Pokémon Reset Bloodlines – El Chico Salvaje de Sinnoh
Escrito por Viroro-kun, traducido por Fox McCloude.
Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Pokémon Reset Bloodlines es idea original de Crossoverpairinglover, y este spin-off es propiedad de Viroro-kun con su autorización, al igual que mi traducción. Todos los derechos reservados.
Capítulo 3: Batallas y vínculos – Ciudad Oreburgh
Ciudad Jubilife…
Caminando por Jubilife, continuó encontrándose rodeado de gente ocupada con sus vidas. Niños que iban a la escuela o a jugar, adolescentes que se besaban o perdían el tiempo, ancianos y ancianas que alimentaban a los Starlys en una banca del parque, y una obscena cantidad de oficinistas que entraban y salían de los edificios que los rodeaban. La ciudad era caótica y estallaba de vida, signos claros de un lugar próspero y una de las ciudades más grandes de la región Sinnoh.
Pero el chico rubio no estaba allí para nada de eso. Mientras él y su Absol atravesaban el mar de personas, todo lo que podían era calificar eso de información inútil. Tenían una misión que cumplir, y no iban a perderla de vista. Así, continuaron escaneando a cada persona a su alrededor, con su confiable compañero listo para percibir cualquier peligro que se acercara.
Por suerte para ellos, la Plaza de la Alegría no era particularmente grande, y en poco tiempo habían encontrado a su objetivo, sentado en una banca y con apariencia deprimida mientras se comía un sándwich, mientras a su lado un Gible hacía lo mismo. Quizás estaban recién salidos de una derrota, se imaginó, o tal vez era lo que había pasado unas pocas horas antes. Como fuera, no estaba en su mejor humor, pero eso difícilmente le interesaba. El chico se ajustó los guantes y se le acercó sin mucha fanfarria. No había tiempo que perder.
- Señor Park, ¿verdad? – le dijo. – He estado buscándote.
Park levantó la cabeza y se tragó casi de un golpe el sándwich. Este le echó una mirada confusa, entrecerrando los ojos.
- ¿Quién eres tú? – le preguntó. El chico simplemente cogió su placa y se la enseñó, haciendo que entrenador y Gible se quedaran congelados.
- Agente Koya, Policía Internacional. – dijo dejando de lado la placa, acercándose junto a Absol. – Tengo algunas preguntas para ti.
Park se quedó lívido, con los dedos temblando y mirando a su alrededor, mientras Koya simplemente se quedó esperando. ¿Trataría de escapar? ¿Estaría escondiendo algo? Había muchas posibilidades. Discretamente colocó una mano sobre una de sus Pokébolas en caso de que fuera necesario. Y luego, miró a su Gible y levantó las manos hacia Koya.
- ¡M-mira, encontré a este Gible abandonado cuando era un huevo! ¡Si tenía dueño antes de eso, no fue mi intención robarlo!
Al oír eso, Koya arqueó una ceja, pasando la mirada entre entrenador y Pokémon. Hasta el pequeño Pokémon Dragón parecía algo tenso, temblando y acercándose más a su entrenador. El agente le echó una mirada fugaz a Absol y luego suspiró. Encarando de nuevo a Park, se aclaró la garganta.
- Ninguna de mis preguntas son respecto a ti. Solo estoy buscando a alguien.
Las preocupaciones de Park parecieron derretirse al oír eso, suspirando de alivio junto a su Gible. Koya no se enfocó mucho en ello, y en vez de eso sacó una foto, una vieja foto de archivo mostrando a un hombre joven y a un niño de aspecto salvaje en medio de la naturaleza, rodeados por muchos Pokémon.
- ¿Has visto a este niño? – dijo señalándolo, con los ojos entrecerrados. Park cogió la foto para darle una mirada de cerca, e inmediatamente gruñó.
- Oh, claro. Me arrojó una Pokébola directo a mis áreas sensibles. – Se rascó la cabeza, mirando hacia los límites de la ciudad. – Creo que ayudó con una operación por accidente y ahora se dirige a Oreburgh. No estoy seguro, tal vez deberías buscarlo por allá.
Mientras Koya observaba el camino hacia Oreburgh, repasó la información en su cabeza. Había oído que la Jenny local estaba organizando una operación contra una red de contrabando de Pokémon que estaba en los alrededores de Jubilife, con asistencia de Roark, el líder del gimnasio de Ciudad Oreburgh. No esperaba que eso resultara ser relevante, pero considerando que el padre de Roark era un conocido de su objetivo, que él y el chico estuvieran juntos le serviría bien a su investigación. Volvió a enfocar su atención en Park mientras guardaba la foto.
- Tiene sentido. Los entrenadores usualmente no se quedan en un lugar. – Se inclinó cortésmente frente a Park y sonrió ligeramente. – Muchas gracias por tu ayuda. Y no te preocupes.
- ¿Uhm? – Park arqueó una ceja.
La sonrisa de Koya se ensanchó un poco más, acercándose al Gible y dándole una palmadita afectuosa en la cabeza.
- Los huevos de Pokémon abandonados se consideran res nullius en lo que concierne a la ley, no le pertenecen a nadie. Y puedo ver que le agradas a Gible, así que no tienes nada de qué preocuparte. – Miró fijamente a Park, volviendo a adoptar una mirada seria. – Cuídalo muy bien, ¿de acuerdo?
Park pareció aliviado con eso, tal como lo esperaba. Este apretó los puños y asintió.
- Lo haré, gracias.
Koya asintió y se dio la vuelta, sin hacer ni un gesto mientras Park y Gible volvían a comerse sus sándwiches. Los miró solo por un segundo antes de enfocarse de nuevo en el camino adelante, con Absol ya caminando a su lado. Le alegraba ver que a diferencia de ciertas personas, Park parecía preocuparse genuinamente por su Pokémon, no como aquel estúpido asistente de laboratorio al que entrevistó, o como…
El chico se congeló, tratando de evitar que las memorias volvieran a surgir. Sacudió la cabeza, y pudo sentir que Absol fijaba la mirada en él. Koya recuperó su aplomo y se ajustó la camiseta, respirando profundamente.
- No es nada, en serio. – Volvió a dirigir la mirada hacia el camino. – No hay tiempo que perder ahora. Hareta Yamamoto es la mejor opción que tenemos para lograr nuestro objetivo.
Absol asintió, y con ello agente y Pokémon continuaron por el camino. Se habían unido a la Policía Internacional para hacer el bien y ayudar a otros, y después de insistir de ser los únicos agentes asignados a este caso, ni Koya ni Absol tenían intención de decepcionar a su organización. Encontrarían a Kaisei, y a Newton Graceland con él. Por cualquier medio necesario.
…
Más adelante en el camino...
- ¡Wow, esto es increíble!
Mientras Hareta, Bidoof y Onix se apresuraban a sacar a un Geodude atorado a un lado del camino para conversar con él, Mitsumi suspiró y sacudió la cabeza. Incluso luego de pasar la mayor parte de los últimos veinte minutos en la cueva conocida como "la Puerta de Oreburgh", el chico siempre se las arreglaba para encontrar algo nuevo que captaba su interés y lo hacía correr. Saltaba con la agilidad de un Aipom, agarrando Pokémon, buscándose peleas fingidas y luego estrechándoles la mano a todos los habitantes de la cueva, mientras Piplup trataba de seguirle el paso a su nuevo entrenador, y sin tener un segundo de descanso.
Le alegraba más que nunca que las Jennys hubieran ofrecido acompañarlos hasta la entrada de la Puerta de Oreburgh, porque a ese paso, habría pasado más tiempo en asegurarse de que Hareta no se viera involucrado en más aventuras extrañas fuera de tener que buscar a su padre. Por lo menos, la escasa iluminación de la cueva y su estructura lineal significaba que no lo perdería de vista con tanta facilidad como en Jubilife.
Mientras Mitsumi continuaba observando a su compañero de viaje solo por si acaso, escuchó al otro humano de su pequeño grupo reírse ligeramente, al tiempo que se ajustaba sus gafas observando a Hareta y a su familia de Pokémon, con su Cranidos siguiéndolos detrás.
- Sí que es un chico lleno de energía, ¿verdad? Me recuerda a mi papá. – dijo Roark mientras Hareta caía directo en medio de una colonia de Zubats y Golbats.
Mitsumi continuó observando mientras Hareta levantaba una mano hacia el líder Golbat, diciendo algo sobre ser amigos. Podría haber jurado que sus ojos brillaron por un segundo, y luego de eso la sonrisa del Golbat se ensanchó, como si hubiera conocido a Hareta por años, con él y el resto de la colonia dándoles la bienvenida a él y al resto de sus amigos mientras Hareta hablaba sobre cómo no deberían molestar a los Geodudes locales o algo por el estilo. No tenía idea de cómo sabía eso, especialmente cuando rápidamente saltó para hacerse amigo de algún otro habitante de la cueva y se despedía de la colonia de murciélagos. La chica se frotó su pelo verde.
- No llevo mucho de conocerlo, pero a veces desearía que tuviera menos energía.
- No hay nada malo con ser así de activo, especialmente cuando eres tan joven. – Roark continuó siguiendo a Hareta, cuando este agarró a Piplup y lo puso sobre la cabeza de Onix para que observara la cueva. – Definitivamente es el hijo de su padre.
Ante la mención del padre de Hareta, Mitsumi se tensó. Habían pasado más o menos una hora juntos, y se le había olvidado preguntarle respecto a eso. Por dentro se maldijo por estúpida y lo miró con los ojos entrecerrados.
- ¿Qué sabes sobre Kaisei, exactamente? – le preguntó. Roark se volteó a verla, y se encogió de hombros antes de responderle.
- Admitiéndolo, no mucho, mi papá es el que lo conoce directamente. Él podría darte más información, pero actualmente está fuera de Canalave trabajando con un amigo en la Isla de Hierro. Dicho eso, hay algo de lo que quiero asegurarme con Hareta.
- ¿Qué quieres decir? – Mitsumi frunció el cejo.
- Digamos que me gusta pulir los diamantes en bruto para que brillen más que nunca. – le dijo, y al ver que Mitsumi se enfurruñaba todavía más, se rio de nuevo y levantó la mano. – Oh, ya verás a lo que me refiero. No es nada de lo que debas preocuparte.
- ¿Y cuándo lo veremos exactamente? – preguntó Mitsumi, con los ojos todavía entrecerrados mientras veía al líder del gimnasio.
- ¡Hey, ya veo la salida! ¡Vamos!
Mitsumi volvió su atención a Hareta, viendo que el chico señalaba la luz al final de su túnel actual. Roark tomó esto como su señal para ponerse al frente, con una gran sonrisa en el rostro.
- Justo ahora, según parece. – fue lo que dijo el líder del gimnasio, adelantando a Hareta a indicándoles que lo siguieran. Mitsumi dejó descansar el argumento, y con ello todo el equipo continuó caminando hacia el camino que llevaba fuera de la Puerta de Oreburgh.
Les llevó menos de un minuto atravesar el resto del túnel y llegar hasta su destino, y en cuanto Hareta, Mitsumi y sus Pokémon finalmente salieron a la luz, Roark se volteó a verlos y extendió sus brazos hacia los lados.
- Bienvenidos a Ciudad Oreburgh, amigos míos.
Saliendo de entre las montañas, Mitsumi y Hareta pudieron disfrutar de una vista a ojo de pájaro de toda la ciudad: era extremadamente avanzada y modernizada, y aun así claramente era una ciudad que sobresalía de trabajar sobre las rocas. Pudieron ver lo que parecía ser un gran museo y laboratorio en la distancia, un gran edificio que parecía haber sido tallado de una gran piedra, un gran puente de acero que llevaba a otra entrada de la ciudad, y una mina muy activa que llevaba bajo tierra, con varias cintas transportadoras entrando y saliendo con toda clase de materiales, con grúas de torre moviéndolas por todo el lugar. Daba la impresión de ser una ciudad activa y llena de vida con muchos sitios de trabajo, lo cual tenía sentido para una de las locaciones más importantes en la economía de Sinnoh. Hareta en particular observaba con los ojos muy abiertos desde la cabeza de su Onix, mientras él y Piplup veían con atención todo lo que la ciudad tenía que ofrecerles.
- ¡Wow! ¡Hay rocas por todas partes!
- Esta ciudad ha sido muy famosa por su minería, e incluso hoy día se reportan nuevos hallazgos de minerales y fósiles por todas partes. – Roark cruzó los brazos mientras su sonrisa se incrementaba al ver las minas en la distancia. – Como jefe de las operaciones mineras y líder de gimnasio, me enorgullece llamar a esta ciudad mi hogar.
Al escuchar esto, Hareta desvió su atención hacia el hombre de gafas. Saltando fuera de Onix con Piplup en sus brazos, aterrizó justo al lado de Roark.
- De nuevo esa palabra. ¿Qué es un líder de gimnasio? – preguntó el chico ladeando la cabeza.
- Oh, ¿no te contó de nosotros? Somos los entrenadores a quienes tienes que enfrentar para calificar para la Liga Pokémon. Entrenadores fuertes que prueban tus habilidades, básicamente.
- ¿Un entrenador fuerte? – Los ojos de Hareta se iluminaron, y rápidamente observó los de Piplup. Entrenador y Pokémon sonrieron al mismo tiempo.
- Estás intrigado, ¿verdad? – Roark se acomodó las gafas, mientras su sonría se tornaba ligeramente más arrogante.
- ¡Por supuesto! ¡Tengamos una batalla! – dijo Hareta mientras él y Piplup levantaban su puño y aleta simultáneamente. Los labios de Roark se curvaron en una sonrisa.
- Claro, ¿por qué no?
Hareta y Piplup sonrieron juntos, pero Mitsumi, sin embargo, se interpuso entre los dos y fulminó con la mirada a Roark.
- Espera, ¿qué pasó con que tenías asuntos importantes? ¿Y Kaisei? – le preguntó apretando con fuerza su bolsa.
- Oh, eso puede esperar. – Roark estiró los dedos con una sonrisa. – Esto no tomará mucho tiempo.
Mientras Roark y Cranidos volvían su atención al excitado y emocionado Hareta, Mitsumi se quedó congelada, mirando al líder de gimnasio. Parecía relajado, incluso débil, pero la forma en cómo se iba aproximando a la batalla exhibía mucha más confianza de lo que parecía. Hasta para un líder de gimnasio, Roark no era un oponente al cual subestimar. Aun así, Hareta no se veía preocupado en absoluto. Más bien, parecía mucho más sonriente y lleno de determinación.
- ¡Muy bien, Piplup! ¡Vamos a ganar esto!
Piplup sacó el pecho y se preparó, y con otra risa de Roark hicieron espacio para tener mejor sitio donde combatir. Todo el rato, Mitsumi no pudo evitar preguntarse exactamente qué querría el líder del gimnasio de Hareta now. No estaban intentando entrar a la liga, ¿así que por qué el interés en él?
…
Después de un rato Roark los llevó hasta una plaza apartada, que no parecía muy transitada y aun así lo bastante grande para que cupieran todos los miembros de la familia de Hareta a los lados. El chico no le prestaba mucha atención a sus alrededores, sin embargo, y tenía los ojos fijos en el líder de gimnasio frente a él.
Había muchas cosas que Hareta no conocía sobre el mundo: la mayor parte de su vida la había pasado en la naturaleza, rodeado de Pokémon y a veces con su padre. Incluso las pocas veces que visitaba una ciudad eran visitas rápidas, escasas y muy raras ocasiones. Siendo así, no tenía idea de lo que un "líder de gimnasio" hacía, pero si Roark era tan fuerte como sonaba, debía enfrentarlo. Le dio una mirada a Piplup, y encontró que su inicial comenzaba estaba tan encendido como él y listo para probarse contra un nuevo desafío. Los dos intercambiaron sonrisas idénticas, sintiendo que su amistad se hacía más fuerte que antes.
- ¿Uno a uno está bien para ti? – preguntó Roark, mientras Cranidos ya había tomado su lugar en el campo de batalla improvisado.
- ¡Claro! – asintió Hareta. – Piplup es mi único Pokémon, de todas maneras.
- ¿Qué hay con el resto?
- Ellos son solo mi familia, no pelean mucho.
- Ya veo. Interesante. – Roark se ajustó sus gafas, con una sonrisa en el rostro. – Estoy ansioso por ver lo que puedes hacer.
- ¡Vamos a ganar, eso haremos! – dijo Hareta levantando su puño. Mitsumi negó con la cabeza.
- No lo subestimes, los líderes de gimnasios son difíciles de vencer.
- ¡No lo estoy haciendo! ¡De hecho quiero enfrentarlo todavía más si es tan fuerte! – sonrió Hareta, con su pasión desbordándose y sin poder permanecer quieto mientras Piplup saltaba hacia el campo de batalla.
- Me alegra escuchar eso. – Roark cruzó los brazos. – Entonces, ¿qué tal si tú haces el primer movimiento?
- ¡Claro! – Hareta dio un puñetazo al frente en respuesta. – ¡Piplup, muéstrale tu increíble Picotazo!
Piplup chirrió afirmativamente y se lanzó a la carga con su pico brillando. Cranidos tomó una ´postura y Roark a su vez analizó el campo con la mirada.
- Usa Tormenta de Arena.
Cranidos dejó salir un rugido, y todo el campo de batalla se vio cubierto por un tornado de arena que lo oscureció a él y todo lo demás de la vista. Hareta se puso una mano encima de los ojos y trató de ver a través de la arena con una gran sonrisa.
- ¡Wow! ¡No puedo ver nada!
- ¡Eso no es algo para emocionarse! – se quejó Mitsumi, pero Hareta no prestó atención. En vez de eso enfocó su atención en Piplup, mientras el Pokémon trataba de ver a través de la arena.
- ¡Si no podemos ver nada, nos desharemos de esto! ¡Piplup, Rayo Burbuja!
Piplup infló el pecho y liberó el movimiento, disparando un torrente de burbujas para atravesar la tormenta hacia donde estaba Cranidos. Hareta y Piplup se sobresaltaron al ver que las burbujas golpeaban el suelo y Cranidos no se veía por ninguna parte. Intentaron mirar a su alrededor, hasta que Piplup soltó un chillido cuando la arena le cayó encima. Y Roark sonrió.
- ¡Ahora, Asegura!
Cranidos emergió de entre el velo de arena, con la garra brillando y acuchillando desde arriba a Piplup. El Pokémon de Agua se estampó contra el suelo, gritando de dolor y agrietándolo.
- ¡Piplup! – gritó Hareta, mientras su compañero volvía a ponerse de pie, tomando profundos respiros y con una enorme marca en el lugar donde Cranidos asestó el golpe.
- Asegura es un movimiento que duplica su poder si el objetivo ha recibido daño de cualquier clase justo antes de ejecutarlo. – Roark ajustó sus gafas mientras la tormenta se volvía todavía más fuerte, y Cranidos volvía a esconderse en ella. – Entre eso y el incomparable poder de ataque de Cranidos, no puedes permitirte cometer errores.
Hareta se quedó pensativo, cruzando los brazos y observando la arena, así como a su Pokémon y a Roark sin decir palabra.
- Así que no podemos dejarnos golpear. – asintió para sí mismo Hareta, y luego volvió a sonreír. – ¡Piplup, usa Rayo Burbuja en ti mismo! ¡Mantén lejos la arena!
Piplup chirrió afirmativamente, saltando hacia arriba y disparando las burbujas hacia el cielo. El movimiento de tipo Agua llovió sobre él bañándolo completamente, impidiendo que la arena pudiera tocarlo y disipándola ligeramente.
- Ingenioso, pero no lo suficiente. – Roark extendió el brazo al frente. – Contoneo.
Cranidos reapareció de nuevo, señalando a Piplup y haciéndole un gesto de provocación antes de volver a desaparecer detrás de la cortina de arena. Piplup frunció el cejo y apretó sus pequeñas aletas, pero de pronto empezó a tambalearse sobre sus pies, caminando desorientado. Hareta se detuvo, mientras la preocupación se dibujaba en su rostro.
- ¿Qué? ¿Piplup, qué te pasa?
Piplup no le respondió, simplemente se mantuvo de pie a duras penas dando tumbos. Roark se desempolvó su chaqueta de trabajo y volvió a fijar los ojos en Hareta.
- Contoneo incrementa el poder de ataque del oponente a costa de confundirlo.
Hareta continuó mirando a su Pokémon con preocupación, mientras la tormenta de arena se volvía más intensa, pero rápidamente recuperó la sonrisa y señaló al frente.
- ¡Muy bien! ¡Si nuestro ataque es más fuerte, lo usaremos! ¡Piplup, vuélalo con Picotazo!
Piplup corrió al frente, con el pico brillando y apuntando. Y luego dio otro tumbo, tropezándose y echándose a rodar por el suelo, gritando mientras la arena volvía a darle en el cuerpo. Hareta ensanchó los ojos.
- ¡No, Piplup!
- ¡Asegura! – ordenó Roark. Cranidos volvió a emerger, con la garra lista para golpear de nuevo.
- ¡Rayo Burbuja! – intentó ordenar Hareta. Piplup trató de lanzarse de nuevo a la carga, solo para entrecerrar los ojos y marearse de nuevo. El ataque de Asegura dio en el blanco, y Piplup cayó al suelo, donde el torrente arena volvió a golpearlo. Con otro golpe más de Asegura, Cranidos reapareció y golpeó de nuevo a Piplup, arrojándolo a los pies de Hareta. Tanto entrenador como Pokémon quedaron totalmente inmóviles mientras Roark continuaba estudiando a sus oponentes.
- No puedes seguir atacando de esa manera, no cuando tu Pokémon está confundido. E incluso si no se golpea a sí mismo, la Tormenta de Arena garantizará que Asegura lo golpee a máximo poder.
Hareta sabía que Roark no estaba fanfarroneando: solo estaba diciendo la verdad. Él y Piplup tenían un gran obstáculo por superar, y cuando la Tormenta de Arena volvió a bajar y alcanzó a ver a Cranidos del otro lado, supo que tenía que superarla de alguna manera, y rápido.
Sus ojos volvieron a fijarse en Piplup, el orgulloso y algo caprichoso Piplup que había conocido hacía poco tiempo. Todavía no se conocían muy bien, pero Hareta estaba seguro de una cosa: ninguno de los dos quería perder, y ambos harían cualquier cosa para ganar. Así, Hareta apretó los puños y observó a su amigo mientras volvía a incorporarse.
- ¡Vamos, Piplup! ¡Sé que puedes oírme! – dijo dando un puñetazo al frente. – ¡No puedes seguir confundido! ¡Tenemos que mostrarle a Roark de lo que estamos hechos! ¡Puedes hacerlo!
Piplup pareció escucharlo, pero entonces la Tormenta de Arena volvió a golpearlo, y el Pokémon de Agua chilló de dolor. La atención de Hareta volvió al campo de batalla, sabiendo qué esperar.
- ¡De nuevo, Asegura! – ordenó Roark.
Cranidos abandonó la cobertura de arena una vez más, con la garra brillante preparada. Piplup continuaba dando tumbos, y a su vez Hareta apretó los puños y apuntó al frente.
- ¡Rayo Burbuja!
Piplup abrió los ojos de golpe, y se agachó para evitar el golpe. Cranidos se quedó congelado, apenas lo suficiente para formar una tormenta de burbujas lo golpeara y lo dejara desorientado por un momento. Piplup se puso de pie orgulloso, habiéndose quitado la confusión a pura fuerza de voluntad.
- ¡Sí! ¡Lo sabía! – exclamó Hareta, levantando un puño al cielo. Piplup simplemente mantuvo una postura de batalla, sin dejar que sus heridas le afectaran su sonrisa llena de confianza, y más cuando la Tormenta de Arena se disipó por completo, permitiéndoles ver a Cranidos volviendo a levantarse, herido pero no derrotado. Roark cruzó los brazos ante eso.
- Nada mal.
- ¡Muy bien, Piplup! ¡Acabemos con él ahora! – Hareta dio un puñetazo al frente. – ¡Un Picotazo ultra fuerte!
Piplup soltó un grito de guerra mientras su pico brillaba intensamente y cargaba contra Cranidos. El Pokémon de Roca entrecerró sus ojos, pero Roark rápidamente le dio otra orden.
- ¡Tormenta de Arena!
Cranidos brilló, y el velo de arena envolvió el campo de batalla y al Pokémon de Roark una vez más. Hareta simplemente sonrió, abriendo la palma hacia el cielo.
- ¡Comienza a girar y usa Rayo Burbuja, Piplup!
Piplup saltó sin perder un instante, girando como un tornado creó un remolino de burbujas a su alrededor. La tormenta de arena rápidamente se dispersó, y Cranidos saltó a un lado para alejarse de Piplup, delatando su posición. Hareta continuó sonriendo, y hasta Roark aplaudió ligeramente al ver eso.
- No está mal, te adaptas rápidamente. – dijo volviendo a sonreír e intercambiando una mirada con su Pokémon de Roca. – ¡Cranidos, Choque de Cabeza!
- ¡Dale un Picotazo, ahora! – exclamó a su vez Hareta y Piplup hizo lo propio.
Cranidos y Piplup intercambiaron miradas desafiantes, se prepararon y se lanzaron a la carga uno contra el otro, Cranidos casi brillando en tono monocromático y Piplup con su pico más grande que nunca. Frente y pico se encontraron en la mitad y chocaron, y ambos Pokémon observaron a sus oponentes presionando uno contra el otro, soltando chispas por el choque de poderes. Hareta, Roark e incluso Mitsumi continuaron observando el choque, esperando mientras el suelo que rodeaba a los Pokémon se agrietaba con la intensidad y estos se mantenían firmes y poderosos.
Pero finalmente Piplup cedió. Cranidos tomó la oportunidad y acometió con fuerza, golpeando a Piplup en el estómago. Piplup gritó de dolor mientras volaba por el aire, agrietando y dejando un cráter en el suelo con el impacto. Hareta se puso pálido, con los ojos fijos en su amigo mientras se movía y gemía débilmente, haciendo un esfuerzo por ponerse de pie antes de volver a caer, derrotado.
- ¡Piplup! – gritó Hareta. Corriendo hacia su lado, lo levantó en sus brazos y lo sostuvo de cerca. –Piplup, ¿te encuentras bien?
Piplup abrió los ojos lentamente. El Pokémon débilmente estiró su aleta hacia Hareta, con decepción en el rostro. Hareta simplemente sonrió y lo abrazó con fuerza. El chico entonces oyó unos pasos, y se dio la vuelta para ver a Roark con una baya Oran Berry en la mano, y Cranidos a su lado.
- Ten, para las heridas. – dijo Roark poniendo la baya en la mano de Hareta.
Hareta tardó un momento en darse cuenta de lo sucedido. Él y Piplup estaban motivados para ganar, hicieron su mejor esfuerzo, y perdieron completamente sin mucha fanfarria. Sus ojos se desviaron hacia la baya Oran, y se quedó pensativo.
- Huh. – respondió mientras asentía y se rascaba detrás de la nuca, sonriéndole tímidamente al líder de gimnasio. – Vaya, sí que eras fuerte.
- Hago mu mejor esfuerzo por mejorar cada día, es parte de mis deberes. – Roark se ajustó las gafas y miró al chico. – Pero por lo que parece, tú todavía no estás listo.
- ¿Listo para qué? – intervino Mitsumi, levantando una ceja.
- Para buscar a Kaisei. – Roark mantuvo sus brazos cruzados, sin dejar de mirar a Hareta. – Aunque pasas mucho tiempo por Sinnoh, no has tenido muchas batallas como entrenador, ¿verdad?
- No realmente. – El chico negó con la cabeza.
- Puedo verlo. Eres fuerte, creativo, y crees en tus Pokémon, cualidades muy admirables. – Roark le dio una sonrisa de aprobación, pero que rápidamente fue reemplazada por un gesto enfurruñado y serio. – Pero sigues sin tener experiencia. Por ejemplo, aunque esté potenciado, Picotazo no es el mejor movimiento para usar contra Cranidos, y te habría ido mejor usando Rayo Burbuja y manteniendo la distancia. Seguro, eres bueno para enfrentarte con criminales de poca monta, ¿pero qué pasará si durante tus viajes te encuentras con alguien inteligente y despiadado que esté dispuesto a lastimarte?
Hareta replicó frunciendo también el cejo, aunque rápidamente se iluminó con una de sus sonrisas.
- Nos haremos más fuertes y los derrotaremos, por supuesto.
- Una buena respuesta, pero todavía necesitas ser lo bastante fuerte para poder pelear. – La mirada de Roark se tornó más dura. – Y a menos que puedas derrotarme, dudo que puedas continuar tu búsqueda.
Hareta no sabía qué decir. Por dentro, quería decirle a Roark que por supuesto que podría, pero entonces sus ojos se desviaron hacia el apenas consciente Piplup en sus manos, y cualquier réplica que quisiera darle sonaría vacía. Afortunadamente, Mitsumi se paró y agarrando su bolsa le echó una mirada fulminante al líder de gimnasio.
- No puedes obligarnos a detenernos, lo sabes.
- Cierto, pero sí puedo darles una advertencia. – Roark suspiró, con preocupación dibujada en el rostro mientras volvía a ver a Hareta y Piplup. – Creo que él necesita mejorar, antes que se encuentre con un oponente al cual no esté preparado para enfrentarse.
El silencio cayó entre todos, y ninguno de los humanos, ni tampoco los miembros de la familia Pokémon de Hareta hizo ningún sonido. Todos estaban pensando en las palabras de Roark. Luego de un momento, el líder del gimnasio le puso la mano en el hombro a Hareta con una sonrisa.
- Si quieres una revancha, ven al gimnasio a buscarme. Tómate todo el tiempo que necesites para prepararte, pero que sepas que no seré suave contigo.
- Espera un minuto. – Mitsumi ladeó la cabeza. – ¿Qué pasó con la información sobre Kaisei?
- No hace falta dárselas si no son lo bastante fuertes para perseguirlo, ¿no crees? – dijo Roark encogiéndose de hombros, para luego darse la vuelta e irse caminando, levantando la mano a modo de saludo. – Estaré esperando tu revancha, pero por ahora, tengo minerales que inspeccionar.
Mitsumi trató de protestar, pero cuando intentó hablar, el líder de gimnasio y su Cranidos los habían dejado a ella y a Hareta a solas sin decir ni una palabra más. Se quedó parada allí, y frunció el cejo de manera casi cómica.
- ¡Ese... ese…! – Tuvo que respirar profundo, antes de volver la mirada a Hareta y al todavía herido Piplup. Ya más calmada, se aproximó a su compañero de viaje. – Oye, ¿quieres que vayamos al Centro Pokémon?
Hareta se quedó pensativo, con los ojos todavía en Piplup. Luego asintió y se puso de pie para ver a Mitsumi, respondiendo con un simple "Sí".
- Entonces vamos.
Y así, sin decir ni una palabra más Hareta, Mitsumi y los Pokémon se movieron lentamente hacia la calle principal en busca del Centro Pokémon. Y durante todo el viaje, Hareta permaneció mucho más callado de lo que nunca había estado, mientras seguía observando al herido Piplup.
…
Luego de que Piplup pasó por un rápido chequeo y la Enfermera Joy le parchó sus heridas, Hareta y su inicial se fueron sin decir palabra, mientras su familia Pokémon permanecía afuera del Centro Pokémon esperándolo. Mitsumi se sentía tentada a seguirlo, pero antes de poder hacer eso, tenía un deber como asistente que mantener, así que se fue hacia el videoteléfono más cercano, y llamó al Profesor Rowan, que tomó la llamada casi al instante.
- Oh, Mitsumi, no esperaba escuchar de ti tan pronto. ¿Cómo van las cosas?
- Bueno, tuvimos algunos problemas por el camino, pero nos encontramos con el líder del Gimnasio Oreburgh en Ciudad Jubilife, y dice que sabe algo sobre el padre de Hareta. – Mitsumi se ajustó la bolsa, frunciendo el cejo y rodando los ojos. – Y de pronto se puso en plan de mentor críptico y gruñón, derrotó a Hareta en una batalla, y decidió que no nos dirá nada hasta que Hareta lo derrote, por alguna razón.
- Hmm. – Rowan se puso la mano en el mentón. – Eso es extraño. Conozco bien a Roark y nunca ha sido el tipo de sujeto que actúa de ese modo.
- Bueno, aun así lo hizo, y ahora estamos atascados. – Mitsumi exhaló, tratando de quitarse el estrés de encima. Su mirada rápidamente se dirigió a la puerta del Centro Pokémon. – No puedo imaginar cómo se debe sentir Hareta en este momento.
- Yo no me preocuparía mucho por eso. – El Profesor agarró un libro y comenzó a leerlo distraídamente.
- Una derrota puede hacer o quebrar a una persona. – Mitsumi apretó sus puños, agudizando la mirada hacia el hombre mayor. – Yo lo sé mejor que nadie.
Ninguno de los dos dijo más nada mientras se veían uno al otro a través de las pantallas, dejando que la historia que solo conocían ellos dos flotara silenciosamente entre ellos. Y aun así, Rowan no cambió su semblante, permitiéndose una breve sonrisa antes de enfocarse de nuevo en sus papeles de investigación, pasando las páginas sin preocupación alguna.
- Parece que todavía no conoces bien a Hareta. – Cerró el libro y cogió otro, dándole a Mitsumi otra mirada por el camino. – Creo que viajar con él te hará bien a ti también, de hecho.
- ¿A qué se refiere con eso? – preguntó Mitsumi, arqueando una ceja.
- Lo entenderás a su debido tiempo. Presiento que los dos podrán aprender mucho uno del otro. –Rowan cerró su segundo libro luego de leer una página, dejando el material de lado sobre su escritorio. – Ahora, me encantaría hablar más, pero tengo algo de información interesante que discutir con Sycamore. Espero que puedas superar ese obstáculo pronto.
- ¡Espere, Profesor!
Rowan terminó la llamada antes que Mitsumi pudiera decir otra cosa. La asistente gruñó para sí mientras dejaba el videoteléfono, y se dirigió rápidamente al centro del atrio. Después de los meses que pasó con el profesor, había aprendido a lidiar con el hecho de que podía ser bastante críptico y enfocado en su trabajo cuando quería serlo, y la única garantía era que usualmente sabía lo que estaba haciendo. Ella esperaba que fuese el caso en esta obligatoria compañía entre ella y Hareta.
Rápidamente sacudió la cabeza y dejó de lado esos pensamientos, volviendo a enfocar su atención en el chico. Tenía algunas ideas de lo que podría estar pasando por la mente del chico salvaje en aquel momento, y ninguna de ellas era agradable. Agarrando su bolsa, las viejas memorias volvieron a intentar apoderarse de su mente mientras ella las aplacaba enfocándose en los asuntos inmediatos.
Dándose la vuelta, corrió hacia la salida sin decir ni una palabra más. Lo que fuera que estuviese pensando, encontrar a Hareta era su prioridad por encima de todo lo demás en ese momento.
Caminando por los caminos rocosos de Ciudad Oreburgh, Mitsumi suspiró y siguió avanzando, con los ojos escaneando el área que la rodeaba en busca de su compañero de viaje. Más allá del hecho de que nunca había tenido ocasión de visitar la ciudad anteriormente, era difícil encontrar algo cuando un niño hiperactivo y curioso como un Aipom se la pasaba sin decidir a dónde ir después, incluso con su fijación por traerse consigo a una horda entera de Pokémon, algo de lo cual esperaba hablar con él eventualmente.
Normalmente, habría tratado de buscarlo comiendo de alguna fruta colgado de cabeza de un gran árbol, pero ningún lugar entre la escasa vegetación en la ciudad minera parecía un buen lugar para eso, y ninguna otra cosa relacionada con Pokémon que pudiera conseguir le vino a la mente. Mitsumi gruñó para sí misma, continuando su búsqueda de Hareta hasta que se encontró demasiado lejos del centro y casi llegando a las afueras de la ciudad, donde los alrededores llenos de rocas se apartaban para dar lugar a un pequeño bosque lleno de Burmys, Budews y otros Pokémon que salían de entre los árboles y arbustos. Se habría dado la vuelta, de no ser por la voz que oyó en la distancia.
- ¡Piplup, usa Picotazo!
El grito tan familiar bastó para que Mitsumi levantara la cabeza, y finalmente vio a Hareta en la distancia con Piplup a su lado, rodeado por los miembros de su familia. Se acercó lentamente, justo cuando Piplup salía corriendo con su pico brillando, cargando contra un Pokémon de pelaje azul y negro que Mitsumi identificó como un Shinx
El Pokémon Eléctrico se agachó y saltó para esquivar los ataques con el pico de Piplup mientras el Pokémon de Agua de Hareta seguía manteniendo la presión. El inicial blandía su pico como un maestro espadachín, y Hareta observaba la batalla en completo silencio. Mitsumi frunció el cejo con ligera preocupación, pero su atención se desvió hacia los dos Pokémon en medio de la batalla: Piplup caía al suelo, mientras Shinx saltaba para alejarse y atacarlo por encima, atrapando al Pokémon de Agua. El pequeño Shinx sonrió, y su cuerpo echó chispas mientras se rodeaba de carga.
- ¡Vamos, Piplup! ¡Usa Rayo Burbuja! – Hareta movía la mano por los aires.
Mitsumi levantó una ceja con interés, solo para ver como Piplup disparaba la ráfaga de burbujas en toda la cara de Shinx, enviando al Pokémon Eléctrico a volar mientras su ataque de Chispa a medio cargar se dispersaba por su ahora mojado pelaje. El Pokémon salvaje se sacudió de dolor y cayó al suelo como un meteoro, y Piplup le saltó encima cerrando la distancia hasta que se puso sobre él. Hareta sonrió y dio un golpe hacia el cielo.
- ¡Ahora, dale tu mejor Picotazo!
Con el pico resplandeciendo, Piplup golpeó con fuerza a Shinx, y ambos Pokémon cayeron al suelo juntos. Shinx impactó primero, rodándose de manera dolorosa mientras Piplup lo soltaba, poniéndose los brazos en las caderas y sacando el pecho con orgullo. El Shinx trató de levantarse, mirando a Piplup y Hareta, pero finalmente volvió a caer, incapaz de seguir peleando. Terminada la batalla, Hareta sonrió y se le acercó, acariciándole la cabeza felizmente.
- ¡Buen trabajo, Piplup! ¡Estuviste grandioso!
Piplup chirrió felizmente en respuesta, todavía presumiendo de su victoria. Hareta decidió complacerlo solo un rato antes de desviar su atención a Shinx, que todavía los miraba desafiante mientras respiraba a bocanadas. El chico salvaje se le acercó.
- ¡Tú también eres fuerte! ¡Esa batalla fue muy divertida! – Se inclinó hasta ponerse a su altura, sonriendo alegremente mientras le ofrecía al Pokémon Eléctrico una mano. – ¿Te gustaría que fuéramos amigos?
Similar a la Puerta de Oreburgh, Mitsumi vio que los ojos de Hareta brillaban por un momento, y la mirada de Shinx permanecía fija en ellos. El pequeño Pokémon puso los ojos en rendijas, casi como si considerase qué hacer después, pero su cejo fruncido pronto dio paso a una sonrisa feliz. El Pokémon Eléctrico puso su pata sobre la mano del chico y dio un gritito de felicidad. Hareta sonrió, y selló la recién formada amistad con un gran abrazo.
- ¡Jeje, bienvenido a la familia, Shinx!
Piplup y los varios miembros de la familia Pokémon de Hareta se unieron en hacer que el nuevo Pokémon se sintiera en casa, y el pequeño Shinx pudo encajar felizmente sin problemas, mientras Hareta le acariciaba el pelo. Al ver a su compañero divirtiéndose tanto, Mitsumi sintió que sus preocupaciones se iban, y decidió caminar hacia él con una sonrisa. Shinx y Hareta levantaron las orejas al mismo tiempo una vez que se acercaron, dándose la vuelta para verla junto con los demás.
- ¡Hey, Mitsumi! ¿Terminaste con tus cosas? – Hareta la saludó con la mano, tan alegre como siempre. Mitsumi asintió, cruzando los brazos mientras observaba la grasa y tierra desordenadas a su alrededor.
- ¿Qué estabas haciendo por aquí? ¿Entrenando?
- Algo así. – Hareta levantó al Shinx en alto mientras su sonrisa se hacía más grande. – Nos preguntábamos que hacer cuando este pequeñín vino a pelear con nosotros. Ahora somos amigos.
- Eso vi. – Mitsumi acarició la cabeza del nuevo Pokémon de Hareta, pero su atención rápidamente se volvió hacia el entrenador. – ¿Cómo lograste que te escuchara tan fácilmente?
- Oh, solo utilicé mi Intercambio Empático.
- ¿Tu qué? – Mitsumi frunció el cejo con confusión.
- Así es como el abuelo lo llama. – Hareta dejó en el suelo a Shinx, arrodillándose sobre él y Piplup antes de darle a ambos Pokémon un abrazo mientras volteaba a ver a la chica. – Puedo hacer que otras personas y Pokémon sientan mis emociones, para que sepan que quiero ser su amigo. No funciona si la otra persona o Pokémon no quiere ser mi amigo o algo más se interpone, pero con eso es fácil crear lazos. También funciona del otro modo, si ellos quieren.
Como si fuera para confirmarlo, Shinx comenzó a correr juguetonamente alrededor de Hareta y Piplup, y el entrenador rápidamente aceptó gustoso jugar con su nuevo Pokémon. Y todo ese tiempo, Mitsumi se puso a pensar en la explicación de Hareta. Probablemente lo habría achacado a que era un chico raro, si no fuese por el hecho de que sabía exactamente cuántas cosas raras pasaban en ese mundo. ¿Sería un Bloodliner? Definitivamente encajaba en el molde de ser uno, potencialmente uno de esos que tenían dos habilidades. ¿Tal vez fuese por eso que el Profesor Rowan estaría interesado en él?
Mitsumi dejó de lado las preguntas tan rápido como vinieron, enfocando su atención en Hareta y en la razón por la cual vino a buscarlo en primer lugar.
- ¿Todo está bien? No me esperaba que estuvieras tan feliz luego de esa derrota. – Mitsumi observó detenidamente a Hareta mientras movía los ojos, tratando de buscar algún indicio en su lenguaje corporal que revelase cómo se sentía realmente. Hareta simplemente ladeó la cabeza y parpadeó.
- ¿Debería estarlo?
- Bueno, perdiste y… – Mitsumi se mordió el labio, tratando de no proyectar sus propias experiencias en él. Sacudió la cabeza y miró al suelo. – No lo sé, solo me pareció que te puso triste.
El chico parpadeó algunas veces, casi como si estuviese procesando las palabras de Mitsumi, antes de que su siempre presente sonrisa volviera a iluminarle el rostro.
- ¡Oh, solo estaba pensando! – Se rascó la nuca, dejando salir una carcajada. – Cierto, la derrota apesta, pero eso solo quiere decir que Piplup y yo tenemos más trabajo por hacer.
El chico cruzó los brazos al nivel de la cintura, intercambiando una mirada con todos los Pokémon reunidos mientras su sonrisa se tornaba más afectuosa, como si estuviese compartiendo memorias que solo ellos conocían, antes de volver su atención a Mitsumi, y el resto de su familia se acercó.
- Cuando era pequeño, todos los otros Pokémon a mi alrededor eran mejores. Nunca fui el más rápido, el más fuerte, el mejor saltando, ni nada de eso realmente. – Hareta saltó encima de la cabeza de Onix mientras apretaba sus puños. – Así que simplemente me esforcé más y más, hasta que me volví tan bueno como ellos o mejor. Fue difícil, pero si hay un límite delante de mí, ¡entonces lo haré pedazos y me volveré mejor que eso!
Piplup y Shinx dieron un gritito de afirmación en respuesta, y rápidamente este se vio seguido por Hareta saltando fuera de su amigo de tipo Roca para aterrizar entre sus dos Pokémon, atrapándolos a ambos en un abrazo apretado para sujetarlos mientras encaraba de nuevo a Mitsumi.
- ¡Piplup y yo podemos mejorar, y con Shinx ahora seremos indetenibles! ¡Solo tenemos que poner el esfuerzo en ello!
Todos los Pokémon de Hareta gritaron al unísono con él, aparentemente estando de acuerdo con sus palabras y motivados al punto de lanzársele encima en un abrazo colectivo. Hareta felizmente les devolvió el favor a todos ellos, mientras Mitsumi se quedaba sin tener nada qué decirle.
Incluso después de pasar tiempo con él, seguía sin tener idea de cómo podía ser tan inmaduro e idealista. ¿Realmente creía que ese tipo de mentalidad funcionaba en el mundo real? Quizás vivir en lo salvaje no había afectado solamente sus facultades sociales…
Y sin embargo aunque pensaba eso, no podía negar que le alegraba verlo tan alegre como siempre a pesar de su derrota. Eso era todo lo que importaba en ese momento. Así, Mitsumi suspiró y se le acercó con una sonrisa en el rostro.
- Qué bueno que estés tan motivado. – dijo desviando su atención hacia Piplup y Shinx, analizando a ambos Pokémon. – ¿Ya tienes una estrategia en mente para derrotar a Roark?
- Oh, ya pensaremos en algo cuando lleguemos allá. – dijo Hareta poniendo las manos detrás de la nuca y ampliando su sonrisa. Mitsumi se quedó en silencio por un segundo, y negó con la cabeza.
- Lo siento, pero eso es una receta segura para el desastre. No puedes ir allá sin tener un plan.
- ¿En serio? Hasta ahora me ha funcionado.
- Bueno, esta vez tu oponente tiene cerebro, no se te olvide. – suspiró Mitsumi, solo para volver a sonreírle mientras le daba unas palmaditas a la Pokébola de Infernape, lanzándola de arriba abajo. – Pero si quieres, tal vez pueda enseñarte algunos trucos que pueden serte de utilidad a futuro.
- ¿En serio? – La expresión de Hareta se tornó más radiante, y tanto él como Piplup y Shinx se inclinaron al frente con interés. – ¿Como cuáles, por ejemplo?
- Ya lo verás. – Mitsumi echó una mirada rápida al área en semi-ruinas que los rodeaba antes de volverse hacia el otro lado. – Pero primero busquemos un mejor lugar, ¿de acuerdo?
Hareta asintió, y Mitsumi comenzó a guiar al chico y a los Pokémon de vuelta hacia dentro de los límites de Ciudad Oreburgh, dirigiéndose a la misma plaza donde el chico había peleado contra Roark. La chica se permitió una sonrisa de satisfacción mientras empezaba a pensar en qué consejos sobre batallas Pokémon le podría pasar. Al final del día, Hareta definitivamente se habría convertido en un mejor entrenador por mucho.
Una vez que Mitsumi y Hareta llegaron a su nuevo terreno de entrenamiento, ambos enviaron a sus Pokémon para empezar a practicar juntos, mientras la familia de Hareta observaba y los animaba desde los lados. El plan de entrenamiento inicial era simple: una batalla entre el Infernape de Mitsumi y los Pokémon de Hareta, con su Shinx siendo el primero en entrar al ruedo luego de recibir algunas pociones. Así los dos entrenadores empezaron a pelear rápidamente, y Hareta y sus Pokémon rebosaban de energía mientras intercambiaban los golpes.
Shinx era ágil y veloz, pero desafortunadamente para él y su entrenador, Mitsumi e Infernape habían enfrentado a oponentes muchísimo más duros que ellos por años. Aunque la dificultad no hacía nada para amilanar a Hareta de ninguna manera.
- ¡Muy bien, Shinx, muéstrale una gran Chispa! – gritó Hareta, golpeando al frente con todo su entusiasmo. Shinx se lanzó contra el Pokémon de tipo Fuego/Luchador, con todo el cuerpo cubierto de electricidad, a lo cual Mitsumi simplemente frunció el cejo.
- Infernape, esquiva.
Su compañero Pokémon saltó hacia un lado, haciendo que Shinx golpeara el aire. El Pokémon Eléctrico trató de darse la vuelta y lanzarse de nuevo con su Chispa, solo para que un Puño Veloz lo forzara a esquivar y virar hacia un lado. Infernape y Mitsumi se mantuvieron en guardia mientras Shinx recuperaba el aliento, y cuando los Pokémon comenzaron a circundarse uno al otro en espera, Mitsumi le echó un ojo a Hareta. Seguía tan emocionado como siempre, quizás más pues estaba sonriendo.
- ¡Eres rápido! ¡Entonces, seremos más rápidos! – Hareta empujó con el brazo al frente. – ¡Shinx, usa…!
- ¡No lo dejes! – gritó Mitsumi.
Infernape ni siquiera le dejó a Shinx empezar a cargarse, sino que lo agarró y lo lanzó lejos con todas sus fuerzas. El Pokémon Eléctrico voló por los aires y hacia una pared cercana. Piplup trató de saltar para rescatarlo, solo para que Shinx se estrellara contra él y ampos chocaran contra la pared, agrietándola con el impacto y gritando ambos de dolor. Hareta rápidamente corrió hacia ellos para agarrarlos.
- Shinx, Piplup, ¿se encuentran bien?
Tras una sacudida rápida de sus cabezas, ambos Pokémon de Hareta asintieron, y Shinx rápidamente se dejó caer y se preparó para volver a pelear, haciendo que el chico sonriera.
- ¡Bien! – Hareta se volvió hacia Infernape, señalándolo con el dedo. – ¡Tu Infernape de verdad es tan fuerte como parece! ¡Pero lo derrotaremos!
- No si sigues peleando como lo estás haciendo. – Mitsumi cruzó los brazos, analizando a Hareta. – Eres demasiado directo. Tienes que encontrar la forma de sortear a tu oponente, sin delatar toda tu mano de una sola vez.
- ¡Lo tendré en mente! – asintió Hareta en respuesta. – ¡Vamos Shinx, peleemos juntos!
Shinx dio un gritillo de afirmación y su pelaje comenzó a chispear con electricidad, sonriéndole desafiante a Infernape.
- ¡Ese es el espíritu! – Hareta volvió a ponerse de pie alzando ambos puños. – ¡Haz tu mejor esfuerzo, Mitsumi! ¡Estamos listos para lo que sea!
Mitsumi se quedó mirándolo a él y a sus dos Pokémon sin darle ninguna orden, e inclusive Infernape relajó su postura. La chica negó con su cabeza y miró a su compañero con frialdad.
- No, así no. Te estás tomando esto con demasiada calma.
- ¿Tú crees? – Hareta ladeó la cabeza. – ¿No se supone que nos divirtamos un poco?
- No todas las batallas son divertidas. A veces tendrás que pelear porque tienes que hacerlo, y cuando eso pase, no puedes permitirte poner la "diversión" primero. – Mitsumi apretó sus puños, con la mirada todavía fija en su compañero de viaje. – Eres ingenioso y reaccionas rápido, pero necesitas aprender a ponerte serio antes de que sea demasiado tarde. – Dicho eso, intercambió una mirada con Infernape, y el Pokémon de tipo Fuego/Luchador recuperó su postura de pelea. – Así que ya deja esa actitud de bromista y enfócate en derrotarnos. No pienses en otra cosa que no sea en ganar.
Su voz sonaba estricta y calmada, como tenía que serlo. Esa era la única manera en la cual Hareta entendería cómo tomarse la batalla seriamente. Después de todo, funcionaba para ella. Por lo mismo, no se esperaba que Hareta se quedara mirándola con confusión, antes de mirar de la misma manera a Piplup y Shinx. Finalmente dio un paso al frente, todavía desconcertado pero curioso.
- ¿En serio este es un buen método de entrenamiento? Queremos aprender y tener una batalla contigo e Infernape. Me encantaría ir con todo, pero esto parece algo extraño.
Mitsumi rodó los ojos, preguntándose por qué no se había esperado esa pregunta mucho antes. De inmediato su mirada se volvió más dura.
- Estoy preparándote para lo peor. ¿Crees que todos los oponentes que veas querrán simplemente pasar un buen rato?
- Sí, pero quiero disfrutar de una batalla con una amiga. – Hareta cruzó los brazos, todavía con su aspecto tan ingenuo como siempre. – Si empezamos a pensar solo en las cosas malas que vienen, no vamos a disfrutar de las buenas, ¿verdad?
La pregunta de Hareta era muy simple, quizás incluso justificada, pero aun así hizo que Mitsumi enterrara las uñas en sus palmas. La chica sacudió la cabeza y su mirada se tornó todavía más hostil.
- ¿Cómo puedes ser siempre tan optimista? ¡Estoy tratando de prepararte para lo peor antes de que sea demasiado tarde! ¡Solo escúchame! – Pisoteó en el suelo con fuerza, casi enseñando sus dientes y esperando que eso le hiciera finalmente entender.
El chico pareció sorprendido por la reacción, y de nuevo su mirada se tornó interrogante. Se le acercó, con Piplup y Shinx a su lado.
- ¿Pasa algo malo? ¿Te hice enojar? – le preguntó con preocupación genuina. Mitsumi le habría dado otra réplica, pero la pregunta de Hareta la hizo detenerse. Suspiró y se frotó la sien, tratando de calmarse. Solo funcionó a medias.
- No, es solo que... – Suspiró de nuevo, tratando de poner sus pensamientos en orden. Desvió la mirada y se perdió en sus propias memorias. – Estoy preocupada por ti. Roark tenía razón, este mundo es peligroso y no puedes actuar como si todo fuese una gran y feliz aventura, sin esperar que nada malo vaya a pasar. Tienes que estar listo, y no hablo solo de esa revancha.
Casi se sintió mal por decirle todo eso, pero él necesitaba saberlo. Ya habían tenido un encuentro cercano con el Equipo Galactic, y ella sabía exactamente qué esperar de ellos. No eran oponentes para tomar a la ligera. Hareta pareció considerar sus palabras, y Mitsumi casi creyó que finalmente había entendido. O al menos, hasta que sacó otra de esas irritantes sonrisas alegres.
- Entiendo. Cuando eso suceda estaré listo, pero no creo que ese momento sea ahora. – le dijo, todavía añorando ese desafío feliz y estúpido. Mitsumi exhaló, volviendo a agarrarse la sien.
- ¿Por qué continúas diciendo eso?
- Es nuestra primera batalla, y nuestra aventura acaba de comenzar. – La sonrisa de Hareta se volvió todavía mayor, y su mirada se dirigió hacia el cielo antes de volver a fijarse en ella. – Sé que no siempre podré ser el más fuerte y que las cosas no siempre irán bien, pero al menos por un momento, quiero que ambos podamos pasar bien este momento. Siempre te ves demasiado seria y preocupada, así que quisiera ayudarte.
En ese momento, Mitsumi no supo qué decirle. Era muy amable al preocuparse por otros, pero ese no era el momento ni lugar para actuar de esa manera.
- Maldición, ¿por qué tienes que ser así? – Dejó salir un suspiro y negó con la cabeza. – ¿De verdad eres tan estúpido? Esa actitud tan ingenua algún día terminará por matarte.
- Jaja. – Hareta no esperó ni un segundo para sacar otra gran sonrisa. – Si eso es una estupidez, entonces me alegra ser estúpido.
Mitsumi se quedó mirándolo, otra vez quedándose sin palabras. Por su parte, Hareta se le acercó mientras continuaba irradiando su alegría.
- Sé que no soy la persona más lista del mundo, y que no entiendo todo. – Se acercó para ponerle la mano en el hombro a Mitsumi. – Pero creo que entiendo bien a mis amigos y a mi familia, y siempre hago lo que pienso que es lo mejor para ellos. Y si alguna vez hago algo tan estúpido que me haga merecer un regaño, sé que puedo contar contigo y los demás para hacerlo.
Concluyó su pequeño discurso con unas carcajadas, como si fuese lo más natural del mundo. Mitsumi quería gritarle en la cara lo equivocado que estaba, que ese tipo de mentalidad solo lo pondría en peligro, pero cualquier otra réplica que tuviera murió en su garganta. Se notaba que iba demasiado en serio con eso como para contradecirlo.
Tomando un profundo respiro, se las arregló para sonreír también. Quizás estuviera equivocado, pero solo por una vez, quizás no estaría mal estar equivocados juntos.
- Sí que eres testarudo. – se rio mientras adoptaba una mirada desafiante. – De acuerdo, haremos esto a tu manera. Pero si algo malo pasa en el futuro, que conste que te lo advertí.
- ¡No te preocupes, sé que puedo contar contigo para que me ayudes si eso llega a suceder! – Hareta y sus Pokémon se rieron juntos, mientras Shinx volvía a tomar el campo de batalla nuevamente.
Mitsumi y Hareta continuaron con su batalla de la misma manera, e incluso con todos sus esfuerzos el chico no llegó ni de cerca a derrotar a Infernape. Pero se esforzó tanto como pudo, tanto con Shinx como Piplup, al tiempo que trataban de sacar tantas estrategias y subterfugios como pudiera, aprendiendo mientras luchaba. Y a pesar de cómo los dos peleaban juntos, Hareta nunca se daba por vencido, disfrutando de los encuentros como si estuviese pasando el mejor tiempo de su vida. Y poco a poco, Mitsumi sintió lo mismo. Una sensación extraña, casi olvidada, pero una que le alegraba tener.
El entrenamiento continuó hasta que el sol casi la puesta del sol, tras lo cual Mitsumi y Hareta decidieron dirigirse hacia el Centro Pokémon para descansar. Tendrían un día bastante largo por delante cuando despertaran.
Al día siguiente...
Mientras el sol de la mañana brillaba sobre sus cabezas, Mitsumi, Hareta y el resto de su grupo no perdieron el tiempo para prepararse para salir del Centro, y ya Piplup y Shinx se encontraban caminando junto al entrenador más bajo, evidentemente con sed de una buena batalla. Intentaron dirigirse al Gimnasio Oreburgh solo para encontrárselo cerrado por la mañana debido a la ausencia de Roark. Sin embargo, eso no detuvo a Hareta, y el pequeño grupo se dirigió hacia la ubicación de las minas de Oreburgh, el corazón de la economía de la ciudad.
Mitsumi continuó observando sus alrededores con interés al ver como los múltiples edificios abrían el paso a enormes campos de roca y minerales variados. Enormes pilas de material que no podía identificar estaban esparcidas por todos lados, mientras que cintas transportadoras, grúas de torres electromagnéticas y una buena cantidad de cajas de metal que rodeaban el área proveían de una transportación rápida de todo el material a las partes apropiadas de la mina. Varios trabajadores iban y venían de todas partes, sin prestarles atención, dando la impresión de que era un día de trabajo agitado en un lugar muy concurrido.
Los dos chicos y sus Pokémon se aseguraban de no causarle problemas a nadie, simplemente pidiendo direcciones para encontrar a Roark y luego manteniendo su distancia del área de trabajo mientras se dirigían hacia las minas propiamente dichas. Tras una breve caminata, finalmente llegaron a la entrada al subterráneo, donde Roark supuestamente se encontraba trabajando. Todo ese tiempo, Hareta nunca perdió la sonrisa desafiante.
- ¡Muy bien, aquí vamos! ¿Están listos? – El chico se dirigía a sus Pokémon. Shinx echó chispas por las mejillas y asintió, mientras Piplup sacaba el pecho despreocupadamente, alzando la aleta. – ¡Grandioso! – Hareta les dio un pulgar arriba, y luego observó a toda su familia, que se encontraba en la entrada. – Ustedes espérenme aquí, ¿de acuerdo? ¡Volveremos victoriosos!
Toda la familia dio un grito estando de acuerdo. Los Aipoms le saludaron desde encima de Onix mientras los demás hacían lo mismo desde el suelo. Hareta replicó de la misma forma con un saludo enérgico con la mano, antes de que él y Mitsumi finalmente se adentraran hacia las profundidades. Varias lámparas delineaban el camino desde los costados y del techo, haciendo que el camino fuese fácil de ver aunque seguían descendiendo más y más hacia el subterráneo.
- ¿Cómo te sientes? – le preguntó Mitsumi a Hareta, mientras sus pasos hacían eco a su alrededor.
- ¡Emocionado! – Hareta apretó sus puños al mismo tiempo, con su cara más radiante y alegre que nunca. – Tenemos que demostrarle a Roark que somos mejores de lo que piensa después de todo.
La expresión de Hareta se tornó un poco menos brillante después de eso, manteniendo su pasión pero templada lo suficiente. Mitsumi realmente esperaba que fuese un signo de que se tomaría las cosas con más seriedad y no solo una impresión. Su atención se movió rápidamente lejos de allí, al notar que los mineros que picaban las paredes y removían las rocas de las paredes cercanas, hasta que se encontraron con una cabeza muy familiar con pelo púrpura cubierto por un casco rojo, puliendo lo que parecía ser un fósil, dándoles la espalda. De inmediato, Hareta corrió hacia él.
- ¡Hey, Roark! Vinimos por nuestra…
- ¡Shhh, no tan fuerte! – Mitsumi lo agarró por la bufanda, poniéndose el dedo en la boca mientras lo miraba fijamente. Hareta sonrió tímidamente, pero por suerte los trabajadores que los rodeaban no hicieron más que molestarse ligeramente y mirarlos por un momento antes de volver a sus asuntos, mientras Roark finalmente se daba la vuelta.
- Oh, miren quién está aquí. – El hombre se levantó el casco, sonriendo y dejando de lado su fósil. – Aunque no esperaba que volvieras tan pronto.
- Realmente quería tener otra batalla contigo. – Hareta se rascó detrás del cuello con una risita, acercándose al líder de gimnasio junto a sus Pokémon. Roark se quedó mirándolos a él y a su equipo, en particular al nuevo Shinx, antes de reírse también.
- Ciertamente no te falta entusiasmo.
El hombre rápidamente dejó eso de lado, sin embargo, y su mirada volvió a ponerse seria. Estiró los brazos hacia un lado, y solo entonces fue que Mitsumi y Hareta pudieron ver la gran variedad de fósiles que sobresalían de las rocas.
- ¿Ven todo esto? Son los restos de muchos Pokémon antiguos extintos. – Le dio una mirada a todos ellos, y luego se acomodó las gafas por el puente, observando a Hareta. – Todos ellos cayeron porque no fueron lo bastante fuertes para sobrevivir, por una razón u otra. ¿Terminarás como ellos, o estás listo para enfrentarme una vez más?
Hareta le echó una mirada a los fósiles, pero no pasó mucho antes de que volviera a ver a Roark.
- Solo hay una forma de averiguarlo, ¿verdad?
- Respuesta correcta. – Roark volvió a sonreír, desempolvándose sus ropas de trabajo y dirigiéndose hacia el camino en la entrada. – Vamos a una parte más segura de la mina.
Ninguna de las dos partes tuvo objeción, y Roark los llevó fuera de las minas por un camino alternativo hacia la superficie. Continuaron caminando hasta que llegaron hasta un área de la mina aparentemente en desuso, la misma que Mitsumi había visto al llegar, con la grúa, cajas y pilas de una especie de material esparcidas por todas partes, pero con suficiente espacio para tener una batalla.
La atención de Mitsumi, sin embargo, se mantuvo completamente enfocada en Roark, tratando de meterse en la cabeza del líder de gimnasio. Fácilmente podría haberlos llevado al gimnasio para tener la batalla allí, pero por mucho que parecía del tipo que seguía el protocolo oficial, todavía decidió permanecer en las minas donde trabaja. ¿Estaba tratando de usar una ventaja de campo? ¿Sería otro tipo de prueba que Hareta tenía que pasar?
Hareta no dijo nada, simplemente mirando a su alrededor, junto a sus compañeros, posiblemente estudiando el lugar también. No pasó mucho antes de que el grupo llegara a un claro lo bastante grande para poder llevar a cabo una batalla, rodeado por las pilas de desecho en todas partes. Roark se alejó de Hareta para ponerse en posición, mientras que Mitsumi caminaba hacia el extremo.
- Hagámosla una batalla de dos a dos, ¿te parece? – preguntó Roark, tomando una de sus Pokébolas.
- De acuerdo. – asintió Hareta.
- Muy bien. – Con un solo lanzamiento, la Pokébola de Roark salió hacia el aire. – ¡Geodude, es hora de pelear!
El dispositivo se abrió, y el Pokémon con forma de piedra del líder del gimnasio se materializó fuera de ella, levitando sobre el suelo y golpeándose sus nudillos. Hareta pareció quedarse contemplando al Pokémon por un momento, y se volvió hacia su Pokémon más nuevo.
- ¡Vamos, Shinx, es tu turno! – El Pokémon Eléctrico saltó al frente, tomando una postura de batalla y mirando fijamente a Geodude. Ambos, el líder de gimnasio y su Pokémon parpadearon ante la elección, y Roark frunció el cejo mientras observaba al nuevo amigo de Hareta.
- ¿Comenzando con un Pokémon Eléctrico? ¿No sabes que Geodude también es tipo Tierra?
- La ventaja de tipo no será un problema para nosotros. – Hareta sonrió alegremente, y casi sonaba sin miedo alguno. Mitsumi esperaba que realmente fuese algo bueno.
Por su parte, Roark continuó observando al entrenador y a su elección. Pareció entender algo, y le devolvió la sonrisa de Hareta y estiró los dedos en preparación.
- Bueno, esto será interesante. – Hizo un movimiento al frente con la mano. – ¡Geodude, comencemos apropiadamente, usa Magnitud!
Geodude golpeó el suelo con ambas manos, y todo el campo de batalla se sacudió alrededor de los peleadores. Shinx hizo su mejor esfuerzo para mantenerse inmóvil mientras le llegaban las ondas de choque, pero la atención de todos se desvió hacia la pila de desechos que los rodeaba, tambaleándose al unísono y manteniéndose precariamente acercándose a caer con cada terremoto. Mitsumi apretó los puños, por supuesto que eso era lo que planeaba.
- ¡Shinx, muévete para ponerte a salvo! – La orden de Hareta fue rápida, y Shinx corrió justo cuando una de las pilas estaba a punto de colapsar, apenas logrando evitarla. El pequeño Pokémon seguía corriendo de ida y vuelta, esquivando el mar de desechos que se precipitaba sobre él. Y mientras continuaba esquivando, Roark sonreía.
- ¡Movimiento Sísmico!
Mientras Shinx continuaba saltando entre los desechos que caían, Geodude salió volando hacia él, agarrándolo por las patas. El Pokémon Eléctrico forcejeó, pero el agarre de Geodude se mantuvo firme y lo levantó hacia el cielo, listo para darse la vuelta.
- ¡Cambia a Rodada y apunta hacia el suelo!
Geodude apretó el agarre y se enrolló hacia abajo, comenzando a rodar mientras caía incluso antes de aterrizar.
- ¡Shinx! – gritó Hareta frunciendo el cejo. El pequeño Pokémon Eléctrico seguía resistiéndose, pero había poco que pudiera hacer mientras Geodude continuara dando vueltas en el aire.
El Pokémon de Roark aterrizó haciendo un cráter y agrietando el campo de batalla con el impacto. Sin perder ni un segundo, el Pokémon Roca/Tierra siguió rodando hacia adelante, estrellándose contra las pilas de desechos acumulados e incrementando su velocidad, mientras Shinx gritaba al ser arrastrado junto con él. Geodude iba más y más rápido mientras iba en círculos por el campo de batalla, y a su vez Roark mantenía la mirada fija en sus movimientos. Hasta que finalmente chasqueó sus dedos.
- ¡Ahora, adelante!
El Pokémon dio un giro cerrado y rápido, dirigiéndose hacia la pila más grande que todavía seguía de pie. Mitsumi tragó saliva; definitivamente planeaba aplastar a Shinx aterrizándole encima aparte de toda la energía cinética acumulada. Sabiendo que ese sería el final, se volvió hacia Hareta. Este último, sin embargo, no parecía estar preocupado: seguro, se veía enfurruñado, pero alcanzaba a verle un atisbo de sonrisa en el rostro, como si estuviera esperando algo mientras Geodude y Shinx rodaban hacia la pila.
Y apenas a pocos segundos del impacto, Hareta dio un puñetazo al frente.
- ¡Es hora, Shinx! ¡Doble Patada!
Incluso entre tanto rodar y el dolor, Shinx se las arregló para asestarle su pata delantera a Geodude en toda la cara. El Pokémon Roca/Tierra gritó, mandando a Shinx por los aires con el impacto y a su vez cayendo directo en la pila, haciendo que se enterrara entre todos los desperdicios.
El Pokémon Roca trató de levitar fuera del camino, solo para encontrarse con que Shinx todavía venía volando hacia él, esperando para conectar la segunda parte de su ataque. El Pokémon Eléctrico pateó al Pokémon de Roark en toda la quijada, enterrándolo todavía más dentro del desperdicio acumulado. Al ver el resultado, Shinx se permitió sonreír.
- ¡Buen trabajo! – exclamó Hareta alzando ambas manos. – ¡Eres increíble!
- ¡Tormenta de Arena! – ordenó Roark, con la mirada fija.
Geodude frunció el cejo, y los vientos arenosos inmediatamente comenzaron a arremolinar por el campo de batalla. El velo de arena comenzó a cubrirlo todo, incluyendo la posición de Geodude, tal y como lo había hecho el Cranidos de Roark. Hareta saltó sobre sus pies, mientras Mitsumi murmuraba para sí misma un "No de nuevo".
- ¡Magnitud!
Mientras la Tormenta de Arena impedía que nadie pudiese seguir lo que pasaba en la batalla, la tierra volvió a sacudirse, y las pilas de desechos inundaron el campo de batalla como un maremoto. Mitsumi entrecerró los ojos para ver a través de la arena, apenas logrando distinguir a Shinx mientras intentaba luchar contra los terremotos y los desechos.
- ¡Chispa! – exclamó Hareta apretando su puño.
Shinx obedeció, iluminando su pelaje y lanzando su electricidad hacia arriba. La tormenta de arena no se vio afectada, pero Shinx logró hacerse visible y la arena se movió lo suficiente para darle un vistazo al campo de batalla. Algo de la electricidad restante voló hacia la grúa que había arriba mientras Shinx continuaba saltando para alejarse de la oleada de escombros y Hareta estudiaba lo que podía ver del campo de batalla. Tanto él como Mitsumi notaron que Geodude había abandonado la pila.
- ¡Rodada! – intervino rápidamente Roark.
Mientras Shinx se quejaba por la arena, Geodude volvió a ponerse a la vista, rodando en curso de colisión. La Tormenta de Arena se tornó más espesa, y su visión se vio obscurecida una vez más. Entretanto, Hareta dio un paso al frente.
- ¡Quédate quieto!
Aun mientras los vientos continuaban golpeándolo, Shinx asintió y mantuvo su posición. Mitsumi trató de hacer lo propio, pero no podía oír nada sino los sonidos leves de Geodude acercándose. En ese momento volvió su atención a Hareta, solo para encontrar que el chico había cerrado sus ojos, como si intentara concentrarse en el suelo. Los segundos pasaban lentamente, el retumbo se iba acercando, y Shinx permanecía en su lugar. Hasta que finalmente, Hareta abrió los ojos de golpe.
- ¡Mordida, ahora! – exclamó dando un puñetazo al frente.
Shinx saltó al frente y se lanzó contra Geodude con sus colmillos, atravesando la arena y aclarando la visión por un instante antes del impacto. Geodude apenas logró voltearse, demasiado rápido para detenerse, y chocó contra una caja de metal en su camino, dejando una fuerte abolladura. El Pokémon roca rodó hacia el otro lado desde ahí, desenrollándose y volviendo a ver a Shinx una vez más. Por su parte, el Pokémon de Hareta resoplaba y jadeaba, ya sintiendo la fatiga de la pelea llegándole y manteniéndose de pie sobre sus patas temblorosas. Ya no podría continuar mucho más, y Hareta parecía haberse dado cuenta de eso, mirando pensativo el campo de batalla. Piplup, entretanto, solo animaba a su compañero.
- Es hora de terminar este encuentro. – Roark frunció el cejo, dando una palmada al frente. – ¡Geodude, dale una última Rodada!
Geodude obedeció, rodando a toda velocidad en contra de Shinx, apartando la arena por el camino mientras iba acelerando. Hareta parecía estar tratando de pensar en qué hacer, hasta que su rostro se iluminó apenas unos segundos después, dirigiendo la mirada hacia la caja de metal que Geodude había golpeado antes.
- ¡Shinx, súbete en eso!
Shinx rápidamente saltó hacia un lado, corriendo a toda velocidad mientras Geodude lo perseguía todavía más rápido, y cerrando la distancia con cada segundo. El Pokémon Eléctrico saltó sobre una caja, aterrizando encima de ella con un golpe seco.
- Eso no te ayudará. – La mirada de Roark se tornó severa. – ¡Sube!
Geodude rechinó aún más, lanzándose hacia la caja y moviéndose rápido por su superficie para propulsarse hacia el aire y por encima de la caja. Shinx abrió los ojos, quedándose congelado, justo cuando Geodude se desenrollaba y se lanzaba como un meteoro, cayéndole encima y abollando la caja todavía más. Shinx gritó de dolor mientras la roca presionaba su cuerpo contra el frío metal.
- Ahora – Roark se ajustó las gafas. – ¡Termina esto con Movimiento Sísmico!
Geodude actuó inmediatamente, atrapando a Shinx en un agarre mortal. Pero en ese momento, Hareta sonrió.
- ¡Llegó la hora, Shinx! ¡Usa Chispa!
El Pokémon Eléctrico se cargó de energía al instante, echando chispas de electricidad para cubrir toda la caja con su ataque. Geodude solamente se quedó confuso y ligeramente incómodo, pero no recibió ningún daño.
- Eso no detendrá a Geodude, ¿sabes? – suspiró Roark moviendo la cabeza negativamente. Hareta simplemente sonrió todavía más.
- Lo sé. ¡Pero eso no es lo que intentamos hacer!
Roark parpadeó, al igual que Mitsumi. Ambos habrían cuestionado la decisión de Hareta de no ser por los ruidos de metal golpeando. Tanto la chica como el líder de gimnasio se volvieron hacia la caja de metal, y apenas pudieron observar cuando vieron que comenzaba a volar por los aires, directo hacia el imán de la grúa. Geodude quedó aplastado encima de Shinx por efecto de la gravedad, incapaz de despegarse, y la caja se venía acercando más y más hacia la grúa.
- ¡Detenlo, Geodude! – gritó Roark, viendo como la distancia disminuía.
Geodude trató de levantarse y golpear a Shinx, pero el Pokémon Eléctrico se rodó y se apartó de un salto. Dejó de emitir chispas, y la caja de hierro cayó alejándose de la grúa y de regreso al suelo, con Geodude todavía encima de ella mientras Shinx saltaba por encima. Hareta se emocionó más todavía mientras daba un puñetazo hacia el cielo.
- ¡Ahora, Doble Patada con Poder de Gravedad!
Shinx levantó la pata hacia arriba, golpeando a Geodude y la caja junto con él con toda su fuerza. Se mantuvo presionando contra su oponente mientras la caja de metal aterrizaba en el suelo, haciendo un cráter al impactar. El hierro se hizo pedazos al impacto con un fuerte y ruidoso choque, levantando la poca arena que quedaba antes de que la Tormenta de Arena finalmente cesara.
Hareta, Mitsumi y Roark se quedaron observando a la expectativa, preguntándose cuál habría sido el resultado. Pasaron varios segundos hasta que la arena finalmente se aclaró, revelando a Shinx de pie aunque tambaleándose sobre un caído e inconsciente Geodude. El Pokémon Eléctrico apenas pudo dar una sonrisa de orgullo, y cayó al suelo, demasiado cansado para poder continuar.
Roark solo pudo observar incrédulo a los dos Pokémon caídos, pero rápidamente pudo sonreír y recuperó a su Geodude, con una mirada de orgullo en los ojos. Hareta, por su parte, corrió hacia el campo de batalla y agarró a Shinx con una sonrisa.
- Estuviste increíble, gracias por la victoria. – dijo abrazando a su Pokémon felizmente, y este le devolvió el gesto con una lamida.
Hareta disfrutó del afecto por un rato antes de poner a Shinx en el suelo, y Piplup se acercó para felicitarlo. Mitsumi no pudo ocultar una sonrisa propia al ver eso. A su vez, Roark les echó una mirada, en particular a Hareta.
- Tengo que decirlo, eso fue bastante impresionante. No me esperaba que utilizaras el entorno a tu favor también.
- Vi a un par de Magnetons hacer algo así una vez y noté las chispas que había antes, así que... – Hareta se rascó el cuello tímidamente.
- Parece que has mejorado. – replicó Roark. Hareta se volvió de nuevo hacia él, todavía sonriendo pero con más confianza que antes.
- Hacemos nuestro mejor esfuerzo.
- Y hasta ahora lo has hecho bien. – Roark cogió su segunda Pokébola. – Pero todavía tienes otro Pokémon por superar. Cranidos, es tu turno.
Arrojó la bola al aire, y pronto el compañero de tipo roca de Roark se materializó junto a él. Ambos, Hareta y Piplup observaron al recién llegado, sin perder la sonrisa, y el chico se volvió hacia su inicial.
- Muy bien, Piplup. ¿Listo para el segundo round? – Piplup asintió firmemente y asumió su lugar en el campo de batalla, mirando fijamente a su oponente. Hareta sonrió y se volvió hacia Roark. – ¡Perfecto! ¡Prepárate, porque esta vez vamos a ganar!
- Tu entusiasmo es contagioso. – sonrió Roark, cruzando los brazos. – Veamos si las cosas resultan diferentes esta vez.
Ninguno de los dos entrenadores necesitó ni una palabra más, y a su vez Cranidos y Piplup continuaron en guardia y en espera de los movimientos del otro. Finalmente fue Hareta quien decidió actuar primero.
- ¡Detengámoslos antes que comiencen! ¡Piplup, usa Rayo Burbuja a tu alrededor!
El Pokémon de Agua salió hacia arriba, girando sobre sí mismo mientras arrojaba una ráfaga de burbujas a su alrededor mientras giraba como trompo. Mitsumi inmediatamente asumió que era la manera de humedecer el aire lo suficiente para prevenir más Tormentas de Arena que nublaran el campo de batalla. Hasta el propio Roark pareció tomar nota de ello.
- No está mal. ¡Cranidos, usa Contoneo…!
- ¡Mantén los ojos cerrados, Piplup!
Piplup cerró los ojos, girando todavía más rápidamente mientras continuaba disparando las burbujas por el campo de batalla. El intento de Cranidos por confundirlo fue totalmente ignorado y se vio forzado a esquivar las burbujas.
- ¡Tu ataque no tendrá efecto de esta manera! – sonrió Hareta con confianza.
- Lo sé. – Roark se acomodó las gafas con igual confianza. – Contaba con que hicieras eso.
Hareta parpadeó un par de veces, hasta que el grito de Piplup atrapó su atención y la de todos los demás. Con los ojos cerrados, Piplup había comenzado a girar de manera errática, disparando Rayos Burbujas a todas partes a un ritmo peligroso, sin darle ni a Cranidos ni a ninguna otra cosa.
- ¡Piplup, no! – gritó Hareta angustiado.
Los Rayos Burbujas de Piplup rápidamente se dispersaron mientras descendía, girando sobre sí mismo y tambaleándose al aterrizar por la confusión. Tardó unos segundos en quitársela de encima, abriendo los ojos de golpe al ver a Cranidos dirigiéndose hacia él.
- ¡Testarazo! – El compañero de Roark golpeó a Piplup en el pecho, enviando al Pokémon de Agua a volar por el campo de batalla. Roark le dio un vistazo rápido, y se acomodó las gafas antes de dar su siguiente orden. – ¡Ahora, usa Tormenta de Arena de nuevo!
Los vientos arenosos regresaron, explotando todas las burbujas que Piplup intentaba crear. Mucha de la arena húmeda cayó al suelo, disipando suficiente de la tormenta para que la batalla fuese visible, pero no lo suficiente para que dejara de ser peligrosa. Piplup podía dar fe de ello, pues chilló de dolor cuando la arena empezó a golpearle el cuerpo. Y la siguiente acción de Roark sería obvia.
- ¡Asegura!
Cranidos esperó su oportunidad cuando Piplup cayó al suelo, cargando contra él antes de que tocara tierra para golpearlo. El Pokémon de Hareta voló hacia adelante, directo hacia una de las pilas de desechos en el medio y atrapándolo allí. Piplup trató inútilmente de salirse de allí, mientras la Tormenta de Arena continuaba golpeándolo. Hareta frunció el cejo.
- ¡Piplup, usa…!
- ¡Asegura!
Cranidos volvió a la ofensiva, golpeando a Piplup antes de que pudiera tomar cualquier represalia. El Pokémon de Agua intentó contraatacar una y otra vez, sin importar cuánto le doliera la Tormenta de Arena ni cuánto lo empeorara el Pokémon fósil con sus constantes ataques de Asegura, pero ninguno de sus intentos hacía ninguna diferencia. Al parecer no había nada que funcionara.
Todo el rato Hareta se jalaba la bufanda, mirando fijamente a su alrededor en busca de algo. Y entonces, mientras Piplup continuaba recibiendo los golpes sin pausa, Mitsumi vio la chispa de creatividad iluminando los ojos de Hareta.
- ¡Testarazo! – ordenó Roark, y su Cranidos preparó el ataque. Hareta pisoteó, señalando adelante.
- ¡Piplup, ya sabes qué hacer! ¡Mantente en guardia!
Piplup hizo lo que le dijeron, casi brillando con energía mientras agarraba la cabeza de Cranidos con sus aletas, mirando hacia abajo. Desafortunadamente, la tormenta de arena continuaba arreciando, y un látigo de arena hizo retroceder a Piplup y perder el agarre sobre Cranidos.
- ¡Asegura, una vez más!
Piplup apenas pudo canalizar un Porrazo para desviar el golpe de Cranidos, jadeando fuertemente mientras mantenía su posición y trataba de ponerse de pie, sin dar ningún indicio de ponerse a la ofensiva. Roark frunció el cejo, y Mitsumi no tenía idea de cuál sería el plan de Hareta. Al menos, hasta que Roark entrecerró los ojos y miró hacia el viento arenoso.
- Ya veo, estás esperando a que la Tormenta de Arena termine antes de iniciar tu ataque. Una táctica inteligente, pero no te ayudará. – dijo señalando al frente, con la mirada severa de nuevo. – Cranidos, no le des a Piplup oportunidad de descansar. ¡Dale tu Testarazo más fuerte!
Cranidos continuaba martillando con su cabeza en el pecho de Piplup, y el Pokémon de Agua golpeaba con sus aletas en un inútil intento de mantenerlo a raya. Cranidos se iba haciendo más poderoso, más implacable, golpeando y golpeando, hasta que finalmente cargó para embestir a Piplup con todo el poder en su Testarazo. Piplup voló sobre el campo de batalla, con su grito resonando por el aire hasta que cayó sobre una pila de escombros caídos. El Pokémon de Hareta tomó una expresión sombría, apenas logrando levantarse cuando la Tormenta de Arena comenzaba a disiparse, y apretó sus dientes. Hareta, sin embargo, no se veía preocupado. De hecho, sonreía.
- De hecho, no estábamos esperando a que la Tormenta de Arena terminara.
Mitsumi parpadeó al oír la declaración, pero solo bastó una mirada a Piplup para entender a lo que se refería: un potente resplandor de energía acumulada rodeó completamente a Piplup, haciendo que inclusive Roark abriera los ojos de golpes.
- No puede ser. – dijo apretando los dientes y señalando al frente. – ¡Cranidos, Testarazo! ¡Noquéalo antes de que te golpee con esa Venganza!
Cranidos rápidamente hizo lo que le dijeron, cargando hacia Piplup para darle un cabezazo, justo cuando la luz comenzaba a arder más. Piplup no pudo defenderse, y quedó enterrado todavía más dentro de la pila, desapareciendo de la vista. Roark suspiró de alivio, asumiendo que el peligro había pasado mientras Cranidos volvía a tomar su distancia. Se volvió hacia Hareta, probablemente listo para declararse ganador.
Pero su alivio se disipó al ver que Hareta todavía seguía sonriendo. Más todavía cuando la pila de escombros empezó a sacudirse, primero lento, y después más y más fuerte con cada segundo que pasaba. Cranidos retrocedió, mirando la pila mientras se sacudía, y Hareta lo selló con su puño.
- ¡Llegó la hora! ¡Piplup, acábalo! ¡Venganza Mega Volcánica!
La pila de escombros estalló en una erupción y los pedazos volaron por todos lados mientras Piplup la atravesaba, brillando con todo el poder acumulado más que nunca. El Pokémon de Agua salió disparado como cohete viviente hacia Cranidos. El Pokémon de Roca estaba demasiado en shock como para moverse, y Piplup le dio un golpe directo de lleno. Ambos Pokémon abrieron un cráter en el suelo, agrietándolo a su alrededor.
Y cuando finalmente dejaron de moverse, todos pudieron ver a Piplup de pie, débil pero estable, sobre la forma inconsciente del Cranidos de Roark. Por un rato, ninguno de los tres humanos dijo nada, hasta que finalmente Hareta sonrió triunfante.
- ¡Sí! ¡Lo logramos! – exclamó Hareta saltando sobre sus pies y golpeando el suelo repetidamente. Roark simplemente se quedó mirando, con la boca abierta y mirando fijamente a su noqueado Cranidos.
- ¿Cómo...? Piplup recibió más golpes de los que debería… ¿huh?
Los ojos del líder de gimnasio se volvieron hacia Piplup, y más específicamente hacia la muy familiar baya Oran que estaba masticando. Y mientras se reía, Mitsumi asumió que por fin había captado la ironía de saber de dónde había venido esa baya.
- Creí que la habrías utilizado de inmediato. No esperaba que fueras a guardarla. – Roark se acomodó su casco, acercándose al chico. Hareta continuó sonriendo, rascándose la nuca.
- Olvidé hacerlo, así que decidimos guardarla para que fuera nuestra arma secreta.
- Eso fue muy astuto. Me parecía que eras más alguien del tipo ofensivo.
- Oh, claro que me encanta ir con todo con mis Pokémon, pero traté de tomar en cuenta las sugerencias de una amiga. Fue divertido tratar de encontrar nuevas formas de ganar.
Hareta todavía mantenía la sonrisa en su rostro, pero al escuchar eso Mitsumi también sonrió con él. Inclusive Roark parecía orgulloso de eso, incluso todavía más cuando Piplup se acercó a Cranidos para ofrecerle la mitad de la baya Oran al Pokémon fósil. El líder de gimnasio se acercó entonces al retador.
- Lo has hecho bastante bien. Ten, toma esto. – Roark buscó entre su bolsillo, colocando una medalla de color marrón con aspecto de Pokébola en la mano de Hareta. – Por tus esfuerzos, te has ganado la Medalla Carbón.
El chico parpadeó mientras observaba el pequeño trozo de metal, pero sus ojos se iluminaron de alegría y la sostuvo en alto.
- ¡Genial! – dijo Hareta metiéndosela a la boca y empezando a masticarla. – Hmmm, esto no sabe muy bien que digamos…
Roark arqueó una ceja al ver eso, y Mitsumi se golpeó la frente antes de fulminarlo con la mirada.
- ¡Eso no es para comer! ¡Es un símbolo de tu habilidad como entrenador!
- ¿En serio? – El chico escupió la medalla, limpiándola antes de volver a observarla. Roark asintió, ignorando las peculiaridades de Hareta.
- Sí. Los líderes de gimnasio como yo entregamos medallas a los entrenadores que nos vencen. Si consigues por lo menos ocho, podrás participar en la Conferencia de la Liga Pokémon, el torneo donde participan la mayoría de los entrenadores.
Hareta continuaba escuchando atentamente, observando tanto la medalla como al líder del Gimnasio Oreburgh. Mitsumi podía ver la pasión iluminando sus ojos, especialmente al decir la parte de "la mayoría de los entrenadores". Era más fácil de entender de lo que él pensaba.
- Wow, suena genial. – dijo apretando su puño alrededor de la medalla, y luego alzándolo en alto antes de voltear a ver a sus dos Pokémon. – ¡Tenemos que ganar cada medalla que haya en Sinnoh! ¿Verdad, muchachos?
Shinx y Piplup alzaron una pata y una aleta respectivamente, ambos sonriendo junto con él pese a los golpes y la fatiga. En ese momento fue que Mitsumi decidió intervenir, sacudiendo la cabeza.
- Esperen, todavía tenemos que encontrar a tu padre antes de que puedas pensar en ligas y todo eso. – Se volteó a ver a Roark, entrecerrando los ojos. – Y hablando de eso, ya es hora de que nos digas lo que sabes.
- Claro, todavía les debo la información. – El líder de gimnasio sonrió algo nervioso antes de ajustarse las gafas. – En realidad no sé mucho, pero mi colega Gardenia en Ciudad Eterna me dijo que un sujeto raro que se parece a Kaisei visitó el museo hace algún tiempo. Dado que es un experto en Pokémon Legendarios, podría ser tu mejor opción para averiguar sobre él.
- Ciudad Eterna... – Mitsumi tragó en seco, pero rápidamente volvió a poner su atención en Roark. – Gracias, esto nos ayudará.
- No fue nada. – El hombre miró a Mitsumi y Hareta, suavizando su expresión. – Les deseo buena suerte en su viaje, y espero verlos de nuevo en el futuro.
- ¡Puedes apostarlo! – dijo Hareta devolviéndole la sonrisa. – ¡Gracias por esas excelentes batallas!
Retador y líder de gimnasio se dieron la mano con firmeza, y el hombre se fue de regreso a las minas una vez más. Hareta y Mitsumi tomaron eso como su señal para volver con la familia Pokémon del primero, dejando atrás el campo de batalla improvisado mientras el chico sujetaba muy de cerca a sus dos Pokémon para batallas, acariciándoles el pelaje mientras celebraban su victoria juntos.
Mitsumi continuaba vigilándolo, tratando de no pensar en las implicaciones de la siguiente etapa de su viaje. Ciudad Eterna era bastante grande y expansiva, así que tal vez con lo poco que sobresalían no fueran a atraparlos. Sabía que el solo hecho de estar en Sinnoh implicaba el riesgo de encontrarse con el Equipo Galactic, pero ir de frente hacia los problemas no les ayudaría en nada. En serio quería pensar que solo era ella preocupándose demasiado, pero sabía más que nadie lo peligrosos y alertas que eran sus enemigos. No podían tomar las cosas a la ligera.
Solamente se sacudió sus preocupaciones cuando notó que Hareta levantaba su cabeza para verla a ella, fijando las miradas mientras llegaban a la entrada de la mina, a pocos pasos de salir.
- Entonces, nuestro siguiente destino es ese lugar llamado Ciudad Eterna, ¿verdad? – le sonrió el chico. – Divirtámonos por el camino.
Por alguna razón, aquellas palabras lograron atravesar sus dudas, haciéndola sentirse más ligera y como si sus preocupaciones no importaran tanto. Dándose cuenta de ello, Mitsumi también sonrió.
- Claro.
Hareta soltó una risa alegre, dejando en el suelo a Piplup y Shinx mientras enseñaba con orgullo su Medalla Carbón a todos los miembros de su familia Pokémon, sin perder el entusiasmo y el ánimo que siempre llevaba consigo. Mitsumi también se rio, sintiéndose más tranquila de lo que recordaba haber estado en mucho tiempo.
Y así juntos, el grupo continuó con el siguiente paso hacia su propia aventura.
Entretanto...
Con su trabajo completado, Roark respiró profundamente mientras las puertas del Gimnasio Oreburgh se cerraban detrás de él, con Cranidos a su lado. Por mucho que disfrutara de sus dos trabajos, eso no significaba que estos no le pasaran factura, y saber que el día estaba muy lejos de terminar no hizo nada para levantarle el humor.
Exhalando y decidiendo terminar con sus asuntos de una vez, el líder del gimnasio y su Pokémon fósil se dirigieron hacia el videoteléfono y marcaron un número muy conocido. Apenas unos segundos después, un hombre mayor con pelo púrpura muy parecido al suyo y barba sin afeitar le sonrió desde el otro lado de la pantalla.
- ¡Hey, Roark! ¿Cómo va tu trabajo en Oreburgh? – le respondió su padre Byron, con la pala sobre el hombro como de costumbre.
- Todo bien, en su mayoría. – sonrió Roark, levantándose las gafas. – El muchacho de Kaisei logró derrotarme al final. De verdad no me sale el acto de mentor duro, pero funcionó.
- ¡A veces hay que ser duro! ¡Así es como nos encanta hacer las cosas a los hombres de nuestra familia! ¡Ahora sí de verdad eres mi hijo! – gritó Byron, presionando la cara contra la pantalla y observando a Roark con orgullo.
Incluso tras años de saber la clase de persona que era su padre, Roark todavía parpadeó confuso al ver eso.
- Uhm, claro, papá...
Afortunadamente para él, su padre decidió recuperar la compostura y alejarse de la pantalla, colocando la pala en el suelo como un bastón y apoyándose sobre él, con una sonrisa en el rostro.
- Si el chico tiene la mitad del talento de su padre, va a estar bien.
- Eso espero. – Roark frunció el cejo y cruzó los brazos. – Tengo un mal presentimiento.
- Los entrenadores Pokémon son duros por naturaleza, eso lo sabes.
- No estoy hablando de Hareta específicamente. – El líder del Gimnasio Oreburgh se agarró la barbilla, pensativo. – Esos sujetos que llevaban uniformes del Equipo Galactic han estado apareciendo más y más recientemente. He escuchado rumores incluso de que un viejo equipo criminal resurgió en Hoenn hace algún tiempo, y ahora un experto en Pokémon Legendarios desaparece, y todo eso sin contar todos esos otros incidentes raros que han estado ocurriendo desde aquellas tempestades sobrenaturales que sucedieron en Kanto y Shamouti. Demasiadas cosas están ocurriendo ahora mismo. – Su atención se volvió hacia Byron, con la mirada severa. – Papá, ¿tú sabes algo de lo que sea que Kaisei esté planeando?
El líder del Gimnasio Canalave continuó mirándolo, sin decir palabra. Y luego, simplemente hizo una mueca de burla y se echó la pala de vuelta al hombro, recuperando su usual bravata.
- No tienes nada de qué preocuparte, hijo. Todo saldrá bien al final. – le dijo. Roark gruñó, pero decidió no seguir presionando el asunto.
- Espero que tengas razón.
El joven líder de gimnasio volvió su atención a su Cranidos, acariciándole su cráneo reforzado mientras continuaba pensando en los eventos recientes. Algo malo parecía estar por ocurrir, podía sentirlo, y más pronto que tarde ellos y toda la región de Sinnoh se verían arrastrados a predicamentos mucho mayores. Esperaba equivocarse, pero su instinto le decía que ese no era el caso. Era hora de prepararse para lo peor.
Esta historia continuará…
Notas del traductor:
Uff, qué pesado, pero al fin terminé de traducirlo. Continúan las aventuras de Hareta y Mitsumi por la región Sinnoh, y el chico salvaje acaba de ganar su primera medalla. Personalmente, me está gustando la dinámica de estos dos, son totalmente opuestos uno de la otra: él es optimista y hay mucho que todavía le falta por aprender pese a tener un talento natural, mientras que ella es más experimentada y mucho más cínica debido a sus experiencias con el Equipo Galactic. El Profesor Rowan tiene razón, ambos pueden aprender mucho viajando juntos.
Bien, con esto de nuevo me encuentro al día con el Resetverso, aunque vienen varios seguidos de parte de mis compañeros. Eso sin contar el Especial de Navidad de este año, y creo que iré preparando mis viñetas también. Gracias por los reviews a darkdan-sama, BRANDON369 y Jigsawpunisher. No daré detalles del progreso del próximo capítulo de la historia principal, solo que esperamos tenerlo antes que finalice el año, así que atentos. Nos veremos y por adelantado, felices fiestas a todos.
