Hola de nuevo! :)
Lamento muchísimo la tardanza para subir el siguiente capítulo, sin embargo, la vida se interpuso y no hubo nada que yo pudiera hacer :(
Espero que disfruten este capítulo, yo disfruté mucho escribiéndolo :D
Capítulo 3:
Oh, no.
Ginny había llegado de las prácticas de Quidditch completamente cansada y llena de lodo, puesto que hacía días que no dejaba de llover. Sentía toda su piel congelada por la lluvia y lo único que ansiaba era un baño. Después de despojarse de su vestimenta, se metió a la regadera, dejando que el agua tibia lavara el frío y el sucio que la envolvía. Después de esto, se colocó su pijama y se metió bajo las cobijas, tomando un libro de su mesita de noche para leerlo. Imaginó que su familia se preguntaría por qué llevaba más de una semana sin llegar a la casa a cenar, sin embargo, una parte de ella misma los evitaba.
Después de la epifanía de aquélla noche, Ginny no sabía qué hacer. Por un lado, pensaba que debía de terminar con Harry, era la opción lógica y racional, sin embargo, por el otro lado, le daba pánico abandonar esa zona de confort, perder a sus amigos, a su hermano y, de alguna manera, ser despreciada por su propia familia. No tenía ningún motivo concreto para dejar a Harry, no uno que la gente pudiera comprender; desde la perspectiva del mundo, inclusive de ella misma, Harry había sido un novio ejemplar y no tenía nada para quejarse de él, más que el hecho indudable e innegable de que en lo más hondo de su ser ella sabía, que por más que quisiera, Harry no era ni podría ser el amor de su vida. Ginny sabía que merecía más: esa espiral de locura que envolvía a la gente verdaderamente enamorada.
Hace un par de días había visto a su novio, habían tenido una cita en uno de los restaurantes muggles del centro de Londres. Ginny utilizó esta ocasión para tratar de discernir sus sentimientos hacia el pelinegro, quizás convencerse a sí misma de que si lo quería de esa manera, que sí lo deseaba. Al finalizar la noche, Harry se despidió de la pelirroja con un pequeño beso en los labios, a lo que la Weasley lo tomó por el rostro para besarlo con más pasión, más fiereza. Harry respondió con torpeza, claramente no acostumbrado a esta clase de gestos por parte de su novia y Ginny introdujo su lengua dentro de sus labios, buscando una sensación que no encontraba, esa sensación que había causado una extraña en un restaurante muggle; buscaba que Harry encendiera ese tipo de llama en ella. Al final, se separó suavemente del niño-que-vivió, y se sonrojó ante la mirada turbada de éste, para murmurar un buenas noches, Harry e introducirse rápidamente como una liebre en su madriguera.
—Un galeón por tus pensamientos—Dijo una voz familiar, sacándola sorpresivamente de su ensimismamiento. Alzó la mirada para observar a su interlocutora, cuya cabeza asomaba por la puerta de su habitación y se dio cuenta de que el libro que había tomado para leer reposaba olvidado entre una de sus manos.
—Hey, Hermione— Repentinamente, una emoción recorrió todos los nervios de su cuerpo y no pudo evitar sonreír. En un momento de plena confusión como éste, nada le causaba más felicidad que los ojos amables de la castaña en conjunto con su sonrisa afable. Era como la tenue y confiable luz de la luna en una noche turbia—Me temo que no es suficiente dinero… —respondió la pelirroja con cierta tristeza en la mirada.
Hermione frunció el ceño, con evidente preocupación en los ojos. Dio un par de pasos dentro de la habitación de su mejor amiga y se sentó en el borde de la cama. Ginny sintió como una sensación de pánico se esparcía alrededor de su pecho y hacía raíces en su estómago. Sabía que la castaña le iba preguntar qué sucedía (por qué no bajaba a cenar, por qué estaba tan perdida) y ella aún no se sentía lista para admitir los sentimientos que apenas había descubierto hace una semana. Hermione se acostó con ella en la cama, acomodándose bajo las cobijas y Ginny se sintió sumamente agradecida por este gesto, en el cual su cuñada le daba espacio, dándose cuenta de que la pelirroja no se sentía en el mejor estado para hablar pero, al mismo tiempo, le ofrecía su cálida y silente compañía. Ginny emitió un largo suspiro, ¿cuán más amiga de Harry era Hermione que de Ginny? ¿Le dejaría de hablar si le rompía el corazón a su mejor amigo? Ginny no concebía la idea de no tener a la castaña dentro de su vida; la mera posibilidad le achicaba el corazón de manera que ya no bombeaba suficiente sangre al resto de su cuerpo, y empezó a sentir como su respiración se hacía rápida e inestable, tratando de detener la tormenta que se avecinaba sobre sus ojos. Hermione volteó a verla, cierta perplejidad inundaba su mirada; la castaña no lograba formar una idea de qué podía estarle sucediendo a la pelirroja. Al final, su cuñada se decidió a hablar:
—Ginny… ¿Qué pasa? —preguntó a la vez que limpiaba una lágrima que se hacía paso en una de las pálidas mejillas de la Weasley. El contacto la consoló más de lo que jamás se hubiera imaginado; esto y un olor suave que parecía haber agrandado su corazón de nuevo y sin ningún esfuerzo. De repente se dio cuenta de que Hermione estaba muy cerca de ella. Definitivamente no era la primera vez que estaba tan cerca y, sin embargo, sí era la primera ocasión en la que era consciente de este hecho. En este preciso instante, Ginny percibía varias cosas a la vez: el roce fantasma de los dedos de la castaña sobre su rostro, la rodilla de Hermione rozando su muslo y, por último, los inocentes e irresponsables labios de Hermione a tan sólo centímetros de su cara. La mirada de la castaña, (ajena, distraída, inconsciente), recorría el rostro de la pelirroja, como si bajo un escrutinio meticuloso pudiera encontrar la respuesta de su pregunta.
—¿Alguna vez… —Apenas un murmullo salía de los labios de la pelirroja—has sentido que todo lo que creías cierto no lo es ya? —Hermione frunció el entrecejo confundida. Ginny podía ver como la mente de la castaña funcionaba a toda velocidad, y sus grandes ojos color chocolates, cargados de su gran inteligencia, se movían rápidamente, tratando de comprender. Un dejo de entendimiento pareció sucederse por el rostro de la castaña, relajando suavemente su frente.
—Supongo que sí… creo que, de alguna manera, es parte de crecer. Poco a poco, las cosas cobran un sentido nuevo, bajo una luz más madura, o quizá, más experimentada. —Mientras hablaba, la castaña acariciaba el brazo de Ginny, como tratando de compensar en este gesto, el apoyo que quizá sentía que a sus palabras le faltaba. — Creo que cuando era más joven tendía a caer en binomios de blanco y negro, sin ser capaz de sospechar la presencia de matices, perspectivas e interpretaciones que podía llegar a haber. —La mirada de Hermione cobró cierta seriedad, sumida en sus propios pensamientos.
—¿Y con respecto al amor? —preguntó Ginny, sonrojada, con el brazo demasiado inmóvil por miedo a que la castaña dejara de tocarlo. Hermione entrecerró los ojos, como pensativa, y una especie de tristeza pareció inundarla.
—El amor es algo denso y complicado, volátil, mutable y extraño… —susurró Hermione, bajando la mirada. La pelirroja tuvo la impresión de que había tocado un punto sensible en la castaña y se sintió tonta por haberla hecho sentir mal. Ambas brujas se encontraban recostadas en la pequeña cama de Ginny, acomodadas de tal forma que quedaban frente a frente. La pelirroja extendió una de sus manos, dubitativa, para tocar la de la castaña, quien sonrió ante el contacto. Una luz pareció entrometerse de golpe en el pecho de Ginny ante este último gesto y ambas chicas se quedaron viendo a los ojos, sin que Ginny soltara la mano de la castaña. Una vez más, el rosto de Hermione estaba muy cerca, sin embargo, esta vez la pelirroja no fue tan consciente de este hecho, más interesada en el tono caoba de los ojos de Hermione y en las pequeñas volutas más claras que se esparcían por sus pupilas y en la leve sombra que caía desde sus pestañas.
—¿es justo que el amor sea así? —susurró Ginny, sin notar que el mismo aire que esparcía sus palabras también tocaba el rostro de la castaña.
—Probablemente no… —Ahora sí Ginny dudaba que la castaña hubiera estado antes así de cerca en el pasado, pues, podía sentir su respiración, rápida y turbia, y sus labios, entreabiertos, que emitían un aliento cálido que rebotaba sobre sus propios labios. Ginny se relamió el labio superior, como una manera de cubrir una carencia que apenas ahora se daba cuenta de que tenía. Pero esto no hizo nada por cubrir el cosquilleo que se movía por su boca y que parecía que desaparecería con el contacto más cercano, preciso y concreto de la castaña. Se acercó un poco más como si un hilo invisible atado a su cuerpo la estuviera jalando, pero antes de siquiera rozar, sentir, aspirar la esencia que tanto anhelaba, el sonido de la puerta la despertó, como si una aguja hubiera explotado la burbuja donde las brujas se encontraban; alzó la mirada, para encontrar la figura inocente y despreocupada de su hermano.
—Hermione, ¿Ya estás lista? —preguntó Ron. La pelirroja no era consciente de en qué momento la figura de Hermione se había movido desde su cama hasta su puerta, y dudó seriamente que simplemente se hubiera aparecido de un lugar a otro. Lo que si supo es que la falta de su calor le dejó un vacío que no podía identificar. No escuchó la respuesta de su cuñada, aunque supuso que había habido alguna. Lo siguiente que recordó fue el segundo ruido de la puerta al cerrarse, cuyo retumbar pareció romper un envase de cristal que rodeaba todo su cerebro, y todo aquello que había logrado entender a nivel físico sin ningún problema (cuando deliberadamente se acercaba a los labios de la castaña) cayó como una tonelada de piedras a nivel intelectual.
—Oh, no.
