¡Hola! Aquí estoy con un nuevo capítulo, al fin. Muchísimas gracias por vuestras reviews a Fanfictioner .sq, FandeDaniDaniels, y sobre todo, a mi fan :)

Los capítulos son bastante cortos, lo sé, pero es porque estamos empezando! (y porque no he tenido mucho tiempo). A medida que vayamos avanzando serán un poco más largos.

Espero que sigáis leyendo y disfrutéis.


La isla

3

Aquel "Usted" recorrió la espalda de Emma en forma de escalofrío. La había reconocido. ¿Cómo no iba a hacerlo? La morena que yacía ahora acostada frente a ella parecía el tipo de mujer refinada, fría y arrogante que no olvidaba ni un solo error que cometieses. Si la primera impresión no le gustaba o empezabas con mal pie, estabas muerto. No literalmente – sólo en algunos casos -, sino en sentido figurado. Para tratar con ese tipo de personas tenías que estar a su altura, y pensar en lo que ibas a hacer o decir muy bien antes de equivocarte.

La rubia era todo lo contrario. Ella siempre actuaba por impulso, lo que la había llevado a verse envuelta en numerosos problemas, de los que había salido victoriosa en algunas ocasiones. No se arrepentía, el ser impulsiva también la había ayudado a salvar vidas en momentos críticos.

- ¡Emma, no! – gritó James, el jefe de su unidad. – Corres peligro de morir ahí dentro. No voy a dejar que vayas.

Emma lo miró vacilante unos segundos, antes de negar con la cabeza y decidida, dirigirse hacia los llantos que se oían cada vez más desesperados, a través del fuego.

- No voy a dejar que esa niña muera por mi culpa. – dijo con una última mirada atrás, antes de adentrarse en aquella habitación casi totalmente cubierta por las llamas.

No tardó mucho, tomó a la pequeña en brazos y ágilmente evitó una viga que caía en dirección hacia donde se encontraban, para después volver a atravesar la entrada de aquel cuarto y bajar las escaleras a toda prisa, justo a tiempo de salvarte del derrumbe del edificio.

Había sido un buen día.

Dejando sus recuerdos atrás, no podía negar que a pesar de todo lo que pensaba sobre aquella misteriosa mujer, desde el primer momento le había parecido hermosa. Y su carácter la hacía estar segura de que no pasaría desapercibida ni aunque todos los pasajeros del avión hubiesen sobrevivido.

No había dicho una palabra más, lo que la hizo fijarse en que estaba cerrando los ojos, y esto activó todas sus defensas de nuevo.

- No, no puedes dormirte. – dijo, agarrándola del brazo y sacudiéndola suavemente. – Tienes que mantenerte despierta. Enseguida vendrán con ayuda.

Y como si alguien la hubiese escuchado, una sofocada Ruby llegó corriendo, con una maleta de color blanco entre sus manos, y otros objetos que no pudo identificar.

- He encontrado un botiquín. – dijo, casi sin aliento.

- Genial. – contestó Emma, tendiéndole una mano. – Necesito gasas y algo para desinfectar la herida. También necesito que me ayudes a sacarle la rama que tiene en la pierna. Luego tendremos que asegurar la herida con algo, para evitar que pierda mucha sangre.

-x-

Apenas había podido pronunciar una palabra. Estaba agotada, adolorida, mareada,… y apenas podía moverse. Sólo escuchaba, pero las voces se oían lejanas y parecía que estuviesen susurrando, cuando perfectamente sabía que no era así. En un principio pudo reconocer tres voces distintas, y después sólo una, antes de despertarse.

Allí estaba. La mujer descuidada que le había derramado el café. Esa misma mujer, estaba cuidando de ella. La había tumbado en algo que no podía reconocer, pero por el momento estaba cómoda. Sabía que por ahora no podía pedir mucho más. Se preguntó por qué estaba siendo amable cuando ella la había tratado tan mal, pero simplemente – por cansancio – dedujo que quizás en el mundo aún quedaban personas amables y que se preocupaban por los demás.

Una segunda voz se unió a la rubia, y lo que vino después no fue agradable. Sintió un líquido recorrer la herida de su cabeza y no pudo – ni quiso – evitar una mueca de dolor. Demonios, aquello ardía. Por fortuna, solo duró unos segundos y se sintió mejor, sabiendo por adelantado que aquel feo corte se curaría. Después fue el turno de su pierna, lo que la hizo temblar con anticipación. No quería, iba a doler. Iba a doler, iba a doler, iba a…

- ¡AAAAAHHHH!

Dolió. Más de lo que se podía imaginar. Si bien Regina era una mujer fuerte, sin miedo al dolor y al sufrimiento, esto era demasiado para ella. Odiaba la sangre. No había cosa más horrible en el mundo para ella, que ese líquido rojizo y repugnante emanando de un cuerpo humano.

Una vez la rama estuvo fuera de su cuerpo, la herida fue presionada fuertemente por las manos de la rubia. Sabía que era ella, podía sentirlo aunque tuviese los ojos cerrados. Sabía que tenía la fuerza suficiente como para presionar así su muslo. Segundos más tarde, el líquido ardiente volvió a hacer su aparición, lo que la hizo retorcerse en el sitio pero esta vez la sujetó un número de brazos mayor. El hombre al que había oído hablar tiempo antes había vuelto, ya estaban completos.

- Mami, ¿te duele mucho? – preguntó Henry, subiéndose a la cama y haciendo compañía a una Regina que descansaba recostada, alegando que le dolía el estómago.

- No, cariño. Mamá está bien, pero gracias por preocuparte por mí. – sonrió ella, acariciando la cara del pequeño y revolviéndole el pelo suavemente. - ¿Quieres dormir la siesta conmigo?

- ¡Claro! – gritó él emocionado. – Voy a cuidarte hasta que te pongas bien y así puedas volver a jugar conmigo. Nunca te voy a abandonar, mami.

Regina lo abrazó, conmovida por las palabras de su hijo, y sin que él lo viera, dejó caer unas lágrimas, que rápidamente se secó. Si el pequeño supiera por lo que estaba pasando…

Llegados a ese punto hasta los recuerdos le hacían daño. Se imaginó a Henry, su pequeño, envolviendo su cuello con sus pequeños bracitos y susurrándole palabras cariñosas, así como dándole el "beso mágico" que curaba todo.

- Eh, ¿estás bien?

Esa voz la hizo volver a la realidad, y se dio cuenta de que sus mejillas estaban empapadas. Dios mío, estaba llorando en público. Quiso incorporarse y llevar las manos a su cara para secarse las lágrimas, pero alguien se lo impidió y esa persona se las secó ella misma con la ayuda de un pañuelo.

- Por favor, evita moverte durante un rato. Al menos hasta que puedas abrir los ojos y estar totalmente consciente, ¿de acuerdo? – era la rubia. Regina solo pudo asentir a modo de respuesta.

-x-

Oficialmente se podía decir que ahora existía un campamento. Realmente se trataba de una especie de tienda fabricada con restos del fuselaje y pequeñas comodidades como las mantas o almohadas que suministraban las azafatas durante el vuelo.

Tener comida había sido un lujo, pero August había encontrado varios sándwiches y snacks que se mantenían en buen estado. Prácticamente había formado una pequeña despensa en una parte de la caseta, que con suerte calmaría el hambre y la sed durante cinco días. Pero cinco días era bastante tiempo para encontrar otra forma de alimentarse. Lo preocupante era dónde conseguir agua, pero esa preocupación la dejarían para el día siguiente. Era muy tarde y había anochecido.

No sabían qué tipo de animales o peligros podría haber en esa isla. No sabían nada, y asustaba tanto como la oscuridad que se extendía ante sus ojos, tanto como la posibilidad de no volver a casa nunca, una inquietud que se había instalado en cada una de sus mentes y no se iría.

Habían estado tranquilos, en silencio. O eso fue, al menos, hasta que Regina despertó. Los tres casi se abalanzaron sobre ella, para ayudarla a incorporarse y preguntarle cómo se encontraba.

- Estoy bien. – dijo, despacio. – Estoy bien.

- Me alegro. – dijo Ruby, con una sonrisa. - ¿Qué tal tu pierna?

- Bien.

Regina no dio pie a que esa conversación siguiera, fue directa, seca y cortante. Pero ellos no se rindieron.

- ¿Tienes hambre? ¿O sed? – preguntó esta vez August.

- No.

Otra vez. Como siguiera con esa actitud, Emma se pondría nerviosa. La entendía, o por lo menos trataba de hacerlo. Entendía que podía estar cansada, o que quizás no tuviera ganas de hablar, pero… lo mínimo era conocerse, ¿no?

- Propongo que nos presentemos. Si vamos a pasar no se sabe cuánto tiempo aquí, juntos… deberíamos saber al menos los nombres de los demás. – Emma sacó unas botellitas de whisky. – O podemos contar lo que queramos. Tenemos tiempo.

Ruby aceptó la primera botella, seguida de August. Cuando fue el turno de Regina, los tres se sorprendieron al ver que la morena aceptaba sin poner pegas.

- Empezaré yo. – dijo la otra morena. – Mi nombre es Ruby. Era camarera en Londres.

- August. – dijo levantando su botellita antes de tomar un trago. – Carpintero.

- Viajábamos a Nueva York para huir de nuestras familias. – continuó Ruby. – Queríamos… bueno, queremos casarnos y ellos no estaban muy de acuerdo. No sé exactamente por qué, pero entre los problemas que ponían siempre y que buscábamos algo mejor… pensamos que Nueva York era una buena opción. – finalizó suspirando tristemente.

Turno de Emma. Esta carraspeó un poco y se aclaró la voz antes de hablar.

- Soy Emma. Trabajo en el cuerpo de bomberos de Londres. Era huérfana y viajaba para conocer a mis padres. Nada más que añadir.

Tres miradas se posaron en Regina, quien hasta ese momento se había mantenido callada, escuchando las historias de los demás. Diablos, ahora tenía que hablar.

- Mi nombre es Regina. Viajaba a Nueva York para ir al funeral de mi marido. Salud.

Estas palabras parecieron calar muy hondo en el resto, ya que nadie más volvió a hablar. Regina terminó su whisky y se volvió a tumbar, dándoles la espalda y con la intención de dormir y olvidar todo lo que había pasado.