¡Hola de nuevo, chicos!
Capítulo largo donde los haya, no os quejaréis.
Pero antes de que os pongáis a leer, necesito pediros algo. Me gustaría que leyerais un oneshot que escribí y publiqué. Me costó muchísimo esfuerzo, pues Jacob es un personaje difícil de llevar, difícil de meterse en su cabeza, difícil de saber cómo actuaría él en según qué situación. La historia se llama "Cambios" y podéis encontrarla en mi perfil. Me haría mucha ilusión que me dejarais algún review contándome qué os parece y si debería seguir haciendo oneshots sobre diferentes cosas. Tengo algunos pensados sobre Nessie y Jake que quizás os podrían gustar, pero como los oneshots apenas reciben reviews, no suelo publicarlos.
Contestaré los reviews anónimos al final del capítulo, así que los que me hayáis dejado algún anónimo estad atentos.
¡Ahora a leer!
¡Espero que os guste!
CAPÍTULO 3:
- ¡EDWARD! – gritó Bella, al mismo tiempo que Jacob perdía el conocimiento, haciendo caso omiso a los desesperados gritos de su hija. Su marido se volvió aturdido hacia ella, su rostro roto de dolor, sintiéndose completamente impotente ante el hecho de que Jacob, Jacob Black, el sarcástico, alocado, despreocupado y joven Jacob Black al que tanto había aprendido a apreciar, se apagaba como una vela delante de él sin que pudiera hacer absolutamente nada para evitarlo. - ¡JAMES!
El vampiro abrió los ojos en un gesto de sorpresa, y sólo tardó una milésima de segundo en comprender a qué se refería su esposa. Sin pensarlo dos veces, Edward se abrió paso bruscamente entre los lobos y se agachó junto al brazo derecho del muchacho. Sin perder un segundo, apoyó los labios en la herida y comenzó a succionar a gran velocidad.
Nessie abrió los ojos de par en par, y una suave luz de esperanza se instauró en ellos, más allá de las lágrimas. Conocía la historia de James, aquél vampiro rastreador que eligió como presa a su madre cuando aún era humana. Bella le había contado muchas veces la forma en que la salvó Edward, succionando el veneno del vampiro de su herida como si la hubiera mordido una serpiente de cascabel.
- ¿Por qué no se me habrá ocurrido antes? – susurró Carlisle, y su voz denotó rabia, cosa que Nessie no había oído nunca en la voz de su abuelo.
- Por favor, que no sea demasiado tarde, por favor… - susurraba Bella una y otra vez, como un mantra interminable. Lo único que se oía en el bosque. Los lobos habían dejado de gemir, y miraban expectantes, no comprendiendo muy bien lo que se estaba cociendo, pero sintiendo el halo de esperanza que estaba recorriendo a sus aliados. Nessie no se atrevía ni a respirar. Todos estaban pendientes del corazón de Jacob, del sonido de sus latidos, de su respiración…
Durante dos largos minutos, nada cambió. Nessie comenzó a hiperventilar, y Bella se arrastró hacia ella para ayudarla a tranquilizarse. Carlisle, inclinó la cabeza en un gesto de dolor y preocupación, mientras calculaba mentalmente la sangre que le quedaría a Jacob en el cuerpo. Edward cerró los puños, sin dejar de succionar. Seth gimoteó un poco, siendo silenciado al momento por una orden de su hermana. La palidez de Jacob se acrecentó hasta el punto de no haber diferencia entre la piel de los brazos de Nessie y la piel de su rostro. Hasta estar pálido como un muerto.
- Es demasiado tarde… - susurró Nessie tras otro largo minuto de espera, su respiración irregular haciéndose más rápida todavía. Sin embargo, Carlisle la paró con un gesto de su mano y un gesto pensativo en la cara, inclinándose él también junto a Jacob para reconocerle. Todos dejaron de respirar, aguardando, animando mentalmente al muchacho, dándole fuerzas, deseando con todas sus fuerzas que lo superara…
Y entonces, dos segundos después, la respiración de Jacob comenzó a hacerse más profunda, menos entrecortada, menos trabajosa, más seguida. Nessie sollozó de puro alivio, y sus sollozos se hicieron más intensos cuando el corazón del muchacho volvió a tomar un ritmo casi regular. Un minuto más tarde, el color regresó ligeramente a las mejillas de Jacob, y sus labios tomaron una tonalidad más rosácea, aunque seguían demasiado pálidos. Carlisle asintió con la cabeza, con un gesto completamente concentrado, como si hubiera obtenido la confirmación de algo. Su lenguaje corporal irradiaba esta vez esperanza.
- Eso es, Jake… - susurró Bella, acariciando la mejilla del muchacho sin dejar de abrazar fuertemente a su hija con un brazo. – Eso es.
- Vamos, Jake… - susurró Nessie con un hilo de voz, su respiración esta vez más irregular que la del muchacho, mientras acariciaba el sedoso cabello negro del joven quileute.
Pasaron todavía varios segundos más hasta que Edward se separó de Jacob, con un gesto de profundo alivio en su rostro y limpiándose una gota de sangre rebelde que quería resbalar por la comisura de sus labios entreabiertos. Nadie fue capaz de respirar, esperando el veredicto.
- No voy a decir que está limpio porque sabe horrible... – comenzó el vampiro, torciendo la boca en un gesto asqueado. – Pero ya no queda rastro del veneno en sus venas. – añadió, y el alivio en su voz encendió el corazón de todos los presentes. Los lobos estallaron en aullidos de gozo, y en el rostro de los Cullen, incluso en el de Rosalie, se instauraron sonrisas aliviadas. Bella volvió a estallar en sollozos sin lágrimas, soltando a su hija y abrazándose fuertemente al cuerpo de su mejor amigo, y Renesmee, por su parte, creyó que se iba a desmayar de puro alivio. Su padre se dio cuenta, y la tomó suavemente del brazo, cuestionándola con la mirada.
- Estoy bien. – murmuró, casi sin aire en los pulmones, su voz rota por un violento temblor. – Estoy bien.
Y era cierto. Jacob se iba a recuperar. No la iba a dejar, no se iba a marchar para siempre. Se había quedado con ella.
Todo iba bien.
Dos días después, Jacob, instalado en la casa principal de los Cullen, seguía sin despertar. Nessie volvía a estar preocupada, aunque su abuelo Carlisle insistía en que era normal. Que Jacob había estado muy cerca de morir, y que Edward había tenido que succionar mucha sangre, tanta que una persona normal hubiera muerto desangrada. Que el cuerpo de Jacob se recuperaba pronto, pero que esta vez había mucho daño que reparar. Que ya estaba casi curado, y que no tardaría en despertar. Renesmee no podía dejar de preocuparse, por mucho que su abuelo intentara tranquilizarla, y no había criatura sobre la Tierra capaz de sacarla de la antigua habitación de Edward, que era donde habían instalado a Jacob.
Las dos manadas, la de Jacob y la de Sam, se habían adueñado de los alrededores. Excepto Paul, quien se permitía el aparecer y desaparecer por las noches debido al embarazo de Rachel, los lobos no se habían movido de ahí en esos dos días, esperando a que su hermano despertara. Sam había dado las gracias a Edward y a Bella en nombre de su manada por haber salvado a Jacob, y Leah, sorprendiendo a todos, hizo lo mismo con una expresión mucho más simpática de lo normal.
También Billy, Rachel, Sue y Charlie se encontraban todo el día en la casa, yéndose sólo por las noches. Le habían dado un buen susto a Billy cuando habían vuelto a la casa principal con el cuerpo de su hijo inconsciente sobre el lomo de Sam. Por no hablar de Rachel, a quien Paul tuvo que sujetar cuando sufrió un desvanecimiento provocado por el pánico. Fue Edward, quien tenía varias licenciaturas en Medicina, el que se ocupó de la joven quileute embarazada. Carlisle estaba demasiado ocupado asegurándose de que Jacob se recuperaba del todo.
Tras haber escuchado la historia y haberse asegurado de que Jacob se iba a poner bien, Billy procedió a agradecerle a Edward desde el fondo de su corazón que hubiera salvado la vida de su hijo. Edward insistió gentilmente en que la idea había sido de Bella, así que Billy procedió a agradecérselo a la joven vampira, quien le contestó, en medio de un emotivo abrazo, que ella estaba tan aliviada como él. Todas las reservas que al viejo quileute pudieran quedarle con respecto a los Cullen desaparecieron en ese mismo instante. Rachel, cuando se recuperó, también abrazó a Bella muy emocionada para acto seguido abrazar con fuerza a Nessie, las voces de ambas muchachas, las dos muchachas tocadas por el maravilloso don de la imprimación, ahogadas por el llanto.
La noche del segundo día de inconsciencia de Jacob, la mayoría de los Cullen se marcharon de caza, sin querer postergarlo más. Se quedaron Carlisle y Esme, el primero por no querer dejar a Jacob sin asistencia médica, y la segunda para ejercer de anfitriona con los lobos y los humanos acampados tanto en la casa como en los terrenos. Nessie también se quedó, por supuesto. Podía sustentarse con comida humana, aunque no le hiciera mucha gracia.
Billy había decidido quedarse esa noche a dormir, sabiendo que Jacob despertaría pronto. En esos últimos dos días, el color normal de la piel del muchacho se había recuperado, así como su ardiente temperatura corporal. La quietud que había caracterizado su inconsciencia en un principio también se había ido llenando de pequeños movimientos, y el muchacho incluso había comenzado a roncar suavemente.
No tardaría en despertar.
Hacia las doce de la noche, Nessie se quedó dormida acurrucada contra el costado de Jacob. Billy, que se encontraba en su silla de ruedas a los pies de la cama, sonrió ante la tierna escena. En un principio, cuando Jacob le contó que se había imprimado de la hija de Edward y Bella, una niñita mitad vampira, mitad humana, Billy no pudo más que preocuparse. No era natural, no era normal que un lobo se imprimara con una persona que era en parte su enemigo más mortal. Sin embargo, su percepción de la situación cambió en cuanto conoció a la pequeña. Porque un ser tan inocente y tan adorable como esa pequeña, un ser que causaba tal halo de felicidad en el rostro de su hijo, no podía ser malo para él. La niñita no había tardado en ganarse su corazón tanto como se había ganado el de todos los demás. Y ahora, Billy se alegraba mucho por su hijo, quien, según había leído Edward en la mente de Renesmee, ya era completamente correspondido. El viejo quileute daba gracias por haber vivido lo suficiente para ver a su hijo completamente feliz, como sabía que lo iba a ver en cuanto despertara. Jacob no había tenido una juventud feliz desde que se transformó. Al menos hasta que Nessie nació. Pero su felicidad sería completa a partir de ahora, gracias de nuevo a la muchacha que dormía acurrucada contra su cuerpo. Billy estaba seguro de ello.
Y no se equivocaba lo más mínimo.
Hacia las doce y media de la noche, los párpados de Jacob se movieron. Billy contuvo la respiración, preguntándose si sería una falsa alarma. Pero no, los ojos de Jacob se abrieron lentamente, desconcertados, acostumbrándose paulatinamente a la suave intensidad de la luz a su alrededor, para fijarse después en la muchacha que dormía pacíficamente a su lado. La sonrisa que iluminó su rostro cuando la vio llenó el corazón de Billy de felicidad y de la más absoluta paz.
Sólo cuando el viejo quileute comenzó a mover su silla hacia la cama, Jacob retiró la mirada de los rizos cobrizos que tanto amaba.
- Papá… - susurró sorprendido, intentando no despertar a Renesmee. Su voz sonó excesivamente ronca ante la falta de uso.
- Jake, hijo. – susurró Billy a su vez, sin poder evitar las lágrimas que acudieron a sus ojos mientras extendía los brazos para tomar una de las grandes manos de Jacob entre las suyas. – Contigo no gano para sustos.
Jacob pareció recordar de pronto lo que había ocurrido dos días atrás. Su expresión de desconcierto e incredulidad sacó una sonrisa de los labios de Billy.
- Estoy vivo. – susurró entonces Jacob, volviendo de nuevo su desconcertada mirada hacia Renesmee. - ¿Cómo…?
- Edward y Bella te salvaron la vida. – susurró Billy en tono agradecido.
- ¿Pero cómo ha podido ser? – volvió a preguntar Jacob con incredulidad. – Me mordió… me estaba… me estaba muriendo, papá…
- A Bella se le ocurrió que quizás se podría aspirar el veneno, como parece que hizo Edward con ella en algún momento de su vida humana. – explicó Billy, y Jacob, recordando bien ese suceso, levantó una mirada sorprendida desde los rizos cobrizos desparramados a su lado hacia el rostro de su padre. – Edward se puso manos a la obra y, gracias a Dios, funcionó. – continuó Billy. - Aunque has estado dos días inconsciente.
- ¿Edward aspiró el veneno? – susurró Jacob, con expresión incrédula. - ¿Edward?
Billy asintió.
- Le debes la vida. – susurró el viejo quileute. – Igual que yo le debo la vida de mi hijo.
- Le debo mucho más que mi vida. – susurró Jacob tras un breve silencio, volviéndose a mirar de nuevo a Renesmee con infinita adoración. Billy sonrió con ternura.
- ¿Necesitas algo, Jake? – preguntó entonces. – Estoy seguro de que el doctor Cullen nos está escuchando, y estará deseando entrar a verte. Mientras lo hace, puedo ir a buscar cualquier cosa que necesites.
- Tengo un poco de hambre. – admitió Jacob. – Y sed. Pero tengo más sueño que otra cosa.
Billy sonrió de nuevo.
- En ese caso, mejor que el doctor Cullen acabe cuanto antes. – dijo. – Debes descansar y recuperarte del todo.
No necesitó decir nada más. En cuanto esas palabras salieron de su garganta, Carlisle ya estaba en la habitación. Billy se hizo a un lado, en silencio.
- Bienvenido de nuevo, Jacob. – sonrió el vampiro. El joven quileute le devolvió la sonrisa de buena gana. - ¿Cómo te encuentras?
Jacob se lo pensó un momento.
- Como si me hubiera pasado un camión por encima. – contestó, esbozando una mueca de dolor. - pero bastante bien. – continuó. – Mejor que la última vez que estuve despierto, eso seguro.
Carlisle rió ligeramente, y procedió a hacerle un reconocimiento rápido. No le llevó demasiado tiempo.
- Bueno, todo está en orden. – dijo cuando terminó. – Unos cuantos días de descanso y estarás como nuevo. No dejo de asombrarme ante la rapidez con la que os recuperáis. Aunque quizás sería bueno que comieras algo antes de volver a dormirte, tu cuerpo necesita su sustento, debes de estar sin reservas. Y te voy a dejar un par de calmantes para el dolor para después de que comas.
Antes de que terminara de hablar, Esme ya estaba adentro con una bandeja de comida entre las manos. Padre e hijo no pudieron más que asombrarse ante lo coordinados que estaban ambos vampiros. Jacob se incorporó levemente con ayuda de Carlisle, intentando no mover el vendaje de su hombro y no despertar a Nessie en el intento, emitiendo un leve quejido de dolor cuando sus músculos protestaron por el esfuerzo. Esme dejó la bandeja en una mesa auxiliar al lado de la cama, e hizo ademán de coger a su nieta en brazos para llevarla a su habitación. Jacob la detuvo con un gesto.
- No… - susurró. – ¿Podrías dejarla aquí, por favor? No me molesta para nada.
- Como prefieras. – sonrió Esme, enderezándose de nuevo y lanzando una maternal sonrisa hacia el muchacho. – Me alegro mucho de que estés de vuelta, Jacob.
- Gracias. – dijo Jacob, devolviéndole la sonrisa. – No hubiera podido hacerlo sin vosotros.
Esme hizo entonces algo que nunca había hecho con ningún lobo, ni siquiera con el bueno de Seth. Se acercó al muchacho y lo envolvió en un abrazo maternal y cariñoso. Un abrazo en el que, de nuevo, el joven lobo recordó a su desaparecida madre. Jacob se sorprendió ante lo cálido y reconfortante que resultaba ese abrazo a pesar de provenir de un vampiro. Vacilante, el muchacho la abrazó a su vez, sorprendiéndose de nuevo por lo fácil que se le hacía. La única vampira a la que había abrazado era Bella, y eso era porque… bueno, porque era Bella. Al muchacho jamás se le había ocurrido que pudiera ser igual de fácil abrazar a los demás. Quizás era sólo Esme, con su instinto maternal. O quizás Jacob se estaba reblandeciendo por pasar tanto tiempo con ellos.
"Seguro que no me resultaría fácil abrazar a la rubia" se consoló Jacob, aturdido. "Nah, nada fácil".
- Me alegro de veras de que estés bien. – susurró Esme en su oído, interrumpiendo sus confusos pensamientos. – Hemos estado muy preocupados. A Bella y a Nessie sólo les faltaba subirse por las paredes.
- Siento mucho haberos preocupado a todos.
- Tampoco ha sido culpa tuya. – rió Esme suavemente, apartándose de él, sin percatarse del gesto arrepentido que esa frase había arrancado en el rostro de Jacob. Un gesto que el muchacho escondió de inmediato. - Come algo, y luego descansa. Si necesitas algo más, sólo tienes que llamar. Estaremos pendientes.
- Gracias. – volvió a decir Jacob. - ¿Dónde está Bella, por cierto? ¿Y mis hermanos?
- Bella se fue de caza con los demás. – contestó Carlisle. – Llevaban demasiado tiempo sin hacerlo, la sed estaba comenzando a ser insoportable. Le he dejado un mensaje en el móvil en cuanto te he oído hablar con tu padre, supongo que estará aquí por la mañana. También he avisado a tus hermanos, están todos dando vueltas por ahí. Querían subir, pero les he dicho que era mejor que esperaran a mañana. Espero que no te importe.
Jacob negó con la cabeza, esbozando una sonrisa de agradecimiento. La verdad es que ahora mismo estaba demasiado exhausto como para querer tener una jauría de hombres lobo hiperactivos a su alrededor.
- Creo que te debo una disculpa, Jacob. – murmuró entonces Carlisle. Jacob lo miró perplejo, sin poder imaginarse nada que Carlisle hubiera hecho mal como para deberle a él una disculpa. – Lo que se le ocurrió a Bella… debería haber pensado en eso. Soy médico, no es la primera vez que he sugerido algo así. Debería habérseme ocurrido antes…
- ¡Qué va! – le cortó Jacob, quitándole hierro al asunto con un gesto de despreocupación. – Nah, no pienses más en eso, doc. Lo importante es que estoy bien, ¿no? ¿Qué importa a quién se le ocurriera, o si se le ocurrió antes o después?
Carlisle negó con la cabeza, esbozando un gesto disgustado.
- Podría haberte ahorrado sufrimiento si se me hubiera ocurrido antes. – murmuró. – Se me ocurrió cuando Bella era humana, así que no logro entender por qué no se me ocurrió contigo. Es horrible por mi parte, y más cuando ya llevo bastante tiempo considerándote uno más de la familia.
Jacob sacudió la cabeza, y sonrió. Que Carlisle lo considerara parte de su familia le había tocado la fibra sensible. El doctor Cullen siempre conseguía tocarle todas las fibras sensibles. Y su maternal esposa también.
- No te preocupes. – insistió Jacob, encogiéndose de hombros. – Estoy bien, y ya está. Lo que pasó ya no tiene remedio, así que, ¿por qué darle más vueltas?
Carlisle rió ante la actitud despreocupada del muchacho, pero su gesto seguía siendo profundamente arrepentido.
- Está bien, como quieras. – accedió, sin embargo. – Debería dejarte descansar. Llama si necesitas algo, por favor.
Jacob asintió, y Esme acercó la mesita auxiliar a la cama hasta dejarla al alcance del muchacho. Acto seguido se acercó a Billy.
- ¿Quiere que le lleve a su habitación? – preguntó respetuosamente.
Billy asintió, sonriendo agradecido.
- Estoy demasiado viejo como para trasnochar. – admitió.
Desde la cama, Jacob bufó.
- Tú nunca serás del todo viejo, papá. – afirmó.
- A todos nos llega el momento. – sonrió Billy. – O debería decir a casi todos. – rió, sabiéndose rodeado de gente que no envejecía. - Buenas noches, hijo.
- Buenas noches. – farfulló Jacob, ya con la boca llena.
Esme cogió entonces la silla y la empujó con cuidado. Carlisle los siguió, cerrando la puerta tras de sí.
Con la mirada fija en Nessie, Jacob terminó toda la comida (tenía más hambre de la que pensaba), más los dos calmantes que Carlisle le había dejado junto a un vaso de agua. Acto seguido se tumbó con cuidado, intentando relajar sus músculos doloridos. Su mente se puso a divagar, y el sentimiento de culpabilidad y de arrepentimiento que había aparecido con la frase de Esme se clavó en su corazón. Todo lo que había pasado había sido culpa suya. No debería haber abandonado la manada y sus obligaciones como Alfa, pues la vampira había seguido su rastro sabiendo que estaba solo. No debería haber tenido a Nessie tanto tiempo a la intemperie sabiendo que había una hembra chupasangre cerca. Había puesto en peligro su propia vida, pero también la vida de la persona más importante para él. Era él el que tenía que disculparse con todo el mundo, empezando por Nessie y siguiendo por las manadas.
Sin abandonar esos pensamientos, Jacob suspiró. Se acercó a Renesmee con cuidado para no despertarla, y apoyó su nariz en los cabellos de la muchacha, aspirando su maravilloso aroma. Ante la cercanía de Nessie, Jacob sintió como su mente se relajaba, y su culpabilidad y arrepentimiento se acallaban. Ella era todo lo que necesitaba. El muchacho no tardó mucho en volver a dormirse, con un brazo protector alrededor de la joven que dormía profundamente a su lado.
Fue Jacob el primero en despertar por la mañana. Al parecer, su cuerpo ya había dormido lo suficiente, aunque sus músculos, como pudo comprobar al tratar de cambiar ligeramente su postura, seguían muy doloridos. El muchacho levantó el brazo para frotarse los ojos, y tuvo que volverlo a bajar con un gemido de dolor. Oh, sí, muy, muy, muy doloridos.
Nessie seguía durmiendo profundamente a su lado, así que Jacob se dedicó a pasear su vista por todos los rasgos de la muchacha. Sus rizos cobrizos, su piel nívea con tan sólo un poco de color rosado en las mejillas, las pocas pecas que adornaban su pequeña nariz, y esos labios rojos que, al fin, había saboreado. Jacob se deleitó un momento en ese recuerdo, sonriendo ampliamente. Y sólo faltaban los ojos, esos ojos marrones tan increíbles que escondían tanta dulzura, tanta pasión y tanta fuerza. Para verlos, tendría que esperar a que la muchacha despertara.
No tuvo que esperar demasiado, quizás media hora que el muchacho invirtió en aumentar su sentimiento de arrepentimiento por todo el dolor que había causado, hasta que la muchacha comenzó a estirarse suavemente. Jacob esperó, expectante, mientras los párpados de la muchacha se movían débilmente. Y al fin, esos orbes color chocolate derretido se abrieron lentamente, fijándose inmediatamente en los ojos negros y penetrantes que no apartaban la vista de ella.
- ¡Jake! – exclamó Nessie, totalmente aliviada. En su prisa por incorporarse, se golpeó contra la cabecera de la cama, abollando prominentemente la madera. - ¡Au! – se quejó, sacudiendo la cabeza y lanzando una lluvia de astillas a su alrededor.
Jacob no pudo evitar estallar en carcajadas, lo cual no era una buena idea para sus músculos agarrotados. Pero la escena había sido tan graciosa que, pese a las punzadas de dolor, Jacob no conseguía parar de reír. Nessie frunció el ceño, pero sus labios se curvaron en un gesto divertido. Ver reír a Jacob de nuevo era el mayor regalo que la vida le podía haber hecho. Sin embargo, cuando vio que las carcajadas no se frenaban, la muchacha esbozó una sonrisa traviesa. Antes de que Jacob pudiera reaccionar, se inclinó y fijó sus labios contra los gruesos labios del muchacho, que, como había predicho, paró de reír inmediatamente para responder con dulzura al inesperado beso.
Renesmee no se dio cuenta de que estaba llorando hasta que Jacob se separó de ella para secar las lágrimas de sus mejillas con las yemas de sus dedos.
- Eh, vamos, no llores… - murmuró el muchacho, su voz ronca arrancando mariposas en el estómago de la muchacha. – No hay por qué llorar.
Pero Nessie se apretó contra el pecho del joven quileute, sollozando como nunca lo había hecho. Con el corazón en un puño, Jacob comenzó a pasar la mano por la esbelta espalda de la muchacha, intentando calmarla. No le gustaba ver a Nessie llorar, y menos si sabía, como ahora, que era culpa suya.
- He pasado tanto miedo… - susurró la muchacha cuando los sollozos remitieron. – No vuelvas a hacerme esto nunca.
Jacob esbozó una mueca horrorizada.
- No tengo ninguna intención de hacerlo. – dijo, con vehemencia, recordando el agudo dolor que había sentido desde que los dientes de la chupasangre habían traspasado su piel hasta que se había quedado inconsciente minutos después. – Te lo aseguro.
La muchacha respiró hondo, relajándose, dejando que la calidez de Jacob derritiera todo el miedo, el horror, el dolor y la preocupación que había sentido en los últimos días.
- ¿Nessie? – llamó Jacob, con voz seria.
La muchacha levantó la vista hacia él con ojos interrogantes.
- Siento muchísimo todo lo que te he hecho estos días. – dijo entonces el muchacho, desviando la mirada. – La preocupación de no saber nada de mí, el no haber estado atento en el bosque para descubrir a la chupasangre antes, el no haber evitado que me mordiera, el dolor que te causé cuando me estaba… ya sabes… y la preocupación de estos dos días que he estado inconsciente. Me siento horrible por haberte provocado todo ese dolor. A ti, que eres lo más importante que tengo. No puedo creerme que te haya hecho todo esto. Perdóname.
- Jake… - susurró entonces Nessie, juntando su mejilla con la morena mejilla del muchacho. – Sólo con que estés aquí es suficiente. No sabes lo feliz que me siento de poder hablar contigo de nuevo, de poder olerte, sentir tu calor, escuchar tu voz. Con eso es suficiente.
- Me gustaría poder compensarte de alguna manera… - insistió Jacob, sin poder mirar a los ojos a la muchacha. – Lo único que deseo en el mundo es hacerte feliz, y ni eso he conseguido estos días. No te merezco.
- Jacob Black, deja de hablar así. – ordenó Nessie con voz severa. – Y bésame.
- ¿Qué? – se sorprendió Jacob ante el súbito cambio de rumbo de la conversación, levantando la vista hacia ella.
- ¿Quieres hacerme feliz? – preguntó la muchacha, lanzándole una mirada intensa destinada a deshacer todas las reservas de Jacob. – Pues bésame. Ahora mismo. Ya estoy harta de tener que hacerlo yo.
Durante un segundo, Jacob la miró con la boca abierta. Después, sonrió de forma algo pícara, arrancando de antemano un escalofrío en el cuerpo de la muchacha. Lentamente, se incorporó, inclinándose después con cuidado sobre el cuerpo de la chica, ignorando las fuertes punzadas de dolor que sus terminaciones nerviosas enviaban a su cerebro. Apoyó el codo en la almohada para mantenerse en esa posición, y con su mano libre acarició tiernamente la mejilla de Renesmee, mirándola con tanta adoración que la muchacha no pudo más que sonrojarse. De nuevo lentamente, el muchacho se fue acercando más a ella, hasta que juntó su frente con la de la muchacha, sin dejar de mirarla a los ojos. Seguidamente, y con igual lentitud, acercó sus labios a los de ella.
Cuando al fin sus bocas se encontraron, el beso dulce que Jacob había comenzado los envió a un estado de éxtasis tal que pronto se tornó salvaje, apasionado, ardiente. Haciendo caso omiso de sus punzantes músculos, Jacob se dedicó a adorar a la muchacha con sus labios, sus manos, sus piernas. Con todo lo que tenía. Y ella no se quedó atrás. Nessie estaba en el último cielo. No había un músculo de su cuerpo, un trocito de piel, que no quisiera más de lo que Jacob le estaba dando. Quería sentirlo más, mejor, más cerca. Jamás podría cansarse del sentimiento que el muchacho le provocaba.
Tan inmiscuidos en sus caricias estaban ambos muchachos, que, pese a sus agudos sentidos, no se dieron cuenta de que la puerta de la habitación se había abierto hasta que la persona que acababa de entrar se aclaró la garganta. Sobresaltado, Jacob pegó tal salto que acabó dando con sus huesos y sus doloridos músculos en el duro suelo de la habitación. Una agudísima punzada de dolor convulsionó todo su cuerpo, haciéndolo aullar de dolor.
- Mierda… - se quejó el muchacho con voz estrangulada, apretando los dientes y cerrando los ojos fuertemente para aguantar el dolor mientras sentía como su consciencia lo abandonaba ligeramente en aras de soportarlo.
Unos brazos fríos lo recogieron con cuidado y lo volvieron a subir a la cama, sin apenas esfuerzo a pesar del tamaño y el peso de Jacob. El muchacho, en su estado semiinconsciente provocado por el dolor, reconoció el aroma como el de Bella.
- ¿Jake? – oyó la voz de Nessie como si viniera de muy lejos, cargada de preocupación, y sintió su cálida mano posándose en su frente, calmando ligeramente su dolor. - ¿Estás bien?
- Un segundo. – balbuceó Jacob, tratando de controlar su tono de voz.
El dolor fue remitiendo, y al fin, el muchacho fue capaz de volver a abrir los ojos y relajar la mandíbula. Se encontró con un par de preocupados ojos marrones, y con otro par de ojos dorados igual de preocupados.
- Lo siento mucho, Jake, no sabía que ibas a reaccionar así. – se disculpó Bella. – Pero comprenderás que la imagen que me disteis al entrar no es la más adecuada para una madre...
- No te preocupes. – dijo Jacob débilmente. – Estabas en tu derecho.
- ¿Te sigue doliendo? – preguntó Renesmee, apartando el pelo del muchacho de sus ojos negros. - ¿Quieres que llame a mi abuelo?
- Nah, no hace falta. – contestó Jacob, esbozando una pequeña sonrisa. – Ya se me está pasando.
- ¿Seguro? – se aseguró Bella.
- Que sí. – contestó Jacob, rodando los ojos. – Mis músculos están algo agarrotados, nada de qué preocuparse.
- Bueno…. – claudicó Bella, no muy convencida.
Durante un minuto, Bella y Jacob se miraron en silencio. La joven vampira parecía indecisa sobre algo, y Jacob, conociéndola como la conocía, supo lo que era. Abrió los brazos con cuidado.
- Ven aquí, tonta. – refunfuñó.
En menos de un segundo, el frío cuerpo de Bella se acurrucó contra el pecho del muchacho, quien acabó de nuevo con una chica sollozando entre sus brazos. Jacob palmeó la espalda de la joven vampira con gesto torpe, sin saber muy bien lo que hacer ante el despliegue de emoción de Bella. Al menos esta vez no había lágrimas…
- Estoy bien. – susurró, preguntándose si todo el mundo iba a reaccionar así. – No hace falta que lloréis más. No me gusta veros llorar, ¿vale? Y menos por mi culpa.
- Es que… - sollozó Bella, sin soltar su agarre. – Es que estoy tan aliviada… Yo no quería irme de caza y dejarte así, pero la sed comenzaba a ser insoportable, y al final me convencieron para que los acompañara, no querían que perdiera el control… Oh, Jake, ¡cuánto me alegro de que estés bien!
- Ya, ya… - intentó calmarla Jacob, lanzando una mirada suplicante hacia Renesmee, quien miraba la tierna escena con una sonrisa dulce.
La muchacha se apiadó de Jacob, y se acercó a su madre, tomándola por los hombros.
- Vamos, mamá. – dijo, con voz dulce, separándola de Jacob y sentándola en uno de los lados de la cama. Ella, por otra parte, volvió a acurrucarse, apoyando su costado en el de Jacob. – Todo está bien ahora, ¿ves? Deja de atormentar a Jacob, ya se siente lo suficientemente culpable.
- Lo siento. – se disculpó Bella, intentando calmarse. Levantó la vista hacia Jacob, que la miraba muy serio. – Es sólo que… eres muy importante para mí, Jake. No quiero perderte.
Jacob sonrió, sintiendo una profunda oleada de afecto hacia su mejor amiga.
- No te desembarazarás de mí tan fácilmente, Bells. – le aseguró. – Siempre tendré cerca a alguno de vosotros, o a mi manada, para salvarme el pellejo.
Nessie contuvo un escalofrío ante el pensamiento de que algo así pudiera suceder de nuevo, y Bella hubiera tenido otro si su cuerpo tuviera reacciones humanas.
- Por si acaso, ten más cuidado la próxima vez. – murmuró Bella, tomando una de las grandes manos del muchacho entre las suyas.
- Te aseguro que tuve todo el cuidado que pude. – aseguró Jacob, con el ceño fruncido y torciendo el gesto. – Pero esa chupasangre… había algo raro en ella. No era normal.
- Tenía un don muy poderoso. – dijo una voz desde la puerta.
Jacob, Nessie y Bella se volvieron hacia Edward, quien estaba apoyado en la puerta con una pose despreocupada y sosteniendo una bandeja de comida.
- ¿Un don? – repitió Jacob.
Edward se acercó hacia la cama y dejó la bandeja con el desayuno de Jacob en la mesa auxiliar, sobre la bandeja que el muchacho había vaciado la noche anterior.
- Un don. – asintió Edward, colocándose junto a su esposa. – Pude escuchar sus pensamientos durante un tiempo muy breve, pero me fue suficiente para descubrir lo que hacía. Era capaz de encontrar los puntos débiles de cada criatura que se pusiera en su camino. – explicó. – Puntos débiles en ataque que aprovechaba para conseguir escabullirse, puntos débiles en defensa que aprovechaba para lanzar sus ataques de una forma eficaz, puntos débiles en los sentidos de sus perseguidores que podía usar para escapar… y puntos débiles mortales de sus enemigos, como el de morder a los de tu especie.
- Eso lo explica todo. – refunfuñó Jacob, dejándose caer suavemente contra las almohadas.
- ¿A qué te refieres? – preguntó Bella, frunciendo levemente el ceño.
- No me atacó como soléis atacar los vampiros. – explicó Jacob, frotándose los ojos en un gesto dolorido. – No intentó tumbarme, ni tanteó mis defensas, ni tan siquiera intentó evaluarme. Simplemente se agachó y se lanzó hacia mí con el vientre rozando el suelo, buscando clavarme los colmillos. Ese ataque tan extraño me pilló completamente por sorpresa, me dejó indefenso. Leah la atrapó cuando la tenía enganchada de la pata, y cuando Nessie llegó, entre las dos consiguieron acabar con ella. Para cuando Leah me la quitó de encima, apenas me podía mover, y me quedé tirado en el suelo. – dijo, encogiéndose al recordar la sensación de impotencia y el intensísimo dolor que había sentido cuando el veneno comenzó a expandirse.
Renesmee le acarició el brazo con suavidad para sacarle de encima ese recuerdo, y Jacob le sonrió con agradecimiento. Bella observó el intercambio con una sonrisa dulce, mientras que Edward hizo como que no lo había visto.
- Además, por lo que tengo entendido, esa hembra consiguió escapar de la manada entera, y su instinto la guió hacia el único lobo que estaba solo. – comentó Edward suavemente. – Menos mal que Aro no la encontró antes que vosotros. Hubiera sido un gran arma en manos de los Volturi.
- Por cierto, Edward. – dijo Jacob, enderezándose a pesar del fuego que se extendió por sus doloridos músculos. – Tengo que darte las gracias. – dijo, con voz seria. – Si no fuera por ti, ahora estaría criando malvas.
- Agradéceselo a Bella. – contestó Edward, inclinando la cabeza. – Fue a ella a la que se le ocurrió.
- Sí, pero tú fuiste el que lo llevó a cabo, y sé que nuestra sangre es asquerosa para vosotros. – dijo Jacob. – Lo que no quiere decir que no te lo agradezca a tí también, Bells. – añadió rápidamente, volviéndose hacia la joven vampira con una pequeña sonrisa. – Ya lo sabes.
- Lo sé. – contestó Bella, inclinando la cabeza y devolviéndole la sonrisa.
- Pero en fin… - siguió Jacob, mirando de nuevo a Edward. – Que te debo una.
- Lo único que me debes es escuchar la charla paternal y sobreprotectora que te voy a dar en cuanto te encuentres del todo bien. – dijo Edward, mirando a Nessie significativamente con una ceja enarcada.
Jacob bufó, y Nessie rodó los ojos. Bella sólo sonrió, a sabiendas de que Edward estaba contento con la forma en que se habían desarrollado los acontecimientos. Al parecer, Jacob había pasado la prueba de los pensamientos impuros, al menos por ahora. Porque, conociendo a Jacob, en cuanto Nessie hiciera o dijera algo en un sentido más sexual, éstos se dispararían. Nessie llevaría la iniciativa en ese sentido, pero él estaría ahí para darle lo que ella quisiera en cada momento. Y, si ella era la que lo pedía, Edward no podría reprocharle nada a Jacob. Oh, las cosas se iban a poner muy interesantes cuando eso pasara. Bella tuvo que contener la risa al recordar la cara que ponía Edward en la época en la que ella era aún humana, cuando los pensamientos de Jacob se pasaban un poco de tono. Ahora, siendo su hija, la cosa iba a ser aún peor. Como había dicho Bella antes, no eran imágenes adecuadas para los padres. La joven vampira dio gracias por no ser ella la que las fuera a ver. Era Edward el que las iba a sufrir. Aunque no las sufriría todas… Bella podía proteger las mentes de Jacob y de Nessie cuando sus pensamientos se salieran de lo normal. Pero claro, primero se divertiría un poco con la cara de Edward al escucharlos y la de Jacob cuando Edward se los recriminara…
El susodicho vampiro miró súbitamente hacia la ventana, con gesto divertido.
- Tu manada y la de Sam parecen estar impacientándose. – comentó. – Nos están oyendo hablar, y quieren subir a verte. ¿Te encuentras bien como para que vayan subiendo poco a poco?
Jacob asintió. Sabía que sus hermanos también habían sufrido mucho por su causa dos noches atrás. Sobretodo Quil, Leah, Seth y Embry, que eran los que, a través del enlace mental, vivieron la misma agonía que él. Y todos los lobos de la manada de Sam, que también seguían siendo sus hermanos. Los quería a rabiar, y sabía que ellos también lo querían a él de la misma forma. Debían de haber sufrido mucho.
- Sí. – dijo, con voz suave y un deje de añoranza. – Tengo ganas de verlos a todos.
Edward sonrió suavemente, leyendo los pensamientos de Jacob. No dejaba de asombrarle la forma en que los lobos se sentían los unos a los otros. Más que familia. Más que hermanos. Eran unos lazos increíblemente fuertes. Y él sabía todo lo que habían sufrido los lobos dos noches atrás, cuando creían que Jacob no sobreviviría. Había leído la agonía de perder a uno de sus hermanos en sus mentes. Aunque no había sido nada comparado con lo que había leído en la mente de su hija.
- De acuerdo. – asintió Edward con un suspiro. – Te dejaremos un poco de privacidad.
Bella se levantó de la silla y fue hacia Edward, no sin antes dar un apretón afectuoso a la mano de Jacob.
- No te canses mucho, ¿eh? – le dijo suavemente. – Tienes que descansar.
- Estoy bien. – le aseguró Jacob. – No te preocupes.
Dicho eso, Edward y Bella salieron de la habitación, la joven vampira lanzando una mirada significativa hacia su hija. Nessie captó el significado de esa mirada, así que besó a Jacob en la mejilla y se levantó de la cama, para sorpresa del muchacho.
- No tienes por qué irte. – le dijo.
- Lo sé. – contestó Nessie, sonriendo ante el tono de protesta que el muchacho había conferido a su comentario. – Pero me gustaría darme una ducha, y cazar algo y esas cosas, y mejor que lo haga ahora que sé que tú vas a estar bien con tus hermanos.
- Vale. – aceptó Jacob, aunque sus ojos denotaron lo poco que quería separarse de la muchacha, por poco tiempo que fuera.
Renesmee se dio cuenta, así que se inclinó y tomó los labios de Jacob en un dulce beso, frotando su nariz contra la del muchacho al separarse de él. El tierno gesto arrancó una sonrisa en los labios de Jacob.
- Volveré enseguida. – le aseguró. El muchacho asintió, sin poder retirar su maravillada mirada del bello rostro de la muchacha. Nessie se sonrojó un poco, pero sonrió mientras agarraba el picaporte.
- ¿Nessie? – la llamó Jacob de pronto, haciendo que la muchacha se volviera de nuevo hacia él. – Debí haberte dicho esto en cuanto te ví hace dos noches, pero… bueno, conseguiste distraerme. – la muchacha sonrió con un gesto pícaro, recordando la "distracción" a la que se refería el muchacho. – Feliz cumpleaños, cariño. – murmuró Jacob entonces. – Debería darte tu regalo. – dijo, haciendo una mueca. – Pero obviamente no lo llevo encima.
Nessie volvió a acercarse a la cama para atraer los cálidos labios del muchacho en un dulce y cálido beso.
- Tú eres mi mayor regalo. – susurró la muchacha con voz suave y mirándolo fijamente a los ojos. – Gracias, Jake. Por todo.
Acto seguido, la muchacha se enderezó y le guiñó un ojo, arrancando una carcajada de la garganta de Jacob. Después se dio la vuelta y volvió a dirigirse hacia la puerta. Y, mientras salía y se alejaba de la habitación en la que estaba acomodado el muchacho, iba pensando en el futuro, y en toda la dicha y toda la felicidad que éste le traería.
Con Jacob.
- ¡Jake!
- ¡Jake!
- ¡Jacob!
- ¡Jake!
Cuatro exclamaciones de alegría y alivio le llegaron desde la puerta de la habitación, haciendo que Jacob volviera la vista hacia el origen de la conmoción.
- ¡Hey! – sonrió, incorporándose un poco y paseando su mirada por los cuatro miembros de su manada: Leah, Seth, Quil y Embry. - ¿Qué hay, chicos?
Los cuatro muchachos le devolvieron la sonrisa con un gesto de inmediato alivio ante lo bien que se le veía, pero no se movieron de la puerta. Jacob rodó los ojos.
- No muerdo. – aseguró. – Y aunque lo hiciera, os curaríais rápido. Podéis pasar y esas cosas…
Antes de que acabara la frase, sus cuatro hermanos ya rodeaban su cama.
- Te hemos echado de menos, hermano. – dijo Seth, chocando los cinco con Jacob.
- Sí, Jake. – secundó Embry, haciendo lo mismo. – Hemos estado muy preocupados.
- Nos diste un susto de muerte. – aseguró Quil, dando una palmadita en el hombro del muchacho, quien se encogió un poco haciendo un gesto de dolor. – Ups, lo siento. – se disculpó.
- Nah, no te preocupes. – sonrió Jacob, quitándole importancia. – Son mis músculos, que están un poco doloridos.
Tras un breve silencio, fue Leah la que preguntó.
- ¿Cómo estás? – dijo débilmente, parada en los pies de la cama de Jacob y retorciéndose las manos con nerviosismo.
- Bien. – le aseguró Jacob ofreciéndole una sonrisa tranquilizadora. – Estaré como nuevo en varios días.
- Me alegro. – murmuró la muchacha, bajando la cabeza de forma que varios mechones de su corto pelo cayeron sobre su frente ocultando sus ojos. Pero Jacob podía oler las lágrimas, y también podía ver la fuerza con la que la muchacha se mordía el labio inferior.
- Leah… - dijo suavemente, sentándose con cuidado. - ¿Estás llorando?
La muchacha no contestó, aunque sacudió la cabeza con fuerza. Sin embargo, no pudo evitar que un pequeño sollozo saliera de su garganta. Quil, Embry y Seth la miraron con sorpresa. La dura y fría Leah llorando por Jacob… Eso era algo que nunca se hubieran imaginado, por muy bien que se llevaran ahora los dos muchachos.
- Leah, tonta… - dijo entonces Jacob, en tono de reproche. – Anda, ven aquí.
Obstinada y odiando mostrar debilidad, Leah volvió a negar con la cabeza.
- ¿Vas a hacer que vaya yo? – preguntó Jacob, quitándose las sábanas de encima en un gesto lo bastante brusco como para ganarse una profunda punzada de dolor.
Ante la amenaza, y sin querer ser la culpable de un empeoramiento del muchacho, Leah se acercó rápidamente. Jacob la tomó del brazo, atrayéndola hacia su cuerpo en un cálido abrazo. Sin poder evitarlo, los sollozos de la muchacha se hicieron más fuertes, y Jacob apretó ligeramente su abrazo, ignorando de nuevo el dolor de sus músculos. Leah se agarró con las dos manos a la camisa del muchacho, sollozando ahora de forma violenta, para asombro de sus cuatro hermanos.
- ¡Cuánto siento lo que ha pasado! - murmuró Jacob tras unos segundos de sostener a la temblorosa Leah. Otra chica que sollozaba entre sus brazos. ¿Es que no se iba a acabar nunca? – Siento muchísimo que hayáis sufrido por mi causa. Lo siento de verdad.
- No fue culpa tuya. – susurró Leah, en medio de un sollozo. – Yo… Debería haber sido más rápida. Podría haber llegado a tiempo…
- No digas tonterías. – la reprendió Jacob. – Ibas todo lo rápido que podías. Esto que ha pasado no es tu responsabilidad.
- Yo… - era Seth el que hablaba ahora, mordiéndose el labio inferior en un gesto idéntico al de su hermana. – Debería haberme quedado en la retaguardia, tal y como me sugeriste cuando vimos que nos estábamos alejando demasiado. – susurró, su voz repleta de arrepentimiento. – Si me hubiera quedado aquí, podría haber llegado a ayudarte, y podría haber avisado a los Cullen antes…
- Seth, basta. – pidió Jacob con voz firme, todavía abrazando a Leah. – Ya basta, todos vosotros. ¿O voy a tener que ordenároslo?
Esa frase arrancó, pese a todo, sonrisas en los cuatro quileute, incluso en Leah, que no podía parar de llorar. Jacob no había ordenado jamás nada, a nadie de su manada. Jamás había usado su poder de Alfa con ellos. Siempre se metían con él cuando los amenazaba con hacerlo, pues sabían perfectamente que, proviniendo de Jacob, era una amenaza vacía.
- Hablo en serio. – siguió Jacob, aunque sus ojos se endulzaron un poco al ver las pequeñas sonrisas de sus hermanos. - ¿Qué narices os pasa? Esto no es culpa de ninguno de vosotros, y no quiero seguir oyendo tonterías. No sois responsables de lo que me pase, ¿vale? ¿No podéis simplemente alegraros de que esté bien?
- Sí nos alegramos. – susurró Quil, abandonando la sonrisa. – Lo que pasa es que…
- ¿Qué? – inquirió Jacob, dando unas incómodas palmaditas a Leah en la espalda esperando a que parara de llorar.
- Que deberíamos haber vuelto contigo. – concluyó Embry. – Somos tu manada. Sam y los demás podían apañárselas solos perfectamente, al fin y al cabo sólo quedaba una.
- Creo que no hace falta que os diga que eso no hubiera estado bien. – dijo Jacob suavemente. – Sam necesitaba nuestra ayuda, y ya fue bastante malo que yo me marchara, dejándolo en la estacada, como para que encima os hubierais marchado los demás. Si no me hubiera separado, esa garrapata no hubiera seguido mi rastro. Así que ha sido culpa mía.
- Yo te dije que te marcharas. – susurró Leah. – No debería haberlo hecho.
- Pero lo hice, bajo mi responsabilidad. – dijo Jacob firmemente, tomando a Leah por los hombros y separándola de él para poder mirarla a los ojos. – Tú no me obligaste a marcharme. Fui yo. Y os pido perdón. – súbitamente, Jacob bajó la mirada. – No he sido un buen Alfa. Yo… ni siquiera merezco ser Alfa después de esto.
Un montón de exclamaciones de protesta salieron de las bocas de los cuatro miembros de la manada de Jacob. Pronto, se les unieron aullidos de protesta provenientes de los lobos que esperaban abajo: la manada de Sam.
- Huí de mis responsabilidades. – cortó Jacob, con voz firme. - ¿Qué clase de Alfa soy? ¿Qué clase de Alfa antepone la nostalgia a sus responsabilidades como tal? – Jacob negó con la cabeza, torciendo el gesto. – No, sabéis que tengo razón. Ninguno de los demás lobos imprimados lo hizo. Sam no lo hizo.
- El que te equivocas eres tú. – dijo entonces una voz suave desde la puerta.
Sam acababa de entrar a la habitación, y se apoyaba contra la pared, con la mano todavía en el picaporte y una expresión serena en el rostro. Cuando Jacob no contestó, Sam comenzó a caminar hacia la cama, sin olvidarse de cerrar la puerta tras de sí. Quil y Embry se hicieron a un lado rápidamente, dejando espacio para que Sam se sentara en la cama al lado de Jacob.
- Cuando conocí a Emily… - comenzó a explicar Sam con voz tranquila. – Yo era el único lobo de la manada. No tenía nadie más, nadie con quien compartir mis obligaciones, nadie que me ayudara a hacer guardias. Nada. – se interrumpió un momento, entrecerrando los ojos en un gesto de dolor. – Tú lo has visto, Jacob. – siguió hablando, su voz tomando un matiz ronco de arrepentimiento. – Lo has visto dentro de mi mente, igual que todos los demás. Habéis visto cómo me llevé a Emily a las guardias, anteponiendo mi bienestar personal a mis deberes como protector de la tribu. Anteponiendo mi bienestar personal incluso a la propia protección de Emily, de la persona más importante de mi vida. Ella accedía a venir conmigo, aun despreciándome, como lo hacía en aquella época por lo que le había hecho a su prima. Venía conmigo porque sabía que yo no podría concentrarme en mi trabajo si no la sentía cerca. Ella es así de altruista.
Llegado a este punto, el dolor, la rabia y el arrepentimiento en la voz de Sam eran tangibles. Jacob sabía de lo que estaba hablando Sam, pero no conseguía reunir el valor para cortar la explicación del muchacho. Leah, conteniendo un escalofrío ante la mención de su persona en la historia de Sam, desvió la vista.
- Un momento de despiste. – siguió Sam, sin apartar sus ojos de Jacob, mostrándole todo el dolor que acumulaba en su mirada. – Un momento en el que el control sobre mí mismo se me escapó de entre los dedos. La herí. – la voz de Sam se tornó susurrante, su mirada fiera ante el recuerdo de lo que había hecho. – Cometí un error, y ese error me costó muy caro. Emily no me lo tomó en cuenta. No sólo eso, sino que empezó a corresponderme… - susurró, sacudiendo la cabeza con incredulidad. – Pero yo no puedo perdonarme a mí mismo, y no lo voy a hacer jamás.
- Sam… - susurró Jacob.
- Dime, Jacob Black, ¿recuerdas las primeras guardias largas de Quil, de Jared y de Paul? – cortó Sam. - ¿Recuerdas lo que tuve que hacer para que me obedecieran y cumplieran con su obligación?
- Ordenárselo. – contestó Jacob suavemente. – Tuviste que ordenarles que cumplieran con sus guardias, que dejaran a sus chicas atrás.
- Me guardaron mucho resentimiento durante unos meses. – comentó Sam tras un pequeño asentimiento. – Estuviste en sus mentes por esa época, y sabes lo mal que lo pasaron. Pero no podían volver, porque yo se lo había ordenado. – Sam posó entonces sus dos manos sobre los hombros de Jacob y lo miró directamente a los ojos. – Todos pecamos en nuestro día de lo mismo, Jake. Era la primera vez en siete años que te separabas de Nessie más de unas horas. Digamos que era algo así como tu primera guardia larga. – sonrió Sam. - Tu reacción no fue distinta de la nuestra. Pero eres un Alfa, Jacob, como yo. Y tanto tú como yo somos también humanos. Cometemos errores. Y no tenemos a nadie por encima de nosotros que nos prevenga de cometerlos. Esa es la diferencia entre los demás y nosotros, los jefes de la manada. Y en cuanto a ti y a mí… ya has visto que no hay diferencia. Yo también cometí mis propios errores.
Jacob asintió lentamente. Sabía que Sam tenía razón. Sabía que su reacción a la distancia y al tiempo de separación para con Nessie había sido la misma que la de los demás. Aunque eso no evitaba que se sintiera culpable.
- Tuviste suerte de que en tu caso no hubo consecuencias irreversibles. – continuó Sam, suspirando profundamente. – Has podido aprender de tu error sin tener que lamentar daños irreparables. Considérate afortunado.
Jacob volvió a asentir solemnemente. Sabía que era afortunado. Era afortunado de estar vivo, de que su manada estuviera intacta, de que nadie hubiera sufrido daños físicos permanentes, de que Nessie estuviera perfectamente. De no tener que lamentar otro caso como el de Emily.
- Eres un gran Alfa, Jacob Black. – afirmó Sam con una mirada de orgullo paternal que sorprendió a Jacob. - Digno descendiente y heredero de Ephraim Black. Y no sabes lo orgulloso que estoy de tener la oportunidad de dirigir a esta panda de diablos junto a ti.
Durante un minuto, la emoción impidió a Jacob articular palabra. Significaba mucho para él lo que Sam acababa de decirle. El respeto que guardaba hacia Sam, la admiración por su forma impecable de dirigir a la manada, hacía que las palabras del otro Alfa pesaran el doble que las de cualquier otro a ojos de Jacob. Antes de que el joven quileute se fuera por su cuenta había estado muy orgulloso de ser el Beta de Sam. No tenía aspiraciones a ser el Alfa, a pesar de que le correspondiera por derecho, porque sabía que Sam era el más adecuado para ese puesto. Había estado muy preocupado cuando Seth, y luego Leah, lo siguieron, pues no se consideraba preparado para dirigir a nadie. Después, cuando se unieron Quil y Embry, se resignó y se dedicó a intentar cumplir con su obligación lo mejor posible. Pero no podía evitar preocuparse. Por eso, que Sam, a quien Jacob tenía tanto respeto, le asegurara que lo estaba haciendo bien, que honraba a su antepasado, que él también lo respetaba como Alfa…
Significaba mucho para Jacob.
- Gracias. – pudo decir simplemente, la voz ronca por la emoción. – Gracias, Sam.
El aludido sólo sonrió y palmeó la mejilla de Jacob.
- Me alegro muchísimo de que estés bien, Jake. – dijo entonces Sam, poniendo su mano en el hombro de Jacob. – No sabes cuanto me alegro. Sé que tú y yo hemos estado algo raros el uno con el otro desde que te convertiste en Alfa, pero… – súbitamente, Sam engulló a Jacob en un tremendo abrazo de oso que el joven quileute le devolvió como pudo. – Te quiero, hermano.
- Yo también, Sam... – susurró Jacob, intentando contener las lágrimas. – Sabes que sí, y que por mucho que nos hayamos alejado, sigues siendo mi hermano, igual que el resto de la manada. – en un gesto rápido, Jacob se limpió las lágrimas por encima del hombro de Sam. - Aunque intentes hacerme llorar como un bebé para que quede como un idiota sensiblero. – añadió.
Esa última frase rompió la tensión. Los cuatro miembros de la manada de Jacob y Sam rompieron a reír. Sam se separó de Jacob, sacudiendo la cabeza mientras su torso se sacudía en carcajadas. Jacob simplemente sonrió, rodando los ojos. Tenía la virtud de hacer que todos se rieran de él. ¡Qué le iba a hacer!
- Bueno, creo que es tiempo de dejar que el resto de tus hermanos te vea. – dijo Sam cuando pudo parar de reír. – Tienen muchas ganas de molestarte un rato.
- Oooh, ¡qué bien! – masculló Jacob sarcásticamente. – Dile a Paul que se deje sus comentarios estúpidos allá abajo, ¿quieres? Si no, cuando venga Rachel a verme voy a decirle que por su culpa estoy peor.
Un aullido corto de protesta proveniente de la ventana hizo que de nuevo Quil, Embry, Leah, Seth y Sam rompieran a reír. Ésta vez, Jacob rió con ellos.
Era bueno ver que las cosas, no sólo volvían a la normalidad, sino que mejoraban de forma increíble. Los quileute y los vampiros estaban más hermanados que nunca; las dos manadas se encontraban tan unidas como cuando formaban una sola; Sam y Jacob habían dejado atrás de forma definitiva todo lo que había pasado entre ellos; y luego estaba Nessie… Por fin, por primera vez desde que Nessie había sido concebida, el círculo se había cerrado. Y así seguiría para siempre, algo de lo que Jacob no podía estar más feliz.
Jamás había sentido tantas ganas de abrazar la eternidad.
Y hasta aquí hemos llegado. ¡Sólo queda el epílogo! Un epílogo en el que podréis encontrar más Jacob-Nessie, algo más sobre esa relación que acaba de comenzar. Lo subiré la semana que viene, así que estad atentos.
Ahora, contestaré los reviews anónimos:
Fatipaty Weasley -- ¡Gracias por el review! Bueno, espero que no te haya decepcionado, ya ves que no he matado a Jacob. Y coincido contigo: sin Jacob, no sería lo mismo. Gracias de nuevo por el review, y espero seguir viéndote por aquí, en este capítulo y en el epílogo. ¡Un beso!
Morgana003 -- ¡Gracias por tu review! ¿Lloraste de verdad? ^^ ¡Vaya! Eso significa que no lo hice tan mal, ¿verdad? ¡Pero que no te de un infarto, que luego lo tendría yo sobre mi conciencia! Muchas gracias por tomarte la molestia de escribir, y espero seguir viéndote en este capítulo y en el epílogo. ¡Besos!
María José -- ¡Hola, y gracias por escribir! Espero que te guste la actualización, ya ves que las cosas se han vuelto menos dolorosas, jajaja. Gracias de nuevo por escribir, espero verte más veces por aquí. ¡Besos!
AndreaCullen -- ¡Hola! ¡Qué casualidad, también son mi pareja favorita! ¡Jeje! En serio, me encantan. Me parecen súper monos. Jacob es mi personaje favorito en la saga, y Nessie fue un verdadero soplo de aire fresco. Me encantó. A mucha gente no le ha gustado "Amanecer", pero a mí, sencíllamente, me encantó. Gracias por decir que escribo bien, y gracias de nuevo por molestarte en dejarme un review. Me hace mucha ilusión. ¡Un beso, y espero seguir viéndote por mis fics!
Mariam -- ¡Gracias por escribir, y por decirme que escribo bien! ¡Me hace mucha ilusión! No me suele gustar dejar mis historias a medias, aunque a veces no tengo otra opción, por falta de tiempo o por una severa falta de ideas. ¡Y esta la tenía escrita entera desde el principio, así que no la pienso dejar a medias! xD Espero que te haya gustado el capítulo, y espero verte más veces por mis fics. Gracias de nuevo por tu review, ¡y nos vemos pronto!
Ladott -- ¡Hola! Me encanta que me digáis que os gustan mis historias, y que os emocionáis con ellas. Espero que no te haya decepcionado el capítulo, y espero seguir viéndote por aquí. ¡Gracias de nuevo, y hasta la próxima!
Gracias a todos por vuestros maravillosos reviews. ¡Esta vez me habéis dejado un montón! Tendré que "matar" personajes más a menudo...
¡Un abrazo a todos, y nos vemos en el epílogo!
Lil_Evans
