Capítulo 3: Primeros días y pequeñas sorpresas
Albus,
Siento que el sombrero no te haya dado opciones, pero te aseguro que es sabio, y que las decisiones las toma por alguna razón. Ten paciencia e irás encontrando cuál es esa razón. No estamos decepcionados, aunque sí un poco preocupados. Si tienes algún problema en tu casa, no dudes en acudir a Hagrid, Neville o directamente a nosotros, ya sabes que estamos aquí para lo que sea.
Espero que te vaya bien en las primeras clases, ya me contarás cómo son tus compañeros.
Un abrazo,
Papá.
La lechuza le había llegado durante el desayuno, como las otras cien que habían llenado el gran comedor. La guardó en el bolsillo de la túnica y siguió desayunando en silencio. No tenía ni la menor idea de cómo se lo habría tomado su madre, pero el hecho de que ella no le hubiese escrito decía bastante. A su alrededor los demás alumnos charlaban animadamente.
- ¿Potter? - Preguntó una voz a su espalda. - Soy Melanie McMillan, prefecta de quinto. Mira, ya sé que la gente es un poco idiota, y tampoco te conozco a ti como para saber nada, ni tengo la menor idea de qué ideas tendrás sobre esta casa. Hemos pasado los últimos cinco años intentando levantarla, porque está hundida, si vas a ayudarnos y a comportarte como un Slytherin, eres bienvenido. Si vas a volverte en contra de nosotros, ya puedes ir llorándole a Cresswell para que te cambie de casa.
Albus la miró sin saber qué decir. Era una chica alta, de pelo oscuro y rizado, bastante guapa. Le miraba con las cejas levantadas, como esperando una respuesta.
- Bueno, a ver cómo te va el primer día... Aquí tienes el horario, un día un poco aburrido, pero bueno. Suerte.
Se fue sin decirle nada más, y Albus se quedó mirando el horario. A primera hora Historia de la Magia, que compartían con los Ravenclaw, luego Estudios Muggles con Hufflepuff y después del almuerzo Herbología con los Gryffindor. Al menos podría ver a Neville, y si los Slytherin le hacían algo podría ayudarle.
Recogió sus cosas y se fue a buscar la primera aula. Se sentía estúpidamente solo, y no podía dejar de pensar en la tontería que había dicho el día anterior durante la cena. Tendría que haberse estado calladito y haber sido amable, él era quien estaba en desventaja allí.
Se sentó al fondo de la clase y esperó a que llegasen los demás. La chica hija de muggles se le acercó y se sentó al lado suya, sonriéndole de lado.
- Ya me han explicado un poco por qué te sentó tan mal lo de ayer.
- ¿No te asustan? - Le preguntó él.
- ¿Asustarme? No... Mira, me han dicho que tus padres podrían haberte contado cosas horribles, pero te aseguro que ya no son así, además, tu eres un Slytherin, ¿no? - Él asintió. - Y no eres malo.
- ¡Claro que no!
- ¿Entonces? ¿Por qué todos los demás sí tienen que serlo? Ayer no te quedaste, pero Melanie McMillan, la prefecta, estuvo contándonos que Slytherin es la casa más desprestigiada de Hogwarts. Según nos dijo, hace veinte años que no ganamos la copa de las casas, y todo porque los profesores la toman con nosotros y castigan a los Slytherin por lo que sea. Según contó, muchos Gryffindors, como tu hermano, no paran de ponernos trampas para que nos castiguen y nos quiten puntos.
De repente Albus fue consciente de que todas las bromas que su hermano y Fred le habían contando que habían hecho en Hogwarts había sido a los alumnos de su casa, y no pudo evitar enfadarse con su hermano. Si la hija de muggles tenía razón, su hermano era tan abusón como, según sus padres, eran los Slytherin.
- Vale... Yo no sabía nada, y mi hermano es un poco idiota, ya sé que puede pasarse mucho a veces.
A ella pareció agradarle la respuesta y le sonrió. No pasaron ni dos segundos cuando un fantasma atravesó la pizarra y alguien dejó escapar un gritito infantil de miedo.
Sin embargo, diez minutos después, ninguno sentía ni el más mínimo interés por el profesor fantasma, puesto que había empezado a hablar en cuanto había atravesado la pizarra, con una voz monótona y soporífera, que les acabó sumiendo en un estado de semiinconsciencia. Albus tomó apuntes como pudo antes de dejar que su mente vagase.
Salió de clase con sueño, había dormido fatal su primera noche en Hogwarts, y además el estado soporífero en el que había estado en clase le había dejado un poco abrumado. Siguió a los alumnos de Slytherin hacia la clase de estudios muggles. Algunos hacían comentarios en cuanto a lo estúpida de la asignatura, él prefirió no decir nada.
La habitación era amplia, y estaba decorada como una casita campestre. Había cortinas con dibujos de zanahorias en las ventanas y las sillas eran de madera pintadas de verde. Los pocos cuadros que había en las paredes eran de paisajes, y ninguno de ellos se movía. Repartidos por las mesas estaban una docena de objetos muggles de los cuales Albus sólo reconoció un ordenador y una televisión.
Vio a su prima Rose sentada sola en una mesa y se apresuró a ir hacia ella. No había hablado con ella desde el tren, y por primera vez pareció salir del pequeño mundo de Slytherin en el que estaba metido.
- Hey, Al. ¿Cómo estás? - Le preguntó en cuanto le vio. Parecía preocupada.
- Bueno... Es raro, no me lo creo todavía.
- ¡Buenos días! - Dijo la profesora Frobisher mientras entraba en el aula. - Soy la profesora Frobisher, para quienes no lo recuerden. Antes de nada debo decir que el montón de tonterías que se han dicho sobre lo innecesaria de la asignatura no son más que eso, tonterías. Es necesaria su obligatoriedad por los prejuicios que llevaron a una guerra, es necesaria la asignatura para poder deshacernos de esos prejuicios. Bien, para empezar, ¿quienes de aquí tienen parientes muggles?
Un tercio de la clase levantó la mano, principalmente Gryffindors. Meredith Hill, la Slytherin hija de muggles, fue la única de las serpientes que la levantó. La profesora se la quedó mirando con el ceño fruncido.
- ¿Cómo se llama, señorita?
- Meredith Hill, profesora.
- Señorita Hill, estoy preguntando sobre parientes cercanos.
- Sí, profesora.
- ¿Tiene parientes cercanos muggles, señorita Hill?
- Sí, mis padres.
Todos los Gryffindors la miraban con el ceño fruncido, así como la profesora, que pareció quedarse sin habla por un momento. Rose miró a Albus pidiéndole una explicación, y él se encogió de hombros y asintió.
- ¿Sus padres son muggles? - Preguntó la profesora a falta de algo mejor que decir.
- Sí, los dos. - Pareció empezar a recuperarse y carraspeó.
- Ya veo... Bien, pongamos como ejemplo sus padres pues... ¿En qué trabajan?
- Mi padre es abogado y mi madre enfermera.
- ¡Estupendo! Dos profesiones muy interesantes... Muy bien, ¿Alguien de la clase puede decirme qué es un abogado?
La clase se fue normalizando poco a poco, en cuanto tuvieron un pequeño descanso Rose le preguntó si era verdad lo de la hija de muggles.
- ¿Y alguien se ha metido con ella o algo? Al, tienes que contármelo.
- Nadie se ha metido con ella, de verdad... No sé, Rose, creo que todos se pasan un poco con los Slytherin, yo soy uno, ¿no? Y tú sabes que no soy malo.
- Ya lo sé... James se tiró toda la noche diciendo que era una trampa o un error o algo así.
- No lo creo.
- ¿No lo crees?
- No creo que se hayan equivocado conmigo porque soy bueno, Rose, simplemente creo que ellos no son malos.
- Pero ya sabes todo...
- Sí, y los malos de la guerra no eran solo Slytherin, ¿no? Además, me llamo Albus Severus, y Severus fue un director de Hogwarts de Slytherin que fue bueno, me lo ha dicho mi padre. - Rose pareció meditarlo.
- Creo que tienes razón... ¿Sabes? Mi madre me regaló Historia de Hogwarts este verano... Y sale toda la historia de las casas de Hogwarts. Deberías leerlo, por un rato pensé que los Slytherin no eran malos.
- ¿Qué quieres decir?
Pero la profesora Frobisher les mandó callar y se vengó de su charlatanería mandando un montón de deberes. Albus fue con su prima hacia el gran comedor mientras ésta le explicaba lo que sabía.
- Pues que resulta que al principio los Slytherin eran los buenos, y los Hufflepuff los malos.
- ¿Cómo van a ser malos los Hufflepuff?
- Porque antiguamente los muggles temían a los magos, y los quemaban, y esa era la casa que más hijos de muggles tenía. Algunos se volvían locos y provocaban incendios para quemar a sus compañeros y cosas así, y en esa época los buenos eran los Slytherin.
Llegaron al Gran Comedor y Albus se despidió de su prima y se fue en dirección contraria. Algunos Slytherin le miraron un poco mal cuando pasó, pero él mantuvo la vista en el suelo. Se sentó junto a Meredith Hill, que parecía la que más amable era con él, y pensó en lo que le había contado su prima.
- ... ¡Pues yo ya estoy harto! - Gritaba uno de segundo un par de asientos a su izquierda. - ¿No debería dejarnos en paz ahora que tenemos a su hermano? ¡Eh! ¡Potter! ¡Para algo tienes que servir! - Bramó en su dirección.
Todos se quedaron mirando a Albus mientras el niño de segundo se levantaba y se le acercaba.
- Estoy harto de que tu hermano este fastidiándonos todo el día, ¿te enteras? ¡Nos ha hecho perder veinte puntos hoy en una sola clase! Y nos han castigado limpiando la sala de los trofeos el viernes... ¡Eres su hermano! ¡Haz algo útil si de verdad eres de esta casa!
Albus se quedó perplejo sin saber qué decir. Los que estaban a su alrededor le miraban esperando su reacción, y escuchó que alguien decía que no era más que un leoncito cobarde.
- Vale. - Dijo simplemente, y se esforzó en no parecer cobarde en absoluto. Cogió su vaso de zumo de calabaza intentando aparentar tranquilidad y rogando a Merlín porque nadie viese cómo le temblaba la mano.
- ¿Vale? - Preguntó el de segundo perplejo. - ¿Vale qué?
- Me estás diciendo que hable con él, ¿no? - Preguntó con el corazón latiéndole a mil por hora. Era como si estuviese actuando o algo así, estaba a punto de echarse a correr, y sin embargo mantenía la compostura tanto como podía. El niño asintió. - Pues eso, que vale.
Nadie parecía haberse esperado esa respuesta, y el chico volvió a su asiento sin saber realmente qué había pasado. Albus tenía un nudo en el estómago, pero cogió una salchicha y un poco de puré y empezó a comer. No paró de comer hasta que los demás ya habían vuelto a sus conversaciones. Entonces se permitió soltar el aire, bebió un sorbo de zumo y se levantó.
Esperó a su hermano en la Gran Escalinata hasta que salió quince minutos después. Iba con Fred, y pareció sorprendido de verle ahí esperándole.
- Hola, pequeña serpiente. - Le saludó con media sonrisa, sin embargo no parecía divertido, más bien enfadado o algo así. - Fred, vete para la sala común, charla entre hermanos.
Se sentaron en un banco en un pequeño pasillo de la primera planta.
- Mira, James, todavía no sé qué hago en Slytherin, pero...
- ¡Te han tendido una trampa! El sombrero ni siquiera te rozó la cabeza.
- No ha sido ninguna trampa. Soy un Slytherin, tú lo creías, ahora es cierto, ¿por qué te sorprendes?
- Yo sólo me metía contigo, no creía que fueses una serpiente de verdad.
- Escúchame, sea como sea ahora estoy ahí, ¿vale? Soy un Slytherin, y me estás causando muchos problemas.
- ¿Problemas? ¿Yo? ¡Dirás que ellos te causan problemas!
- No, ellos me dejan en paz porque soy un Slytherin, James. Pero si tú sigues fastidiándoles porque sí empezarán a odiarme, y entonces sí tendré problemas. Mira, ya sé que no soy quien quieres que sea, o lo que sea, pero eres mi hermano, ¿no?
- Son serpientes, Albus.
- Yo soy una serpiente. Déjales en paz, te lo digo en serio.
James parecía fastidiado. Se levantó de golpe y se fue enfadado escaleras arriba. Albus no tenía ni idea de si había funcionado o simplemente había hecho que se cabrease más, pero tomó aire y se fue con toda la dignidad que pudo a la Sala Común.
Parecía que todos estaban esperándole porque se quedaron en silencio en cuanto entró. El chico de segundo se levantó de la silla donde estaba estudiando con otros más y se le acercó con las cejas levantadas.
- ¿Y bien? ¿Has hablado con él?
- ¿Eres tonto? Pues claro que he hablado con él, dije que iba a hacerlo, ¿no? - Sabía que había sido un paso un poco arriesgado, pero la prefecta le estaba observando y las palabras habían salido sin más, el chico sin embargo pareció sonrojarse.
- ¿Qué ha dicho?
- Si no hacéis nada, os dejará en paz. Si le hacéis algo, ahí yo ya no entro, porque no es problema mío.
Parecían todos muy sorprendidos. La prefecta, Melanie McMillan, se le acercó con una sonrisa.
- Gracias, Potter. - Le dijo, y algunos asintieron.
Albus se sintió entonces con fuerzas para dejarse caer un rato en uno de los sofás, que llevaba queriendo probar desde que los había visto la noche anterior. Poco a poco de nuevo todos fueron volviendo a sus tareas, y él se quedó mirando por uno de los ventanales al pulpo gigante, que nadaba alrededor de la sala común.
Fue a por sus cosas de Herbología a la habitación, y cuando estaba volviendo escuchó voces provenientes de otra habitación, de la de los de quinto. Se sorprendió porque era una voz de chica, que reconoció como la de Melanie McMillan.
- ...Te dije que nos iba a ser útil. - Decía aparentemente feliz. - ¡Es nuestra oportunidad! Después de cinco años intentando que dejen de fastidiarnos... Los de segundo lo están pasando fatal.
- Tienen al James Potter ese, que es el peor. - Respondió una voz masculina que no reconoció.
- Eso dicen, desde luego se pasan el día castigados. Los Gryffindor fueron el año pasado por ahí como si fuesen los dueños del colegio sólo porque tenían a un Potter, bueno, pues ahora nosotros también tenemos a uno. Va a sernos útil, ya verás. Además parece que el niño tiene carácter.
- O eso, o es muy buen actor, ¿tú crees que ha dicho la verdad?
- La voz no le temblaba, desde luego... Veamos si ha conseguido lo imposible, y James Potter se está quietecito.
Escuchó pasos y salió corriendo a la Sala Común. Los demás de primero ya habían salido, así que se apresuró a salir por la pared de la sala común y fue corriendo hacia los invernaderos.
Hacía frío y viento, y parecía que iba a empezar a llover en cualquier momento. Entró justo cuando el profesor Longbottom iba a cerrar la puerta, y vio que le miraba de forma extraña cuando entró. Neville siempre había sido amigo de sus padres, su hija, Amelie, tenía su misma edad y había sido sorteada a Hufflepuff la noche anterior. Siempre había sido muy amable con él, y no entendía aquella mirada de repente.
Se sentó junto a una de las Slytherin que no conocía, que tenía el pelo oscuro un poco revuelto. Neville entró y se aclaró la garganta.
- Buenas tardes... Soy el profesor Longbottom, e impartiré Herbología. Aquí veréis plantas que salvan vidas, así como otras que las arrebatan en dos segundos, e incluso otras que consiguen hacerte reír, llorar o enfadar simplemente con olerlas. - Nadie parecía impresionado, y el profesor parecía un poco nervioso. - Bien, empezaremos explicando qué es la herbología, sus utilidades, y lo que vamos a ver en este curso, ¿Teneis pergaminos? Bien...
Pasaron una aburrida clase tomando nota sobre todo tipo de plantas igual de aburridas que verían en aquel curso. Cuando salieron de clase por fin estaba lloviendo, y todos corrieron a refugiarse en el castillo.
- Pues no sé cuándo vamos a ver esas plantas tan interesantes que te hacen reír, ¿en séptimo? - Comentó en voz baja para sí mismo. La chica que se había sentado con él se rió.
- Albus Potter, ¿no? - Le preguntó.
- Sí, ¿tú...?
- Aileen Gamp. Mi hermano es el idiota del prefecto de quinto. - Dijo divertida.
- El profesor Longbottom se pasa un poco, ¿no? - Preguntó él. Le había sorprendido que hubiese quitado diez puntos a Vivianne Avery por no llevar bien puesta la túnica.
- Pues creo que hoy hemos tenido una clase suavecita.
- ¿Qué quieres decir? Yo lo conocía y no era así...
- Bueno, es así con los Slytherin, a lo mejor es por eso. Dicen que quita un montón de puntos por cualquier cosa y que castiga a un Slytherin al menos una vez a la semana.
- No me lo esperaba. - Dijo él sin más.
Volvieron todos a la Sala Común y Albus se acomodó en un sofá apartado junto a una chimenea y se puso a hacer los deberes que les habían mandado. Se saltó la hora del té y no fue al Gran Comedor, sino que sacó su tablero de ajedrez y se puso a jugar con las piezas, que siempre conseguían ganarle, cada vez de una forma más espectacular.
- Deberías presentarte al torneo de ajedrez, y entrar en el club. - Le dijo Melanie McMillan acercándose a él.
- ¿Al club de ajedrez? No sabía que también había un torneo.
- Sí, entre los del club. Dan cincuenta puntos a la casa del que gana, y nos vendrían muy bien. Además no lo haces nada mal.
- No creo que pueda ganarles a todos.
- Pues no te creas, ¿eh? En serio eres bastante bueno. Yo quedé tercera el año pasado, y te digo que me darías una paliza.
Le dirigió una sonrisa y se marchó.
...
Harry había cumplido la promesa que le había hecho a Ginny, y a primera hora de la mañana escribió a la directora Cresswell pidiéndole una cita. No tenía aún claro qué le iba a decir, pero sabía que no pensaba exigirle que cambiase a su hijo de casa, como Ginny pretendía.
Recibió la lechuza de Hogwarts durante su descanso de mediodía. La directora le había citado para dos horas después, así que aún tuvo tiempo de comer tranquilamente su plato especial indio del restaurante de las hermanas Patil. Cuando llegó al Ministerio apenas tuvo tiempo para decir que iba a una reunión con la directora, cogió la red flú y volvió a Hogwarts por primera vez en veinte años.
El despacho estaba muy cambiado, desde la última vez que él lo vio, cuando supo que tenía que morir. Las estanterías llenas de todo tipo de objetos extraños habían sido sustituidas por otras más nuevas repletas de libros y carpetas de colores. Los cuadros en las paredes roncaban, y distinguió a Dumbledore y a Snape entre los de siempre.
La directora era una mujer unos diez años mayor que él. Parecía severa, y cansada a juzgar por las ojeras que tenía detrás de las gafas cuadradas. Le invitó con la mano a tomar asiento, y él lo hizo.
- Buenas tardes, señor Potter, ¿quiere un té?
- Harry, por favor. Sí, muchas gracias.
Le sirvió mientras Harry tomaba aliento y pensaba en lo que iba a decir y cómo. La directora le estaba esperando, aunque él ya suponía que sabía de qué quería hablarle.
- Verá, estoy un poco preocupado por Albus.
- Lo suponía, Harry.
- Ya sé que los Slytherin no son como antes, y que las cosas han cambiado, o al menos eso me dijo Minerva este verano cuando se retiró. Sin embargo, no sé si mi hijo será bien aceptado.
- Vaya, me sorprende. Pensaba que venía a pedirme que le cambiase de casa.
- ¿Lo haría?
- No, lo siento, no puedo hacer eso. - Harry pensó que parecía haber estado esperando todo el tiempo para poder decir eso.
- Lo suponía.
- Creo que Albus no tendrá demasiados problemas, los Slytherin están muy controlados últimamente. De todos modos, si te quedas más tranquilo, puedo hablar con los prefectos o con su jefe de casa.
- A propósito... No sé quién es el jefe de Slytherin actualmente. - Admitió Harry a su pesar.
- Ah, ya veo... el profesor Nott, que imparte pociones, es el jefe de la casa desde hace dos años.
- ¿Nott? ¿Theodore Nott?
- Sí, ¿Le conoce?
- Fue compañero mío en Hogwarts. - Se quedó en silencio y aprovechó para beber un poco de té. Estaba frío y se esforzó por no poner una mueca de asco. - Bueno, si pudiese hablar con Nott, me quedaría un poco más tranquilo.
A la directora no pareció hacerle mucha gracia el comentario, porque frunció los labios y se quedó pensativa.
- Está bien, supongo que podría concertarse una cita... Veré qué puedo hacer y le mandaré una lechuza. Buenas tardes.
Harry no sabía a qué venían aquellas prisas, pero dejó la taza sobre la mesa y se fue directo a la chimenea para volver a su casa.
No le hacía ninguna gracia la actitud de la directora, parecía que estaba de su lado, pero no parecía muy dispuesta a concertar aquella cita. Theodore Nott no había sido un amigo de Malfoy, más bien se había mantenido siempre al margen, así que supuso que tal vez no era tan malo. Apartó las ideas de su mente y, mientras pronunciaba la dirección de su casa, pensó en cómo iba a enfrentarse a Ginny.
LuNa HearTies: ¡Muchas gracias! Es mi primer fanfic publicado, así que estoy un poco nerviosa por ver qué os parece y tal, así que muchas gracias por comentar. Ahora estoy subiendo un poco más rápido, pero ando de exámenes así que no sé cuándo podré sacar el cuarto, igualmente espero que no te aburra y sigas siguiendo la historia! Un saludo y muchas gracias :)
