Titulo: Debil
Autor: Seres SugarSkull

Disclaimers: Todos los personajes de este fanfic pertenecen a la película de "El libro de la vida", propiedad del señor Jorge R. Gutierrez, Reel FX Creative Studios y 20th Century Fox. Yo solo escribo sin fines de lucro y por pura diversion...

Advertencias: Algunos de los personajes aquí utilizados solo están basados en las vagas descripciones que a dado Jorge Gutierrez... Lo siento si se alejan demasiado de lo que ustedes ténian pensado. Uso ligero de lenguaje anti-sonante...

Notas: A-JA-JA! ¿Creyeron que estaba muerta? ¡Pues no!, ¡Casi!, ¡Pero No!.
Me tarde muchísimo, pero en serio muchísimo con este capitulo, mas por falta de tiempo y falta de inspiración que por otra cosa. Lo empece hace como dos meses y apenas este fin de semana lo pude retomar.
La verdad me gusto pero no me gusto. Hay cosas que siento muy acartonadas y otras muy cursis, pero en fin.
Estaba pensando que, en los anteriores capítulos di por sentado que todos conocían a La Noche y al Chamuco... pero no todos siguen a Jorge Gutierrez en twitter. Lo explico rapidamente por si acaso.
La Noche es la hermana Gemela de la Muerte y es muy parecida en personalidad a Xibalba.
El Chamuco es la ex pareja de la Muerte, pero el muy idiota la engaño con su hermana. Cuando Xibalba y La Muerte empiezan su relación, El chamuco y la Noche no tienen de otra que casarse... Je. Aunque según el Chamuco aun ama a la Muerte...
Aun no se especifica si el Chamuco y el hermano de Xibalba son el mismo personaje, pero yo los maneje por separado.

Bueno, ya explicado esto, espero que disfruten el capitulo. Es el mas largo hasta ahora...

Por cierto! Agarre un elemento de la película. Es una insinuación de dos segundos, pero me pareció interesante utilizarlo.


Capitulo 3

Estaban a punto de dar las doce.
Posiblemente no faltaban ni cinco minutos para que las campanas de la iglesia comenzaran a sonar.

-Entonces… daremos toda la vuelta a San Angel, cruzando el cementerio, el centro del pueblo, la plaza de toros y volveremos aquí…- Volvió a decir Xibalba, soltando la manita de la Muerte, dejando que sus dedos se escapasen de entre los suyos con delicadeza. Acto seguido giro ligeramente el cuerpo, sin darle la espalda a la Muerte y miro hacia el pueblo.

Abajo, la gente aun celebraba con entusiasmo.

-Me parece bien- reafirmo la Muerte, llevándose una mano a la cadera, mientras la otra colgaba a un costado de su cuerpo, y miraba hacia abajo. Sonrió, observando con cariño a las personas.

Xibalba suspiro.

Ambos se deslizaron hasta la orilla del campanario, a un paso del vacío.

Ella lo miro a el, como esperando, sin saber ¿quién daría la señal de salida? ¿En que momento comenzarían con su pequeña carrera?... No lo diría, pero sentía un ligero toque de emoción. No todos los días hacia cosas como esas.

Xibalba noto que ella lo miraba y si hubiese sido un dios un poco mas mediocre (que por fortuna, no lo era) se hubiese sonrojado. Podía estarse derritiendo por ella, pero no se sonrojaría. Jamás.

Se resistió lo mas que pudo a mirarla, pero podía sentir los ojos de ella clavados (figurativamente) insistentemente sobre el. Entonces cedió un poco, y la miro, apenas de reojo, con una ceja levantada, como preguntándole "¿Acaso tengo monos en la cara?"

La Muerte pensó que era una expresión curiosa la que tenia Xibalba en ese momento. Casi podría jurar que en esa mirada, además del desconcierto, había un poco de ternura, especialmente dedicada a ella. Casi

Las alas se le sacudieron ligeramente, y ante la penetrante mirada de la diosa, el tuvo que desviar su propia mirada. Pero, por lo menos, había comprendido por que ella lo miraba así. Y eso era bueno… o eso creía…

-Nuestro "disparo" de salida serán las campanadas de la iglesia al dar las 12. En cuanto toque la ultima campanada, salimos-

Ella asintió, satisfecha.

Y entonces, hubo silencio. El silencio no duro mucho, tal vez un minuto, pero era un silencio agradable. Ambos miraban hacia el frente, sin emitir sonido alguno. Una briza fría los golpeo a ambos en el rostro, seguido de una briza mas cálida, que emanaba del calor de las cientos de velas que decoraban las tumbas de los difuntos.

La muerte lentamente levanto una de sus manos, y toco con la punta de los dedos su sombrero, que desapareció al instante, dejando su larga cabellera caer libremente sobre sus hombros. Cerro los ojos y sonrió, disfrutando de la sensación de la briza sobre su piel. Y el cabello se le alboroto ligeramente.

Xibalba la miraba de reojo. Y suspiro. Era hermosa… Todo lo que el nunca seria.
Tenia que ganar eso. Tenia que ganar la oportunidad de ganársela a ella.

Y entonces las campanadas comenzaron a sonar.

Pudo sentir todo su cuerpo tensionarse, y entre mas campanadas sonaban, mas nervioso se ponía.

1…
2…
3…

¿Y si perdía la cuenta?

4…
5…
6…

Apretó los puños ¿¡Por que diablos estaba tan nervioso!?

7…
8…
9…

¡No quería tener que "dejarla en paz"! ¡No quería tener que dejar de verla! De algún modo la diosa se había convertido en su centro de gravedad, su todo. ¿Qué haría si perdía eso?
Se imaginaba a si mismo como una pila de basura, una miserable pila de basura sin motivos ni objetivos, una pila de basura incluso mas grande de lo que ya era.

10…

¡Era un idiota! ¿Siquiera lo había pensado bien? ¿Y si perdía? Toda la seguridad que había demostrado al proponer la apuesta se había ido de paseo a quien sabe donde…

11…

En ese momento el dios era un manojo incontrolable de emociones. Había pasado de una emoción a otra con una vertiginosa rapidez en una alarmante cantidad de tiempo. ¡Había pasado de estar muy seguro a muy (en extremo) inseguro por lo menos unas 20 veces tan solo en la hora, o hora y media, que había estado hablando con la diosa!

Era demasiado… incluso para el.

12.

En el momento en el que la ultima campanada sonó, ambos salieron disparados hacia delante.
Xibalba y la Muerte no eran mas que dos destellos que recorrían a gran velocidad el pueblo. Los humanos no podían verlos, pero ahí por donde pasaban, dejaban una ráfaga tras de ellos.

Obligadamente, el primer lugar por el que debían pasar era el cementerio… Y entonces Xibalba se dio cuenta de una terrible desventaja en la que no se le había ocurrido pensar hasta ese momento.

No estaba demasiado seguro del porque, pero desde que tenia memoria, si tocaba a un humano, este se moría. Incluso así, como un machón negro flotante, si entraba en contacto con el humano, aunque solo fuera un roce, ¡Puf! Este iba directito a la tumba.

La única manera en la que podía tocar a un humano sin matarlo, era haciéndose pasar por un humano.
(Y el odiaba hacerse pasar por un humano.)

Y definitivamente, ir matando humanos a lo largo de la carrera, solo para ganarla, no le iba a dar ningún punto con la Muerte.

Entonces, para desgracia de Xibalba, tenia que ir esquivándolos, y al parecer, la Muerte no tenia ese mismo problema.

Maldita su suerte.

A pesar de todo, el dios de la tierra de los olvidados logro mantenerle el paso a la diosa de la tierra de los recordados, incluso logro aventajarla en un par de ocasiones… por lo menos durante mas de la mitad de la carrera.

Al pasar el cementerio, el cual había sido una verdadera pista de obstáculos, el pueblo estaba prácticamente vacío, e ir esquivando edificios no era un verdadero reto, a ambos se les daba bien (de algún modo ya tenían practica en ello), pero la plaza de toros era otra cosa completamente distinta.

La mitad del pueblo que no estaba en el cementerio, estaba en la plaza de toros, celebrando, rindiéndole tributo a los Sánchez caídos. Y Xibalba lo sabia, incluso mucho antes de llegar a la plaza, mas o menos en el momento en el que se dio cuenta que tendría que ir esquivando humanos en el cementerio, reflexiono que tendría que hacer lo mismo en la plaza de toros, y eso solo lo ponía de mal humor, y mientras tanto, también se esforzaba por no perder de vista a la diosa en ningún momento.

Con todo en lo que se debía concentrar, estaba haciendo malabares dentro de su cabeza.

Y para colmo, centrar su atención sobre la Muerte también le representaba un obstáculo, posiblemente el mas difícil de todos.

Al mirarse entre ellos, no veían solo el manchón negro o la estela de pétalos. No. De algún modo, Xibalba podía ver a la Muerte, mas como un figura transparente que como otra cosa, (suponía que era como ver a un fantasma), pero podía verla. Y ella lo podía ver a el.

Y le era difícil no embobarse mirando la perfección de ella.
Y si se embobaba demasiado, algo podía salir terriblemente mal… y el no quería eso, por lo menos no en ese especifico momento.

Pero era muy difícil… ¡Extremadamente difícil!

A la Muerte el movimiento grácil entre edificios, humanos, animales, o lo que fuera que se le ponía en frente, le salía de manera demasiado natural. La estela de pétalos se movían suavemente, pero sin perder la velocidad. (El era un poco mas tosco, para todo)
La diosa se estaba divirtiendo mucho, era competitiva y estaba demasiado dispuesta a ganar.

De vez en vez, ella buscaba con la mirada a Xibalba, y varias veces lo había atrapado mirándola. Esto, lejos de incomodarle, le parecía… Extraño.
Aunque realmente no quisiera admitirlo y una parte de su cabeza quisiera estar completamente convencida de que el dios de la tierra de los olvidados era un idiota vil, cruel y sin remedio… otra parte de ella no podía evitar pensar que Xibalba parecía un bobo realmente enamorado…
Esa noche, en particular, Xibalba le había parecido un "bobo enamorado" mas de tres ocasiones…

Jugaría un poco con el.

Volvió a buscarle con la mirada, en ese momento, ella le aventajaba por poco, así que tuvo que mirar ligeramente hacia atrás, por sobre su hombro, y sin dejar de mirarle, espero a que el lo notara y la mirara de vuelta. Todo debía estar perfectamente calculado.
Cuando el se dio cuenta de que la Muerte lo miraba, efectivamente, la miro de vuelta. Se sorprendió un poco, y levanto una ceja con incredulidad. ¿Qué….?

Y entonces ella le sonrió.
Esto lo desestabilizo por completo, dejándole absolutamente perplejo. No podía recordar que durante la noche la Diosa le hubiese sonreído sin ninguna razón aparente ¿Lo había hecho?. El estaba casi completamente seguro de que no había sido así. Y ahora lo estaba haciendo. ¿¡Por que!?

No entendía nada. Y su cara debía de ser un verdadero poema en ese momento, por que la sonrisa de la Muerte se ensancho, mostrando sus bonitos dientes.
Xibalba, que no terminaba de salir de su perplejidad, no se estaba percatando de lo que la Diosa pretendía hacer.
Ella, sin dejar de sonreír, desvió la mirada hacia el frente y abruptamente cambio de dirección, hacia arriba.

Xibalba volvió a levantar una ceja, completamente confundido, no entendía nada de lo que estaba haciendo la diosa, y al mirar hacia el frente, a penas le dio tiempo de frenan y no estamparse de lleno contra una pared que ni siquiera había visto antes.

Su cara había quedado a peligrosos milímetros de esa pared.

Y entonces entendió todo.
La Muerte, aun y cuando no quería terminar de admitirlo, se había dado cuenta del efecto que producía sobre Xibalba. Y como no era tonta, se le había ocurrido que, algo tan simple como una sonrisa, dejaría tan confundido al dios que simplemente dejaría de prestarle atención a su entorno y…

Bueno, había estado a punto de estamparse contra una casa ¿o no?

Xibalba abrió mucho los ojos y una leve sonrisa (peligrosa) se le dibujo en los labios -Pequeña desgraciada traicionera…- susurro, realmente impresionado.
Miro hacia arriba, en la dirección en la que había ido la diosa, y rápidamente retomo la marcha.

Aparentemente continuarían la carrera por los techos de San Ángel.

Ella estaba bastantes metros mas adelante. Se había detenido unas casas mas allá para ver si Xibalba aparecía y por unos segundos había dejado de ser una estela de pétalos. El, por su parte, hiso lo mismo cuando llego hasta la parte mas alta de la casa con la que había estado a nada de estrellarse. Dejo de ser el manchón negro para volver a su forma original. Extendió las alas, lo cual lo hacia ver amenazante.

La muerte pensó que aquella jugarreta lo habría hecho enfadar… pero ni siquiera se veía molesto. Todo lo contrario… Tenia una expresión que para ella era difícil de describir, pues no se la esperaba.
Le sonreía de medio labio, tenia una ceja arqueada y la otra levantada, le miraba fijamente y lentamente negaba con la cabeza. Era una de esas expresiones que ella definiría como amenazante-seductora. Una de esas expresiones que solo el lograba hacer.

Esto solo logro provocar en la diosa una sensación de pánico y emoción, que mezcladas, se sentían como un fuerte cosquilleo en el estomago.
Se rio abiertamente, llevándose una mano a los labios y sonrojándose ligeramente.

-Eres terrible- Exclamo el, alzando la voz para que ella le escuchara

Ella volvió a reír.
Y el sonrió, aliviado.

-Ahora será en serio- susurro el dios, y dicho esto dio un fuerte aleteo y se dejo ir hacia el frente sin siquiera volver a ser el manchón negro de antes. No acostumbraba volar con sus alas, pero la situación lo ameritaba.

La muerte dio un respingo al ver a Xibalba acercarse peligrosamente, y rápidamente volvió a convertirse en pétalos. Ella no tenia alas, y esa era su única manera de desplazarse rápidamente.

Aunque seguía a la cabeza, el dios estaba ganado terreno rápidamente. Sin duda, era mucho mas rápido volando con las alas que de la manera tradicional. Y a esa altura, por sobre los edificios del pueblo, Xibalba podía extender sus alas tanto como le fuese posible, cosa que no podría seguir haciendo cuando bajasen de nuevo al nivel del suelo.
Esta vez ambos compartían miradas de complicidad y se sonreían de vez en vez.

Por alguna razón, lo que había hecho la Muerte había logrado que Xibalba se sintiese mucho mas tranquilo. Saber que la diosa se estaba divirtiendo le hacia sentirse muchísimo mas seguro. Y ahora estaba decidido a ganar a toda costa.

Cuando la alcanzo y paso a su lado, Xibalba, sonriendo juguetonamente, aleteo con toda la fuerza de la que fue capaz, y la estela de pétalos que eran la Muerte, se dispersaron, alejándose algunos metros de Xibalba.

Ella, lo miro, abriendo la boca con divertida indignación, y regreso para intentar darle alcance, cosa que ya no logro.
Xibalba sabia que debía aventajar lo mas posible a la diosa, por que cuando tuvieran que bajar al suelo y cruzar por la plaza de toros, perdería terreno intentando esquivar humanos (además de que no podría continuar utilizando sus alas, Claro).

En el horizonte ya podía apreciarse la plaza de toros en todo su esplendor, y no solo por que la plaza sobresaliese, por mucho, de entre el resto de los edificios, si no por que, desde donde ellos estaban, ya podía oírse el estruendo de la celebración que se estaba llevando a cabo.

Xibalba, que estaba bastantes metros delante de la Muerte, dejo atrás el pueblo, y dando un ultimo y fuerte aleteo, bajo en picada y llego a los alrededores de la plaza de toros, en donde la gente se aglomeraba en las entradas. El dios no tuvo mas remedio que regresar a ser el manchón negro que había iniciado la carrera, y, de nuevo, su lucha por no tocar a ningún bendito humano comenzó.
Claro, ahora estaba del suficiente buen humor como para ya no darle tanta importancia y concentrarse mas en el hecho.

La muerte, tal y como había hecho Xibalba metros atrás, de nuevo había comenzado a alcanzar al dios de la tierra de los olvidados. Y se percato, por primera vez en todo su recorrido, que Xibalba estaba haciendo algo, que al principio no había podido identificar bien que era… pero tras observarlo durante varios segundos, se dio cuenta de que lo que el dios estaba haciendo era esquivar a los humanos.
Ella no necesitaba hacer eso… Ella podía moverse libremente alrededor de ellos sin ningún tipo de problemas… ¿Por qué, entonces, Xibalba debía ir esquivando a los humanos?...

Abrió mucho los ojos, sorprendida al recordar, repentinamente, algo que había oído decir a su hermana cuando Xibalba aun la pretendía, y ella gustaba de alardear sobre ello.
"Si toca a un humano, el humano se muere" Escucho en su cabeza… con la voz de su hermana (Que era prácticamente igual a la suya… ¡Pero no! ¡NO era lo mismo!)

"Es graciosísimo…"

Arrugo la nariz solo de pensar en aquello.

Sacudió ligeramente la cabeza, y se puso a analizar la situación, acallando por un momento a la vocecita que insistía en decirle que Xibalba era despiadado, traicionero y… bueno, todas esas cosas malas.

Ok. Si Xibalba estaba verdaderamente interesado en ella, entonces, y dado a lo que perdería si perdía la carrera, lo mas lógico seria que intentase ganar a toda costa, aun cuando eso significara ir dejando humanos muertos por todos lados…
Pero Xibalba no lo estaba haciendo así…

Se sonrojó cuando comenzó a comprender ( o por lo menos intentar adivinar) la mentalidad bajo la que Xibalba estaba haciendo las cosas. El quería ganar, si, pero sabia que si mataba a un humano, aunque solo fuese uno, la Muerte no se lo perdonaría.
Si, posiblemente Xibalba odiaba a los humanos, y se divertía fastidiándolos de vez en cuando, y no los veía mas que como seres inferiores, pero por lo menos estaba haciendo lo posible por respetarlos.
Y todo por ella.

La Muerte, por mas diosa que fuese, no dejaba de ser una mujer. ¿Y a que mujer no le cautivaría que un hombre intentase cambiar su propia naturaleza solo para satisfacerla? Por lo menos, para ella, que era romántica desde que tenia uso de razon, aquello le parecía encantador.

Xibalba no era tan malo después de todo.

Contra todo pronostico, se estaba divirtiendo pasando el rato con el, y sin duda el dios se estaba esforzando por ganar (y sin hacer trampas o jugarretas viles, lo cual era un extra), y eso, aunque ni ella misma se lo hubiese creído si se lo hubiesen dicho apenas una hora atrás, era algo que no podía pasar por alto.
Seria incluso cruel de su parte si no le diese merito a Xibalba por todo lo que estaba haciendo.

Para ese momento, ambos se habían colado por una de las varias entradas que tenia la plaza de toros, Xibalba sin duda estaba teniendo problemas para pasar entre los humanos, y los huecos en los pudiese irse metiendo para seguir avanzando, se hacían cada vez mas estrechos, obligándolo incluso a detenerse. La Muerte no estaba teniendo ese problema, pero entre todos sus pensamientos había bajado la velocidad, y se mantenía por detrás de Xibalba, aun cuando ya hubiese podido adelantarlo fácilmente.

Una parte de ella ya no estaba tan segura de si en realidad quería ganar la carrera. (y eso la perturbaba…un poco). La otra estaba completamente decidida a ganarle y punto.

La Muerte estuvo a punto de chocar contra la espalda de Xibalba, que se había detenido cuando los humanos le habían cerrado el paso. Se deslizo por debajo de el y por fin se decidió a adelantarlo. Pudo escuchar a Xibalba gruñir al pasar junto a el.

El túnel por el que los espectadores entraban se dividía en dos escaleras, una hacia la izquierda y otra hacia la derecha, que subían hacia los palcos, y hacia el frente, el túnel seguía y desembocaba en la arena donde se desarrollaba toda la acción. Una vez pasando las escaleras, el camino estaba completamente libre.
La Muerte acelero el paso, aun debatiéndose entre lo que realmente quería. Ahora era ella la que estaba librando una lucha interna.

Cuando la Muerte estaba llegando al final del túnel, Xibalba apenas había logrado librar a toda la gente que quería subir hacia los palcos. Ahora si que había una importante distancia entre ellos, y Xibalba comenzaba a entrar en pánico.
La Diosa, por otra parte, a penas había salido del túnel cambio de dirección, hacia arriba, en vez de seguir de frente y salir por el lado opuesto de la plaza.

Volteo, solo para ver el momento justo en el que Xibalba salía del túnel y seguía la misma dirección que ella había tomado. De algún modo estaba logrando alcanzarla, pero de eso a pasarla y llegar antes que ella a la Iglesia había un gran trecho.
Pasaron por encima del muro de la plaza, La Diosa primero, seguida muy de cerca por el Dios. Y desde ahí, solo unos cuantos metros los separaban de la "meta"

¿Quería ganar?... ¿De verdad quería ganar? Al principio estaba completamente segura de que quería hacerlo… ¿Pero y ahora? Ahora había algo, algo que despertaba su curiosidad, y la tentaba peligrosamente a dejarse seducir por los (poco convencionales) encantos de Xibalba.
Sin duda había cambiado, y, muy a su manera, se lo había demostrado en la ultima media hora que habían pasado juntos… Pero… ¿Cuánto?... ¿Había cambiado lo suficiente como para hacer cambiar la opinión que tenia la Muerte con respecto a el? ¿Estaba realmente enamorado de ella? ¿Y si solo era un capricho pasajero? ¿Y si en realidad esa era una mas de sus jugarretas (una muy elaborada jugarreta)? ¿Y si solo quería agregarla a su larga lista de conquistas? ¿Y su hermana? ¿De verdad se había olvidado de ella?... ¿Y el chamuco?... Ella y el chamuco todavía estaban… Ella todavía estaba… enamorada del chamuco… ¿no?
¿Y si no le gustaba lo que encontraba en Xibalba? O peor aun…

¿Y si le gustaba lo que encontraría en Xibalba si le daba una oportunidad?

Podía sentirlo justo detrás de ella, pero, definitivamente, ya no había manera de que el ganara. Ella ya tenia la victoria asegurada.

Podía sentirlo detrás de ella… pero… ¿Y si le gustaba lo que Xibalba tenia para ofrecerle?...

Nunca lo descubriría si ganaba la carrera.

A un metro de llegar a la meta, se detuvo, y pudo sentir como Xibalba pasaba justo a su lado. El había ganado.
La diosa intento disimular y llego justo después de Xibalba, regresando a su forma original, al igual que hiso el Dios de la tierra de los olvidados.

Ambos jadeaban, intentando recuperar el aliento. Y Xibalba, que no estaba muy seguro de lo que realmente había pasado, se quedo parado, dándole la espalda a la diosa, lo suficientemente sorprendido como para quedarse ahí durante varios segundos.
Había ganado, incluso cuando ya había perdido toda esperanza de hacerlo, y no terminaba de entender como.
Lentamente se dio la vuelta, buscándola con la mirada.

Ella lo miraba con una sonrisa, respirando mas pausadamente.
-Creo que Ganaste…- dijo por fin ella, para romper el silencio incomodo que se había formado entre ambos.
Ninguno de los dos había pensado en lo que harían si ganaban la carrera, y eso lo hacia aun mas incomodo (si es que era posible). Por su parte La Muerte… bueno, solo debía seguir actuando como si de verdad hubiese perdido, y dejar que Xibalba hiciese el resto, pero, por la expresión que tenia en ese momento en la cara, se notaba que el dios no había pensado en esa parte de su plan.

-Tienes una oportunidad. Solo una. Aprovéchala bien – amenazo ella, por que, aun y cuando sentía demasiada curiosidad por saber lo que haría Xibalba a continuación, no estaba dispuesta a darle mas que eso. Ya le había dejado ganar, y si el Dios no sabia aprovechar esa oportunidad, tal vez de verdad era un idiota.

-Lo se… -contesto el, para sorpresa de ambos, mucho mas tranquilo después de haber procesado toda la información –Pero… para ser honesto… ni siquiera había pensado en lo que pasaría si lograba ganar…-

Le sonrió, ya sin miedo. Ya ni siquiera estaba pensando en todas las cosas que le preocupaban al principio de la noche. Ni en los humanos, Ni en el rechazo, Ni en su siguiente movimiento para impresionar a la Muerte, ni en nada de eso. Lo único que deseaba ahora era pasar (en paz) el resto de la noche con ella.
Extendió su mano hacia ella, ofreciéndosela para que la tomara.

En ese momento la Muerte decidió que ella tampoco quería seguir preguntándose en lo que pasaría después. Tomo la mano que Xibalba le ofrecía, y, con muchísima mas confianza, se acerco a el.

-¿Te parece si solo… conversamos?- propuso por fin el, encogiéndose de hombros, pues no podía pensar en nada mas que quisiera hacer. Podría conocerla mejor, podría preguntarle todo lo que siempre había querido preguntarle… y si ella quería, también podría preguntarle cosas sobre el… (aunque prefería que no lo hiciera).

-Me parece bien– asintió ella, sonriendo. Ni de lejos había imaginado que las cosas serian así.

Ambos se deslizaron, de nuevo, hasta el borde del edificio, y se dejaron caer lentamente, flotando hasta que llegaron al suelo. Se pasearon entre las tumbas, y aunque la conversación comenzó forzada, poco a poco se fue haciendo mas y mas amena. Ayudaba mucho que ambos estuviesen mas tranquilos y con la mente (por lo menos en el caso de la Muerte) mas abierta.

Las cosas que ella le preguntaba a Xibalba (con la expresión curiosa que tanto le gustaba al dios), y este se mostraba renuente a responder, pero que al final contestaba a regañadientes a pesar de que a la Muerte no pudiese agradarle demasiado la respuesta, ya no causaban tanto conflicto en la Diosa como lo hubiera hecho al principio de la noche.
Estaba intentando escuchar la historia y la explicación completa antes de enfadarse o juzgar a su acompañante.

Y Xibalba simplemente estaba intentando ser lo mas sincero posible.

Conforme fue avanzando la noche, el cementerio fue quedando cada vez mas vacío, y el estruendo que provenía de la plaza de toros se fue apagando poco a poco. Ambos dioses habían dejado de prestarle atención al paso del tiempo desde hacia mucho rato, y continuaron conversando hasta que llegaron a la salida del pueblo, y cruzaron el puente, hasta llegar a los pies del gran árbol que coronaba el final del camino.

Ahí se detuvieron.

Ambos miraron hacia San Ángel, y fue entonces que se percataron de que estaba por amanecer. Los primeros rayos de sol comenzaban a asomar en el horizonte, bañando con su luz al pueblo.

Xibalba, al mirar hacia abajo, se percato de que aun tenia sostenida la mano de la Muerte. Habían pasado horas, y el había estado tan a gusto, que incluso lo había olvidado.
La Diosa, que había girado el rostro para mirar a Xibalba, bajo también la mirada, buscando lo que el Dios estaba mirando. El, al percatarse de esto, y pensando que tal vez podría ser incomodo para ella, fue soltándola lentamente, acariciando con los dedos la piel de caramelo, hasta que la hubo soltado definitivamente.

A penas Xibalba le soltó, ella entrelazo sus dos manos, acariciando con los dedos en donde antes había estado la mano del el. Estaba nerviosa.

-Creo que es momento de volver- dijo por fin, con una leve sonrisa en los labios.

-Si… eso creo-

Y de nuevo silencio. Comenzaba a hacerse algo recurrente entre ellos.

Ella, que por fin dejo de acariciarse las manos, prosiguió a juguetear con los mechones mas largos de su negro cabello. Tenia la sensación de querer decir algo, pero no estaba segura de tener la decisión suficiente como para decirlo.
Y mientras tanto Xibalba permanecía callado, esperando aunque fuese una pequeña señal de que esa noche había valido la pena para ella…

O no.

Y entre mas minutos pasaban, mas se desesperaban ambos.
Pero ninguno parecía querer emprender la despedida.
La Muerte, que era la mas indecisa de los dos en ese momento, bajo ligeramente la cabeza junto con la mirada y se mordió instintivamente el labios, en un gesto dulce de frustración.
Para Xibalba, que le miraba de reojo y lo mas disimulado posible, no paso desapercibido ese pequeñísimo gesto, y el corazón le dio un violento vuelco en el pecho. Tanto así que tuvo que desviar rápidamente la mirada.

Era terriblemente tentador y sensual. Y ni siquiera había sido a propósito.
Demasiado peligroso.

Todo lo anterior había pasado completamente desapercibido para la diosa de la tierra de los recordados, que, por fin, había adquirido el valor para admitir que, efectivamente, había disfrutado de la compañía de Xibalba. Tomo aire, y levanto la cabeza, decidida.

-Gracias-

El dios, que se había quedado rígido como una piedra y no se había atrevido a volver a mirar a la Muerte por su propia paz mental, se sorprendió y se giro a verla, con las cejas ligeramente levantadas. Podía ver que la diosa estaba haciendo un gran esfuerzo por mantenerse firme, y posiblemente no sonrojarse.

"¿Se puede ser mas adorable, demonios?"

-Fue… muy agradable está noche- continuo –te juzgue mal… y… - el la miraba tan atentamente, que incluso la ponía nerviosa –espero… que podamos repetirlo alguna vez…- y remato con una sonrisa dulce.

Aquello ultimo lo había hecho con toda la intención, pues sabia, por su experiencia esa noche, que sonreírle a Xibalba era como darle un puñetazo que no se esperaba. Y como ella no quería ser la única nerviosa, decidió que seria una buena idea… sacudirle las ideas… solo un poco.

Por segunda vez en menos de cinco minutos, el corazón le dio un vuelco (y esperaba que fuese el ultimo, por que no creía poder soportar otro sin caer fulminado).
¡Esa sonrisa era la jodida sonrisa mas hermosa que había visto en toda su miserable vida!, Sin contar que le había dicho que le gustaría repetirlo alguna vez, lo cual significaba que había disfrutado de su compañía… y eso lo hacia estúpidamente feliz.

Pero debía intentar disimular. No quería que ella notara que estaba casi (CASI) dando brincos de felicidad.
Tenia una reputación que proteger.

-Me alegra mucho escucharlo- dijo, con el todo de voz mas sereno del que fue capaz, regresándole la sonrisa.

Y de nuevo hubo silencio entre ellos.

Xibalba no sabia que mas decir o que mas hacer.
La realidad era que, la experiencia completa, era toda nueva para el. No estaba acostumbrado a ser tan cordial, ni a pasar tanto tiempo sin estar enfadado por alguna razón… ¡Ni siquiera sabia como tratar a alguien que verdaderamente le importaba! (Y eso, por si solo, ya era bastante triste).
Y aunque las cosas le habían salido bastante bien (de hecho, muchísimo mejor de lo esperado), no quería tentar a la suerte (por que no sabia cuanta le quedaba) y meter la pata.

La Muerte era bellísima, y el se podría quedar toda la eternidad pegado a ella. Pero ya había tenido suficiente. Demasiada emoción en tan pocas horas tampoco podía ser bueno.
Además, alguien le había dicho una vez: "Nada es para siempre, todo tiene un fin"
Y esa noche, por lo menos, ya había llegado a su fin.

-Creo que debería irme… - Y aparentemente, la Muerte pensaba lo mismo. Era tiempo de que cada uno regresara a su respectivo reino. (Aunque a Xibalba no le entusiasmara realmente la idea).

Ella se despidió con la mano, y aunque el dios se estaba repitiendo mentalmente que era momento de partir y lo mejor era dejarla ir ahora que todo parecía tener un final feliz, sentía que simplemente dejar que se fuese sin mas era demasiado… pobre.

Tenia que intentar cerrar, por lo menos, con broche de oro, ¿o no?... Era lo menos que ella se merecía. ¡Por lo menos lo tenia que intentar!...

Y si… de hecho, tenia una… pequeñísima idea en la cabeza. Pero el era pésimo en eso de ser romántico, y, desde donde el lo veía, seguramente era una completa estupidez. La diosa era perfecta, y estaba seguro de que el, por mas empeño que pusiese, jamás podría pensar en algo digno para ella… Y entre mas lo pensaba mas se arrepentía… Pero si lo pensaba demasiado la Muerte se iría y el se terminaría sintiendo como un idiota… y…

"Al demonio…"

-¡Espera!- dijo precipitadamente. La muerte, que ya se había alejado algunos pasos, se detuvo y se volvió a mirarle. Por primera vez en varias horas, la cara de Xibalba había cambiado. Tenia una expresión contrariada. No sonreía, y en cambio, tenia los dientes, que formaban perfectas púas, fuertemente apretados, había desviado la mirada y parecía estar meditando algo que no encontraba agradable. Luego resoplo, rodo los ojos y relajo su expresión.

- No soy bueno en esto de ser… detallista o romántico ni nada de eso pero… Quería darte algo que espero aceptes… Es una tontería… pero…bueno…- Hablaba de manera rápida y algo atropellada, y parecía que, lo que sea que estuviera intentando decir, no encontraba como hacerlo. El mismo se desespero de su propio parloteo, y prefirió cerrar la boca antes que seguir diciendo incoherencias.

Bajo la mirada curiosa de la Muerte, Xibalba extendió su ala izquierda, cubriendo parcialmente su cuerpo con ella. Miro receloso a la diosa, como avergonzado, pero rápidamente prosiguió a meter una de sus manos entre sus plumas. Con cuidado arranco una de ellas, una que no era negra, pero tampoco era blanca, era de un gris cenizo muy sutil.
Se la enseño, como si estuviese a punto de hacer un truco de magia, y una vez que se aseguro de que la diosa la había observado bien, la estrujo con fuerza entre sus dedos, cubriéndola por completo con su mano. Pasaron un par de segundos, y volvió a abrir lentamente la palma.

Donde había estado la pluma, ahora había un collar dorado y ovalado que colgaba de un listón rojo, muy similar al color en el vestido de la Muerte.

-¿Puedo?... –pregunto, sin aventurarse a ponérselo sin antes tener el consentimiento de ella.
La Diosa asintió suavemente, sin perder la sonrisa en sus labios.
Fue en ese momento en el que Xibalba se dio cuenta de que era un idiota muy torpe… con manos muy grandes.

Tomo cada extremo de listón con la punta de sus dedos, y con sutileza se coloco detrás de la diosa, la rodeo con ambos brazos y espero a que ella apartase su frondoso cabello. Con toda la paciencia de la que era poseedor e intentando que fuera en el primer intento, sujeto con firmeza el collar. Ahora colgaba elegantemente del cuello de la Muerte.

Xibalba se alejo (resistiendo bastante bien la tentación de tocar un poco de piel…) y satisfecho observo que su obsequio no había sido tan mala idea.

-Como lo imagine, le sientas bastante bien a ese collar…- sonrió, mirándola de manera coqueta. Ella también sonrió, divertida, y se limito a rodar ligeramente los ojos y negar con la cabeza.
En algunas cosas, Xibalba era incorregible.

-Gracias, es hermoso…-susurro ella, aun con la sonrisa divertida en los labios.

Ahora, con su cierre de broche de oro, podía irse con el pecho en alto, completamente triunfal.

Esperare ansioso nuestro próximo encuentro… - tomo con delicadeza una de las manos de ella, y se la llevo a los labios, depositando un pequeño beso sobre el dorso de esta. Con cuidado le soltó, se alejo ligeramente, y sin decir mas desapareció.

No quería ni se sentía capaz de seguir alargando aquello.

La muerte se quedo ahí, con una ligera sonrisa en los labios, que se ensancho en cuanto Xibalba desapareció. Llevo la mano que el le había besado hacia su rostro, y con la punta de los dedos se toco la mejilla, la cual sentía caliente, y lentamente fue bajando por el mentón, hasta que se topo con el collar que ahora decoraba delicadamente su cuello. Lo delineo con los dedos.

-Eres terrible…- susurro, y luego desapareció para por fin regresar a la tierra de los recordados.

Xibalba, ya en (por el momento, no tan terrible) tierra de los olvidados, se dejo caer pesadamente en su trono. Exhausto, pero completamente satisfecho.

"Eres el puto jefe" se dijo a si mismo.

Se sentía excelente, de un modo en el que no se había sentido en mucho tiempo. De algún modo se las había ingeniado para lograr un importante y significativo avance con la Muerte esa noche. Ya luego se preocuparía por conservarlo así (siempre podía estropearlo, por que era bastante bueno para eso, pero en ese momento no importaba un comino…)

Y encima había descubierto y aprendido cosas importantísimas acerca de la diosa.
No todo era alentador, claro, como el hecho de que, bueno, ella parecía estar bastante enamorada del…(maldito bastardo) del chamuco. Pero ni siquiera parecían tener una relación estable. O por lo menos eso había entendido el… y aunque la tuvieran, eso no quitaba el hecho de que el, por mínima que fuese, tenia una oportunidad. Y la prueba mas clara de ello era su exitosa noche.

Sonrió con malicia, con sus dientes afilados en sus ya acostumbradas púas.
Ahora no la dejaría ir tan fácilmente. O no… ella tenia que ser suya…

Después de todo… Ya no se sentía tan débil.

Fin del capitulo 3


Según yo, este iba a ser el ultimo capitulo. Tengo algunas ideas que podrían continuar la historia... pero no se, todo dependera de los reviews ~(* 3*)~

Con respecto a lo que comente arriba... ¿Lo notaron? En la pelicula, Xibaba intenta tocar a un anciano y la Muerte lo detiene, a lo que el dice que "Llego su hora". No se, me pareció genial eso de que Xibalba pueda matar humanos, jaja

Si les gusto, si no les gusto, si le quitarían, pondría o cambiarían algo, háganmelo saber el los reviews. Ya saben que los reviews me hacen feliz, y yo me alimento de la felicidad.

Bye~

Seres