Sirius corría a toda prisa hacía la torre de Gryffindor, tenía muchas cosas que hacer y poco tiempo por delante. Una vez en frente de la Señora Gorda pronunció la contraseña y trotó hacía su dormitorio, abrió su baúl y comenzó a rebuscar hasta dar con unos caramelos de aspecto amarillento no muy saludables.
—Espero que esto salga bien—susurró y con un movimiento de su varita convirtió sus caramelos en polvo que luego envolvió en un fino pañuelo de tela.
Una vez terminado el proceso salió del cuarto a toda prisa, como si estuviera siendo perseguido por un hombre lobo furioso (Sirius sabía perfectamente la velocidad que se necesitaba para escapar de uno).
Recorrió las escaleras y pasillos y llegó hasta las mazmorras cerca de la entrada de la sala común de Slytherin
—Rick, ¿Puedes decirle a mi hermano que necesito hablar con él?
—No, no me gusta obedecer las órdenes de un "leoncito" como tú—respondió su interlocutor de mala gana.
La cara de Sirius se puso tensa y sus ojos se iluminaron de una manera peligrosa y amenazante, como un león a punto de cazar a su presa (en este caso una serpiente).
—No era una orden, solo una sugerencia. Y no debes olvidar que quien te la hizo es un auténtico descendiente del linaje Black.
Rick agachó la cabeza mientras murmuraba:
—Sucio Gryffindor, esto lo hago por el respeto que le debo a los Black y no por ti— por su parte Sirius sonreía con una mueca maliciosa, eran pocas las veces en que su apellido le servía para algo más que para generarle problemas, pero ésta era una de ellas.
— ¿Querías algo?—Preguntó Regulus apareciendo en el corredor frente a su hermano.
—Sí hermanito, necesito un pequeño favor.
— ¿Qué clase de favor?—interrogó el Black menor, que conocía la clase de acciones que su hermano era capaz de llevar a cabo.
—Nada difícil, demasiado fácil diría yo, es hasta aburrido…
—Escúpelo
—Solo quiero que me prestes tu cámara de fotos, la que mamá te regalo hace un año, esa que saca fotos en movimiento al instante— respondió con cara de santo.
—Está bien—aceptó Regulus y desapareció para volver a aparecer minutos después cámara en mano—No hagas ningún estropicio ¿De acuerdo?
—No entiendo cómo puedes pensar eso de mi— concluyó la conversación Sirius con una estridente carcajada.
Todo estaba saliendo a pedir de boca, ya tenía la cámara y los caramelos vomitivos. Pero todavía le quedaba lo más difícil de conseguir.
—Merlín dame suerte—imploró al cielo y comenzó a caminar por todo el castillo gritando el nombre de Peeves, el Poltergeist.
—Me llamabas, ¿a qué se bebe el honor de tu molestia?—apareció de pronto el diablillo de Peeves.
—Necesito hacer un trato contigo
—No hago tratos con alumnos.
—Yo no soy un alumno cualquiera, soy Sirius Black.
—Debes saber muchacho que a mí los apellidos no me impresionan— y después de mostrar su tono más educado el Poltergeist empezó a cantar— Los Black molestos, son unos necios. Los Black apestan, son pura escoria.
—No quiero impresionarte por ser un Black, sino por ser Sirius Black, más conocido como canuto— el nombre de canuto hizo que la cara de Peeves se iluminara.
—Veo que empiezas a reconocerme, así me gusta.
— ¿Qué trato vienes a ofrecerme?
—Necesito tu ayuda, quiero que entretengas a Flich en la torre de astronomía esta noche, créale un desastre que tarde largo rato en limpiar.
— ¿Y qué saco yo de eso?
—Para empezar la posibilidad de molestar un buen rato a Flich…
—Empezamos bien—le interrumpió Peeves— ¿Y para continuar?
— ¿Dinero, algún objeto valioso?
—No me interesa nada de eso, aunque hay algo en lo qué puedes ayudarme.
—Soy todo oídos.
—Más bien boca ¿Has visto el tamaño de esa cueva en donde se supone que deberías tener los labios?—estalló en una carcajada.
—Muy gracioso, buen chiste. Pero tengo un poco de prisa ¿Podrías decirme de una maldita vez que quieres?
—Se educado Black, te diré una cosa la prisa es mala consejera—expusó Peeves divirtiéndose de lo lindo sacando de sus casillas al pobre canuto.
—Por favor Peeves.
— ¿Se lo digo o no se lo digo?—Peeves sobrevolaba por encima de Sirius riéndose a carcajadas.
—Está bien, no te preocupes. Si no quieres ayudarme seré yo quien entretenga a Flich, no hay inconveniente— amenazó Sirius mientras daba media vuelta para alejarse.
—Estáaaa bien. Que poco aguante tienes. Quiero que me ayudes a gastarle una broma a una profesora muy inteligente que siempre me pilla con las manos en la masa. Tiene que ser una broma maestra. ¿Lo pillas? Broma maestra, Broma a una maestra.
— ¿Quién es la profesora?—le espetó Black
—Meenerva McGonagall
— ¿La profesora Mcgonagall?—exclamó Sirius con un gesto de sorpresa—es muy peligroso, si me pilla me mata.
— ¿Lo tomas o como bien dijiste antes te encargas tú de retener a Fllich en la torre de astronomía?
—Lo tomo, lo tomo— sentenció Sirius quejumbroso, mientras se acordaba para sus adentros de toda la familia de Rebeca. Si esa maldita ravenclaw le hubiera prestado sus apuntes no tendría que estar haciendo nada de eso. Pero ahora le iba a demostrar que nadie le decía que no a Sirius Black.
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Ya era la hora de la cena, Sirius caminó hacia el Gran comedor, pero en vez de ir a la mesa de Gryffindor se dirigió a la de Slytherin, para darle las gracias otra vez a su hermano por la cámara y hacerle una pequeña pregunta sobre su funcionamiento, de vuelta a su mesa felicitó al prefecto de Ravenclaw por su gran actuación como cazador en el último partido y mientras lo adulaba sacó con mucho disimulo el pañuelo de tela con los polvos amarillentos y los echó en la copa del prefecto.
—Bueno Dick, tengo que irme, se me va enfriar la cena.
—Por supuesto— y con una amplia sonrisa el Ravenclaw bebió un gran sorbo del agua de su copa, Sirius se froto las manos.
Al final he decidido dividir la historia en 4 capítulos. Siento la demora pero he tenido muchos problemas con el internet (y para más inri cuando no era éste, era fanfiction). Como muy tarde mañana tendrás el final de la historia.
