Ya son tres semanas las que lleva Shizuo Heiwajima fuera de su entorno natural, Ikebukuro, y dentro de la cárcel con su querido compañero de celda. Cada vez que éste le molesta, piensa en las palabras de Celty, pero después de varias peleas, la imagen de su amiga y la calma que le transmitía empiezan a borrarse.

Pero hay otro problema.

—Shizu-chan~ —Se escucha desde la litera de arriba.

—¿Qué mierda te pasa a ti ahora? —Le ruge como respuesta el otro.

—Para de una vez con los golpes en la pared. —Y se asoma por el borde de su cama, mirando a Shizuo del revés con expresión molesta.

—No estoy dando golpes a la pared, estúpido.

Izaya mira con fijeza las pequeñas pero evidentes grietas que hay en la pared que está pegada a la cama del rubio y arquea una ceja. El mayor sigue su mirada y abre la boca para decir algo, pero sabe que no tiene nada que decir.

—Es síndrome de abstinencia. —El pelinegro baja de la cama superior sin hacer apenas ruido, como siempre. Esta vez no tiene nada en las manos pero lleva la chaqueta y quién sabe qué puede haber en esos bolsillos.

—¿Sabes lo que me jode cuándo haces ver que lo sabes todo? —Shizuo se gira y le da la espalda.

—Pero no lo hago ver. —Dice con algo de soberbia mientras se sienta en la cama del rubio, cruzando las piernas y mirándole con una sonrisita.

—Cállate.

—Puedo conseguir tabaco.

Por orgullo o por incredulidad, Shizuo tarda en darse la vuelta para mirar al pelinegro que, complacido, ensancha la sonrisa.

—... me da igual. —Contesta finalmente el mayor, volviendo a tumbarse de espaldas a él.

—¡Venga ya! —Ríe Izaya, empujándole hasta dejarlo boca arriba y sentándose después encima suyo.— Eres una persona orgullosa, ¿eh~?

—Y tú una molesta pulga. —Los ojos castaños de Shizuo se estrechan al sentir el peso del menor encima suyo. No quiere que sea como la primera noche que acabó... bueno, algo alterado.— Pesas.

—Qué grosero. —Bufa el pálido chico con expresión de enfado que, rápidamente, se transforma en una divertida cuando comienza a botar sobre él.— ¿Qué tal ahora? —Ríe de nuevo, apoyando las manos en el pecho ajeno.

—¡Pa-para, imbécil!

Y en un movimiento más instintivo que preparado, Shizuo empuja al pelinegro contra el colchón y se abalanza sobre él.

Izaya parece tranquilo aún sin haber previsto aquel repentino acto, pero el rubio se da cuenta de que tiene las pupilas dilatadas y respira por la boca con inhalaciones algo profundas. Saber que ha asustado a aquella pulga le da una sensación de placer increíble, tanto que no puede evitar sonreír al mirarle.

—Aun así eres predecible. —Espeta Izaya, pasándole uno de sus brazos por el cuello, haciéndole bajar la cabeza a Shizuo.

Entonces, ya muy cerca del rostro de Izaya, Shizuo se da cuenta de que el intento de camuflar que se había asustado era una treta. Que le había engañado y hecho creer que de verdad se había sobresaltado. Pero las pupilas dilatadas no eran de mentira... Entonces se le habían dilatado de... ¿placer?

Aún pensando en ello, el rubio siente una presión sobre los labios y al momento reconoce la sensación: un beso. Y parece tierno, inexperto y hasta tímido. Pero de repente se vuelve perverso y algo salvaje, tomando la participación de la misma lengua que le lame la herida del pecho todas las noches. Un beso muy Izaya.

Shizuo se sorprende a si mismo devolviendo el beso con ganas e incluso ansia descontrolada. ¿Será el síndrome de absitencia? ... ¡Por supuesto que no! No va a aceptar lo que la pulga dijera.

Pero nada le importa en ese momento más que la lengua del pelinegro moviéndose sinuosamente contra la suya, embaucadora, llevándole a su perverso terreno. Siente también las uñas casi afiladas del menor rascándole el corte del pecho, bajo la ropa, sin dejarla cicatrizar.

Dios, cómo lo odia... Pero aquello le enciende de una manera increíble, irresistible.

Coge a Izaya por los antebrazos y lo levanta bruscamente, empotrándole la espalda contra la pared. El menor se queja un poco, más por haber perdido el contacto con los labios ajenos que por el golpe recibido. Así que en cuanto puede vuelve a atrapar el cuello de Shizuo con sus brazos, atrayéndole hacia si.

El rubio, sin poder parar, empieza a rasgar la camiseta de preso de Izaya. Éste jadea en su boca, divertido, y vuelve a clavarle las uñas en la herida sangrante del pecho, colando las manos bajo su ropa.

—¿Duele, Shizu-chan? —Pregunta con la respiración agitada Izaya cuando se separa de los labios del chico.

—No. —Contesta él con voz ronca.

Izaya ladea un poco la cabeza, sorprendido por que el más alto le haya contestado. Siente sus grandes manos en la cintura, clavándole los dedos en la pálida piel a través de la ropa. También está jadeando, pero no ha llegado a romperle del todo la camiseta. Parece... parece que se esté controlando. El pelinegro sonríe. Empieza la función.

—S-Shizu-chan... —Susurra en el oído de su compañero de celda, sobresaltándole. Le rodea las caderas con las piernas y se pega más a él.— Mhh...

—Pareces una puta. —Le espeta el rubio, cogiéndole la cabeza con las dos manos, hundiendo los dedos en el cabello negro del más joven.

Shizuo, jadeando, se sorprende de que aquel extravagante chico se muestre tan sumiso de repente mientras le mira suplicante, retorciéndose contra él. Pero no le da importancia. Lo quiere y lo quiere ahora.

Estira del cabello negro y deja el cuello del informante a su entera disposición. La primera mordida es increíblemente dolorosa y hace que Izaya gima de verdad, apretando con fuerza los ojos.

Siente los dientes del rubio clavándose con fuerza en su pálida piel, desgarrándola y dejando caer la sangre. Después lame las lágrimas rojas que caen de la herida y, oh, aquello se siente tan bien. Izaya incluso se deja llevar por la experimentada lengua de Shizuo, olvidándose de su actuación por un momento.

Poco a poco, el pelinegro se va inclinando hacia el lado, llevándose al mayor por delante suyo hasta que consigue tumbarlo boca arriba en la cama. Él no huele el peligro, pues está demasiado ocupado acariciándole y sobretodo mordiendo. Por todas partes.

Embaucador, coge las grandes manos de Shizuo y las lleva más lejos de su cabello rubio. Entonces el mayor entiende que algo no va bien, pero es demasiado tarde, porque vuelve a estar esposado a la barra de la litera.

—¡Izaya...! —Gruñe la bestia viéndose atrapada, revolviéndose hasta hacerse daño en las muñecas.

—¡Pórtate bien, Shizu-chan! —Ríe Izaya, botando un par de veces sobre las caderas del rubio, que se encoge al sentir ese movimiento, totalmente avergonzado.— ¿Qué te pasa?

—¡Nada! —Shizuo aprieta los dientes. Por la sonrisa pícara del menor ya se ha dado cuenta de que sabe lo que realmente pasa.

—Ya... —La pálida mano del pelinegro se mueve juguetona por el vientre ahora destapado del rubio. Baja más y más, pasando por encima del borde del pantalón negro, llegando hasta la dureza que Shizuo intenta esconder sin éxito alguno.— Así que esto es "nada". Que nada tan divertida.

—Eres repugnante. —Sisea el mayor, mirándole con fiereza.— Podría romper las esposas y matarte aquí mismo.

—Puede. —Se carcajea Izaya, pasando la mano una y otra vez por la dura erección de su compañero de celda.— Qué duro, Shizu-chan~

—Deja de reírte de mí o te mataré de verdad.

—Interesante. —Comenta casi para si misma el otro, ignorando a Shizuo. Levanta del todo la camiseta del más mayor y deja a la vista el corte que él mismo había hecho.

—Te divierte cortar a la gente, ¿eh? —Dice de repente el rubio, con un tono que roza la burla. Eso llama la atención del informante.

—¿Qué quieres decir? —Arquea una ceja, dedicándole una mirada curiosa por unos segundos. Después presta atención de nuevo al bulto que oculta el pantalón del mayor, pasando el dedo de arriba a abajo.

—P-pues... pues que... —Shizuo se retuerce un poco. Las caricias -si se le pueden llamar así- de Izaya le desconcentran y torturan.— Ya me han dicho lo de tus otros compañeros de celda...

—Oh. —Izaya levanta la cabeza un momento, mirando los castaños ojos del rubio. Después sonríe.— ¿Eso te preocupaba?

—¡No me preocupaba!

—Bueno, pues es mentira.

—¿Mentira?

—Sí. Rumores de prisioneros. —Le quita importancia agitando la mano.

—Vaya... —Sin querer, Shizuo suelta un suspiro.

—De verdad te preocupaba algo así. ¡Shizu-chan, qué tierno~! —Empieza a reírse de nuevo el cínico pelinegro.— Te mereces un premio. —Dice de repente, parando de reír.

—Eres... eres...

Mientras Shizuo busca la palabra apropiada para describir a tal personaje, Izaya baja de la cama y empieza a rebuscar entre los archivadores amontonados. El rubio decide no prestarle atención. Ya está lo suficientemente enfadado y de verdad no quiere acabar destrozando las esposas, la litera y la cárcel en general.

Pero entonces escucha un sonido totalmente familiar, seguido de un olor que en ese momento se le antoja de rosas: el chasquido de un mechero y el aroma del tabaco consumiéndose.

Atónito, ve como Izaya se queda de pie frente a su cama, observándole con prepotencia mientras se lleva el cigarro a la boca e inhala. Cuando se aparta el cigarrillo de la boca, una mueca de asco se dibuja en sus labios justo antes de soltar el humo.

—¿Quieres? —Pregunta arrogante el pelinegro, jugando con el pequeño cilindro entre sus dedos.

—No. —Contesta Shizuo, mirando hacia otro lado para evitar la tentación.

El menor sonríe y se acerca con paso lento a la cama donde está el rubio. Se sienta de nuevo sobre él, sintiendo aún la gran erección justo debajo suyo. Mueve las caderas con suavidad y Shizuo ahoga un jadeo. Le encanta torturarle así.

Se inclina sobre el rostro del mayor y, dándole otra calada al cigarro antes, le echa una bocanada de humo sobre el rostro. Sin poder evitarlo, Shizuo aspira el humo con expresión de alivio. Pero sólo le deja con una sensación de vacío, de querer más.

—Maldito, ni siquiera te gusta el tabaco. —Dice Shizuo tras escuchar una suave tos del más joven.

—No te enfades, hombre... Ahora te daré un poco. —Una sonrisa ladina se extiende por su rostro y el rubio sabe que ya está pensando en una nueva forma de torturarle hasta el límite.

Izaya da una nueva calada al cigarrillo, pero esta vez conserva el humo. Con cuidado, se inclina hacia Shizuo y le coge la barbilla, indicándole que abra la boca. Éste le obedece y sus bocan vuelven a juntarse.

Siente de inmediato el humo del tabaco -que se le antoja delicioso- en su boca. Tras unos segundos de deleite, Shizuo entre abre los labios ante los atentos y rojizos ojos del más pequeño. Mientras deja salir el humo rozando contra su paladar con suavidad, siente que el cuerpo se le relaja de inmediato.

Está tranquilo hasta que siente un brusco movimiento sobre su entrepierna. Es Izaya, que le mira con aire algo acusativo.

—¿Qué? —Pregunta con desgana Shizuo.

—Tu nada. Ha desaparecido. —Se queja Izaya, señalando los pantalones del mayor.— Esto ya no es divertido.

Entonces el pelinegro se levanta y tira el cigarro al suelo, pisándolo después hasta que se apaga. Shizuo, con la boca abierta, ve aquello como un sacrilegio. Quiere seguir fumando.

Cuando quiere darse cuenta, Izaya parece haber desaparecido de nuevo. Entonces escucha su voz desde la cama de encima suyo:

No eres el único que tiene síndrome de abstinencia, Shizu-chan.

—¿Qué? —Pero el chico no contesta aún pasados unos largos minutos.— Oye, Izaya... ¿No me vas a quitar estas estúpidas esposas?


Tortúrale, Izaya~ (?)

Ay, me encanta ver a Shizuo sufriendo y temiendo destrozarlo todo *^*) Se contiene awnfjdksgnfsdl

Bueno, sólo quería decir unas cosa. Por si acaso(?).

Lo de Izaya abriendo la herida del pecho de Shizuo lo vi en un doujin Shizaya que encontré quién sabe dónde. Pero lo vi y me gustó.

También pensé en Starfighter con lo de el corte que Izaya le hace a los que son suyos. Aunque como habréis leído, eso sólo era un rumor raro sobre él xDDDDDDDDDDDDD

Espero que os esté gustando ´w`)/

Hasta la próxima~