ADVERTENCIA: Bueno, todo en este capítulo es explícito, no brutal como he leído en otras partes...pero puede afectar am, ciertas "sensibilidades".

DISCLAIMER: Obvio, Black Lagoon no me pertenece, ¿se enteraron que el mangaka está en un anime de esta temporada? Re:Creators, que mejor continúe su manga antes de meterse en otro, la puta madre.


—Bien, buen botín el de hoy.

Lo olía, como el mejor sabueso adiestrado. Después de todo, su día a día era vivir entre el peligro que tanto la saciaba. Tanto así, que aquella sustancial presencia, abstracta pero tan palpable, era identificada en lo que parecía ser un segundo, tal vez menos. Era algo apegado a sus pies, así como la sensación de respirar en su nariz. Involuntario, tétricamente natural. Y y también lo sabía, aquel punto base de su vida, hasta lo peligroso tenía su propia justicia. El manual del buen samaritano a la inversa, podría decirse. El olor del hotel se lo recordaba. ¡Vaya!, por un momento había olvidado que quien hacía daño, bien podría recibirlo. Y no es como si una mujer de buenas curvas como ella, estuviese exenta de tales cortesías proveídas por el señor, todo y puro ser misericordioso. Exhalo, la cabeza la pesaba, y todo comenzaba a dar vueltas con mucha rapidez para lo que solo unos cuantos tragos podrían causar. Ella incluso, en tantas noches disparó apuntando a los cráneos con su usual puntería y con una borrachera salida del averno. Ese mareo era diferente, en definitiva, se sintió bien jodida. Y probablemente, en un hotel con un par de hombres más, estaría jodida de más de una forma. Nunca una palabra había tomado tanta literalidad.

Sintió una voces en off, era probablemente la banda sonora de suspenso a lo que vendría. Y es que aunque sabía que todo conllevaba a ser ultrajada sexualmente, a secas...había muchas maneras de lograr un objetivo. Sadomasoquismo, más drogas, zoofilia, tráfico...incluso la mismísima necrofilia. Cerró los ojos, oh no, de ahí salía viva, salía viva o le daría un escupitajo a la cara a Dios. Que se olvide ese estúpido de abrirle las puertas. Que va, de no estar drogada hasta el culo se hubiese cagado de risa. ¡Ella estaba destinada a servirle de esclava sexual al diablo!, ¡él la quería hacer su perra!

Metal, escuchó el metal. Inconfundible incluso para una perra drogada como ella, esa era un arma, alto calibre. Claro, los sentidos lo suficientemente dormidos como para no detectar cual, pero la sangre hirviendo para saber que solo las balas contra una recámara producian ese sonido. Miró debajo de sus brazos, una eternidad estaba pasando mientras las voces masculinas hacían eco en sus oídos. Sus Beretta no estaban. Desprotegida.

Desprotegida, otra vez.

Cuando su padre la violaba...

Respiró, de repente se halló sorprendida de haber dejado de sentir eso como algo natural. Respiró otra vez, necesitaba sentirse tranquila, necesitaba perder devuelta el verdadero significado del peligro. Al menos en carne propia. No, no podía estar pasando. Intentó reincorporarse, había sido arrojada a lo que supuso era una cama, estaba más centrada en los sonidos que no que palpaba a su alrededor, y con las vueltas que producía su cerebro, el aspecto visual era sin duda el mas deteriorado de sus sentidos. No importaba, se encontraba optimista en saberse un perro salvaje que se guiaba muy bien con su instinto. Sus rodillas se flexionaron y sus brazos se estiraron empujándola hacia arriba. La sensación de vértigo al ver todo moverse más rápido que una bala, terminó haciendo estragos en sus torpes movimientos. Apretó las sabanas en sus manos. La única certeza de que eso no le haría daño.

Y hasta ahí terminó la salvación de un simple objeto. Su cabello fue tirado con salvajismo hacia atrás, y por consecuencia, su cuerpo. Una dura erección rozó su trasero, y no pudo sentirse tan asqueada como quisiera, pues veía a una persona acercarse de frente. No cerró los ojos, tenía que ver, tenía que forzar la vista aún si tuviera que usar lentes toda su vida en adelante en el proceso. Olvidó respirar, otra vez, y las náuseas se acunaban en su estómago. No podía entorpecerse, no podía recordar la sensación de vulnerabilidad de aquel entonces, mientras su sangre la ultrajaba de pequeña, mientras aún no conocía la forma de respeto que imponía un arma en sus manos. Y fue a la inversa, cada pensamiento parecía ser un presagio de lo que haría a lo que admitiría como al "enemigo". Y la puta madre, y todos lo santos. E hijos de puta. Contuvo la respiración, su short fue mas forzado por lo ajustado de estos, que por su cinturón, mero accesorio. Desnuda, al menos de una parte, no menos importante que el resto de su cuerpo. El cañon de lo que reconocía como el arma que quizá escuchó sonar entre sus glúteos.

—Hijo de...Hijo de...— Gruñó. ¿Debía resignarse? ¿Era muy pronto? ¡Al menos que le pagaran! ¡Hijos de puta!

Al menos en su mente si podía gritar como quería, al menos allí si podía hacerse la valiente, creer que tenía alguna carta a su favor para volarles las bolas a todos los presentes.

—Como resiste la droga esta perra.— Escuchó, de seguro esa persona debería de estar hablando bastante fuerte, pues no sentía los pasos de nadie, por más que sintiera la persona de al menos tres personas más. Tampoco sonidos de calle, a pesar de haber notado antes de que la droga surtiera mayor efecto, el hecho de que estaban cerca de una ventana. Solo debía correr, tirarse por la ventana en un intento de huida sería el mínimo de sus preocupaciones. —¡Te estafaron, Jerry!, ¡Vamos, que no era tan fuerte!

—Ni ella ni la droga.— Acotó, al que reconocía como el que estaba frente suyo, aunque solo pudiese distinguir la borrosa linea de una bragueta.

—Más acción y menos bla bla, que quiero probar un buen polvo antes de venderla.

— ¡Así, así se habla!— Un coro de risas. Y la certeza de que el martirio, aunque odiara llamarlo así, no terminaría ahí. Un cierre bajando, y tragó saliva.

Apretó los dientes, el cañón del arma al que por la charla de los hombres le había quitado atención, se introdujo de un golpe en su ano, como a una muñequita sexual, de esas inflables. Lo sintió hurgar mas fuerte, más brusco. Abrío la boca, conteniendo la sorpresa, conteniendo un grito mudo, que no daría el gusto de brindar, no hasta que la despedacen, no hasta que sea solo una simple marioneta desplazada de su total orgullo. Pudo resistir hace años, podía seguir resistiendo. Podía soportar, solo hasta que se hayan saciado, y el efecto de la droga pase, hasta que decidan darle seguramente la suficiente dosis y venderla, a vaya saber que destino. Pero en eso se quedó el hilo de sus pensamientos, degustó el sabor a suciedad de un pene en su boca, como mandando a callar a la puta perra nueva que habían conseguido en un cuarto de hotel.

—Perdón Bellezza, son como niños, no saben disfrutar con lentitud de un dulce.

"Estúpido de mierda.", solo dijo su mente, y nunca se sintió tan sabia. En definitiva, los improperios por fin eran bien vistos, estaba en plenitud de pensarlos. La punta del cañón seguía desgarrando su interior, y no necesitaba saber esas estupideces de doctor, para asegurar que ya sufría alguna hemorragia interna, de esas tan conocidas en su mierda de infancia. Dejó sus sentidos de lado, esas porquerías ya no servían, si bien por los comentarios oídos, la droga parecía no haber surtido el total efecto gracias a su fuerza de voluntad, lo cierto es que era de la buena. Su razón se nublaba, y era una lucha constante entre el dolor del acero salvaje contra ella, y aquella sustancia haciendo estragos en su razón. Era como una presa, una bestia enjaulada, con los barrotes electrificados. Y ella seguía insistiendo en salir de ahí. No por nada la llamaban terca, loca, desquiciada, temeraria, rebelde, peligrosa...asesina. Su voz siguió sin salir.

—Parece que ahora si entre lo mio.

—Cuidado, dijeron que la querían limpia, imbécil.

Esa era la voz del italiano, supuso. Y maldita la hora en la que decidió que él, esa basura, era una buena distracción de Rock. El arma se fue, sacandole momentáneamente el alivio de que no le destrozarian el ano y los intestinos de un disparo. El ardor fue inminente, y se sentía como si su virginidad, el escaso tiempo que la tuvo en un pasado, hubiese sido arrebatada nuevamente. Contuvo un quejido, que se acentúo al sentir el miembro de aquel hombre de atrás siendo introducido por la zona ya afectada. Malditos sádicos. Entre el dolor, y la resistencia, mordió el pene de su agresor frontal, con tal desidia y odio que sintió el óxido de la sangre en su boca. Un oxido asqueroso, tomando en cuenta de quien venia, y a su vez, exquisito, por dar un poco de "justicia clandestina" en aquel lugar de poca monta. Fue sacudida con fuerza, el ritmo de las embestidas eran bestiales, y un puñetazo a su cara, con la notable fuerza y forma en el que solo podría darlo un hombre, fue lo suficiente para apoyar la cabeza en el colchón e intentar retorcerse de dolor. No pudo, ni expresarse parecía serle permitido aquella noche. Fue recostada boca arriba, con una brusquedad digna de un degenerado virgen, de esos que no ven la hora de por fin tener sexo, aunque eso conllevara violar a alguien. Si solo pudiese su cabeza hacer un click, si solo pudiese engañarse, creer que le gustaba, el sexo y un "poco de maltrato". PERO ESO ERA SER ESTÚPIDA, no se le dispara a tu padre en la cabeza si ya sabías esa técnica de superación. No era maga, no era una heroína, ni una villana de habilidades insuperables. Esos cerdos la estaban ultrajando, vulnerando. Se sentía tan estúpida, tan idiota de solo vanagloriarse por sentir el sabor de la sangre en su boca. Habían como tres hombres mas mereciendo que les arrancasen el pene con la boca, con los dientes hundidos en la carne y tirando hasta que los músculos se desgarren, hasta que el pedazo quede colgando en su boca y se lo de de comer a los buitres, dejandolos a todos desangrándose en el suelo o en su defecto, dándoles disparos en zonas no mortales, torturandolos poco a poco, dejándolos como a un colador. Ahora, sentía un peso sobre si, la luz "cálida" del hotel giraba, y giraba. Su estomago sentía una panza gorda como la de un cerdo sobre si, y unas cadenas frías rozar parte de su pecho. Le rompieron la musculosa, y con ello termino de estar desnuda. Ahora, el único agujero sin explorar, era llenado. No sintió ningún preservativo, por supuesto, y solo le quedo rogar que si escapaba, fuera ella sola y no con nada gestándose en su interior, porque si no ella misma sería quien se lo arrancaría con manos propias. Divagó, su mirada ya se perdía mas porque así lo quería que por el efecto de las drogas. Su cuerpo se movía, arriba, abajo. El ritmo mas detestable que pudo conocer, y sintió a sus ojos morirse, poco a poco, con la misma indiferencia que en aquel entonces. Perdía defensas, se aferraba a esperanzas que solo la gente buena sabía utilizar. Ella estaba en el mas allá, en su propio infierno, y tal vez si le estaba practicando sexo al mismísimo diablo.

Ella y ellos...Los humanos hacían del mundo el mismísimo infierno.

Se mordió los labios, se tenía que aferrar a eso, su apariencia de quien soportaría hasta el desmembramiento de sus brazos. Apretó las sabanas, si viese mejor, ya les estaría hundiendo los dedos en las corneas a esos malnacidos.

—¡No es muy estrecha que digamos!— Más risas, más asco en la boca del estómago. Estaba casi atorándose con su vómito. Prefería eso antes que llorar, preferia esa sensacion desagradable antes que su vagina siendo destrozada. Sintió que quisieron abrirle la boca, unas frías gotas caían hacia su pecho, mientras la levantaban y volvían a ocupar su trasero. La seguían considerando peligrosa aún en su estado, pues estaba claro, aún para alguien confundida como ella en ese momento, que no iban a osar poner un pene mas entre sus labios y que no obstante, la querían volver a drogar.

Era el fin, suprimirían su voluntad de luchar nuevamente. Su resistencia psicológica no podía más. No sabía cuantos minutos habían pasado, quizás horas, al ser tantos hombres. Quizás se turnaron, y ella en su intento de distraerse y no hacer tan vivas las embestidas, de no admitir lo que sucedía en su entorno, decidió no darse cuenta cuantos habían pasado ya entre sus piernas. Ahí estuvo, un poco muerta, un poco viva, las gotas seguían mientras ya no apretaba las sabanas, mientras ya no movía los parpados, mientras lo único que resistía era su boca. Que en definitiva, era la ultima parte a doblegar.

—¡Revy!, ¡Dutch nos ha encargado una misión urgente!

Escuchó. Y ya no supo si eso era una alucinación o no, antes de cerrar los ojos hacia la oscuridad de un desmayo.


Eeeeh...¡Kokorosukiatsu!, ahí te va la conti. Estuve leyendo mucho, y me inspiré a escribir.

Y, antes que nada, porque no, no la olvidé. Capítulo totalmente dedicado a Hikaruinchains91, ¡Te dije que te dedicaría el próximo!, y oh milagro que actualizo, bueno...Aquí estamos.

¡Saludos a quien sea que me lea! (si no los espanté con este capítulo, aunque hay mas crudos vagando por la red)

MigLi-Chan