#3 Caza y acecho
-No te ves muy bien, Cadence – dijo Twilight, al ver el estado de su cuñada en la mañana.
-Sí… no dormí muy bien – dijo Cadence, dando un largo bostezo.
-¿Y Shining? ¿No va a venir a desayunar? – preguntó Spike.
-No sé… creo que se levantó temprano hoy, antes de que yo despertara – respondió la alicornio rosada.
"Hm" pensó Spike, recordando el incidente de la madrugada. Era muy probable que ni siquiera se hubiera acostado a dormir, y ahora resulta que Cadence no había dormido bien. A pesar de que su aspecto aún conservaba la frescura y belleza características de ella, se notaba la disminución en su semblante. Spike ahora se fiaba mucho menos de aquel que pretendía ser Shining Armor.
-Shining se toma las cosas muy en serio cuando se trata de proteger a su familia – dijo Twilight – Aún cuando no se encuentre en óptimas condiciones de pelear.
-Es lo que todo hermano mayor haría, ¿no?
-Como sea, las cosas se están poniendo muy crudas por aquí. – dijo Rainbow Dash.
-Es cierto – afirmó Rarity – Hay que encontrar la manera de arreglar todo esto. Fluttershy, querida, apenas has probado bocado. ¿No tienes hambre?
La pegaso aludida miró a su amiga, sin decir nada. –Creo… que no – balbuceó.
-¿Has tenido pesadillas, terroncito?
-Quizás, Applejack… no quiero hablar de eso.
-.-.-.-.-
En un cuarto en penumbras, un poni de cristal se retorcía entre las cuerdas que lo aprisionaban. Reclamaba a los guardias que lo escoltaban un mejor trato, por ser ciudadano del Imperio, pero éstos no le atendían en lo más mínimo, y lo miraban en un puro estado de alienación. Sin embargo, había otra cosa que aterrorizaba al cautivo, y era el hecho de que hubieran descubierto su máscara. Comenzaba a sudar cada vez más, y sus nervios aumentaron conforme oyó el sonido de pasos del otro lado de la puerta.
-¡Suéltenme, por favor! ¡Este trato es injusto, yo no hice nada!
-No es lo que has hecho, sino lo que harás a partir de ahora – una nueva figura emergió de la oscuridad que envolvía el umbral del pórtico. El poni se erizó hasta la médula al ver de quién se trataba.
-¿Capitán… Shining Armor? ¿Qué está haciendo usted aquí?
-Lo mismo que haces tú, pero es algo más complejo. Tú serás parte de la nueva generación… de los primeros en la nueva especie…
La expresión del poni que una vez derrotara a la manada con su esposa, ahora lucía muy diferente. Había algo mucho más sombrío y amenazador en el capitán, como si hubiera cambiado radicalmente, como si se tratara de otro poni con su apariencia.
-¿Generación? ¿Qué generación…? ¿Qué nueva especie?
-¿Sabes algo de los espías changelings que han venido al Imperio de Cristal para llevarle información a la "reina"?
El tono despectivo con el que el usurpador de la piel del capitán Armor no sorprendió al poni, pero de todas formas lo inquietó mucho más.
-No… no sé de qué me habla, señor…
-Sí que lo sabes… somos de la misma camada, Thorax.
-Ése, ése no es mi nombre. Soy…
-No pierdas tiempo diciéndome un nombre robado. Hoy tendrás la oportunidad de ser algo mucho mejor de lo que eras… como ellos lo son ahora.
-¿Qué…?
Shining le señaló hacia un costado, y el poni pudo ver unas extrañas siluetas que parecían sisear, y el brillo de ocho pares de ojos. Las criaturas se acercaron un poco, a la orden del capitán, y se detuvieron en un punto en que se dejaban ver sus perfiles. El cautivo se estremeció sobremanera, miró a los soldados, que permanecían inermes en su posición.
-¿Qué… qué les hizo?
El otro no le respondió, sino que le lanzó un hechizo que provocó que desapareciera totalmente la piel cristalina del poni, revelando su verdadera apariencia. A este punto, el changeling hubiera reaccionado más violentamente, pero se sentía totalmente inhibido. De todas formas, liberarse y pelear no iba a resultarle de mucho, dado que lo superaban en número. Sólo pudo mirar fijamente al unicornio de piel blanca, cuyos ojos resplandecían de un intenso verde oscuro.
-Tonto es el que cree que yo no reconocería a uno de mi especie… aunque ya no pertenezca a la misma. No hay de qué lamentarse, después de todo, ustedes me abandonaron. Pero yo no los abandonaré ustedes, porque sé que el problema es la "reina".
-No te atreverías a hacerle daño a la reina. Es la única que puede guiarnos… - el changeling se atrevió a tener un momento de valentía, que no duró mucho al ver que el unicornio se le acercaba y su aspecto iba cambiando drásticamente.
-Eso está por cambiar – y con estas palabras, de su boca emergió un aguijón.
-.-.-.-.-
Ya casi atardecía y la reina Chrysalis había decidido poner un tope a su espera. Si ninguno de los espías volvía, entonces no quedaba otra que atacar. Desgraciadamente, sus planes no habían salido como lo esperaba, y maldijo su suerte por ello. Había enviado a sus mejores agentes, ¿cómo podía ser que hubiesen fracasado? ¿Cómo podía ser que siempre acabaran descubriéndolos?
Pero esa no era sólo la gran incógnita. Chrysalis no podía explicar bien el por qué habían encontrado a Shining Armor allí, y en la forma en que lo habían encontrado. No parecía una trampa ideada por su esposa o su hermana. Pero eso no importaba, lo usaría para su beneficio… otra vez. Sólo que en esta ocasión sí funcionaría.
Pronto llegaron buenas nuevas a la manada de ponis insecto. Uno de los infiltrados se presentó en la cueva, y dio a Chrysalis la información que ella había estado esperando tanto. Tal era la euforia y el soberbio sentimiento de estar cerca de su objetivo, que la reina no notó que su súbdito parecía tener algo distinto. Los demás sí lo notaron, y lo observaron con cierto recelo.
El changeling desprendía una esencia rara, que hasta Shining lo notó. Hasta ese momento, había podido recuperar varias de sus facultades, aunque lo tenían aprisionado en una crisálida. Había escuchado más o menos claramente lo dicho por el recién llegado, y eso le dio una muy mala espina. No sólo por el ataque inminente al Imperio que le habían encargado proteger… sino por la sensación de que había alguien con otros planes.
-¡Atacaremos a medianoche! – anunció la reina, y sus súbditos la vitorearon.
El espía sonrió. Y al mirar al unicornio apresado, su espantosa sonrisa se transformó en una mueca que Shining no pudo descifrar.
