Los dos días siguientes fueron iguales, ese mal sueño continuaba vigente en su vida. Había despertado dos horas antes de que sonase el despertador para ir a clase, pero no se levantó hasta la hora justa. Estuvo mirando al techo, pensando en que ahora debía ir con cuidado, saber controlar ese poder, pero lo que más le había impactado de la explicación de Quika, no era todo lo que podía llegar a hacer ese poder, sino a quién perteneció y qué hizo durante su vida. Algo que llevaría presente en su mente durante toda su vida.
Fue un día como otro, el sol brillaba en el firmamento, la primavera estaba presente y ella tenía que asistir a la escuela como otra mañana. Sin embargo, había algo que le parecía completamente extraño. Ace, Luffy y Sabo no habían aparecido desde hacía dos días. La casa del árbol estaba completamente solitaria y Dadan desconocía completamente su paradero. Todo aquel misterio desconcentraba a Daenys de una forma increíble. Pero aguantaba. Si ellos no estaban presentes era porque algo había sucedido. Lo averiguaría.
Aquella mañana pasó como cualquier otra. Las clases, más aburridas de lo normal, se hicieron muy pesadas, pero con Riri a su lado todo era divertido. Ambas se pasaban las clases hablando en un idioma secreto, mientras el profesor explicaba la fotosíntesis. Con su poder, Daenys recogía toda la información en su mente, no le era demasiado difícil hacerlo, no al menos con la habilidad de la Akuma no mi.
Sin embargo, al salir de clase, le picó la curiosidad. Sabo le había estado contando que en su casa tenía una enciclopedia o algo parecido a un libro de fotos, que enumeraba algunas de las Akuma no mi existentes. Le prometió que se lo enseñaría tan pronto como fuera posible, pero nunca lo fue.
Llegó a la casa del árbol, pero al subir nada era como ella recordaba. No había aventuras, no había risas, solamente había dos niños, juntos, sentados en silencio y a oscuras. Daenys se quedó totalmente petrificada, ya que nunca había visto a Ace y a Luffy de esa manera. Intentó hablar, pero no le salían las palabras para preguntar qué había pasado. Así que, no fue hasta que Ace levantó su rostro cuando se percataron de que Daenys había llegado.
— Daenys … —Ace cerró los ojos por un instante, respiró hondo y se levantó dejando atrás a un Luffy llorón.
— ¿Qué ha pasado? Lleváis días sin aparecer por aquí. Os he estado buscando durante dos días— decía la de ojos verdes—. Además, ¿dónde está Sabo?— al escuchar aquel nombre, el de pecas desvió su mirada tristemente hacía Luffy, que lloraba sin cesar—. No me digas que hizo aquello que tenía pensado hacer … —Ace asintió con la cabeza.
— Intentó escapar. No aguantaba aquella corrupción, ni mucho menos que destruyeran Gray Terminal. Cogió un bote, con una bandera pirata con su insignia, pero la suerte no estuvo de su lado—el tono de su voz sonaba cada vez más amargo—. Pasó por delante del barco de un Tennryubito, y para ellos un barco pirata significa que es un enemigo. Lo bombardearon … sin piedad.
Al escuchar aquello, la de ojos verdes se llevó las manos a la boca. Asustada, se arrodilló en el suelo, temblorosa. ¿Cómo alguien era capaz de hacerle daño a un niño? Era totalmente absurdo que Sabo pudiera causar algún tipo de peligro; negaba con la cabeza continuamente mientras Ace la miraba de manera triste.
— Sabo no hubiera querido que estuviésemos así por él … — la agarró de los hombros para levantarla—. Hay que llevarle en el corazón. Siempre.
Daenys se quedó por unos segundos observando a Ace. Su rostro era totalmente pálido, habría pasado horas llorando en soledad, pero aún así, mostraba un carácter fuerte, responsable y para nada infantil. Todos sabían que Sabo no volvería, pero ellos podrían llevar a cabo la vida que él deseaba. Una vida de libertad, de derechos, de terminar con la injusticia mundial y con la desigualdad. Era obvio que, de una manera u otra, se encargarían de darle fruto a esos sueños revolucionarios que tanto habían despertado en Sabo.
… Siete años después …
Estaba ansiosa. Movía desesperadamente la pierna derecha mientras escuchaba a la profesora de Biología. Tenía ganas de que sonara el timbre para salir disparada hacia el bosque y poner en práctica todo lo que había aprendido durante esas semanas. Quería mostrárselo a ambos. Quería probar su potencial.
Al final, sonó.
…
Movía la cabeza una y otra vez, negando lo que Luffy hacía e intentaba demostrar. Paraba sus puños con las palmas de su mano y ni si quiera se acercaba a rozarle. Esquivó uno de esos puñetazos de goma, para después agarrarle por el brazo y tirarlo al suelo.
— Oi, ¡eso no vale!— se quejaba Luffy.
— Pero, ¿cómo que no? ¿Desde cuándo está prohibido hacer esto?— le reñía Ace cruzado de brazos.
De repente, se puso tenso y reprimió un grito de dolor al recibir una patada en el estómago que le envió hasta el tronco del árbol de la cabaña. Escuchó a Luffy reír triunfante, no obstante, no fue él el causante de dicha acción. Abrió los ojos cuando el dolor ya había cesado, y se percató de lo que tenía ante él.
Daenys había llegado. Hacía tiempo que no le veía, pues él y Luffy se perdían por el bosque para luchar contra animales salvajes, además de entre ellos. Tan solo habían pasado unas semanas, pero la ausencia de la de ojos verdes se había notado muchísimo, al menos para él.
Desde que murió Sabo. Daenys había sido uno de los pilares fundamentales para reprimir el dolor. Luffy era demasiado descuidado, muy llorón e infantil, aunque no era de extrañar que perder a un hermano causara tal dolor. Sin embargo, a pesar de que al principio Daenys casi cae en la tentación de estar como Luffy durante semanas, eligió otro camino. Un camino muy parecido al suyo. Se había esforzado en comprender que no se podían cambiar los hechos del pasado, pero sí del futuro, algo que Ace reconocía totalmente y admiraba de ella.
Ahora, todos habían crecido y asumido que él se había ido.
— ¿De qué vas?— dijo Ace mientras se acercaba a ellos—. Estaba entrenando con Luffy. Nada que ver contigo— siempre se mantenía firme con ella.
— Se supone que esto es cosa de los tres. Prometisteis que me dejaríais entrenar con vosotros cuando volvieseis del bosque. Yo también he estado preparando cosas que os pueden sorprender— se enfadó mientras ponía ambas manos en su cintura—. Además, se supone que tú— señaló al susodicho—. Deberías volver más fuerte de tu duro entrenamiento, ¿no crees?
— Eso, eso.— gritaba Luffy.
— Tú cállate— enfureció el de pecas—. Bien, entonces, a ver. ¿Qué quieres mostrarnos?
— Vale. En primer lugar, necesito que ambos me ataquéis para comprobar si puedo— ambos hermanos asintieron con la cabeza mientras se abalanzaban contra ella.
Esquivaba cada uno de sus puñetazos, patadas y brazos de goma de Luffy. Se concentraba en adentrarse en su mente y prevenir sus movimientos, para así detenerles. Se agachó para evitar una patada de Ace, que iba con potencia. Al levantarse, intentó golpearles, propinándole un duro puñetazo a Luffy en el rostro. Sin embargo, golpear a Ace era difícil, era muy bueno esquivando también, pero lo intentaría.
Al final, lo consiguió. Le propinó otra patada, pero no fue tan efectiva como la anterior. Lo volvió a intentar con sus puños, pero entonces, Ace los sujetó con fuerza impidiendo que pudiera moverlos y quedándose totalmente cerca. Él dibujo una sonrisa triunfante mientras ella pretendía escapar.
Al mantenerse tan juntos, Ace se dio cuenta del hermoso rostro que poseía su compañera. Unos ojos verdes enormes, ningún rasguño por la cara, unos labios carnosos, además de unas manos totalmente finas que parecía casi imposible que propinaran puñetazos. También se fijó en su largo pelo ondulado, y esos mechones que se le escapaban por el lateral del rostro, dándole un perfecto acabado.
Pero al final, se separaron.
— Podría haberte dado— gruñó la de ojos verdes.
— Podrías, pero no lo has hecho— respondió malmetiendo Ace.
…
Llegó la noche al Monte Cuervo, y con ella, la hora de dormir. Estaba en su habitación junto a Luffy, que ya estaba durmiendo plácidamente en un cerrar y abrir de ojos. No obstante, él no tenía sueño, ni apenas se encontraba cansado a pesar de haber sido un día completo y agotador. Prefirió salir a ver el cielo estrellado, pensar en el futuro y en lo que se avecinaba, pues dentro de dos días se marcharía en busca de su destino y sus sueños: ser pirata.
Había pasado más de media vida imaginándose ese momento, pero pronto llegaría. Sin embargo, todavía no se lo había comentado a Daenys, aunque esta sabía que su deseo principal era salir al mar. Dudaba en cómo hacerlo.
…
Estaba harta de hacer ejercicios de matemáticas. Se encontraba en el escritorio de su habitación, calentándose la cabeza con uno de ellos. Eran las once de la noche y estaba completamente cansada, pero debía terminarlos. Aun así, giró la cabeza por un momento y encontró las siglas ASL. Su nombre no aparecía ahí, pero sabía que formaba parte de ese grupo. Esos compañeros que le hicieron seguir con su vida y vivir aventuras.
Ahora, ya habían crecido, y aunque no estaban todos, se mantenían unidos como al principio. Recordó cuando les conoció, su primera impresión de Luffy fue la de un niño demasiado inocente, todo lo veía con diversión y aventura, pero al mismo tiempo era una persona con un corazón noble, con el que se podía confiar a pesar de las circunstancias. De Sabo, solo podía decir que era un amor. No lo había conocido tanto como a los otros dos, pero con lo poco que tuvo, supo que era una persona con grandes sueños, inteligente y capaz de darlo todo por sus amigos, alguien que desearía haber podido tener en su vida.
Y, ¿de Ace? ¿Qué iba a decir de aquel arrogante, duro y difícil niño con el que se topó la primera vez? A primera vista, no era una persona de semblante agradable, costaba mucho llegar a su corazón, pues había de cruzar miles de puertas y derrumbar la piedra que rodeaba su cariño. Sin embargo, con el paso de los años, era la única persona con la que se quedaba sin palabras, con el único con el que podía hablar de algo que realmente le preocupaba. Ace se había convertido, en ciertas palabras, en una de las personas más especiales de su vida.
Dejó de pensar por un momento. Algo sonaba en la ventana de su habitación.
