Los personajes de Inuyasha no me pertenecen son de la grandiosa Rumiko Takahashi.
Mis queridos lectores tuve un error en el capítulo anterior al final de todo, puse que a Kagome le había caído la peluca rubia y era peluca castaña, lo siento mucho.
Capítulo 3
.
.
.
Sus ojos estaban clavados en esa mujer, en la desconocida que había puesto su mundo patas arriba en tan solo un día, primero le había robado su anillo, aquel anillo que era lo más importante que tenía, luego tras eso había estado estafando en una de las ONG de su abuelo, gracias a que él se había dado cuenta logró que ella se asustase y se echase a correr. Seguía aun sin comprender como una mujer podía haberle tomado tanto el pelo en tan solo veinticuatro horas y no darse cuenta que era la misma persona disfrazada ocultando su verdadera identidad.
Aprisionó nuevamente sus muñecas contra las hierbas clavando su mirada asesina en aquellos ojos color café que lo miraban extrañado como con temor en ellos. Jamás se había comportado así con una mujer, pero no sentía una gota de lastima, su furia era mucho mayor, quería que le temiera, que pagase por lo que le hizo, su intención no era golpearla, no era de esa clase de hombres, solo tenía pensado llevarla a la comisaría y encerrarla ahí para siempre.
— Suélteme por favor. —Su voz era suplicante y a pesar que le gritaba Inuyasha no la soltó.
— ¡Maldita ladrona! —La zarandeó contra el suelo sin lastimarla —Así es como agradeces la ayuda de la gente.
—No… no se de lo que habla —su voz sonaba con temor —yo no soy la persona que busca.
— ¡Mientes! —Sus ojos mostraban un semblante asesino —Eres tú, la tal Higurashi que lloró en mi oficina, la que robó mi anillo de compromiso y aún por si fuera poco estabas ¡Robando en la ONG de mi abuelo! ¡Y aún me dices que no eras tú!
La furia que estaba sintiendo podía palparse en el ambiente, sus ojos dorados seguían clavados en ella, quería reírse en su cara, como podría ser tan descarada, furioso se levantó de encima de la morena y la cogió por el brazo izquierdo agarrándola fuertemente, pegándola a él.
— ¿Me crees idiota verdad? —clavó sus orbes dorados en los de ella.
— No sé de lo que habla, ahora le pido que me suelte o aténgase a las consecuencias.
Había quedado en estado de shock ¿atenerse a las consecuencias? No estaba entendiendo completamente nada. Esa mujer había comenzado todo, ¿a que debía atenerse él? Si era ella la culpable, estaba tan despistado que sus reflejos no se fijaron en las intenciones de la azabache hasta que sintió un rodillazo en sus partes. Con dolor cayó de rodillas sobre las hierbas dejándola en libertad y llevando sus manos aquella parte oculta, dolía con tantas fuerzas que la maldijo, ahora iba a pagárselas iba olvidarse que era mujer, levantó su vista furiosa encontrándose completamente solo — ¡Maldición! Se había escapado, se había ido aunque dudó que pudiese irse demasiado lejos, por lo que giró su cabeza y ahí al vio corriendo como si su vida dependiese de ello.
Aun con dolor se levantó del suelo y corrió tras ella hasta que logró atraparla cerca de la salida, la agarró nuevamente por el brazo haciendo que inmediatamente parase en seco.
— ¿Llevabas prisa? —sintió como ella temblaba entre sus manos.
— ¡Suélteme!
— ¡No! No lo haré hasta que me devuelva mi anillo y pague por lo que ha hecho.
— ¿Qué anillo? —Se hizo la sorprendida— no sé de lo que habla y más con todo el dinero que tiene le puede comprar otro a su noviecita.
— ¡Ya deja de hacerse la tonta! Quiero ese anillo y lo quiero ahora, y si no me lo das tú solita, lo harás con la policía. Vamos —la apretó con más fuerza por el brazo y la arrastró hacia afuera —pagaras lo que has hecho entre rejas Kagome higurashi.
— ¡No! —Alzó la voz arrastrando sus pies contra el suelo —le devolveré el anillo se lo prometo, está en mi pensión, haré lo que me pide, se lo juro, pero por favor no me meta entre rejas, se lo suplico —las lágrimas recorrían por sus rosadas mejillas.
El peli plata frenó en seco llevando su mano libre a su barbilla, ¿Podría ser una buena idea? Después de la ocurrencia que pasaba por su mente podía meterla entre rejas, si esa mujer pensaba que se libaría de su destino estaba equivocada.
— ¿Qué tal si hacemos un trato?
.
.
.
Desde que Inuyasha se había ido nada era igual en Corea su familia lo extrañaba día tras día, y cada noche miraban al cielo pidiendo por su bienestar. Desde hace unos días Izayoi estaba muy preocupada por la salud de su suegro, cada vez estaba peor y la noche anterior había sido llevado hacia el hospital, los médicos le habían informado de que su estado era delicado y que su corazón estaba muy débil habiendo muy pocas posibilidades de que esta vez no saliese dentro de una caja, no pudo evitar llorar pensando en todo lo que había sufrido Myoga, las discusiones con su familia, lo que había sucedido con Sara y Sesshomaru, su suegro estaba tan arrepentido y ahora nunca se podría disculpar con su nieto mayor.
No pudo evitar pensar en todo lo que sufriría su Inuyasha, ya había sido un duro golpe la muerte de su padre y no sabía si tanto su hijo como ella podrían soportar la partida de Myoga, le dolía, le dolía en el profundo de su alma al saber que él tampoco quería luchar por su vida.
Entró en aquella habitación con paredes blancas que era iluminada por la luz solar, se acercó a aquella cama en donde yacía su suegro rodeado de tubos por todo su cuerpo, cogió su mano y acarició su brazo por encima de las sabanas.
—Myoga—susurró en su oído —por favor lucha por tu vida.
Al escuchar su voz abrió sus ojos sacando la mascarilla verde que lo cubría entre su boca y su nariz —para que luchar por mí vida Izayoi, para que vivir este destino en donde uno de mis nietos me odia, en donde mi nieta no está conmigo, en donde mi hija ya no está.
No pudo evitar que una lágrima saliese de sus ojos al escuchar esas palabras.
—No… no digas eso —sus lágrimas descendían por sus mejillas —tienes que luchar por tu vida, por los que te rodean y no te odiamos, tienes que lograr el perdón de Sesshomaru.
—Él jamás me perdonará, lo sé, cometí el mismo error con él, el mismo error con mi hija lo hice con mi nieto, él juró que solo me volvería a ver el día que partiese de este mundo y cumpliré su deseo. ¿Dime cómo voy a luchar? Si no tengo motivos para ello —sus ojos estaban en aquella mujer que era como una hija más.
No pudo evitar romper a llorar, ella no quería que se fuese, que la abandonase como su marido quería que luchase por su vida, por el perdón de su nieto, es cierto que había cometido errores, pero todos los humanos lo hacían y merecían una segunda oportunidad.
—Eso no es cierto —acarició su mano mientras sus sollozos se hacían cada vez más fuertes —tienes mucho por lo que luchar, tienes que encontrar a Natsuki, te acuerdas —echó una sonrisa —era tu mayor deseo encontrar a esa pequeña y en ella podrás arreglar aquel error que cometiste con tu hija.
—Mi Izayoi —intentó esbozar una sonrisa —ese era mi mayor deseo, si tuviese aquí a mi nieta podría luchar por algo, pero ella no está, me gustaría creer que está viva siempre tuve esa esperanza de encontrarla y enmendar aquellos errores, y ahora podré pedírselo en el cielo a mi hija, podré decirle cuanto lo siento y lo tonto que fui en aquel entonces, sé que ella no entendía mis motivos, aquellos motivos que me llevaron a…
—Shu —lo interrumpió poniendo su dedo sobre sus labios —no hables más, no sufras más por lo que pasó, ahora descansa por favor lucha por tu vida no pierdas la esperanza por la luchaste estos dieciocho años.
—Jamás la perderé y aunque muere la buscaré en el cielo junto a mi hija, buscaremos a nuestra Natsuki —colocó de nuevo la mascarilla sobre sus labios y su nariz esbozando una sonrisa, y cerró sus ojos durante unas pocas horas.
No pudo evitar llorar llevando instintivamente sus manos a sus labios ocultando así los fuertes sollozos que salían de su garganta, el dolor que estaba sintiendo en estos momentos era desgarrador, había sido doloroso enterrar hace poco a su esposo y pensar que ahora su suegro se fuese a ir junto a él le rompía el corazón. No quería que Myoga también los abandonase.
Se levantó de la silla y lo cubrió con las sabanas hasta arriba de las caderas, sin poder evitar completar aquel rostro dormido por unos largos segundos, aquel rostro que esperaba volver a ver aquella sonrisa que había perdido. Dio un largo suspiro y decidió dejarlo descansar y llamar a sus hijos, a pesar que Sesshomaru no era su hijo ella lo quería como tal, salió de la habitación y prefirió primero llamar Sessho para explicarle lo que estaba sucediendo, suplicarle que perdonase a su abuelo, que no se hiciesen más daño mutuamente, aunque Myoga no quería preocuparlos tanto a él como a su hijo ella no podía ocultarles algo así.
.
.
.
Se encontraba sentado en aquel sillón de cuero blanco moviendo la copa de vino tinto que tenía entre sus manos contemplándola como si de una obra de arte se tratase, no podía sacar de su cabeza lo que había sucedido, no podía olvidar el parecido de esa mujer con su difunta tía ¿Cómo dos personas se podían parecer tanto? ¿Cómo esa mujer podría tener aquella apariencia si nos los unía un lazo de sangre? Era algo inexplicable para su mente y algo que le gustaría comprender.
¿Podría ser ella Natsuki? ¿Podría ser aquella niña que sonreía felizmente en el despacho de su abuelo? Negó con la cabeza ¿No podría ser ella? Esa mujer era una ladrona, una estafadora que lo había engañado y robado, una persona que tenía dos caras, físicamente se parecía a su tía pero solo cuando la cubría aquella peluca castaña que había utilizado para jugar con él y a saber a cuentas más personas había engañado con ese disfraz.
Había estado bastante tiempo buscando a su prima, a aquella niña que era uno de los deseos más grandes de su abuelo, y ahora aparecía esta tal Higurashi a ponerle su investigación y su mundo patas arriba.
Tomó un poco de vino y volvió a recordar la propuesta que le había hecho, sin poder evitar reírse al recordar que se estaba pareciendo a su amigo. Cuando se hubiese divertido de ella la metería a la cárcel. Primero debía conseguir aquel anillo, aquel anillo tan preciado para él que cada vez que lo tenía entre sus dedos su corazón sentía una paz infinita.
No pudo evitar pensar en esa mujer, en la dueña de ese anillo, ella tan hermosa, tenía un cuerpo escultural y unas cuervas que volvían loco a cualquiera, su nombre se repetía una y otra vez en su mente, estaba a punto de salirle aquel nombre de sus labios hasta que el timbre de su móvil lo desconcentró de aquellos pensamientos.
Lo sacó de su bolsillo y lo abrió viendo que era Miroku pidiéndole una vio conferencia por Skype, por lo que encendió el ordenador portátil que siempre tenía en su jet privado por alguna emergencia y había llevado consigo al hotel. Entró en su cuenta y pulsó el botón de vio llamada.
En unos segundos pudo ver claramente a su amigo con esa típica sonrisa que siempre lo caracterizaba.
— ¿Qué ocurrió Miroku?
—Hay un señor que dice que quiere hablar contigo sobre la empresa, es un tal Hoyo Ueda. ¿No es ese el ahijado de tu papá? —preguntó desconcertado.
—Si lo es, no te dijo para que quería hablar conmigo de la empresa.
Negó con la cabeza —solo me dijo que era algo que quería consultar únicamente contigo.
—Está bien cuando vuelva de Nagasaki ya hablaré con él, se me hace extraño que quiera hablar sobre la empresa si él trabaja en la que era antes de mi papá.
Miroku se encogió de hombros —No sé amigo a mí se me hizo muy extraño porque nunca lo vi por aquí. Bueno y cambiando de tema encontraste a la mujer que te robó el anillo de esa bruja.
No pudo evitar alzar una ceja por la manera de expresarse de la dueña de ese anillo —Sé que la odias miro y te lo vuelvo a repetir que no me gusta que te refieras a ella de esa manera.
—Ya lo sé, ya lo sé —movió su mano sin darle importancia a sus palabras —y sé que no te gusta que le diga así, pero es lo que pienso de esa, de esa…
Sus palabras quedaron en el aire al ser interrumpido por el peli plata que no quería escuchar más insultos hacia la dueña de aquel tesoro que guardaba en su corazón.
—Y respondiendo a tu otra pregunta encontré a la mujer que me robó el anillo, aunque hay algo que me desconcierta de esa mujer —llevó su mano a su barbilla recordándose de hace unas horas atrás —ella tiene algo que no me deja pensar con claridad.
— ¿En serio? —Inquirió un poco extrañado olvidándose por completo de lo que estaban hablando hace unos segundos —no me digas que es tan hermosa que no puedes olvidarte de su cuerpo, es eso amigo —echó una sonrisa pícara —no seas malito y dime está bien para compartir con tu gran amigo y consejero desde hace muchos años.
Se quedó en silencio unos segundos mirando las facciones infantiles de Miroku, las tonterías y los besitos que enviaba por la pantalla no le sacaban ni una sola carcajada. Se encontraba desesperando, estaba a punto de explotar, necesita hablar con alguien, explicar lo que estaba ocurriendo y su mejor amigo parecía que solamente lo estaba vacilando, haciendo que la vena de su frente estuviese a punto de estallar.
—¡Ya déjate de tonterías! Esto es bastante serio —las risas se acabaron en los instantes que esas palabras salieron de sus labios, vio como su amigo estaba en silencio esperando por una respuesta —esa mujer tiene dos caras cuando la conocí la vi como una mujer más, pero hoy fue diferente la vi parecida a mi tía Sara.
— ¿Qué? —dio un brinco de su silla sin creer lo que sus oídos estaban escuchando —a ver déjame entender, me estás diciendo que una mujer que conociste en tu oficina no te sonó de nada y siendo la misma persona hoy se parecía a tu tía, ¿No es un vacile? Me parece algo irreal.
Inuyasha comenzó a relatarle cada detalle desde lo ocurrido ayer en su oficina hasta el día de hoy que la había encontrado, le explicó como no se había dado cuenta que era la misma persona disfrazada solamente con una peluca, siendo llamado por Miroku Idiota que él la reconocería a la perfección, a pesar que sabía que se había reído de él no era con malas intenciones, su amigo siempre lo aconsejaba, siempre lo escuchaba sin importar en que momento del día fuese.
—¿Entonces qué vas hacer?
La voz de Miroku lo trajo de vuelta de aquellos recuerdos.
—Como te dije primero recuperaré mi anillo, después el trato del que te hablé y luego pagará con la cárcel.
Su amigo se rio —Creo que te estas pareciendo a mí —no pudo evitar volver a reírse —Te tengo que dejar tengo que trabajar mientras tú estás de vacaciones —le guiñó un ojo haciendo que el peli plata lo mirase sorprendido.
—Tú trabajar ¿En serio? No dirás mejor buscar a otra mujer a la quien puedas tirarte.
—Ese también es un trabajo amigo, pero esta vez no es eso a lo que me refiero tengo que mirar como van las inversiones en China.
Se rieron por un tiempo más hasta que al final se despidió de él, Miroku tenía en razón en lo que le había dicho que quizás unas pruebas de ADN solucionarían todo, pero no quería, no quería saber esos posibles resultados y que esa ladrona estuviese emparentado con él. Apagó el portátil y se echó hacia atrás del sofá pensando en todo lo que habían hablado, cada palabra la tenía guardada en su mente y vinieron a él como un fuerte huracán.
¿Y qué ocurría si ella es tu prima? Esas fueron las palabras de su amigo, no supo que responderle ni él mismo sabría que haría si esa mujer fuese algo de él, ¿Ocultarse a su abuelo para no llevar una decepción? Quizás era una buena solución, como iba presentarle a una mujer así a su familia ¿Qué pasaría si fuese Natsuki? Su abuelo sufriría al saber que su nieta es una estafadora, por lo que si era cierto que ella era su prima era mejor ocultárselo a la familia, solo él sabría la verdad y nadie más, llevaría ese secreto hasta la tumba, si algún día llegara ser verdad que Kagome higurashi es aquella dulce niña que se veía en aquel cuadro que colgaba en el despacho de su abuelo nadie jamás lo descubriría.
Volvió a tomar un poco más de vino terminando lo poco que quedaba de la bebida liquida sin poder dejar de pensar que hoy se vería con esa ladrona, para saber si aceptaba el trato que le había propuesto y al cual ella no podía negarse, después de que aceptase recuperaría lo que es suyo y cuando regresase a Corea se desharía de ella metiéndola en donde debería de estar desde un principio; entre rejas por estafadora.
Dio un largo suspiro pensando en toda las ideas que pasaban por su mente y no pudo evitar reírse cínicamente, no le gustaba que le tomasen el pelo y esa mujer lo había hecho. Volvió a mirar el reloj de su muñeca que tan solo marcaban las doce, solo quedaba media hora para saber si Kagome Higurashi aceptaría el trato o lo rechazaría.
.
.
.
Se encontraba pensativo en su oficina recordándose de aquella conversación que había tenido con Izayoi, no le importaba en lo más mínimo su abuelo, ni siquiera que muriese, él jamás le perdonaría lo que le hizo siempre lo recordará hasta el día que muera.
Su teléfono había sonado hace unos minutos atrás y no pudo evitar que esos recuerdos viniesen a su mente como un fuerte tsunami que arrasa con todo a su paso.
— ¿Qué Quieres Izayoi?
—Sesshomaru necesito que vengas a Corea tu abuelo se está muriendo —pudo escuchar claramente como ella estaba llorando.
—Que se muera—su voz se había escuchado dura — no me importa, el día que eso suceda iré a Corea para ver como lo entierran, pero antes no pisaré el mismo sitio que ese viejo pisa.
—Sesshomaru por favor —sus sollozos eran aún más fuertes —no seas así, Myoga es tu abuelo necesita que le des una segunda oportunidad.
— ¡Jamás! Más que nadie sabes lo que pasó y aun así me pides que lo perdone, sería él, el que nos tiene que pedir perdón a nosotros, y no yo a él.
—Se perfectamente lo que ocurrió, tu abuelo cometió un gran error y debes perdonarlo quizás dentro de unos años te arrepientes por no ir a verlo.
—Eso jamás sucederá Izayoi, yo nunca lo perdonaré y nunca me arrepentiré, así que te pido que si no es para darme la noticia que ese viejo murió no me vuelvas a llamar.
Después de eso colgó el teléfono y lo apagó, no sabía si ella aún seguía con el encendido suplicándole que le respondiese pero no le importaba, él no iba ir a Corea junto a ese hombre que le hice daño, un daño que jamás le perdonaría.
Escuchó la puerta abrirse y se olvidó completamente de esa conversación fijándose en la mujer que entraba por esa puerta, siendo ella su hermosa y flameante esposa.
Rin Taisho era una hermosa joven japonesa de veinte seis años tenía unos hermosos cabellos castaños y ojos verdes color esmeralda, su nariz era pequeñita y puntiaguda, tenía una figura esbelta dejando verse un pequeño bulto en su vientre. Se habían conocido hace unos años en la universidad en donde él iba dar una conferencia como el líder de los antiguos alumnos y allí estaba ella, su esposa sentada en uno de los asientos mirándolo como si fuese una figura de porcelana, desde aquel día esa joven no se borraba de su memoria, la quería frecuentar, seguir, por lo que había pedido darles una clase de diseño gráfico con tal de verla, pero la diferencia de edad lo detenía de hacer lo que su corazón le pedía, gracias a que Lita dio un paso adelante él decidió olvidarse de esas diferencias para amarla por el resto de su vida.
— ¿Qué pasó amor? —Se acercó a él y se sentó encima de sus piernas pasando sus brazos alrededor de su cuello.
—Nada preciosa —la agarró por las caderas teniendo cuidado de que no cayese —solo que Izayoi me llamó para avisarme que ese viejo se está muriendo, eso es todo.
—Entonces debemos de ir a Corea para que puedas despedirte de él.
—Olvídalo Rin, iremos solo el día que el muera, no quiero que pase lo que pasó hace años.
—Pero Sessho , es tu abuelo creo que debes perdonarlo.
—Jamás lo haré no después de todo —le dio un pequeño beso sobre sus labios —entiéndeme.
—Está bien —besó su mejilla —le dijiste a Luna que estoy embarazada de tres meses.
El peli plata negó con su cabeza besando dulcemente a su esposa, nadie de su familia sabía que iban ser padres y de lo único que se arrepentía, es que su padre antes de morir jamás supo que iba ser abuelo.
.
.
.
Durante todo el camino no pudo dejar de pensar en todo lo que había pasado desde ayer, desde que habían conseguido una pensión de mala muerte hasta el día de hoy que fue descubierta haciendo su "trabajo" por el nieto del dueño de esa ONG, había salido a conseguir algo de dinero ya que lo poco que lo tenían lo habían gastado cogiendo esa habitación, necesitan para comer, dormir y poder tener una vida algo digna, por lo que había decidido estafar a esa pobre gente, aunque jamás imaginó que iba ser descubierta y sobre todo por el hombre al que le había robado aquel anillo.
Cuando lo vio se había sorprendido de tal manera que se echó a correr con tal de no ser atrapada por él, por aquel hombre que la veía como si fuese un fantasma, pero todo le había salido completamente mal cuando se vio atrapada.
Su cuerpo temblaba de miedo cuando aquel desconocido estaba encima de ella, quería que la soltase, que la dejase en paz, no podía negar que cuando lo tenía encima vinieron aquellas pesadillas nuevamente a su mente como un fuerte huracán que golpeaba todo a su paso.
Le había explicado completamente todo a Jakotsu de lo que le había ocurrido en ese lugar, y no pudo evitar pensar en aquella conversación que tuvo con su amigo.
—Kagome ya no lo pienses más cualquiera que estuviera en tu lugar aceptaría con gusto ese trato.
—Jakotsu, pero no quiero hacerlo, aunque tampoco quiero ir a la cárcel —bajó su cabeza mirando aquel tocador en donde tenía todo su maquillaje.
—Entonces hazlo, no sé para que pensarlo más si yo fuera tú ya me tiraría a sus brazos.
La azabache no pudo evitar reírse.
—Si es que él te acepta ya que ese hombre es de muy mal carácter.
—No te preocupes querida nadie se puede resistir a mis encantos —le lanzó un besito haciendo una pose sexy poniendo sus manos en sus caderas y cruzándose de piernas como una mujer. —Y cambiando de tema te dijo a quién pertenecía ese anillo.
—No, aunque por la forma del anillo puedo decirte que es de una mujer —cogió la caja de terciopelo en donde estaba aquel anillo de compromiso que ella había robado con tal de venderlo, pero no había sido capaz de hacerlo.
— ¿Cómo estás tan segura que es de mujer? Quizás puedes estar engañada.
—Porque lo vi, y más porque vi una foto de aquella mujer en su despacho.
Dio un largo suspiro saliendo de aquellos recuerdos, no podía dejar de pensar en la conversación con Jakotsu, de todo lo que habían hablado y a pesar de esa larga conversación aún no tenía nada claro, no sabía si aceptar aquel trato o volver escapar del país, aunque lo segundo lo desechó al recordar la amenaza de aquel ser sin corazón que si escapaba él la seguiría hasta el fin del mundo con tal de hacérselas pagar, y no pudo volver evitar que esos flashes de aquellos recuerdos volviesen a ella.
—¿Qué tal si hacemos un trato? —había quedado en silencio cuando había escuchado esas palabras, y sus ojos estaban clavados en aquel hombre que la miraba con desdén.
—¿Un trato? —respondió sorprendida sin ser capaz a formular aún alguna palabra.
—¿No ha escuchado bien? Quiero que hagamos un trato —la miró de arriba abajo —¿Sabe cocinar, planchar, lavar ropa?
Había quedado en silencio por unos segundos ¿A que venían esas preguntas? Había esperado otras pero no precisamente esa.
—No creo que deba darle explicaciones de lo que se hacer o no.
—Claro que debe dármelas —le apretó con más fuerza el brazo —si no quiere ir a la cárcel debe de decirme todo lo que sabe hacer le guste o no, usted decide —la soltó como si tuviese la peste.
—Está bien —suspiró —sé hacer todo lo que me pregunta, sé lavar ropa, sé cocinar aunque hace siete meses se me quemaba ahora lo hago perfectamente —no pudo evitar mirar el rostro pálido del peli plata conteniendo las ganas de reírse de él, había aprendido a cocinar desde que su madre murió siendo apenas una niña por lo que era una experta en la cocina — y planchar suelo hacerlo genial ¿Algo más que quiera saber?
—No, con eso me es suficiente para el trato que voy a proponerle.
—¿Puedo saber cuál es el trato? —se cruzó de brazos sin perder de vista sus facciones.
—Quiero que sea mi sirvienta durante mi estadía en Japón.
Esa había sido la propuesta que aquel hombre le había hecho, la que la tenía en otro mundo pensando que sería mejor, si hacerle caso a Jakotsu o mejor denegar ese trato al que según Inuyasha ella no podía negarse.
Dio un largo suspiro y se paró en la entrada del hotel, no podía creer lo que veían sus ojos era hermoso, uno de los hoteles más lujosos de Nagasaki, tenía una hermosa fuente en donde había un ángel y por la boca le salía agua, una puerta eléctrica que cuando te metías en ella daba vueltas sobre sí, jamás había pisado un hotel así y nunca pensó que sus pies tocarían un hotel de lujo.
Entró por la puerta dando unas cuantas vueltas hasta que logró salir de ahí sintiéndose algo mareada después de tantas vueltas en círculo, se paró en seco por unos minutos hasta que logró volver a la normalidad, saludó al botones y subió al elevador a la planta que el pelinegro le había indicado.
Una vez al llegar a la quinta planta sintió como sus pies se detenían ¿Qué estaba haciendo? Quería echarse atrás, correr y decirle a Jakotsu que volviesen a preparar las maletas, pero no podía, no quería escapar durante el resto de su vida y también de aquel hombre que únicamente sabía su apellido, y estaba segura que él la buscaría hasta debajo de las piedras.
Toco a la puerta, segundos después lo vio allí apoyando su espalda en el marco de la puerta y su pie en el umbral impidiéndole el paso a la habitación.
—¿Ya pensó en una respuesta? —estaba cruzado de brazos sin perder una gota de su equilibrio.
—Acepto ser su sirvienta —dijo al fin, esperando que él no fallase en el trato —solo que tengo una duda ¿No sirven comida en el hotel?
—No me gusta —respondió secamente apartándose hacia un lado y dejando que ella entrase —puede empezar en prepararme un tonkatsu todo los ingredientes están en la cocina ¿cree que pueda hacerlo?
—Claro que sí, no soy una tonta, aunque no cree que primero deberíamos de hablar de cuanto voy a ganar.
—Sabe que no ganará nada —se sentó en el sofá de piel blanco —usted ya está pagando por el robo que hizo, así que corra hacerme de comer para luego plancharme las camisas —cogió su libro abriéndolo por la quinta página —la cocina está a la mano derecha del pasillo —dijo aquello sin separar su vista de la lectura.
Molesta se fue de ahí dejando a ese ser sin corazón, no puedo evitar pensar en aquella mujer de la foto y lamentar al novio que tenía que aguantar, no sabía fijo si eran pareja, pero lo supuso ¿Por qué si no iba tener tanto empeño en recuperar aquel anillo? Si no fuesen novios eso no tendría sentido.
Una vez que entró a la cocina comenzó a preparar el tonkatsu, era una de sus especialidades y también uno de sus platillos favoritos. Había querido meterle azúcar a la comida de vez de sal pero pensó que quizás él le daría una probada por lo cual desistió de su pequeña travesura.
Después de una hora y ensuciarse un poco de grasa colocó la comida en una bandeja de plata y se acercó hacia el salón —aquí traigo la… —se quedó en silencio al ver al peli plata con un semblante de tristeza que nunca había visto desde que lo había conocido, quería preguntarle lo que había sucedido pero justamente él se acercó a ella mientras guardaba el celular que tenía en su mano en su bolsillo derecho.
—¿Ocurrió algo? — Inquirió nerviosa al ver como él no le sacaba el ojo de encima.
—Quiero proponerle otro trato —esas fueran las únicas palabras que salieron de sus labios dejando a una Kagome atónica.
Continuara….
Mis queridos lectores lamento muchísimo el retraso del nuevo capítulo, ya antes había subido un adelanto al face pero por asuntos personales no pude subirlo antes, estuve con exámenes y muy estresada y tenía miedo a que a corregir no me quedase bien el capítulo, espero les gustara. También ahora estamos en finales de exámenes intentaré hacer lo máximo posible para terminar antes.
Muchas gracias por vuestro apoyo a esta historia y gracias también por sus comentarios que me motivan a seguir.
Pusiera hace unos meses un mensaje en el Facebook si aceptaban que los capítulos fuesen más pequeños para terminar antes y aceptaron me gustaría saber que les parece la idea.
Quiero informarles que cuando subí el capítulo dos me insultaron y quiero dejar algo aclarado, me dijeron esto: insulsa, creer que por solo cambiar los nombres de los personajes y el nombre de la historia ya has creado una historia nueva o una adaptación que pena que tu misma te estes saboteando.
Primero aunque este adaptando la historia a un dorama(series asiáticas) no se parece en casi nada al dorama, comenzando por Sesshoumaru y Rin que en el dorama no existen, la manera en que se conocieron Kagome e Inuyasha es completamente diferente a como se conocieron en el dorama, y tampoco Hoyo existe y en el dorama el que hace de Inuyasha es dueño de hoteles y muchas cosas más, solo cogí dos cosas que me gustaron y las estoy plasmando lo único que se parece es en el tema de la prima, me gustó esa trama pero estoy haciendo la historia completamente diferente.
Mis amores espero tener el capítulo cuatro pronto.
¿Qué les pareció este capítulo?
¿Quién será esa chica misteriosa y dueña del anillo?
¿Y qué querrá pedirle Inuyasha y Kagome?
Muchas dudas en este capítulo. Por favor mis vidas si ven algún fallo o en algo que tenga que mejorar no duden en decírmelo.
Quiero agradecerles a unas amigas y hermanitas por darme consejos en este capítulo.
Los rr que tienen cuenta ya los respondí por fanfic, los que no tienen cuenta los respondo por aquí:
Muchas gracias a :
Guest: hola guest bienvenida a mi historia, muchas gracias por su comentario y sus palabras me sacó una linda sonrisa, espero le guste este nuevo capítulo
Si desean pueden contactarme a mi Facebook e donde pondré los avances del capítulo
Facebook: Kagome Moon Chiba de Taishô
Muchas gracias por todo su apoyo.
Feliz fin de semana e inicio de semana.
