Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.


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III

Tormenta

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Sai llegó a las puertas de la aldea casi arrastrando los pies, cuando el amanecer a penas comenzaba a hacerse presente detrás de los gruesos y oscuros nubarrones que cubrían el cielo.

Casi dos meses de misión habían bastado para agotarlo tanto física como mentalmente, lo cual era bastante extraño teniendo en cuenta que no era la misión más extensa que había tenido en solitario. Eso no le pasaba antes. ¿Se habría hecho más 'blando' desde que era amigo de Naruto? Tal vez. Era una gran posibilidad.

Se revolvió el despeinado cabello, acomodó la máscara rota sobre su rostro e intentó sacudir disimuladamente su sucio uniforme ANBU antes de atravesar las enormes puertas. El cuerpo le pesaba bastante. Quizá las personas ancianas tenían razón y los años no llegaban solos. También estaba hambriento y tenía mucho sueño, pero al menos recibiría el suficiente dinero para cancelar todas sus deudas y hasta le sobraría un tanto para darse algún pequeño y moderado 'lujo', como lapices nuevos o algunos libros extra para su modesta biblioteca.

No todas eran malas noticias.

Apenas puso un pie en la aldea frunció el ceño. Se le hizo muy extraño no encontrar guardias en el puesto de control, pero optó por no hacer caso. Conforme se acercaba a la Torre Hokage, la sensación aumentó. Había cierta carga de tensión en el aire que conocía bien. Se detuvo un momento y observó; los aldeanos parecían seguir con sus vidas normalmente, pero no había ningún Shinobi en las calles. Segunda cosa extraña. Contempló el cielo durante un segundo. Había demasiada humedad en el ambiente y una ligera brisa comenzaba a soplar; se acercaba una tormenta.

Sai aguardó y espero alguna señal que le indicara el inminente peligro, pero nada pasó. Aún extrañado, y bastante alerta, siguió saltando sobre los tejados hasta llegar a la oficina de la Godaime. Se detuvo en pie junto a una de las ventanas e iba a ingresar al lugar cuando escuchó la discusión que llegaba desde dentro:

—Escucha, niño: ya mandé reunir un equipo de élite que partirá en cuanto reciban la orden.

— ¡Pero podría ser demasiado tarde!— contestó una enfadada voz masculina— ¡Cada segundo cuesta! ¡Ella podría estar muerta para entonces!

— ¡No pretendas decirme como hacer mi trabajo!— gritó la inconfundible voz de Tsunade Senju— Entiendo tu preocupación, pero es de una de mis mejores ninjas médicos de la que hablamos. No permitiré que nada le pase.

—Entonces déjeme ir a buscarla. Estoy listo, saldré ahora mismo si me da la autorización.

—A mi no me engañas. Irás aunque te diga que no.

—Es cierto. Soy más veloz que el resto. Podré llegar a ella antes de que le pase algo.

Sai escuchó como la Hokage suspiraba con resignación.

—Siendo así, hazlo. Pero Shizune irá contigo.

—No. Ella sólo me retrasaría. Puede hacerlo solo.

— ¿Sin un ninja médico en tu equipo? Olvídalo.

—No estoy pidiendo su aprobación, Hokage.

De repente, Sasuke Uchiha se asomó a la ventana en donde él se encontraba. Miró a Sai por una milésima de segundo antes de ponerse su máscara ANBU y desaparecer en una nube de polvo.

— ¡Mocoso idiota!— gruñó la líder de la aldea, golpeando su escritorio. Tras la desaparición de Sasuke, el ex miembro de Raíz entró en su oficina por el mismo lugar por el que el otro había salido, haciendo una respetuosa reverencia.

—Buenos días, Hokage-sama. He venido a informar que he alcanzado el objetivo de la misión satisfactoria…

—Ahora no, Sai— lo cortó la mujer, de mal humor, mientras revisaba unos papeles— No sé si te diste cuenta, pero tenemos una situación crítica: uno de nuestros elementos fue capturado en batalla. Naruto y Kakashi están fuera de la aldea y tengo poco tiempo para reunir a un equipo de élite antes de que comience la tormenta que se avecina.

Sai abrió levemente los ojos detrás de su máscara, aunque la situación no era nada fuera de lo normal. Periódicamente, uno o dos Genins eran capturados o asesinados por ninjas enemigos. Que los afectados fueran ninjas de rangos más altos era extraño, pero no improbable. En cualquier caso, comprendía que cada vez que eso pasaba era un dolor de cabeza para la líder.

—Entiendo…— musitó— ¿Desea que me prepare para volver a salir?

La mujer alzó la mirada un segundo, contemplándolo en silencio.

—No. Acabas de llegar después de dos meses fuera. Ya envié a llamar a otros Shinobis— Buscó entre los papeles de la mesa y tomó un sobre que de inmediato le alcanzó a Sai— Es tu paga por una misión estándar de rango A. Puedes retirarte.

Él no protestó. Asintió en silencio; dejó el pergamino que cargaba sobre el escritorio de la mujer, tomó el sobre y salió del lugar.

Realmente lo tenía sin cuidado la persona que había sido tan tonta como para dejarse capturar. Sin embargo, antes de llegar a su pequeño apartamento, se preguntó si hubiera sido prudente preguntar la identidad del ninja. También se le hizo extraña la reacción de Uchiha Sasuke, pero el amigo de Naruto era un enigma que él aún no lograba resolver.

Tal vez debía dedicarle más tiempo a eso.

El viento se había intensificado demasiado en pocos minutos, y Sai no pudo seguir saltando sobre los tejados, así que descendió hacia las calles, camino al hospital, en donde la tensión era aún más palpable que en el resto de la aldea: enfermeras y doctores corrían de un lado a otro; había muchos heridos en la sala de espera, pero todo el personal parecía concentrado en algo más importante.

Sai sólo observó. Dedujo que muchos ninjas habían sido heridos en batalla, aunque ignoraba si todos eran parte de la misma misión o no. Caminó por el corredor central, pero todos parecían demasiado ocupados para atenderlo, incluso Sakura había pasado por su lado, con cara de preocupación, sin siquiera notar su presencia. Intuyó que algo realmente malo tenía que estar pasando.

Algo contrariado, observó la cortada de su brazo derecho con interés. La herida cubría casi todo el antebrazo, pero decidió que no era nada de lo que no pudiera encargarse él mismo. Además, no le gustaban los lugares ruidosos.

Salió del hospital y corrió directamente hacia su casa. Subió las escaleras y buscó las llaves dentro de su mochila; abrió la puerta y se quitó las sandalias en la entrada, dejando caer la pesada mochila junto a ellas, al igual que sus sucias armas. Más tarde se encargaría de limpiarlas y lavar la ropa.

Sin detenerse, prácticamente se arrastró hasta la cama, dejándose caer como un costal de papas sobre su rostro y cerrando los párpados para caer dormido casi al instante.

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Un fuerte estruendo lo despertó.

Desorientado, se apoyó en los antebrazos para alzar la cabeza y contemplar la oscura habitación. Una de las persianas golpeaba intensamente la pared, y una fuerte ráfaga y gruesas gotas de lluvia entraban por la ventana abierta. El joven ninja se puso en pie, algo somnoliento, y cerró la ventana. El clima había empeorado, y el cielo estaba completamente oscurecido, pese a que Sai podría asegurar que la tarde a penas comenzaba a caer.

Secó el agua que había caído sobre el suelo de madera y prendió las luces. Si bien pudo darse cuenta de que no había dormido mucho, se sentía extrañamente relajado, aunque muy hambriento.

Dejó el trapeador con el que había secado el suelo a un lado y se dirigió a la pequeña cocina. Abrió el refrigerador y soltó un suave bufido de decepción.

—Vacío— musitó con pesar, intentando acallar los furiosos gemidos de su estómago. No tenía alternativa; debía ir a comprar víveres bajo la copiosa lluvia.

Resignado, tomó una rápida ducha y se vistió con las únicas ropas de civil que tenía. Buscó el sobre que la Hokage le había dado y sacó lo necesario. Tomó un impermeable de color azul, una sombrilla negra y sus llaves. Al abrir la puerta, una ráfaga de viento azotó su cuerpo con fuerza; no había duda de que la tormenta sería grande. El cielo estaba completamente oscurecido ahora, pero los nubarrones de lluvia eran tan espesos que no había rastros de la luna en cielo. Aun así no le prestó atención al clima y bajó las escaleras hacia la desierta calle. El viento volvió a golpearlo y zumbó en sus oídos; decidió que abrir la sombrilla no sería una buena opción. Sai se preguntó si estaría acercándose un huracán y le extrañó que los muros que cubrían a la aldea no la protegieran de los vientos. Supuso que esa tormenta sería realmente potente y su teoría de que se trataba de algún desastre natural se reafirmó.

La tienda no quedaba a más de seis calles de su apartamento, pero bajo el intenso clima tardó mucho más de lo normal en llegar. Finalmente empujó la vibrante puerta de vidrio y oyó la singular campanilla anunciando su llegada.

—Buenas noches— saludó con educación mientras se sacudía el agua de encima en la entrada. El joven tendero y la mujer regordeta que hablaba con él se giraron a mirarlo, correspondiendo el saludo con cierta indiferencia antes de volver a su conversación.

—El clima está algo intenso allá afuera, ¿Eh?— comentó el joven tras el mostrador antes de que él se adentrara en la tienda. El ninja lo contempló por una milésima de segundo, inexpresivo.

—Supongo. Oí algo sobre una tormenta que se avecinaba— se encogió de hombros y se adentró en el lugar, centrándose en buscar las cosas que necesitaba.

Tomó una bolsa de pan blanco, jalea, algunas sopas instantáneas, arroz, frituras, unas pocas verduras y una caja de leche. Ya después se encargaría de comprar algo más sustancial y nutritivo. Con las cosas dentro de un pequeño canasto se acercó al mostrador, colocándose detrás de la joven que estaba en la fila tras la mujer regordeta que seguía hablando con el cajero.

— Ah, y… ¿supiste algo de esa chica…? ¿La que secuestraron? Todos en la aldea están muy preocupados por la suerte de esa pobre niña…

El ninja arqueó las cejas, interesándose levemente en aquella conversación ajena.

— Lo único que supe fue que su compañera está estable.

—Oh… Yo oí que el equipo que iba a rescatarla tuvo que quedarse en una aldea vecina a causa del clima, y que seguirán con la búsqueda en cuanto mejore…

—Yo supe que ése chico, el último Uchiha, fue el único que no se detuvo a causa de la tormenta. Mi hermano regresó a la aldea hace unas horas y dijo que lo vio avanzando hacia el este—. Acotó la joven frente a Sai.

— ¿El traidor? ¿Cómo es que la Hokage lo permitió?— se horrorizó la mujer regordeta, con aires teatrales— Pobre niña…

—Uchiha Sasuke es un buen shinobi, señora Ubumi. Estoy seguro de que si alguien puede rescatar a Ino-san es él.

Sai abrió levemente los ojos, sin intentar ocultar su sorpresa.

¿Ino había sido capturada? Eso, sin duda, era muy malo.

Las personas siguieron conversando, pero ya no prestó atención; estaba demasiado turbado como para hacerlo, después de todo, Ino Yamanaka era una de las pocas amigas que tenía

—Son ¥425, 75— le dijo el tendero. Sai asintió y depositó el dinero sobre el mostrador, sin siquiera detenerse a contar el cambio— Gracias por su compra. Oh, y no debe preocuparse. Sasuke-sama de seguro traerá e Ino-san sana y salva.

El ex miembro de Raíz lo contempló fijamente, azorado. ¿Tan evidente era la preocupación en su rostro? Intuyó que sí. De igual forma, sólo asintió en silencio y tomó sus compras. Supuso que muchos en la aldea sabían de su amistad con Ino y el resto de los entrañables novatos de Konoha.

Al abrir la puerta de la calle, el viento volvió a azotar su cuerpo con fuerza, y la lluvia le cayó encima como un balde de agua fría. Sai abrió su sombrilla y sujetó las compras contra su pecho mientras intentaba avanzar por las calles, demasiado preocupado como para fijarse en las pocas personas que corrían de un lado a otro en busca de protección del aguacero.

Quizá se sentía triste. No estaba muy seguro.

Comenzaba a debatirse entre ir directamente a su casa o pasar por la Torre Hokage para conseguir noticias sobre Ino cuando sintió como el lado derecho de su cuerpo era embestido.

— ¡Lo siento!— chillo un Genin a modo de disculpa, antes de seguir corriendo en dirección contraria a la suya.

Sai escuchó sus pisadas sobre la lluvia mientras bajaba la mirada hacia sus compras y se acuclillaba sobre el mojado suelo para recogerlas, suspirando con decepción ante la falta de cortesía del chico que lo había chocado, y, por consiguiente, sacado de sus cavilaciones.

Recogió la bolsa de pan antes de que se mojara su contenido y levantó la botella de leche, asegurándose de que no se hubiera roto. Mientras estaba en eso, una luz parpadeante llamó su atención. Aunque, en realidad, no había sido la luz que se mecía a causa de la ventisca lo que lo había distraído, sino, más bien, el tembloroso bulto que se hallaba bajo ella, recargado contra el poste.

El joven ANBU se pasó una mano por el cabello y entornó la mirada, suspicaz, pues no le veía el caso a estar fuera bajo un clima como ese. Pero, encogiéndose de hombros, decidió que ése no era asunto suyo. Quizá a esa persona le gustaba mojarse bajo la lluvia, ¿quién era él para juzgar su comportamiento?

Sai reacomodó la sombrilla sobre su cabeza y siguió caminando, acercándose poco a poco a tembloroso bulto, sintiendo una presencia de chakra un tanto familiar. Cuando estuvo a unos pocos pasos, se dio cuenta de que el bulto era en realidad una persona que estaba sujetándose las rodillas con las manos y escondía el rostro en ellas. Sai lo contempló al pasar, pero el bulto no se movió para verlo a él.

Decidido a que era algo que no le incumbía, optó por seguir caminando; no obstante, se detuvo al dar el tercer paso.

Había leído por ahí de las personas sin hogar y que vivían en la calle. Según tenía entendido, eso era algo muy triste. Tal vez, esa persona bajo el poste de luz en verdad no tenía a dónde ir. En esos casos, había leído también que era de buen ver tenderles una mano, así que Sai frunció los labios y entornó la mirada, pensativo. ¿Quién sabía? Tal vez, de esa forma, tendría un nuevo nombre que agregar a su creciente lista de amigos.

Decidido, acortó la distancia que lo separaba del extraño y esbozó su mejor sonrisa antes de hablar.

—Hola. ¿No tienes frío?

El bulto se movió, y el desconocido alzó su mirada clara y llorosa hacia el ex miembro de la Raíz, quien contempló esos extraños ojos, confundido.

— ¿Hyūga Hinata?— inquirió, con un dejo de incredulidad en su voz habitualmente aburrida— ¿Qué haces aquí? ¿Olvidaste el camino a tu casa?

Hinata volvió a bajar el rostro casi de inmediato, ignorando a Sai, quien no pudo evitar sentirse un tanto molesto.

— ¿Sabes? Es descortés no contestar cuando alguien te hace una pregunta— señaló, frunciendo los labios con reproche— Y otra cosa, ¿qué…? ¿Estás llorando?— inquirió, confuso, al oír los pequeños gemidos que salían de los labios partidos de la chica— Oh, no… ¿Fue algo que dije? Sakura dice que soy un experto en decir cosas que no debo…

Hinata negó con la cabeza mientras limpiaba las lágrimas de sus ojos. Sai contempló aquel gesto con intriga.

— ¿No? Entonces, ¿por qué estás llorando?

Como respuesta, Hinata sólo emitió otro gemido, confundiendo mucho más a Sai, quien, doblando las rodillas, se sentó en la acera, a su lado, cubriéndolos a ambos bajo su sombrilla.

—Está bien si no quieres decírmelo— discurrió— Tampoco me interesa. Pero no está bien que te quedes bajo la lluvia. Se acerca una tormenta, y si Sakura se entera de que te dejé aquí, desprotegida, me golpeará— razonó, poniéndose en pie para extenderle una pálida mano, sosteniendo sus compras y la sombrilla con la otra—. Ven, te acompañaré a tu casa.

— ¡No!— se apresuró a contestar Hinata, como si acabara de despertar de una larga ensoñación. Luego, avergonzada, desvió la mirada hacia las gotas de lluvia que repiqueteaban sobre el suelo— N-No puedo regresar… no después de lo que hice…

Sai se hizo ligeramente hacia atrás, con extrañeza.

— ¿Y qué hiciste?— ella contuvo el aliento y volvió a llorar bajito; Sai suspiró— Olvídalo. No importa. Si no quieres regresar a tu casa, está bien por mí. He leído que las familias son complicadas, aunque no puedo dar fe de eso… ¿me sostienes esto?

— ¿E-Eh?

Sai le pasó sus compras y la sombrilla y le reiteró su mano extendida.

—Vamos— ordenó, provocando que la joven se sonrojara hasta las orejas.

— ¿Q-Qué?

—Que me acompañes. No puedo dejarte aquí.

Hinata ahogó un grito de sorpresa y movió la cabeza frenéticamente de un lado para el otro.

— ¡N-No! ¡N-No es necesario!— se apresuró a decir, con algo de torpeza; luego, bajó la mirada hacia sus pies descalzos, compungida— Ya he causado muchos problemas…

Desconcertado, Sai contempló su reacción de soslayo, frunciendo levemente el ceño.

—Bien— discurrió, dejándose caer nuevamente sobre la acera— Si eso es lo que quieres, me quedaré a hacerte compañía.

— ¿E-Eh?

—Ya lo escuchaste. Pásame el pan, ¿quieres? Aún no he comido.

—Sai-san, no…

— ¡Vamos! Tengo hambre.

—Por favor… no se quede aquí… no merezco su ayuda.

— ¿Por qué? Si tú te quedas, yo también. Ya lo decidí.

La joven Hyūga abrió sus perlados ojos con absoluto desconcierto, los cuales brillaron bajo la tenue luz de la lámpara que había sobre ellos.

—A menos, que vengas conmigo— añadió Sai, indiferente— Esto se llama 'extorsión', si no me equivoco…— dijo, con una sonrisa que, extrañamente, afloró sola de sus labios— Aunque, quedarnos aquí y morir bajo la tormenta suena bastante interesante, ¿no crees? Nunca he visto un huracán…

Hinata frunció levemente el ceño, acabando por suspirar mientras cerraba los ojos con fuerza.

—Mi pierna— musitó en un susurro, que más bien sonó como un ligero sollozo— Me duele…

—Oh— Sai observó la herida en el muslo de la chica y se frotó la barbilla con una mano, pensativo, acabando por caminar bajo la lluvia, dándole la espalda a Hinata— Sube.

— ¿Eh?— el chico rodó los ojos; aprovechando la confusión de Hinata, la ayudó a pararse, volviendo a darle la espalda para ayudarla a subirse a ella.

— ¡Oye! No estás tan ligera como pareces…— discurrió el ex ninja de Raíz. Hinata se ruborizó hasta las orejas— Sostén la sombrilla sobre nosotros— Ella obedeció— Y no sueltes mis compras, por favor.

Hinata sujetó lo víveres firmemente contra su pecho, intentando sujetarse a la espalda de Sai con una mano, intentando con todas sus fuerzas no pensar en lo extraña que era aquella situación.

Las gotas de lluvia seguían cayendo a su alrededor, y el viento parecía soplar con mucha más fuerza; sin embargo, Hinata ya no sentía frío.

—Mi casa está doblando aquella esquina, ¿recuerdas?— la suave voz de Sai volvió a llamarle la atención, aunque solo respondió con un leve sonido— Será agradable tener visitas de nuevo— añadió él, pero ella no lo escuchó.

Acomodando la cabeza contra la espalda de Sai, y oyendo el sereno latido de su corazón, comenzó a quedarse dormida, a pesar de que la tormenta seguía cayendo sobre ellos.

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Continuará...

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N del A:

Gracias por leer.

Si bien no he estado muy bien en estos días, intentaré corregir los errores a la mayor brevedad posible.

Gracias a todos.

Saludos,

H.S.