Y bueno... Aquí el segundo capitulo de mi fic. Nuevamente, gracias a todos los que leen y mucho más a quienes comentan, sus opiniones son mi pan de cada dia (?) ¿Ya vieron el CM de Ayano? Es hermoso! Ok no, ya me desvié.

Aclaraciones: Algo de OoC en Kido y un nuevo personaje, obviamente, inventado (Por favor, diganme que lo odian). Muchas gracias a Runo Cartwright por decirme mis errores, intenté corregirlos de la mejor manera que pude

Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Jin-sama y Shidu-san.

Niños Otra Vez

Había escuchado acerca de que cuando estas al borde de la muerte toda tu vida pasa ante tus ojos ¿Era eso la verdad? Ver al camión acercarse a toda velocidad hacia su persona despertó todas sus vivencias y memorias y las hizo desfilar frente a sus ojos como si las estuviera viviendo en ese mismo instante. Pero ¿En qué clase de cosas de la vida podría pensar un niño de siete años? Kano solo tenía una cosa en mente: Kido Tsubomi. Al fin y al cabo se podía decir que ella era su vida, todo lo que hacía era para su bien. Estaba mintiendo por ella, estaba siguiendo adelante por ella, peleaba por ella. Era esa joven la que él amaba, como a una madre, como a algo más…

El camión estaba lejos, pero simplemente no era capaz de reaccionar. Fue como si alguien borrara toda la información de movimiento de su cerebro y, además, hubiera pegado sus pies al piso, haciéndole imposible la tarea de hacerse a un lado. El niño miraba fijamente hacia el vehículo, sin darse cuenta de la chica que corría desesperadamente hacia él en un intento por salvarle la vida. La notó cuando recibió un fuerte empujón de su parte, mandándolo a volar hasta la acera, lejos del recorrido del camión. Cayó sentado y miró a la de cabello verde en medio de la calle, bajo la señal verde del semáforo. Ya era muy tarde, su vida se acabaría con la de ella.

Seto había corrido en sentido contrario al vehículo por la acera. En el momento en que pasó justo a su lado le gritó con todo lo que tenía a conductor que se detuviera. Este se asustó por la repentina orden y pisó el freno, pero cuando miró al frente ya estaba muy cerca del niño… o chica, pues el chiquillo había sido empujado hacia un lugar más seguro. Estaba seguro de que si no hubiese estado hablando por celular tal cosa no habría pasado, pero lo hecho, hecho estaba. Pisó más fuerte el pedal de freno, apretó el claxon y sintió la fuerte fricción de las llantas contra el concreto.

La joven cerró los ojos y pensó en sus compañeros; no quería morir, ellos la necesitaban, pero era incapaz de cualquier movimiento, estaba congelada. Entonces el olor a caucho quemado inundó el aire y sintió un golpe en la cadera, del lado derecho, perfil que había estado mostrando al camión. El empujón no fue fuerte, pero la hizo caer sentada y sentir un dolor en el lugar del impacto. Estaba pálida, fría, temblaba violentamente y las lágrimas salían sin detenerse. El conductor se bajó rápidamente, preocupado por su salud, y las personas que se habían reunido a los alrededores se quedaron en silencio, grabando el momento.

— O-oye chica ¿estás bien?— El hombre se acercó, pero antes de que pudiese llegar donde ella, la joven se abalanzó sobre el rubio.

— Kano… ¡Kano!...— Abrazó con fuerza al niño. Las personas quedaron sorprendidas por la valentía de la joven— ¿Estás bien? ¿Te lastimaste?

— M-mamá— Sollozó Shuuya poniendo la cara entre los pechos de Kido y negando a las preguntas que le hizo.

Por supuesto los comentarios no se hicieron esperar. Cosas como: "¿Ese es su hijo?" ó "Los jóvenes de hoy en día" ó "Botó su vida a la basura, pudo haber tenido un brillante futuro" fueron pronunciadas. Eso la molestaba ¿Qué le importaba a unos completos desconocidos su vida? Era su problema lo que quería hacer con ella. No los quiso mirar, a veces detestaba a los humanos por su naturaleza burlesca y metiche. Pero nada le podía importar menos que los comentarios en ese momento. Estaba feliz y aliviada por haber salvado a su amigo, no podía hacer que sus lágrimas de alegría se detuvieran. Solo fluían libres, al igual que las del niño. Se levantó con él tomándola de la mano y volteó hacia el preocupado conductor que tenía escrito en la cara la culpabilidad que sentía. Hizo una venia profunda y después se disculpó por haberle causado tantos problemas. El hombre preguntó nuevamente si estaba del todo bien y ella respondió afirmativamente mientras volvía con su grupo de niños, que la esperaban en la acera contraria llorando por los nervios.

Las personas estaban simplemente anonadadas por la joven, quien con su corta edad podía guiar y cuidar a seis pequeños e incluso ponerse en peligro por el bien de ellos. La vieron cruzar la calle y entrar al súper seguida de sus chiquillos, era una bonita imagen, como la de una hermana mayor muy responsable. Pero algo los molestaba a todos, ¿Sería alguno de ellos su hijo de verdad? Ciertamente a ninguno le importaba, pero era el simple deseo de satisfacer la curiosidad humana.

Kido por su parte todavía temblaba y comenzó a ponerse más nerviosa al no encontrar a Mary en su segunda revisión a la tienda. Habían estado nada más una hora fuera de casa y ya había tenido más sobresaltos y alertas de paro cardiaco que en un mes completo. Por supuesto sabía que cuidar niños no era fácil, menos grupos grandes, pero tampoco pensó que sería tan difícil y agotador. Debía encontrar a la niña medusa, así eso le costara la vida. Caminó por el pasillo mirando a ambos lados buscando a la integrante que faltaba, hasta que por un corto gritó pudo ubicarla en la segunda estantería, donde estaban los dulces. ¿Ahora qué pasó? Pensó preocupada debido al chillido de la albina. Llegó al punto de origen y la vio observando a un hombre joven que sostenía un dulce en su mano. El joven no se movía en lo más mínimo, así que supuso que se había asustado al ser ayudada por un extraño y sin querer lo convirtió en "piedra". Suspiró y se agachó a su altura. Cuando la pequeña la vio se puso a llorar.

Fue abrazada inmediatamente y la pequeña se aferró a su cuello, escondiendo su carita en el valle entre el hombro y el cuello. Acarició su cabecita con cuidado y le susurró palabras de disculpa por haberla dejado sola. La niña solo asentía con la cabella y se lamentaba haber detenido al señor por culpa de sus incontrolables poderes. Tsubomi le dijo que estaba bien, que no tenía que preocuparse, pues no era su culpa. Poco a poco Mary se fue calmando y aunque dejó de llorar no se quiso despegar de la líder. Al igual que hizo con Hibiya, Kido alzó a la niña e inconscientemente la ubicó al extremo derecho. Saltó del dolor cuando el cuerpo de la medusa toco su cadera y la cambió inmediatamente de lado. Kano no pudo evitar entristecerse al ver que le había causado daño, pero la joven le dedicó una pequeña sonrisa indicándole que todo estaba bien. El hombre reaccionó a los pocos segundos y miró a la pequeña a la que había intentado ayudar minutos antes. Estaba realmente confundido, se notaba en su mirada.

— Vamos Mary ¿No tienes algo que decirle al señor?— Kido movió un poco a la niña para que se disculpara.

— Lo siento mucho— Respondió la albina y al momento escondió su rostro rojo como un tomate en el cuello de su protectora.

— ¿Ah? No, está bien— El muchacho se rascó la nuca entre nervioso y avergonzado. Miró bien a la joven de cabello verde y se puso igual de rojo a la chiquilla— Siento haber asustado a tu… Hermanita.

— ¡Tsubomi es mi mamá!— Gritó la pequeña enfrentando cara a cara al hombre de cabello negro. La albina se veía confidente de lo que decía y en su rostro se veía un gesto de orgullo por lo que dijo.

Kido se puso pálida. Estaba cansada de que se dirigieran a ella como "mamá", eso solo creaba malentendidos que ella no necesitaba. Una anciana que sin querer había estado viendo la situación se sorprendió y estuvo a punto de desmayarse, de no haber sido por la intervención de su hija que estaba igual de anonadada por lo que había dicho la pequeña. El joven no estaba en un mejor estado, no encontraba qué decir o si debía decir algo, pues la situación era demasiado incómoda para todos.

La atmosfera se había vuelto densa y muy incómoda, al punto que todos los niños estaban callados, mirándose los unos a los otros preguntándose qué debían hacer. El par de mujeres habían escapado hacía unos segundos, creyendo que lo mejor era alejarse de la pareja. Ahora el mundo se había reducido a tres personas en una situación muy extraña y nada agradable. Y la cosa empeoró… El hombre abrazó a las dos féminas mientras intentaba no llorar por su "difícil" situación. Mary se asustó y apretó con demasiada fuerza el cuello de Kido, comenzando a asfixiarla. El hombre que la abrazaba lo hacía apretando las piernas de la albina al pecho de la Joven, causándole dolor. Sentía que iba a explotar de ira en cualquier momento si no la soltaban.

El muchacho la soltó de repente y a los segundos se comenzó a retorcer de dolor. ¿Qué diablos estaba pasando? Se preguntaba Kido alejando un poco a Mary. Bajó la vista y vio a Kano con una expresión de furia en su rostro mientras pateaba de nueva cuenta la pantorrilla del extraño. Este lo miró enojado y, agachado a su mismo nivel, lo tomo por el cuello de la camisa y lo haló hacía sí mientras decía ¿Quieres pelea mocoso? El rubio no se inmutó y tomó impulso para darle un cabezazo. Nadie lo detuvo y al segundo se escuchó un sonido seco acompañado de quejidos por ambas partes. Seto fue a apoyar a su amigo y el perro blanco que los estaba acompañando comenzó a olfatear al hombre y a mirarlo con los ojos entrecerrados mientras gruñía con suavidad. Kido sacó del bolsillo el celular, que había estado sonando por un buen rato, prendió la pantalla ante la curiosa mirada de Mary. Ene apareció con la apariencia de una niña de seis años y sonrió inocentemente.

— ¿Puedo ser también tu hija?— Preguntó al tiempo que la joven la mirada con desagrado y dirigía su mano al botón de apagado— ¡No, no! Lo siento mucho Danchou-san. ¡Por favor no me abandone!

— Este no es un buen momento— Habló sin fuerzas y la chica virtual pudo ver el cansancio en su rostro. Sonrió al ver que cargaba a una desconcertada Mary.

— ¡Buen trabajo líder!— Volvió a su forma original y al poco tiempo notó la presencia del hombre X. Inmediatamente se escondió en su guarida cibernética.

— ¿Puedo ayudarte en algo?— Preguntó el joven de ojos azules mirándola a los ojos y hablándole de manera informal— Se ve que estás en apuros y me gustaría colaborarte.

— Estamos bien. Muchas gracias.

— Por favor, no rechaces mi propuesta. Puedo llevarte a casa o comprarle un dulce a la niña, incluso te puedo prestar algo de dinero.

El hombre tomó su mano desocupada y se acercó peligrosamente a su cara, causándole una terrible sensación de incomodidad. No sabía cómo negar las proposiciones del hombre, pues en su situación eran muy tentadoras. Pero ella no era así, no podía fingir ser la mamá de una niña solo para conseguir algo de dinero. Le dijo que no podía aceptarlo, pero él seguía insistiendo fervientemente, acercándosele cada vez más y poniéndole los pelos de punta tanto a ella como a Kano, quien volvió a patearlo para salvar a las dos jóvenes. El hombre estaba muy enojado por los actos de niño y lo miró con unos ojos que decían "Te voy a matar". La chica suspiró y comenzó a caminar seguida de los chiquillos para así poder terminar sus compras.

El rubio y el hombre, al verse abandonados por la joven, hicieron una tregua momentánea y la siguieron un par de pasos detrás del grupo. Se fulminaban con las miradas y pensaban en el siguiente movimiento para hacer caer al contrincante. Kido no les prestó atención, solo siguió su camino pensando en la mejor forma de declinar las ofertas de su nuevo acompañante. Por suerte, encontró la canasta dónde la había dejado cuando salió en busca de todos, no faltaba nada de lo que había puesto en ella. Solo quedaba entrar y tomar algunas cosas de los congelados para terminar con el mercado, que debía durar todo el mes. No pudo recoger el canasto, pues Hibiya agarraba su mano izquierda y no la soltaba. Respiró para tranquilizarse y la solución vino cuando el muchacho tomó el mercado y se ofreció amablemente a cargarlo.

— Soy Amagi Yosuke— Se presentó cuando llegaron a la caja para pagar. Tal vez diciéndole su nombre podría hacer que la situación fuese menos… Desagradable.

— Puede llamarme Kido— Respondió ella recibiendo el cambio y tomando las bolsas más pesadas en su mano izquierda. Los niños tomaron de a un paquete cada uno, colaborándole así a la chica.

— ¿Puedo llevarlos hasta casa?— La miró insistente, con un brillo de felicidad en sus ojos y un sonrojo de vergüenza en sus mejillas.

— E-está bien— Contestó para la mala suerte de Kano, quien, a tan solo veinte minutos de conocer al hombre, ya lo odiaba.

Los guió hacia su auto, un modesto vehículo de color negro. Abrió el maletero para poner todas las bolsas y después abrió las puertas traseras para que pudieran entrar los niños. Sin embargo ¿Cómo harían siete niños para encajar en un puesto de tres personas? La cosa era fácil, al menos para Kido, quien en segundos dio las órdenes para que pudieran entrar. Seto cargaba a Mary, Konoha a Hibiya, Shintaro a Momo y Kano se sentaba apretujado entre la puerta y la última pareja. Kido esbozó una sonrisa arrogante dedicándosela al rubio, indicándole que su pésima ubicación era un castigo a sus indecentes acciones. Ella fue de copiloto y durante todo el camino no dijo una sola palabra, solo ladeó la cabeza hacia la derecha y cerró los ojos, sintiendo un terrible ardor en estos. Cada vez que el joven podía volteaba a mirarla y quedaba embobado con su belleza, simplemente no podía evitarlo.

Ahora que lo pensaba… ¿Dónde diablos vivía la joven? Solo le dio las primeras indicaciones, después se puso a teclear como loca en el celular táctil y no parecía que lo dejaría en algún momento. Los niños estaban en sus propios mundos, además no creía que alguno de ellos se supiera la dirección. La bifurcación del camino se presentó ante sus ojos y esperando bajo la luz roja del semáforo discutía internamente qué debía hacer. El niño que aparentaba ser el mayor le explicó con calma el camino que debía tomar. Sorprendido avanzó cuando la señal estuvo en verde y llegó rápidamente a su destino, un edificio abandonado en cuya puerta estaba escrito un "107". Lo miró un poco dudoso, incrédulo de que una mujer joven pudiese vivir en tal lugar (en especial si tenía un hijo).

Ella alzó la cabeza y se dio cuenta de que el muchacho la miraba como si fuera una criatura de otro planeta. No le prestó atención y siguió peleando vía internet con su receptor. Kido salió del auto y fue directamente por la dormida Mary. ¿Qué diablos le estaba sucediendo? Hoy había llorado como no hacía desde hace mucho tiempo, le molestaba ser tan débil y tonta ¿Sería que la situación de tener que cuidar siete niños la habría puesto sentimental?

Miró a la niña en sus brazos y sonrió tranquilamente, maravillada por la belleza de la pequeña medusa. Si bien Mary era muy bonita, de pequeña lo era aun más. Su cabello largo y semi-ondulado cayendo en forma de cascada hasta la cintura adornaba su rostro tranquilo, de mejillas grandes que parecían hechas para comerse. Su cuerpo era menudito hasta el punto en que pensaba que desaparecería entre las ropas que llevaba puestas. Para resumirlo todo, era una muñeca de porcelana, frágil y hermosa. Inconscientemente le acarició la mejilla derecha y después puso su dedo sobre su naricita, haciéndola sacudir la cabeza. Se rió por lo bajo y fue a ayudar con los paquetes, bajo la inquisidora mirada de Yosuke.

— Vaya, tienes un bonito apartamento— dijo el muchacho al entrar a la casa— ¿Vives sola?

— No realmente— contestó dejando a la niña acostada en el sofá— Dejen todos los paquetes en la cocina.

— Voy a dormir— exclamó Seto dirigiéndose a su cuarto. Los demás secundaron su idea y fueron la tomar una siesta. Todos estaban cansados, habían sido muchos sobresaltos por el día de hoy.

Los niños desaparecieron después de unos segundos. Los únicos en la sala eran Kido, Amagi y la totalmente dormida Mary. El ambiente se volvió nuevamente denso y pesado. Ninguno de los dos encontraba un tema para hablar, como si toda noción acerca de una conversación fuera borrada de sus cerebros. Kido fue a la cocina intentando escapar de la desagradable situación. Por alguna razón no soportaba estar con ese hombre, no es que lo odiara, era solo que su presencia le incomodaba. Comenzó a organizar las comprar en sus respectivos instantes, revisando con ayuda del recibo que todo estuviera allí. Suspiró.

¿Por qué le pasaban estas cosas a ella? Tal vez estaba pagando por algo que había cometido en su anterior vida. No tenía ni la más mínima idea de la causa por la que todos habían sido convertidos en niños. Debía encontrarla, así no quisiera pensar en ello, pues cabía la posibilidad de que fuese algo permanente. No estaba psicológicamente preparada para ello, pues en tal caso tendría que volverse una madre de verdad. Sintió una punzada en el pecho. Nunca había pensado en tener una familia, porque ya la tenía ¿Cierto? Seto, Mary y Kano; y los demás también, aunque viviesen separados. Pero viéndolos en ese estado le hacía pensar en que se habían ido (En cierta manera lo hicieron) así que era como si ya no fuesen más una familia.

Le dio un puño al mesón y miró hacia este. ¿Por qué pensaba esas cosas? Nunca había dejado que esa clase de pensamientos cruzaran por su mente, porque era una debilucha y si pensaba en ello se pondría a llorar sin duda. Siguió guardando la comida, mientras las lágrimas luchaban por salir de sus ojos; no las dejó, siguió con su fuerte personalidad. Detestaba llorar, aunque hubo un tiempo, durante su infancia, en el que eso no le parecía tan malo. Durante esa época, siempre que lloraba alguien iba a consolarla, ya fuera Ayano, Ayaka, Seto o Kano, este último con más frecuencia. La imagen del rubio hizo que su pecho doliera con fuerza. Él siempre había estado a su lado, siempre la encontraba, siempre limpiaba sus lágrimas. ¿Y ella cómo se lo pagaba? Golpeándolo, insultándolo y peleando con él por cualquier cosa. Ahora que ya "no estaba" se sentía vacía y se daba cuenta de lo importante que era el chico en su vida. Tal vez, si estuviera en ese instante estaría abrazándola a escondidas de todos, poniendo esa sonrisa verdadera que muy pocas veces mostraba.

— ¿Estás bien?— preguntó el hombre desde la puerta de la cocina— ¿Quieres que te ayude?

— T-todo está bien— Tomó una bocanada de aire y la soltó lentamente— Gracias por todo, has sido de mucha ayuda.

— Ah no es nada. Siento haberme entrometido. Es solo que sentí… que lo correcto era ayudarte— Se rascaba la nuca nervioso y sentía que el calor se acumulaba en sus mejillas— ¿Cuántos años tienes?

— Diecisiete— Abrió el fregadero y se lavó la cara para alejar todos los tontos pensamiento que la embargaban— Tú debes tener... ¿Veinte?— él asintió.

Se sentaron en la sala, frente a frente, en sofás separados. Kido se sentó, por supuesto, al lado de Mary y hablaba mientras acariciaba la cabeza de la niña. Conversaron de muchas cosas, entre ellas el tema de la ropa de los niños. Era un problema que tenía todavía rondando en la cabeza y que no sabía cómo resolverlo. Salir nuevamente de compras no era una opción, ni ella ni los niños tenían los ánimos para hacerlo. Entonces él le dio la solución. "Tengo primos y sobrinos pequeños y hay ropa que ya no usan, si quieres podría pasártela" ¿Cómo iba ella a negarse a tal proposición? No tenía dinero ni ganas de salir a la calle nuevamente. "Sería de gran ayuda" Expresó manteniéndose calmada. Al muchacho le brillaron los ojos y después, con más seriedad, mezclada con algo de nostalgia y decepción comenzó a contarle una historia.

— Yo… tengo una hermana mayor llamada Tohka. En este momento debería tener veintidós años. Siempre fue muy madura y creció a un ritmo diferente al de los niños de su misma generación, por eso siempre estaba sola— La miró por unos instantes y después bajó la mirada— Todos la molestaban en la escuela, pero siempre que llegaba a casa sonreía y jugaba conmigo como si nada pasara. Con el tiempo, ella eventualmente consiguió amigos y un novio, que yo realmente detestaba.

— Cuando cumplió los diecisiete, nos dio una noticia que rompió nuestra relación familiar. Ella estaba embarazada. En ese instante ni mis padres ni yo lo pudimos soportar y nos alejamos de ella por un tiempo. Era difícil verla cada mes con un vientre mas grande, con una carga aun mayor y a ella cargándola sola, pues el muy infeliz de su novio terminó con ella cuando se enteró de lo del niño. Durante los nueve meses fui el único que la apoyó, tuvimos que mudarnos a un pequeño apartamento y ambos teníamos que trabajar para mantenernos. Al principio no fue tan difícil, pero cuando el niño llegó todo se complicó. Mi hermana sufrió de una gran depresión, no salía de casa, solo miraba por la ventana y a veces hasta se olvidaba de su hijo. Nuestros padres nunca fueron a ver a su nieto, por más que yo les rogué. Fue la peor época de mi vida.

— Un año después, cuando llegué a casa, los vecinos de en frente estaban tocando desesperadamente la puerta. Cuando los vi me dijeron que el niño no había dejado de llorar en toda la mañana y que no importaba cuanto llamaran, mi hermana no atendía. Estaban tanto enojados como preocupados, pues todos en el edificio conocían la inestabilidad emocional de Tohka. Cuando abrí el departamento no vi nada inusual, solo a mi sobrino en el sofá durmiendo. Sin embargo, algo estaba mal. Mi hermana no estaba en ningún lado. La puerta de su cuarto estaba cerrada con llave y cuando por fin pude abrirlo, me di cuenta de que no estaba dormida como lo pensaba. Había cometido suicidio colgándose de una cuerda pegada al techo. Tenía una carta en la mano donde decía que ya no podía aguantar más, quería descansar eternamente y desearme buena suerte. Por supuesto fue muy duro para mí. Al principio no lo soportaba, tuve que ir al psicólogo y no pude volver a ese apartamento.

— Me mudé nuevamente con mis padres, que al igual que yo estaban destruidos. Ellos y yo criamos al niño y al final él se convirtió en mi hijo. Mi otro hermano mayor estuvo un buen tiempo sin creérselo, pues Tohka no parecía una mujer que se suicidaría. Con el tiempo lo superamos y ahora Koutaro es un niño saludable de cuatro años que no sabe nada acerca de su verdadera madre.

La sala se llenó con un aire extraño, una mezcla de compasión y confusión. No entendía por qué le contaba esa historia tan personal, no era algo que se podía ir contando a cualquier extraño como si de un cuento popular se tratase. Por supuesto que el hombre lo sabía, se veía lo suficientemente sensato como para entender eso. Debía haber una razón por la que le estuviera diciendo todo eso. La albina se despertó y miró a la joven. Se sentó en sus piernas y se recargó en su pecho, escuchando los latidos de su corazón, calmándose con ellos y volviendo a dormirse en los brazos de Tsubomi. Se podía decir que la chica de cabellos verde lo estaba disfrutando. Estaba enamorándose de esa pequeña niña que la llamaba mamá. Pero ¿Quién no lo haría? Mary era una perita en dulce, la niña más preciosa que había conocido en el mundo. Nuevamente el muchacho la miraba fijamente.

— ¿Por qué me cuentas todo eso?— Preguntó sin mostrar ninguna expresión.

— Te pareces mucho a Tohka— Y sin embargo no soy ella, pensó la chica— Además te lo digo como un consejo. Estoy seguro de que ninguno de esos niños es tuyo, pero no quiero que pienses que porque puedes manejarlos vas a poder manejar a un hijo verdadero. Puede que no sepa nada sobre ti, pero no quiero que te pase lo mismo que a mi hermana.

— Gracias— Dijo todavía extrañada. Nunca había sido tomada en cuenta por personas extrañas, pero ahora venía este muchacho, un total desconocido, y le daba advertencias y consejos.

Del bolsillo del buzo, la chica sacó el celular, que estaba vibrando desde hacía un rato. Encendió el dispositivo y allí apareció Ene, quien tenía una expresión de reproche a la que no le encontró razón de ser e, ignorándola, lo guardó nuevamente. Volvió a mirar a su acompañante. Este le preguntó su número telefónico. Al principio dudo en dárselo, pero después de pensar en todo lo que había hecho por ella, concluyó que estaba bien enseñárselo. Le dictó una serie de números y después él se puso de pie con una sonrisa. Miró el reloj que llevaba en la muñeca izquierda y vio la hora.

— Ya es hora de que me vaya— Se acercó a ella y acarició la carita de Mary con mucha delicadeza— Es una niña muy linda, debes de cuidarla muy, no vaya a ser que alguien se la quiera llevar.

El muchacho salió y cuando cerró la puerta Kido soltó todo el aire que había estado reteniendo. Sacó el electrónico y lo encendió, Ene la miraba expectante y ella le preguntó qué pasaba. La chica cibernética negó con un extraño suspiro y se recostó sobre uno de los iconos en la pantalla. La de coletas parecía estar pensando en algo, pero cuando la líder le preguntó si algo sucedía negó con la cabeza y le dio un cumplido por su arduo trabajo. Además, expresó su preocupación por su salud y le dijo que debía ir a dormir. A joven asintió y se dirigió a su cuarto con la medusa. Se acostó y a los dos minutos ya estaba dormida. Se encontraba muy cansada.

Estaba soñando. ¿Pero qué clase de sueño era? Podía ver la sala del apartamento y a Kano y Yosuke sentados en los sofás frente a frente fulminándose con la mirada. Discutían de algo, pero no lograba escuchar lo que decían. Ahora la miraban fijamente. El rubio se veía triste y el otro hombre tenía una expresión de felicidad en su rostro. El de cabellos negros se le acercó y la abrazó. Un letrero, como si de un juego se tratara, apareció en el fondo; luego apareció otro debajo. El primero decía algo del Amagi, el segundo algo de Shuuya. Pero ¿Qué era? ¿Qué decía? El sonido de algo rompiéndose hizo eco y luego el llanto de alguien inundó el lugar. ¿Era Kano el qué lloraba? ¿Qué estaba ocurriendo? Todo se tiñó de negro y entonces pudo leer bien los recuadros. Se sorprendió y se puso nerviosa. ¿Por qué decían esas cosas? ¿Por qué?


Bien, eso fue todo por hoy *Aplausos* Ok no. Gracias por leerlo y comenten, eso le da animos a todos los escritores para seguir escribiendo. Si tienen alguna correción o simplemente quieren dar su opinión o incluso una sugerencia, serán muy bien recibidos. ¿Qué les pareció el nuevo personaje?

Bueno, besos y abrazos para todos.