Takeru sabía que Hikari ya había hecho uso de su acuerdo, y se sorprendió con lo poco que le importó. Sonrió divertido cuando, después de días sin verse por sus obligaciones, vio a su novia aparecer con dos chupetones, casi imperceptibles, y se esmeró por recorrer el cuerpo de Hikari y hacerle sentir el mismo placer que la otra persona debió darle. Ambos sonrieron satisfechos, contentos de ver como su relación no había cambiado.

Su turno llegó algunas semanas después, Hikari había quedado con Miyako para una noche de chicas y él se había encerrado en casa con una nueva novela que acababa de comprar. En uno de los descansos en busca de algo de comer revisó sus redes sociales y se sorprendió al ver que Mimi no tenía un buen día. No era del todo raro que Mimi tuviera crisis existenciales que no tardaban mucho en pasárseles. Pensó que quizá con un poco de compañía se sentiría mejor, así que cogió sus cosas y salió.

No iba a engañarse a sí mismo, Mimi era una de las chicas más atractivas que conocía y no iba a negar que hubiera protagonizado alguno de sus sueños eróticos. No había salido de casa con ningún pensamiento impuro, pero quizá lo mejor sería prevenir. Dejó un mensaje a Hikari diciendo que "tenía asuntos que atender" y cogió algunos condones, rumbo a casa de Mimi. Le costó un buen rato llegar porque el piso de la chica estaba en la parte rica de la ciudad, sus padres tenían una empresa inmobiliaria y le habían cedido aquel piso, acorde a su estatus, cuando decidió estudiar cocina en la capital. Normalmente todas las reuniones de los elegidos se hacían allí, debido a las mayores dimensiones del lugar.

Llamó al timbre, esperando que la elegida de la pureza no hubiera decidido salir en el último momento. Suspiró aliviado cuando su voz contestó al telefonillo y le dejó pasar. Parecía sorprendida, debía haber avisado antes, pero ya era tarde. Llegó al tercer piso y el ascensor se abrió, viendo la puerta de Mimi abierta y a su dueña asomada.

- No te esperaba, Takeru-kun. – Dijo neutra.

- Lo sé. Siento no haber llamado ni avisado, ha sido un impulso – A diferencia de Hikari, Takeru disfrutaba más siendo sutil y dejándose llevar.

- ¿Pasa algo?

- No, todo va bien. Simplemente vi que no tenías un buen día y vine a animarte. Espero que no te moleste - dijo, poniendo su mejor sonrisa inocente. – He traído esto. – Sacó la botella de vino que guardaba tras su espalda.

- Ah, así que es eso. Pasa. – Dijo, mucho más contenta.

Lo guió hasta el salón y lo dejó allí mientras abría la botella de vino y sacaba algo de picar. Takeru no había pasado por alto que Mimi estaba en pijama, un pijama de verano muy corto. No pudo evitar excitarse.

- Gracias por venir, ha sido muy amable. ¿No le ha importado a Hikari?

- No, estaba en una noche de chicas con Miyako.

- Así que estabas solo en casa y has venido a alegrarme la noche, ¿No? Eres todo un caballero – dijo mientras le tendía una copa. – Hikari es una chica con suerte.

Después de aquello bebieron vino mientras Mimi le contaba sus problemas. Por lo visto sus clases de cocina no iban todo lo bien que esperaba, había tenido que dejar el curso de estilismo por falta de tiempo y la habían rechazado en un casting que había hecho para un show de televisión. Se encontraba en una encrucijada profesionalmente y no veía la salida. Takeru la escuchó cortés, siempre se le había dado bien escuchar y analizaba los problemas ajenos con una perspectiva propia. Le dijo a Mimi sin rodeos que estaba intentando abarcar demasiado y que si no se centraba en un solo aspecto profesional no avanzaría en ninguno. Aquello le dio la clave a Mimi para todos sus problemas, solo tenía que enfocarse en lo que de verdad le gustara. Se sintió tan agradecida con Takeru que fue a darle un beso en la mejilla, nada raro entre ellos al ser los más occidentalizados del grupo, pero en el momento en que fue a hacerlo Takeru giró levemente el rostro y acabó dándole un beso fugaz.

- Vaya, lo siento. Espero que Hikari no se enfade – dijo divertida. Sabía muy bien que Hikari no era en absoluto celosa.

- Tenemos una relación abierta. – Dijo. Quiso que sonara como una respuesta casual, pero le salió bastante apresurado.

- Vaya, ¿En serio? ¡Es estupendo! – Mimi era de mentalidad muy abierta.

- Lo hablamos hace varios meses pero no he estado aún con nadie.

- ¿Y ella sí?

- Sí, aunque no hablamos de eso.

- Así que tienes una relación abierta. ¿Venir con vino a mi casa una noche que soy vulnerable tiene algo que ver? – Takeru se sonrojó hasta la raíz del pelo.

- No… De verdad. Quiero decir… Eres muy atractiva, pero de verdad que quería animarte.

- ¿Y qué piensas ahora? – Preguntó Mimi mientras pasaba una pierna por encima suya y se sentaba sobre sus piernas. - ¿Cambiarias de idea?

- Quizá, pero vas a tener que ser un poco más concreta. – Takeru estaba disfrutando, Mimi era la sensualidad personificada.

- ¿Habéis usado alguna vez juguetes? – Dijo perversa.

- No es algo que solamos utilizar.

- Quizá Hikari me agradezca lo que voy a enseñarte.

Lo guió hasta la habitación, lo desvistió completamente y lo sentó en la cama. Takeru hizo el amago de besarla varias veces, pero Mimi se retiró y le dijo juguetona que aún no. Takeru se sintió perdido al principio, pero en cuanto entendió de qué iba el juego se dejó llevar. Mimi lo quería sumiso y ella jugaría el papel dominante, excitante. Con Hikari las cosas iban cambiando, a veces era él el dominante y otras veces ella, pero nunca había sido un juego de sumisión, sino de iniciativa. Takeru se dejó hacer cuando Mimi lo esposó al cabecero de la cama (ahora entendía Takeru por qué insistió tanto en que debía ser con barrotes cuando Sora y él la acompañaron a comprarlo). Las esposas eran suaves, para no hacer daño innecesario al que las llevara, esposó sus cuatro miembros y comenzó a desvestirse. Puso música y se fue quitando las prendas al son de un baile erótico que comenzaba a despertar su sexo. Mimi se contorsionaba y se acariciaba, soltando gemidos que no hacía más que encender a Takeru, a merced absoluta de los deseos de Mimi.

Cuando terminó de desvestirse avanzó a gatas por la cama hasta llegar al miembro de Takeru, que aún no alcanzaba la erección completa. Mimi se lo metió en la boca de una sola vez, haciendo que Takeru se revolviera de placer, tirando de las esposas, deseoso de poder soltarse y agarrar la cabeza de su acompañante. Mimi comenzó a hacerle una felación, primero reconociendo el miembro con la lengua, y luego subiendo y bajando. Cuando Mimi consiguió que el sexo de Takeru se endureciera lo suficiente paró, para decepción de Takeru, que comenzaba a protestar. Mimi lo mandó callar de una manera muy peculiar, se sentó sobre la cara de Takeru, consiguiendo que su clítoris quedara sobre los labios del chico. Le dijo al menor que ahora debía devolverle el favor y Takeru se lanzó sumiso a cumplir sus deseos. Comenzó a lamer la vulva de Mimi, que parecía disfrutar tanto como él hacía unos instantes. Le dio algunas indicaciones sobre cómo mejorar la técnica y hacer tocar el cielo a Hikari. Unos minutos después Mimi giró el cuerpo, haciendo la famosa postura del 69 y volvió a succionar con ganas el pene de Takeru, que respondía a aquellos con lametones más precisos. Así llego Mimi al primer orgasmo.

Paró cuando notó que Takeru estaba demasiado cerca del final. Se dedicó a lamerle y morderle por todo el cuerpo, poniendo especial atención en su cuello y lóbulos. Le mordisqueó los pezones y le ofreció el suyo propio, que Takeru se apresuró a morder y lamer, dejando a Mimi encantada con las habilidades del chico. Cuando percibió que la erección de Takeru bajaba un poco aprisionó el pene con sus pechos y embadurnó la zona con saliva, masturbándole con ellos mientras lamía la punta con cada embestida.

Takeru sufría y disfrutaba a partes iguales, verse incapaz de moverse y a merced de los deseos de otra persona lo hacían excitarse y molestarse a partes iguales. Más de una vez trató de romper los malditos aparatos y estrellar a Mimi contra la cama y hacerle todo lo que soñaba con hacerle, pero Mimi no parecía por la labor, se notaba que no era la primera vez que lo hacía y que le encantaba.

Mimi le puso el preservativo a Takeru, que se excitó aún más pensando que por fin iba a penetrarla pero aún no. Mimi le puso un anillo vibrador, que ejerció cierta presión en su miembro. Mimi le prometió que era normal y que lo disfrutaría. Después de eso esparció lubricante por el pene de Takeru y se puso sobre él. Introduciéndolo poco a poco. Takeru volvió a sentir la frustración de las cadenas, que no le permitían tocas a Mimi si esta no quería y lo hacían desearla más. Mimi comenzó con movimientos pausados, que no hacían más que prolongar la maravillosa agonía de su acompañante. Se notaba que Mimi iba al gimnasio, cuando usaba esa postura con Hikari cambiaban a otra porque era una postura muy exigente físicamente.

Pero Mimi no parecía tener problemas y siguió cabalgando a Takeru con ganas, cambiaba el ritmo de improvisto, lo que enloquecía y excitaba a Takeru a partes iguales. El anillo mantenía el flujo sanguíneo bajo, por lo que se sorprendió de no eyacular tan pronto cuando estaba tan excitado. Mimi continuó cabalgándole, parando de vez en cuando para dejarle lamer sus pechos o besarlo violentamente. A pesar del anillo, cuando Mimi volvió a aumentar el ritmo guiada por sus gemidos, llegó al final. El orgasmo fue intenso, aumentando la sensación con la sensación del anillo vibrando y presionando. Gritó como nunca, y empujando su pelvis contra la de Mimi en el momento del clímax.

Por fin Mimi le quitó las esposas y le dejó ir a asearse, pero a la vuelta le sorprendió dándole un vibrador. Lo tumbó en la cama junto a ella y le pidió que siguiera un poco más. Él siguió sus órdenes, a pesar de que ya no estuviera atado. Metió el aparato en la vagina de Mimi, que estaba muy lubricada. Encendió el aparato y disfrutó del placer que le estaba dando a Mimi, que no paraba de retorcerse. Además de la vibración Takeru comenzó a meter y sacar el aparato para simular una embestida, lo que hizo enloquecer a Mimi, que tuvo el segundo orgasmo de la noche.

Descansaron un rato y Takeru recogió sus cosas, despidiéndose cariñosamente de su amiga, que lo despedida medio adormilada en la cama. No tener citas con otras personas incluía no dormir con ellas por lo que Takeru se marchó satisfecho y exhausto a su casa. Nunca había tenido sexo de aquella manera, había sido sumiso de una mujer experimentada y pasional. Había sufrido y disfrutado a partes iguales, aprendiendo manera de satisfacer a una mujer que desconocía hasta el momento. Hikari lo notó la próxima vez que se acostaron y agradeció internamente a la mujer que había enseñado a su novio aquellas cosas que la habían llevado al cielo.