III - Kevan
Willem había sido asesinado mientras dormía por aquel hijo de mala madre, Rickard Karstark, así se pudriera en los siete infiernos. Lancel había estado a las puertas de la muerte sólo para ser salvado y convertido en un fanático religioso por el Septón Supremo, que podía ir a hacer compañía a Karstark también. Martyn se había salvado de milagro del cautiverio al que el joven lobo lo había sometido. Y la pequeña Janei era la única que vivía feliz y ajena a las cuitas de los adultos.
Pero él ya no podría verla crecer. Uno por uno, sus cuatro hijos desfilaron por su mente y el corazón se le quebró más y más al recordar sus rostros sonrientes y sus ojos soñadores. Guardó un último pensamiento para Dorna: no podía haber soñado una esposa mejor.
Cuchilladas de dolor atravesaban cada rincón de su cuerpo, la vista comenzaba a nublársele y ya no distinguía bien los sonidos. Mientras se desangraba, reflexionó sobre el bien que podría haber hecho si le hubiesen dejado ahora que Tywin no estaba, habría sido un nuevo comienzo para todos, pero a nadie le importaba. Él era el único hombre sensato que quedaba.
Y ahora estaba muerto.
