Lo recordaba o mejor dicho, la recordaba. Luego de muchos intentos por fin su mente cedía en concederle una memoria que prácticamente había echado al olvido.
"Me acuerdo de ti, Kagome Higurashi"
-¿Amor estás bien?- preguntó Kikyo al ver algo pensativo a Inuyasha, su cuerpo desnudo se deslizó entre las sábanas, pero antes de salir de la cama el hombre la tomó por la cintura.
-Estoy bien- respondió y comenzó a besar el cuello de la joven, se sentía tan feliz
Kikyo logró soltarse, sonrió divertida y caminó hasta el baño. Inuyasha la siguió con la mirada, recorría todo su cuerpo, cada centímetro de su piel. Había visto su cuerpo desnudo decenas de veces, pero, a pesar de ello no se cansaba. La amaba, la amaba tanto que era insoportable.
Caminó hasta ella y la abrazó por detrás, sus miradas se encontraron por medio del espejo –Te amo demasiado- susurró Inuyasha, mientras una de sus manos se deslizaba por el vientre de ella.
-Lo sé, yo también te amo y es doloroso- algo más que tenían en común
-Nunca te dejaré ir- las palabras de Inuyasha resonaban en la mente de Kikyo destrozando su voluntad. La joven comenzó a jadear, la mano de Inuyasha se deslizaba por los senos de su amada acariciando sus pezones y con la otra mano la tomaba del mentón para poder besarla. Cuando sus ojos se encontraron él se percató de su mirada cristalina –¿Qué sucede?- preguntó preocupado
-Tal vez yo si tenga que dejarte ir. Nada es para siempre Inuyasha, todo en algún momento cambia-
- ¿Sabes? Eres una mujer muy deprimente, pero, en realidad eso lo descubriremos con el tiempo-
…
Un sábado más en casa. No era como si le importara demasiado o que se muriera por ir a una fiesta, sería suficiente con tener a alguien que la acompañe a ver una película…
Sintió una peluda cola entre sus piernas y luego se oyó un maullido, tomó al animal entre los brazos y lo echó en el sofá. A falta de amigos qué mejor que un gato.
"Puedes borrar a una persona de tu mente. Sacarla de tu corazón es otra historia"
Era la tercera vez que veía esa película y esta era su frase favorita. Sus ojos brillaban, no podía evitar sentir las lágrimas a punto de salir, pero luego se regresaban. Necesito helado, pensó
-Buyo, iré al super, ¿quieres algo?- miró al gato con si este en verdad fuera a responderle, luego de un momento el animal solo maulló
-ok, te traeré leche deslactosada-
El super no quedaba muy lejos, tal vez unos quince o veinte minutos a pie, se acomodó los auriculares y emprendió camino. Era la ruta de siempre, ir todo recto por diez minutos y luego girar a la derecha hasta llegar a un parque y luego otra vez todo derecho.
Por lo general el parque está lleno de mujeres con bolsas en las manos que pasean a sus perros de raza pequeña. Al menos limpiar un arenero es más sencillo.
Debido a los casquillos no escuchó el grito de un hombre llamando a su perro, animal que por cierto, se había abalanzado sobre Kagome. El miedo ni si quiera le permitió gritar, era un enorme perro blanco que no dejaba de lamerle las manos que protegían su rostro.
-¡Verde!- El perro se movió y dejó que Kagome se incorporara
-Oh por dios! Pensé que moriría- sintió sus manos llenas del líquido viscoso, buscó en su bolsillo algo con lo que pudiese secarse, el dueño del perro le extendió un paquete de Kleenex.
-Estás bien?... Por lo general es bastante obediente- la pregunta pareció más un reclamo
-Sí, estoy bien- Kagome se sacudió las ropas y ordenó su cabello, pasó sus manos por sus orejas y no encontró los audífonos
-Mi Ipod- susurró y comenzó a buscar en sus bolsillos
- Mierda- musitó el hombre. Kagome lo miró algo sorprendida
-¿Qué? ¿Qué sucede?- siguió la mirada del hombre, se dirigía al perro, miró al animal esperando lo peor… y ahí estaba, bañado en baba y con la batalla rajada, su Ipod, si es que aún se le podía llamar así – Oh no-
El hombre sacó un kleenex de su bolsillo y recogió el aparato, miró a Kagome y esta miró el objeto…
-Te pagaré- sentenció el dueño del animal – pero he dejado mi billetera en casa, dame tu dirección y pasaré mañana con el dinero-
-No-
-¿No?- preguntó muy sorprendido
-Eres un desconocido, no te daré la dirección de mi casa-
-Bien, entonces yo te daré mi dirección y tú pasaras por el dinero
-No-
-Ahora por qué?-
-No iré a casa de un desconocido-
-Me llamo Sesshomaru Taisho-
-No me refería a eso… no tienes una tarjeta de presentación?
-te dije que dejé la billetera en casa- respondió algo enojado
-Ni modo, te daré mi número de teléfono y confiaré en que no te darás a la fuga-
-Siempre pago mis deudas, niña- Kagome le dictó su número
-Por cierto, me llamo Kagome Higurashi- Shesshomaru la miró de reojo, intentado calcular su edad, tal vez unos quince años. No, imposible, eran siempre las chiquillas de quince las que lo perseguían, aunque aún no era un actor tan famoso tenía bastante popularidad entre las adolescentes. Pero, Kagome parecía no tener una idea de quién era él.
Los dos se despidieron y cada uno siguió su camino. La noche era más oscura de lo habitual, pero se sentía bien. Quintando lo del incidente la experiencia de haber intercambiado palabras con un desconocido era agradable…
El mundo era un poco más feliz. La joven miró los árboles y pensó, Verde es un buen nombre para un perro. A lo lejos los ladridos de un travieso animal resoban.
Hola! Espero que estén muy bien. Este capítulo me quedó un poco más largo que el anterior y espero que les haya gustado y bueno si les interesa la película que estaba viendo Kagome era El eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Es una de mis películas favoritas, tal vez ustedes también la han visto :3 y gracias por comentar. Todos sus comentarios, opiniones, críticas (constructivas) serán bien recibidas. Hasta luego!
