Death Note, Matt, Mello pertenece a Tsugumi Oba y a Takeshi Obata.
3. Verdades.
El viaje transcurrió tranquilo en la parte deshabitada, donde sólo el sonido del viento nocturno y la carretera acompañaban a los viajeros. Matt había cerrado los ojos, llevaba gran parte del tiempo desde la ruptura con su chica con los ojos cerrados. Como si quisiera ignorar todo lo que ocurría a su alrededor.
Mello conducía en silencio. Desde que eran niños ninguno de los dos se había incomodado por los habituales silencios que había entre ellos. Ahora tenían veinte años y no había razón para cambiar, ¿cierto?
Los ojos azules de Mello se posaron un momento en Matt, esté abrió los ojos con pereza, fingiendo haber dormido aún más de lo que ya había hecho.
—¿Ya llegamos? — preguntó el pelirrojo con fingida pereza, llevaba desde la escuela secundaria fingiendo pereza. Pronto descubrió que una actitud despreocupada atraía a algunas chicas.
—Antes de buscarte fui a visitar a tu madre.Es muy interesante hablar con esa señora.
La madre de Matt se llevaba muy bien con Mello, incluso mejor que con el hijo. Desde que lo conoció cuando eran niños, su aspecto algo sucio por la situación que atravesaba, su muy bien actuada amabilidad y los ojos de cachorro asustado y desconfiado que tenía durante esa época habían hecho que la madre de Matt sintiera simpatía por el pobre niño.
—¿Ah si? ¿Y que te dijo? Por qué si me lo dices es por que supongo que me lo quieres contar.
—Me dijo que desde niño estabas loco. Ahora sé que los dulces a un lado de tu cama no eran precisamente eso.
Matt se revolvió en el asiento, había intentado ocultar por mucho tiempo su depresión infantil para que ahora su madre lo estuviera contando por los cuatro vientos.
—Y tu muy maldito que me los ofrecía.— dijo Mello con una sonrisa de medio lado que aligeraba el tema notoriamente.
—Supongo que los necesitabas más que yo. Un niño que vivía de la humildad de los vecinos no debía ser muy feliz, ¿no?
—Callate estúpido. Yo tenía dinero, que la gente me tuviera lástima no era mi culpa. Yo no daba razones.
—Si dabas lastima. No más de la que yo debo estar dando ahora pero eras un pobre niño blanco abandonado en una casa suburbana. A todas las amas de casa del vecindario se les encogía el corazón nada más verte.
—¿Insinuas que tengo encanto para las señoras mayores? — Mello se rió de su propia broma seguido de Matt.
—No insinuó nada. Sólo cuanto lo que pasaba.
—Bueno, ese no es el caso, podemos dejar tu depresión infantil para después. Lo que pasa es que tu madre quiere que vuelvas a casa.
Matt se tenso al instante y se puso en guardia. Nunca se le había pasado por la cabeza volver a casa de sus padres durante los dos años que llevaba viviendo sólo. Tenía un departamento en el centro,no era bonito, pero era algo. Pagaba el alquiler con algunos favores "informáticos" para jóvenes universitarias desesperadas que pensaban que su novio las engañaba y haciendo trabajos para los estudiantes más retrasados con los que compartía algunas clases. Aunque ahora debiera ya dos meses de alquiler y pagarlo no era fácil.
—¿Eso es lo que realmente quiere?
—Eres su único hijo, déjala que se preocupe por ti.
—Lo dices por qué no la conoces.
—Creo que la conozco lo suficiente, tal vez no me parió pero la considero importante para mi.
—No es mi culpa que tu madre no se haya hecho responsable de ti.
"Mierda, no debí haber dicho eso" pensó al instante Matt, sabía que si intentaba disculparse o retractarse sería peor.
La tensión era algo que se sentía en el ambiente. Mello suspiró y negó con la cabeza. Matt se sorprendió del gesto, seguramente estaba ya bastante cansado de usar como saco de boxeo al pelirrojo. La primera pelea que habían tenido de niños había sido por el mismo tema. La madre de Mello.
—Cuando la visite tu madre estaba bastante alterada, algo tomada si me lo preguntas, seguramente fue por eso que habló tanto —Mello se tomó unos instantes antes de continuar,miro a Matt a los ojos. Siempre había sido directo, no tenía por que hablar con delicadeza ahora. —¿Sabías que no puede tener hijos?
Matt abrió los ojos de la impresión mientras su mente analizaba la información recibida. "Tener hijos..." pensó lentamente.
—Espera, ¿qué? — la risa nerviosa que empezó a emitir Matt parecía a la de un asesino al que preguntan por sus crímenes — Mirame. Aquí estoy yo. Su hijo.
Mello no contestó. Siguió mirando al camino, se acercaban a una intersección de caminos algo peligrosa gracias a la oscuridad, Mello había tardado tanto en encontrar a Matt por tomar el camino equivocado en esa encrucijada.
—Mello. Respondeme, todo es una broma, ¿verdad?
—¿Quién de tus padres es pelirrojo?
Matt se tomó la cabeza con ambas manos, sintió su cabello grasoso e intento recordar algún pariente con su mismo color capilar. Su madre actualmente tenía un color rojizo bastante oscuro en el cabello, pero en sus recuerdos de niño era castaña, de eso estaba seguro. Incluso recordaba cuando llegó a la casa con ese color y lo feliz que estuvo su padre. Todos sus parientes tenían el cabello de un color castaño, algunos negro, pero sólo el rojo.
Incluso sus ojos, verdes. Todos los que conocía con los que tenía algún parentesco tenía los ojos de un color café. Incluso había visto fotos de los que se suponían eran sus antepasados. De la nada se sentía mareado. Y no era precisamente por el alcohol.
—Lo siento pelirrojo. Pero es la verdad.— posó su mano en pecho de Matt y lo empujó de vuelta a su asiento. Sin notarlo, el pelirrojo se había inclinado hacia él en su ataque de pánico y el olor que despedía no era algo que el rubio pudiera soportar.
Matt se encogió en su lugar, se dio la vuelta, apoyando la espalda en la puerta del auto y subiendo los pies al asiento para poder abrazarse a algo, aunque fueran sus piernas. Colocó la cabeza en las rodillas y miro fijamente a Mello, que ya estaba acostumbrado a los mirones.
— Así que adoptado, ¿eh? — se empezó a reír algo apagado para luego transformarse en fuertes carcajadas.—¿Sabes? creo que fue mejor que me lo dijeras tu a que fueran ellos. Pero aún sabiendo eso, ¿Quieres que vuelva con ellos?
—Aprovecha tus padres mientras puedas. Mis padres son de verdad, pero mira para que me sirvieron. Tu mismo lo dijiste, "abandonado".
Ahora Matt se sentía avergonzado, Mello no era alguien con el que te pudieras quejar de tus padres y decir que habías tenido mala infancia, todo lo que pudieras decir le había sucedido a él y peor.
—Lo siento mucho. Pero de verdad no puedo volver con esas personas.
La madre de Matt se había vuelto alcohólica desde que habían despedido a su padre de su empleo, habían tenido que vender su lujoso departamento y dejar todas las comodidades para mudarse a un barrio suburbano. Su padre, por su parte, volvió a encontrar un empleo, no tan bueno como el anterior pero con un pago suficiente como para largarse de ahí con su familia. Pero no lo hizo. Pasaba la mayor parte del tiempo fuera de casa, con una mujer que, durante la secundaria, Matt descubrió que se llamaba Natalie, tenía un bebé y era la secretaria de su padre. Sus padres tenían discusiones diarias en las que Matt escapaba por la ventana para ir a esconderse a casa de Mello.
Mello vivía con su tío. Aunque el nunca estaba. "Esta con su família" solía repetir mecánicamente Mello cuando le preguntaban donde se encontraba. Nunca le falto nada, materialmente hablando. Tenía dinero, una anciana convenientemente muda organizaba la casa y las vecinas preocupadas por el hecho de que un niño de la misma edad que sus hijos viviera prácticamente sólo les hacia que salir su instinto más humano de ayudar al prójimo.
Muchos niños tenían la ilusión de vivir solos, pero Mello sabía que no era la fantasía que la idea prometía. Todas las noches de tormenta en las que se encogía de miedo en su cama, las veces que tenía un buen resultado en un examen y no había nadie que se llenara de orgullo de él, las veces en las que se había tenido que defender de ladrones y de algunos vecinos viejos que lo veían vulnerable por su edad.
Desde la llegada de la familia Jeevas al vecindario, Mary, la madre de Matt se volvió la principal benefactora del joven Mello y el pequeño Matt en su principal amigo.
No tenía razones para quejarse de su vida si la comparaba con la de Mello, Matt observó el semblante de su rubio amigo mientras conducía. Desde su posición no podía ver la cicatriz que había terminado de joderle la vida.
"Soy un puto niño" pensó Matt "Él ha pasado por cosas peores y aún así se preocupa por mi, no merezco la pena"
—Tienes suerte —dijo Mello recuperando la atención de Matt y señalando con la cabeza el reloj del auto que ya marcaba las doce. — Hoy es día impar.
Matt no entendió a lo que se refería, entender a Mello era muy difícil.
