Para Kiky-Usui

Por haber insistido más que nadie (ya no me reclamarás, jojo e.e)

Espero que te guste y muchas gracias por leer mis fics

Y por tus reviews :3 un besito

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◦∞◦∞◦∞◦∞◦∞◦∞◦: cambio de lugar + algo de tiempo más tarde

◦Ω◦Ω◦Ω◦Ω◦: flash back :B

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H i j o d e l a L u n a

La canción de Horokeu.

-Capítulo Segundo-

- ¿¡DÓNDE SE METIÓ!?

- Debe estar por llegar…

- ¡Ren conoce muy bien los horarios de esta casa! ¡Como futuro jefe de la Dinastía, es su obligación poseer un sentido mínimo de la punt…!

- Perdón por llegar tarde.- Ren penetró en el comedor sin la menor muestra de remordimientos, aunque sabía muy bien que contaba con un atraso de más de quince minutos. Rogando mentalmente por que el lento de Hoto no demorara mucho en el baño, donde se encontraba actualmente, se aproximó a la enorme mesa, pensando que con él, seguramente, el ambiente no iba a resultarle tan tenso y desagradable. - ¿Dónde está Jun? – quiso saber, ignorando olímpicamente la mirada furiosa de En Tao y el semblante grave de Ran, su madre.

- Tuvo que hacer un viaje…

- Será mejor que esto no se repita, ¿entendiste? Conoces bien las reglas de esta casa, Ren.

- Sí, señor.

- Ahora, vamos a sentarnos…

- Falta Horo.- el heredero, al instante, se arrepintió de su precipitación, en vista de la nueva mirada que su padre le dirigió.

Bien, era un hecho conocido por el mundo entero que el Señor de la Dinastía consideraba a los sirvientes como objetos, útiles desechables sin valor alguno y Ren, calladamente, sentía algo de miedo cuando su esclavo personal se convertía en el centro de la conversación, por lo que prefería referirse a él lo menos posible, con el objetivo de que Horokeu pasara desapercibido. No deseaba ponerlo en peligro…

… otra vez.

- ¡Ya llegué, disculpen! – exclamó, arribando, el peliceleste recién mencionado, con un deje de timidez, puesto que, más que mal, se encontraba en presencia del Amo En. Obviamente, Horo no tenía la menor idea de la alusión a su humilde persona que se estaba desarrollando; como siempre, llevaba una sincera sonrisa pintada en el rostro.

El Amo Supremo de la Dinastía, como acostumbraba, lo privó de la menor atención (cosa que, lejos de ofenderlo, lo alivió en gran parte) y al fin, los cuatro presentes procedieron a acomodarse en la mesa, que había sido, hacía un rato, puesta. Cabe decir que abundaba todo tipo de suculentas mezclas típicas del país, además, claro, de frutas, verduras y diversas bebidas, todo bien servido en finísimas fuentes de plata reluciente o en la elegante vajilla de porcelana que a la Señora Ran tanto le gustaba.

- Me enteré de tu afinidad con los Asakura.- indicó, de pronto, la cabeza de la Mansión a su hijo, después de haber desgarrado con su dentadura, ferozmente, un trozo de deliciosa carne. Ren bufó por lo bajo.

- Somos compañeros de clase.

- Nos conviene tenerlos de nuestro lado.- prosiguió el hombre, sin dar importancia al fastidio que irradiaba el semblante de su descendiente.

Como el último no se molestó en rebatir, En se dio por más que satisfecho, por lo que volvió a concentrarse en su comida, no sin antes, de manera imperceptible, echar un brevísimo vistazo al chiquillo que su hijo había insistido los importunara con su presencia.

- …

Horo devoraba cuanto podía de la manera más educada posible, sin conseguir pasar por alto los ojos del Amo sobre él, aunque ya estaba acostumbrado a la actitud sádica de aquel hombre, por lo que tampoco le resultaba tan difícil soportarla- al menos en cierto modo.

Muy de vez en cuando, su vista se posaba disimuladamente sobre la única mujer presente y es que, si algo había digno de admiración en la mansión, esto eran la belleza y sofisticación natural de Ran Tao que, silenciosa y ajena a todo, vivía sumergida en pensamientos conocidos sólo por ella misma, mientras introducía delicadamente los alimentos en su boca.

En un momento dado, los pozos dorados que la mujer tenía por ojos se fijaron en él, atravesándolo cual cuchillas de aire. Durante un fragmento de segundo, Horo-horo podría haber jurado que ya no estaban bajo techo y que ya era de noche y la Luna, como una enorme esfera plateada y abominable, se les venía encima, lentamente, sin que nadie pudiera hacer nada, al mismo tiempo que se oían, cerca y lejos a la vez, los desesperados sollozos moribundos de una mujer que no alcanzaba a ser vista. Sólo durante menos de un segundo…

El tenedor que había estado sosteniendo con la mano derecha cayó estrepitosamente al suelo de mármol; al instante, Ren lo miró, maldiciendo mentalmente la torpeza de su esclavo; Ran Tao cerró los ojos con leve molestia y el esposo de ésta, visiblemente irritado, interrumpió su grotesca masticación.

- Cuida lo que no te pertenece, escoria.- le ladró arrogantemente y con genuina crueldad, taladrando el débil ente que, a su vista, era Horokeu, mediante un mirar lleno de odio y superioridad. El heredero, en su puesto, apretó los puños y a Horo, muy a su pesar, se le encogió el corazón.- Te encargarás de lavar toda la vajilla del almuerzo, a ver si de ese modo aprendes a agradecer el trato privilegiado que se te da.

- Sí, Señor.- murmuró el peliceleste, contemplando con ligera amargura el impecable mantel blanco. Ren guardó silencio, ignorando el hecho de que, secretamente, su siervo hubiese deseado que lo defendiera.

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- Auuuch… - humedeció, una vez más, sus adoloridas manos en el agua entibiecida del río (1), contemplando tristemente las ardorosas marcas que tanto fregar le había dejado. Y era peor aún, gracias a ese jabón de mala calidad que había utilizado, pues se le había inyectado en las heridas… ¡Cómo dolía!

- Eso te pasa por ser tan torpe.- le echó en cara Ren, dejando su elegante y prácticamente nueva bicicleta junto a la que había sido destinada para Horo (la cual, como es deducible, le había pertenecido anteriormente; mas como su esclavo no poseía una, Ren había decidido pedir una "mejor" y dejarle ésa al susodicho. De esto hacía ya algún tiempo), internamente resentido con su padre por el duro castigo que le había impuesto a Horo-horo.

- ¡Pudiste haber hecho algo! – le reclamó el último, volviéndose hacia él y sin retirar las manos de la agradable corriente.

- Sí: imponerte una penitencia yo mismo. Tú sabes cómo es mi padre, no me eches a mí la culpa.- lo contradijo sin perder la calma, mientras llegaba junto a él. Sí, ambos conocían a En Tao y sabían bien que si Ren se hubiese interpuesto en lo ocurrido, Horo habría obtenido un castigo doblemente estricto. No obstante, debido a su estado, el plebeyo se consideraba en todo su derecho de quejarse.- Déjame ver.

- No… - y dos segundos después de haberse negado, el peliazul enseñaba a su amo, con ojos llorosos y expresión adolorida, un par de palmas llenas de cortes y unas cuantas llagas nada bonitas, todo despellejado debido a la dureza de las esponjas que había tenido que utilizar, en vista de que no habían querido cambiárselas (¿Por qué algunos de los sirvientes tenían que odiarlo tanto?).

- … - con sus propias manos, Ren acercó las que su esclavo le enseñaba, con el objetivo de poder ver mejor los daños que habían sufrido. No quería aceptarlo, pero lo cierto era que la vista de aquellas heridas le dolía a él mismo.- No es nada grave, debilucho.

- ¿¡Tú qué sabes!? – chilló Horo-horo, visiblemente ofendido, para acto seguido, retirar violentamente sus manos de las del heredero y proceder a lanzarse al río de un solo salto. Ren recibió, por el impacto del chapuzón, unos cuantos chorros de agua. Frunció levemente el ceño por la falta de madurez de cierto peliceleste.

- Qué escandaloso…

◦Ω◦Ω◦Ω◦Ω◦

Era verano, tenían siete años. El equipo real de jardinería, propiedad de Ran Tao, había esculpido los arbustos del patio principal, transformándolos en diversos animales exóticos, atractivos para la vista de todos…

Sobre todo, la de los niños.

- Hoto-hoto.

- ¡Es Horo-horo!

- Quiero – comenzó el pequeño heredero, sonriendo con superioridad e ignorando, como le encantaba hacer, la queja del otro niño.- que arregles la jirafa.

- ¿Eh? – los ojos oscuros de su esclavo lo contemplaron con curiosidad.- ¿La… jirafa?

- Ésa de allí.- apuntó el seto con la forma de dicho mamífero, para luego empujar a Horokeu hacia el lugar.- Tiene el cuello demasiado grueso, quiero que la arregles.

- P-pero tu mamá va a enojarse…

- ¡No te refieras a ella con tanta confianza!

- …

- Además, ella está de acuerdo conmigo. Anda.- podía ser evidente que estaba mintiendo; mas era la obligación de ese niño tonto obedecerlo en todo, ¿no? ¡Pues, al menos, que le sirviera para divertirse!

- No tengo tijeras.- le indicó el plebeyo, mostrando una seguridad que no sentía, al mismo tiempo que, lentamente, se aproximaba al arbusto.

- Usa las manos.- fue todo lo que obtuvo por respuesta.

Cinco minutos pasaron y las manitas de Horo-horo ya se encontraban llenas de pequeños tajos causados por las ramitas filosas que había estado quitando; el niño, parado sobre la misma escalerita de madera que usaban los jardineros de la Mansión, quitaba poco a poco diminutos trocitos de cuello, quejándose, por lo bajo, del calor y de las órdenes estúpidas que le daba el chino.

A lo lejos, entretenido y satisfecho, Ren observaba todo, cuando, de pronto, vislumbró a su hermana Jun paseando por el jardín.

- Ren… - la hermosa niña interrumpió sus palabras al ver a Horokeu destrozando la jirafa.- ¡Oye, tú, ¿qué estás haciendo?!

A paso firme, la princesa de la Dinastía llegó hasta donde se encontraba el siervo, con una mirada que exigía una respuesta inmediata a su pregunta.

- Estaba arreglando la jirafa.- le respondió, bastante respetuosamente, Horo, dirigiendo su vista hacia su amo. Y recién entonces, cuando hubo visto la sonrisa burlona del heredero, comprendió que todo había sido una cruel e infantil trampa y que acababa de meterse en serios problemas.

- Acaso, ¿Alguien te pidió que lo hicieras?- inquirió la Tao, con voz endurecida, aunque deseando en secreto, pues era piadosa por naturaleza, que Horo-horo tuviera cómo justificar su acción.

- … - él agachó la cabeza, sintiéndose, por primera vez, herido de verdad.- No.

Poco rato después, En Tao le gritaba insulto tras insulto, Ran lo contemplaba seria y probablemente, molesta porque había arruinado su lindo jardín; Jun, que no había deseado quedarse a ver cómo lo regañaban, había subido a su alcoba y a Ren, no volvió a verlo aquel día. Pasó la noche en el calabozo, con una pesada y oxidada cadena aprisionándole las muñecas; al día siguiente, a primera hora, Basón fue a liberarlo y antes de entrar a la sede de los Tao, le regaló una estatuilla sencilla y de calidad dudosa, como para consolarlo.

Esa misma mañana, Horo se encontró con que, en adelante, dormiría en la habitación de su joven amo; cuando lo vio, habría jurado que algo en el semblante de éste había cambiado. Sin embargo, cuando Ren empezó a ordenarle cosas como de costumbre, Horokeu desechó la idea.

Lo que el peliceleste jamás supo fue que Ren presenció todo lo que, por su culpa, él había tenido que pasar y aunque nada le fue reclamado, el heredero nunca lograría olvidar la sensación horrible que se apoderó de él cuando oyó a su padre enviando a Horo-horo al calabozo.

◦Ω◦Ω◦Ω◦Ω◦

- ¡Reeeen!

- ¿Mm…? – el aludido abrió los ojos para ver a su sirviente, que se encontraba inclinado hacia él, de rodillas sobre el césped.

Se sentó, estirándose para desperezarse, mientras Horo murmuraba algo similar a "hasta que despiertas…".

- Un holgazán como tú no tiene nada que reclamarme, Hoto-hoto.

- ¡¡Pero qué pesado…!! Y yo que te traía un regalo…

- ¿Un regalo? – ante su sorpresa, su sirviente sonrió, para enseguida mostrarle una enorme manzana roja.

- Encontré un árbol en la entrada del bosque, pero como estaban muy altas, sólo conseguí una.

- …

El chino recibió la fruta en silencio. Era verdaderamente grande, por lo menos en comparación con las del mercado y prácticamente perfecta, tanto en forma como en color. Y aunque hacía poco que habían almorzado, lucía muy apetecible.

- Pruébala, Ren. No te preocupes, ya la lavé en el río.

- ¿Qué hacías en el bosque? – inquirió en lugar de cualquier agradecimiento, olfateando, por inercia, la manzana.

- Fui a dar una vuelta mientras tú dormías.

- No me pediste permiso.- declaró, autoritario, justo antes de dar un primer mordisco. Horo se limitó a balbucear, desganado, algo sobre lo desagradable que se portaba a veces y que de nada.- Oye, de veras está buena.- admitió cuando hubo tragado. Era cierto: la manzana no era demasiado harinosa, tampoco, dura y su nivel de jugosidad era… perfecto. Ren dio otro mordisco, mientras Horo lo observaba feliz.

- Te lo dije.

Con estas últimas palabras, el siervo se recostó en el suelo, dejando a su amo comer tranquilamente. Elevó sus manos para contemplarlas: todavía le quemaban y cuando había bajado del árbol de manzanas – que de veras era muy alto o si no, él también habría estado comiéndose una- , al apoyarse con las palmas en el suelo, había empeorado su malestar. Pero al menos a Ren le había gustado su obsequio.

- Oye, Hoto.

- ¿Sí? – abrió mucho los ojos, acostado como estaba, cuando un trocito de manzana penetró en su boca. Mirándolo desde arriba, Ren no quitó los dedos de sobre sus labios.

- Gracias. Pruébala tú también.

- Ah… sí, bueno.- abandonó su cómoda posición con el fin de, sentado, dedicarse a masticar y tragar. Dulce, pero no demasiado, el jugo de manzana lo hizo cerrar los ojos, complacido.- Miam.

-Te quedó jugo… - le informó Ren, acariciándole la comisura.

- … - y cuando vio la cara de Horo y se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se giró hacia el otro lado, fingiendo que el Sol le molestaba y evidentemente, finalizando el contacto.

- Aprovecha el rato que nos queda, porque en media hora deberíamos irnos.

- Sí… - Horo se sintió enrojecer, sin saber por qué ni que el otro chico, aunque él no lo veía ahora, estaba en condiciones similares.- Oye, ¿me das más? – se atrevió a preguntar, decidiendo dejar de lado tan confusa reacción.

- Mmm… no.

- … pesado.

Amurrado, volvió a recostarse y mientras los rayos de Sol calentaban la hierba y bañaban suavemente sus cuerpos, sin notarlo, llevó sus propios dedos hasta sus labios.

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Continúa.

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(1) ¡Encontré la foto de un lago perfecto para la historia! Aquí les dejo el link – borren los espacios, las paréntesis y reemplacen "guión bajo" por un guión bajo-, por si quieren imaginarse la escena o algo por el estilo xD:

http / www . fundacioncac . es / cas / artesyciencias / mediateca / download / 20041029161758octubre04 (guión bajo) 020 . jpg