Es de suma importancia aclarar esto: volvemos con la primera persona, ¿de quién? De los cuatro… el problemita es que se van a ir alternando sin avisar, les dejo la tarea de suponer quién está pensado qué y cuándo. Recuerdo que uno de mis escritores favoritos (Cortázar) usó este recurso y no le quedó nada mal. No estoy segura de si quedó bien, más allá de lo que piensen, manejar a Cartman y/o Stan es MUY jodido. Prefiero a Kenny o a Kyle.
Se levantó lentamente, desprendiéndose del tosco y desapasionado abrazo, rodó sus ojos negros por enésima vez, dejando escapar un suspiro entre hastiado y dolido. No tenía que pensar demasiado para darse cuenta de que aquello no estaba funcionando en absoluto; la fuerte punzada que acompañaba sus latidos le pedía que acabase con ello, seguirlo sería un juego patético, un chiste al que sólo él le vería la gracia. Se había planteado la posibilidad de salir lastimada, al fin de cuentas no se trataba del dulce y comprensivo Stanley, sino de él, casi todo lo contrario, había hecho una lista imaginaria de posibles ventajas y desventajas y, por alguna razón que seguía sin comprender, la positiva ganó. Ese verano en el que se tomaron un tiempo se dejó llevar por el impulso, mucho más fuerte que el de hacía diez años, y le dijo todas las locuras que se cruzaron por su cabeza.
Ahora bien, ¿realmente fue aceptada?
Mientras se cambiaba, trató de recordaba cómo fue ese momento que consideró como mágico. Las palabras que confirmaran algo nunca salieron de sus labios, simplemente una mirada. Una mirada que podría haber sido interpretada de un millón de formas distintas, es decir nada concreto. ¿Entonces qué demonios hacía durmiendo a su lado? ¿Le tuvo… lástima?
Esa sola idea hizo que unas lágrimas se anegaran en sus ojos. Él la conocía bien, sabía a la perfección que lástima era lo último que su orgullo deseaba despertar. Pensaba que tenían mucho en común a pesar de diferir fuertemente en lo que respectaba a lo ideológico, por eso comprendería cómo debían ser las reglas del juego… si es que aceptaba jugar, claro.
¡Ella entendió que sí! ¡Las puertas se le abrieron, la corazonada no podía fallar!
Él se removió entre las sábanas, notando que ella no estaba a su lado. Lentamente, quedó sentado con las piernas cruzadas, rascándose la nuca y frotándose los ojos. Wendy sintió el aroma que desprendía ese cuerpo en pijama de rayas verticales, el labio inferior le tembló, si quería acabar con todo ese circo infernal tenía que hacerlo ya, o no podría luego.
Antes de poder comenzar a decir nada, él preguntó con un tono irónico:
—¿Qué te sucede?
Y eso fue suficiente para darse cuenta de que había estado con un monstruo. Que le había gustado ese monstruo.
Lo miró fijamente, tal vez su mirada pudiera transmitir lo mucho que acababa de lastimarla.
—Esto no funciona, eso es lo que sucede —respondió con una fingida firmeza.
Él frunció los labios, como si acabasen de decirle algo trivial o curioso que no pudo descubrir por su cuenta, algo así como «El chocolate viene del cacao»; esa expresión que resta importancia: «Vaya, que interesante,, no tenía idea…».
—Es decir… —insistió enseguida—, lo nuestro termina aquí. Porque sí existió algo nuestro, ¿verdad?
—Si tú dices que existió, pues supongo que sí.
—¡No! ¡Eso hace parecer que existió dentro de mi cabeza! —estalló, apoyando el dedo índice sobre su pecho—. No puede no-funcionar algo si nunca existió, ¿entiendes?
¿Le costaba entender?, ¿todavía no había madurado, como le dijo Bebe?, ¿disfrutaba de todo aquello?¿o realmente se desentendía de esa semana extraña? No podía saberlo y seguir preguntando le daba miedo.
Ese monstruo le daba miedo.
—¿Qué fue lo que tuvimos, Wendy? —dijo, sin comprender realmente todo ese teatro mal armado—. Hasta donde yo recuerdo, ni siquiera hemos follado. Viniste a mi casa un día, de la nada, me dijiste que lo de Stan no funcionaba porque pensabas en alguien más: yo. Me besaste, pasaste a verme en secreto, insististe para salir al cine y esas cosas, pero yo…
—… tú no has hecho nada —terminó, con los puños cerrados temblándole de rabia y humillación.
—Pareciera que todo ha estado en tu cabeza —continuó—. Te has dado cuenta de que no funciona. Perfecto.
Definitivamente era un monstruo.
…
You don't understand anything.
Look at him, look at me.
That boy is bad and honestly
he's a wolf in disguise
but I can't stop staring in those evil eyes
Podría decirse que era muy exagerado tener resonando en la mente una charla con un amigo de hace casi una semana. Sin embargo, el hecho de que esas palabras dijesen de forma abierta que yo le gustaba a Cartman eran justificativo suficiente. Es decir, no fue ningún sueño o alucinación: realmente estuvimos en el KFC y a Kenny se le escapó ese comentario, nada de agregar «Era una broma, tonto», sino balbucear cualquier cosa para que yo no lo creyera. Y si no hubiese salido de la boca de Kenny yo seguiría sin creerlo, incluso dudaría de las mismas palabras dichas por Stan o el culón.
¿Por qué le gustarías a un antisemita, ególatra, codicioso y demoníaco?
Me odia, pregúntenle a cualquiera y les dirá lo mismo. A veces costaba convivir con eso, pese a todo Cartman es mi… amigo. Mi amigo antisemita, ególatra, codicioso y demoníaco. Carajo, suena tan disparatado como el hecho de que yo le guste. Si lo veo de esa manera, tiene un poco más de lógica; podía ser que asumirse marica le costara y lo llevase a un odio obsesivo hacia mí. Con eso la mitad de mis dudas quedarían resueltas.
Cerré el grifo de agua fría y me sequé el cabello con una toalla, con otra me rodeé la cintura y regresé a mi habitación. Me tumbé sobre la cama, sintiendo un fuete viento entrando por la ventana. Qué suerte que no había nadie en casa, precisaba una paz absoluta para terminar de comprender por cuál camino debía ir todo aquello. Desde que Kenny me lo dijo, he tratado de pensar bien, pero siempre sucedía algo que me interrumpía y cuando quería darme cuenta ya estaba durmiendo o haciendo cualquier otra cosa.
¿Qué carajo siento yo?
No podía imaginarme a Eric Cartman besándome o rodeándome con uno de sus brazos. Nada relacionado con el asco o el hecho de ser gay, hasta ese momento yo no tenía idea de si me gustaba alguien o de qué sexo era ese alguien, iba más por el lado de la capacidad de visualizar mentalmente eso sin que fuese una broma pesada. Todas las situaciones de novios (llamémosle así) se transformaban en rutinarias discusiones o peleas donde sí o sí era un judío de mierda que debía entregar su oro.
¿Qué se supone que debo sentir? ¿Por qué sigue siendo mi amigo si pienso que todo esto es tan insufrible?
Conozco a Cartman. Creía poder afirmarlo, hasta que todos vimos lo que le sucedió a Scott Tenorman, hasta que me engañó con la enfermedad de Kenny o para cancelar Padre de Familia. Cada vez que me atreví a afirmar que sabía quién era y de qué era capaz, se aparecía con algo totalmente nuevo, macabro y despiadado… De acuerdo, no siempre, en otras ocasiones vimos a qué lo llevaba estar deprimido, y prefería verlo riendo con cinismo antes que hablarle a sus muñecos con esa voz tan melancólica.
¡Pero porque es mi amigo y no quiero verlo así, nada más! Él no es así.
Y aún sigo sin conocerlo del todo: le gusto. Me quedaba bastante camino sin recorrer, pero probablemente sólo acceda a él cuando de una respuesta. De lo contrario todo seguirá igual y me carcomerá la duda eternamente. ¿Cómo sería aceptar a Cartman? ¿Cambiaría en algo?, ¿qué sabor tendrían sus labios? ¡Carajo, no quise pensar eso! Es Cartman, no hay demasiada ciencia, quizá confunda el gustar con obsesionar, no tiene nada de lógica que le guste, que me quiera.
Sin embargo, acabo de decir que nunca he terminado de conocerlo. Lo estoy juzgando por adelantado y…
¡Oh, por favor! Más de diez años con esa actitud, ¿qué puedo pensar? Ni que yo fuera el villano. Creo que tengo un poco de derecho a juzgarlo… no jodan, ¿le gusto o no?, ¿qué es lo que le gusta de mí? ¡Ja!, nada de que mi cabello, mi manera "marica" y "moralista" de ser, de mi "asquerosa" voz que le taladra la cabeza. Se me acaban las ideas. Tampoco tiene sentido especular por él. No lo conozco tanto como pensaba y estas preguntas sólo las puede responder él.
¿Qué siento yo, entonces?
No lo sé…
¿«No lo sé»? ¿qué quiere decir eso? Claro que lo sé: nada. N-a-d-a, ¿verdad? ¿Si viniera ahora mismo a preguntarme, diría n-a-d-a? No. Al menos no de esa manera. Ni soñar en arrojarme a sus brazos y chillando que sí. ¿Y bien? No lo sé, así de simple e inquietante. Es una puerta que no puedo destrabar si él no me muestra su lado desconocido. Esto no es un chiste, sí él va en serio puede que yo esté…
Lastimándolo.
Mucho más que sus insultos y entrecejos fruncidos hacia mí.
Tal vez a le cause placer imaginarme llorar o frustrarme (cada segundo me hace más escéptico) pero aunque el SIDA y otras cosas me hayan sacado la sonrisa más luminosa, a estas alturas, mis objetivos no son arruinarle la vida ni ponerlo en la misma situación que Wendy pone a Stan. Ese dolor no es divertido, no quiero ser yo quien se lo cause y supongo que si pudiera evitar que otro se lo causase… mierda, lo haría.
En síntesis: le gusto a Cartman, ¿es eso probable?, no, lo conozco…. Bien, resulta que si le gusto es porque no lo conozco tanto como creí. En caso de que sea verdad, ¿qué siento yo? No estoy seguro, necesito algo que me de seguridad, que muestre que es verdadero en palabras como en lo demás, pero para tener seguridad debo abrirme yo también y… y…
Me da miedo.
Le temo a lo desconocido.
¿Y bien?
De acuerdo. Una oportunidad no matará a nadie.
Me levanté de un salto y busqué una muda de ropa limpia en el armario, ahora sentía que estar en casa me agobiaba.
Mamá me despertó al mediodía, dejó sobre la silla un gran bolso lleno de las cosas que necesitaría para hacer el viaje de fin de año. Casi me había olvidado de eso, no podía pensar claramente desde que colgué el teléfono por la noche, después de que las palabras de la Wendy que tanto amaba acabaron por destruirme completamente. Pensé que esa locura de hacía varios años fue nada más que eso: una locura, confusiones pasajeras, algo irrepetible; pero no. Sucedió a mis espaldas, ni siquiera tuvo la consideración de decírmelo y yo tenía que comprender a la perfección.
Sí, cada una de sus palabras fue clara, las oraciones coherentes, no más que no conseguía penetrar en esa cabecilla y sacar causas racionales.
No le dije en el momento a mamá que no planeaba hacer el viaje ni aunque me amenazasen a punta de pistola porque parecía contenta, con la esperanza de que el cambio de ambiente me curase. Ah, ojalá fuese tan fácil, ojalá con sólo respirar profundamente el aire de la ventana todo se fuese.
Los ojos me ardían y la mitad del cuerpo no la sentí por haber dormido en mala posición. Suspiré, tomé un pañuelo de la cajita que estaba sobre la mesa de luz y me limpié el rostro. Papá entró en mi habitación, ya no se molestó en armar un nuevo sermón sobre el amor, claro, es fácil decir que te repondrás y etcétera cuando ya estás casado y tienes una familia con la mujer de tus sueños, ¿verdad?
—¿Por qué no sales a dar una vuelta, hijo? Tal vez el aire fresco te siente mejor —invitó con tono autoritario.
Volví a suspirar, agotado. Obviamente era una orden más que una sugerencia. Obedecí, sin poner una hora de regreso, quizá tuviese un ataque y decidiera dar vueltas toda la noche por el pueblo, ya no sé qué quiero o que mierda dejo de querer.
Estaba a punto de mandarle un mensaje a Kyle para pedirle que me hiciera compañía en las hamacas de la plaza, tuve tenía vergüenza de seguir siendo una carga así que me contuve. Después de todo, ha estado conmigo casi un mes entero, dejando de lado las putas tareas, ayudando a que yo no repitiera el año, estaba más que en deuda con él. No podría pedir otro mejor amigo, no podría imaginar otra persona como él: moralista, a veces ingenuo, otras adorable.
Me sentía tan devastado. Justo cuando uno cree que la oscuridad termina, llega más.
—No podemos seguir así, Stanley. Yo no puedo seguir así, mintiéndote…
¡Bien, pues que se vaya a la mierda! Ya arreglaría cuentas con ella.
Puta madre, necesitaba tener a Kyle a mi lado. Necesitaba escupir ese trago sabor a mierda que me retorcía todo el estómago y explotaba en la cabeza. Con razón aquellos dos se lo tomaban tan a la ligera, estaban complotados, eran unos traidores que reían a mis espaldas.
A medida que abría más los ojos me daba cuenta de lo solo que estaba, de que en el fondo siempre trascendía una única persona. No me importan los estúpidos rumores que corrieran sobre nosotros, me los paso por el culo.
Me dejé caer sobre una hamaca, saqué el celular del bolsillo y mis dedos empezaron a tipear.
"Si tienes tiempo necesito que
vengas al parque. Es importante."
Parecía que el destino o lo que fuera nos tenía uno cerca del otro, después de enviarlo, los ojos me volvieron a lagrimear y suspiré de forma ahogada mientras escuchaba los pasos corriendo por el suelo de pierda, respirando entrecortadamente y llamándome preocupado.
—¿Stan?
Levanté la cabeza enseguida. Kyle venía acompañado de Kenny y Cartman. Me mordí el labio lleno de impotencia y respiré pausadamente para no hacer nada estúpido. Todavía no cruzamos palabras, tal vez todo fuese un mal entendido… o no. ¡No lo sé! Lo que ella hace dejó de sorprenderme, no es la primera vez, y no es la primera vez que hago la vista gorda y caigo como un maldito estúpido. Eso es lo que más duele, no separarnos sino el hecho de que confié y le dio igual, se cagó en todo. ¡No lo sé! Él es un hijo de puta. ¡No lo sé! No sé absolutamente nada.
La cabeza me latía con fuerza y cuando Kyle se acercó a saludarme no pude evitar abrazarlo con todas mis fuerzas, hundiendo la cabeza en su pecho mientras tiritaba de frío.
No era necesario ser un gran observador para darse cuenta de la expresión de desagrado de Eric. Rodé los ojos, algo incómodo y le di una palmadita en el hombro mientras cuchicheaba entre dientes «Su súper mejor amigo está sensible, ten paciencia». Sé que después de la charla que tuvimos sobre la estúpida competencia imaginaria que se le había formado en la cabeza, este tipo de contactos volvían a resultarle una patada en las bolas. Además, después de mi pecaminoso desliz se dio la casualidad de que ni él ni Kyle volvieron a encontrarse para discutirlo debidamente.
Mierda, Stan lucía destruido. Me situé en la hamaca de al lado, mis ojos saltaban de él hacia mi amigo, Kyle seguía absorto en su preocupación, sin darse cuenta de nada o sin querer hacerlo. Como dije antes, si había algo en lo que él y Cartman eran más que buenos, era en fingir que nada pasa o pasó. No sé si yo también lo seré, tampoco lo necesito, cuando las cosas me molestan o me agradan lo digo sin rodeos. No me gusta toda esta mierda de teleteatro barato, sobre todo cuando buscas simplemente follar.
Pasados unos minutos, Stan se separó del pelirrojo, secándose con la manga de la blusa. Me miró con ojos de muerto y un escalofrío me recorrió la espalda, ¿qué carajo le sucedía? Sentí que quería decirme que la había cagado en grande o algo así, ¿sería por lo que le dije a Kyle de Cartman? No, imposible que llore de esa manera por algo así. Abrí la boca para decir algo, pero después de ver la mirada asesina que le dirigió al culón las palabras no me salieron. Otra cosa que me jodía a lo grande: esos putos gestitos sin contenido concreto.
Cartman arqueó una ceja, confundido y también cansado de todo aquello. Que me jodan, lo veía venir, su paciencia acabaría, Stan se estaba guardando algo grande para decir y Kyle... yo sabía perfectamente del lado de quién se iba a poner y también las consecuencias.
—¿Ya tienen todas las cosas para el viaje de fin de año? —pregunté con una euforia fingida—. Estuve transpirando el culo para poder pagármelo, así que espero que sea de puta madre, adema-
—¡Eres un gordo de mierda, hijo de puta! —aulló, señalándolo con el índice.
En otro contexto, él se habría reído o simplemente protestado, pero no esta vez, no cuando le gritaba prácticamente entre los brazos de Broflovski. Ya no había estupidez trivial que apaciguara la situación, quedé intrigado, si el paquete ya le estaba cayendo al gordo, seguía yo.
—¿De qué carajo estás hablando, hippy estúpido? —respondió casi tan enfadado como lo estaba yo.
Kyle se puso entre nosotros, intentando que las cosas no empeoraran. Para mí ya no podían empeorar más, ya nada podía doler más ni me podía sentir más humillado.
—¿Encima lo preguntas? ¡Tú lo sabías y no me dijiste nada! —continué, los demás quedaron con los ojos abiertos, todavía sin comprender claramente a dónde quería llegar. El corazón me latía con fuerza, las mejillas me quemaban, hablar era lo único podía hacer bien—. ¡Te acostaste con Wendy en el puto verano! Qué gracioso, ¿no? Te follaste a mi novia y luego me pides que no sea marica cuando me deja, ¿qué carajo sucede contigo?
Bien, eso sí que era noticia nueva, ¿Cartman con Wendy?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿qué posición? Las palabras de Stan me resonaban por la cabeza mientras intentaba ubicarme en tiempo y espacio, algo de todo aquello me sonaba familiar y no por lo que sucedió en primaria, se trataba de algo más reciente y… ¡Coño! Ya recuerdo, el verano antes de empezar las clases, cuando Stan se fue de vacaciones.
Chúpame las bolas, hippy estúpido. Para empezar, en ese momento no eran oficialmente novios, estaban en uno de sus muy reiterativos "tiempos para pensar". Segundo, nunca me interesó era puta socialista, antes prefiero que me corten el pene como a un judío. Tercero, tampoco me interesaba sexualmente, la única que podía llegar a valer la pena era Bebe. No entiendes absolutamente nada de nada… como siempre.
¿Por qué mierda Stan tiene que hacer toda una escena? ¿Qué carajo le cuesta preguntar las cosas antes de portarse como si le estuviesen metiendo un palo por el culo? No, tiene que convertirse en un mártir delante del judío, que no dudará ni una sola palabra de lo que diga.
Oh, ten por seguro que luego arreglaré cuentas con esa hija de puta. No pudo aceptar un no como respuesta. Si hubieses visto como se entregaba, Stan… desesperada, cansada de ir y venir contigo, un pendejo; aunque ella tampoco es demasiado madura que digamos si hace ese tipo de jueguitos. Pero si tan sólo hubieras visto lo que fue mientras estabas ausente. Viajaría al tiempo para grabártelo y que te calles. ¿Por qué no le dices a ella las cosas? Es más fácil venir y tirarme mierda encima a mí, ¿no?
—Yo no me acosté con Testaburger —aclaré. Hice mi mejor esfuerzo para no sonreír pensando lo estúpidamente ingenuo que era. No lo conseguí y noté en los ojos de Kyle la sorpresa, como si no yo pudiera caer más bajo. Judío estúpido, ¿crees que me conoces? Pues no, no sabes nada de mí—. No sé qué te dijo ella.
—¡Que ya no podía seguir mintiéndome y le gustabas! La semana de verano que pasaron juntos le encantó.
—¿Y qué te hace pensar que pasar una semana juntos es salir? Deberías haberla visto, ella estab- —Oh, mierda.
Se estaba riendo. Simple y llanamente se reía ante la expresión devastada de Stan. Entonces sí estuvo con Wendy, sabiendo lo que ella significa para él. Pero si Wendy no le interesaba, ¿por qué salieron? ¿Para reírse de ella? Es la única idea coherente que se me pasó por la cabeza, que tenía sentido, que tiraba abajo todo lo que pensé en casa: Cartman nunca cambiaría, lo que yo creía conocer estaba en lo cierto, era un monstruo lleno de apatía.
Sentí un suave palpitar en mi cabeza, mis puños se cerraron con fuerza, Kenny estaba a punto de decir algo. Me adelanté, seguro que justificaría todo aquello y no podía permitírselo, ¿lo sabías, Kenny?, ¿qué tan cómplice eres de todo esto? Como sea, no quería escucharlo. Solté a Stan unos minutos y exclamé:
—Si salieron, no creo que sea como amigos, Cartman. Esto es… yo no pensé que… —Grandioso, ni siquiera salían las palabras correctas en orden. Se formó en mi mente un mar de hechos, recuerdos y conjeturas.
—Ya, muchachos, esto no es algo que deberíamos discutir si no vamos a usar la cabeza —corté. Obviamente si piensas con el pene o el corazón y alguno te duele, las cosas no acaban bien y si se trata de mujeres…
Se viera como se viera, la frustración y rabia de Stan pesaban más que cualquier discurso que Cartman pudiera decir. Sobre todo porque la mitad de lo que gritaba iba de la mano de la verdad. Horrible, si buscaba mejorar su imagen ante Kyle, acaba de irse todo a la mismísima mierda. Podía sentir en mi propio estómago el nudo que iba formándose en el suyo frente a tanta impotencia.
—¿Y tú qué te piensas? No me vas a decir que no lo sabías —espetó el pelinegro.
—No, claro que no lo sabía, porque en realidad no hay ningún secreto que tenga que saber, Stan —respondí, lo que menos necesitaba era que Kenny pagase parte de todo el rollo.
Quería largarme de allí, sin embargo sólo significaría huir y aceptar toda la mierda que acababa de decirme. Sabía que el saco de mierda intentaría arreglar todo. No me importó, una cosa era hacerme responsable de acciones que sí hice y otra, defenderme desesperadamente de la imaginación de telenovela del hippy. ¿Quién lo ha jodido más, Testaburger o yo? Apostaría cualquier cosa a que ella, y yo pagando todo.
—No voy a hacer ningún documento escrito, no lo necesito, métetelo en la cabeza, idiota: a mí-no-me-gusta-Testaburger.
Claro que no le gusta, no puede gustarte nadie que te lleve la contra. Tu tipo es alguien sumiso, que diga sí cada vez que quieras, que no te cuestione nada, que no le importe cuanto puedas llegar a lastimarlo, ¿verdad? Ella fue un juego de verano y no puedes decir que no sabías el tipo de consecuencias que podría traer. Yo tampoco te gusto, no sé por qué me inquietó tanto saber una verdad que no existe.
Eres un monstruo. Siempre lo has sido, pero ahora cruzaste otra puerta mucho más seria.
Me sentí engañado, ya sin la capacidad de discutir o pensar. Pensar sólo me causaba un dolor extraño. Creí que ese momento era algo lejano, como envejecer o tener familia, pero no. Llegó allí, dándonos las respuesta que buscábamos, podía verse cobarde o lo que fuera, y no nos importó.
—Olvídalo.
Tal como lo supuse, el judío nos fulminó con la mirada y se fue con su puto mejor amigo. Nada de escucharnos, todo lo contrario, Kenny puso la opción más conveniente y se lo pasaron por el escroto. Me miró nervioso, le di la espalda. No iría tras él, por más que quisiera dejarle bien en claro las cosas, para que cuando llegasen a casa no siguiera formando una imagen errada de mí. Tírame toda la mierda que quieras, judío, me sé todo de memoria, pero no más de lo que es.
Porque me duele.
¿Sabes, Kyle? Si me corto sangro, deberías hacer la prueba. Si me lanzas contra el suelo podrías fracturarme un hueso, deberías hacer la prueba. Si no escuchas lo que tengo para decir y me dices con esos jodidos hermosos ojos que en verdad soy la peor criatura que ha pisado la tierra, me lastimas. ¿Es muy difícil de entender? ¿Lo que te dijo Kenny sonaba tan increíble? Pues no, idiota, es real. Me gustas demasiado y lo odio, porque no me sirve de nada experimentar todas esas sensaciones de "otro mundo", ¿cuáles?, ¿la impotencia, la maldita timidez, esa mierda de temor con pensar en tus labios diciendo un frío «No»? Oh, sí, que lindo, maravilloso.
No tienes ni la más mínima idea de lo que eres. De lo que eres capaz de hacerme a mí. Si yo ya soy un monstruo y consigues ponerme así, hacerme desear por una fracción de segundo que la tierra me tragase…
No sé qué demonios eres tú entonces.
D: quisiera saber que tanto joden capítulos que superen las tres mil palabras…
Asch, esto me costó tanto, y dudo de calidad.
Saludos.
