Primer Contacto
Luna se quedo observando unos minutos la puerta por la que había desaparecido Draco Malfoy, hasta que su estomago rugió, pues no había comido nada incluso desde antes de salir de Hogwarts.
La comida era repugnante a decir verdad, la sopa tal vez caliente sabría mejor, pero lo demás era en si, malo.
Aun así, se lo comió, se lo comió todo, no dejo ni una migaja, y cuando termino decidio inspeccionar el calabozo donde ella estaría hasta próximo aviso, por decirlo así.
Se levantó con cuidado intentando no apoyar más de lo necesario la rodilla izquierda, y caminando, muy lentamente, pues tenía que dar algo así como un brinquito al apoyar la rodilla herida.
Para evitar caer iba con la mano apoyada en la pared, cada tanto se detenía pues estaba cansada, y si le sumábamos los dolores de la espalda más sus muslos el resultado era una fatiga total.
-No me hagas daño… No me hagas daño… Por favor… -Decía una débil voz, proveniente del lado derecho del calabozo.
Luna con su paso de pirata avanzo lentamente hacia el lugar donde provenía esa voz.
-No por favor… no me dañes…
Era el Sr. Ollivander, que estaba secuestrado desde hace más de un año…
-No se preocupe… no le hare daño…
-¿Quién eres?- Dijo abriendo los ojos.
-Luna, Luna Lovegood…
-Lovegood… lo recuerdo… puedo recordarla… 29 centímetros, flexible, con escencia de Thestral… la varita más extraña, solo la intente una vez...
-Excelente para alguien como yo –Dijo mientras ponía en su rostro una sonrisa radiante.
-¿Cómo puedes sonreír en una situación como esta?-Recargo su peso en un codo para poder mejor a Luna.
-¿A qué se refiere? -Mi querida niña… estamos en el fondo del abismo, ¿no te das cuenta? Fuimos abandonados a nuestra suerte en este lugar…
-Solo se está en el fondo, cuando ya no se puede ver la luz, es decir, mientras tengamos un poco de fe y esperanza, nada está perdido… -Hizo su sonrisa aun mas grande.
-¿Y tu aun tienes esperanza? ¿Por qué?
-No debe existir ni el porqué ni el cómo… Solo sé que siempre, para todo, excepto la muerte hay una solución.
-Pero estamos a punto de morir…
-Pero aun no lo estamos ¿verdad?
Al día siguiente Luna y el Sr. Ollivander continuaban su charla sobre estaban o no perdidos.
Mientras tanto, un somnoliento Draco (no había podido dormir más de 3 horas) salía de la ducha solo con una toalla cubriéndole su cuerpo, se preparo para bajar a desayunar, en creía, solo.
Pero al llegar al comedor se encontró a sus padres y a su elfina sirviéndoles. Se sentó lo más alejado que pudo de ellos, sin un "buenos días" o algo por el estilo.
En el desayuno Draco y Lucius pelearon de nuevo y Malfoy hijo tuvo que volver al calabozo, pero esta vez, por más tiempo, pues su padre le advirtió que no quería verlo el resto de día.
Se acerco lentamente al calabozo, llevando nuevamente la comida, hasta que escucho voces, provenientes de desde dentro del calabozo.
-…los años, lo único que importa es que aun sigue vivo y por lo tanto, aun con esperanza…
En eso Draco abrió la puerta, viendo a dos personas sentadas en un solo catre; un alta pero aterrada y otra pequeña y rubia, pero con una gran sonrisa.
Ellos se callaron al instante, Draco solo dejo la comida en el suelo, cerca de ellos, y se recargo en la puerta del calabozo sin saber muy bien qué hacer.
Paso no más de una hora, ellos comían mientras el joven Malfoy observaba el techo del calabozo, hasta que alguien abrió la puerta por fuera y el casi cae.
Entraron dos encapuchados y detrás de ellos el padre de Draco, los primeros fueron tras el señor Ollivander, lo tomaron por los brazos y se lo llevaron y Lucius antes de cerrar la puerta dijo señalando a su hijo;
-No pienses salir porque si lo haces… lo sabré.
Se hizo un silencio incomodo, Draco observaba a Luna y ella se quitaba con los dedos el esmalte naranja de las uñas. Hasta que Luna rompió el silencio;
-La próxima vez, trae cubiertos…
-¿Qué?
-Que la próxima vez traigas cubiertos, odio sorber la sopa, pienso que parezco perro…
-¿Qué te hace pensar que volveré? –Prefirió ignorar su loca explicación.
-Pues no lo sé…-Levanto la mirada, cruzando la penetrante mirada gris de él con la suya.
Ambos sintieron cosas diferentes, Draco sintió, al ver el profundo azul de los ojos de Luna, como si encendieran una luz en el, como si al verla todos sus problemas se fueran. Luna por su parte vio la tristeza en los ojos de Draco, supo que debía hacer algo por él.
Todo eso en menos de dos segundos.
-Yo, emm,… pues has venido dos veces, creí que…
-Pues te equivocas.
Draco aparto la mirada, y continuaron en silencio otro poco.
-¿Dónde llevan al Sr. Ollivander?- Pregunto ella.
-No sé, tal vez con el señor Tenebroso.
Otra vez silencio.
-¿Y qué haces aquí?
-Aquí vivo
-¿En el calabozo?-Pregunto ella sorprendida, demostrando su inocencia.
-¡Claro que no Lunática!- El estaba furioso- ¡Estas peor que una cabra!
-¿Sabes? Muchos me han dicho eso- Volvió a poner la atención en sus uñas- Pero nunca lo entiendo…
-¿No entiendes qué? ¿Qué te digan loca? Porque yo puedo darte unas buenas razones…- Se acerco unos pasos hacia ella.
-No, eso no… -No perdía su toque soñador- Me refiero al porque piensan que las cabras son locas ¿Quién o cuando se descubrió?
Draco abrió la boca para contestar, pero al no encontrar una buena respuesta al cerro de nuevo.
-Y tampoco entiendo porque sigues viviendo aquí…
Sin embargo, esas palabras causaron más en Draco de lo que ella pensaba.
-No lo sé-Fue lo único que pudo decir.
-Entonces… ¿Porq…
Pero no pudo completar su pregunta pues apareció la elfina de los Malfoy.
-Amo- hizo una reverencia- La amita ha enviado a Aby a decirle a el joven que los señores se han ido y volverán mañana en la tarde.
-Aja si claro…-Dijo el aludido, levándose pues sin saber cómo, llego a sentarse en el catre, pero lo más alejado posible de la rubia.
Mientras se alejaba escucho la voz de Luna a sus espaldas;
-Aun tenemos mucho que hablar… ¿Volverás?
El pensaba ignorarla pero en vez de eso le contesto:
-No te lo prometo.
Abrió la puerta, y volvió a escucharla.
-Si vienes, te pondré una condición.
Esto le sorprendió.
-¿Tu me pones condiciones para ir al calabozo de MI casa?- Volteo a verla.
-Si, solo una Lo miro fijamente, provocando un vuelco en los corazones de ambos, y ella dijo;
-Que no te enamores de mí.
Draco, al escuchar eso soltó una carcajada y dijo;
-¡Tenlo por seguro!
Y sin más, cerró la puerta detrás de él.
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