Capítulo 3. El atelier
Las luces iluminaban el pasillo El paraíso artístico perdido como nombró al Atelier la última crítica de la revista de sociedad más conocida del país , la pequeña pero concurrida galería y centro de talleres de Alma Aparicio por el que las breves obras de pintores independientes y hasta ahora quizá desconocidos posaban ante las miradas de los que acudían a pasar un rato de tranquilidad y admirar un poco de arte bohemio.
Alma Aparicio esperaba impaciente al frente del mostrador cuando las risas al final del pasillo se hicieron presentes.
Te dije que era muy mala idea mezclar curry con chiles rellenos Mariana, yo no se qué cosas extrañas les enseñan en esa escuelita de chefs en Canadá – vociferaba a carcajadas Julia mientras intentaba sostener equilibradamente dos charolas envueltas en papel aluminio. Mariana intentaba seguirle el paso detrás de ella con otras dos charolas.
¡Vaya! Empezaba a creer que mi inversión culinaria estaba a punto de tomar el primer avión de vuelta al país del maple. ¿Por qué se tardaron tanto Julia? Te dije a las 2 pero no de la mañana – Dijo Alma con un tono de regaño a Julia y una mirada de reproche amistoso a Mariana.
Habríamos llegado a tiempo Alma, de no ser porque aquí tu hermanita linda insistió en revisar toda la cocina antes de empezar a preparar la comida y luego en una especie de ritual chamánico parecía bendecir cada canapé y cada chile relleno que salía. – Se apresuró a decir Mariana antes de que Julia pudiera responder.
Bueno, supongo que entonces no queda más que presentarte el lugar Mariana, este es mi famoso Atelier, esta es la barra, de ahora en adelante, TU barra. Bueno por lo menos de tu comida. Todo lo que necesites para terminar de preparar tus platillos está en estos estantes y en estos cajones están los cubiertos, platos y todo lo demás. Julia conoce bien el lugar, yo las dejo porque son casi las tres y tengo que empezar el taller de la tarde. – Alma tomó la agenda que había dejado sobre la barra mientras esperaba, se despidió de las chicas y se dirigió al salón frente a la cafetería mientras la gente comenzaba a pasar.
Mariana inspeccionaba decididamente cada cajón y estante de la pequeña cocineta detrás del mostrador y Julia permanecía sentada en una de las sillas de la barra con los codos apoyados sobre esta observando fijamente cada movimiento de Mariana con la vista algo perdida, como si un pensamiento lejano invadiera su mente.
¿Mariana? – Preguntó Julia
Sí Jul – Respondió Mariana, sin dejar de lado la detallada inspección de los rincones de la cocineta.
¿Por qué volviste a México?
Mariana se detuvo de pronto con un cajón a medio abrir. Era claro que la pregunta tenía un trasfondo incómodo. Tomó aire como deseando tomar valor para declarar algo importante cuando de pronto un par de manos algo tibias cubrieron el rostro de Julia.
¡Armando!
Hola mi amor
¿Qué? ...¿qué estas haciendo aquí? – Exclamó en tono sorpresivo Julia
Mi práctica terminó temprano, pensé que querrías ir a comer o hacer algo
Julia pareció dudar la respuesta.
Armando, te dije que estaríamos ocupadas con esto. ¿Por qué no me hablaste antes? El tono de Julia parecía de enojo pero en el fondo era más que eso.
Jul, no hay problema, ve a comer con Armando. Dijo Mariana quien parecía sentir cierto alivio por la llegada de Armando que detuvo el interrogatorio al que pensaba sería sometida si no respondía la pregunta de Julia, peor aun, si la hubiese respondido.
Pero Mariana...
En serio Jul. Ya tengo prácticamente inventariadas todas las servilletas y cucharas. Creo que puedo arreglármelas sola. Ustedes deben tener mucho que platicar. Insistía Mariana abriendo y cerrando nerviosamente los cajones que previamente había escuclado meticulosamente.
En ese momento la puerta del salón de talleres frente a la cafetería se abrió y las doce personas en su interior comenzaron a salir. Alma se acercó hacia la barra de la cafetería.
¡Armando! Hola, ¿cómo estas? – Dijo Alma mientras saludaba con un beso en la mejilla a Armando.
Hola Alma – Respondió muy atentamente Armando.
Eres justo lo que necesito en este momento, ¿te molestaría ayudarme a mover una de las mesas del salón? Alex se fue a conseguir unas lámparas para la exhibición de mañana y Angelita, bueno, tiene más fuerza un niño de cinco años que esa mujer escuálida que se dice atlética cuando llega con su licuado mañanero.
Claro que sí Alma.
Armando miró a Julia, quien asintió con la cabeza como si se tratase de un niño pidiendo permiso a su mamá para ir a jugar con los amigos de la cuadra. Alma y Armando entraron al salón de talleres.
Armando terminó de mover las mesas, dio solo algunos pasos hacia el gran ventanal que ostentaba el salón del taller principal, cuya vista central daba justamente hacia la cafetería y observó por un momento hacia la cafetería donde Mariana y Julia se encontraban. Alma se acercó a su lado.
¿Nunca te habló de Mariana? – Preguntó Alma intuyendo en la mirada de Armando algo de curiosidad por la recién llegada.
No. – Dijo en voz baja Armando.
Ah. – Fue la extraña respuesta de Alma.
¿Tendría que haberme hablado de ella?, preguntó Armando volteando la mirada directa hacia Alma quien de pronto notó que había sido una respuesta que provocaría todavía más preguntas.
No, bueno, me refiero a que, Mariana es su mejor amiga. Prácticamente desde que Julia tiene uso de razón Mariana ha sido parte de su vida. Y ahora TÚ eres parte de su vida, supongo que en algún momento tendría que haberla…mencionado.
Pues no lo hizo.
Se hizo un silencio súbito mientras ambos observaban la dinámica de Julia y Mariana tratando de atender entre risas y sonrisas a los clientes de la cafetería.
Pero, ¿todo está bien entre ustedes? Me refiero, a su relación ¿verdad? Preguntó Alma, con algo de curiosidad pero sin desear entrometerse.
Sí sí, claro. Todo va muy bien…. – Respondió Armando en un tono como si pretendiera no entender la relación de esa pregunta con todas las anteriores pero al mismo tiempo como si algo en su interior estuviera tratando gritarle que esa pregunta lo era todo.
