Advertencia: Esta parte es M en su mayoría, nada mas son T las ultimas lineas. TWINCEST muy intenso.


Parte 3: Pasión Desencadenada.

Len atrapó los labios de Rin con los suyos, demandando entrada a las profundidades de su boca, como hiciera minutos atrás en el sofá de la sala. Mientras ella le concedía el acceso, él comenzó a recorrer las suaves mejillas de su hermana con las manos, para luego bajar hacia el cuello, los hombros, los brazos descubiertos. Ella también utilizó sus manos para acariciar los amplios hombros de su hermano, antes de descender hacia su musculoso pecho, siguiendo con sus dedos cada línea de los pectorales, hasta palpar sus definidos abdominales. La camisa de él comenzaba a interferir, así que ella desabrochó los botones rápidamente, abriendo la prenda por completo, abriéndose camino para sentir el estómago de su hermano, sus costados, su espalda, y de nuevo su pecho.

A Len, ese toque ansioso le estaba haciendo sentir la urgencia del momento. Con las manos en sus hombros, empujó levemente a la muchacha para hacerla acostarse completamente sobre la cama, y ella obedeció, sorprendida. Él se distanció unos minutos, sin dejar de mirarla intensamente a los ojos, para terminar de quitarse la camisa, y arrojarla a una esquina de la habitación. Inmediatamente se aproximó de nuevo, de una forma que le recordaba a la de un felino depredador, y se arrojó sobre Rin, atrapándola debajo de su cuerpo. Apoyándose en sus codos y rodillas para no aplastarla, se inclinó sobre ella y la besó, fiera y fogosamente, hasta que sus pulmones volvieron a rogar por aire. Dejó escapar su boca, pero al instante comenzó a besar su cuello, entre lametazos y pequeños mordiscos, dejando marcas de amor que arrancaron suspiros y gemidos de la garganta de su hermana.

Ella, cerrando los ojos mientras se dejaba perder en las sensaciones que su gemelo le producía, dejó que sus manos recorrieran su espalda y trazaran las líneas de sus músculos, aplicando un poco más de fuerza que antes, cosa que parecía encantarle al muchacho. Sus manos llegaron al borde de los viejos jeans, y se deslizaron por los costados hasta encontrar el botón y la cremallera que los mantenían en su sitio, y comenzó a luchar contra ellos con el pulso tembloroso, llena de nerviosismo. Con Len, se sentía como si fuera su primera vez de nuevo. Él se dio cuenta, y pensó en ayudarla, pero antes quería jugar un poco más con ese delicado cuerpo que tenía en brazos. Tomándola por los hombros, se incorporó, haciendo que ella también quedara sentada sobre la cama. Sus manos se dirigieron con rapidez a la espalda, donde se encontraba la cremallera del vestido. Antes que Rin se diera cuenta, el muchacho se encontraba sacándole el vestido con una habilidad que sugería que había tenido práctica quitando vestidos de ese tipo.

Una vez hubo arrojado la prenda a la misma esquina donde yacía su camiseta, se detuvo unos segundos para admirar el cuerpo de su hermana. Llevaba un sujetador blanco que ocultaba la vista de los pechos de la chica, y braguitas del mismo color que cubrían su intimidad. La visión de Rin en ropa interior era tan excitante como el profundo sonrojo que tiñó su rostro cuando ella se dio cuenta de que su hermano la estaba mirando tan intensamente que parecía estar a punto de devorarla. No tuvo mucho tiempo para sonrojarse, ya que al instante Len volvió a hacerla acostarse sobre la cama, esta vez para trazar un camino de besos desde el pecho, saltándose la parte cubierta por el sujetador, para continuar en su estómago y terminar debajo del ombligo. Cada beso dejaba el rastro húmedo de la punta de su lengua, que se deleitaba con el sabor de la piel de la muchacha. Era exactamente como lo había soñado, y hasta mejor.

Repentinamente, el sujetador comenzó a parecerle odioso, así que sus manos se movieron rápidamente debajo del cuerpo de Rin para desenganchar el broche que lo mantenía en su lugar, y en segundos se reunió con las demás prendas descartadas. Ante él emergían los pechos de su hermana, pequeños pero firmes, y esos rosados pezones que le parecían adorables, como la cereza sobre la crema. Su lengua comenzó a pasearse sobre uno de sus pechos, junto con unos cuantos mordiscos delicados, mientras una de sus manos acariciaba y pellizcaba suavemente el otro, haciendo que Rin gimiera más fuerte y arqueara su espalda involuntariamente. La mano libre de Len se instaló en la parte baja de la espalda de ella, y se encargó de mantenerla arqueada contra él.

En medio de las placenteras sensaciones que le provocaba su hermano, Rin sentía su cabeza nublándose y sus pensamientos coherentes escurriéndose en los confines de su mente. Esto no le había sucedido con su profesor, ella siempre podía pensar claramente con él, pero con Len era una historia completamente diferente. Ya entendía por qué las chicas de la escuela quedaban como hipnotizadas: él era como una droga, un fuerte alucinógeno que le hacía perder la cabeza, que la dejaba como una muñeca indefensa en sus brazos. Ni si quiera se había dado cuenta de que había comenzado a gemir y hablar en voz alta, hasta que se oía comenzado a gemir y hablar en voz alta, hasta que se oyó a sí misma casi gritar, cuando él apretó levemente con los dientes la punta del pezón:

-¡Len! Ahhh… - en un tono que reflejaba el éxtasis en el que se encontraba.

Él también dejaba escapar algunos suspiros, muestras de lo mucho que estaba deleitándose con el cuerpo de su hermana. Ella era tan perfecta para él, como si hubiesen sido diseñados con el único propósito de estar juntos, amándose intensamente. Con cada segundo que pasaba, sentía la urgencia dentro de él crecer, exteriorizándose en la dureza que le molestaba en la entrepierna, casi rogándole que lo liberara y le permitiera clavarse en el interior de Rin. Tenía que negárselo, al menos por el momento, pues aún había muchas cosas que quería hacerle a su hermana antes de pasar a eso. Quería probar el sabor más íntimo, quería limpiar los rastros que pudiera haber dejado el estúpido profesor de música, y hacer que su gemela llegara a la cima al menos dos veces antes de permitirse ese placer.

Repentinamente, vio sus pensamientos interrumpidos por un repentino cambio de posición. Rin había aprovechado su distracción para hacerlo rodar sobre su espalda, quedando debajo de ella. Sorprendido, vio que ella exhibía una sonrisa triunfal.

-Es mi turno. – dijo, con la voz ronca, reflejando el deseo que la consumía en ese momento.

Rin no iba a dejarse dominar eternamente, especialmente después de haber pasado por tantas cosas para aprender trucos que le demostraran a Len que ella no era una niñita ingenua. Sonriendo con malicia ante la mirada sorprendida de él, se concentró en desabrochar los jeans, que eran tan holgados que se deslizaron con facilidad sobre las piernas del chico; y luego a retirar los bóxers, revelando su miembro erecto y endurecido. Era exactamente del mismo tamaño que habían descrito las chicas de la escuela. Después de echarle un vistazo a la graciosa expresión de sorpresa que se negaba a abandonar el rostro de su hermano, se dedicó a poner en práctica lo que había aprendido.

Era el turno de Len de perder la cabeza en el remolino de sensaciones. Nunca se habría imaginado que su hermana fuera tan diestra manejándolo. Lo hacía con suavidad y rudeza al mismo tiempo, introduciéndolo en su boca y acariciándolo con la lengua, desde la punta hasta el final, dejando que sus dientes le rozaran en ciertos puntos más sensibles. A los pocos segundos, Len dejaba escapar unos muy sensuales gemidos roncos, el sudor corriendo por su frente, y supo que si esto continuaba, iba a terminar explotando en la boca de su hermana. Ella iba a hacerlo llegar al clímax antes que él a ella. Su orgullo lo asaltó justo a tiempo para obligarlo a detenerla, tomando a la chica por los hombros y haciendo que cayera hacia atrás, mientras él se incorporaba y volvía a cernirse sobre ella.

Ahora Rin yacía boca arriba, confundida, al revés de la cama. Su cabeza colgaba del borde posterior, sus brazos extendidos y las piernas flexionadas, un poco abiertas. No entendía qué acababa de pasar, lo último que se había enterado era que su hermano estaba a punto de alcanzar el clímax, antes que ella misma, y entonces se sentiría orgullosa de sus habilidades. Era como domar un caballo salvaje. Pero repentinamente, había sentido que la empujaban hacia atrás. Sus confusiones se disiparon cuando sintió que su hermano volvía a inclinarse sobre ella, con las perlas de sudor decorando su frente, para susurrar en su oído:

-Buen intento, hermanita. – dijo, en una voz ronca llena de deseo que hizo que la chica se estremeciera debajo de él – Tienes talento.

El playboy Len Kagamine reconocía su habilidad, eso era un logro.

-Sin embargo, no me puedes ganar con eso. – continuó, agregando una profunda risa muy sensual – Ahora es mi turno otra vez, y te haré gritar tanto que cuando termine estarás suplicándome que te haga mía.

Esas palabras enviaron escalofríos de placer y nerviosismo a lo largo de todo el cuerpo de la chica. Sin darle tiempo a responder, las manos de Len bajaron por sus costados lentamente, dejando un ardiente rastro a su paso. Se detuvieron en su pelvis, donde sujetaron los bordes de las braguitas y comenzaron a halarlas hacia abajo, retirándolas de su cuerpo y enviándolas a volar al mismo sitio que el resto de la ropa. Le parecía poder oler el néctar de Rin. Empujando con las manos, le abrió las piernas y se acomodó dentro de ellas, tomándose su tiempo para acariciar y probar el sabor de sus pantorrillas y sus muslos, dejando un camino de húmedas marcas de amor en ambas extremidades. Rin casi podía sentirse a sí misma temblando de excitación, su cuerpo anticipando lo que su hermano estaba a punto de hacerle.

Entonces, Len decidió que era hora de mostrarle lo que era el verdadero placer. La sujetó firmemente por las caderas, apoyó cada muslo en sus hombros, y la levantó, atrayendo la húmeda entrada hasta su boca. Rin estaba sorprendida, otra vez él la alzaba como si no pesara más que una pluma, y se estremeció cuando se dio cuenta que a esa altura era capaz de ver directamente los ojos de su hermano, que la miraban con malicia.

Comenzó a hacer su magia, sumergiendo su lengua en el océano de néctar que emanaba de su hermana. Ella ahogó un grito y comenzó a jadear, estremeciéndose bajo la intensa mirada que le dirigía el muchacho. Era como si estuviera proclamando victoria silenciosamente. Su lengua comenzó a danzar en los pliegues de piel sensible, concentrándose en esos lugares específicos que provocaban más placer, y como resultado, nuevas oleadas de dulce líquido salieron del interior de la chica.

-Ahhh… - gemía ella, cuando sintió que la lengua y los dientes de Len acariciaban su clítoris, y una especie de urgencia comenzaba a acumularse en su interior. Había comenzado a sudar.

Él seguía mirándola fijamente a los ojos, deleitándose mientras las facciones de ella comenzaban a contraerse entre espasmos de placer por cada caricia que le hacía. Pronto el efecto de su magia se desató, y la espalda de Rin se arqueaba mucho más, hasta formar un ángulo casi perfecto.

-¡Len! – gritaba ella, sin poder evitarlo - ¡Ahhh! ¡Hermano!

Y por alguna razón, escucharla llamarlo "hermano" en un momento como ese no hacía más que aumentar su excitación. Un segundo después, ella llegó a la cima, liberando otra ola de líquido en la boca de Len. Él observó mientras ella se dejaba caer de nuevo en la cama, temblando después del orgasmo tan poderoso que había experimentado, y no resistió la tentación de seguir jugando con ella.

-¿Qué dices, hermanita? – preguntó él, victorioso - ¿Te gustó?

Ella, en medio de su arrobamiento, tardó un poco en pronunciar las palabras, con una temblorosa voz ronca.

-Más. – respondió ella, sin poder creer lo que estaba haciendo – Por favor.

-¿Disculpa? No pude oír bien. – dijo él, presionándola aún más.

-¡Por favor, Len! – exclamó ella, sabiendo que acababa de entregarle la victoria a su hermano - ¡Más!

Esa era la señal que él necesitaba para lanzarse de nuevo a devorar la deliciosa cavidad. Esta vez, sin haberse recuperado completamente del clímax anterior, las sensaciones eran aún más fuertes, y ella sentía que si él se detenía, moriría.

-¡No pares! – demandaba, sin saber que lo hacía - ¡Ahh, Len!

El segundo orgasmo llegó como si hubiera explotado un cartucho de dinamita dentro de ella. Yaciendo con los ojos cerrados, entre jadeos, apenas era consciente de que Len la taladraba con la mirada, satisfecho consigo mismo y ansioso por llegar al punto culminante. Dejó que la cadera de Rin reposara sobre la cama, mientras se recuperaba, y él se preparaba para entrar en ella. En menos de un minuto ella volvía a abrir los ojos y le dirigía una mirada que ardía de deseo. Era hora de hacer sus fantasías realidad, si no lo había hecho ya. Cerniéndose sobre ella, acarició su suave mejilla mientras la miraba fijamente a los ojos, buscando algún rastro de duda que nunca apareció.

-Llegó el momento, Rin. – dijo, y ella respondió con un asentimiento – Dime qué quieres que te haga.

Como si ya no se hubiera estremecido lo suficiente, esas palabras sacudieron algo en su interior que le hizo recuperar la energía que había consumido en los dos orgasmos anteriores.

-¡Tómame! – respondió, en un tono de voz tan intenso que revelaba el ardor que se ocultaba detrás – ¡Hazme tuya! ¡Necesito sentirte dentro de mí ahora mismo!

Len nunca podría haber imaginado que escuchar esas palabras salir de la boca de Rin haría que sus sentidos comenzaran a nublarse con deseo de esa manera tan intensa. En un segundo, el muchacho se encontraba de nuevo sobre ella, capturando sus labios por última vez antes de comenzar. Ella enroscó las piernas alrededor de la cintura de su hermano, abriéndolas con la urgencia que le quemaba por dentro. Sintió cuando la punta del miembro de Len rozaba la entrada de su cuerpo, mientras las manos varoniles se colocaban en su cintura y espalda, en un abrazo que le brindaba seguridad, justo antes de hundirse dentro de ella. La unión hizo que Len dejara escapar un suspiro ronco, mientras que Rin gimió fuertemente. Encajaban perfectamente el uno con el otro, como piezas de un rompecabezas, que finalmente se sentían completas. Para Rin ya no existía dolor, si acaso una pequeña molestia mientras se acostumbraba al tamaño del miembro de su hermano, pero tan pronto como la incomodidad inicial desapareció, fue reemplazada por una creciente ola de placer.

Él comenzó a moverse dentro de ella, primero con cuidado, para permitirle acostumbrarse, y luego comenzó a aumentar el ritmo, hasta que el movimiento se convirtió en una serie de embestidas colmadas de fiereza. Ella actuaba con la misma intensidad, respondiendo cada asalto con las caderas, sintiendo el tercer clímax comenzar a construirse dentro de ella. En ese momento, ambos estaban muy lejos de recordar lo que diría su familia, que lo que hacían era incesto y estaba prohibido, y que iba en contra de la naturaleza y la sociedad. Ellos estaban perdidos en las sensaciones que los inundaban, lo único que conocían era el cuerpo del otro, lo único que importaba era seguir moviéndose y aumentando la velocidad, seguir sintiendo ese placer inimaginable, y permanecer unidos bajo cualquier circunstancia, incluso si el cielo y todas sus estrellas se desplomaba sobre ellos.

-¡Len! ¡Ahhh! ¡Len! – gritaba la muchacha por tercera vez esa noche, sintiendo que estaba a punto de explotar.

-¡Rin! – respondió él, en un grito arrancado por la pasión, mientras él también sentía que llegaba al final.

En ese instante, ambos alcanzaron el punto más alto, mientras Len sentía la cavidad de su hermana comprimirse alrededor de él, y ella se sentía algo cálido derramarse en su interior. Los dos se quedaron inmóviles unos segundos, disfrutando de un pedazo del paraíso, hasta que el efecto de éxtasis se desvaneció, y ambos sintieron sus fuerzas desapareciendo. Len se dejó caer de lado, para no aplastar a Rin, mientras ella se quedó exánime en el mismo lugar, jadeando y luchando por mantenerse consciente. Oficialmente, esa había sido la noche más maravillosa que había tenido en sus diecisiete años de vida. Len había excedido sus fantasías, y le había dado una experiencia deliciosa en exceso. Ahora sí que entendía por qué las chicas de la escuela no podían parar de hablar de él, aunque aún así la hacía sentirse un poco celosa.

...

-Len… - dijo ella, entre jadeos, girando su cabeza a un lado para poder mirarlo a los ojos – Te amo.

Él sonrió tierna y ampliamente, como si lo que acababa de escuchar lo había convertido en el muchacho más feliz del mundo.

-Gracias, Rin. Yo también te amo, más que a nada en este mundo. – respondió Len, extendiendo los brazos para estrechar a su hermana contra su pecho.

-Prométeme que ahora serás solo mío. - pidió ella, mirándolo con la esperanza reflejada en los ojos - Aunque tengas que decepcionar a todas tus fans.

-No necesito fans, ahora que tengo a la única chica que siempre he deseado. - respondió el muchacho, seguro de su respuesta. No tenía porqué seguir probando otros sabores, habiendo encontrado ya su favorito.

-Lo único triste de esto es que mamá y papá regresan mañana y no podremos repetirlo en un buen tiempo. – dijo Rin, acurrucándose en los brazos del muchacho, sintiendo que sus ojos comenzaban a cerrarse solos.

-Encontraremos la manera, lo prometo. – le aseguró él, antes de recordar algo repentinamente – Oh… olvidé el condón…

-No te preocupes por eso. – dijo ella, con una risita – He estado usando la pastilla últimamente.

-¿En serio? – preguntó el chico, un poco sorprendido de que su hermana se hubiera tomado la precaución de usarlas.

-Digamos que en cierto modo, intuía que esto pasaría pronto. – respondió ella, sonrojándose un poco.

-¿Eh? – insistió el chico, aún un poco confundido.

-Te explico mañana. Buenas noches. – dijo, evadiendo el tema, antes de quedarse dormida.

-De acuerdo, princesita. Dulces sueños. – dijo él, cerrando los ojos y dejando su cabeza reposar junto a la de su hermana, en esa cama que volvían a compartir después de cuatro años.


Fin.

Ne, ¿les gusto? =3 espero que si! por favor, envienme reviews con sus opinion! la gente pervertida como yo que leyó el lemmon, que les parecio? es la primera vez que escribo algo tan explicito, todos sus comentarios y criticas constructivas seran apreciadas!

Matta-ne!