Disclaimer: Los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto.

.

Huellas imborrables

.

Capítulo 3: ¿Soy una arpía presuntuosa?

.

-0-

El timbre de la campaña sonó como para sacarla de su ensoñación, y se dio cuenta que su mente estaba lejos, muy lejos del salón de clases. La maestra dejó la tarea anotada en el pizarrón mientras el resto de los compañeros se ponía de pie, ya con todos los útiles dentro de las mochilas, hablando, riendo, gritando sin parar. Aunque Hanabi no estaba del todo presente en la clase de física, tenía la maña de anotar todo lo que estaba en el pizarrón, y esta no fue la excepción. Con un movimiento lentísimo terminó de apuntar la última palabra y después se dispuso a dejar el aula.

Se dirigía por el pasillo hacia la biblioteca, usando los treinta minutos de receso, tiempo que los demás usaban para ir a comer. Sí comía, pero mucho menos que el resto, una manzana tal vez o en los mejores casos, un sándwich aburrido, de esos que sólo tenían jamón y queso. Pero esta vez no había empacado ni una ni otra. Y no era que pretendiera dejar de comer para ponerse más esbelta, simplemente le daba flojera tener que ir al comedor, codearse con una fila india larguísima y llenar su bandeja en medio de una estampida de estudiantes que se empujaban unos a otros para tomar el mejor asiento.

Y aún se atrevía a molestarse porque nadie le hablaba. Ella los ahuyentaba, ahora lo podía notar con más claridad. Entonces si la verdad es que nadie quería acercársele, ¿por qué mierda la eligieron como jefa de grupo? Esa tarea podría ser para cualquiera menos ella, porque el trabajo incluía ser bastante sociable como para dirigirse a toda la clase y pasar al frente para dar las noticias escolares importantes, cosa que a ella se le dificultaba hacer. Sólo le importaba hacer la tarea y regresar a casa.

Mientras arrastraba sus pies hacia la biblioteca que quedaba a dos edificios de su aula, no pudo evitar pasar por la zona deportiva, y para ser más específicos, por las canchas de básquetbol. Sus pupilas se desviaron sin intención, bajo una fuerza oculta, hacia los estudiantes de quinto grado que corrían de lado a lado detrás del balón. Eran diez muchachos jugando, sin contar a los espectadores alrededor de la cancha. Eran diez, pero ella sólo concentró sus ojos en una figura, la única que le llamaba la atención desde hace exactamente nueve días, desde aquel accidente de autobús.

Sin darse cuenta estaba caminando a pasos de tortuga, como si su inconsciente la obligara a presenciar aquella imagen con detalle, con lentitud, para memorizar cada uno de los movimientos del rubio, que parloteaba a zancadas sobre la cancha con su uniforme deportivo, la banda negra que peinaba su cabello hacia atrás y un brilloso sudor escurriendo ligeramente en su frente. Algo en esa expresión de adrenalina en su rostro era lo que más la pasmaba, como si estuviera jugando en las ligas mayores dando su mayor esfuerzo.

Se había detenido a un lado de la maya de red que separaba el sendero hacia la biblioteca a la cancha deportiva. Se escuchó un silbato y todos dejaron de correr. Algunos de los de la banca se pusieron de pie y otros fueron a tomar su lugar en la grada; uno de ellos era Naruto, acompañado de Kiba y otros dos. Hanabi vio como el chico zorro se empinaba una botella de agua en la boca, y después se la echaba encima de la cabeza. "Como todo un bárbaro", pensó ella. Y sin preverlo, creyó ver que él la reconoció a esa distancia. Sintió que los ojos azules se postraron en los suyos, logrando romper con la escena del momento, obligándola a volver a conciencia sobre sus pasos para largarse de prisa a su destino principal, la biblioteca.

En medio de los estantes de libros, se le olvidó porqué estaba allí, así que sólo deambuló en los pasillos como una zombi. Se sentía un poco mal, y ahora creía que sabía el motivo. Se sentía mala agradecida con Naruto, por aquel día en su casa y después en la huída al hospital. No le había contado a nadie lo que pasó, ni siquiera a Hinata. Aunque su hermana le había preguntado si era cierto que Naruto la había acompañado a casa, ella lo negó. ¿Por qué? No lo sabía, simplemente le mintió.

Al parecer algunos compañeros la vieron caminar por las calles de la residencial con el rubio, y el chisme corrió en poco más de veinticuatro horas a los oídos de la Hyūga mayor. Todavía recordaba el brillo anhelante en los ojos de Hinata. La pobre no podía engañar a nadie, aún tenía cierto fervor hacia el idiota del Uzumaki que no se apagaba ni con un reemplazo. Ni siquiera un reemplazo como Gaara No Sabaku.

Tomó un libro, Literatura en los siglos de Oro. ¡Qué diablos! Recordó que necesitaba un libro de física para su tarea en casa. Bufó por lo bajo dirigiéndose al estante correcto. Y volvió a recordar su pesar; tal vez le debía un agradecimiento a Naruto. O una disculpa por su mal genio. Prefería dar las gracias, lo otro no se le daba bien. Aunque no sabía cómo, ni cuándo. Quizá en un encuentro casual por los pasillos de los salones. Entonces recordó que en todos esos nueve días desde el accidente no se lo había topado ni por excusa. Se sintió incómoda al pensar que debía idear una forma de encontrarse con él frente a frente, como si fuera un plan, una misión.

Tomó asiento en una mesa en el centro de lectura y empezó a ojear el libro de Física I con el desgano más descarado visto antes. Los murmullos de los estudiantes no le aturdían el pensamiento, pero cierta presencia sí lo hizo. Levantó la mirada para contemplar a una linda castaña que sostenía en las manos el mismo libro que ella ojeaba. No entendió de inmediato que hacía parada allí a su lado, Matsuri nunca le hablaba, a pesar de que estaban en la misma clase.

—¿Puedo sentarme? —susurró con cierto candor la recién llegada.

Hanabi se alzó de hombros.

—Si quieres.

Matsuri sonrió y tomó asiento frente a ella. Hanabi no tenía idea que hacía allí, había muchas mesas desocupadas, y eso de estudiar en grupo nunca se le había dado. Recordaba otra vez que ellas jamás habían tenido ningún tipo de comunicación, a excepción de las últimas semanas porque como jefa de grupo que era, debía entregar boletines y dar las gracias por llenar encuestas estúpidas.

—Sé que esto es raro, pero siento que tengo el deber de decírtelo.

—¿Decirme qué? —preguntó con el mismo desgano que al ojear el libro.

—Bueno, no somos muy amigas, pero aún así, tú siempre me has caído muy bien. A veces hasta creo que nos parecemos mucho. Quizá no hemos tenido oportunidad de conocernos —soltó una risita tímida. Hanabi le frunció el ceño, perpleja, así que ésta dejó de parlotear y volvió a ponerse seria, como al principio—. Bueno, lo que quería decirte es otra cosa. Es algo incómodo, tal vez... Pero hay cosas que me parecen injustas, que me molestan de los demás.

—No entiendo.

Matsuri nunca le había causado problemas. No llamaba la atención, ni siquiera hablaba en clase. Últimamente había escuchado sonar su nombre por razones no muy buenas. Es más, hasta le habían amparado una mala reputación que a su criterio no merecía; sólo porque su mejor amiga Sari, que iba en el salón contiguo, se había embarazado dos meses atrás y sus padres decidieron darla de baja apenas hacia tres semanas. Desde entonces siempre andaba sola. Era lo único novedoso en esa chica. Quizá a eso se refería cuando dijo que se parecían; ambas eran como dos fantasmas en la escuela.

La castaña puso su libro en la mesa e inclinó su cuerpo ligeramente hacia la Hyūga. Parecía que guardaba un secreto tremendo, parecía apenada y un poco preocupada. Hanabi seguía cuestionándose miles de cosas, en espera, con cierta desconfianza.

—Hay unas chicas en el salón, que han estado diciendo cosas malas, y eso me molesta mucho.

—¿Qué dicen? —preguntó por curiosidad.

Hizo una cara de mortificación, pero lo dijo todo sin pausar.

—Dicen que eres una presuntuosa, una creída y una mimada. Y ayer escuché que una se estaba riendo porque lograron hacer que te nombraran jefa de grupo, y según sus palabras, te mereces ser la esclava del salón… —le costó terminar la frase, pero lo hizo, con la cara llena de pena—. Que a ver si así se te quita lo presumida.

Hanabi se quedó quieta cuando Matsuri terminó y se inclinó de vuelta hacia atrás en su silla. Sin duda, esa confesión la había llegado como balde de agua helada. Bajó la vista a su libro, y cuando creyó que debía ponerse triste y sentirse humillada, empezó a sentirse furiosa. Releyó las líneas del libro de física sin leerlo realmente.

—¿Quiénes fueron? —dijo al fin, después de casi un minuto de silencio.

—Sasame Fūma y Hotaru Tsuchigumo.

Hanabi levantó la vista hacia su compañera y esta se puso roja. Sí, esa mirada no fue la más amable de todas, parecía tener chispas de fuego en las pupilas. Conocía a las dos, obviamente, iban en su clase, y por supuesto, no se hablaban. Aún así, nunca antes había notado en ellas algún tipo de recelo ni odio hacia su persona. Eran dos simples compañeras, dos muy boconas, que aún así le resultaban indiferentes. Hasta ahora.

Sin explicación, se puso de pie con el libro en manos y salió de la biblioteca. Matsuri la llamó dos veces, pero no se detuvo. Ahora entendía muchas cosas, pero al mismo tiempo, se preguntaba otras. ¿Presuntuosa, creída, mimada? ¡Malditas zorras! ¡Contra penas se miraban en clase, cómo podían decir que era una presumida!

Pasó de nuevo por las canchas deportivas y para su mala suerte, se encontró con quien esperaba, en el peor momento. Naruto corría a una dirección, pero al observar a la Hyūga se detuvo. Y aunque Hanabi también pensó en detenerse para decirle eso que no pudo decir el día del accidente, prefirió desviar la mirada y fingir que no se habían visto.

—¡Hanabi!

Respingó al escucharlo y por inercia de detuvo.

Naruto se plantó frente a ella, aún vestido con la ropa deportiva y el balón en manos. Ambos hicieron contacto visual. A Naruto no le parecía extraño que ella se viera tan seria, era algo habitual en sus expresiones, como si esa fuera su naturaleza nata. Tal vez por eso no reconoció ese momento de furia en la chica, así que le sonrió como siempre.

—¿Cómo está tu cicatriz? ¿Ya te quitaron las puntadas?

—No —respondió secamente.

—¿En serio? A mí ya hasta se me cayó la costra, mira —dijo alzando el brazo para enseñar una mancha blanca en la piel, señal de que se había quitado la costra a propósito. "Como los niños chiquitos", pensó la Hyuga, un poco molesta, por él, por todo. Aún así, no dijo nada, sólo bajó la vista para tratar de ocultar su enojo—. Va a ser como un recuerdo de guerra, ¿sabes cómo?

—No —volvió a susurrar con amargura, un poco impaciente por largarse de allí.

—De las cicatrices que te duran toda la vida. Así como una colección, dattebayo'.

—¡Naruto! —explotó de repente, mirando al chico con exasperación—. ¿Por qué crees que a todo el mundo le interesa escuchar tus idioteces? ¡No eres el único en este mundo, todos tenemos nuestros propios problemas!

Dicho esto, lo empujó para hacerse camino y desaparecer de su lado. Sin pensar a donde ir, sólo corrió para esconderse, para maldecir con todas sus fuerzas a las dos mujeres que pretendían burlarse de ella.

En el mismo instante, Naruto se había quedado mudo ante la escena de la Hyuga menor. Vio cómo la chica desapareció entre los arbustos para perderse en algún lugar de la escuela. Podía sentirse ofendido o resentido por el desplante que le acababan de hacer, y sí, quizá lo sintió un poco, pero eso no era lo importante o lo que le sorprendía. Aún le parecía demasiado extraño que alguien como Hanabi se portara tan fría y lúgubre todo el tiempo. Y en cierto momento ese mismo pensamiento lo hizo cuestionarse, ¿Todo el tiempo o sólo con él?

-0-

Después de hacer una rabieta interna en la azotea del edificio directivo, se dejó caer en el suelo, recargándose en la pared.

—¡Malditas, malditas!

Sí, se habían reído de ella, dos tipas simplonas le hicieron una mala jugada, la engañaron. Ahora que recordaba, Hotaru fue quien la nombró como candidata a jefa de grupo y al día siguiente ya tenía la mayoría de votos a su favor. ¿Cómo lo hicieron? No tenía idea. Le parecía imposible que hayan convencido a la mitad del salón. Nadie tenía problemas con ella, ella no se metía con nadie. Entonces, ¿había una posibilidad que todos la odiaran en secreto y se unieran para tratar de humillarla? Sonaba demasiado paranoico.

Tenía que averiguarlo. Pero por lo pronto debía calmarse. No era el tipo de mujer que iba a reclamarles a otras sus ofensas con gritos y escenitas. Debía pensar claro e idear un plan para saber si todo había sido idea de esas dos o si habían más involucrados. Ya que lo supiera, algo iba a ocurrírsele, pero limpias no iban a quedarse.

Abrió su mochila y sacó su termo de agua. Bebió un poco mientras aclaraba su mente. Matsuri apareció entre sus pensamientos y quiso pensar que ella no estaba involucrada. Era raro que llegara así, tan amistosa de repente y que le contara todo, pero tenía el presentimiento que ella no mentía. No parecía ser ese tipo de persona.

Y casi al instante pensó en Naruto. "¡Maldita sea!", pensó. Hizo una mueca de dolencia, al recordar cómo le había hablado. Se portó como una verdadera arpía, otra vez. Y eso la hizo dudar unos segundos; ¿en verdad era una mala persona, una presuntuosa? No, claro que no. Naruto había tenido mala suerte. Quizá algo más de mala suerte, porque daba la casualidad que con él se sentía cómoda para sacar su rabia. Como si cualquier cosa que saliera de la boca del Uzumaki fuera motor para hacerle un desplante o un desprecio. Sí, era un tonto a veces, pero realmente no se merecía ese insulto de hace veinte minutos.

¿Veinte minutos? ¡La siguiente clase ya había empezado!

—¡Mierda! —maldijo poniéndose de pie.

Bajó casi corriendo las escaleras auxiliares para llegar a su salón y se encontró con la puerta cerrada. Se asomó por la ventanilla de la puerta para darse cuenta que la clase había comenzado. Era el maestro Orochimaru, el peor, el villano de las películas, el que no daba excepciones y te fusilaba si se le antojaba. No le convenía tocar la puerta y pedir que la dejara pasar, sería ponerse ella misma la bala en la sien.

Deambuló por el patio, pensando en los malos momentos. Le debía una disculpa a Naruto, no, más bien dos. Debía encontrarlo y decirle lo que tenía en mente antes de que se acumularan más disculpas. Así que sin pensarlo mucho, dirigió sus pasos al área deportiva. Como sospechaba, ya no había nadie. Y por extraña la suerte que ambos tenían, volvieron a encontrarse, en uno de los pasillos. Por poco y chocaban al doblar una esquina. Hanabi se detuvo con cierto desconcierto, no esperó ese encuentro repentino. Naruto ahora estaba duchado y vestía el uniforme formal. Pero esta vez no sonrió.

—Oh, perdón. Iba hacia esa dirección —dijo con voz apenada el rubio.

Hanabi se confundió con su expresión y sus palabras. Se confundió aún más cuando él le dirigió una mirada asustadiza e intentó pasar a su lado para marcharse. Entonces se imaginó que se sentía gravemente ofendido.

—No, espera.

Naruto se detuvo al instante, ligeramente perplejo, mirándola fijamente.

—¿Podemos hablar? —susurró un poco avergonzada.

—Ah —parecía sorprendido—, está bien.

-0-

Era raro, sí. Ambos caminando hacia una de las canchas de futbol, ella guardando su distancia y él mirándola de soslayo. No había sido idea de Hanabi, ella pensaba disculparse allí, en medio del pasillo, porque lo que quería decirle era rápido. Pero Naruto le dijo que era peligroso si un director o prefecto los veían fuera de las aulas, así que la condujo hacia esa zona despoblada de la escuela. Eran sólo ellos dos, en medio de las gradas de madera al aire libre y la tenue ráfaga de viento de esa tarde de verano.

Naruto se sentó en las gradas y poco después Hanabi lo imitó, cuidando que su falda no se elevara entre los aires. Por un momento se sintió incómoda, un poco nerviosa, pero era una estupidez, se hizo pensar. Así que actuó objetivamente y se dispuso a hablar lo que tanto le preocupaba.

—Sólo quería pedirte una disculpa por hace rato y darte las gracias por llevarme al hospital la otra vez.

Dijo y se quedó muda. Por un instante, Naruto pensó que le diría algo más, quizá el motivo de su desplante. Aunque pensándolo bien, era obvio que Hanabi no tenía más palabras para él, a menos que fueran otro insulto. Ya le estaba quedando claro lo que ella pensaba de él; que era un idiota a secas. No le molestaba tanto como debería, más bien le consternaba un poco que esa fuera la única opinión de ella sobre su persona.

—No importa, sólo quería ayudarte. E intentaré olvidar que me dijiste idiota… otra vez —dijo soltando una risa divertida.

Y con esa risa alegre Hanabi se sintió peor.

—Si importa. Acabo de descubrir que soy una perra presuntuosa.

—¡Eh, no digas eso! ¡No es para tanto! No eres la única que me llama así.

—No es eso. No me conoces, Naruto. Hay otros que piensan eso, por algo debe de ser, ¿no?

Hanabi hablaba con la cabeza medio baja, haciendo que su cabello ocultara la mayor parte de su rostro.

—Si crees que eres todo lo que otros te dicen nunca vas a reconocer tu verdadero valor.

Hanabi se sorprendió con lo que escuchó. Más bien, por la persona quien lo dijo. Giró su rostro hacia el chico zorro, tratando de entender su pensamiento, y quizá algo más profundo que eso. Pero le fue difícil, porque se sentía un poco rara estando sentada con él en medio de un campo de césped. Así que prefirió desviar el tema.

—Pues me hace enfurecer que otros digas prejuicios, y no puedo sólo dejarlo pasar.

—¿Alguien de la escuela te está molestando?

El tono de voz de Naruto fue serio, preocupado y un poco irritado. Tanto así, que ella se imaginó diciéndole quien había hablado mal para que Naruto fuera a golpearlas o gritarles que no se metieran con ella. Obviamente recapacitó a tiempo de la fantasía. Tanto que sintió un poco de vergüenza contando sus problemas a otros. Pero no perdía nada, ya no tenía porqué portarse tan opaca con el rubio.

—No es importante, se trata de dos idiotas, literalmente. Sé que debería ignorarlas, pero no puedo fingir que no existen. Ellas quieren tratarme como una poca cosa, y yo ni siquiera les hice algo.

—¡Oh, sé qué tipo de personas son! ¡Son envidiosas!

—¿Envidiosas?

—Sí, algo les molesta de ti sin que tú lo sepas. ¡Es una mierda! Una vez me pasó algo así —dijo poniéndose de pie como si fuera a contar una gran experiencia, lo que era un poco chistoso—. Yo iba en la secundaria y unos tipos siempre se reían de mí, uno es especial, y como siempre que alguien dice cosas malas y falsas de mí, me hacían enfurecer, hasta que una vez lo golpee y así todos dejaron de fastidiarme. Después me enteré que la niña que le gustaba estaba enamorada de mí. Y cuando le dije que yo no pensaba quitársela, hicimos las paces y me perdonó la golpiza que le di. Desde ese momento nos hicimos buenos amigos.

Terminó con una gran sonrisa. Hanabi quedó impactada, más bien, desconcertada.

—¿Estás sugiriendo que le de una golpiza a esas dos y después averigüe cuál es su problema, para después pedirle que sean mis mejores amigas? —musitó con sarcasmo.

—¡Oh no! Puedes saltarte la golpiza, es mejor que las enfrentes, y si continúan con sus burlas, la golpiza viene después ¡dattebayo'! —dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

Hanabi alzó una ceja y por primera vez, frente a él, soltó una carcajada a favor de Naruto. Y todo había ocurrido de manera natural. De igual forma pensaba que era algo tonto, ocurrente, y muy raro. Por un instante se le olvidó que estaba enojada y sólo escuchó las tonterías del Uzumaki. La estaba tratando de ayudar, sin nada a cambio.

Después de esa tarde, después de que ambos se despidieran en el pasillo cada uno a su propio camino, Hanabi se sintió más relajada. Se habían despedido de forma amigable. Un honesto adiós, palabra dicha de la boca de la Hyuga, que era más que buena señal. Y no es que pensara que desde ahora Naruto y ella serían súper amigos, simplemente pensaba que podían saludarse de vez en cuando, por cortesía, cuando se cruzaran en la escuela o en las áreas deportivas. No perdía nada con dirigirle la palabra al chico zorro.

-0-

Las siguientes clases estuvo cerca de Sasame y Hotaru. No pasó lo que ella pensaba, porque al pasar a su lado, ninguna de las dos actuaba extraño, es como si la trataran de invisible, que era patético. Era más molesto, porque ambas podían esconder muy bien su recelo ante ella y por lo mismo, no podía enfrentarlas por nada. Pensó que quizá habría un momento más adecuado, en algún momento las pillaría.

Una semana después todavía no encontraba el momento adecuado. Y ahora estaba molesta. Pero más molesta estaba porque en vez de sentirse intimidada por otros, se sentía ignorada. Después de aquella charla en el campo de futbol, ella y Naruto no se habían vuelto a topar. Y no era falta de coincidencia ni mala fortuna, porque ella lo intentó. Lo intentó pasando por su salón de clases, por la cancha de basquetbol o quedándose una hora extra en la biblioteca para tomar el autobús a las quince horas, tiempo de salida de los alumnos de quinto grado. A pesar de eso, no hubo resultados, y empezaba a sentirse una tonta.

"¿Entonces así funciona?", pensó desairada, o más bien, irritada.


Oh, gracias por llegar hasta esta sección, me hace creer que ya leyeron el nuevo capítulo. Aquí está en bandeja, recién salido del horno. No pude actualizar antes por problemas de tiempo (problemas escolares y de empleo, para ser específica), pero ahorita me desvelé, aprovechando mi inspiración y el desvelo gratis del día libre de mañana. ¡Oh sí! No school, no job, ¡viva! En fin, gracias por continuar leyendo este fic. Si continuo con vida, intentaré actualizar semana tras semana :)

Bien, el trama sigue su curso, y como leen, las relaciones entre Naruto y Hanabi sucedieron sin tanta tensión, es decir, ¡buena señal! Las defensas de Hanabi van abriendose un poquito. Aunque el final deja pensar que otra vez se portará como la dulce y pequeña arpía que no puede evitar ser, nada queda claro. Y creo que se preguntarán, ¿habrá más que sólo Hanabi y Naruto? ¡Por supuesto! Todo está predeterminado para que aparezcan otros personajes, sólo es encontrar el momento indicado.

Gracias a todos por sus reviews, me gusta que les guste, y como a ambos nos gusta, habrá más. ¡Gracias!

See u soon people. From Tijuana with love.

Miss K