Basado en "El color de la princesa", un cuento aparentemente desconocido que solo he encontrado en mi libro de 365 cuentos (si, uno para cada día del año, y no, no puedo adaptarlos todos, la mayoría sencillamente no pega). Tengo varias ideas en lista y si sobrevivo a la siguiente semana (por algún motivo el instituto decide que octubre sea el mes del terror -tal vez se contagien del Halloween-, y al doblar cada esquina te encuentras con un profesor blandiendo un examen o trabajo práctico como si fuera un cuchillo TT-TT) actualizaré con un nuevo cuento probablemente no tan conocido (eso si no me sepultan en más trabajo). Sin más, espero que les guste.

DGM no me pertenece (desgraciadamente), es obra de la inigualable Katsura Hoshino.

Pareja: Yullen

Advertencia: Yaoi - chicoxchico - Si no te gusta no lo leas.

-o-

Acabo de releer el cuento y decidí editarlo para que no quede tan cortito, espero que les guste.

El color del príncipe

En un reino muy lejano, existió una vez, un príncipe muy malhumorado. Su larga cabellera azabache era tan suave como la seda, siempre prisionera en una alta cola de caballo, sus ojos tan profundos como el océano y gélidos como hielo, sus delicados rasgos definitivamente orientales, contorsionados en una siempre presente mueca de disgusto, y su personalidad tan fuerte como una tempestad. Aunque de su boca no saliera nunca un cumplido o amabilidad alguna, su belleza y vitalidad tenía a todos encantados.

Sin embargo, en un lluvioso y oscuro día, el saludable príncipe enfermó por primera vez. Su padre, el Rey, lloraba noche y día, porque no había médico o curandero capaz de curar a su querido Yuu-kun.

Una semana después, el fiel paje del rey, que apenas regresaba de un largo viaje a otro reino, se enteró de la situación y se apresuró al castillo. El joven estaba secretamente enamorado del príncipe, así que esa misma noche entró en su recamara y lo curó con una mágica canción, un don con el que había nacido y que mantenía secreto. Tal como esperaba el paje, la enfermedad se fue, pero por alguna razón, el príncipe no recuperaba su color.

Preocupado, el muchacho fue a ver a un mago que conocía desde pequeño y que le había ayudado con su extraño don. El hombre era un tanto excéntrico pero Allen confiaba en él.

Entró en la cabaña del mago sin llamar a la puerta, pues sabía que Komui no se tomaría el trabajo de atender, estando siempre ocupado con sus experimentos... o durmiendo. En esta ocasión, la segunda opción fue la correcta. Consciente de que solo un método funcionaba para despertar al mago antes de tiempo, Allen se acercó y le susurró en el oído:

- Lenalee se va a casar – Como por arte de magia, Komui se despertó haciendo un gran berrinche e implorando a su querida hermanita que no se casase. Le tomó un buen rato a Allen hacerle entender que no era cierto para finalmente calmar al mago.

- Allen-kun, ¿qué te trae por aquí? – preguntó el mago como si no hubiera pasado nada. Acostumbrado, el joven le restó importancia y se fue directo al grano.

- Komui, quisiera ayudar al príncipe a recuperar su color. ¿Tienes alguna idea?

- Pues, existen dos soluciones: o come una guindilla o recibe un beso de amor. Con cualquiera de las dos recuperará el color de su rostro.

Agradeciéndole al mago, el paje volvió al palacio. En la cocina consiguió una guindilla y se fue a ver a su querido príncipe. Pero su misión no iba a ser tan simple, ni bien Kanda supo de sus intenciones, lo rechazó sin pensarlo dos veces:

- Ni sueñes que voy a comerme esa cosa, Moyashi, pica como el infierno – le dijo, y para enfatizar su punto, destrozó la guindilla con su preciada katana, Mugen.

Allen, sin poder decidirse por feliz o desdichado ante la actitud del príncipe, no tuvo más remedio que intentar con la segunda opción. Juntando todo el coraje que pudo, se acercó a Kanda y le dio un gran beso de amor. Tuvo mucha suerte de tomarlo por sorpresa o seguramente hubiese terminado como la guindilla, y para cuando Kanda se dio cuenta de lo que había ocurrido, el paje había desaparecido. Tocándose los labios, príncipe se sonrojó.

El rey estaba más que feliz de ver que su hijo finalmente había recuperado el color. Y para que no volviese a enfermar, decidió que Allen se casaría con él. Kanda, siendo Kanda, tenía que quejarse, pero al ver al moyashi, recordó el cálido beso y accedió.

Poco después, se celebró la boda y una gran fiesta a la que estaban todos invitados.

Cerca de la mesa donde se sirvió un inmenso banquete, Allen hablaba con el rey y los otros príncipes, Daisya y Marie. Kanda se acercó al grupo y tomando a su esposo desprevenido, lo besó. Allen, consciente de la mirada de todos, se sonrojó profusamente. Al verlo, el príncipe sonrió y le dijo:

- Parece que ahora yo te he devuelto el color, no es así, Moyashi?

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.


Quiero agradecer a todos los se tomaron el tiempo de leer esta muy humilde historia (si, reconozco que mi talento para la escritura es tan nulo como mi interés por la tarea de la semana próxima ¬¬) y que además la pusieron en favoritos ;) Mil gracias!

Si encuentran algún error (que no sería difícil teniendo en cuenta que son las 3 de la mañana...) o si saben algo de este desconocido cuento, no duden en avisarme.

LadyAlice