Capítulo 3: Por la borda

Parecía como si la cabeza estuviese a punto de estallarle. Gimió llevándose las manos hacia su rostro, retorciéndose sobre la cama en la que se encontraba. Abrió los ojos lentamente. ¿Dónde estaba? ¿Acaso no viajaba ella sobre un nenúfar gigante?

El desorden de la habitación era mayúsculo había espadas, pistolas y revólveres por el suelo, junto a varios marines. ¿Qué demonios, marines? Se levantó y buscó su mochila mientras trataba de no marearse. La encontró sobre un butacón y sacó de ella un revólver de cañón largo. Tomó del suelo una pistola y con el revólver en la cintura y la pistola en la mano salió del camarote.

Tuvo que apoyarse con todo su peso en la pared de uno de los corredores que llevaban a la salida a cubierta para no caerse, ya que el barco estaba siendo tremendamente balanceado y su cabeza aún la martilleaba, ¿qué demonios ocurría en la cubierta? Se escuchaban choques de armas y muchas voces en tono muy elevado.

Abrió la puerta que llevaba a cubierta y los recuerdos de los últimos acontecimientos se aclararon en su mente. Nick estaba muerto, ella estaba viva, estaba en Grand Line y aquel era el barco del pelirrojo que sonreía mientras combatía con varios marines a la vez, moviendo a su antojo las armas metálicas de los pobres soldados. El pelirrojo sonrió al ver a uno de sus compañeros, ataviado con un extraño traje que simulaba la forma de un escarabajo, librarse de más de un marine al mismo tiempo.

- ¡Parece que sí es útil ese trasto!

- Así lo parece, capitán.

El mar estaba descontrolado. Las olas eran casi tan altas como su barco y para mejorar la situación, un buque de la Marina navegaba a la par que el del pelirrojo, aprovechando los marines el incidente para atacar. Alana percibió entonces la mirada burlona de Kidd sobre ella y dio un par de pasos por la cubierta en su dirección, cuando sintió un golpe en su mejilla y cayó al suelo, a la par que el cañón de una escopeta apuntaba sobre su cabeza.

- Señorita, en nombre del Gobierno, queda detenida.

La atención de Kidd y su banda se desplazó hasta ella, que se retiraba la sangre del labio que acababa de morderse con la yema de los dedos. Sonrió y el marine retiró el seguro de su arma, dispuesto a disparar.

- No-no oponga resistencia.

- No pensaba ponerla, pero dime, ¿en qué dirección está vuestro cuartel?

- Pues, esto… ¡no es asunto tuyo, no intentes confundirme!

Cargó el arma y deslizó su dedo sobre el gatillo, pero otro disparo llegó antes.

- Qué poco amable – comentó Alana al cuerpo del marine, que cayó a sus pies, sin vida –. Podías haber contestado mi pregunta.


Kidd observó a la joven que se levantaba lentamente del suelo, no creyó que de verdad fuese capaz de matar a alguien, pero ahora veía lo mucho que se había equivocado con respecto a ella. Era evidente que no le temía a la muerte, así pues, ¿qué le ocurriría anoche en la taberna? Dejó de prestar atención a la batalla, por lo que Killer ocupó su lugar. ¿Quién era aquella chica? Las preguntas comenzaron a surgir en su mente y reaccionó con un gesto de frustración. Ella era su rival, una de sus víctimas, no necesitaba saber más. Se centró en el resto de los marines que continuaban abordando su barco. La mayoría de los hombres vestidos de blanco y azul habían cesado la batalla, sorprendidos.

- ¿Por qué no se nos informó de esto? – El capitán de la flota de la Marina retrocedió dos pasos – Tú eres… Alana… de la tripulación del capitán Nick "el rápido".

- Oh, ¿me reconoces? – la joven no parecía para nada sorprendida, es más, le dedicó una sonrisa al marine.

La sorpresa se apoderó de su mente. ¿Acaso sus oídos le estaban jugando una mala broma? ¿Era cierto aquello?

- ¿Los "Piratas de Nick"? ¿Es una broma niña?

Alana desvió la mirada hacia él.

- Lo cierto es… que preferiría no hablar de ello.

- ¡¿Qué? – rugió molesto.

- No me extraña – escuchó decir al capitán de la Marina – ya que ella es la única superviviente de su banda.

Un gesto desfiguró el hermoso rostro de la pequeña muchacha, claramente molesta. El resto de marines se quedaron paralizados mientras Kidd se acercaba a ella, serio por primera vez desde que se conocían.

- Así que no eres una cualquiera.

- Nunca dije que lo fuera – de nuevo aquella mirada, desprovista de miedo y cargada de rebeldía.

Alana se estremeció, pero le miró lo más firme que pudo parecer en aquel momento. El pelirrojo sonrió y utilizó su poder para magnetizar todas las armas a bordo del barco, lanzándolas contra los sorprendidos marines, que aún intentando esquivarlas, se vieron obligados a cesar el ataque y regresar a su navío.

Kidd regresó su atención a la muchacha.

- Bueno, ¿es que no piensas presentarte o qué?

La escuchó suspirar y se alejó dos pasos de él.

- Amai Alana. Nací en el mar del Sur hace 18 años y no, no tengo familia con la que puedas chantajearme, gracias.

El capitán soltó una carcajada profunda.

- No soy de los que hacen chantaje, directamente no doy opción, todos perecen a mis pies.

- Sinceramente eso no es cierto.

Su sonrisa cesó.

- ¿Y por qué motivo, exactamente, piensas eso?

Ella le dedicó una sonrisa burlona.

- Yo sigo aquí, ¿no me ves?

En menos de lo que dura un respiro, Kidd retenía a la muchacha por la garganta contra la pared del barco, bajo la mirada de toda la tripulación.

- Si lo que quieres es morir, vas por buen camino para conseguirlo.

Alana asestó un golpe al orgullo del pelirrojo al mirarle con una pequeña sonrisa en los labios.

- No puedes matarme, Eustass. Detuve la caída de tu barco lo suficiente, por lo que, ésta me la debes.

Kidd apretó más su agarre contra el cuello de la castaña, cuya mirada brilló temerosa por un breve instante mientras él la soltaba, con una siniestra sonrisa.

- Cierto, que descortés por mi parte.

Antes de que ella pudiese reaccionar la tomó de las piernas y cargándola sobre sus hombros se encaminó a la popa del barco.

- ¡¿Qué haces? ¡Suéltame ahora mismo! ¡Quién te crees que eres, bájame!

- A sus órdenes, señorita.

La lanzó sobre la baranda de madera, dejándola caer al mar, con su típica sonrisa.

- ¡Con esto acabamos, Alana!

No la escuchó gritar. El sonoro chapoteo que generó su caída quedó amortiguado por el sonido de las olas del mar revuelto chocando contra el barco. Killer le observó pensativo, estaba seguro de que aquel gesto no era típico de su capitán.

- Kidd ¿estás seguro de esto? Ella también es una usuaria de las frutas, morirá ahogada.

- Precisamente, ella pierde.

El soldado de la masacre observó a su serio capitán regresar al interior del barco. Era extraño, su capitán nunca antes había causado la muerte de alguien de aquel modo, ¿qué le habría hecho actuar de aquella forma?

Observó la zona del mar donde la joven se había hundido. Fuere como fuere, ya no tenía caso: la chica no podría volver a salir a la superficie.


Idiota, idiota y más idiota aún. Realmente nunca esperó que el pelirrojo la tirase por la borda de aquel modo, pero ya no tenía caso, se ahogaría por su estúpida manía de bajar la guardia ante los peligros como Kidd.

Cerró los ojos, sintiendo como el poco oxígeno que quedaba en sus pulmones escapaba de sus labios en un último suspiro.

"Estúpido ególatra… tu ego te matará"

Le habría gustado decirle eso al pelirrojo, pero su último pensamiento quedó ahogado por la inmensidad del océano.


- Capitán…

- ¿Sí, Bepo?

- Algo se mueve en el sonar.

El extraño oso polar blanco le enseñó a su capitán la imagen que se percibía en la pantalla del sonar de su submarino.

- Arrastrémoslo a la superficie y cojámoslo allí rápidamente, con esta tormenta no deberíamos estar demasiado tiempo fuera de las corrientes marinas o nos desviaremos de la ruta que marca el Log Pose.

- Sí, capitán.

Bepo y dos tripulantes cambiaron el rumbo del submarino hacia la superficie, arrastrando con él aquel objeto de extraña forma que acababa de aparecer en su sonar.


¿Qué había sido aquello? ¿Desde cuándo acababa él con nadie con quien tuviese algo a medias de aquella forma, lanzándolo al mar? Observó las sábanas en las que minutos antes aquella joven había dormido mientras él se deshacía de los marines que habían entrado al camarote.

Quizás había sido por aquella razón, después de todo.

La muchacha no hacía más que sollozar en sueños y se había quedado toda la noche observándola, tratando de entender su angustia. "¡Por favor… por favor, NO!" ¿Cuántas veces la había escuchado repetir aquella frase mientras nombraba a su capitán, al desaparecido Nick? Había perdido la cuenta… pero se había sorprendido a sí mismo ya de buena mañana, tratando de despertar a la joven que lloraba y gritaba alterada en sueños, como si estuviese sufriendo el peor de los castigos.

Sí, pensándolo bien, se había deshecho de ella por molestia más que por cualquier otro motivo. Recordó también la furia que sintió al enterarse de que el Nick al que la joven llamaba en sueños era, o había sido, su capitán. Alana era la que había sido la mano derecha de Nick "El rápido" por todo el mar del Sur. ¿Qué habría ocurrido entre ellos?

El vaso de sake que Kidd sujetaba entre sus dedos se fragmentó en pedazos ante la presión de sus dedos. Observó las olas que chocaban furiosas contra la cristalera de su camarote. Maldijo para sus adentros, ya no podrían terminar su pelea, pero no tenía caso.

Él ya podía olvidarla y seguir navegando como si nada hubiese ocurrido. O eso esperaba.


- ¿Estás seguro, soldado?

- Completamente, señor Doflamingo.

El hombre rubio, impresionantemente alto sonrió abiertamente mientras saboreaba el ron que aquel hombre le servía tembloroso.

"Así que sigue con vida… en el barco de un novato"

- Interesante.

- Pero el Almirante de Flota Sengoku no quiere que interfiráis en su camino por el momento.

- ¿Fue una orden?

- E-eso creo, señor. Le avisaré si recibimos alguna otra información sobre la marcha.

"Bien" No importaba, él no tenía prisa. Ya se encargaría de ella cuando lo considerase necesario.


¿Qué puede uno esperarse del fin? ¿Oscuridad? ¿Soledad? ¿Ver de nuevo a tus seres queridos ya fallecidos?

Nadie que lo haya sabido ha vuelto de entre los muertos para contarlo, por lo que nada habría podido sorprenderla. Ante sus ojos, su mirada borrosa le mostraba varios rostros que no era capaz de definir, a su vista, eran sombras coloreadas. Parecía estar siendo llevada por un pasillo con luces de techo, colocadas cada ciertos metros, que le creaban un efecto de velocidad en su cansada mente.

Cerró los ojos al sentirse mareada. ¿Estaba bien aquel final? ¿No debería ver el rostro molesto de Nick esperándola al otro lado de la entrada al infierno para castigarla por el asesinato de sus camaradas? Sintió unas manos explorando su cuerpo, despacio, con algún instrumento metálico entre los dedos. "Kidd" pensó. El rostro del pelirrojo ocupó su mente, pero cuando sintió un pinchazo a la altura de las costillas gimió de dolor y otro rostro ocupó el espacio en el que instantes antes había estado el del pelirrojo: Donquixote Doflamingo. Escuchó su risa al fondo de la habitación en la que se encontraba y se revolvió débilmente bajo las manos firmes que la mantenían sujeta a la cama.

- No… - su voz fue un sollozo.

Escuchó una voz a lo lejos, era masculina y pausada.

- Bepo, sal de aquí, ahora debo centrarme.

- Sí, capitán.

¿Capitán? Un nuevo pinchazo la estremeció tras escuchar el ruido de una puerta al cerrarse y abrió los ojos de golpe, encontrando una mirada negra y concentrada proveniente de un rostro masculino, de facciones jóvenes, unos veintipocos, de cabello oscuro cubierto por un gorro blanco con manchas negras y vestido con una camiseta amarilla de manga negra.

- Cálmate.

Entonces… acaso ella… ¿seguía viva? Le vió tomar un bisturí de la mesa y el miedo controló sus acciones, haciéndola incorporarse rápidamente y ponerse de pie ante el moreno. Aunque no duró mucho, ya que no tenía fuerzas y las piernas se le doblaron, dejándola a merced de la gravedad. Pero no llegó a rozar el suelo, un brazo detuvo su caída poco antes.

- Te dije que te calmases, aún no puedes moverte.

- ¿Quién… por qué?

El joven la ayudó a tumbarse nuevamente en la camilla.

- Soy médico, no te preocupes – sintió la punta del bisturí incidir punzante contra la piel de su abdomen –. Tragaste mucha agua ahí abajo, queda claro que eres una usuaria.

Alana asintió débilmente.

- ¿De dónde vienes?

- ¿Te importa realmente? – murmuró, algo incómoda.

- No, pero tienes que distraerte mientras termino de curar todos los hematomas internos que tienes. ¿Te han dado una paliza o algo últimamente?

- Un payaso de circo me sorprendió en el claro de un bosque con mi capitán, que luego murió… y luego el subnormal que me lanzó al agua me dio un par de golpes, nada importante – así pues, estaba viva –. ¿Y tú quien eres?

- Trafalgar Law.

- ¿El cirujano de la muerte? – Preguntó con temor.

- Eso dicen – sonrió –, pero no tengo intención de matarte.

El resto de minutos se sucedieron en completo silencio. El rostro del pelirrojo al mirarla desde la cubierta mientras ella caía no era el que había esperado que pondría al verla morir. Pensó que le vería sonriente, orgulloso, pero todo lo que vió fue un ego demasiado grande incluso para él. Estaba serio y cruzado de brazos, como quien duda de un cuadro que acaba de pintar.

- Oye… ¿dónde estamos?

- Éste es mi submarino. Te llevaremos hasta la próxima isla a la que apunta nuestra Log Pose.

- ¿Log… Pose?

- Acabas de llegar a Grand Line, ¿no? – Alana asintió – Bueno, un Log Pose es la brújula necesaria para navegar por estos mares, si no tienes una, te quedas estancado.

- Ya veo.

- Bien, esto ya está. Ahora necesitas descansar, de eso dependerá lo pronto que te recuperes.

- No te preocupes por eso – comentó ella, incorporándose.

Se detuvo, completamente paralizada. "¿Qué… cojones?" La sábana que la cubría cayó de su cuerpo y fue consciente por primera vez de que estaba únicamente ataviada con una bata de hospital, sin ropa interior.

- Tu ropa estaba mojada, por lo que le pedí a Bepo que te cambiase de ropa.

- ¿Bepo?

- Sí. No te preocupes, pronto comprenderás por qué se lo pedí a él.

Se sostuvo de pie lentamente, asegurándose de que no volvería a caerse de golpe. Dirigió su mirada al capitán.

- Gracias por… ayudarme, Trafalgar Law.

- Digamos que últimamente tengo mucho tiempo libre. Dime, ¿cuál es tu nombre?

- Alana, Amai Alana.

Trafalgar asintió y un oso entró en la habitación, que parecía la sala médica. Alana abrió desmesuradamente los ojos. El animal vestía un traje naranja y caminaba a dos patas, como un humano.

- Capitán… un barco se aproxima también a la isla.

- ¿Habla?

Bepo la miró.

- Lo siento.

- Bepo, no hace falta que te disculpes, ella es Alana y es… nuestra invitada.

- ¡Oh! – Se agachó a modo de saludo – Encantado.

Alana sonrió.

- Es un placer, Bepo.

El oso se sonrojó, pero miró a su capitán.

- Capitán, un barco con una insignia corsaria se dirige también a Otoko, nuestro próximo puerto.

- Es normal, Bepo, muchos más piratas estarán siguiendo una Log Pose por nuestra misma ruta. ¿Cuál es su bandera?

- Pues… Su bandera es una cara con pinchos en sus bordes y con una boca cosida.

- ¡Esa es… la bandera de Kidd! – Alana exclamó sorprendida.

- ¿Le conoces? – Trafalgar la miró, serio.

- Él fue el imbécil que me lanzó al mar.

Una sonrisa se dibujó en los labios de Trafalgar Law, divertido.

- Bepo, ¿seguro que nuestra próxima isla es Otoko?

- Sí…

Alana le observó en el momento en que el moreno se quedó pensativo, mirándola.

- ¿Ocurre algo con esa isla?

- Sí. Lo lamento, Alana, pero vas a tener que permanecer algo más de tiempo con nosotros. Esa isla… es una auténtica carnicería para las mujeres.


Continuará…