Kykyo, no puedo más que dar las gracias a Fallout, que es la obra en la que me inspiro.

Un placer recibir buenas noticias tuyas, Fanclere. Estaré dándole caña como siempre ^^


Emma Swan

Era una mañana apacible. El sol se colaba por el agujereado tejado de la casa en la cual nos habíamos refugiado. La radio de la mesilla aún funcionaba, y la música nos recibió. Lo cierto es que llevaba despierta desde el amanecer, pero no me había querido mover. Regina dormía a mi lado y no quería despertarla. Era una pena que el resto de camas de la casa estuviesen completamente destruidas… una verdadera pena.

La canción, "Mr Sandman", resonaba, y yo la tarareaba la melodía. Rodeaba a Regina con el brazo, de forma protectora. La licra del traje del refugio era tan fina que daba la sensación de que acariciaba su piel. Estaba excitada. Hacía mucho que no lo estaba tanto.

Regina tenía algo que me encendía, que hacía que mi lujuria ardiese como una llama y se extendiese por todo mi cuerpo. Pero supe serenarme. Sin embargo, cuando ella abrió los ojos, me encontró mirándola fijamente. Pero no me apartó con brusquedad, ni me miró extrañada.

Regina Mills

Cuando abrí mis ojos me sentí reconfortada entre los brazos de Emma. No pude evitar pensar en Daniel, y en cómo la sensación que sentía al estar con Emma me recordaba a él. Me pasó la mano por el labio, y sentí que me ardía, me aparté un poco.

_ Temo que va a quedarte cicatriz…_ Dijo, acariciando mi labio con delicadeza._ Pero creo que va a quedarte muy bien. La gente suele tener muchas cicatrices en esta tierra. Deberías tener cuidado.

_ Lo tendré._ Dije, asintiendo lentamente._ Sobre ese lugar seguro que me habías comentado… ¿De cuál se trata?

Emma se quedó en silencio por unos segundos. Me tomó la muñeca y tomó mi pip-boy durante unos segundos.

_ En el refugio 81._ Dijo, tocando un par de teclas._ Es donde me crié. Con este pip-Boy deberíamos poder entrar. Hasta donde yo sé sigue siendo un lugar seguro. ¿Qué pasó en el refugio ciento once?

_ La verdad… no quisiera hablar de ello._ Confesé, apartando la mirada._ Me congelaron. Una mañana estaba en casa, haciendo el desayuno para mi hijo… y al día siguiente habían pasado doscientos años… y todo lo que conocía había cambiado…

_ ¿Viviste antes de la guerra?_ Emma alzó las cejas._ Todo esto debe parecerte una gran mierda, entonces.

_ Bueno, me lo parecía hasta que apareciste tú._ Se incorporó en la cama y yo la seguí._ Da gusto ver que todavía queda gente con humor, a pesar de todo.

_ Tengo que enseñarte Diamond City… queda de camino, además._ Dijo, pensativa.

_ ¿Diamond City?_ Pregunté, pasándome la mano por el cabello.

_ Es una de las comunidades que mejor lo lleva._ Se puso en pie._ Te gustará.

La seguí, aún algo amodorrada. Albóndiga bostezó y se puso en marcha. Yo en ese momento pensaba en Henry. ¿Seguiría vivo, acaso? Emma no parecía saber nada de él, aunque quizá conociesen la historia en Diamond City.

Acaricié al perro y nos pusimos en marcha. Repentinamente aquel yermo inhóspito no parecía tan horrible. Aunque confieso que ver a Emma descargar su escopeta cada dos por tres no me animaba. Moscas gigantes, ciervos de dos cabezas y gente indeseable, bueno, los pocos que no salían huyendo al ver la servoarmadura. Yo sabía disparar, Daniel me había enseñado, pero aun así, la idea de dispararle a una persona aún era dura para mí.

Finalmente, conseguimos entrar en Diamond city. Su entrada estaba bastante oculta, aunque había guardias patrullando la zona que, al ver a Emma, nos indicaron como entrar. Y cuando entré, no pude menos que darme cuenta de por qué la llamaban así… de por qué la gente se refería a ella como "El diamante verde".

_ Es un campo de Béisbol._ Dije, en un susurro.

_ ¿Béisbol?_ Preguntó, Emma, saliendo de la servoarmadura._ ¿Qué es eso?

_ Es, un deporte._ Confieso que me sorprendía que ya no se jugase.

_ El núcleo de fusión se ha agotado._ Murmuró Emma entre dientes._ Voy a tener que conseguir otro.

_ ¿Significa eso que me vas a dejar sola?_ Pregunté, alzando una ceja.

_ Tranquila… Diamond City es segura… siempre que no le des un tiro a alguien._ Dijo. Se acercó y me puso las manos en los hombros._ Pórtate bien, ¿Vale?

_ Vale…

Emma me dio un beso en la mejilla y se marchó. Yo me vi a mí misma acariciándome la mejilla, y sintiendo aún el calor de sus labios. Me sentía culpable porque a una parte de mí la alianza de mi dedo estaba empezando a pesarle.

_ Disculpe, señorita… ¿Tiene un par de segundos para una entrevista?

Lancé un pequeño chillido, pues estaba tan inmersa en mi propia mente que no me había dado cuenta de que alguien me estaba hablado. Me giré y me encontré con una mujer con una libreta en las manos. No se me escapó que la gente la rehuía mientras andaba a su lado. Iba ataviada con una gabardina de cuero rojo, y llevaba una boina sobre la cabeza, que ayudaba a sujetar una larga melena negra. Sus ojos, tremendamente azules, eran despiertos, y sonreía mostrando unos dientes blancos y brillantes.

_ ¿Y quién es usted?_ Pregunté, mirándola.

_ Oh… es cierto, no me he presentado._ Dijo, extendiendo la mano._ Soy Ruby, Ruby Wright. Dirijo el periódico de Diamond City.

Daba la impresión de ser una persona que no acostumbraba a presentarse. Emma me había dicho que estaba segura. Por lo que pensé que esa entrevista no podría hacerme daño. Emma aún tardaría un tiempo en venir.

_ De acuerdo… supongo que puedes entrevistarme. Aunque no tengo muchas cosas interesantes que contar._ Dije, pasándome la mano por el pelo.

_ Mi oficina está por aquí._ Dijo, llevándome.

Estaba muy cerca, a decir verdad, era una pequeña habitación tras una puerta de acero. Los muebles estaban, como no, muy gastados. Ruby se sentó en una pequeña silla y yo en un largo sofá. Ella conectó una pequeña grabadora y me miró, sonreía.

_ Me gustaría que me hablases de la vida en el refugio.

_ No creo que pueda hablar mucho sobre eso._ Me encogí de hombros._ Apenas estuve allí una media hora. Nos congelaron y cuando me quise dar cuenta… estaba aquí.

_ ¿Congelada?_ Alzó una ceja._ Un momento… ¿Acaso viviste antes de la guerra?

_ Sí…

Ruby se quedó en silencio un par de segundos mientras anotaba algo rápidamente en la libreta que llevaba en sus manos.

_ ¿Podrías decirnos cómo era?_ Preguntó, acercándome la grabadora.

No pude evitar pensar en mi jardín, en el manzano que plantamos cuando nos mudamos, Daniel y yo, y en cómo había crecido. Pensé en las charlas insulsas que mantenía con las vecinas, y en los cotilleos de barrio. En lo sencilla que era la vida entonces, con Codsworth en casa.

_ Era apacible… Tranquilo._ Dije, mirándola._ Es duro ver cómo te arrebatan las cosas que das por sentadas. Ahora todo es distinto… es más duro. Y a veces siento… que no estoy preparada para vivir en un lugar como este.

_ Comprendo… Entonces… ¿Qué sientes por este yermo que nosotros llamamos hogar?

Algo me decía que ella esperaba que le dijese que sentía asco, que me repugnaba en lo que se había convertido mi hogar. Y al principio, así había sido. Pero luego recordé a Emma, salvándome. Recordé cómo había cuidado de mí todo aquel tiempo y no pude evitar acariciar a albóndiga con dulzura.

_ Me da esperanza. En mi tiempo siempre se hablaba de que la humanidad estaba perdida. Pero si podemos sobreponernos a algo como lo que habéis vivido, creo que podemos con todo.

_ ¿Y qué piensas hacer en estos tiempos…?_ Noté que esperaba que le dijese mi nombre.

_ Regina._ Dije._ Me llamo, Regina. Lo cierto es que, mi prioridad es encontrar a mi hija perdida y un lugar seguro.

_ ¿Tu hijo?

_ Mataron a mi marido… y lo secuestraron ante mis ojos._ Suspiré, secándome las lágrimas de mis ojos._ Sólo quiero… volver a tenerle entre mis brazos.

_ Lo más probable es que el instituto esté detrás de eso._ Susurró Ruby, apagando la grabadora._ Conozco a alguien que podría ayudarte a encontrarle. Pero… debes tener cuidado.

_ ¿Cuidado? ¿Por qué?_ Pregunté, ligeramente preocupada.

_ Por esa mujer que te acompaña… es de la hermandad del acero._ Dijo, pasándome un periódico.

En portada aparecía una portada de alguien que llevaba una servoarmadura como la de Emma aplastando lo que parecía una persona a simple vista. Sin embargo, si se miraba con atención, podía verse a la perfección que su esqueleto era de acero. Me estremecí ante esa idea.

_ La persona que puede ayudarte a encontrar a tu hijo… es un Synth._ Dijo, mirándome._ Y dudo que tu amiga de la hermandad de acero le vea con buenos ojos.

_ Creo que su amiga puede decidir por sí misma lo que ve o no ve con buenos ojos.

No nos dimos cuenta del momento en el que entró Emma, ni de cuanto llevaba allí, pero estaba claro que para ella, lo que Ruby acababa de decirle.

_ Mi prioridad principal en este momento es encontrar al hijo de Regina._ Dijo, mirándonos a ambas._ Mis problemas con los Synth no obstaculizarán dicha misión.

_ Ya… estoy segura de ello._ Dijo Ruby, con ironía.

_ Yo confío en ella._ Dije yo, sincera.

De hecho… confiaba más en ella que en la reportera. Emma tenía algo en ella que me resultaba reconfortante, familiar… y podía ver en sus ojos que, de ser necesario, daría la vida por mí. Ella se acercó y me dio un abrazo, sin más. Yo abrí los ojos, sorprendida, pero no dije nada.

_ Gracias…_ Murmuró.

Ruby Wright

Genial… lo que me faltaba. Una parejita. No tenía bastante con lo que tenía. Sin embargo, si quería terminar una historia prometedora, tendría que estar con ellas. Lo cierto es que me daba pena que una mujer tan guapa y tan… atrayente, se dejase llevar por un paladín de la hermandad del acero. Pero bastaba verlas juntas dos segundos para que alguien con mi olfato periodístico se diese cuenta de que eso acabaría en matrimonio.

_ Bueno… chicas… cuando hayáis terminado… el detective nos espera.

Emma Swan

La prioridad número uno de la hermandad de acero en aquel yermo en que se había convertido Boston, era destruir la amenaza que suponían los Synth y el instituto. Pero yo no podía dejar de ayudar a Regina. Aunque me sometiesen a un consejo de guerra por ello. Pero eso sólo sucedería si se enteraban. Y hacía años que ningún otro miembro de la hermandad se acercaba a Diamond City.

Por otro lado me inquietaba el ser "ayudados por un Synth" Era algo que iba contra todo mi adiestramiento. Ruby nos llevó a un pequeño local en una esquina llamado "Agencia de detectives Valentine". Decididamente no era algo que me sonase.

AZ-66

Mis órdenes estaban claras. Aparecí junto a Diamond City, envuelta en una luz azul. Ser un Synth implicaba ciertos riesgos cuando te encontrabas en poblaciones como aquella. Pero yo no soy un Synth común. Soy un Synth cazador del instituto. Mi misión principal en ese momento es reunirme con el chico y llevarlo al instituto. Me muevo con soltura por la ciudad. Emular el comportamiento humano es difícil.

Son imperfectos. Andan de forma ineficiente, hablan con acento, con dejes extraños. Tosen, se casan. Y yo no he sido diseñada así. Por eso anduve lo más deprisa que pude hasta alcanzar la casa. La cerradura estaba cerrada a cal y canto. Para cualquier humano sería imposible abrirla a no ser que fuese un maestro de las cerraduras. Yo, sin embargo, no tuve más que poner la mano sobre la puerta y, tras un sonido de click, la puerta se abrió.

Abrí y me encontré con una mujer que jugaba con un niño pequeño, de unos diez años. Objetivo número uno, cumplido. Cerré la puerta tras de mí y la mujer reaccionó, lanzando un sonoro grito.

_ Tenéis que dejar de hacer eso._ Exclamó.

Alguien como yo se movía sin ruido… abría las puertas sin ruido. No respiraba. El silencio era clave para mi trabajo principal, la caza.

_ Mi programación me impediría cumplir esa orden._ Le especifiqué.

_ ¿Y Bien? ¿Para qué estás aquí?_ Preguntó la mujer.

_ He venido a por Henry._ Dije, tratando de sonar coloquial._ Le requieren en el instituto.

El niño, que estaba distraído con sus juguetes, reaccionó, mirándome. Se puso en pie y se acercó a mí. La mujer bufó, y me miró con desagrado.

_ ¿Qué vais a hacer con él ahora?_ Preguntó.

_ Los planes del instituto no son de su incumbencia._ Siempre olvidaba su nombre, mi sistema no lo consideraba, relevante.

Me desvanecí, una vez más, envuelta en un estallido. No pude ver como la mujer volvía a cerrar la puerta ni cómo se tumbaba en el sofá a beber.