Capítulo2:Cuídate de tus amigas si andas con novio

Sa… Saga-senpai…

Los ojos marrones esperaron expectantes. Es probable que este sea el díael día en que

¿Tendría la amabilidad de darme el libro que estaba usando…?

…una vez más, se quedara con ganas de escuchar una declaración, confesión, suspiro, o lo que fuese, de amor, proveniente de los labios de la hermosa jovencita de ojos verdes y cabellos castaños hasta los hombros… tres años menor que él, por cierto.

Ah, perdona…

Gracias – le regaló una sonrisa enorme y se dio la vuelta.

¿Cómo es que sabes mi nombre?

¿Eh? – lo miró, confusa, señalando su pecho – Hem… lo dice en su prendedor…

Mier…

Y, además, siempre que intento leer algún texto resulta que Saga-senpai ya lo tiene separado. Es agradable, aunque ligeramente aterrador también, que compartamos los mismos gustos literarios – sin darse cuenta, empezaron a caminar juntos hacia una mesa.

Bueno… suelo leer el mismo libro unas diez veces hasta tenerlo grabado en mi mente…

¡Vaya, yo también! – elevó ligeramente la voz, por lo que se sonrojó. Él sonrió, con cara de enamorado – Ah, aunque últimamente no había podido venir…

¿Por qué?

Estuve enferma del estómago… Debido a mi deficiente alimentación creo que estoy generando una terrible gastritis…

¿No traes almuerzo? – se sorprendió.

No se trata de eso… Es que… me encanta tanto leer, que muchas veces me quedo aquí todo el día y no logro completar mis comidas… Especialmente los fines de semana.

Eso es muy irresponsable – la joven lo miró con la boca abierta. Y luego sus ojos se llenaron de lágrimas – Oye, no, yo no…

Si Saga-senpai lo dice… le haré caso. Comeré todas mis comidas – bajó la mirada y susurró algo incomprensible.

X ^ X

La acompañó a su casa, con movimientos torpes debido a los nervios. No era que deseara que pasara algo… él sólo deseaba que le dijera de una buena maldita vez que le gustaba, o que al menos quería conocerlo más. Él sabía que ella llevaba meses, doce para ser exactos, contaditos con calendario, desde la ocasión en que tuvo la gentileza de alcanzarle un libro de Usami-sensei que se ubicaba demasiado alto para ella, espiándolo, en la misma medida e intensidad con la que él la espiaba a ella. Por ello, estaba desesperado… Deseaba saber si era correspondido…

Ella, por su parte, iba hablando como una lora. Parecía que los libros que leía durante el día con tanta desesperación solían escaparse inconscientemente durante la noche, cual laguna o mar que expulsa el calor absorbido en el día.

¿Le gustan los mangas, Saga-senpai? – lo trajo a la realidad con su voz dulce e interesada.

¿Hum…? Suelo leerlos, sí. El género que más me gusta es el Shōjo, aunque también me estoy empezando a interesar por el Shōnen…

Ah, vaya… Entonces no creo que tengamos tema en común en este aspecto – él frunció el ceño.

¿Por qué?

¡Porque yo amo el Yaoi y el Shōnen-ai! – pareció resplandecer. A Saga no le habría sorprendido verla levitar – Y mi autor favorito es el grandioso, hermoso, joven, atractivo, sexy, y cien por ciento talentoso Akikawa Yayoi… ¡Ah, no sabes lo que te pierdes!

¿Eh? – lo había tuteado por primera vez, sin darse cuenta. Pero Saga en lugar de ofenderse, sonrió con ternura. Y no emitió su comentario, por más que deseaba en esos momentos abrazarla – ¿Te refieres a ese género del manga y el anime que habla del amor entre hombres?

Pues sí. Ah, ¿no me digas que te he ofendido…?

Por supuesto que no. Aunque, creo que yo nunca podría haber sido homosexual – ladeó la cabeza, como intentando ocultar su incomodidad – Te prometo que intentaré leer alguno. Recomiéndame – ella sonrió en toda su magnitud.

Ah, ha salido el último de sensei, lo compré ayer, puedo pasártelo ahora mismo – corrió hacia una de las casas de la calle y abrió la verja – Ven, Saga-senpai, te presentaré a mi mamá – ajena a la emoción que acababa de generar, caminó dando saltitos hacia la puerta. Y tocó el timbre.

Espera… Aún no me has dicho tu nom

Ritsuko… Amor, ya llegaste – una mujer de rostro tierno, casi la versión adulta de la niña, la recibió con un cálido abrazo – Ah, invitaste a tu senpai – mientras que ella se sonrojaba, Takano se inclinaba, con respeto, pese a que su corazón latía tan rápido que sentía que se movía como la copa de un árbol agitado por el viento. Le había hablado a su madre sobre él… ¿eso no era ya una prueba de sus sentimientos?

Mamá… Él es Saga-senpai... Takafumi no pudo venir hoy – pero sus pensamientos se fueron al tacho.

Ah, es que de noche no veo muy bien, lo lamento, Saga-kun – le sonrió con calidez. Su corazón de madre le decía que ese jovencito guapo era otro de los pretendientes de su hija… quizás el correcto… – Bueno, pasen, por favor. An-chan no tarda en venir.

¡An-chan! – se golpeó la frente – Rayos, lo olvidé… Se trata de una amiga de la infancia, Saga-senpai… Es un poco – lo dejó pasar y luego cerró la puerta – coqueta – la palabra fue casi escupida.

Tú también lo eres – estaban solos, puesto que la madre de Ritsuko había entrado a la cocina. Y, fue quizás el escuchar el nombre de otro chico en boca de ella, lo que lo obligó a reaccionar casi impulsivamente – ¿O es que no te has dado cuenta aún…? – se miraron. Las mejillas de ambos adquirieron un delicado tono rosa, mientras la distancia iba desapareciendo.

Me… me gustas, Saga-senpai – ahora sí la oyó. Y él, más por una cuestión de nervios que porque le hubiera resultado divertida la situación, sonrió con dulzura cuando ya el beso había iniciado. Al separarse, logró decir al fin lo que llevaba tanto tiempo guardado en su corazón.

Te amo… Ritsu…

Senpai…– se abrazaron. Y no les importó que el timbre sonara como loco. Y por supuesto a la madre de la joven tampoco. No deseaba interrumpirlos.

X ^ X

Caminaban de la mano, por los pasillos del colegio. Conversando por lo general de las cosas que les pasaban en sus aulas. Y últimamente, de un tema que a ella le incomodaba. Y a él lo tenía fuera de cualquier tipo de angustia.

Este es tu último año… Y el de An-chan – la miró en silencio – Sigues… ¿sigues con la idea de convertirte en editor…?

Así es…

Ella también. Dice que porque tú se lo recomendaste…

No en el sentido estricto. Lo comentamos en su delante la otra vez, en el cine, ¿recuerdas? Hasta tu amigo Yokozawa metió su cuchara en la conversación – ella, debido a sus celos, no pudo notar los suyos.

Quiere postular a tu misma universidad…

Es libre de hacerlo…

Estudiarían juntos…

Sólo logro soportarte a ti cuando se trata de los estudios, ya sabes que me gusta hacer mis tareas y repasar en soledad…

Es probable que hagan viajes juntos…

Con el resto de estudiantes… aunque no creo que para ser editor necesites salir de la ciudad… Igual, te estaría llamando a cada rato…

¡Deja de tomártelo todo con tanta tranquilidad… TÚ LE GUSTAS! – se soltó de golpe. Habían llegado a un área que estaba casi literalmente abandonada. Y en semi penumbras – Puedo intuirlo… ¡Parece que eres el único que no se ha dado cuenta…!

Si le intereso o no es algo que ella debe procesar. Te recuerdo que yo tengo enamorada, una enamorada demasiado gritona, irresponsable y celosa, pero la amo, ¿la conoces, Ritsu?

¡Deja de llamarme Ritsu, no soy hombre!

Si lo fueras… podría amarte por completo… sin reservas ni frenos… – acortó la distancia. Y, como sucedía ahora con más frecuencia, el beso que se dieron fue mucho más intenso que los anteriores.

Saga… basta – se separó, respirando con dificultad – Por favor…

Jamás te forzaré… Lo único que quiero que entiendas es que ni An-chan ni el dichoso Takafumi son importantes si tú y yo estamos juntos – ella parpadeó.

¿Qué tiene que ver mi senpai en esto?

¡Lo ves… YO SOY TU SENPAI, ÉL YA NO PERTENECE AL COLEGIO!

El que no pertenezca no quiere decir que deje de serlo… Tú seguirás siendo Saga-senpai incluso cuando nos casemos – se sonrojó. Y bajó la mirada.

¿De veras te casarías conmigo…? – era la noticia más linda del día. No, del año. No, de toda su corta vida.

Supongo que tú no…

Hace un año que vi tu futuro anillo – la obligó a mirarlo – Me falta solamente un mes de remuneración por mi trabajo en esa pequeña editorial de la que te hablé y podré comprarlo… No es, obviamente, un costo significativo, pero es muy hermoso, delicado como tú…

Deberías ahorrar para tus materiales… Tus padres no querrán apoyarte…

Ya lo sé. Tendré que juntar de nuevo pero podré hacerlo rápidamente… Ritsu… ¿aceptarías s – pero su pregunta fue ahogada por la presencia molesta de una joven de cabellos claros.

¡Ah, Saga-kun, estás aquí! – lo tomó del brazo, alejándolo de la joven. Ella sólo miró a otro lado, con incomodidad – El profesor te estuvo buscando para darte un trabajo adicional, como escribes tan lindo…

Gracias. Lo buscaré en su oficina – se arrancó a sí mismo de su agarre y abrazó a Ritsuko por la cintura, sorprendiéndola – Vamos, ya va siendo la hora de salida – dejaron a An-chan de pie, con la mandíbula apretada. Pero con una creciente idea en su mente… que probablemente estaba a un paso de concretar.

X ^ X

Se acercan mis finales… Si no estudio… tendré que quedarme un año más, ¡qué desastre! – Saga se encontraba en una práctica de baloncesto, el único deporte al que había accedido practicar por insistencia de Ritsuko, quien no dejaba de molestarlo por sus brazos delgados y débiles – Espero que Saga regrese pronto, este tema realmente me confunde… Ojalá repitierasEstaríamos juntos un año másY yoy yo podríaal fin decirte que s

Ah, Ricchan, estás aquí. Saga-senpai me envió para decirte que no podrá venir esta tarde – Ritsuko dirigió sus hermosos ojos verdes hacia su amiga de infancia. Ella le sonreía cálidamente, como siempre que estaban solas. Como solía hacer desde que ambas tenían seis años. Luego de lo conversado con su amor, ella estaba más tranquila. Ya no la veía como una rival, sino como a una admiradora más, carente de importancia – La práctica terminará tarde, lo siento…

Oh, no hay problema. En ese caso supongo que debo irme ya a casa, no tiene sentido quedarme… ¿Por qué ese tonto no me habrá avisado…? Tiene mi número celular, ¿cierto?

El profesor es muy estricto. Yo pasaba de casualidad por ahí y aprovechó un instante para decirme – el corazón de la castaña se sintió de pronto demasiado inquieto – Espero que no te molestes por eso – bajó la mirada, sonrojándose.

Claro que no… Bueno, An-chan, ¿nos vamos?

Lo lamento, pero debo hacer aún la tarea de matemáticas…

Si quieres la terminamos juntas…

No te preocupes. He quedado con un amigo en terminarla aquí dentro de diez minutos.

Ah, bueno, en ese caso… Hasta mañana.

X ^ X

El entrenamiento había concluido, diez minutos más tarde de lo acostumbrado, pero había concluido al fin. Intentó llamarle, pero no encontró su celular en ninguna parte de su maletín. Quizás lo dejé en la mochila de RitsuEsa despistada,ni siquiera debe haber notado que ya es de noche

Sonriendo dulcemente a la imagen mental de su novia, caminó hacia los vestidores. Era el último en usar las duchas, así es que, pese a la hora, se tomó su tiempo. Espero que haya entendido el mensaje que le di a esa mocosa y me esté esperando en la cafeteríaAl fin pude comprarloal fin podré pedirte que te conviertas en un futuro cercano en mi esposaRitsu

La dulce canción que él había asignado a Ritsuko en su celular interrumpió sus pensamientos. ¿Cómo era eso posible, lo habría dejado irresponsablemente en alguna parte de los vestidores, o en su casillero, los únicos dos lugares que no había buscado apropiadamente por la sarta de rehidratantes y bocadillos energéticos que ella le había regalado?

¿Buscas esto? – volteó, agradeciendo a Dios su previsión de vestirse en tiempo récord y dentro de la ducha. Porque ahora tenía ante él a su celular, sí, pero este se encontraba en manos de la persona que volvía a Ritsu la mujer más insegura del mundo.

Devuélvemelo – ella se lo entregó, sin dejar de sonreír. Temiendo que ella fuera a hablar mientras él contestaba, generándole una pelea en un día tan especial, dejó que el celular sonara – Supongo que le diste mi mensaje a Ritsu…

Así es. Le dije que se fuera a casa – él abrió los ojos con indignación – Es muy tarde. No querrás que una señorita ande sola por las calles, exponiéndose al peligro…

Estaba yendo ya a verla, te pedí que le dijeras que nos íbamos a encontrar para irnos juntos… En fin, no interesa. Gracias de todos modos, si me disculpas – tomó su mochila, caminó hacia la puerta y de allí hacia el pasillo, con ella tras él, aparentando una serenidad que no tenía.

Saga-senpai, me gustas – él se detuvo. Así que Ritsu tenía razón. ¿Cómo podía ser tan insolente?

Debo imaginar que aún no te enteras, pero… Soy el prometido de tu mejor amiga – fue su turno de abrir los ojos como platos.

¿Prometido?

Así es. De modo que te voy a rogar que no vuelvas a decir algo como eso, es impropio y me tiene sin cuidado – continuó su camino. Pero no había dado ni cinco pasos cuando fue jalado con fuerza, estrellado contra la pared y besado en los labios, sin poder reaccionar debido a la velocidad del incidente.

Saga – la vocecita que les llegó desde algún lugar cercano al inicio del pasillo lo libró del entumecimiento generalizado. Empujando con brusquedad a la chica, hasta hacerla caer de golpe, volteó aterrado hacia una llorosa Ritsuko, quien salió corriendo a toda velocidad.

¡RITSU! – corrió y corrió con todas sus fuerzas, pero pese a ser más alto y por ende tener las piernas más largas, no la logró alcanzar. Por algo la joven no era una deportista innata. Buscó por todas partes en la escuela, pero no la halló.

Temiendo que le hubiera contado ya a sus padres y que ahora fuera despreciado por completo por ellos también (en el mejor escenario… porque en el peor era evidente que podían matarlo…), caminó casi corriendo hacia la casa de la joven, y tocó la puerta, temblando de miedo. Pero su madre le dijo que no había llegado aún. Que estaba en casa de una amiga, según había indicado hacía cinco minutos, por teléfono. La mujer le ahorró la penosa necesidad de explicarle algo que de seguro le habría valido una golpiza de parte del hombre corpulento y gentil que debía ser el padre de la joven. Sólo se limitó a acariciar su rostro y a decirle, en tono maternal, aquello que de seguro era demasiado evidente, por su expresión de desesperación y angustia.

Ritsuko es una niña muy impulsiva y sensible. Lo que haya ocurrido, estoy segura que se solucionará mañana cuando hablen. Ahora ve a casa, Saga-kun. Si ella regresa antes de las once, te llamaré… Y si ella lo consiente, tal vez puedan conversar hoy mismo.

Pero la llamada nunca llegó. Al día siguiente, cuando regresó, sorprendido y temeroso por la ausencia de la joven en el aula, la mujer, llorando y amablemente, pese a saber ya la razón de su decisión, le dijo que ella se había ido al extranjero, a estudiar su último año de secundaria y sus estudios superiores.

Saga-senpai no pudo agregar nada más. Inclinándose respetuosamente, pidiendo perdón repetida y sentidamente, se limitó a dar media vuelta. El anillo aún descansaba en su mente y en el bolsillo derecho de su camisa. Pese al dolor que lo desgarraba, se juró a sí mismo entregárselo algún día a su legítima y única dueña…

Aunque eso significara recorrer el mundo entero en lo que le quedaba de vida.