Bueno, primero que nada, a causa de un olvido mío y a falta de un botón de edit rápido voy a tener que poner esto aquí.
Disclaimer: Sí les había quedado alguna duda de si Hetalia era mío, lamento informarles que, desgraciadamente, no me pertenece, es propiedad de Himaruya Hidekaz. No intento ganar nada con su creación, esto es sólo con fines de entretenimiento.
Ahora, es mejor que si lo necesitan vayan al baño o se consigan algo de comer, porque este capítulo me quedó algo largo.
Bueno, sin más preámbulos, espero que lo disfruten.
Cambio de Cuerpo
Capítulo 3: Reunión luego del desconcierto
La brisa era tan agradable, el césped debajo de él, tan suave. Despertar no estaba entre sus prioridades, sólo quería seguir ahí tirado otro rato más, estaba tan cómodo. Ni siquiera le importaba dónde se encontraba, sólo sabía que sus recuerdos no cuadraban con lo que sentía pero, ¿a quién le importaba? Si podía estar tan cómodo nada más importaba.
O eso pensó hasta que una gigantesca cosa le cayó encima cortándole la respiración.
Se despertó sobresaltado y la cosa lo comenzó a atacar, o eso pensó él.
-¡No! ¡No! Lo siento, no me hagas daño, ¡haré lo que sea! ¡Por favor! –Empezó a lloriquear como siempre hacía hasta que la cosa le pasó la lengua por la cara.
-¿Eh? –Italia enfocó a la creatura- ¡Oh! Pero sí eres uno de los perros de Alemania ¿qué haces aquí?
El perro soltó un feliz ladrido y se echó en el regazo de Italia moviendo alegremente la cola.
-¡Qué lindo eres! –Italia se puso a acariciar al pastor alemán y a juguetear con él- ¿Pero dime qué haces aquí? ¿Alemania te trajo para jugar conmigo?
El perro lo miró divertido y se rodó sobre su espalada mientras sacaba la lengua, dejó escapar otro alegre gañido.
-Umm… Tienes razón, es un poco raro que haya despertado en la casa de Alemania, de seguro me trajo para acá cuando me quedé dormido –Volvió a mirar al perro con una sonrisa- Sabes, él siempre me cuida mucho.
El perro volvió a mirarlo, le dedicó otro ladrido y, rodándose sobre su espalda, se volvió a poner de pie.
-Ahora que lo dices, mi voz sí se siente un tanto extraña, ¿por qué será? –Italia se quedó pensando un momento- ¡Hey! ¿A dónde vas?
El perro le había empezado a jalar de la pierna del pantalón, pero al ver que no se levantaba se había rendido y ahora se encaminaba lejos de él, le dirigió una última mirada y echó a correr.
-¿Quieres qué te siga? –Italia se puso de pie pero arriba de él había una rama contra la que se dio duramente al volver a erguirse.
-¡Ouch! ¿Eh? ¿Acaso soy más alto? –Se colocó la mano sobre la cabeza en el lugar afectado. La rama estaba lo suficientemente alta como para que no hubiera sido necesario agacharse, pero ahora incluso estaba hasta más alto que la misma rama- ¡Qué bien! ¡Volví a crecer! ¡Eso va a ser una gran sorpresa para Alemania!
Empezó a caminar intentado seguir el camino por el que se había ido el perro, pasando felizmente por entre las calles. Había mucha gente afuera que también disfrutaban del maravilloso tiempo que estaba haciendo, Italia los saludaban con su sonrisa habitual, pero en vez de conseguir un saludo en respuesta, la gente se le quedaba viendo un tanto extrañados.
-Qué raro… pero bueno, son alemanes, supongo que es normal.
Siguió pasando por entre las calles hasta que su vista periférica captó algo que le llamó la atención.
-¿Umm? ¡Alemania! Ahí estás –Había una pequeña tienda con un gran ventanal, Italia se acercó- ¡Oh!
Abrió sus ojos bastante, efectivamente ahí estaba Alemania, sólo que había un pequeño problema.
-¡Diantres! ¿Y ahora qué demonios voy a hacer? –Francia había caído en su cuarto colapso del día. Seguía sentado en la biblioteca de Inglaterra con la cabeza entre las manos.
Habían ya casi pasado 3 horas desde que había despertado, y había intentado hacer de todo lo que se le ocurrió, se volvió a dormir con la esperanza de despertar y estar en su cuerpo, pero no lo logró; intentó buscar entre la pila de libros si había algo que lo ayudara, pero sólo consiguió un montón de estornudos y polvo volador atacándolo de todos lados; intentó darse en la cabeza contra la pared dándose cuenta de que al fin y al cabo no era su cuerpo, pero aún así terminó con dolor de cabeza y un gran chichón en la frente.
-¡No quiero estar en el cuerpo de este tonto! ¡Quiero regresar a mi cuerpo! ¿Por qué Dios me hace esto? –Se dejó caer en el piso pataleando, en el medio de una rabieta.
-¡Sir Inglaterra! ¿Qué clase de comportamiento tan deshonroso es ese? –Una suave voz femenina lo reprendió.
-No me llames así –Reclamó desde el piso, tenía las manos cubriéndole la cara y ni siquiera se dignó a mirar a la dueña de la voz.
-Lamento no poder acceder a sus deseos Sir Inglaterra, ese es su nombre –Volvió a decir suavemente la voz.
-Yo no soy ese tonto –Dijo malhumoradamente Francia, aún sin dignarse a mirar a la persona.
-Lamento no poder comprender su humor –Dijo la voz llena de confusión- ¿Hay algo que pueda hacer por usted?
-Supongo que nada, sí se lo contara nunca me creería –Francia se quitó las manos de la cara para ver a su interlocutora- ¡Por el amor del cielo!
Frente a é estaba la fantasmal figura de una muy bella mujer, tenía una tez increíblemente blanca y un frondoso pelo rojizo, iba vestida sencillamente con una túnica blanca y tenía una cara amable.
-¿En serio? –Añadió con una sonrisa al ver la cara de sorpresa de Francia.
-Un… un… un… ¡fantasma! –Gritó alejándose lo más que le permitía el reducido espacio.
-Ya veo –Dijo ésta con una sonrisa de comprensión mirando amablemente al confundido y asustado Francia- ¿Por qué no hace una llamada?
-¿A qué te refieres? –Dijo este temblando, se había acercado hasta la puerta y tanteaba con la mano en busca de la perilla para salir corriendo.
Pero la mujer sólo le dedicó una sonrisa y desapareció.
-Por cierto mi nombre es Elizabeth, mucho gusto –Dijo justo antes de desvanecerse.
Francia se quedó estático en su lugar, confundido y con el pulso totalmente acelerado.
-Vaya, parece que el fantasioso de Inglaterra no alucinaba después de todo –Dijo para sí mismo, pero había cosas más importantes en que pensar.- ¿Qué dijo esa mujer? ¿Llamada? ¿Pero a quién?
Y así, se le prendió el foco a Francia, salió corriendo de la biblioteca y enfiló por el pasillo, tenía que llegar al teléfono más cercano, pero ¿dónde estaba? Bajó un tramo de escaleras al vuelo y aterrizó en lo que parecía un pequeño vestíbulo.
-¡Inglaterra! –Una chillona vocecita lo detuvo en su carrera a través del cuarto.
Frente a él de nuevo había una flotante criaturita verde con alitas.
"No más locos" Pensó Francia mientras se detenía frente a la cosita.
-¿Lograste acabar la limpieza? –Preguntó flotando hasta la cara del francés.
-¿Eh? Digo… claro, supongo –Contestó apresuradamente intentando encontrar un lugar por el cual escabullirse- ¡Oh! ¿Sabes dónde está el teléfono más cercano?
-¿Para qué quieres…?
-No tengo tiempo para explicaciones, sólo habla.
-En la sala, a un lado de la puerta –Respondió la pequeña cosita verde mirando con confusión a su amigo.
-¡Gracias! –Alcanzó a gritar mientras reanudaba su carrera hacía la sala.
Se perdió tres veces antes de lograr dar con la dichosa sala, pero cuando llegó y observó el pequeño aparato casi saltó de felicidad.
Se acercó a la máquina y empezó a marcar un número que se sabía más que de memoria.
Tres timbrazos y luego, finalmente.
-¿Oui?
-¡Louis! ¡Gracias al cielo! Este… se encuentra emm… ¿Francia? –Dijo titubeante, esperando.
-Oui, ¿departe de quién?
-Emm… –No lo quería decir, pero no había de otra- Inglaterra.
Al otro lado de la línea se escuchó un corto silencio, que fue rápidamente roto por voces amortiguadas.
-Monsieur Francia, lo buscan.
-¿Eh? ¿A mí? –Otro pequeño silencio- ¿Quién?
-Inglaterra.
-¿¡Qué! ¡Dios! ¡Deme eso! –Se escuchó como alguien tomó bruscamente el teléfono.
Ninguno de los dos dijo nada, por un momento se escuchó silencio en ambos lados de la línea hasta que finalmente Francia gritó.
-¿¡Qué diablos haces en mi cuerpo cejas de azotador!
-¿Cara de vino?
Se hizo otro momento de silencio mientras los dos asimilaban la realidad.
-Entonces…
-Sí.
Y los dos colgaron apresuradamente.
Ahora los dos estaban en el patio de la casa de Francia, mirándose el uno al otro con desconfianza.
-Muy bien, los dos sabemos que fue tu culpa así que ¿por qué simplemente no lo reviertes? –Empezó Francia mirando con enojo al inglés.
-¿Y… y… yo? Y… yo no tuve nada que ver con esto –Respondió Inglaterra con una risita nerviosa muy mal disimulada.
-¡Pues no me importa quién haya sido! ¡Sólo quiero regresar a mi bello cuerpo! –Gritó Francia ya exasperado de la situación.
-¿Y crees que yo no? Sí sigo en tu cuerpo me va a dar urticaria –Francia le dedicó una mirada de enojo- Además, quién sabe qué cosas me vayas a hacer.
Una respuesta no muy bien pensada departe de Inglaterra provocó una pervertida expresión en su ex-rostro, ahora dominio de Francia.
-Sabes, no lo había pensado de esa manera –Ahora una mueca macabra hacía su aparición- Umm… Me pregunto ¿dónde estará Austria?
-¿Qué? –Por un momento Inglaterra parecía confundido hasta que cayó en la cuenta de que…- ¡Oh no! ¡Ni te atrevas a pensar en eso!
-¿Por qué no? –Dijo Francia macabramente como villano de telenovela.
-Porque… emm… yo también estoy en la misma situación que tú, yo también podría hacerte cosas malas.
-¿Ah sí? ¿Cómo qué? –Retó el francés muy seguro de sí mismo.
-A… pues… podría… emm… –Inglaterra intentaba pensar en algo mientras Francia se acercaba lentamente a él con esa sonrisa macabra, más y más, con cada titubeo.
Y justo en ese momento un grito a la lejanía captó su atención, sacándolos de su pelea. Venía del sur, desde Italia.
-¿Qué es eso? –Preguntó Inglaterra prestando atención al sonido, aliviado de que lo hubieran salvado de la conversación.
-Parece… ¿Italia?
-Vayamos a ver, tal vez nosotros no seamos los únicos afectados.
Francia asintió y condujo a Inglaterra hacia su cochera.
-Más rápido que si vamos a pie –Aclaró abriéndole la portezuela del automóvil- La llave –Ordenó extendiendo la mano hacia el inglés.
-Yo no la tengo.
-En mis pantalones –Dijo Francia exasperado.
-Ah –Inglaterra hurgó en sus bolsillos hasta dar con una brillante llave plateada- ¿Puedo conducir?
-No, es mi carro.
-Sí, pero yo tengo la llave –Dijo felizmente meciendo delante de la cara del francés la pequeña llave.
-No voy a dejar que conduzcas mi carro, igual y te estrellas, ahora dámela.
-Si no manejo yo, no vamos a ningún lado, además recuerda, técnicamente yo soy tú y tú eres yo –Agregó con una maliciosa sonrisa.
Francia no terminó de aceptar pero le ganó la curiosidad por saber que le había pasado a su "hermanito" Italia.
El camino fue corto pero tortuoso, ya que Inglaterra disfrutaba de pegarse mucho a los otros carros; o acercarse mucho a los que venían en sentido contrario; o, en el peor de los casos, pasar por debajo de grandes parvadas de aves.
-Esta me las pagas –Murmuró por lo bajo Francia mirando con rencor a su chofer.
Llegaron a la casa de Italia y lo fueron a buscar en el único lugar razonable en el que podía estar: la cocina. Apenas entraron, se dieron cuenta de que algo no estaba bien, Italia estaba apoyado en el fregadero, con la cara mojada y aparentemente muy agitado, su mirada era de preocupación, y sí, tenía los ojos abiertos.
-Hermanito Italia ¿te encuentras bien? –Preguntó Francia visiblemente preocupado.
Alemania se les quedó viendo por unos minutos confundido, Inglaterra se estaba preocupando por él, eso era algo ya alarmante, y ¿hermanito? ¿Por qué? ¿Y qué hacía el cara de vino aquí?
-¿Estás bien? ¿Por qué gritabas? –Preguntó el verdadero Inglaterra viendo la confundida cara de Alemania.
-A… yo… este… –Dijo entrecortadamente pensando en lo que debería hacer, ¿debería decirles? ¿O inventaba algo?
Pero antes de que el alemán pudiera reaccionar, Francia se acercó mucho al él, inspeccionándolo. Al parecer había notado algo que no estaba bien.
-Tiene los ojos abiertos –Le dijo a Inglaterra en voz baja alejándose de Alemania. El inglés se quedó pensando unos minutos.
-Tal vez… –Luego se volvió al ahora más confundido alemán, para él Inglaterra se había acercado a inspeccionarlo y le había estado susurrando a Francia. Su día aumentaba cada vez más en la escala de rareza- No eres Italia ¿verdad?
-¿Cómo saben…? ¿Acaso ustedes tuvieron algo que ver? –Alemania los miró, primero a uno y luego a otro esperando una explicación.
-Sí, lo supuse, estamos en las mismas –Suspiró Francia señalando a Inglaterra con la cabeza.
-Yo fui el que lo pensó, tú no tenías ni la más mínima idea –Señaló Inglaterra molesto- Pero, si no eres Italia ¿quién eres?
-Alemania.
-Vaya, ¿cómo es que llegaste ahí? –Preguntó Francia divertido picándole el hombro con el dedo.
-¿¡Cómo diablos voy a saber! ¡Ustedes son los que deberían estar explicándomelo a mí!
-Lo haríamos pero tampoco sabes nada ¿verdad? –Aseguró Francia mirando a Inglaterra por apoyo.
-S… s… sí… exacto –Corroboró con otra risilla nerviosa.
-¿Y sólo nosotros estamos así? –Preguntó Alemania.
-Aún no lo sabemos, vinimos enseguida en cuanto te escuchamos gritar –Respondió Inglaterra.
-Un grito bastante afeminado, debería decir –Dijo Francia con una mirada malévola.
-Cállate –Respondió cortante Alemania con una mirada de enojo, no estaba de humor para estar soportando a ese idiota.
-Vaya, palabras grandes para tan débil cuerpo –Retó nuevamente Francia- Que giro tan irónico, de ser todo un fortachón a ser un enclenque.
Alemania simplemente lo miró de mala manera, no tenía tiempo para esto, tenía mejores cosas en que pensar, como por ejemplo ¿por qué ahora estaba en el cuerpo de Italia? Y lo más preocupante, si él estaba ahí ¿quién estaba en su cuerpo?
-¿Cómo llegaron aquí? –Preguntó repentinamente.
-En mi carro –Respondió Francia enseñando una pequeña llave plateada.
-Perfecto –Con un movimiento rápido Alemania se la quitó y salió corriendo poniendo a prueba la famosa habilidad de escape italiana- ¡Luego te lo regreso! ¡Mientras intenten averiguar quién más está involucrado!
Francia e Inglaterra sólo se quedaron atrás viendo como desaparecía.
-¡Hey! ¿Quién se cree ese tonto para llevarse mis cosas así como así? ¡Y para colmo nos da órdenes! –Reclamó el francés muy enojado.
-Sabes, tampoco es que sea mala idea –Le respondió el otro.
Alemania enfiló hacia su casa, pisando el acelerador como nunca lo había hecho, no solía manejar a más del límite permitido de la velocidad, pero la situación lo ameritaba, tenía que llegar lo más rápido posible.
Pero para llegar a su casa desde la de Italia, tenía que pasar por las de Suiza y Austria, algo que no le hacía mucha gracia. Pero vaya que se desconcertó en cuanto llegó.
Estaban casi en la frontera de sus dos territorios, y discutían airadamente. Lo cual era ya de por si raro porque ellos casi no se hablaban y se evitaban lo más que podían.
-¡¿Entonces qué fue lo que sucedió? –Gritaba Austria.
-No lo sé, te digo que no tuve nada que ver –Reclamaba Suiza.
-¿¡Y entonces cómo fue que acabamos así!
-¡Tampoco lo sé!
Alemania se acercó a las dos naciones.
-¡Hey! ¿Qué es lo que sucede?
Los dos países se le quedaron viendo, de seguro que no estaban acostumbrados a la cara que Italia les ofrecía, no era la misma de siempre, está era segura y seria.
-Italia… ¿Qué haces aquí? –Preguntó tranquilamente el que parecía ser Suiza.
-¡No intentes aparentar que nada ha sucedido! –Le reclamó Austria.
-No lo hago, simplemente ¿podrías calmarte?
Alemania se les quedó viendo un momento, al parecer él, Inglaterra y el cara de vino no eran los únicos.
-¿Ustedes también? –Alemania no esperaba una respuesta a su pregunta, más bien era para expresar su incredulidad ante la situación. Los otros dos países se le quedaron viendo.
-¿A qué te refieres? –Preguntó Suiza, aunque Alemania ahora estaba convencido que era Austria.
-No soy Italia, soy Alemania –Dijo este como si eso lo aclarara todo. Los dos se le quedaron viendo.
-¿Entonces qué fue lo que sucedió? –Preguntó Suiza ya más calmado.
-No lo sé, pero también les pasó a Inglaterra y a Francia, así que es probable que no seamos los únicos.
-¡Oh diablos! –Gritó de pronto Suiza recordando algo- ¡Liechtenstein!
Y salió corriendo apresuradamente hacia su casa dejando a los otros colgados.
-¡Hey espera! –Gritó Austria antes de lanzarse detrás de su cuerpo.
-Yo aún tengo cosas que hacer –Suspiró Alemania luego de ver a los otros dos marchar y reanudó su camino hacia su casa.
Ya no estaba lejos, y no tardó en llegar, pero en el camino lo asaltaron ideas aterradoras. Por lo que había visto hasta ahora, parecía que sólo se intercambiaban los cuerpos, eso quería decir que sí él estaba en el cuerpo de Italia entonces…
Y en cuento llegó lo vio, ahí estaba él, rodeado de un montón de muchachas que le sonreían con un ligero rubor en sus mejillas. Su cuerpo hablaba felizmente con ellas sobre los beneficios de la pasta. Sí, no había duda.
-¡Italia! –Gritó Alemania con ese tono autoritario tan suyo. El aludido levantó la cabeza y en cuanto lo vio una enorme sonrisa se extendió por su cara.
-¡Oh! ¡Hola Yo! ¿Dónde estabas? Te había estado buscando –Una risita tonta escapó de sus labios, Alemania se le quedó viendo, era todavía más desconcertante de lo que había pensado.
-¡Ven aquí ahora mismo! Debemos hablar.
-Muy bien. Ve~ –Dijo felizmente mientras avanzaba a paso saltarín hasta su cuerpo- Nos vemos luego señoritas –Se dio la vuelta para despedirse y ocasionó que las mujeres rieran mientras le decían adiós.
-¡¿Qué diablos hacías? –Preguntó Alemania incómodo.
-Sólo hablaba con esas mujeres… ¿hay algo de malo en ello? –Dijo inocentemente Italia.
-¿Ni siquiera estás preocupado por la situación?
-¿Cuál situación?
Mientras tanto, en la casa de Francia.
-Veamos –Dijo este despistadamente mientras marcaba un número en su teléfono.
Los dos habían acabado haciéndole caso a Alemania y ahora se intentaban comunicar con los otros países para ver si se encontraban en las mismas. Ya lo habían intentado con China pero este no había contestado.
Inglaterra estaba sentado en el sofá sosteniendo una guía telefónica. Estaba callado, esperando captar la conversación. Se escucharon cuatro timbrazos y finalmente se escuchó como levantaban el teléfono.
-¿Hi?
-¿Rusia?
-¿Inglaterra? –Un minuto de silencio- ¡Gracias al cielo! ¡No creerás lo que sucedió! ¡No soy Rusia, soy Estados Unidos! ¡Necesito que me saques de esta pesadilla! –Todas sus palabras salieron atropelladamente, parecía muy desesperado.
Al otro lado de la línea se escuchó algo rompiéndose, Estados Unidos se alejó del aparato y empezó a hablarle a alguien.
-¿Qué fue lo que sucedió?
-Lo lamento, Letonia no se queda quieto –Explicó la voz de Belarús.
-¡Que no soy Let, soy Polonia! ¡Y si no me explican ahora mismo que diablos está sucediendo aquí, haré que su capital sea Varsovia!
Luego otro ruido, como de alguien abriendo un puerta con mucha fuerza.
-¡Soy Alto! ¡Soy Alto! –Una nueva voz hizo su aparición, esta vez era la de Estonia.
-¡Espera detente Letonia! ¡No me ignores! –Ahora la voz de Letonia, que parecía cansada y sin aliento, le gritaba a Estonia.
-¡Es que soy tan alto!
-¡Muy bien bola de tontos largo de aquí! –Esta vez era una voz femenina, Ucrania.
-Yo de aquí no me muevo hasta que me expliquen que está sucediendo –Dijo Polonia molesto.
Nuevamente comenzó el alboroto, pero una voz sobresalió de entre las demás y las silenció.
-¡Cállense! ¡Estoy intentando hablar por teléfono! –Estados Unidos se impuso y logró que las demás voces se callaran, se volvió a acercar el auricular- Y como iba diciendo ¡ayúdame Inglaterra!
-E… yo… –Francia estaba desconcertado, no sabía que decir.
-¡Auch! Espera un momento –Pidió Estados Unidos antes de alejarse nuevamente el auricular- ¿Ucrania qué haces?
-Ya te dije que no soy Ucrania, soy Belarús.
-Bueno, quien seas, podrías alejarte, estás muy cerca.
-¡Únete a mí!
-¿Qué? ¿Por qué? ¡Espera, estás muy cerca!
-¡Es necesario!
-Pero yo no… ¡No hagas eso! ¡En serio, necesito mi espacio!
-No, no lo necesitas.
La inquietante conversación se rompió por un grito de Estados Unidos, se escucharon más voces en la pelea y luego, la comunicación se cortó.
De otro lado de la línea, Francia e Inglaterra miraban desconcertados el aparatito. Esa había sido una conversación muy rara.
-¡Tenemos que ir a salvar a Estados Unidos! –Gritó de pronto Inglaterra poniéndose de pie.
-¿Qué no escuchaste lo que acaba de suceder? ¡No voy a permitir que me arrastres a ese manicomio!
-Pero quién sabe lo que le puedan hacer.
-Ya está grandecito se puede cuidar, ahora mejor pásame otro teléfono, tenemos que ver quien más resultó afectado.
-¿Ahora resulta que eres muy obediente? –Pensó Inglaterra mientras pasaba las hojas- ¿Qué te parece Japón?
-Bien.
Marcaron el número y esperaron, este no tardó tanto.
-¿Bueno? –Respondió la calmada voz de Japón.
-¡Ah! Japón, soy Francia, llamaba para ver si no te había sucedido nada extraño.
-Eh… pues sí ocurrió algo, no soy Japón-aru.
-¿¡China! –Ahora Francia estaba más desconcertado, parecía que se había extendido a todo el mundo.
-¿Cómo supiste-aru?
-Sólo adiviné… bueno cómo sea, necesitamos averiguar a cuantas personas les pasó lo mismo.
-¿Hay más involucrados-aru? –Preguntó China asombrado de que esto no fuera un sueño y que no fuera el único.
-Pues hasta donde sé también les pasó lo mismo a Inglaterra, Alemania, Italia, Estados Unidos, Rusia, las hermanas de Rusia, los bálticos y Polonia.
-Vaya… ¿y qué fue lo que sucedió? Aún no lo logro entender-aru.
-Pues no estamos seguros, pero supongo que esto va a ameritar un código rojo.
-¿Tan grave?
-Parece que sí –Suspiró Francia, los códigos rojos nunca eran buenos- Ahora la prioridad es avisarles a los demás. ¿No has, de casualidad, hablado con Japón?
-Em… no ¿por qué con él?
-Pues parece que esto es como un intercambio, si tú estás en el cuerpo de Japón, es probable que él este en el tuyo. ¿Podrías contactarte con él?
-Pues supongo que puedo intentarlo, pero va a ser difícil.
-¿Por?
-Pues porque cuando me desmayé no estaba en mi casa principal, estaba en una de mis casas de campo-aru.
-No veo el problema.
-Bueno, es que no recuerdo en cuál.
.-
¡Lo lograron! Felicidades, que aguante jeje.
Bueno antes que nada espero que les haya agradado el capítulo, pronto vendrá más. Estoy intentando actualizar cada semana (específicamente cada miércoles) lamento si está vez me haya atrasado (ya es la 1 am, así que técnicamente ya es Jueves) es que no podía dejarlo listo, faltaban tantas cosas y no quería cortarlo antes.
También me gustaría agradecerles a los que me dejaron comentarios ¡Muchas gracias! Sin ustedes es probable que me hubiera dado mucha flojera continuar.
Otra cosa, voy a responder algunas cuestiones que creo quedaron en duda:
Aunque los personajes principales de esta historia son los protagonistas del anime (entiéndase axis y aliados), voy a intentar sacar tantos países como pueda, también tengo planeados dejarles capítulos especiales a naciones aparte (como en el caso de los bálticos, España y Romano, Austria y Suiza) y si puedo saco más.
Y también el porqué decidí que fuera sólo un intercambio, el problema aquí es que si decía que tal personaje estaba en tal y tal en cual y bla bla bla, era probable que los confundiera y hasta yo saliera confundida jeje. Así que espero me perdonen por eso.
Bueno, creo que eso es todo.
TsChÜs!
