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Este capítulo va dedicado a los que dejaron comentarios en el capítulo anterior: INFINITOPERIODICO, ImInTheDarkness y seilorlina1. ¡Gracias por sus comentarios! Besos!


Capitulo 3

Londres no Mágico

P.O.V Hermione Granger

Desde muy pequeña, recuerdo que soñaba con el día de mi graduación. Soñaba con ser la mejor de la clase, con ver a mis padres orgullosos de mi. Hoy, tantos años luego, mi sueño aún parece lejano. Recibí mi carta para asistir a Hogwarts, pero no se lo comenté a los chicos. Solo la dejé escondida entre mis pertenencias.

Luego de recibirla, comencé a sentirme triste, realmente hubiese deseado ir a cursar mi último año. Era lo único que había deseado durante toda mi vida, terminar mis estudios en Hogwarts y ser reconocida como una de las brujas más inteligentes, sino la más, de mi generación. En eso pensaba mientras caminaba por las calles de Londres no mágico.

Largas aceras se expandían delante de mi vista, autopistas completamente abordadas, gente caminando de un lado a otro entre pláticas y risas. En cambio, ahí estaba yo, arrastrando una maleta color plata. Había salido de la madriguera hace una hora, y ya comenzaba a extrañar a todos los chicos. Y más a él...a mi rubio platinado que, aunque no me lo dijo, se había quedado muy triste.

Luego de un rato, conseguí subir a un taxi. El conductor era un viejo de ojos azules, barba espesa, piel tostada y con bastantes arrugas cruzando su jovial rostro. Me escuchó con una sonrisa mientras le decía el nombre de la calle que buscaba y luego puso en marcha el vehículo. A medida que nos desplazábamos por la ciudad diversos recuerdos de mi niñez pasaban por mi cabeza. La gran mayoría de ellos, realmente desagradables, no es un secreto que siempre me rechazaron por ser una sabelotodo con dientes de ratona.

- Señorita ¿Viene de visita?- me cuestionó amablemente el anciano mientras conducía.

- Si, a visitar a mis padres. - mentí sin mirarle.

Tras la corta conversación, y para evitar cualquier otra pregunta me coloqué los auriculares y reproductor de música que había encontrado mientras hacía mi maleta, hace mucho lo había abandonado. Mientras la música sonaba a lo lejos, mis ojos recorrían, desde mi posición junto a la ventana, las calles que iban quedando atrás. Me hallé a mi misma de regreso en la madriguera, recordando como mi rubio me había despertado...cuanto extrañaría despertar y verle.

- Te amo...- susurré separándome de Malfoy, él se negó a soltarme, me apretó cerca de su pecho y yo no pude más que envolver mis manos alrededor de su espalda y reposar mi cabeza sobre aquella porción de piel, bajó la cual se hallaba su corazón.

- Sabelotodo...prométeme algo.- me dijo Draco sin soltarme, un suspiro se escapó de mis labios. Nos encontrábamos en el cuarto de Ginebra, pero la pelirroja hace mucho se había levantado y había salido hacía sabe Merlin dónde.

- ¿Que?- murmuré alejándome lentamente para poder mirarle a los ojos. Las manos de mi rubio persistieron en mi cintura, pero me permitió alejarme algunos centímetros y mirarle a los ojos.

Aquellos hermosos ojos grises brillaban bajó la cobertura de las lágrimas que amenazaban con derramarse, pero que se habían quedado contenidas en sus pupilas. Mis ojos recorrieron, en el silencio de la espera, la profundidad de aquella mirada. Pasando por la pálida piel, observando los delicados labios que aún no avanzaban a explicar que deseaba pedirme.

Fue un silencio que duró una eternidad, Draco parecía perdido mirándome, y yo no me atrevía a interrumpir ese hermoso e intenso silencio que nos accediaba. Era un momento tan intimo, como si él quisiese decirme algo con su mirada y aunque pareciese una bobería, yo sentía que podía interpretar la misma. Sentía que me gritaba cuanto me amaba...y cuánto deseaba que permaneciese junto a él.

- Prométeme...que me amarás siempre.- me pidió, delicadamente sentí como sus manos acariciaban mis brazos, subían acariciando mis codos, hasta mis hombros y luego envolvían lentamente mi cuello.

- ¿Lo dudas? ¿No te lo he demostrado muchas veces?- interrogué.

- Yo siempre te voy a amar...solo quiero asegurarme.- me explicó.

- Nuestro amor...es para siempre mi rubio...nada podría separarnos...- susurré convencida.

- Te creo...necesito creerte...-le escuché responder antes de atrapar intensamente mis labios. Mis manos corrieron libres por su espalda, no sabiendo a qué aferrarme mientras él me besaba. El aire comenzó a faltarme y no tardé en alejarme algunos centímetros mientras intentaba, con cierta dificultad, recuperar la respiración.

- Quién fuera aire.- escuché susurrar a Draco, pensé en abrir los ojos, pero volví a sentir aquellos labios sobre los míos así que no lo hice. Volví a alejarme buscando aire, pero apenas podía obtener un poco del preciado invisible cuando ya volvía a sentir los labios insistentes y demandantes de mi platinado.

Sentía las piernas débiles, me sujeté a su espalda e intenté tomar el control de aquel loco arrebato. Mi astuta serpiente se las arregló para acoralarme contra la pared más cercana, mientras yo intentaba recuperar la respiración. Abrí mis ojos y lo encontré mirándome fijamente, me perdí en aquellos ojos grises que me estudiaban. Me miraba con tanto amor, con tanto deseo.

- Eres mía ¿cierto? Por decisión propia.- comentó acariciando mi cabello, podía imaginar cómo sus dedos se enredaban en mis bucles.

- Por desición propia.- repetí tirando de su camisa para que volviese a besarme, a lo cual, por supuesto, no hubo queja.

-Señorita...ya llegamos.- la voz del anciano taxista me sacó de mi no muy antiguo recuerdo. Quité la mirada del cristal de la ventana y me giré a encarar al hombre que se había alineado tras un carro color verde.

- Aquí es...- susurré viendo la casa a lo lejos.

- ¿Quiere que la lleve a alguna casa en especial?- me interrogó

- No...aquí me bajó.- respondí con seguridad antes de preguntar cuánto le debía. Luego de pagar, bajé mis maletas y el taxista retrocedió y se perdió de mi vista.

Con maleta en mano caminé con lentitud hacía la casa blanca que tenía un alero violeta y un pequeño balcón. Mientras caminaba, recuerdos de mi infancia pasaban por mi cabeza. Me hallaba tan sumergida en mis pensamientos que terminé tropezando con algo duro que me mandó al suelo directamente. "¡Por Merlin!" Exclamé enojada mientras levantaba la mirada y comprobaba que no había recibido ningún daño.

- Lo siento...- susurró un chico de ojos marrones que se encontraba de pie delante de mi y con el cual acababa de tropezarme. Era un chico de piel tostada, cabello castaño que caía rebelde sobre sus ojos y mirada jovial. Vestía unos vaqueros rotos en las rodillas y una camiseta negra que decía en letras blancas "Rock and Roll".

- Disculpa...a sido culpa mía.- respondí mientras me ayudaba a levantar. Luego me despedí con un gesto de mano y seguí caminando, lo que menos necesitaba era hablar con alguien y distraerme.

Al llegar a la casa, rebusqué en mi bolso y hallé las viejas llaves en el interior, por precaución toque varias veces. Cabía la posibilidad de que mis padres estuviesen ahí, o que la casa la tuviesen otros propietarios. Nadie respondió, revisé sutilmente el lugar, parecía estar abandonado. Me acerqué a una ventana para mirar hacía el interior, pero solo alcance a observar un mullido sillón viejo lleno de pólvo.

Más confiada, introduje la llave en la ranura y empujé la puerta, está hizo un ruido desagradable a medida que se abría y dejó a la vista un pasillo. Mientras caminaba podía sentir el polvo inundando mis fosas nasales. El lugar estaba completamente desocupado, pero tenía un sillón viejo en la sala. El cual, lleno de polvo, parecía poder soportar algún tiempo de uso.

- ¿Dónde debería empezar a buscar?- me pregunté mentalmente mientras con un movimiento de mi varita limpiaba el mullido sillón y me dejaba caer sobre el. Había un trozo de cartón en el suelo el cual convertí en una pequeña mesa.

- Londres es...tan grande...- susurré pensativa.

- ¿Debería escribirle que llegué?- me pregunté abriendo mi maleta y extrayendo un pergamino, tinta y pluma. Draco me había dicho que le avisara cuando llegase así que, antes de salir de aquí a iniciar mi búsqueda, debería escribirle. Además, podría pedirle al investigador que se la hiciese llegar.

Bobo,

Ya he llegado a la antigua casa de mis padres. Por suerte, está desocupada así que estaré durmiendo aquí mientras esté investigando. Espero que todo este bien allá. Te amo, han pasado apenas horas y ya siento que me haces falta. Te escribiré más en la noche.

Con amor, Tu Hermione.

Estaba por cerrar la carta cuando un golpe en la puerta delantera me sobresaltó y terminé derramando la tinta sobre el pergamino y arruinándolo por completo. ¡Por Merlin, pero...! Me levanté y corrí a mirar quién llamaba. Arrugué el entrecejo al volver a ver al chico con el cual había tropezado.

- Hola... ¿Necesitas algo?- interrogué mientras abría la puerta.

- Ehh...no...es que te he visto y... ¿Eres Hermione...cierto? ¿Hermione Granger? Estudiamos juntos.- me dijo el chico con una sonrisa.

- Espera... ¿Edward? ¿Eres tú?- exclamé sorprendida, su sonrisa se ensanchó mientras asentía una y otra vez.

- ¡Estás hermosa, castaña!- exclamó el castaño y repentinamente me dio un abrazo. Había sido mi mejor y único amigo mientras estudiaba.

- Gracias, tu no te quedas atrás.- comenté separándome rápidamente.

- ¿Dónde has estado? ¡Desapareciste hace años!- me dijo con curiosidad.

- Si, me enviaron a estudiar lejos...- mentí escondiendo mi mirada.

- ¡A mi madre le alegrará verte! Vive en esta calle. ¿Vienes?- me interrogó sonriendo.

-Yo...no creo que pueda ahora, estoy...ocupada.- me excusé rápidamente.

- ¿En la noche entonces? Si no tienes algo que hacer, claro.- insistió.

- Está bien, en la noche. Nos vemos.- declaré comenzando a cerrar la puerta.

- ¡Perfecto! Te veo en la noche, linda.- se despidió, me quedé petrificada por algunos segundos y luego simplemente cerré la puerta. ¿Linda? Draco le arrancaría los ojos si le escuchaba.

- Ahora...esperamos un rato a que se vaya y salimos.- comenté volviéndome a sentar en el mullido sillón. Mis ojos revisaron la carta que había escrito, aquel era el último pergamino que me quedaba.

No podía enviar aquel trozo de papel completamente ilegible a Malfoy, pero podría salir a comprar pergaminos. Por supuesto, tendría que hacerlo más tarde porque debía reunirme con el investigador que Macgonagall me recomendó y el cual estaría ayudándome en mi búsqueda. Tras hacer una pelota de aquel papel arruinado lo dejé caer al suelo, levanté la tinta que seguía goterreando y dejé la pluma sobre la pequeña mesa.

Todavía faltaban dos horas para la cita con el desconocido, pero no conocía bien el lugar donde nos reuniríamos así que deseaba salir con anticipación por si tenía problemas localizando el lugar. Por ese motivo, luego de un rato, salí de la casa dispuesta a conseguir otro taxi para que me llevase a aquel centro comenrcial donde debía encontrarme con el investigador.

Pensar que esto apenas estaba empezando...aunque...si conseguía hacerlo muy rápido, podría volver a Hogwarts y terminar mis estudios. Minerva me dijo que me daría hasta Noviembre para llegar a estudiar; y que me ayudaría para que encontrase a mis padres rápido y luego reanudase mis estudios. ¡Y ese es mi plan!

Horas más tarde...

- Entonces ¿Usted cree que deba dejarlo todo en sus manos? ¿No necesitará mi ayuda?- cuestioné sorprendida.

- Mcgonagall me comentó tus deseos por volver a estudiar, me parece que deberías hacerlo. Aunque necesitaré que te quedes conmigo algunas semanas. Necesitaré que me facilites cierta información. Pero me parece que en un máximo de tres semanas podrías volver a Hogwarts.- me dijo el caballero de blancos cabellos y ojos verdes.

- Confiaré en usted, pero prométame que tan pronto tenga un indicio de dónde están mis padre me avisará.- le pedí sujetando sus manos emocionada.

- Claro que si, señorita Granger. Es lo mínimo que puedo hacer. Pensé que convencerla para que me dejase hacerme cargo de la investigación sería más complicado.- me comentó con una cálida sonrisa.

- La verdad es que...realmente deseo volver a Hogwarts.- acepté acomodando un riso rebelde tras mi oreja.

- Pues nos estaremos viendo. Tan pronto este todo listo te aviso para que puedas regresarte a estudiar. Mientras estés por acá, podrías aprovechar e investigar en el antiguo hogar de tus padres. Quizás algún vecino, o algo por el estilo tenga información de su paradero.- me comentó el señor.

- Eso haré, gracias. Nos vemos en unos días.- susurre poniéndome en pie, coloqué un beso fugaz y repentino en su mejilla y me alejé rápidamente. Algo me decía que más pronto de lo imaginado mis padre volverían a estar conmigo.

Cuando salí del centro comercial rápidamente me percaté de que la noche había caído sobre Londres no mágico. Cierto frío se coló por entre las telas que me cubrían y no pude más que acariciar suavemente mis brazos para entrar en calor. Aquel simple movimiento me recordó a mi rubio. Mi mirada se perdió en la extensa calle delante de mis ojos mientras mis pensamientos se perdían en la lejanía de mis recuerdos.

- ¡Afuera está helado, rubio!- grité sujetándole de las solapas de la túnica mientras él intentaba arrastrarme fuera del castillo. Draco dejó escapar una carcajada y dándose la vuelta me agarró en brazos.

- Prometo abrazarte para que entres en calor.- susurró lanzándome una guiñada sin bajarme de sus brazos. Miré a todos lados, asustada de que Slughorn o algún Slytherin pudiese vernos.

- Draco nos pueden ver...- susurré sujetándome de su cuello mientras rastreaba el lugar nerviosa.

- Nadie nos verá.- sentenció con una sonrisa mientras salíamos del castillo. Draco me dejó en el suelo cuando salimos, abracé mi cuerpo cuando la ola de frío golpeó mi cuerpo. Malfoy se giró con una sonrisa, podría ver como la respiración de mi rubio iba dejando un rastro en el aire.

- ¿Mucho frío?- me interrogó divertido tirando suavemente de mi para abrazarme, le fulminé con mi mirada y él sujetó mi mano y me obligó a caminar.

- ¿A dónde vamos?- pregunté siguiéndole el paso .

- ¡Taxi!- exclamé deteniendo un taxi que pasaba delante de mis ojos.

Minutos luego...

- Gracias.- susurré bajando del vehículo, enterré mis manos en los hondos bolsillos del pantalón y comencé a caminar. Un suspiro se escapó de mis labios, estar aquí sola...sin mis amigos, sin Draco...se sentía extraño.

- ¡Hermione!- gritó una voz a mis espaldas, me giré asustada, encontrándome con una cabello castaño y una bonita sonrisa que me miraba tres pasos por detrás.

- Hola...- saludé

- No olvidaste la comida ¿cierto? Ya le dije a mis padres que volviste.- me comentó Edward alcanzándome.

- La comida...si claro...no lo olvidé.- murmuré intentando sonar convincente.

- ¿Vamos entonces?- me preguntó extendiendo una mano, la sujeté, tomé una larga respiración y caminé junto al castaño que hace tantos años había sido mi mejor amigo.

- Mami estaba muy emocionada cuando le dije que volviste. Esperamos que te quedes un tiempo. - me comentó sonriendo.

- En realidad no estaré mucho tiempo..- susurré encogiéndome de hombros. Edwards tocó la puerta de una de las casas y se escuchó movimiento en el interior.

- Hermione, te ves muy bonita.- susurró el castaño enterrando sus manos en los bolsillos del pantalón mientras esperábamos que alguien abriese la puerta.

- Gracias, no creo que sea para tanto...- susurre ligeramente nerviosa.

- Si es para tanto...- respondió él, extendió su mano hacía mi mejilla, pero me moví justo a tiempo para evitar el contacto. Justo en ese instante, la puerta se abrió y una señora de bonitos bucles castaños asomo su rostro, una enorme sonrisa reposaba sobre su labios.

- ¡Hermione! ¡Tanto tiempo! ¡Mira que grande estás!- exclamó al verme.

De eso ya van algunas semanas, el inspector tardó más de lo previsto en volver a contactarme, pero no me quedé simplemente esperando. Me levantaba muy temprano, salía a revisar las urbanizaciones cercanas, o averiguar con los vecinos, disimuladamente, el paradero de mis padres. Me tocó mentir sobre el motivo que me trajo a mi antigua casa. A Edward y a su familia les dije que estaba acá porque tenía una investigación escolar que me obligó a transladarme.

A medida que los días pasaban, sentía que extrañaba un poco más a mi rubio platinado y a mis amigos. Con tanto estar de un lado a otro, incluso había olvidado detenerme a escribirle a alguno de ellos. Además, las noches las pasaba, normalmente, en casa de la familia de Edward así que llegaba a la vieja casa de mis padres solo a dormir. Eso me mantenía anclada al mundo, por menos podía distraer mi mente un poco.

- Aquí está la lista de los lugares que he visitado. - hablé tendiéndole un pergamino al investigador.

- Perfecto, le envié un patronus porque ya tengo todo lo necesario. Podrás regresar a Hogwarts y yo te enviaré una carta cuando sus padres hayan aparecido. Con lo que me contaste que te dijeron los vecinos tengo entendido que probablemente tus padres estén en Australia...- me comentó el hombre de grises cabellos.

- Yo... ¿No cree que será mejor si yo le acompaño a buscarlos?- comenté ligeramente insegura.

- Señorita Granger, creo que con o sin usted el trabajo podría llevarse a cabo. Pero si usted se queda, no podrá terminar sus estudios.- me explicó.

- Si, cierto, entonces...me iré mañana temprano...- sentencié poniéndome en pie.

- No olvides enviarle un pergamino a Mcgonagall. Ella estaba realmente preocupada por tu decisión.- me comentó el señor.

- Lo haré, y...gracias...realmente gracias...- respondí

Contianuará...


¿Qué os ha parecido? ¡En el siguiente capítulo regresamos a Hogwarts!