Disclaimer: Los personajes de Inuyasha son propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi.

Lazos prohibidos

Por: Sakura no Hana

Capitulo 3: Cambio de actitud

Habían regresado a casa al crepúsculo. Durante todo el trayecto se encontraban sumidos en un silencio sepulcral, cada uno sumido en sus propios pensamientos. De vez en cuando Inuyasha miró de reojo a su mujer, pero pronto desvió nuevamente la mirada para enfocarla ante suyo.

—¿Entonces crees que ella puede llegar a amarlo y verlo como hombre y no como su tío? —preguntó Kagome pensativa, viendo ante suyo con el ceño levemente fruncido y los brazos cruzados, ya ambos acostados en el futón.

El peli plateado la miró atento y, después de un corto silencio, había asentido y Kagome vio aquel gesto. Suspiró derrotada, cerrando frustrada los ojos. ¡Como odiaba perder y estar equivocada!

—Mira Kagome —la llamó Inuyasha, serio—. Hay que dejar que Rin haga una familia con Sesshomaru. Como lo hemos hecho tú y yo.

—Sí, lo sé —dijo virando los ojos frustrada consigo misma.

—También sé que lo nuestro fue algo distinto a lo de ellos —continuó Inuyasha con voz serena pero tierna— pero aún así, yo te amaba a pesar de que tú no.

—Lo sé —chilló Kagome—. Y llegué a hacerlo. Pero no sé…

—Kagome —la interrumpió Inuyasha—, tienes que entender que nuestra sociedad se basa en el incesto. Nosotros, nuestros padres, nuestros tíos son incestuosos. Y ahora nuestra hija también con mi hermano.

La vio morderse rabiosa los labios, sabía que quería protestar pero el peli plateado no se lo permitió. —Pero yo sé que a ti realmente no te molesta el incesto sino que no le has podido perdonar a tus padres el trato que te dieron durante tus años formativos. Especialmente tu madre.

Kagome quiso llorar. No le gustaba cuando su madre era mencionada. Simplemente no le gustaba. La hacía recordar todo de nuevo.

—Kagome, hemos hecho un error muy grande respecto al criar a Rin. La hemos aislado del mundo, ocultándola y ocultándole la verdad de nuestro clan. Estoy seguro que si le hubiéramos hablado que sería algo completamente normal casarse a esa edad y con un pariente estoy seguro nuestra hija no sufriría como lo está haciendo ahora. Porque ella sufre pensando que es algo malo, que está haciendo algo malo y en realidad los dos hemos cometido el mismo error.

Kagome no sabía que decir. Las palabras de Inuyasha la hicieron pensar. ¿En realidad ella se había equivocado al criar a su hija? ¿En realidad ella le había hecho lo mismo que su madre le había hecho a ella?

—En nuestro afán de tenerla a salvo y darle lo mejor —siguió hablando Inuyasha. Era obvio que todo aquello llevaba dentro por mucho tiempo y era hora de sacarlo, de decirlo— hemos repetido el error de tus padres, no le hemos hablado sobre eso.

Inuyasha tenía razón. Otra vez la tenía.

—Tienes razón Inuyasha, me equivoqué, pero es que yo no puedo perdonarle a mi madre lo que me hizo, simplemente no puedo —le empezaron a picar los ojos su voz se estaba quebrando y estaba a punto de comenzar a llorar.

—Eso pasó hace ya tantos años, preciosa —le habló con dulzura Inuyasha limpiándole las lágrimas frescas.

—Pero las marcas quedan. Las cicatrices de las heridas se abren una y otra vez para sangrar de nuevo. Me da una rabia —siseó frustrada entre los dientes, dejando salir más lágrimas— y ganas de gritarle por qué me ha hecho algo así.

—Sólo empeorarías las cosas.

—¿Crees que por eso soy una mala madre? —hipó Kagome sintiéndose realmente mal, porque hasta ahora se daba cuenta de su error con Rin. Hasta ahora se daba cuenta que le había hecho daño a su hija sin quererlo y sin pensarlo por estar guardándole el rencor a su madre y por querer llevar la contraria poniéndose en contra del incesto.

—Nunca he dicho eso —habló serio Inuyasha—. Sólo que hemos cometido el mismo error en no hablarle sobre ello, pero nuestra hija siempre tuvo cariño de ambos.

—¿Entonces no interferimos más en su relación con Sesshomaru? —sollozó Kagome con interrogativa.

—Será mejor.

—Entonces, ya no me meteré —caviló controlando las lágrimas y limpiándose las que empapaban sus mejillas—. Sólo lo hare si ella me necesita.

—Va a estar bien te aseguro. Sesshomaru sabe lo que hace. Y hablando de Sesshomaru… no dejo de pensar en lo que dijo.

—¿Que dijo? —preguntó Kagome intrigada. Un brillo pervertido e insinuante se había asomado por los ojos dorados de Inuyasha.

—Que —se acercó a su mujer— tú y yo somos jóvenes y que —su vista estaba clavada en los labios carnosos de Kagome y su mano se alargó para acariciar gulosamente las caderas de la azabache, imaginándose ciertas cosas— podamos tener los hijos que queremos… Kagome, ¿no te apetece hacer el amor?

—Puede ser —dijo sonriendo con picardía y haciéndose la desentendida—. A ver si logras convencerme.

—¿Así?

Preguntó inclinándose hacia adelante besándole los labios con lentitud, sensuales roces y la mano deshaciéndose del nudo en la yukata de su mujer para meter sus manos por debajo de la tela. Kagome ronroneó placida entre el beso y las caricias, acariciándole los hombros a su marido y profundizando lentamente el beso, atrayéndolo todavía más.

—Aja —murmuró divertida y extasiada, mientras se deshacía de las ropas de Inuyasha y él ya la había liberado de la yukata.

Seguían acariciándose mutuamente, sus piernas se enlazaban, sus pieles estaban en constante contacto. Leves jadeos y gemidos se podían escuchar por parte de Kagome mientras Inuyasha le besaba el cuello y descendía hasta los pechos. Finalmente acomodado, entró lentamente en su hembra, asegurándose de hacerla disfrutar al máximo y aprovechar que estaba en días de quedar en cinta.

Desde que Kagome había nacido Kikyo nunca realmente se había ocupado de la niña. La había atendido lo esencial; darle de lactar. Para lo demás estaban las mucamas o en el caso extremo su padre quien hacía lo que podía para dedicarse a la niña. Había intentado convencer a Kikyo de pasar más tiempo con la pequeña pero nunca realmente había conseguido su propósito.

A pesar de que Kikyo había aceptado pasar más tiempo en la presencia de la niña eso no quería decir que en algún momento llegó a quererla o preocuparse por ella. Escucharla llorar era un martirio para ella, tener que cambiarla por haberse hecho pipi encima también. En una ocasión había llegado a lastimarla físicamente porque no quería tranquilizarse y la había pegado, sacudido con fuerza.

Naraku días después había notado moretones en el cuerpo de su pequeña hija. La niña se había enfermado, la fiebre le estaba cocinando a más no poder, temió que podía tener algún hueso roto o que sus órganos internos habían sufrido algún daño. Kikyo se hizo la desentendida, defendiéndose con que no tenía la culpa si la niña se lastimaba a si sola al hacer cosas que no debería, o al caerse, pero Naraku sospechaba de su mujer.

Mientras la pequeña azabache seguía creciendo y buscaba espontáneamente la compañía de su madre siempre terminó regañada o gritada, quedándose luego a jugar con su padre que desgraciadamente al paso de los años no podía hacer mucho más por ella, porque simplemente no sabía cómo hacer ciertas cosas.

En una de las visitas de su tío Inutaisho, Kagome conoció a Inuyasha, dos años mayor que ella. Se habían convertido en amigos y hermanos de juego. Aunque Kagome siempre resaltaba su madurez mental a pesar de ser la menor de los dos.

Cuando Inuyasha terminó con la rodilla rasgada o algún otro raspón siempre era ella la que lo curaba e Inuyasha empezó a hacerse ideas respecto a su trato. El niño confundió el cariño amistoso de Kagome con una posible muestra de amor. De niño se había enamorado de Kagome pero con el paso de los años se hizo a la idea de que sólo se trataba de un amor entre hermanos o amigos y calificó aquel sentimiento amoroso que sentía por la azabache como preocupación que tienes por los amigos.

Los padres de ambos se quedaban observándolos comunicar, jugar, en varias ocasiones vieron a Kagome curándole alguna herida superficial a Inuyasha y cuando ambos habían llegado a la edad de tener relaciones sexuales los habían obligado a tenerlas con el fin de que esa misma noche Kagome resultara embarazada de Inuyasha.

La noche antes de apareamiento los padres de Inuyasha lo habían llamado al salón junto con su hermano mayor, Sesshomaru. Les habían revelado el ritual que se realizaba al momento de aparearse. Después, en la presencia de Sesshomaru, le habían dicho a Inuyasha que la noche siguiente tendría que ejecutar ese mismo ritual con Kagome. Que la noche siguiente él y Kagome iban a pasar la noche juntos.

Le había afectado, tanto que le evadió Kagome el día siguiente, no quería hablar con ella, si la veía no dejaba de pensar en ella y verla como lo que es… Una mujer.

Cuando ella le hablaba en lo absoluto prestaba atención sino que estaba perdido en sus propios pensamientos, imágenes de tenerla desnuda ante él y… debajo de él y… hacer el amor con ella, lo tenían trastornado.

Mientras Inuyasha sabía Kagome no tenía idea sobre el plan y de que esa noche iba a cambiarle la vida para siempre. Naraku había tenido una fuerte discusión con Kikyo, le había reclamado no informar a su hija de lo que estaba por pasar, pero él no hacía nada al respecto tampoco. Se había portado como un cobarde y antes de aquella noche le había pedido perdón a su hija.

Kagome no entendía por qué su padre le estaba pidiendo perdón y podía jurar que lo escuchó llorar mientras la abrazaba y hundía escondiendo su rostro dentro de su melena. La hora había llegado y Kikyo guió a su hija por varios pasillos, Naraku no quería presenciar lo que estaba a punto de pasar, simplemente no podía.

¿A dónde vamos mama? —le había preguntado Kagome a su madre.

Con tu primo Inuyasha. Vas a estar con él un tiempo y después regresarás a la casa —le contestó Kikyo hablando con cinismo, una dulzura fingida mientras en realidad en su rostro bailaba una sonrisa maliciosa y macabra.

Habían llegado a un pasillo donde estaban Inutaisho, Irasue e Inuyasha esperando. El peli plateado tenía una expresión melancólica, estaba avergonzado de sí mismo por alegrarse de que aquella noche iba a poder estar con su prima. Kagome quien no presentía aún lo que tendría que hacer sonrió alegre.

Aquí estamos. Hagámoslo rápido, cuanto antes mejor —dijo tajante Kikyo mirando a Inuyasha con superioridad, viéndolo como si fuese un gusano insignificante. Habían abierto la puerta de la habitación.

Escucha muy bien Kagome —habló Kikyo siseando con la mandíbula apretada tratando de sonar amable pero no le salía—. Esta noche tienes que acostarte con tu primo Inuyasha.

Los ojos de la niña se agrandaron, Inuyasha enfocó su mirada en el suelo con un leve sonrojo en las mejillas avergonzado.

¿Qué? —preguntó incrédula, completamente pálida sintiendo un mareo bastante fuerte y punzadas en su frente.

No pongas esa cara de boba —le dijo sarcástica—. Es algo completamente normal que lo hagas. Ambos ya están en la edad de formar una familia y lo van a hacer.

¿Pero por qué? —siguió sin entender Kagome.

¡Solamente hazlo y no preguntes niña! —alzó la voz Kikyo, ya harta de tener que escuchar la voz tonta de su hija— De aquí no salen hasta que hayan estado juntos ¿está claro? —les dirigió una fuerte mirada a los dos. Irasue e Inutaisho estaban junto a su hijo apoyándolo, mostrándole que podía contar con ellos.

Le pondremos seguro a la puerta y adentro no hay ventanas así que no podrán escapar —dijo Irasue ahora, con amabilidad ya lo suficiente tenía aquella niña enterarse de esa manera su unión con Inuyasha.

Pero yo no quiero hacerlo —protestó débilmente Kagome.

Si te resistirás mucho Kagome será peor para ti —espetó Kikyo amenazante, apretándole el brazo hasta el punto donde la azabache hipó adolorida por el dolor que le causaba su madre—. Si es necesario esperar toda la noche lo haremos porque tú de aquí no sales hasta que has hecho el amor con Inuyasha ¿te quedó claro, hija? —hizo un cínico acento en la última palabra.

Kagome empezó a llorar silenciosamente, su madre la había terminado por empujar dentro de la habitación, Inuyasha entró por si solo pero con paso parsimonioso.

Y ni se les ocurra hacer trampa… ya sabremos nosotros si han estado juntos o no. Al terminar queremos ver la sabana y esa tiene que tener la mancha de sangre. Si se tardarán pues allá ustedes. Les traeremos comida y bebida pero no van a salir de este cuarto hasta que hayan estado juntos. Ustedes lo deciden.

Con eso se oyó el portazo y el sonido de que alguien le ponía cadena a la puerta. Kagome seguía llorando mares, Inuyasha se sentía fatal. No se atrevía acercarse a ella, tocarla a pesar de que se moría por hacerlo. Kagome lo miró y lo preguntó dolida: —¿Tú lo sabías? ¿Sabías de esto?

Inuyasha guardó silencio, miró el suelo nuevamente y después asintió levemente. Kagome hipó más fuerte. No quería hacerlo, simplemente no lo quería. No quería estar con Inuyasha no quería estar con nadie, quería estar sola, sola y muy lejos de todos. Pero por más que se oponía no tenía sentido.

Terminó por dejar que Inuyasha la hiciera su mujer, lo único que lo había pedido era ser tierno mientras hacía… aquello.

Lo prometo —le había dicho Inuyasha mientras besaba su cuello y le había aflojado el kimono.

Te ves hermosa Kagome —susurró Inuyasha observando ensimismado las curvas de Kagome—. Eres la mujer más hermosa que había visto.

Kagome se sonrojó ante el comentario, Inuyasha la había desnudado, ahora se dedicaba besando sus pechos. Kagome empezó a sentirse extraña. Mientras más tiempo Inuyasha la besaba mas sentía que le gustaba. Le respondía las caricias, le respondía los besos. Cuando había venido por fin el momento donde Inuyasha tenía que hundirse en el interior virgen de Kagome, por su necesidad personal, le había mirado y pedido perdón.

Hundió sus colmillos con delicadeza en el cuello de Kagome a la vez de haberse introducido dentro de ella haciéndola soltar un quejido quebrado y adolorido. Había parado, esperando, lamió la herida, le besó los labios a Kagome.

Continua —le había dicho Kagome sonrojada y apenada. Inuyasha empezó a moverse, a embestirla con delicadeza. El dolor volvió a Kagome, estaba sangrando, las sabanas se habían manchado. Inuyasha aumentó la velocidad y la fuerza, empezaron a sudar, el aire se había cargado de humedad, el olor a sexo. Los gemidos eran cada vez más frecuentes y fuertes, resonando por el pasillo donde se encontraban Kikyo, Inutaisho e Irasue.

La primera sonrió con malicia y satisfacción, pero aún así conservaba su expresión dura, al fin y al cabo la niña terminó por disfrutar aquella unión ¿no? Inutaisho e Irasue se quedaron ausentes, pensando sus propios pensamientos.

Se abrazaba a él, él seguía entrando y saliendo de su sexo cada vez más húmedo, Kagome había gemido varias veces el nombre de Inuyasha. Explotó derramándose e Inuyasha terminó por eyacular su semen dentro de Kagome, cayendo exhausto sobre su pecho, descansando. Kagome le dejó quedarse en aquella posición. Su corazón latía a mil por hora, retumbando en sus sienes, la respiración agitada y toda sudorosa.

Inuyasha terminó por seguir besándola lentamente hasta salirse de ella. Kagome buscó la sabana, una limpia, para taparse, mientras Inuyasha volteaba sonrojado dándole la privacidad a su joven mujer. Las mejillas de Kagome ardían en un rojo aún más llamativo, estaba más que consciente de haber sido íntima con su primo, pero era su primo Inuyasha.

Puedes voltear —susurró apretujando nerviosa la sabana entre sus manos, Inuyasha se dio la vuelta inseguro y se encontró con Kagome tapada con sabana. Era tan hermosa.

Habían golpeado la puerta, estaba por amanecer, quitaron la cadena y entraron los tres viendo complacidos la mancha de sangre mezclada con un pequeño rastro blanco.

Se quedaron olfateando un poco la sabana solo para cerciorarse de que no se trataba de algún engaño.

Bien —terminó por sentenciar Kikyo, dirigiéndose a Inuyasha.

Ahora, tú, chamaco. Sal de aquí, tú, Kagome, te acuestas de nuevo en el futón y descansas una media hora más antes de irnos para que se te pegue el semen de Inuyasha —habló Kikyo tajante, con rudeza que incluso dejaba perplejos a Irasue e Inutaisho.

Kagome se quedó viendo incrédula a su madre, incapacitada de producir una sola palabra. Inuyasha salió pero no sin antes cruzar miradas una última vez con Kagome quien lo miraba con cariño y amor.

Sonrió amargamente, le hubiera gustado permanecer al lado de Kagome hasta el amanecer, quedarse abrazándola, besándola pero aparentemente su… tía lo quería fuera y que más le quedaba. Kagome se sonrojó ante el pensamiento y el oculto deseo de que Inuyasha no se fuera sino que se quedara a su lado. Siempre lo había querido pero no como hombre. Le había llegado a gustar estar con él y tal vez después de aquello ella empezó a verlo de otra manera pero no era nada fácil para ella saber que nunca le habían hablado de aquello… ni siquiera su padre al que tanto adoraba.

Se encontraba apretujando la sabana, viendo a Sesshomaru. Era la segunda noche que eran íntimos y esta vez se sentía mejor que la noche anterior. Se sonrojó y sus orejas se habían puesto alertas cuando recordó como hace unas horas había hecho el amor con Sesshomaru. Las palabras de su madre se habían repetido nuevamente en su cabeza, detalló el rostro de Sesshomaru, la frente, la nariz, los labios, hasta el cuello era perfecto. Su mirada se quedó viendo sus marcas que emanaban de su mejilla, observó sus parpados cerrados.

Relajó su cabeza y su mirada cayó sobre los pectorales de Sesshomaru. Sintió sus mejillas arder.

—¿No piensas dormir? —rezongó Sesshomaru con los ojos cerrados y voz grave, sobresaltando a Rin de miedo haciéndola cerrar fuertemente los ojos aparentando que todo ese tiempo estaba dormida. Sesshomaru la miró por el rabillo del ojo y sonrió divertido. Se quedó observando el rostro de Rin quedándose inconscientemente observando los dulces labios de ella.

Rin abrió un ojo solo para ver si él seguía con ojos cerrados pero al verlo viéndola fijamente la hizo cerrar los ojos nuevamente.

Sesshomaru sonrió satisfecho y divertido.

—¿Crees que no me he dado cuenta que me estabas viendo? —dijo con voz fría y monótona. Rin abrió los ojos y lo miró, bajando apenada la vista nuevamente, arrugando ferozmente la sabana que la cubría.

—Yo sólo… ehm… estaba… viendo —balbuceaba Rin nerviosa— no volverá a pasar —le dio la espalda a Sesshomaru, sintiéndose una estúpida.

—No te he reclamado nada —habló Sesshomaru sin emoción alguna con los ojos clavados en la nuca de Rin. Ella giró el torso para mirarlo interrogante.

—¿Entonces?

—Tampoco he dicho que me desagrada.

Rin se lo quedó viendo incrédula para luego volver a voltear en el futón. Se quedaron viéndose hasta que Rin cerró los ojos como si tratara de conciliar el sueño, mientras Sesshomaru apenas y había parpadeado.

Rin empezó a sentirse incómoda, ahora era ella la que aún con los ojos cerrados sentía perfectamente la mirada de Sesshomaru sobre ella. Abrió los ojos para cerciorarse y se encontró con Sesshomaru atándose la hakama. Algo en su interior se sobresaltó, una angustia la invadió y, siendo su lengua más rápida que su mente, dejó salir la pregunta, asustada y preocupada.

—¿A dónde vas? —Sesshomaru la miró fríamente, ella se reprimió a si misma por ser una tonta y trató de formar su pregunta de otra manera— Digo, ¿por qué te levantas?... etto yo

Sesshomaru volvió a su oficio de vestirse, sonriendo con arrogancia para sí mismo. Le divertía ver como Rin se preocupaba por él.

—Voy a salir —contestó corto.

—¿A dónde? —otra vez se le salió la lengua. "En serio Rin tu lengua es más rápida que tu mente."

—Fuera de los límites del castillo.

—¿Y cuándo vas a regresar?

—No sabía que tenías tanto interés en mi, Rin —habló con voz ronca y con gravedad, dedicándole una mirada sensual a Rin, lo que la hizo sonrojarse—. Me harás pensar que empiezo a gustarte como hombre.

Rin pensó cocinarse en la cara, produjo nerviosismo, sus pelitos se habían puesto de punta y sus orejas se habían tensado.

—Por supuesto que no —balbuceó con un puchero enojado—. Yo solo… quería… saber.

Sesshomaru volvió a esbozar una media sonrisa divertida, su hembra era tan adorable. Le encantaba verla sonrojar.

Terminó de ajustarse la cintura con espadas y la armadura junto con la estola.

—Mejor duérmete —hizo un paso hacia la puerta—. Si te tranquiliza saber, regresaré al anochecer —dijo antes de atravesar la puerta del cuarto e irse.

Sesshomaru sabía perfectamente que Rin aún no lo veía como hombre, que aún le daba horror pensar estar con…su tío, pero también sabía por qué ella actuaba así. Por eso había decidido explicárselo… pero a su manera. Pero para que las cosas funcionaran tenía que ganarse la confianza de Rin.

Se encontraban en el comedor a punto de recibir comida y mientras esperaban Sesshomaru sacó un pañuelo de sus ropas y se lo extendió a Rin.

—Tápate los ojos con esto —le ordenó fríamente y con su expresión serena. Rin titubeó un instante pero cuando Sesshomaru volvió a repetir la orden esta vez gruñendo tomó el pañuelo y se vendió los ojos.

—Necesito que confías en mi Rin, solo así las cosas van a funcionar. ¿Entendiste?

Rin asintió, las mucamas habían traído las bandejas con la comida. Rin aunque no haya podido ver las delicias en la mesa las podía olfatear. Olfateaba secretamente el aire acaparando los vapores aromáticos que desprendían los platos. Olió pollo asado, arroz cocido, pescado, vegetales y una salsa, probablemente de soya.

—Abre la boca —le dijo Sesshomaru tajante.

—¿Para qué?

—Te he dicho que abres la boca —gruñó Sesshomaru por lo bajo y Rin había abierto la boca.

Le había llevado un poco de arroz a la boca, ella lo atrapó en su boca y lo masticó con lentitud, saboreando el arroz cocido prácticamente sin sabor, un tanto pegajoso, suave y fácil de masticar pero le faltaba un contraste, un complemento, para darle una chispa a ese bocado. Abrió nuevamente la boca, esta vez había recibido un poco de pollo y luego un bocado de vegetales. Pescado fue combinado con la salsa y luego un bocado de arroz también sumergido en salsa de soya. Llevaba a medio camino a estar llena cuando de repente sintió algo tibio y húmedo recorrer su cuello con lentitud.

—Sesshomaru que… ¿qué haces? —preguntó completamente erizada, sus sentidos eran mucho más sensible con los ojos cerrados, el tacto le provocaba cosquillas y un escalofrío que terminaba en una ola de calor y placer que un rebelde gemido se escapó de sus labios.

—Confía en mi Rin —gruñó Sesshomaru con gravedad—. ¿Confías?

Rin asintió, alerta en cómo Sesshomaru seguía besando y lamiendo su cuello.

—¿Sabes lo que te estoy haciendo?

—Sí —jadeó extasiada—, me estas besando.

—¿Dónde? —preguntó insistente viéndola penetrante.

—En el cuello.

En eso Sesshomaru dejó el cuello para atrapar sus labios. Rin se asustó un poco pero le era divino ser besada por él. Su mente se nubló, lo tenía completamente en blanco, en un transe completo. Lo sintió inmiscuirse con la lengua y ella le dejó hacerlo. Le había dejado explorar su boca. Lo había hecho de una manera sensual y lenta, con aquel beso él la había dejado muda y aún no terminaba.

Volvió a besar solo sus labios, lamerlos y besarlos hasta el cansancio, ella había terminado por extender sus manos para tocarlo. Sus manos encontraron su nuca y, enredando sus garras dentro de la cabellera, lo mantenía cerca de ella.

Lo sintió abandonar sus labios sólo para sentir como había atacado su punto sensible. Gimió sonrojada, cada vez más excitada, produjo excitación inconscientemente. Sesshomaru sonrió con perversidad y arrogancia, se acercó nuevamente a sus labios pero no los besó. Solo se limitó a preguntar.

—¿Y ahora?

Rin no contestó, se encontraba incapacitada hacerlo ya que jadeaba cada vez con más frecuencia.

—¿Que te hago ahora? —preguntó Sesshomaru con impaciencia sonando duro y amenazante.

—Me… estás frotando las orejas —jadeó Rin sonrojada, aferrándose a las ropas de Sesshomaru.

—Muy bien —sonrió satisfecho y sin previo aviso la cargó en sus brazos caminando hacia la habitación en la primera planta.

Una vez en la habitación caminó hacia el futón pero no la acostó sino que la puso de pie, dándole la espalda al futón.

—¿Hueles algo? —preguntó susurrándole cerca del oído mientras le destrozaba el obi y Rin en ese mismo instante sintió su kimono más flojo y también había escuchado la tela rasgarse.

Olfateó el aire y un olor dulce y bastante fuerte llegó a su nariz.

—Miel —contestó aún concentrada en olfatear el aire.

—Así es —contestó Sesshomaru mientras le abría el kimono y la desnudaba. Rin sintió su piel erizarse ante el aire fresco de la habitación. Supo que se encontraba ya desnuda, tenía miedo, pánico. Estaba pendiente de tantas cosas a su alrededor que tener los ojos tapados le daba miedo.

—¿Tienes miedo? —le preguntó al olfatear eso en ella. Rin tembló abruptamente, inconsciente, una reacción espontanea de su cuerpo, sintió a Sesshomaru acariciarla, besarla, susurrarle que no tuviera miedo.

Respiró temblorosa, Sesshomaru la había acostado en el futón. Se apartó un poco para verla completa. Era tan hermosa y perfecta. Se quitó el haori y se acostó encima de ella, cuidando no aplastarla con su peso, apoyándose sobre sus antebrazos que se encontraban a cada lado de la cabeza de Rin.

—Rin —la llamó en un jadeo cerca de sus labios frotando su nariz contra la nariz de ella—, entiende que esto es algo completamente normal. Que ahora el parentesco sanguíneo no significa nada. ¡Tú ya no eres mi sobrina! Grábate eso en la cabeza. Eres mi mujer, mi hembra, vas a parir mis hijos. Ahora sólo existe el hecho de que tú eres mi hembra y yo tu macho.

Le besó los labios, de manera sensual, buscando que ella le respondiera y lo logró porque Rin no oponía resistencia y le regresaba los besos por su propia cuenta. Descendió besando su cuello con besos fogosos y hambrientos, antes de llegar a sus senos se apartó para coger un pincel limpio para escribir que había preparado con anterioridad y lo hundió en la vasija, también preparada con anterioridad, con miel y empezar a dibujar su nombre en kanji sobre los senos de Rin.

Rin se erizó cuando sintió algo frío y pegajoso sobre su piel, por el olor de antes supo que se trataba de miel, Sesshomaru había dibujado su nombre, lo había sentido. Al tenerlo terminado dejó al pincel dentro de la vasija para apoyarse en ambas manos e inclinarse a lamer la sustancia.

Al haber terminado de limpiarla, y de paso haber devorado los senos por completo, cogió el pincel nuevamente y dibujó su nombre sobre el vientre de Rin. Eso lo había repetido luego en las partes internas de ambos muslos, se había tomado el tiempo de besar y lamer la miel de la piel.

Sólo para experimentar, le había impregnado los pliegues de la feminidad con miel para luego lamerlos a lengüetazos salivosos, humedeciéndola. Rin se encontraba desde hace un rato agarrando las sabanas con fervor, jadeando su nombre como ida, gimiendo cada vez que posaba su lengua sobre su piel.

Después, cuando el resto del cuerpo había sido firmado con su nombre y marcado con su saliva y lengua, cogió el pincel nuevamente y le cubrió los labios para luego besarlos hasta el cansancio. Se liberó de la hakama, acercó su erecto y dotado miembro a la entrada de Rin pero en vez de adentrarse frotó su pene contra los pliegues húmedos y aún dulces a causa de la miel.

Rin se tensó cuando sintió las partes intimas rozarse, tenía miedo a pesar de intentar no sentirlo, no le desagradaba en lo absoluto estar con él. Entonces, ¿por qué se tensaba cuando Sesshomaru estaba por adentrarse?

Sesshomaru la sintió tensarse, le gruñó con gravedad pero sonando lo más tierno posible.

—Relájate, Rin.

Rin cerró con fuerza los ojos, aún tenía el pañuelo tapando sus ojos. Ladeó la cabeza, hizo todo lo posible por relajarse pero algo diferente, que acaba de descubrir, no dejaba de tensarle los músculos. Era el placer que la tenía temblando, erizada y tensa. Su interior se estaba tensando, haciéndose cada vez más caluroso y húmedo.

Sesshomaru le quitó la venda y le ordenó mirarlo. Quería que viera al único macho en su vida y la penetró con fuerza, arrancándole un gemido a Rin. Ella pensó desvanecer, se abrazó a él, su interior estaba tensado como un arco, irritado por esos constantes frotes de aquel carnoso pene contra las paredes vaginales de Rin.

Explotó, Sesshomaru le siguió pero lejos de detenerse siguió embistiendo esta vez estimulando el clítoris de su hembra, volviendo a tensarla como si fuera un arco, haciéndola explotar en otro placer que la hizo temblar abruptamente.

Aunque los últimos días la había sentido algo diferente a como era al principio, sabía que Rin aún no lo amaba plenamente y que a momentos seguía viéndolo como su pariente por eso había decidido darle un último pujido para que ella dejara el miedo y la inseguridad atrás.

Se encontraba adormitando, sentado en el pasto, recargando su espalda contra un robusto tronco de un roble. En su mente se había desarrollado la escena con Rin unas mañanas atrás. Sonrió divertido al recordar el sonrojo que irrumpió en las mejillas de Rin cuando insinuó que con tantas preocupaciones lo haría pensar que le interesa como hombre.

La sonrisa divertida se había convertido en una sonrisa pervertida y arrogante. Una idea para provocar a Rin se encontraba divagando en su mente, una posibilidad que no pensaba dejar escapar. Abrió los ojos con parsimonia, buscó con los ojos lo que le sería útil en su plan para poner celosa a su hembra y después de un rato sus ojos se quedaron posados sobre algo lo que sería su arma para provocar los celos de Rin.

El sol había caído y las estrellas habían cubierto junto con la luna el cielo nocturno. Rin se encontraba cerca de las cocinas del palacio, esperando ansiosa. Aunque no quería reconocerse a sí misma, la realidad era que sentía preocupación por la salida de Sesshomaru, pero no precisamente que a él le haya llegado a pasar algo sino que… temía que tal vez… él la…

Se reprimió por pensar esas estupideces, él no sería capaz. Además no se permiten infidelidades dentro del clan, tanto sí había aprendido durante los años de su vida. Tampoco era aceptable para ella agobiarse pensando en donde y con quien pasaba Sesshomaru sus salidas, a ella eso no le importaba, no era de su incumbencia en lo absoluto. Pudiera tener centenas de amantes si quería ¡a ella eso no le va a afectar nunca! ¡Jamás! ¿Por qué? Porque ella no lo amaba. Aquella debilidad carnal que sentía cuando estaba con él era sólo en ese momento pero cuando volvía a si no lo amaba, ni tampoco lo veía como hombre.

Se sentó en el comedor, lo esperaría ahí, además ella de tanto preocuparse ya tenía mucha hambre. Esperó poco, el aroma de Sesshomaru se había acercado a las puertas del comedor. La puerta se abrió y la imponente figura del mononoke había atravesado el umbral de la puerta corrediza. Saludó tajante y frío, su rostro no mostraba emoción alguna pero su aroma sí le indicaba algo a Rin.

Ella se quedó como estática percibiendo el aire. Lo observó caminar hasta sentarse y aún así no le quitaba la extraña mirada de encima. Sintiendo que era observado la miró con frialdad esperando saber por qué lo miraba de esa forma.

Rin prefirió guardar silencio y concentrarse en el palto delante suyo pero la comida no pasaba bien por su garganta, no cuando Sesshomaru estaba ahí, sentado a su lado y desprendiendo ese olor a… mujer.

Sacudió levemente la cabeza, llegó a pensar que estaba equivocada, tenía que estarlo. ¡Definitivamente eso no era! Pero la duda quedaba. Durante la cena su olfato seguía percibiendo, oliendo la fragancia femenina (que no era la suya) en Sesshomaru. Cada vez que lo pensaba con otra mujer haciendo… aquello, le daba pánico, miedo y angustia. Rabia, molestia. Algo oprimía su pecho ante esa idea, ¡por qué demonios sentía eso!

Terminó lo más pronto posible, dejando la mitad de sus alimentos en el plato. No podía seguir soportando aquel olor, simplemente no podía. Corrió lo más rápido que pudo escalera arriba, encerrándose en la habitación.

Sesshomaru se quedó sonriendo maliciosamente en el comedor, al parecer la primera fase de su plan había comenzado a funcionar. Porque había producido la reacción la que quería en Rin. Seguramente ella pensaba que había estado con otra mujer pero ni se imaginaba en lo más mínimo que antes de regresar se había restregado completo con flores silvestres con el claro propósito de oler a mujer.

Su sonrisa se ensanchó, tanto que le provocaba reír pero sólo dejó escapar un bufido divertido… definitivamente era mejor dejarla pensar que busca a otras para satisfacerse.

Esa noche se había quedado ahí. Siguió usando métodos parecidos a ese los siguientes días y dentro de unas semanas Rin se había exasperado tanto que, aunque sólo tenía como sospecha el aroma femenino y las salidas sospechosas y misteriosas de su marido, podía jurar que Sesshomaru le estaba siendo infiel y tenía que ser con muchas mujeres porque cada día después de salir llegaba oliendo a un perfume diferente y ninguno era parecido al de ella.

Llegó a llorar angustiada por la duda. ¿Y si ella no era capaz de satisfacerlo sexualmente? ¿Y si ella aún era demasiado… niña para atenderlo como hombre? Al fin y al cabo él quiso casarse con ella y no viceversa. Fue él que estaba como enloquecido cada vez que estaban juntos pero ¿por qué aún así siempre terminaba saliendo después de hacer el amor con ella?

Lloró con más fuerza, ya había logrado empapar la almohada completa del líquido salado y si fuera poco últimos días se había sentido tan mal que llegaba a marearse. La comida le daba asco, después de comer la mayoría de veces terminaba vomitando todo afuera y ahora tenía un aumento de temperatura corporal.

Al sentir a Sesshomaru cerca, se apresuró en limpiarse las lágrimas y serenarse. Se encontraba acostada de lado echa un pequeño ovillo. Escuchó la puerta corrediza abrirse y verlo entrar, otra vez oliendo a mujer. Escondió su cara, las lágrimas querían salir de sus parpados pero ella no se les permitía. Sesshomaru no dijo nada, pero de antemano había olido sal y eso no le gustaba para nada.

—¿De dónde vienes? —le preguntó Rin con voz suave pero apagada.

—De afuera —contestó Sesshomaru poniéndose cómodo, quitándose las espadas y armadura.

—No me refería a eso —dijo Rin triste y casi inaudible, acurrucándose en sí misma, pero Sesshomaru la oyó. Se la quedó viendo de reojo, con frialdad y dureza. La tomó desprevenida y se acostó a su lado apoyado sobre el codo levantándole la barbilla, haciéndola mirarlo.

—¿Y a que te refieres? —le preguntó susurrando gravemente, traspasándola con la mirada fija y dura, cerca de su rostro. A esa distancia acaba de comprobar lo que sospechaba y suponía desde que olió la sal. Ella había estado llorando. Y no era hace mucho sino recientemente, aún era fresco aquel olor.

Rin sintió sus ojos picarle de nuevo y desvió la mirada. Logró bajar y esconder levemente su cara y confesar murmurando bajamente.

—A que sales muy a menudo… y nunca me dices a donde. Regresas en la noche todo… —se quedó callada. Un nudo gigante se había formado en su garganta, le entraron ganas de llorar. Sesshomaru se quedó esperando a que continuara pero otra vez le tomó el mentón y la hizo mirarlo nuevamente.

—¿Qué? —le preguntó fríamente, sin haber cambiado la mirada o la expresión fría y cruel. Pero Rin simplemente no podía producir sonido, mucho menos palabra.

—Nada —terminó cerrando los ojos con fuerza, escondiendo su cara, arrepintiéndose de haber dicho algo sobre ello, pero Sesshomaru no pensaba dejar que ella terminara evadiendo una conversación que ella misma empezó y entabló.

—Rin —la llamó con voz grave y amenazante, advirtiéndola.

—Dime la verdad. ¿Tú me eres infiel con otras mujeres? —preguntó con voz hecha un hilo, sintiendo como automáticamente quería llorar al sólo formar la pregunta y temer recibir una respuesta como…

Sesshomaru se la quedó viendo como examinándola, serio y sereno, ni siquiera había parpadeado, al final terminó por alejarse de ella, levantándose del futón y, dándole la espalda, le preguntó… curioso por saber cuál sería su reacción si le decía…

—¿Y si así fuera qué?

Rin se mordió los labios, hipó silenciosamente mientras las gruesas lágrimas se habían escurrido por entre los parpados. Sesshomaru se alarmó en cuanto recibió la indicación de que el plan había dado resultados no deseados. Quería provocarla pero no hasta el punto de hacerla llorar. Se maldijo internamente por ser un animal e imbécil. Rin trató de contenerse pero no le resultó.

La miró por el rabillo del ojo, acostada de lado, echa un puñito chiquito, hundiendo su rostro en la almohada llorando, temblando a causa del llanto. Se sentó nuevamente en el futón esta vez le sujetó el mentón con delicadeza y, mirándola con una expresión algo más suave, la presionó contra su pecho, estrechándola con sus brazos, fundiéndola en un abrazo, pero eso hizo que Rin hipara con más fuerza.

Sesshomaru cerró los ojos frustrado no sabía que decir para consolarla.

—No llores —fue lo primero y único que se le ocurrió decir y con voz monótona, manteniéndola firme en aquel abrazo—. No salgo con otras mujeres —le explicó sereno y con serenidad.

—No te creo —hipó Rin medio ahogada en su pecho.

Respiró con tranquilidad y sin dejar de abrazarla se acostó con ella encima de él, acariciando su cabello tan suave y perfecto. Olió discretamente el aroma de su cabello, no era nada mejor que aquella mezcla de olores que desprendía Rin.

—Yo no miento Rin —dijo con seriedad y firmeza—. Si yo digo que no hay otras es porque no las hay.

—Entonces ¿por qué hueles tanto a mujer si no es por eso? —le preguntó sollozando levantando la mirada— Acaso eres… —empezó dudosa, pensando en una posibilidad que tampoco la tenía tranquila, sino peor— de aquellos que les gustan… y que tienen… eso y sólo te casaste conmigo para tener herederos y tú mientras tanto sigues con… tu… —le daba horror siquiera decirlo.

Sesshomaru en varias ocasiones mientras Rin hablaba se la quedó viendo raro y con una ceja alzada… acaso Rin insinuaba que él… que él fuera… él, Sesshomaru…

Terminó devolviendo la cabeza de Rin a su sitio anterior, en su pecho. Cerró los ojos con molestia mientras le volvía a repetir que él no estaba con nadie.

—No importa solo entiende que no te estoy engañando.

Se quedaron un tiempo abrazados. Ella encima de él, descansando, sintiendo su cabeza flotar. Se sentía bien estando así, cerca de él, poder disfrutar de su compañía. Se sonrojó reprendiéndose a sí misma por pensar aquella estupidez de que él podía ser… Y aunque no se lograba explicar el origen de aquellas fragancias florales en Sesshomaru le creía cuando le decía que no le había sido infiel. Se sintió tranquila y feliz. Una traviesa sonrisa se había asomado por sus labios, definitivamente sentía cosas muy fuertes por Sesshomaru, demasiadas y fuertes que ni ella misma sabia con que magnitud.

Tenía tantas ganas de hacer algo. Algo que muchas veces antes no se atrevía… pedirle a Sesshomaru hacerla suya, seducirlo ella, buscarlo, siendo ella quien tomaba iniciativa y no sólo él. Se levantó un poco para mirarlo. Él que mientras tanto tenía los ojos cerrados, los abrió de repente cuando la sintió moverse. Le dedicó una mirada algo somnolienta e inexpresiva, pero una que Rin había aprendido a leer muy bien.

Sin todavía atreverse a expresarlo con palabras lo hizo con los hechos. Se acercó a su rostro con las mejillas ardiendo en calor, Sesshomaru no dejó de mirarla, ni siquiera quería parpadear. Observó como poco a poco ella se había inclinado para besarlo.

Sintió un beso cálido y algo húmedo en su mejilla, cerró los ojos y dejó que Rin continuara lo que empezaba hacer. Rin se acercó un poco más a sus labios masculinos y besó el lugar muy cerca de la comisura. Otra vez un beso cálido, tierno y algo húmedo. Rin se acercó aún más, besando la comisura de manera sensual, estaba que temblaba de nervios pero hasta ese momento Sesshomaru no la había rechazado como tampoco le había devuelto alguna caricia o algún beso.

Al llegar a los labios, los besó de manera suave y tímida y fue entonces donde sintió la respuesta masculina cuando él empezó a mover sus labios y encajarlos con los de ella. Siguieron besándose, él poco a poco rodeó la cintura de Rin quien todavía se encontraba sobre Sesshomaru. Seguía besándolo con timidez pero poco a poco ella profundizó el beso al buscar la entrada a la boca masculina, esperando aceptación por parte de Sesshomaru. Él no tardó en abrirle el paso, dejándole explorar de manera torpe e inocente. Aquel gesto lo tenía encendido, tanto que empezó a hacer mayor presión sobre la yukata.

Se separaron, ella apenas y lograba enfocar su mirada, se sentía mareada por la magnitud y la influencia que tenía aquel beso en ella. Sesshomaru otra vez no dijo nada, sólo se dedicó a mirarla con aquella mirada lujuriosa y enigmática.

Se levantó del futón, caminó unos pasos alejándose con sensualidad. Quería seducirlo usando sus encantos femeninos. Quería desnudarse ante él, quería que la contemplara desde el futón.

Él la observó fijamente hasta que abrió sus ojos un poco más al ver como se deshacía lentamente de la yukata.

Observó deslizar la yukata al suelo, dejándola al descubierto ante él. La recorrió lentamente, grabándose cada parte, cada centímetro de aquel joven cuerpo que poseía Rin. Luego la observó acercarse en un caminar todavía más sensual, volver al futón y de ahí acercarse a él en sus cuatro, como una gatita. Estaba a medio camino de su rostro cuando le dijo.

—Cuando salías y regresabas oliendo a mujer me ponía celosa —confesó por lo bajo, sonrojada— porque pensaba que… no soy capaz de satisfacerte sexualmente y que mi miedo y timidez te alejaban por eso quiero que… me hagas le amor.

Se encontraba a unos milímetros del rostro de Sesshomaru, completamente encima de él. Sesshomaru le miró a los ojos y podía jurar que iba a perder la cabeza aunque por ahora su exterior seguía mostrando estricta frialdad.

—Y quiero que me lo hagas toda la noche —dijo antes de volver a besarlo con ternura, pero era un beso corto y pequeño.

Sesshomaru la terminó colocando debajo de él en menos de un segundo, Rin suspiró excitada, le era excitante tenerlo encima de ella completamente vestido pero sintiéndolo completamente duro por encima de la hakama. Se besaron de manera apasionada, esta vez fue él quien demando el beso y ella le respondió gustosa.

Rápidamente habían profundizado el beso y lo hacían cada vez más precipitadamente. Rin terminó por quitarle el haori y luego la hakama, Sesshomaru dejó escapar varios gruñidos placenteros cuando fue Rin la que lo dejó desnudo.

Al estar ambos desnudos se miraron, ella lo miró con amor y ternura, temblando levemente por la ansiedad y nervios. Un cosquilleo poderoso se apoderó de su estomago, su piel se erizó, le gustaba. Se perdió un momento mirando el pecho fornido de Sesshomaru, acariciando suavemente aquella área, erizando a Sesshomaru.

Él le besó los hombros, el cuello. Le acarició los brazos, los muslos. Se acercó pero aún no la penetró. Le gustaba aquel delicioso preámbulo lleno de ternura. Quería que su hembra se sintiera segura con él. Eso era lo que quería desde el principio y parecía que terminó consiguiéndolo. Porque Rin llegó a amarlo y mientras se encontraba embistiéndola había sido cuidadoso porque todas aquellas aromas que llenaban el aire lo tenían en la leve sospecha de que probablemente Rin se encontraba en cinta.

Sintió un poco de incomodidad cuando empezó a adentrarse pero demasiado pronto aquella penetración se había convertido en algo más placentero que había experimentado. Dejó escapar un jadeo sensual y ansioso. Se abrazó con más fuerza a él, buscando su calor, su cuerpo. Le encantaba poder rozar su piel contra la de él. Era estimulante de alguna forma.

En medio de las embestidas Rin cambió la posición, siendo ella la que se encontraba arriba y Sesshomaru abajo. Quiso moverse por su propia cuenta. Empezó a bajar y subir con lentitud hasta llegar a un ritmo regular. Aunque se encontraba inclinada la mayor parte del tiempo también le había otorgado una estimulante vista a su macho al allanarse.

Sesshomaru terminó por sentarse y, con ella en su regazo, le devoró por completo los senos y el cuello, buscando los labios que a pesar de tantas semanas le parecía que seguían conteniendo la miel que había impregnado y lamido.

Volvió a acostarla, la embistió con más fuerza, ya se estaba acercando a su clímax. Ella gimió fuertemente su nombre varias veces seguidas, acariciándolo, pegándolo a ella hasta que explotó en el orgasmo que sólo había sido la cima de aquella maravillosa vez que habían hecho el amor.

REVIEWS…REVIEWS…REVIEWS

Muchos preguntaron ¿por qué las reacciones de Kagome y Rin ante algo tan normal que es incesto dentro del clan? Pues aquí está la respuesta. A que no se esperaban que fuera así y también les tengo que decir que Naraku, Kikyo e Inutaisho ¡son hermanos! Y que los padres también han sido muy crueles con ellos. Tal vez por eso Kikyo también se portó mal con su hija, quien sabe.

Bueno el caso que fuera, a un hijo no se le trata así. Siempre hay que ver cómo mejorar el trato equivocado que los padres te dan y no repetirlos, aunque a veces sea inevitable. Espero no haberme salido demasiado de la personalidad de Sesshomaru y que las escenas entre Sessh y Rin no hayan resultado demasiado cursi, no es mi intención hacerlo.

Ahora les quiero agradecer a todos que hayan dejado el review. Espero que a todos que hayan tenido alguna duda les quedo claro o si no pueden preguntármelo y yo gustosa se les respondo, ¿va?

Ahora sí, muchas gracias a Sora-Rin111, Black urora, capita101, Madeleinemarivop, FlowerBloom, Seras, VeronikaBlackHeart18, Ako Nomura, Andyy, Meylin.

¡De verdad mil gracias! ¡Besos y no dejen de comentar que hacen mi día… fenomenal!

Bueno hoy es mi cumple… ya se lo digo en todas las publicaciones pero les quiero decir que espero ansiosa sus reviews. También de aquellos que por ahora aun se mantienen a escondidas, leyendo por entre las sombras. Espero se animen a dejar review porque de verdad que no muerdo. Les prometo que no les pasara nada si dejan el review. Me harán muy feliz de hecho… jejeje

Bueno nos vemos en la próxima entrega que será muy pronto.