Capítulo 3

Unos suaves golpes en la puerta de la gran habitación en la que se encontraban esperando Syaoran, Kurogane y Mokona precedieron a la entrada de una doncella que les anunció que todo estaba preparado ya para su marcha y que la emperatriz los estaba esperando en el jardín.

-Por aquí, caballeros- les indicó la joven el camino.

Kurogane la siguió con aire serio. Habían sido muy descuidados al dejar que aquello pasara: su grupo se había dividido y ninguno de los que se habían quedado en Celes podía abrir un portal a donde se encontraban ellos ahora mismo. Si hubieran tenido que depender solo de Mokona, habrían tardado los Cielos saben cuánto en dar con Celes otra vez. Menos mal que habían ido a parar a un reino conocido con amistades que podían ayudarles.

El ninja suspiró como si estuviera muy cansado. "Si no fuera por ella, ahora estaríamos en un buen aprieto."

-Buenos días, Kurogane, Syaoran y Mokona- dijo una muchacha joven vestida con un largo kimono azul verdoso con bordados plateados y el rostro cubierto con un velo de seda de un azul más tenue-. ¿Estáis preparados?

Estos le devolvieron el saludo y la respuesta con un mismo asentimiento de cabeza.

-Está bien. No hay tiempo que perder. Os estarán esperando impacientes, supongo- y con un movimiento de su mano mandó marcharse a todos los criados que se encontraban allí, quedándose solo ellos cuatro y un par de guardias.

La joven empezó entonces a entonar una extraña letanía mientras una suave brisa empezaba a soplar hacia ella, jugando traviesa con su kimono y sus largos cabellos de un color plata claro, y una fina neblina empezaba a acumularse cerca de sus pies.

Justo cuando esta empezaba a tomar la forma de un portal, unos gritos distrajeron a ese discreto grupo y a la hechicera, haciendo que se desconcentrara y desapareciese la niebla.

-¡Aah! ¡Cuidado!

-¡Apartaros de allí, que os vamos a caer encima!

Syaoran miró hacia arriba perplejo.

-¿Esa voz no es la de…?- pero el ruidoso aterrizaje de un pesado rubio encima de Kurogane, justo a su lado, lo dejó mudo de la sorpresa.

-Jo, Kurorín, mira que te avisé- le reprochó Fye, todavía encima de él-. Deberías tener cuidado la próxima vez.

La vena de mala leche se le hinchó a Kurogane, quien no dudó en quitarlo de un brusco empujón.

-¡Estúpido mago de las narices! ¡Pero qué crees que haces…!- le gritó malhumorado.

-¡Aah!- el chillido de Lynhxie, que veía inminente su terrible caída hizo que todos mirasen arriba otra vez.

Menos mal que Syaoran, tan oportuno como siempre, fue a cogerla en brazos, evitando que se hiciera una horrible fractura.

Y Yuui, quien había estado cayendo en silencio, llegó a tierra sano y salvo mecido por un oportuno viento que no supo de donde venía.

-Gracias, Syaoran- dijo Lynhxie abrazando a su amigo-. ¡Me alegro mucho de veros otra vez!

-¡Lynhxie!- Mokona fue rápida a saltar a su regazo.

Se sucedieron los saludos, abrazos y risas cambiando un ambiente antes serio a uno mucho más alegre.

-Es una alegría que vuestro grupo esté al completo otra vez. Habéis ahorrado un viaje inútil a vuestros amigos llegando justo ahora- dijo la joven del velo, quien había invocado anteriormente al aire para salvar a Yuui de un aterrizaje penoso.

Fye, quien había estado tomándole el pelo al ninja todo ese rato, se volvió sorprendido al oír aquella voz.

-Pero si eres… ¿Xilynhe?- dedujo este.

-¿Eh?- Lynhxie miró sorprendida a aquella dama, sorprendida de oír el nombre de su difunta madre en tierras desconocida-. Entonces, ¿estamos en Shion?

La joven del rostro oculto sonrió, aunque esto no lo pudieron ver sus acompañantes.

-Sí, jovencita. Yo, como la Emperatriz etérea, os doy la bienvenida al Reino del Aire, queridos viajeros de las dimensiones- proclamó al mismo tiempo que un fuerte viento alborotaba las hojas de los frondosos árboles que les rodeaban-. Bienvenidos a Shion, amigos.

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Se encontraban todos tomando té de Lioü, típico de aquel país, mientras hablaban de todo lo que les había pasado mientras estuvieron separados. Aunque en Celes habían pasado meses, los otros tres del grupo acababan de llegar al País del Aire hacía poco con Leroux y no habían estado en este más de 24 horas.

-Vaya… Parece que hay una distorsión del tiempo entre los distintos mundos más grande de lo que me imaginaba- murmuró Fye para sí.

-Es cierto, por eso los viajes interdimensionales son tan peligrosos- comentó Xilynhe, quien ya tenía el rostro descubierto, ya que estaban solos en la gran sala, mostrando unas facciones muy parecidas a las de Lynhxie-. Por eso no solemos permitirlo aquí más que para cuando sean necesarios… o para algunas excepciones, ehem.

Todos sabían que con eso se refería a Leroux, quien había marchado a Celes con la intención de batirse con Kurogane.

-Ya lo sabemos… pero no nos queda otro camino- dijo el ninja-. De todas formas, ahora ya estamos todos juntos. Esto está bien. Habríamos tenido muchos problemas si hubierais llegado un poco más tarde.

-Pero, una pregunta- saltó Mokona dejando a medio comer su galleta-. ¿Quién es ese?

Todos giraron hacia quien estaba señalando, que no era otro que el muchacho idéntico a Fye pero con los cabellos completamente negros.

-Ya te lo hemos explicado, Mokona…- iba a decirle Fye, pero esta le cortó rápidamente.

-¡Todavía no me creo que sea Yuui! ¡Está muy grande! Además, noto una extraña aura en él.

Lynhxie bajó la mirada pesarosa.

-Todo ello se debe a Xie… Controló su mente con un veneno y su magia, por eso Yuui ha cambiado- y dirigiéndose al muchacho siguió diciendo-: Lo siento mucho, Yuui… Si no fuera por mí…

-Pero, qué dices- la acalló este sonriente-. No tienes culpa alguna, todo esto fue obra de ella. No es tu responsabilidad.

Kurogane meditó en silencio. Algo no estaba bien. Si tanto rencor le tenía Xie a su hermana, ¿por qué les había ayudado a reunirse con ellos? Aunque quisiera hacer que se enfrentasen a nuevos peligros, no tenía por qué haberles mandado justamente a ese mundo… En verdad, algo no cuadraba allí.

-¡Eh, Kurorín! ¿En qué estás pensando?- lo llamó Fye bajándolo de las nubes-. ¿Has estado coqueteando con sílfides guapas a espaldas de Tomoyo?

-¿Eh? ¡Yo no he coqueteado con nadie! ¡Deja de molestarme, mago! Se estaba mucho más a gusto sin ti.

-Bah, sabes que es mentira y que te morías de ganas por verme, Kurotan…

-¡No digas bobadas! Ya verás, como te coja…

Xilynhe se rió divertida ante tal escenario.

-Estos dos no cambiarán nunca, ¿verdad?- comentó a los otros, que seguían sentados con ella, no sin sentir cierta vergüenza ajena-. Bueno, ¿por qué no os enseño vuestras habitaciones mientras estos dos siguen a lo suyo? Supongo que ahora ya no tendréis prisa y podréis quedaros un tiempo más.

-Sí, por favor, Xilynhe- dijo Syaoran mientras una gotita caía por su frente-. Sería muy amable por tu parte. Esos dos ya se calmarán…

La joven emperatriz volvió a reírse y, mientras se colocaba otra vez su velo, les indicó el camino saliendo de aquella habitación de té de las muchas del palacio.

Mokona, quien iba encima del hombro de Lynhxie, siguió mirando a Yuui, que marchaba más adelante.

"No es eso que dicen de la magia de Xielynh. Algo muy poderoso… se está despertando en él".

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Los viajeros habían decidido quedarse durante una pequeña temporada en Shion, aunque tampoco demasiado tiempo, ya que hacía mucho que no veían a Xilynhe y Lynhxie quería investigar un poco en los libros de la Gran Biblioteca Real por si encontraba alguna información que les fuese a ser de utilidad. Había aprendido de forma "asombrosa" el idioma de ese mundo, más bien, parecía algo innato ya que, sin ningún aprendizaje anterior consiguió entender perfectamente los textos en shinerium a la primera. Ninguno de lo entendía y todos se lo habían achacado ya a su magia.

Normalmente, Syaoran y Kurogane se entretenían con los guardias de palacio, quienes sentían mucha curiosidad por sus técnicas de lucha, Fye y Mokona se dedicaban a conocer gente o a mantener tediosas charlas con los archimagos que pasaban por allí, también llevados por la sed de conocimiento, y Yuui se quedaba acompañando a Lynhxie mientras leía algún pesado volumen en el gran jardín, comentándole a la vez cosas interesantes con las que se encontraba.

-Lynhxie… quería comentarte una cosa que me ha rondado por la cabeza últimamente- le dijo Yuui un día.

-Dime.

-Desde que me pasó… "eso" en Celes, me siento muy raro… y no me refiero justamente a mi condición física- tomó una breve pausa pensando en cómo seguirle contando lo que le pasaba-. Mis recuerdos están borrosos, tengo lagunas. Por ejemplo, no me acuerdo de nada de lo que me pasó desde que Fye habló con el rey Asshura hasta que volví a despertarme solo en el estanque, y desde allí hasta que me reuní con vosotros… tampoco recuerdo con claridad. Hay como escenas incompletas… en las que aparezco con alguien con quien hablo, pero… no consigo nunca verle o, simplemente, tengo vacíos en la memoria.

Yuui se encogió sobre sí mismo, abrazándose a sus piernas, como un niño pequeño que estaba muy asustado. Lynhxie lo abrazó con fuerza intentando apartar así esa angustia de su amigo.

-Quizás fuera lo que te hizo tomar Xie, no estoy segura, pero aquello pudo afectar también a tu memoria- intentó encontrar ella alguna razón lógica-. No te preocupes, buscaré alguna manera de que la recuperes.

-Pero es que… además…

-¿Además qué?- le animó a seguir Lynhxie al ver que callaba.

-Además, he estado intentado utilizar mi magia sin conseguir nada. Tú misma dijiste que sentías una poderosa energía en mí. Pero, he pedido a mi hermano que me enseñara, y ninguno de los hechizos me sale. No tengo ni idea de cómo controlar mi poder… ni siquiera estoy seguro de poseer alguno, y me siento como una carga para vosotros.

-¡No digas tonterías!- le reprochó Lynhxie-. ¡No eres ninguna carga! Y lo que dije lo reafirmo ahora; sigo sintiendo un gran poder en ti. No tengas prisa; despertará cuando sea el momento, estoy segura, Yuui.

-Yo también doy fe de ello, Yuui- dijo una voz a sus espaldas.

Allí estaba la figura de la emperatriz, con el rostro cubierto con una máscara que tapaba tres cuartas partes de su cara, dejando al descubierto desde el pómulo izquierdo hasta la mitad del labio. Esta había podido oír parte de su conversación en su paseo por el jardín.

-Majestad- Lynhxie y Yuui se levantaron rápidamente para saludarla con una reverencia, como se hacía allí, pero Xilynhe los detuvo.

-No hagáis eso. Somos amigos, ¿no? No estoy por encima de vosotros, Por favor, tratadme como a una igual.

Los tres volvieron a sentarse sobre el mullido césped y retomaron la conversación.

-Como decía, yo también puedo sentirlo, tanto en ti, Yuui, como en ti, Lynhxie. Ambos sois portadores de grandes dones, poco comunes en esta dimensión.

-Sin embargo, no he sido capaz de hacer ninguno de los trucos que me ha enseñado mi hermano- objetó Yuui.

-Porque tu magia y la suya son muy distintos, aunque son de igual magnitud.

-¿Qué quieres decir?- preguntaron a la vez Lynhxie y el joven sin entender muy bien.

-Que vuestra magia, planteando la cuestión de forma científica, es igual cuantitativamente, pero distinta cualitativamente- explicó la sílfide-. A Fye le ha correspondido un poder que tiene realidad en esta dimensión y, a ti, una que afecta a otra muy distinta…

-¿Dimensión? ¿Te refieres a los mundos?- volvió a cuestionar Yuui.

Xilynhe abrió la boca para responderle, pero llegó entonces el mayordomo principal anunciándole que cierto noble había venido a hablar con ella. Esta se levantó y, tras disculparse por tener que cortar la conversación de aquella forma, marchó a recibir a su visita.

-¿Qué crees que querría decir con eso, Lynhxie?

-No estoy segura. Pero no te preocupes, Yuui, tenemos tiempo de sobra para averiguarlo- dijo la chica levantándose también-. Venga, ¿por qué no me acompañas a la biblioteca? Tengo que llevar esos libros que acabo de terminar. ¿Me ayudas a cargarlos?

-Claro- se puso aquel de pie también-. ¿Cuáles son?

-Esos- señaló Lynhxie un alto pilar de gruesos volúmenes que descansaban cerca de un árbol cercano-. Es que pesan un poco para mí.

Yuui casi se volvió a caer al suelo del susto. ¿Cómo podía leer tan rápido aquella muchacha? Y, si tanto pesaban, ¿cómo los habría traído hasta allí ella sola?

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Sakura abandonó el templo al caer el Sol. Parecía que sus amigos se habían reencontrado al fin, aunque no como se lo hubiera imaginado. Aquella tal Xielynh era muy extraña, debía intentar conocer algo más de ella.

Metida en sus reflexiones, no se dio cuenta de que mientras abandonaba aquel sacro sitio, el agua se tiñó de repente de un extraño brillo al caer una enésima gota sobre la superficie líquida y mostró en ella la sonrisa de una figura femenina que se reflejaba desde otro mundo muy lejano.

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N. A.:¡El grupo vuelve a estar al completo! Aunque parece que a Mokona no le hace mucha gracia encontrarse con un Yuui tan diferente, haha =) Supongo que es normal extrañarse en una situación así.

¿Cómo se siente Lynhxie al encontrar a una imagen tan idéntica a su madre? ¿Qué debe de estar pensando Fye al encontrarse de nuevo con la muchacha que le gustó en un pasado? ¿Qué es lo que le ha pasado a Yuui y cuál es su poder? ¿Qué pretende en verdad Xie? Y, ¿quién es esa extraña figura que aparece en las aguas del templo de Clown? Parece que cada vez son más los interrogantes, pero la historia las contestará sola a medida que avanza, tranquilos XD

Pronto vendrán las vacaciones de Navidad. Espero poder adelantar algo en ese tiempo (aunque presupongo que estaré cargadita de trabajos también, una hará lo posbiel ;D)

¡Muchas gracias por leer!