A Nami le gustaba pensar que sus años de ladrona le habían servido para algo: como mantenerse firme ante cualquier situación.
Le gustaba pensar aquello, otra cosa era que de verdad se cumpliese.
Algunas veces no podía actuar así. Delante del dinero se le retorcían cada una de sus neuronas. El chocolate era una de sus debilidades que le hacía perder el control. Los fantasmas le hacían pasar un muy mal rato…
Pero cuando abrió los ojos en aquel momento… Lo que vio la dejó perpleja.
Luffy le había besado.
Bueno, no es como si nunca le hubieran dado un beso, pero ¿Luffy? Eso, si que era harina de otro costal.
Podía notar como en su cabeza se movían miles de pensamientos a mil por hora.
Pensaba que Luffy era un idiota.
Pensaba que Luffy se iba a arrepentir.
Pensaba que como narices habían acabado así.
Pensaba en el gracioso baile que su corazón había hecho cuando…
No.
En eso, era mejor no pensar.
A LA MAÑANA SIGUIENTE
Luffy entró en la cocina tan sonriente y hambriento como siempre. Y con un ojo morado, que todo hay que decirlo.
Usopp y Chopper sabían de sobra que su queridísimo Capitán había recibido un puñetazo de Nami después de unos intensos segundos cuando se despertó. Pero como el resto no lo sabía, las preguntas no tardaron en salir.
-Resulta que Nami, anoche, fue poseída por el Fantasma.
-Seguro.-dijo Zoro, con los ojos cerrados y la ironía pegada en su tono.
-¡Es verdad!-dijo Chopper- Pero estaba desmayada la pobre, así que Luffy…
Y en ese momento entró Nami en la cocina con un aspecto de caerse en el suelo en cualquier momento.
Había pasado horas sin dormir en realidad, y se moría de sueño.
Se sentó al lado de Luffy, y pareció dormirse encima de la mesa.
-¿Luffy qué?-dijo Robin un tanto curiosa.
-La besé.-dijo Luffy tranquilamente, como si hubiera dicho la hora.
Nami se tensó en ese momento, y lo miró, y Luffy pensó, que de poder una mirada matar, el no hubiera podido volver a ver la luz del sol.
Pero no tuvo mucho tiempo de pensar, porque Sanji le había empezado a dar patadas y a gritarle por lo que había hecho. Solo paraba para preguntarle a Nami se estaba bien.
-No pasa nada, Sanji.-dijo Luffy, soltándose del aludido- Luego me perdonó, ¿verdad?-y sonrió de oreja a oreja mientras miraba a Nami.
Sanji la miró inquisitivo, y Nami afirmó con la cabeza.
-A fin de cuentas, él solo quería ayudarme, no hizo nada malo.
Luffy se sentó de nuevo (al lado de Nami, como Robin advirtió) y tras un corto desayuno, cada uno se fue a sus respectivas tareas.
Pero antes de que Luffy pudiera salir, Robin le preguntó qué como había conseguido que la pelirroja le hubiera perdonado.
-Pues…
-Y no me mientas.-añadió Robin, antes de que Luffy dijera nada.
El Capitán sonrió un poco y se sentó de nuevo en la silla, mientras Robin le imitaba.
-Cuando me pegó el puñetazo se marchó corriendo, y yo la seguí, y entre los naranjos le pregunté si me iba a perdonar y ella me dijo que no. Y no me pareció justo, porque ella me había pegado en el ojo. Entonces-dijo sonriendo mientras rememoraba- le dije que lo sentía mucho y se puso a llorar-y cuando lo dijo, pareció muy nervioso.
Robin sabía que a Luffy no le gustaba ver a alguien llorando. Era algo con lo que no podía 'pelear' muy bien.
- Y entonces me dieron ganas de llorar a mí, y antes de que pudiera irme corriendo, Nami me abrazó.
Parecía entonces sumido en sus pensamientos, algo que era muy raro, porque a Luffy le costaba muchas veces concentrarse en algunas cosas.
- Y bueno… luego me besó ella a mí y me dijo que estábamos en paz.
Y entonces Robin le sonrió, le puso una mano en el hombro, y le deseó mucha suerte.
- Uno no se enamora todos los días, Capitán.
Y eso es todo por ahora.
Un capítulo más y terminamos.
Quería describir la escena de Nami y Luffy, pero después de intentarlo 3 veces y fallar miserablemente decidí no tentar a la suerte.
Siento haberme retrasado, pero es que he tenido muchas cosas que hacer… (las horas de sueño hay que recuperarlas).
Un beso, y juro que esta vez nos leemos pronto.
