Capítulo 2
Gracias
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Mi casa, tu hogar…
El camino había comenzado… ambos recorrerían ese trayecto hasta el final.
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Después de tanto tiempo, de estar a merced del viento y los elementos, después de sentir la fuerza del agua, la tierra y el sol. La vida regresaba a la desgastada estructura con la sonrisa de un ser, mientras la emoción de ese posible futuro se reflejaba en las manos de quien le rescataba.
Los ganchos se anclaron en su figura, el acero de hizo contacto con la estropeada figura, pronto partirían para experimentar esa desconocida sensación, la de un sueño llevado a la vida real.
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Todo puede ser perdonado, siempre se puede recuperar el paso que quedo atrás.
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Nimiedades decían los vecinos, tonterías, palabras sin sentido, alucinaciones de un viejo solitario que es incapaz de aceptar su realidad.
Una modesta casa con un taller en su misma cochera, una que alguna vez albergo hermosos vehículos listos para correr, un artista del metal y el acero, un ente que vivía para y por sus sueños.
-Que hablen- Decía sin darle mayor importancia a sus expresiones.
-Es su frustración la que expresa esas palabras, al no ser capaces de arriesgarse a perseguir sus sueños- Susurro acariciando su tesoro, su amor.
Una ilusión dejaría de serlo para llevarlo a la realidad.
La hierba gimió al sentir el peso de esos rines aplastarle con lentitud, el rechinido de los metales se hizo presente, pero era tan pasajero como su mera presencia. El óxido cayó al piso junto con la tristeza de ese abandono.
-Todo va a estar bien- Se escucho la voz del hombre, quien parecía confortar al carro sin pensar.
Su hijo no diría nada, era tiempo de dejarlo soñar, de permitirle volar en esa mente llena de ilusiones que parecían olvidadas.
Esa era su oportunidad.
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Vamos hacia adelante, superemos lo que dejamos detrás…
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Dejando tan sólo, la sombra de aquel lugar, donde la figura de un viejo deportivo se mantuvo oculto, sufriendo por gusto propio, martirizando su existencia con la culpabilidad fue todo lo que quedo. Las viejas huellas de un pasado incierto, de un secreto personal.
La grúa levanto el vehículo, todos iban a casa, al prometido hogar.
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Y así comienza de nuevo.
Las calles revestidas de pavimento relucieron al frente, los autos andando, las gente que las habitaba, los puestos, los comercios, el ruido.
Cuantas similitudes entre lo que dejo atrás, la grúa viro tomando su camino, abriéndose paso en esa multitud que les rodeaba, en su interior su dueño sonreía mirándolo de vez en vez. Para él no había óxido ni suciedad, solo la forma de aquello que siempre anhelo tener.
Terran no podía describir lo que sentía, con las palabras de ese hombre quien le aseguraba que algún día volverían, pero tan sólo para verlo correr sobre esas calles, para sentir el pavimento bajo su figura; para que la gente observara la belleza se que ocultaba tras ese abandono.
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Terran…
Tu voz se ha convertido en ese impulso que me hace continuar, en la esperanza oculta en el olvido. Como describir la alegría que viste mi chispa al observar el paisaje, al sentir el viento nuevamente, al ver ese peso alejarse, yo se que aun estoy muy lejos de la redención, del perdón. Pero ahora hay algo más en esta larga línea de vida, algo que jamás vi llegar.
Sus palabras elocuentes, llenas de emoción solo transmiten un calor olvidado, lo que me hacia ser quien era, lo que nos hacía luchar. Y es que es tan fácil olvidar lo que realmente vale, cuando la soledad parece ser la única aliada. Cuando el pecado es mayor de lo que todos aseguraban.
Puedo sentir la ansiedad alejándose, quedando atrapada en ese rincón olvidado, mientras Primus me brinda esta nueva oportunidad.
-"Vamos a casa"-Las palabras sonaban tan irreales; etéreas como un sueño olvidado. Pero la decisión en tu mirada no me deja ver hacia atrás.
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Nadie sabe lo que encierran nuestros sueños o ilusiones, nadie excepto nosotros mismos.
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Las viejas fotografías adornaban el muro con toques magenta, herramientas, medallas y premios les acompañaban, envolviendo cada rincón con ese toque olvidado, los recortes de reportajes, los diplomas y felicitaciones, todo parte de un pasado. La historia de una vida contenida en un sencillo lugar.
-¿Te gusta?- Se escucho la pregunta, las cortinas se recorrieron lentamente, los rayos del sol atravesaron lentamente las ventanas llevando de nuevo vida a ese taller.
El coche avanzo con el impulso de los hombres quienes le empujaban, los reflejos en el material oxidado parecían desvanecerse con lo que le rodeaba.
No habría respuesta alguna, por parte del carro. Pero el Mustang estaba extasiado.
Un santuario dedicado a entes como él, las placas con los nombres resaltaba ante su presencia, impactado guardo silencio en su interior, conmovido con lo que estaba presenciando.
-No es coincidencia mi amigo, estábamos destinados a encontrarnos tú y yo- Prosiguió su dueño revelando una imagen, la imagen del coche con el que soñó.
-Eres tú y este soy yo- Finalizo.
Terran no replico, pero la felicidad envolvió su chispa antes vacía –Había llegado a casa-
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Las coincidencias son solo los juegos del destino enseñándonos la verdad…
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El tiempo pasó tan rápido como antes, pero la diferencia es que las cosas jamás volverían a estar llenas de dolor.
Con las platicas eternas de anécdotas personales, chistes o bromas, con la compañía de una nueva familia. Un padre, un hijo y él.
Los juegos inocentes de un joven quien se marcho a la universidad, con el consuelo de su viejo quien simplemente le esperaría sin importar cuánto tiempo.
Los trabajos de reparación fueron arduos pero precisos, el dinero invertido provino de sus ahorros pero valía la pena como ellos decían.
Como puede cambiar tanto la vida. Antes un guerrero fiel, con el honor al frente, con valores que le distinguían, ahora un amigo silencioso, un compañero que no les abandonaría.
Tan difícil como extraño era esperar, mientras esas manos le acariciaban, le reparaban, con una delicadeza única, siempre al ritmo de una melodía.
"Something Inside"
Las palabras le hacían ver la situación con amabilidad.
-Amigo mío cuando salgas de nuevo la gente no podrá evitar mirar- Comentaba el hombre emocionado trabajando en su motor.
-Ya puedo ver sus miradas de asombro cuando ambos recorramos esos viejos caminos- Prosiguió con emoción.
-Mil veces soñé con recorrer los caminos contigo- Aseguro.
Cuanto quería replicar, agradecer por toda esa ayuda, pero el coche no hablo, ni siquiera se inmuto. No lo estropearía, no después de tanto, jamás se atrevería.
-Espera a que mi hijo regrese, ya verás su sorpresa, iremos juntos a recogerlo, lo juro por dios- Confirmo el dueño pasando un desgastado trapo sobre el ahora brillante metal.
-Si tan sólo supieras la verdad mi querido amigo, si vieses cuanto te aprecio, cuanto te quiero, lo que implicas para mí-
Cromas rojizos se revelaron por el ventanal, con el sonido de la melodía, el hombre admiro el paisaje pensativo, pronto su trabajo estaría terminado, pronto habrían de salir.
-Cuando ese día llegue iremos lejos muy lejos- Susurro con fe.
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Se dice que la mente es impredecible, que puede aferrarse a ilusiones u objetos, pero cada quien sabe lo que debe hacer para llegar a donde se ha propuesto. Para cumplir sus sueños.
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Las noches continuaron pasando, precediendo a los días, haciendo constante el trabajo, para volverse una rutina, para quedar atrapado en ese mundo de profundos cuidados.
Las imágenes vistas una y mil veces le acompañaron, fotos de esos recuerdos, de las vivencias que el hombre compartía cada día.
Él sabía que no podía seguir así, tanto trabajo y dedicación merecían su reconocimiento, el agradecimiento que jamás expreso.
Los toques suaves y acompasados de un joven se hicieron presentes en la puerta. El dueño lo escucho.
-¿Quién podrá ser?- Se dijo abandonando el último toque en de pintura caminando hacia él.
-¿En qué puedo servirte?- Pregunto el señor, el chico levanto su mirada observado directamente a su salvador. El azul cálido le acompaño en ese toque, en un rostro muy familiar.
-Buenas noches- Susurro el joven, su vestimenta parcia un poco fuera de tiempo, semejante a la que las viejas fotos revelaban, pero para el hombre no fue importante.
El cabello güero, la chamarra amarilla y el pantalón negro, colores que le hacían recordar.
-Buenas noches- Respondió el señor con educación, -¿Qué es lo que busca?- Pregunto extrañado.
El recién llegado sonrío con inocencia, aquella que creyó perder tiempo atrás, con la fuerza de una chispa, la cual no sabía cómo comenzar. Cuanto por decir, pero incapaz de hablar.
- Solo vengo a decir gracias- Afirmo volviendo su atención hacia el cielo oscuro que los acompañaba. El hombre lo miro estupefacto, -¿Qué?- Se dijo en su mente confuso, ¿Quién era ese joven en realidad?
Pero el tiempo fue rápido y para cuando se percato el chico se marchaba, caminando para internarse en la oscuridad de la calle.
-¡Espera!- Llamo el dueño del lugar tratando de detenerlo, no entendía el porqué, pero tenía que alcanzar a ese místico visitante.
El muchacho se detuvo por un instante observándolo.
-¿Cuál es tu nombre?- Exclamo el señor agotado, ya no tenía la resistencia de antes.
-Terran- Fue la respuesta. Él hombre se dispuso hablar pero una melodía sonó desde la casa, al parecer se había encendido el estéreo, él volteo hacia su hogar preocupado por un instante, regresando su atención al frente para toparse con el vacío de la calle y la oscuridad.
La luz de la luna danzo por los alrededores sin mostrar pista del extraño.
-¿Quién era ese joven?, ¿Qué es lo que había querido decir?; sólo un nombre se mantendría presente, junto con el agradecimiento de un desconocido que recordaba haber visto en otra ocasión.
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Un recuerdo, una vieja fotografía.
Si tan sólo se hubiese fijado más de cerca en las imágenes que adornaban el taller habría reconocido el rostro que observaba desde lejos a los presentes festejar su triunfo, un espectador tan sólo, la imagen atrapada a través de la historia, con esa vestimenta tan particular del tiempo en el que la imagen se tomo.
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Toda una larga charla prevista por parte del Mustang se borro al observar el gesto de aquel que fue su salvador, su mirada amable tan de cerca, los rastros de esa edad.
-Gracias- Fue todo lo que pudo exclamar.
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Un agradecimiento puede decir más que mil palabras…
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