-Nadia's POV-
Cuando abrí los ojos, todo estaba borroso.
-¿Me oyes?- escuche a una voz. La reconocí de inmediato; era Booth.
-Aja...- dije, con voz muy suave.
Poco a poco mi visión volví a ser clara. Mamá y Booth estaban a mi lado, contemplándome tranquilos. Trate de hablar, pero mi voz salio en forma distorsionada, como si tuviera algo atorado en la garganta. Sentí algo de dolor.
-Calma- dijo mamá, tomando mi mano -. Te lastimaste la laringe, así que sera mejor que no hables por un tiempo.
-¡Y tú que nunca te callas!- rió Booth.
Sonreí débilmente.
-Vas a estar bien- añadió él con una sonrisa melancólica, mientras me despeinaba cariñosamente -. Solo trata de guardar un poco de silencio.
Me apoye en mis manos y trate de sentarme. Booth acomodo algunas almohadas a mis espaldas, permitiendo que me apoyara cómodamente.
Justo en cuanto estuve cómoda entraron Hodgins, Angela y Sweets. Traían globos, flores y dulces.
-¡Despertó!- exclamo Angela con alegría.
Los salude con un movimiento con la mano y una enorme sonrisa.
Se acercaron y acomodaron todo a mi alrededor. Me sentía realmente contenta de tenerlos conmigo.
-Bueno Saltamontes- dijo Hodgins -, tal parece que deberás cerrar la boca por un rato...
-¡Tarea difícil!- bromeo Sweets, causando las risas de todos.
Tenían mucha razón al bromear con eso. Siempre he sido de las personas que tienen una opinión para todo, aunque a muchos no les agradara del todo.
-Bueno- dijo Angela, recuperando la compostura -, nos gustaría quedarnos pero tenemos que volver al trabajo- luego miro a Booth y mamá -. Ustedes tranquilos, nos haremos cargo.
Ellos asintieron a forma de agradecimiento.
-Nos vemos- dijo Sweets, dirigiéndose a la puerta.
Hodgins me despeino a forma de despedida y se fue, riéndose de la cara de puchero que había puesto.
Y de nuevo, solo quedamos nosotros 3 solos.
En ese momento sentía como si no necesitara nada más. Como si todo en el universo estuviera perfectamente ordenado.
Ellos se quedaron cara a cara, mirándose fijamente a los ojos. Sonreí. Podía ver esa conexión.
"Todo perfecto..." pensaba con gran dicha.
Segundos después notaron que los veía. Voltearon a mirarme y ninguno pudo aguantar las ganas de soltarse a reír.
Una media hora después llegaron Durance y Jackie a verme. Booth y mamá aprovecharon para salir a hablar con el doctor.
-Se las encargamos, chicas- dijo Booth.
-No se preocupe- respondieron a coro. Solté unas risitas.
Apenas salieron, ellas se acercaron y se sentaron en la cama conmigo. Se veía que habían estado muy preocupadas. No estaba muy segura, pero llevaba por lo menos un día y medio en el hospital.
-¿Cómo estas?- preguntó Durance.
Pero de nuevo se escucho un ruido rasposo saliendo de mi garganta.
-¡Que tonta eres!- dijo Jackie, dándole un golpecito en el brazo -Sabes que no puede hablar.
Y comenzó a buscar en su mochila, de donde saco una bolsa de compras de papel café.
-Un regalo- dijo, mientras me la entregaba.
En ella venían un pizarrón miniatura blanco, un marcador y un borrador.
-Para que puedas comunicarte en lo que cicatriza la herida- añadió mi amiga con una sonrisa.
-Gracias chicas- escribí. Ambas asintieron y me dieron un fuerte abrazo.
-¡Buenas noticias!- exclamo Booth, entrando en la habitación.
Volteamos a verlo, realmente atentas y felices.
-Te dan de alta hoy- dijo mamá, quien venía detrás.
-¡Yei!- escribí con letras grandes. Durance y Jackie se encargaron de gritar por mi.
Una hora después ya estaba en mi ropa de siempre, de pie junto a la camioneta de Booth. Hacía ya un buen rato que las chicas se habían ido a casa.
Booth insistía en cargarme, pero me negué rotundamente escribiendo:
-Estoy mal de la garganta, no de las piernas.
El no pudo evitar reír mientras me acomodaba en el asiento trasero, rodeada de los obsequios que me llevaron.
En el camino, conversaba con ellos por medio del pizarrón. Como Booth iba conduciendo, mi mamá le leia lo que escribía.
-Creo que ya no opinaras ahora- dijo él
-Eso crees tú- escribí.
-¿Quién te dio eso?
-Mis amigas.
-Tendré que deshacerme de el, entonces.
-Inténtalo y te muerdo.
-¿A un agente del FBI? No eres capaz...
-Prueba. Pero luego no te quejes...
-¡Ay si, que miedo!
-¿Quieres apostar?
-¡Ya!- intervino mi mamá, evitando reír -¿Qué siempre se la viven peleando?
-No peleamos- dijo Booth.
Asentí firmemente.
Mi mamá frunció el ceño, pero la risa se le escapo.
Tuve que estar sentada en sillón el resto de la tarde. Vi algunas películas, mientras saboreaba unas botanas y dejaba que me consintieran.
Pero no podía sacar de mi cabeza una pregunta: ¿Quién podría haberme atacado?
Sabía que mamá y Booth se preocupaban por lo mismo, pero por alguna razón me parecía que lo hacían de una manera diferente. Algo que ocultaban muy celosamente.
En la tarde-noche se fueron al Jeffersonian, pero me obligaron a quedarme en casa. No me pareció normal, había algo extraño. Lo sabía en mi interior.
