la verse privado de la libertad para ir tras ella. Tocaba las notas musicales para borrar de su imaginario las historias horrendas sobre hombres destrozados, mujeres desgarradas, niños mutilados. Praderas envueltas en llamas, Caos y destrucción por doquier.

El sonido de su piano le masajeaba las sienes, le hacía volar lejos de esa crueldad. Había inventado melodías nuevas que expresaban el torbellino que le arrasaba por dentro.

Aun podía recordar la agonía en los ojos de Snape. Aun podía ver la determinación en los de Harry.

Aún recordaba ese beso entre Ron y Hermione.

Es lógico que ahora estén juntos – susurró – Y yo deberé seguir aquí encerrado, sin poder ir a donde ella está para protegerla o entregar los frascos a Potter. Seguir aquí convertido en un inútil, en un estorbo.

Siguió tocando sentidamente. Ignorando cualquier otro sonido en el ambiente. Es por eso que se sobresaltó cuando una mano se posó en su hombro.

Hijo… El Señor Tenebroso te llama. Dijo que vayas con él enseguida –

¿Qué quiere? – preguntó el joven con el ceño fruncido para no demostrar su nerviosismo.

Según me dijo quiere darte una misión. Dijo que si la cumples bien seremos perdonados finalmente.

¿Otra misión? ¿De que se trata ahora? ¿A quién quiere que mate? Creí que le había quedado claro que yo no puedo matar –

No seas tonto, muchacho. Yo comprendo que matar a Dumbledore era demasiado para ti pues eras muy joven en ese entonces, pero ahora ya eres un hombre y esos rebeldes no tiene el poder que tenía el viejo.

Sí, Pero después él me matará a mí. ¿Acaso no hizo eso con Snape después que este matara a Dumbledore?

No tenemos pruebas que ambas cosas estuvieran relacionadas. ¿O tu sabes algo que yo no sé?

No, no sé nada.

Nunca me has dicho que te dijo Severus antes de morir.

Draco se levantó del banquito y miró a su viejo padre. Lucius estaba consumido por la derrota y la vergüenza. Draco no quería terminar igual que él.

Me dijo que me cuidara. Que el innombrable nos iba a matar a todos

Lucius palideció más si aun era posible

vamos con él. Sabes que no le gusta esperar.

Sus pasos sonaron firmes aunque el pecho estaba tembloroso. Al llegar a las puertas que franqueaban la entrada al salón que albergaba la figura larga y perlada de Voldemort, Draco cerró los ojos y aspiró fuertemente por la boca.

Al entrar vio a la despreciable serpiente aparentemente dormida, protegida en su habitáculo de cristal mágico. Voldemort se paseaba por todo el ancho de la habitación y con él también estaban Goyle, Nott, Crabbe y Zabini.

Puedes marcharte Lucius, ya no eres necesario en este lugar – musitó el líder. El padre de Draco agachó la cabeza parta mitigar esa nueva humillación y cerró la puerta tras él.

¿Me mandó llamar, mi señor? - Preguntó el Sly.

Muchacho, ¿Cómo has pasado tus relajadas vacaciones en casa? Hace mucho que no sales, te vez pálido.

Draco miró a un punto inexistente para evitar quedarse pegado a esos ojos rojos que sentía capaces de taladrar en lo más profundo de cualquier mente que se propusiera descifrar.

Me he mantenido en mi casa como usted lo ha determinado, mi señor.

Claro – El Innombrable acarició con sus dedos largos la varita que sostenía – He pensado que has estado mucho tiempo encerrado. Malfoy, aun recuerdo tu cometido la noche de la invasión a Hogwarts – Draco lo miró de reojo antes de ver al punto invisible al cual miraba con insistencia. – De todos los que se encuentran aquí fuiste el único que tuvo la iniciativa de perseguir a Potter e intentar evitarle la huida. Fuiste el único con agallas

Los demás se miraron furtivamente y bajaron los rostros con nerviosismo. Ellos habían sido sacados del colegio y nada habían hecho por atrapar a Potter. Ahora estaban asustados de recibir castigo por su falta de iniciativa.

Solo intenté servirlo, mi señor.

Lo sé. Has sido mejor sirviente que el inútil de tu padre. Y eso te ha mantenido relativamente en buen estado de salud.

Draco se mordió el labio para callar.

Quiero darte una oportunidad, que emprendas una nueva misión. Quiero que formes parte de mis tropas y participes al fin en los pormenores de esta grandiosa guerra. Confío en que tengas el mismo espíritu que te guió esa noche.

¿Formar parte de su ejército, mi señor?

Si, luchar esta guerra, encontrar, derrotar y si es que hay tiempo atrapar todos aquellos que son camaradas fieles de Harry Potter. Atrapar al propio Harry Potter si se te llegara a presentar la oportunidad. Pero quiero que tengas cuidado con sus aliados más cercanos, Dolohov no entendió el valor que Lupin representaba para Potter y en vez de traerme al hombre lobo como prisionero lo mató. Quiero que tú seas más selectivo, más lógico a la hora de enfrentar a los enemigos.

Draco giró su rostro y miró fijamente a su señor.

Haré lo que usted me ordene –

Bien, bien. Entonces te presento a tus compañeros. Te unirás a ellos y seguirás las órdenes de su jefe, Theodore Nott.- El señor tenebroso se giró al aludido y le habló firme - No dudes en tener mano dura con ellos si no satisfacen tus requerimientos. Y espero los resultados. En cuanto a ti, Malfoy – miró otra vez al rubio que ahora miraba a la serpiente por el rabillo del ojo – Espero aproveches esta última oportunidad. Que consideres mi piedad.

Voldemort levantó la varita y levitó la esfera de cristal. A grandes pasos dejó la sala y Draco pestañeó varias veces antes de decir palabra alguna.

Bueno, Malfoy – dijo Zabini – Se te acabaron las vacaciones. Ahora vas a saber lo que es trabajar.

Saldremos esta noche – dijo Nott alzándose en toda su estatura para imponer su rango. – Quiero que obedezcan y no salgan por ahí haciendo su voluntad, no me causen problemas. Tendremos que ser rastreadores y para eso debemos estar organizados.

Nott – habló Malfoy – Lo mejor es conseguir alguna pista de Potter, Conseguir al líder.

Miras muy alto, Malfoy. Recién te permiten salir de tu jaula de cristal y lo primero que se te ocurre es querer atrapar a Potter. En vez de ser tan ambicioso, mejor sigue sin chistar mis órdenes. Atrapara a los aliados de Potter puede ser más beneficioso– Dijo Nott

Sí – Dijo Goyle – atrapar a ese Weasley desgraciado y a la sangre sucia… con eso Potter no tendrá más remedio que entregarse y le haríamos una emboscada. Pero podríamos jugar un poco con Granger antes de dar el siguiente paso, divertirnos con ella.

Los puños de Malfoy se crisparon y tuvo que dar acopio de toda su fuerza de voluntad para no darle una paliza a su subalterno.

No hagas fiesta antes de encontrar la presa, idiota. Lo que deberíamos hacer es ir a Hogwarts. Allí encontraríamos respuestas muchas interrogantes que nos dirían como atrapar a Potter. Yo preferiría ir en su caza que ir detrás de objetivos sin importancia.

No me digas idiota, Malfoy. He peleado esta guerra con denuedo, Tú en cambio estabas bien guardadito en tu mansión. Tú No eres el jefe, lo que opines me importa un cuerno.

Draco se movió rápidamente y tomó a Goyle del cuello, enterrándole la varita en el pecho.

Aunque te pese no voy a permitir que me pongas el pie encima. Soy tu compañero y me respetas.

¡Suéltalo, Malfoy!– Dijo Nott con autoridad – No quiero revueltas entre mis subalternos – separó a los hombres con un certero hechizo – Van a comportarse o les haré lamentar cada pleito que tengan - miró a los otros que miraban la escena algo sobresaltados – Lo mismo va para todos ustedes. Ya escucharon al Innombrable, puedo ejercer mano dura si no se cumplen mis requerimientos.

Malfoy se ordenó la camisa y le regaló una mirada asesina a Goyle quien se frotaba el cuello tragando saliva. Si iba a ser parte de ese escuadrón tenía que darse a respetar desde el principio o no duraría mucho tiempo.

– Prepárense. Saldremos enseguida. Espérenme en el patio delantero con sus escobas- Dijo Nott y Salió del salón con paso firme. Los demás se miraron y Zabini con una sonrisa apretó la mano de Draco.

Bienvenido al infierno, Malfoy. Al menos ahora puedo dormir sabiendo que mi trasero va a estar seguro. Con estos dos me iba a desvelar día y noche.

Draco solo sonrió, pero nada dijo.

Salió del salón y corrió a su cuarto a llenar su morral de cosas imprescindibles para la travesía que debería emprender. Agitó la varita de su madre y del piso falso del armario levitaron dos frasquitos de cristal que él guardara en una cajita a la cual selló con un hechizo, Tomó sus notas, su ropa y de pronto se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer.

Tendría que ir tras Potter, tras Weasley y tras ella. Tendría que participar de esa aguerra después de todo. Tendría que perseguir a sus contrincantes como un sabueso. Pero, ¿Qué haría si los encontraba? ¿Cazar a Potter? ¿Cazar a Weasley? Si lo lograba ¿Los entregaría? ¿O aprovecharía el momento para entregar su encomienda en las manos del Elegido?

No sabía que podía hacer y era más difícil hacer cualquier cosa con toda esa tropa que iba a acompañarlo de ahora en adelante. Ellos no dudarían en tirar a matar y cazar. Especialmente Goyle y Crabbe que desde un tiempo a esa parte se estaban poniendo incontrolables.

Bajó los escalones y entró en el viejo cuartito del piano. Acarició la madera y tocó un par de teclas a modo de despedida. Bajó la cubierta y afirmó su morral. Ahora tenía que dejar que el destino le mostrara el camino. Para él, atrapar a Potter o darle la posible arma que lo llevara al triunfo significaban lo mismo. Solo seguir en su infierno interior. Si ganaba Potter, él y su familia serían perseguidos; si Potter era derrotado, él y su familia seguirían en el fondo del abismo. Pero tal vez si lo cazaba y lo entregaba vivo y desarmado a su señor, hubiera una posibilidad de redención. Y tal vez… tal vez podría el amo regalarle a Hermione.

Salió al patio en donde sus compañeros lo esperaban. Nott se acercó a él y le dijo en voz baja.

¿En verdad crees que yendo a Hogwarts podríamos encontrar pistas para atrapar a Potter?

Es lo mejor que se me ocurre – contestó él seriamente

Bien, te haré caso. Siempre fuiste muy bueno con tus corazonadas.

Y tomando sus escobas se dirigieron rumbo al norte, a Hogwarts en donde Draco quizás encontraría la respuesta a muchas dudas y el camino correcto que lo llevaría… hasta Potter.