Ahora empiezo a contar la historia que me llamaba a hacer, para quien esperase que esto fuese corta que va al lugar que quiere nada más empezar, lo siento. Lo que he escrito hasta aquí era un prologo alargado pues alguien me dijo que había hecho demasiado corriendo y tenía razón, no quería alargarme en eso y no le daba profundidad a lo que sentía el personaje.
Siempre escribo historias largas y esta ya la hice pensando en que sería así cuando la gané en un concurso literario; a partir de aquí voy a procurar basarme en cosas de My Little Pony, para dar un marco temporal a las vivencias de Nature.
Cuando paré, tras haber corrido un rato, me dí cuenta que no sabía hacía donde ir, solo que mi instinto me había dicho ir hacía el este. Saque de las alforjas el mapa que mi padre me había dado y vi que el lugar más cercano era Fillydelphia, pues había salido por las Foal Mountain al parecer. Según el mapa, la vía que tenía al lado parecía llevar hasta allí, por lo que seguí ese camino pensando que después decidiría el lugar más adecuado para continuar, o al menos eso pensaba …
Nada más llegar me vi con mi primer problema, algunos guardias rodeaban las calles impidiendo la entrada a la ciudad. Cuando pregunte a los que estaban esperando me dijeron que había algunas criaturas infestando el lugar y se estaban comiendo todas las plantas de la ciudad. Mire a través de los guardias como unos seres redondos con alas estaban siendo llevados hacía el interior.
No sé cuanto tiempo estuvieron reuniendo a las criaturas, pues me fui de allí a los pocos minutos. No tenía la suficiente paciencia aunque estuve mirando la ciudad mientras me alejaba, llegando al final de ella al anochecer aunque no pare demasiado rato para ver los campos que ponían en el mapa. Las espigas sin recoger eran bastante hermosas, aunque me parecían débiles, recogí algunas con raíces y la metí en mis alforjas; también había unas balas como las que llevaban a la aldea y alguna maquina que seguramente serviría para procesarlas. No lo dude, seguí caminando unos cuantos días pues la plaga podría durar mucho tiempo, por eso elegí la siguiente parada: Manhettan.
Esta vez no tenía ninguna duda sobre caminar, no dejarían entrar en la ciudad aunque la estación de tren estuviese cerca. Mientras caminaba vi diversas poblaciones bastante pequeñas, aunque seguían siendo más del doble que Hollow Shades no eran nada con lo que había visto en Fillydelphia; a pesar de no haber podido entrar.
Algunas noches decidía seguir el camino pero hubo un incidente en uno de los pueblos. Al seguir caminando con mis ojos ambarinos hubo algunos potrillos de tierra que lo vieron, llamando a sus padres a la carrera; cuando estos vinieron me encontraron bastante rápidamente. Al verles note que estaba tan asustada como ellos, dado que conocía las leyendas sobre los bat-ponis que circulaban por el mundo y sabía que mis ojos eran igual a los que describían en ellas. En ese momento intenté hablar, en alguna de ellas habían puesto que cuando atacaban su voz era sibilante o que no podían articular palabras, así que dije:
—No quiero hacer daño a nadie, solo … — dije en un intento de entablar conversación pero lanzaron algunas piedras contra mi y no pude hacer otra cosa que huir.
Aprovechando que ellos verían peor al haberse hecho de noche, tome caminos entre las plantas que me parecían correctos y gane bastante terreno hasta que cogí un camino que acaba en una caída.
Al caer me lesione la pata derecha pues me dolía bastante incluso cuando no la apoyaba, aunque no lo revisé en ese instante. Me aleje de ese lugar por si acaso pretendían atacarme otra vez, no quería nada de ellos y mucho menos eso. Conforme seguía caminando vi que el desnivel no era demasiado grande, por lo menos donde había caído. Si se seguía más a la derecha había otro mucho mayor, casi el doble y podía haberme hecho mucho más.
Cuando percibí que estaba a salvo me desinfecte la herida con algunos líquidos que tenía en la bolsa y vi que las lianas que recorrían mi piel habían desaparecido, incluso mi pelo había perdido las flores que salían de mi cabellera desde siempre, aunque no era por la caída; fue por su comportamiento, les había asustado pero si hubiese querido atacarles no me pondría a hablar. Sabía que nuestros ojos eran extraños para cualquier poni y que pensarían en los bat-ponis pero eso no era suficiente razón, al menos para mí.
Apenas podía andar y no sabía como salir de la cañada pero no volvería atrás para enfrentarme a los aldeanos. Mientras caminaba iba olfateando las plantas, aunque no eran las mismas sin duda se parecería el olor entre ellas, sobretodo si alguna servía para aliviar los calambres.
Decidí dormir al encontrar un lugar resguardado, aunque todavía no había encontrado ninguna planta y al día siguiente no tenía ninguna necesidad de irme, por lo que me quede allí para ver si no empeoraba. Lo hizo pero el descanso me había sentado bien al recobrar algunas fuerzas y seguí caminando por el día pues había decidido hacerlo así para evitar lo que sucedió en esa aldea.
Tarde tres días en encontrar una planta que servía para aliviar mis heridas y lo hizo bastante bien, aunque no del todo. Me lo esperaba, pues nuestras plantas están procesadas para curar totalmente y esa se parecía algo, aunque no era tan acuosa como las de Hollow Shades, solo aliviaba y tendría que buscar a algún médico que me examinase en la ciudad. Al cuarto día vi las vías del tren saliendo de una caverna, por lo que cogí el mapa con mis dientes y lo mire. Había ido demasiado al oeste.
Seguí la vía desde la distancia, entrando a Manhettan dos días después. Allí pedí indicaciones sobre donde había un médico y me las dijeron, llegue a un hospital bastante cercano, al parecer allí también tenían sanadores a la entrada. Cuando atravesé las puertas del hospital había mucha gente: unicornios, pegasos y ponis de tierra, de todas las edades y que parecían en mayor o menor grado enfermos, incluso vi a una enfermera bat-poni.
Una enfermera se me acercó y me pregunto que había pasado, le conté que había ido hacía allí desde mi casa y tuve mala suerte al elegir camino, cayendo por un desnivel, donde me había causado esas heridas. Lo anotó en su fichero junto con mi nombre y me dijo que esperase.
Cada vez estaba más nerviosa, las heridas me empezaron a doler todavía más y nunca me ha gustado el barullo, todo lo contrario. Ese lugar me estaba agotando de todas las maneras posibles por el ruido, el continuo movimiento de ponis, las luces artificiales que eran demasiado brillantes para alguien que apenas ha salido del bosque. Ni que decir tiene que me desmaye y cuando desperté estaba en una cama con una bat-pony vestida diferente que la enfermera.
—No me extraña que te desmayases — la bat-pony que me estaba cuidando — Soy la doctora Blood Care y me paso algo parecido la primera vez que me trajeron a hacer prácticas. Imagino que no te gustan las multitudes, como a todos los que viven en Hollow Shades.
—Menos que lo normal, prefiero la compañía de las plantas, aunque haya tenido un grupo de amigos.
—Pocos tienen muchos amigos, pero esta claro que vosotros sois diferentes, al menos allí se os trata diferente. Me gusta más como tratan por igual a todos en este lugar, aunque ninguno se fía de nuestra raza, como allí.
—Sí, he oído historias sobre el bosque.
—Bueno, dejemos eso y ciertamente no es el lugar, ni el momento de contar esas historias. Lo que he diagnosticado es agotamiento y he bajado las luces de este lugar, así te recuperarás mejor. En cuanto a las heridas, ¿como es que has venido hacía aquí por riscos? — dijo mientras miraba una bandeja donde debería estar lo que había dicho.
—En principio me dirigí a Fillydelphia pero no me dejaron entrar.
—Pero … eso fue hace más de dos semanas. Había una infestación de criaturas y no dejaban entrar a nadie por seguridad o que no se las llevasen. Eso explica el agotamiento también, te persiguieron algunos aldeanos, la verdad es que todos suelen mentir en eso pero las heridas revelan que no te defendiste.
—No, solo huí y tuve mala suerte.
—Muchos dirían que tuviste suerte, porque hay lugares malos por donde caer y pareces bastante cansada pero no podemos dejarte en alguna cama del hospital, normas que tenemos porque hay insuficiencia en algunos casos.
—No importa, solo necesito un poco de descanso y algo para curarme las heridas.
—Ya te he curado, pero por si acaso te voy a dar algunas más pero tendrás que pagarlas, duraran bastante tiempo y te conviene tenerlas si alguna vez las necesitas.
—Gracias.
—Descansa un rato más, nadie se extrañará que uses estas camas durante horas pues tenías demasiada fiebre y — expresó mientras colocaba su casco en mi frente — tiene que seguir bajando.
Me dormí un rato, cuando desperté había otro doctor, pues la ropa era la misma que la de Blood Care, mirando mis constantes y comprobó si tenía fiebre. No me dolió tanto la cabeza, eso quería decir que estaba mejor. Lo que note era que parecía mayor y más orgulloso, debía ser un jefe de planta o parecido.
—La doctora Blood Care te ha prescrito esto — me hizo entrega de cuatro recetas con nombres que alguna farmacia sabría que eran — supongo que siendo lo mismo que ella os habréis tratado bien.
—Lo ha hecho muy bien, doctor — diciendo la verdad, pues me parecía necesario hacerlo — Otros no sabrían porque me he desmayado o parecidos. En cuanto …
—No tengo tiempo para explicaciones — atajó con aire arrogante, no me caía nada bien en ese instante y sería la última vez que querría verle en mi vida.
—En ese caso, gracias por los cuidados recibidos y supongo que alguien me indicará la salida, ¿no es cierto?
—Sí, alguna enfermera podrá hacerlo — tras eso me dio unas prescripciones escritas y se fue.
Espere a una enfermera que no estuviese ocupada mientras leía las prescripciones que a todo seguro había hecho él antes de despertarme. En ellas no ponía nada de cuidados de las vendas que tenía ni que hacer en caso de empeorar, solo texto rutinario y sin sentido para alguien que no hubiese estudiado medicina. La segunda hoja se trataba de una hecha por Blood Care pues la letra era la misma que las recetas, incluso había empleado tinta especial que nosotros podemos ver en el reverso pero no pude leer nada pues una enfermera bastante amable me pregunto si venía a ver a alguien.
Le dije lo que sucedió y se ofreció a acompañarme fuera, previniendo en el camino sobre el sol que ese día estaba muy brillante. Cuando llegamos fuera me presto su delantal para que mi vista se acostumbrase y le di las gracias por todo al devolverlo. Al parecer solo unos pocos ponis eran arrogantes, pero no deberían estar a cargo de nada médico; al menos si querían curar a sus pacientes, pensé mientras salía.
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