Respuestas a reviews:
Lucy: Muchas gracias por tu lindo comentario :3 me alegra que, después de todo, sigas entusiasmada con la historia y te hayas animado a comentar, ¡eso me hace muy feliz!
Liliana: ¡Hey! Espero que el fic te vaya gustando cada vez más, muchas gracias por el lindo comentario :3 prometo no dejarlos otros dos años jajaja.
¡Holaaa!, ¿cómo están? Espero que estén de maravilla, de verdad, sobre todo porque ya estamos a tres días de concluir el año. El tiempo se pasa volando, ¿eh?
Bueno, como les había dicho, he cambiado el título de la historia y esto se debe a que el otro día, vagando por internet, me topé con la información acerca de cómo las personas que leen las cartas descubren lo que te depara el futuro. Leyendo un poco más, encontré algunos significados interesantes para cada carta, pero uno que llamó en especial mi atención fue el siguiente:
Rey de picas: simboliza la entrada o la intervención de una persona conflictiva en la vida del consultante. A su vez, el rey de picas tiene el poder de hacer daño o el mal, y de jugar una parte importante en el destino de los demás.
Así que ahora saben por qué he decidido ponerle este nombre al fic. Aunque bueno, ¿quién será el rey?, ¿Steve?, ¿otro personaje? Eso ya queda en cada quién.
Volviendo al tema del fic, les diré algo que se me había escapado. A Steve le gustará muchísimo el arte, será una de sus grandes pasiones, así que trataré de ahondar en esos temas, sobre todo en la pintura y la música clásica, por lo tanto nos vamos a ir encontrando con obras a lo largo de los capítulos. A mí me encanta investigar de dónde viene cada cosa, así que les iré brindando notas culturales en los capítulos. No crean que son cosas inventadas, eso sí me pongo a investigarlo para compartirles un plus de cultura.
En este capítulo abordaremos una excelente pieza compuesta por el increíble Bach, titulada La pasión según San Mateo. Pueden encontrar la pieza completa en Youtube, les dejaré el link de todas formas por si quieren escucharla cuando aparezca en el fic o ponerla de una vez para deleitarse mientras leen.
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Hay un párrafo sobre Bach en este capítulo que, literalmente, copié de un blog que encontré, así que les dejo el link por si quieren ampliar un poco más la información:
opinion/pasion-segun-san-mateo
Sin más les dejo el capítulo con la debida advertencia de que los personajes de Marvel no me pertenecen. La segunda advertencia es que se tocan temas un tanto religiosos que pueden herir la sensibilidad de algunos de ustedes, espero no molestarles.
Capítulo 3. La propuesta.
"Porque ¿qué aprovechará el hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?"
(Mateo 16:26).
Ni siquiera deja que Bucky le explique. Se niega a escuchar al perro de ese maldito gánster que tiene a Howard. Está enojado, sí, muy enojado. Pero también tiene miedo. Siente un miedo terrible por lo que le puedan hacer al viejo, él ya no está para soportar todo eso con la enfermedad que se carga. Él no… Diablos. Está jodidamente desesperado y no sabe por dónde carajos van, pues la limusina es de espejos oscuros y no puede ver absolutamente nada más allá de luces que cada vez van perdiendo la frecuencia con la que aparecen. Sólo ruega porque no sea una de esas trampas como en las películas de matones donde a uno lo llevan con mentiras a los acantilados y les disparan, o los queman, o los entierran vivos, o los mutilan, o… basta. Ha estado viendo demasiadas películas sangrientas últimamente y eso es lo que le causa estos problemas demenciales. Steve no se ensuciaría las manos con él por lo que ha hecho… ¿o sí? Son simples fotografías que no han pasado a una verdadera investigación, solo eso.
Su mente está haciéndose mil ideas en la cabeza, como siempre ocurre, y cuando está pensando en cuánta tortura física podría soportar su cuerpo, la limusina se detiene y luego la puerta a su costado se abre. Él se baja del coche casi corriendo, como si estuviese en llamas, y lo primero que puede distinguir bajo la penumbra es la sombra de un hombre, una sombra alargada con silueta elegante, entonces lo reconoce: es Steve. Sin pensárselo dos veces corre rápidamente hasta el sujeto y casi le brinca encima cuando le da alcance.
—¡¿Qué le has hecho a mi padre?!, ¡¿Dónde lo tienes, maldito bastardo?! —comienza a gritonearle mientras lo sujeta por las solapas de su inmaculado traje oscuro. Steve está de pie frente a él, sin mover un ápice del cuerpo o el rostro a pesar de lo que Tony está haciendo, y luce completamente relajado, con un cigarrillo en la boca y ambas manos en sus bolsillos. Tony está a punto de gritarle más improperios cuando siente un frío horrendo recorrerle la columna a causa del metal que choca ligeramente contra su nuca: la fría e indistinguible sensación de un arma. Ni siquiera va a girar, pues sabe quién le ha puesto la pistola en la cabeza.
—Suéltalo, o te mataré. —dice Bucky detrás de él con un susurro que no suena como amenaza, pero que claramente lo es, al mismo tiempo que corta cartucho. Una pistola con silenciador acabaría con su vida y no haría el menor ruido, como la hoja de un árbol que aterriza en el asfalto. Nadie se daría cuenta. Tony suelta al rubio lentamente, todavía un poco trastornado por la sensación del arma en su cabeza. La sangre le bombea fuertemente y retumba en sus oídos, y quisiera echarse a llorar porque nunca, en su corta vida, había sentido esto. La impotencia de no poder hacer nada porque si mueves un dedo, tu vida se esfuma.
—¿Dónde está mi padre? —murmura, derrotado, incapaz de ver a Steve a los ojos. Está mirando sus zapatos fijamente, los lujosos y malditos zapatos de un hombre que quién sabe cuántas veces ha ensuciado de sangre. Sus manos cuelgan casi inertes a los costados de su cuerpo, y el arma contra su nuca se entierra un poco más en su cuero cabelludo, presionando, amenazando. Él traga duro y respira profundamente.
—Adentro, niño. —es lo único que dice Steve con su gruesa e inconfundible voz, mientras se saca el cigarrillo de la boca con un gesto elegante de la mano. Su brazo izquierdo se mueve con agilidad por el aire y toma como si nada la punta de la pistola que amenaza a Tony por la nuca— Es suficiente, Bucky. Ya entendió. —y el castaño siente como, detrás de él, el arma se tambalea un poco, indecisa, pero finalmente se retira y le da la libertad de respirar. Escucha el ligero movimiento de ropa y está seguro que el arma que lo amenazaba hace tres segundos ahora pende del cinturón de su portador— Ve a buscar a tu padre. —Steve le da un ligero golpe en la frente con un dedo a Tony, quien sale de su pequeño letargo y lo mira con unos ojos vacíos. Steve le señala a la izquierda con un movimiento sutil de su cabeza.
Tony no quiere decir nada porque si mete la pata, esta vez lo que encontrará será la muerte. Dios, no puede creer que solo por haber agarrado a Steve y zarandearlo un poco el otro -su perro o guardaespaldas o lo que sea- se haya puesto así. Aunque bueno. Es su deber proteger al jefe, después de todo. Así que comienza a caminar y alza la vista: es un maldito hospital. ¿Qué ha pasado con Howard? Quiere preguntar, pero no puede hacerlo en este momento, así que no vuelve la vista atrás, él sigue andando cada vez más rápido, casi corriendo. Si Steve dice "mátalo" está seguro que Bucky-así escuchó que se llamaba- va a sacar su pistola y le disparará sin siquiera preguntar por qué. Así funciona su mundo.
Entra a la recepción casi a trompicones y pregunta por Howard Stark. La señorita que atiende lo ve con una ceja alzada, pero no dice nada. Piensa que está espantado porque ha recibido una mala noticia, pero ella no se imagina que hace menos de cinco minutos tenía un arma apuntándole a la cabeza. Un arma que estaba dispuesta a dejarlo tendido en el suelo con la sangre saliendo silenciosamente por el hoyo de su cráneo. El pensamiento le da náuseas.
—Habitación 206, segundo piso a la derecha. El elevador se encuentra al final de este pasillo. —ella le indica con voz firme, como quien da la hora a un extraño en la calle, entonces lo mira mejor y dice, resuelta: —Las cámaras están prohibidas, pero los lockers se encuentran casi al lado del elevador. —le da un carnet con el sello de visita, después señala la dirección que debe tomar y Tony obedece.
o.o.o.o.o.o
—Ese crío está loco. —Bucky suspira y se pasa la mano metálica por los mechones rebeldes que se han salido de lugar. Maldito niño bastardo, tuvo que correr como endemoniado cuando lo vio salir de la limusina dispuesto a atacar a Steve. ¿Qué hubiera pasado si el mocoso llevara un arma, o una navaja? Podría haber matado al Capitán y habría sido enteramente su culpa. No solo lo matarían si Steve muere, él se suicidaría. No puede imaginar una vida sin Steve, sin su hermano.
—¿Acaso no le dijiste? —pregunta Steve, todavía impasible, como si el gesto de Tony lo hubiera estado esperando desde que lo vio salir del coche. Él está mirando al cielo, observando la luna, Le gustaría que hubiera estrellas, pero esta noche ellas han decidido no aparecer para él.
—No quiso escucharme, dijo que quería hablar solo contigo. —Bucky se encoge de hombros— "No hablo el idioma de los perros", me dijo. —imita la voz de Tony en un tono chillón, frunciendo el ceño, enojado—. Si no cierra la boca, lo único que terminará ganándose será un disparo entre las cejas. —dice, y saca también un cigarrillo de su chaqueta negra, luego frota sus manos y sus brazos. La noche es fría.
Steve hace una mueca, parecida a una media sonrisa— Sí, ese niño es insensato. Me gusta. —le da dos caladas más a su cigarrillo, lo tira y lo apaga pisoteándolo contra el asfalto. La gente que trabaja para él y lo traiciona es como un cigarrillo: ellos arden en su máximo esplendor, y se consumen poco a poco, pero cuando comienzan a quemarle los dedos, él los pisotea.
—¿Así que empezarás a hacer caridad con este niño, como tu padre? Queriendo sacar diamantes del carbón, ¿eh? —Bucky se burla un poco, dándole un ligero golpe a Steve en el hombro. Éste se ríe suavemente y niega con la cabeza un par de veces, entonces se enfunda nuevamente los guantes negros de piel que había guardado en su bolsillo, se echa el cabello ligeramente hacia atrás, y cuando está listo mira nuevamente hacia la luna antes de decir:
—Tengo planes especiales para él. —
Y sin más se aleja, con paso elegante y decidido, simulando el caminar de una pantera. Bucky lo ve perderse en la oscuridad y luego mira al cielo, como Steve lo estaba haciendo. Y sonríe al ver la primera estrella de la noche hacer acto de presencia en la ciudad.
o.o.o.o.o.o
—Está durmiendo desde hace una hora. —es lo primero que dice Tony después de que Steve se sitúa a su lado, con una presencia que es imposible de ignorar. Ambos miran a través del espejo cómo Howard duerme tranquilamente en una lujosa habitación, con el suero dándole energía vía intravenosa. Luce cansado, agobiado, más viejo, incluso, de lo que Tony le recuerda. —¿Qué pasó? —le cuestiona, con un deje de angustia que no quiere dar a notar pero que el rubio identifica sin siquiera mirarle. No le conmueve en absoluto.
—Se desmayó cuando iba cruzando una avenida. Mi chófer casi lo atropella, así que pedí una ambulancia y lo auxiliamos hasta aquí. Cuando supe quién era le pedí a Bucky que fuera por ti. —dice con su voz grave y sensual que a Tony le eriza la piel.
—¿Cómo sabes la dirección de mi trabajo? —cuestiona, pero Steve le dirige una mirada de suficiencia y Tony sabe que es tonto preguntar eso. Por supuesto que el rubio lo sabe, es obvio. Y si no lo sabe seguramente tiene un equipo para investigar toda su vida en menos de diez minutos. Todo listo para él, siempre— Gracias por traerlo, no sé qué le hubiera pasado ahí. —suspira. No quiere sentirse débil frente a este hombre, pero es inevitable el deje de vulnerabilidad por la situación. No quiere pensar en las posibilidades. ¿Y si un coche le hubiera pasado encima?, ¿y si no hubiese sido un desmayo, sino un infarto? — Esperaré a que despierte y me lo llevaré. No puedo pagar esta clínica. —dice, resuelto. Seguramente en la clínica general de la ciudad lo atenderán bien. Esto es demasiado lujo, Cristo. Cada noche aquí le sacará un ojo de la cara. Y no quiere pensar en los estudios, los análisis, todo lo demás.
—Pasará la noche, ya está pagada. —comenta el rubio como si del clima se tratase, mientras se acomoda los mechones rebeldes hacia atrás, esos que han decidido escapar de su peinado impecable—. Permanecerá en observación dos días más y se irá a casa. —se recarga contra el vidrio, dándole la espalda a la visión de Howard y se afloja un poco la corbata—. Correré con los gastos médicos. —se queda mirando la pared blanca que se yergue frente a él, metiendo ambas manos en los bolsillos de su pantalón oscuro.
—Dios, no. No, no. Yo no… ¿cómo voy a pagarte esto, joder? Cristo, yo… —Tony respinga, porque esto no es precisamente de lo que estaba hablando. Él no quiere estar en la palma de Steve a su disposición, no puede. Eso significaría cosas que él no quiere ni imaginar. Deberle dinero a este gánster sería venderle su alma al diablo. Y conseguir el dinero en tres días es muy poco tiempo, no conoce a alguien que tenga una cantidad tan grande de dinero. Pero sacar a Howard de ahí viendo las condiciones, sabiendo que en su casa no puede hacer nada, y que en el hospital de la ciudad no lo tratarán mejor tampoco es la mejor opción. No viendo a su padre tan enfermo.
—Ve a dormir, niño. Tu padre no despertará hasta mañana. —dice el rubio, despegándose del vidrio y mirando a Tony fijamente. El castaño puede ver sus hermosos irises azules atravesándolo, pero no ve nada más allá, es algo vacío, no le transmite ningún sentimiento. Steve no está compadeciéndose de él, Steve no está haciéndole un favor, Steve solo está esperando. Él está maquinando algo en su mente y Tony lo sabe ahora. Steve está esperando a que él lo diga.
—¿Qué quieres de mí? —se atreve a preguntar y entonces nota el cambio en las facciones masculinas del hermoso espécimen frente a él. El ojiazul sonríe lobunamente, y sus ojos parecen destellar con un interés propio y palpable. Entonces se acerca un poco más, lentamente, casi como un lobo olisqueando a su presa. El castaño cierra los ojos fuertemente porque solo puede pensar en que ese loco va a violarlo ahí mismo; en su lugar, Steve le pone suavemente una tarjeta de presentación entre los labios y Tony abre los ojos. Están a cinco centímetros de distancia y le llega el ligero aliento de tabaco revuelto con coñac cuando Steve le murmura:
—Te espero mañana a las nueve en punto. —
Después se aleja por el pasillo con paso suave y Tony puede jurar que sus rodillas están temblando mientras mira una dirección en esa tarjeta de papel.
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Dos horas después, y pálido por la grandísima cantidad de dinero por lo que va del día y la noche, Tony sale lentamente por la puerta principal del mejor hospital de Nueva York, el hospital presbiteriano de la gran ciudad. Él jamás podrá conseguir todo ese dinero, jamás.
Si saca a Howard de ahí esta noche, las cosas van a empeorar porque aún no está completamente estable, y él lo sabe. En casa no tiene lo necesario, y en un hospital cualquiera tienen apenas los recursos mínimos para tratarlo. No es como si Howard fuese a vivir mucho tiempo más, pero Tony no quiere que lo haga sufriendo. No quiere que Howard, el hombre que siempre se jactó ser de hierro, se derrumbe por algo como el dolor causado por el cáncer.
Trata de evaluar la situación. Trata de pensar, de encontrar la mejor opción. Él trata, trata, trata… pero por más que lo intenta no puede. Su trabajo es mal pagado, no gana demasiado en la revista con Nick, haciendo trabajos extras por fuera tampoco ganaría mucho, la competencia es enorme y el cliente siempre prefiere el trabajo más barato. Él no quiere eso, no quiere malbaratar su trabajo. Aparte de la enfermedad de Howard está la renta de cada mes del apartamento, la luz, el agua, la comida, las medicinas de su padre… la vida es difícil y a él se le están cerrando los caminos.
—¿Ya vas a entrar o cierro la puerta? —escucha a lo lejos. Al alzar la mirada se encuentra con los ojos verdes de Bucky, quien le está viendo con una media sonrisa burlona. Él no entiende hasta que ve cómo el otro sostiene la puerta de la limusina. Está recargado en el coche, fumándose un cigarrillo, observándole como un búho.
—¿Ahora sí me llevarán a un acantilado para deshacerse de mí? —cuestiona roncamente, más resignado que a la defensiva. Bucky, por primera vez desde que Tony le ha visto, suelta una carcajada llena de diversión y sostiene el cigarrillo con dos dedos para que no se le caiga. Tony se acerca lentamente, aún precavido.
—Ya no veas tantas películas malas de gánsters, mocoso. Nuestro mundo funciona diferente. — le dice, aún con un deje divertido en la voz. Mira cómo Tony se acerca con paso vacilante y alza una ceja.
Tony dice: — ¿Quieres que confíe en ti? Hace rato me apuntaste con la pistola en la nuca, ¡en la nuca! —le reclama.
—No tienes permitido agredir al Capitán. —dice el otro secamente, como si fuera un código aprendido de por vida. No hay emoción en su voz, pero sí una firmeza y lealtad que a Tony le da miedo. Le da miedo y le da curiosidad al mismo tiempo. ¿Es Steve un buen jefe?, ¿o a infundido ese pensamiento en sus fieles seguidores a base de amenazas? No lo sabe, y no quiere descubrirlo.
Sin pensarlo muy bien se mete en el auto y luego Bucky cierra la puerta con un ligero azotón. Le da dos indicaciones al chófer y se mete del otro lado del asiento donde va Tony, sin decir ninguna palabra. La limusina arranca con velocidad promedio tranquila lo suficiente para deslizarse con rapidez por la gran ciudad, pero sin llegar a cruzar los límites especificados.
Tony va a preguntar cómo sabe en dónde vive, pero se muerde la lengua porque es obvio que Steve y su perro fiel, Bucky, lo saben.
o.o.o.o.o.o.o
Steve se quita la corbata con un tirón suave pero firme de su mano derecha y se deja caer en el sofá de cuero de la oficina. Los últimos días han sido completamente agotadores y necesita relajarse, y él quisiera estar en algún otro lugar pero sabe que necesita dormir. Le gustaría estarse follando un culo duro, bien torneado, mujer u hombre, le da igual. Sacarse la poca energía que trae en su sistema mientras se la mete a alguien para poder dormir plácidamente por al menos cuatro horas antes de que sus pesadillas lo despierten, pero hoy no. Hoy tiene que trabajar y ponerse al día con los negocios, y después, pensar bien qué hará con ese niño llamado Tony.
Es casi media noche, pero sabe que tiene pendientes y éstos no pueden esperar más. Se levanta, va hasta su tocadiscos clásico y, prendiéndolo, se dirige a su bar personal y ve sus botellas, analizándolas, mientras al fondo suena La pasión según San Mateo, por el gran Bach. Finalmente se decide por un buen vino del 96, desea saborear su dulzor agrio con esa increíble música.
— "Cuando escuchaba La Pasión según San Mateo, de Bach, el sombrío y poderoso fulgor del dolor que irradiaba aquel mundo misterioso me inundaba con estremecimientos místicos". —Steve cita una frase de Demian, libro escrito por Hermann Hesse, mientras se sirve un poco de vino en una copa de cristal cortado y vuelve a sentarse en su sillón. Se quita el saco y desabrocha su chaleco, después se quita los zapatos y cierra los ojos, disfrutando de la música, del increíble coro, de la majestuosidad de una obra maravillosamente ideada. Él piensa que le hubiera gustado trabajar en algo como esto: el arte le mueve, le hace sentir que está vivo, que su corazón no está del todo perdido y que, a través de la pintura y de la música, aún puede encontrar la salvación. ¿Es Dios apegado al arte?, ¿Ha hecho Dios al hombre a su imagen y semejanza o lo ha ideado como una obra de arte imperfecta pero real, que retrata lo mejor y lo peor de él al mismo tiempo?, ¿es Dios un crítico del arte, acaso?, ¿se arrepiente de su maravillosa idea de haber creado al hombre, quien lo traicionó y juzgó, y lo clavó a una cruz de madera y le hizo padecer hasta la muerte?, ¿Ha Cristo perdonado a su padre por haberlo abandonado cuando más lo necesitaba?, ¿Es Dios justo, como tanto se dice, o es sólo un soberbio que quería demostrarle a la humanidad, a través de su hijo, que por más que el hombre lo intente, no puede igualarlo?
Steve imagina que está en la casa de Dios, la iglesia, y que éste se le aparece y Steve puede hacerle todas esas preguntas. ¿Qué respondería Dios?, ¿se tomaría el tiempo para decirle unas palabras o simplemente lo vería fijamente a los ojos?, ¿podría Dios hablar con alguien como él: un pecador? La bestial inspiración que le causa esta increíble pieza de música le da miedo, pavor, pero también le incita, abre su corazón y lo transforma. Es un remolino de emociones.
Lo descoloca el sonido de su celular, vibrando y timbrando en el bolsillo de su pantalón. Él gruñe y abre los ojos de mala gana, y jura que si es alguna estupidez, mañana se las pagarán. Pero, oh sorpresa, es justamente quien no se esperaba a esta hora, pues el tiempo se le ha ido volando y es casi la una de la mañana cuando mira su reloj de mano.
—Buenas noches, padre. —contesta con tono cortés, un tanto reacio todavía a apagar su tocadiscos.
—Bach, quién lo diría. Ahora sé por qué no habías llamado antes. —dice la voz grave que suena al otro lado de la línea telefónica—. Bach escribió la obra que escuchas a pesar de saber que su majestuosidad era casi imposible de montar. La ciudad donde trabajaba no podía ofrecerle lo que necesitaba: tres coros, dos orquestas y seis solistas. Era tan difícil de interpretar esta obra en Leipzig, que Bach solo pudo oírla completa tres veces, quizá cuatro, en su vida; siempre quejándose de los músicos. Sin embargo, era consciente de haber creado algo grande. —
—Fiu. —Steve chifla, entre sorprendido y divertido por la información que acaba de recibir— Nunca pensé que te gustara tato Bach como para identificar la obra aún a pesar de estar del otro lado de la línea, y para darme este pequeño plus de información. —
—No te olvides quién soy. —responde la voz del otro lado—. Incluso a ti, que crees saberlo todo, te faltan años para poder rozarme los talones en esta carrera de velocidad, hijo. —
—Lo sé, Padre, lo sé. —afirma el rubio, pasándose la mano por el rostro para desperezarse. Luego se alborota los cabellos y algunos terminan cayendo rebeldemente sobre su inmaculada frente— ¿A qué debo esta especial llamada después de media noche? —cuestiona, subiendo ambos pies descalzos en la mesilla de su elegante salón.
—No fuiste a verme al hospital.
—No estabas ahí cuando llegué. Te dieron de alta antes y no me avisaste. —le recrimina, un poco ofendido. Podría haberse ahorrado el camino y quedarse a trabajar en la oficina, y ahorita estaría jodiéndose a alguien por ahí, follando como un maldito poseído, pero no. Ha perdido todo el día en el hospital.
—Y en su lugar, has internado a un viejo desahuciado que te encontraste en la calle. Dios tendrá misericordia de ti cuando te encuentres frente a sus puertas. — menciona burlonamente el hombre del otro lado del teléfono. El rubio preguntaría que cómo sabe eso, pero bueno, su Padre lo sabe todo -o casi todo- así que prefiere ahorrarse la perorata— Tu corazón aún es débil frente a las circunstancias. Te conmueves demasiado rápido con la gente indefensa. —la voz suspira lastimosamente, casi como si estuviera decepcionado, y retoma las palabras, segundos después: —Cuando tú ves un pájaro que no puede volar, el primer instinto que tienes es ayudarlo, ¿sabes cuál es el mío? Aplastarlo. Esa es la diferencia entre nosotros, pequeño Stevie.
—No me digas así. —gruñe de mal humor por sentirse reprendido por el hombre que le ha educado casi toda su vida. Al fondo la música sigue sonando, pero él ya no está relajado. Sus hombros están levemente tensos, un poco acartonados. Siente la necesidad imperiosa de azotar su teléfono contra la pared para cortar la llamada y que le dejen en paz para seguir bebiendo el vino y disfrutando su música. No puede, ni debe hacerlo, por supuesto. Le costará muy caro hacerle una grosería como esta a su Padre.
—Te espero mañana a medio día para desayunar juntos. Necesitamos ver cómo marchan los negocios y quiero, por supuesto, saber qué es lo que está pasando en uno de tus clubes. He leído la nota amarillista. —
—No es nada de qué preocuparse, me estoy encargando de eso. Y sí, ahí estaré. —responde el ojiazul, un poco mosqueado ya. Ese estúpido niñito le ha traído problemas con su Padre. Estaba casi esperando un milagro para que él no se enterara, pero le ha salido el tiro por la culata. Schmidt lo sabe, y le hará remediar este pequeño desliz.
—Muy bien, buenas noches entonces. —dice el hombre del otro lado de la línea, y cuelga, sin siquiera esperar qué tiene que decir Steve. Siempre ha sido de esa manera, él da una orden y los demás lo siguen. Es un árbol de poderes y Steve no es la copa del árbol.
—Buenas noches. —murmura el rubio al aire, arrojando el celular en el sofá.
Él mira hacia el gran ventanal de su salón en penumbras y a lo lejos observa las luces de la ciudad, y más arriba, el cielo oscuro. El manto que cubre esta noche está iluminado por pequeños destellos brillantes y la luna pende él, con un hilo transparente sosteniéndola, brillante y hermosa como siempre. Steve piensa en los montajes de las obras de teatro de las primarias. Él nunca fue a la primaria ni hizo amigos. Su educación comenzó y terminó en la universidad, donde por fin conoció gente más allá de sus límites y de los negocios de su Padre. Cierra los ojos y espera que la paz vuelva a ceñirse sobre su cuerpo y su mente, y poder conectar de nuevo con la música, pero la atmosfera se ha roto, y todo lo que puede pensar Steve es en los azotes, los golpes, las cachetadas, las quemaduras con el cigarrillo en la espalda. En la tortura. "Tienes que entender quién manda, Steve. Por las buenas o por las malas".
Él es un perro entrenado para obedecer y matar.
o.o.o.o.o.o
Respira profundo una, dos, tres veces.
Se adentra con paso temeroso a través de las grandísimas puertas de cristal, que se mueven con facilidad cuando él las toca. No sabe a dónde ir, no puede ni siquiera imaginar cuántos filtros de seguridad tiene que pasar para poder ver a Steve. A ese maldito gánster que le jode la vida.
Su primer paso es caminar hacia la recepción, como cualquier persona haría. Se sitúa frente a la mujer que está tecleando sin parar, haciendo algo importante al parecer, y carraspea para llamar su atención.
—Buenos días, busco a Steve. —dice Tony casualmente, con cortesía, pero con el tinte coqueto de su voz que sabe vuelve locas a las chicas. La mujer del otro lado le mira brevemente, no se inmuta ante su presencia, después sigue tecleando y le pregunta su nombre: —. Anthony Stark. —él dice, con petulancia.
—El señor Steve Schmidt Rogers le recibirá en su oficina. Por favor, teclee el número 55 en el elevador. —ella le indica sin dejar de ver la pantalla frente a sus ojos, pero en cuanto Tony se gira dándole las gracias y caminando hacia el elevador, la mujer le observa de arriba abajo con la ceja alzada. ¿Qué hace un niño en un lugar como ese?
Bueno, el primer paso ha sido superado, pero falta todo lo demás. Y no quiere ni imaginarse cuando se encuentre cara a cara con Steve, con ese sujeto que le pone de los nervios y le eriza la piel.
Sube al elevador y hay un hombre del otro lado, esperando su indicación para marcar el número. Cuando él le dice "55" el sujeto de inmediato le pide su nombre y, tras verificar en una pequeña lista que trae consigo que está escrito, le pide que alce las manos para revisarlo por completo. Tony obedece y deja que le hagan un chequeo rápido para asegurarse que no trae nada que pueda atentar con la seguridad del jefe. Entonces comienzan a subir en el elevador privado y Tony tiene náuseas y siente miedo. ¿Y si paran el elevador y lo matan?, ¿y si se suben más hombres, y entre todos le propinan una golpiza?, ¿y si…?
El elevador se detiene y las puertas se abren. Tony sale a un pasillo extremadamente lujoso, que parece más la recepción de un hotel de cinco estrellas que de un corporativo de negocios. El hombre le dice que ese es el piso que buscaba y vuelve a cerrar las puertas del elevador antes de que Tony se arrepienta y se vaya. Jodido. Está JO-DI-DO.
Hay una mujer del otro lado de esta nueva recepción, que deja de teclear inmediatamente cuando le ve. Tony se acerca, dudoso todavía, un poco indeciso, un poco intimidado, un poco cagándose del puto miedo.
—Tony, bienvenido. El capitán te espera. —le dice la mujer pelirroja, esa que le está mirando fijamente con sus increíbles ojos verdes mientras se pone de pie y se acomoda el elegantísimo traje color ámbar. Es de curvas pronunciadas y piernas divinas y bien trabajadas. Tiene un trasero de infarto -por lo que puede ver Tony- y es bellísima. Educada y con un acento ligeramente diferente, por lo que puede deducir que no es americana. Es sexy, y tiene un tinte peligroso en la mirada que Tony no quiere saber a qué se debe. Si trabaja para Steve debe saber portar un arma, debe saber usarla, debe saber disparar… y debe saber matar a sangre fría, por supuesto. No gracias, él no desea averiguarlo.
Ella le conduce por el pasillo cubierto con alfombra roja y en las bocinas de la recepción suena música clásica. Tony se pierde en sus pensamientos un poco, se deja llevar por el violín tocando en los techos y respira, trata de relajarse.
La mujer toca dos veces una puerta doble, grande, de color caoba oscura, y entonces gira la perilla y le invita a pasar después de ella.
—Tu visita ha llegado, Capitán. —dice como si nada, y Tony entra detrás de ella y se paraliza porque, ¡Dios bendito! Los ojos casi le sangran al ver la escena: Steve está de pie frente a su escritorio, con la frente un poco sudorosa, la camisa semidesabrochada, la corbata a medio poner. Sus manos sostienen fuertemente unas caderas suaves y estrechas, pues frente a él, con el culo parado y el pecho apoyado en su escritorio de vidrio, yace un hombre desnudo, sudoroso y sonrojado. Es bastante guapo y ligeramente femenino, el cabello le cuelga en las sienes y tiene las manos apoyadas en el escritorio, está gimiendo mientras Steve lo folla por detrás, con su grande y dura polla. Tony traga duro y retira sus ojos de la escena, pudorosamente, ¿por qué a él le toca ver esto? La mujer frente a él ni se inmuta, y si lo hace lo esconde muy bien. Steve murmura algo ininteligible mientras sigue moviéndose en ese estrecho y cálido interior. Ella parece entender lo que dice, porque responde inmediatamente: —Ya son las 9:02am.
—Perfecto, Natasha. —Steve dice con voz ahogada, da dos profundas e intensas estocadas más y aprieta las caderas del chico frente a él, entonces lo suelta y se retira, como si nada, subiéndose la cremallera del pantalón gris— Largo de aquí. —le dice al chico, dándole una ligera cachetada en las nalgas rojas. El extraño se pone de pie y se viste rápidamente sin mostrarse apenado si quiera, pero con la suficiente educación como para no hacer el mayor ruido. Tony por fin puede volver a ver enfrente y nota cómo el chico está vestido y peinado en un minuto. Pasa al lado suyo murmurando un leve "Buen día" y se pierde a través de la puerta, por el pasillo. Tony se tacharía de tonto si no hubiera visto cómo le temblaban las piernas al chico. Así se fuerte se lo debió joder. Un ligero cosquilleo le recorre el cuerpo al recordar la noche que se lo folló duramente, con sus increíbles y fuertes manos meciéndolo encima de sus muslos de acero. Diablos, no debería pensar en esto.
Natasha también se retira, dándole una mirada breve antes de cerrar la puerta y dejarlos completamente solos. Tony puede ver cómo Steve se pone el saco que dejó olvidado en su sofá de piel, luego va a un espejo de cuerpo completo que tiene en una esquina de su oficina y comienza a arreglarse la ropa.
—¿Y bien? —le pregunta Tony, deseando largarse de ahí en cuanto antes, si es posible ya. No quiere permanecer más tiempo a solas con este tipejo folla-niños que no tiene un poco de decencia. Por suerte a él no lo violó frente a sus guaruras o lo que sean los tipos que están siempre con él. Steve guarda silencio un par de minutos más mientras termina de arreglarse. Cuando está presentable, se gira, va a su pequeño bar y se sirve una copa de alcohol.
—¿Quieres un poco? —le invita, mirándole detenidamente con un aspecto relajado. El aspecto que cualquiera tiene después del sexo, vaya. Tony niega dos veces con la cabeza sin decir palabra, entonces Steve se encoge de hombros—. Se me olvidaba que los niños no beben. —observa burlonamente. Prende un cigarrillo y le da una calada, luego le da un trago a su bebida, se la pasa, y suelta el humo del tabaco. Se sienta en su escritorio, sin siquiera acomodar el desastre que ha dejado con su sesión de pasión desmedida—. Siéntate, Tony. —le invita, con un elegante ademán de la mano, a que se siente a la silla frente a su escritorio. El castaño obedece y espera pacientemente.
—Traje tu saco. —le dice Tony, intentando sacar plática de alguna forma porque, Dios, el silencio le está matando. Su pierna tamborilea impacientemente contra la alfombra de la oficina y él quiere correr, gritar, alzar las manos, ponerse a pelear con el gánster, ¡algo! Le señala el sillón donde ha dejado la prenda del rubio y éste asiente, como si no recordara que le dejó su saco cuando lo botó en el parque como a la basura. Maldito engreído.
—Me debes una cantidad muy grande de dinero, Tony, ¿qué haremos al respecto? —dice el ojiazul como si nada, como si estuviera hablando de cualquier cosa. Gira el vaso de licor entre sus dedos y le da otro sorbo. Su cigarrillo espera su turno, acomodado grácilmente en el cenicero de porcelana fina. Tony traga duro. Steve no ha dejado de mirarle fijamente desde que él tomó asiento.
—¿Cuánto es? —pregunta, pero de verdad desearía ser sordo.
—Medio millón de dólares. —menciona, dándole una calada a su cigarrillo. Tony se sobresalta, y está seguro que si esto fuera una caricatura, su personaje habría salido disparado al techo de la mera impresión.
—¡¿Estás loco?!, ¡es demasiado dinero por una maldita noche! Ni siquiera lo intervinieron quirúrgicamente. —exclama, en voz muy fuerte, y de repente tiene miedo de que venga Bucky y le apunte de nuevo con su puta arma. Pero nadie aparece y el silencio vuelve a llenar la habitación mientras él trata de pensar cómo esto es posible.
—Una habitación de lujo con los mejores cuidados para Howard. Tres noches y dos días enteros, recibiendo atenciones personalizadas y comidas completas, más medicamento para los dolores que tiene, y tres trasfusiones de sangre. Medio millón de dólares me parece justo por la molestia de haberlo recogido de la calle y llevarlo al mejor hospital de la ciudad para su atención inmediata. —dice el rubio, con su imponente y arrolladora voz. Para que no quede duda de su deuda para con él, le desliza suavemente un ticket del hospital con la cantidad que le ha dicho a Tony. No hay más que decir, esos son los gastos del hospital y la cuenta asciende exactamente a lo que el rubio le ha dicho. Medio millón de dólares es demasiado dinero, Tony no podría juntarlo ni en diez años. Antes de que pueda siquiera chistar, Steve vuelve a hablar: —. Trabajarás para mí. Así me pagarás.
—No seré tu puta. No dejaré que me toques con tus cerdas manos y me exhibas cuando alguien venga a verte. —le dice Tony, alzando la barbilla desafiantemente. No, señor. Él no dejará que su dignidad caiga tan bajo como para permitir eso. Recuerda al sujeto de hace unos minutos y se le revuelve el estómago solo de pensarse en la misma situación. Él no será el juguete sexual de un gánster como este.
Sin embargo, Steve se ríe. ¡Se ríe de él! Maldito condenado infeliz. El rubio se está riendo abiertamente de él, con su sonrisa burlona, con su mueca divertida y sus ojos fríos. Al otro le parece divertido lo que a Tony le parece degradante.
—Pero ya lo hiciste, niño. Dejaste que te tocara con mis "cerdas" manos. Si me la chupaste y dejaste que te jodiera por una simple cámara, ¿qué serás capaz de hacer por tu padre? —le pregunta, poniéndose lentamente de pie. Rodea su escritorio y se desabrocha el botón del saco antes de apoyarse en el escritorio frente a Tony, muy cerca de él. Abre las piernas en una clara insinuación y el castaño puede notar, gracias a la poca distancia que los separa, que Steve sigue condenadamente duro. Traga saliva. No quiere hacerlo de nuevo, no por favor—. Pero, para tu buena suerte, no quiero que seas mi puta. Tengo mucho mejores partidos que tú. —especula. Estira su mano y alcanza el cigarrillo de su cenicero, se lo lleva a la boca y esconde sus manos en los bolsillos de su pantalón—. El trato es este: la cantidad de dinero crecerá cuando den de alta a tu padre y tengas que llevarlo a casa, pues hay que acondicionar el cuarto debidamente para sus necesidades. Por lo tanto, me ofrezco a correr con todos los gastos del tratamiento hasta que tu padre muera, y tú trabajarás para mí.
—No renunciaré a mi actual trabajo solo por trabajar para alguien como tú, jodido gánster. —dice, resuelto. Aún tiene ganas de pelear y de hacerse del rogar, aunque sabe que no tiene una salida. Está atrapado. Él es un ratón y Steve no es un gato, no señor, es un león que lo ve como una nimiedad que puede devorar en cualquier momento y ni siquiera le va a llenar.
—No me importa lo que hagas en tu tiempo libre. Si quieres seguir trabajando para esa revista patética, por mí puedes hacerlo. Tu trabajo para conmigo será secreto, ¿entiendes? —le dice el rubio, sacándose el cigarrillo de la boca. Le da dos caladas más y lo aplasta contra el cenicero. Retoma sus palabras: —El cáncer es incurable ya para Howard. ¿Por qué no hacerle el camino a la muerte mucho más fácil? Apuesto a que él lo haría por ti. Un padre siempre está dispuesto a sacrificarse por su hijo, pero ¿un hijo podría sacrificarse por su padre?
—¿Qué quieres que haga? —Tony murmura, y si Steve no estuviera tan cerca no le habría escuchado. Sonríe sin que Tony lo vea. El chico ha mordido el anzuelo y ahora deja que Steve tire de su caña de pesca hasta sacarlo del agua y guardarlo en la colección de peces para su comida. Bueno, el chico es listo y está seguro que le servirá de mucho, por eso lo ha encerrado en este juego del que no podría escapar aunque quisiera.
—Harás investigaciones especiales para mí. Tienes el don de inmiscuirte como las cucarachas, así que te será fácil realizar las tareas que te asigne. Algunas veces te mandaré tus tareas por correo postal, habrá veces que tendrás que venir, todo depende de qué tan ocupado esté para recibirte. No te quitaré mucho tiempo, si acaso algunas horas de tu semana en total. Tendrás que rendirme cuentas claras y específicas, y todo tendrá que venir acompañado de fotografías. —Steve le aclara, como un vendedor de bienes raíces que quiere convencer al nuevo cliente. Él tiene el poder de envolver a la gente en sus marañas, pintando todo rosa cuando el fondo es gris. Tony se remueve en su asiento, indeciso, y Steve sabe que es el momento de cerrar con broche de oro la oferta a la que Tony no se negará: —. A cambio, te daré algunas primicias y dejaré que publiques algunas noticias que nos convengan a ambos. Tendrás facilidades para entrar a eventos importantes; ya sabes, si necesitas entrar a algún lugar y no tienes el permiso, una simple llamada bastará para que eso cambie. —entonces, con la mano izquierda, jala un papel escrito de un contrato y se lo muestra a Tony.
El castaño suspira, ¿qué hará? Diablos, esto es demasiado. Por un lado está su dignidad, su integridad como profesionista. Él, que tanto criticaba los tratos negros de los fotógrafos y mírenlo, a punto de hacer lo mismo. Por otro lado está su padre, sabe que Steve puede pagar sin peros el medicamento que él no, que Howard vivirá mejor el tiempo que le resta de vida, que puede estar tranquilo sin sentir dolor y esperar la muerte con calma y no con ansias de que todo termine. Sí, nunca se llevó tan bien con Howard pero es lo más preciado que tiene en el mundo, es lo único que le queda. Y también está la deuda. Sabe que Steve no lo obligará a firmar, pero si no lo hace tendrá que pagarle el dinero lo más pronto posible… y jamás va a poder conseguir esa suma. Además, la oferta suena tentadora. Mientras paga su deuda, pude seguir trabajando para Shield e ir ahorrando un poco de dinero para pagarle más rápido a Steve.
Así que toma el contrato entre sus manos y le da una rápida leída. Sí, todo en orden. Claramente se especifica que trabajará para Steve hasta que salde su deuda. No hay más de dónde escoger. Entonces Tony toma el bolígrafo que le está ofreciendo el rubio y plasma su nombre y firma en el papel que sella la sentencia de su destino. El rubio sonríe al saber que ha tomado la mejor decisión que podría haber tomado, porque, siendo sinceros, no había otra.
—Tu primer trabajo será hoy por la noche, así que ven a verme a las 8pm. —le dice Steve, mientras se aleja y guarda el papel del contrato junto con otros papeles en un cajón de su escritorio. Tony se pone de pie y asiente, no sabe qué decir o qué hacer, aún está aturdido por lo sucedido, ha sido muy rápido—. Ahora vete, tengo cosas que hacer. —le menciona, bebiéndose el último trago de alcohol de su vaso y yendo hacia su minibar a servirse otra copa.
Escucha la puerta cerrarse con un sonido seco, ese niño ni siquiera le ha dicho adiós, pero ya lo educará con el tiempo. En la soledad de su oficina, por fin, le sube el volumen a la obra de La pasión según San Mateo que no pudo terminar de escuchar anoche en su casa, y se dispone a checar los contratos y las cuentas que tiene pendientes antes de que sea medio día y tenga que ver al viejo, porque está seguro que eso le llevará toda la tarde y, probablemente, la noche también.
Entre sus papeles se encuentra nuevamente con el contrato que Tony ha firmado sin pensar demasiado. Steve sonríe. Se le ha olvidado decirle que no puede contarle a nadie que trabaja para él, de lo contrario lo matará y matará a la persona que lo sepa.
Tony ha hecho un trato con el doble del diablo, pero no lo sabe.
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Deseo de todo corazón que les haya gustado el capítulo, y muchísimas gracias por tomarse el tiempo de leer y dejar un Review, me hacen inmensamente feliz. Espero que estén pasando unas felices fiestas y que se llenen de dicha, amor, y paz. ¡Vamos a comenzar el año con todo!
La siguiente actualización llegará a principios de Enero, yo espero a más tardar la segunda semana, pero aquí estaré.
Besos.
