Genio Embotellado

(Bottled Genius)

Por Rozefire

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 3

Otro Éxito y Fracaso

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En el tiempo que le tomó a Kagome parpadear, todo había cambiado. El aire que llenaba sus pulmones pareció más fresco, menos mohoso que hace unos momentos atrás - sin mencionar que sus alrededores habían cambiado completamente. Antes había estado sentada en la cama de su hermano, mirando al Cumplidor de Deseos… y ahora estaba en la parte de atrás de una mediana habitación, observando gente rezando de rodillas.

Por largo rato Kagome estuvo muy sorprendida como para mover un músculo. Escaneó la sala confundida, preguntándose dónde demonios estaba exactamente. Luego la golpeó finalmente, estaba en un pequeño Templo. Un altar budista estaba puesto en la cabeza del salón, complementado con incienso encendido y tablas con nombres de fallecidos… habían muy pocos.

Kagome nunca había visto esta sala en su vida, este Templo miniatura… algo no estaba bien. Con una perpleja y estupefacta expresión se deslizó por las puertas tan tranquilamente como pudo pero se detuvo en seco afuera.

Había entrado en un corredor blanco. Dos mujeres en uniforme de enfermera pasaron con una amable sonrisa mientras un hombre en silla de ruedas con un gotero atado a su mano estaba rodando con una tercera enfermera.

Kagome no tuvo que ser un genio para darse cuenta que estaba en un hospital.

¡¿Y desde cuándo había mencionado algo sobre un hospital en su deseo?!

No le tomó mucho molestarse, pero mayormente fue para cubrir su temor. Cuando pidió ese deseo había estado medio convencida de que nada pasaría, que tal vez el joven había sido un producto de su imaginación. Pero en un pestañeo, literalmente, había sido… ¿teletransportada? Tomaba increíble poder hacer algo así… no estaba segura de querer que se metieran con ella.

"¿Disculpe?" Kagome detuvo con señales a un doctor. "¿Podría decirme qué hospital es este?"

Él le dio una extraña mirada pero de todas formas respondió. "Hospital Murayami."

"Murayami… ¿está seguro?" le parpadeó sorprendida.

"Sí, muy seguro." Él asintió.

"Gracias." Kagome estuvo tan confundida como nunca mientras se tambaleaba en busca de un teléfono monedero. Los del lobby del hospital estaban en uso, así que salió del edificio hacia las cabinas telefónicas. Con el poco cambio que tenía planeaba llamar a su madre… ¿qué más podría hacer?

Kagome abrió la pesada puerta de una de las cabinas y entró. Tristemente levantó la bocina y marcó el número de su casa… el problema era… que no recordaba su nuevo número telefónico… después de todo, sólo había vivido ahí por unos días. "Ah… mierda…" Ella golpeó su frente contra la máquina. "Ow…"

Hubo un golpe en la puerta de vidrio tras ella y levantó la vista expectante… para ver a Inuyasha afuera dándole un animado saludo. "No te ves feliz." Dijo él. "¿Algún problema?"

Kagome se precipitó de la cabina para enfrentarlo, rabia quemaba sus mejillas y apretó sus manos. "¡¿Qué demonios se supone sea?!" le gritó ella. "¡Dije que quería ir a casa! ¡¡El hospital Murayami no está cerca a mi casa!!"

Él resopló y cruzó sus brazos. "Tú no dijiste nada de eso."

"Bueno, ¡estoy segura que no pedí ser enviada al hospital!" ella movió un brazo a su alrededor. "¡¿Esto parece mi templo para ti?!"

Él miró alrededor dudoso. "Realmente no puedo decirlo, porque nunca he visto tu estúpido templo." Él la vio a punto de estallar otra vez y la interrumpió. "Pediste regresar a donde perteneces - y por el grado filosófico logrado en el siglo veintiuno - técnicamente cada persona pertenece a donde haya nacido, sea un hospital, establo o el baño de un vagón de tren. Tú naciste en este hospital si no lo recuerdas."

"¡¿Qué?!" Chilló Kagome. "¡Esto no es lo que quería! Quería ir a mi Templo - ¡eso dije!"

"Sí, el templo de aquí, ¿cierto?" Inuyasha miró al hospital.

Kagome dio un exasperado gruñido y se recostó contra el costado de la cabina telefónica. "Sabías que esto no era lo que quería… Quería ir a casa…"

"Aún si lo hubiera hecho hubieras estado sola." Señaló él secamente.

"¿Cómo?" ella lo miró.

"Porque nunca mencionaste nada sobre una familia en tu deseo."

Kagome suspiró y de nuevo dejó caer su cabeza. "Apuesto que Aladino nunca tuvo tanto problema…"

"Bueno, si querías tus deseos concedidos con tanta iniciativa de mi parte tal vez debas encontrarte en una décimo quinta generación o más allá. No es mi culpa que seas lo estúpida suficiente para pedir deseos vagos y esperar que los conceda exactamente como los quieres."

"¿Quieres decir que tengo que cuidar lo que digo?" Kagome le frunció sus ojos fuertemente. "Eso suena como una trampa para mi."

"Llámalo como gustes." Él se encogió con una mirada pagada de sí mismo. Los ojos de Kagome se fruncieron ante su evidente actitud.

"¡¿No te preocupas por esto?!" Espetó ella. "¡¿Cómo demonios se supone que voy a ir a casa?! ¡No puedo recordar mi número y mi familia no sabe que me fui!"

"No necesitas estresarte." Él volteó sus ojos. "Sólo desea regresar a la vieja casa."

"No - porque probablemente me enviarás a Siberia o a algún loco lugar como este." Respondió Kagome furiosa. "¡Al menos hubieras podido decirme ser cuidadosa con los deseos! ¡Ahora sé de lo que Kikyo estaba hablando!"

La atención de Inuyasha de nuevo se había devuelto hacia ella ante la mención del previo nombre de la joven. "¿Qué dijiste?"

"¡Dije que al menos pudiste decirme ser cuidadosa!"

"¡¿Cómo podrías conocer a Kikyo?!" El rostro de Inuyasha de repente estuvo ante el suyo con una oscura y tormentosa expresión que su enojo la dejó en un latido y retrocedió un paso. "Kikyo era anterior a tu época - ¡murió cuarenta años antes de que nacieras!"

"Y-yo encontré su diario…" tartamudeó Kagome. "Ella mencionó… deseos… tú… y algo sobre una maldición…"

"¿Este diario?" él de repente alcanzó en el aire, haciéndola hacer una mueca como si estuviera a punto de golpearla - pero todo lo que hizo fue tomar el viejo libro que se había materializado en el aire al lado de su cabeza. Volteó el libro en su mano, mirándolo planamente con desprecio. "Qué cantidad de basura."

La pregunta salió de boca de Kagome antes de que tuviera la oportunidad de pensar en cómo iba a tomarla. "¿Tú la mataste?"

Esos inteligentes y profundos ojos se fijaron en los suyos. Él no se movió o hizo algún movimiento para responder.

"¿Mataste a su padre?" continuó ella tranquilamente. "¿Le quitaste su voz para que no pudiera cantar? ¿Le diste la vieja casa porque lo deseó? ¿Encontraste a alguien para que amara, pero no le permitiste conservarlo?"

"Sí, sí, sí, sí y… sí." Respondió él entre dientes. El libro en su mano se hizo polvo y cayó al pavimento. Los ojos de Kagome siguieron su polvorienta mano mientras caía a su lado antes de levantar sus ojos para encontrar los suyos. Ella no estaba más segura de querer diez deseos.

"Quiero ir a casa." Dijo ella eventualmente, volteando un ceño fruncido hacia el pavimento.

Inuyasha retrocedió lentamente y extendió su mano. "Dame tu cambio."

"¿Por qué? ¿Intentas robarme también?"

"Sólo dame el dinero." Él le frunció. "Recuerdo el número."

Cautelosamente, ella le alcanzó el cambio y observó cuando entró a la cabina telefónica. Él levantó la bocina y se reclinó contra el lado mientras marcaba el número de su casa. Hubo unas silenciosas pulsaciones. ¿Iba a hablarle a su madre por ella?

Comenzó a avanzar hacia la puerta, intentando hacerse cargo cuando Inuyasha habló de repente por el teléfono.

"Hola, mamá, creo que necesitaré un auto a casa… sí… bueno, recuerdas que el padre de Eri tuvo ese problema con su corazón, bueno sufrió un infarto."

Y él dijo todo eso en una perfecta imitación de la voz de Kagome. Ella lo miró, sin notar realmente lo que estaba diciendo, sino fija en la femenina voz que vagamente reconoció como la suya.

"Bueno, Eri quería que viniera al hospital Murayami como apoyo emocional - oh no te preocupes - él está bien - sólo un mal caso de indigestión… sí… lo haré… gracias… Entonces te veré pronto, estaré esperando afuera."

Él colgó el teléfono y abrió la puerta. "Bueno, ella parece agradable."

"Tú… pretendiste ser yo."

"Bueno, eres muy lenta para pensar en una buena excusa y sonar como una mentirosa natural."

"Tú no lo sabes. En realidad miento muy bien." Le dijo ella concisamente.

"Estás mintiendo." Él cruzó sus brazos.

Ella movió su cabeza y se abrazó. "Supongo que debo agradecerte al menos… ¿por qué me ayudaste?"

"Porque podrías desear que me convierta en un sapo la próxima vez por 'engañarte'."

"No me des ideas…" Él tendría suerte si no tiraba su botella a un río y se alejaba riendo. Ella no planeaba usar ninguno de sus futuros deseos… no después de que él admitiera descaradamente asesinar a una joven y a su padre…

"Llámame otra vez cuando pienses en un deseo más conveniente." Dijo él de repente y desapareció antes de que tuviera una oportunidad de protestar. Con un suspiro fue a sentarse en los escalones de concreto y colocó su cabeza en sus manos, pasando cansadamente sus dedos por su cabello mientras contemplaba la magnitud de en lo que se había metido.

No entendía a Inuyasha… al principio había llegado a ella como un chico arrogante, ligeramente malhumorado y petulante. No mucho mayor que ella. Pero ahora… toda esa mala actitud sólo era superficial… bajo la superficie parecía tener órdenes ocultas… motivos escondidos…

¿Estaba tratando de ayudarla, o lastimarla?

Algo le decía que no era un joven bueno… pero tampoco la tocaba como un chico malo. Esos ojos contenían mucho… como si hubiera visto más cosas de las que podría imaginar… y esa mirada en sus ojos cuando mencionó a Kikyo…

Kagome dejó salir un suspiro y cerró sus ojos. Inuyasha era un rompecabezas para ella… pero tal vez debería dejarlo en paz… en vez de tratar de ¿comprenderlo?

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Inuyasha lamía su pulgar distraído mientras hojeaba las páginas del gran libro que sostenía contra la almohada. Se sonó, el polvo levantándose de las viejas páginas cosquilleó su nariz e irritó sus ojos, pero eventualmente encontró la página que había dejado y se rodó sobre su espalda para levantar el libro en su pecho para continuar leyendo.

En cuanto comenzó a leer, escuchó la puerta del frente y dos voces femeninas entraron a la casa. Pausó brevemente para mirar hacia la puerta de la pequeña habitación antes de regresar al libro. No pasó mucho antes de que escuchara pasos ligeros subiendo por las escaleras, viniendo hacia él.

No se molestó en levantar la vista cuando Kagome entró por la puerta, pero por el rabillo de su ojo la vio detenerse al verlo y recostarse contra el marco.

"¿Fue un agradable paseo?" cuestionó él distraído, sin levantar la vista del libro.

"Tres horas. Y llovió como las cataratas del Niágara en el parabrisas todo el viaje." Respondió ella.

Inuyasha gruñó en respuesta y volteó la página.

"He estado pensando…" comenzó Kagome.

"Calma, niña."

Él la escuchó suspirar y entrar más en la habitación hasta que estuvo al lado de su cama. Aún no se molestó en mirarla. "Tú… ¿tienes algún control sobre cómo concedes deseos?" preguntó ella.

Inuyasha estaba teniendo problemas en leer más allá de la primera oración de la página en la que estaba. ¿Por qué esta niña tenía que hacer preguntas tan perceptivas? Por qué no podía ser como cada otro amo que había tenido y sólo asumir que él era malo y punto. "¿Qué te hace decir eso?"

"Deliberadamente haces que los deseos salgan mal o es sólo… tú sabes…" ella luchó por las palabras. "¿La forma en que funciona?"

"No es mi culpa que tú digas mal tus deseos. Si quieres regresar a tu templo al menos tienes que pedir cinco o seis deseos antes de que lo hagas bien." Él sonrió levemente. "Sólo te quedan nueve, sabes."

"Conozco una mejor forma." Dijo ella de repente.

"¿Oh?"

"Deseo 25,000,000 yenes."

Inuyasha cerró el libro de golpe y le dio un lento aplauso con una larga e incrédula mirada. "Felicidades - eres el amo cincuenta y seis en pedir dinero - y ¡sólo he tenido sesenta y dos amos en total."

Kagome se movió incómoda bajo su mirada. "No es lo que parece."

"Oh, no te culpo. Pero realmente pensé que eras diferente." Él se sentó en la cama y se sostuvo con sus manos. "Pero te gusta probarme lo contrario, ¿no es cierto? Bueno, es cliché, aburrido, débil y codicioso pero si eso es lo que quieres…"

"Es para comprar el Templo." Le dijo Kagome de repente. "Desearlo directamente parece crear muchos problemas y malentendidos… así que pediré el dinero y podemos hacerlo nosotros."

"Con veinticinco millones sólo comprarán el Templo. ¿Por qué no deseas cien millones y nunca tendrás que preocuparte por ser desalojada otra vez?" señaló él.

"No necesito cien, sólo quiero mi Templo, gracias." Respondió Kagome imparcial. "Así que, deseo veinticinco millones de yenes en este momento."

Inuyasha suspiró y se levantó, alcanzándole una bolsa al mismo tiempo que aparecía en su mano. "Ya, tómalo." Él la soltó en sus brazos. "Ve a comprar tu estúpida casa."

Kagome le parpadeó un momento antes de asomarse dentro de la bolsa y quedar boquiabierta. Sus brazos casi se tornan gelatina… no podía creer que estaba sosteniendo tanto dinero… "Gracias." Susurró ella sin aire.

"No te molestes con la gratitud." Gruñó él mientras se desplomaba en su cama otra vez. "No es que tuviera opción."

"Bueno… gracias de todas formas." Ella se había girado y salido de la habitación antes de que tuviera la oportunidad de ver la mirada levemente perpleja que le dio.

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"¡Mamá!"

La Sra. Higurashi levantó la mirada cuando su hija entró en la cocina como un pequeño huracán. Era una completa sorpresa verla tan feliz y excitada repentinamente cuando sólo unos minutos atrás había sido una miserable campista en el auto todo el camino a casa desde Murayami.

"¿Qué es eso?" preguntó su madre distraída cuando se dio cuenta de la bolsa en los brazos de Kagome. La sonrisa de Kagome se amplió aún más y corrió para dejar caer la bolsa en la mesa de la cocina antes de abrirla ampliamente, llevando todo.

La Sra. Higurashi dejó caer el plato que había estado secando. Este se rompió a sus pies pero no le prestó atención mientras miraba la pila sobre pilas de billetes dentro de la bolsa. "¿Qué demonios…?" Inútilmente avanzó, mirando ampliamente el dinero. "Cómo tú…"

Una llamada desde el corredor las interrumpió. "¿Qué fue ese estrépito?" El abuelo y Souta llegaron a la puerta momentos después - y su reacción al dinero fue muy similar a la de la Sra. Higurashi. Souta fue el primero en romper el estupor cuando se apresuró al lado de Kagome y levantó el taco de billetes de encima.

"¿Esto es lo que creo que es?" Él olió el dinero antes de ojear los billetes. "Vaya… ¿lo robaste Kagome?"

"No seas tonto, lo encontré en el ático." Inuyasha tenía razón, era una terrible mentirosa, pero entonces su familia estaba muy sorprendida y absorta por la bolsa para notarlo.

"¿Cuánto crees que hay?" Murmuró la Sra. Higurashi, arrebatándole el dinero a Souta antes de que corriera con él.

"Veinticinco millones… lo conté antes de bajar." Kagome observó a su madre con reprimida excitación. "Sabes lo que esto significa, verdad… veinticinco millones podrían comprar nuestra vieja casa-"

"Kagome - ¡no podemos conservar este dinero!" gritó su madre mientras quedaba boquiabierta ante su hija. "¡Eso sería robo!"

"¿Qué…?" Kagome miró a su madre, su sonrisa se desapareció trágicamente de su rostro.

"Las personas no encuentran veinticinco millones de yenes en sus áticos todos los días - este dinero no nos pertenece, tenemos que dárselo a la policía." La Sra. Higurashi cerró la bolsa firmemente y rompió el momento de asombro que hubo sobre todos ellos.

"¡Pero mamá!" gimió Souta.

"Sin peros - no podemos conservar el dinero, Souta." Su madre le movió su cabeza.

"¿No podemos conservar un poco?" Le suplicó el abuelo a su hija. "Sólo lo suficiente para comprar una tina caliente-"

"¡O una piscina térmica interna!" Intervino Souta.

"¡Sí!" El abuelo estuvo de acuerdo con su nieto.

"¡Eres tan malo como él!" La Sra. Higurashi de dijo al abuelo con el ceño fruncido. "Lo siento, pero este dinero debe ir a la policía, no está bien conservarlo… cómo podríamos vivir con nuestras conciencias si tomamos este dinero y lo usamos."

"Yo podría." Souta se encogió de hombros.

"Yo también." Asintió el abuelo.

"¡No va a pasar!"

"Pero mamá-" Kagome intervino rápidamente, aferrándose a la manga de su madre. "No entiendes - este dinero es nuestro - ¡no es robado!"

"Kagome, estoy muy segura que sabría si tuviéramos veinticinco millones a nuestro nombre."

"Pero…" Kagome luchó por encontrar alguna excusa que no sonara tan asestada como 'Lo deseé de un Genio.' "Todo en esta casa es del abuelo y el dinero estaba en el ático - ¡es suyo! Tal vez… ¡tal vez es algo de la vieja fortuna que quedó de Kikyo!"

"¿Kikyo? ¿Quién es Kikyo?" repitió su madre.

"¡La chica que vivió aquí antes que nosotros!"

"La que murió con la sonrisa." Añadió Souta útilmente. "En el ático. Oigan… creen que sea una especie de conspiración de la mafia y Kikyo tenía problemas financieros y robó el dinero de gángsters que la siguieron y como eran ellos, tiraron la puerta y como era ella, se escondió en el ático aferrando el dinero en su pecho y luego subieron y la mataron - pero ya había escondido el dinero bajo las palomas muertas para que nunca supieran dónde estaba y-"

"Souta - ¡cállate!" espetó Kagome, sus nervios ya estaban crispados lo suficiente como estaban. Después de todo… sabía la verdad sobre cómo murió Kikyo…

"Entonces es dinero robado." Les respondió la Sra. Higurashi.

"Um…" Por su vida, Kagome no podía pensar en otra excusa de por qué debían conservar el dinero. Tal vez estaba por divulgar el secreto… decirles que tenía un Genio en la habitación… perdón… un joven Cumplidor de Deseos en la habitación leyendo 'Paraíso Perdido.' Que él fue quien le dio el dinero… quien la había teletransportado directo a Murayami más rápido de lo que podrías decir 'No seas estúpida Kagome.'

Pero antes de que pudiera pronunciar una palabra de la verdad, de repente Souta los calló a todos y todos se silenciaron, esforzándose por escuchar lo que él estaba escuchando. El único sonido en la casa era el radio encendido en la sala. Hasta hace unos momentos, había estado tocando música clásica, pero ahora había sido interrumpida por la profunda voz de un lector de noticias.

"- Boletín Urgente de Noticias: la policía local ha reportado que exactamente veinticinco millones de yenes han desaparecido de la bóveda del Banco Central de Izu. Testigos oculares están desconcertados y especialistas están buscando los extraviados veinticinco millones en este momento-"

La señal se interrumpió y el boletín de noticias se perdió… todo lo que ellos escucharon fue ruido haciendo eco desde la sala. Todos voltearon sus ojos hacia el dinero frente a ellos.

"Creo… que debemos llevar esto a la policía." Dijo la Sra. Higurashi lentamente, mirando a Kagome quien tenía una mano presionada en su boca.

"¡No espera!" gritó Souta. "¡Tenemos que esperar un momento y entonces la policía comenzará a ofrecer una recompensa por el dinero para ser entregado!"

"Pequeño avaro." La Sra. Higurashi reprimió a su hijo. "No podemos conservar el dinero, tenemos que llevarlo al Banco. ¿Entiendes?"

La mano de Kagome cayó de su boca y tomó un profundo respiro. "Ella tiene razón. No podemos conservar el dinero… no es nuestro…"

Souta hizo un rudo ruido por lo bajo y salió refunfuñando sobre mujeres. El abuelo sólo asintió en acuerdo con Kagome. "Es mejor entregarlo."

Kagome los dejó a los dos para decidir cómo contactarían a la policía y darían la impresión de que no eran los que habían robado el dinero. Se tambaleó por los corredores, por las escaleras y se detuvo silenciosamente en la puerta de su habitación. "Tú…"

Inuyasha sonrió plácidamente desde donde estaba sentando en su cama. "¿Algún problema?" preguntó él en un tono engañosamente inocente.

"Tú tomaste el dinero… del banco…" Kagome gruñó furiosa. "¡Lo robaste!"

Él chasqueó sus dedos y su lengua en la forma 'fracasé otra vez'. "Era el reporte de noticias, ¿no es así? Sabía que debí haberlo interrumpido pronto. Habrías seguido sin entender nada."

"¡Robaste el dinero y pensaste que estaría bien!" Kagome entró en la habitación para encararlo furiosamente, "Qué hubiera pasado si hubiéramos intentado comprar la casa - habrían sabido que nosotros éramos los que teníamos el dinero - ¡pudimos ser arrestados y llevados a juicio!"

"¿Pueden hacerlo ahora, huh?" él parecía pensativo. "Eso apagaría la diversión…"

Kagome presionó sus manos en su rostro y ahogó un grito. "Esto es ridículo - ¡no te pedí robar el dinero!"

"Bueno, entonces ¿de dónde se supone que vendría, eh?" espetó él. "Te dije - ¡no puedo conjurar! Si quieres dinero tiene que salir del bolsillo de alguien más. Y era mejor que viniera de un banco que de alguna familia abatida por la pobreza, ¿verdad?"

Con un gruñido Kagome se deslizó en la cama de Souta. "Esto es demasiado… no puedo creer que saliera mal…"

"Supongo que no eres tan brillante como pensabas." Dijo Inuyasha, una pequeña sonrisa se formaba en sus labios. "No importa. No habrías sido capaz de conservar el dinero de todas formas, aún si no fuera robado… tu madre no se habría quedado con nada de él, ¿cierto? Todavía tienes ocho deseos. Y por favor trata de hacer del próximo uno más imaginativo."

Kagome le lanzó una mirada.

"Estoy seguro que hay cosas más importantes que quieres más que tu estúpida casa. Podría darte todo lo que quisieras. Podría hacerte locamente feliz en tanto como pidieras el deseo correcto." Él se levantó y ladeó su cabeza mientras cruzaba sus brazos. "Podría hacerte hermosa… tan hermosa que la gente se arrodillaría a tus pies pensando que eres una especie de ángel. Podría hacerte famosa, más famosa que Elvis."

"Sí, podrías hacerme famosa y hermosa." Dijo Kagome imparcial. "Pero probablemente también podrías arruinar mi vida. Me harías tan hermosa que tendría atención indeseada y comenzaría a ser acechada por hombres horripilantes. Y me harías tan famosa que enfermarías a la gente ante mi vista. Mucho antes sería famosa por ser tan odiada. Infame si lo prefieres."

Inuyasha frunció sus ojos. "No tan estúpida como pensé… aprendes rápido…"

"¿Más rápido que Kikyo?" Kagome encontró su mirada firmemente.

"Infortunadamente para ella, sí." Inuyasha descruzó sus brazos y rotó sus hombros como si trabajara en la tensión en sus músculos. "Bueno, quién necesita la fama y la belleza. Son tan cliché y cojas como la fortuna. ¿Qué tal si te transformo en un hombre?"

"No es algo que procurara conseguir."

"Pero es un deseo que funcionaría sin ningún tipo de problema." Respondió él. "Una vez tuve un amo que deseó ser una mujer - porque se había enamorado de una lesbiana. Infortunadamente para él, la mujer declaró que no le gustaban las rubias como él y estuvo destinado a quedar atrapado como una mujer por el resto de su vida. También había usado su último deseo en algo tonto, así que no pudo transformarse en él otra vez."

Kagome lo miró.

"Eso me recuerda de esa vez cuando un amo deseó volverse un árbol - enamorado de la naturaleza, supongo… pero irritablemente, ese fue su quinto deseo. Y estuve atrapado con un árbol por amo por dos años hasta que eventualmente encontré un leñador que cortó el árbol por mí y luego tomó una semana para que el estúpido árbol muriera realmente después de ser hacheado. Pero al final me volví a dormir hasta que alguien nuevo me recogiera…"

"Parece que todos los que te tienen terminan miserables o muertos." Comentó Kagome.

"Eso no es verdad." Dijo él indignado, "Hay muchas personas que continuaron la vida normal después de conocerme."

"Sí… ¿como quién?" Lo retó Kagome.

"Como… bueno…" Inuyasha extendió sus dedos, contando bajo su respiración antes de mirar a Kagome. "Um… oh - ¡ya sé! Hubo este chico - fue como mi segundo amo - y pidió ser el Dueño de todo Japón."

"Hah! Saca otro." Kagome giró sus ojos.

"No, seriamente… creo que su nombre era… Noddy… no… Nobunaga… Oddy Nobunaga o algo…"

Kagome le dio una lenta y sorprendida mirada. "Qué… quieres decir Oda Nobunaga."

"Ah - ese es." Asintió. "¿Ves? Hubo un hombre que sabía cómo hacer sus deseos - destruir la oposición y equipar sus armadas con Trabucos del oeste… aunque nunca pensé que fuera una buena idea… tenía una perturbadora tendencia a explotar en tu cara. Pero oye, funcionaron para él."

Un ceño fruncido apareció en el rostro de Kagome. "Pero Oda Nobunaga fue asesinado a una joven edad."

"Cuarenta y ocho no es joven."

"Pero está muerto." Señaló Kagome.

"No es mi culpa que sus generales lo asesinaran. Eso es lo que pasa cuando te involucras en luchas de poder. Él era un hombre un poco despiadado. No le importó a quién tuve que matar… Sin tener en cuenta sus edades o inocencia."

La mirada de Kagome cayó a su regazo.

"Entonces verás… no todas las personas terminan tan mal como… tan mal como terminó Kikyo."

"No me importa." Kagome sacudió levemente su cabeza. "Sólo vete."

"¿Qué?"

"Déjame en paz." Ella lo pasó mientras regresaba a su cama y se desplomaba sobre el colchón, boca abajo. Pero grandioso… ahora su cama olía vagamente a sándalo.

Unos momentos después levantó la mirada para ver si aún estaba ahí… pero se había ido… y de nuevo estaba sola en su habitación. Regresó su rostro a su almohada y apretó sus ojos.

Odiaba esta casa. Odiaba compartir una habitación con su hermano. Odiaba el mohoso olor del polvo y cómo todo estaba cubierto en él. Odiaba la forma como su cama se hundía en la mitad como si un elefante hubiese estado usándola la últimas décadas… odiaba que probablemente nunca vería otra vez a sus amigas, que nunca vería un centro comercial, o que nunca tendría agua caliente. Y sobre todas las cosas… odiaba esta escuela…

Kagome abrazó su almohada más fuerte mientras hacía una mueca mental. Y, como toda la gente tendía a hacer cuando se encontraba en una posición miserable, comenzó a llorar en silencio. "Odio esta casa… odio mi vida… odio esta escuela… deseo nunca tener que ir allá de nuevo…"

Lo había dicho simplemente por divagaciones depresivas, olvidando que en esos días, desear no era tan atractivo como solía creer. Y estaba muy ida con lágrimas y sollozos para escuchar la suave voz en algún lugar de la habitación.

"Como desees."

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Continuará…