AVISO AL LECTOR (Impotante): Aquí empiezan los spoilers, aunque no muy significativos, de Deadly Hallows.
Escalera hacia la muerte
Capítulo 3: La Maldición de las Ravenclaw
Con una rapidez inesperada llegó el 31 de octubre. Había llovido el día anterior. El cielo seguía encapotado y de vez en cuando se oían truenos a lo lejos que no predecían más que una inminente tormenta. El entorno era oscuro incluso siendo de día; tan sólo las miles de velas colocadas por todo el castillo iluminaban los pasillos, las clases y el Gran Comedor. El ambiente escolar se perdió, cambiado por risitas procedentes de grupos de niñas que aún no tenían pareja y esperaban al último momento. Lo peor de todo era que Julia estaba entre ellas. No había dejado de hablar de Riddle en toda la semana "es que es tan simpático y agradable..." "¿no crees que es guapísimo?" y similares invadían sus conversaciones, a lo que Eva respondía con un simple gesto afirmativo. Las calabazas que hicieron en Encantamientos decoraban la sala común, la suya justo encima de la estatua de Rowena Ravenclaw, como si fuera un trofeo. Al fin de las clases, Eva se encontraba abrazada a Shawn en un sofá de la sala común. Hacía unos días que no tenían tiempo de estar juntos, y ninguno de los dos lo toleraba demasiado bien, así que decidieron pasar la tarde juntos. Estaban conversando sobre la fiesta de Slughorn cuando Julia irrumpió en la sala con los ojos llorosos. Sin decir una palabra, corrió escaleras arriba hacia la habitación. Eva sabía lo que tenía que hacer; se despegó de un decepcionado Shawn, al que le dedicó una mirada de resignación e hizo lo mismo que su compañera. Julia estaba tumbada cabeza abajo en su cama, con la cara hundida en la almohada. Sollozaba levemente.
-Vete- ordenó al notar la presencia de su amiga. Eva no le hizo caso; al contrario, se sentó a su lado en la cama. Un incómodo silencio ocupó la habitación, y Julia no se atrevía a romperlo. Estaba estancada en una nube de sentimientos vacíos y expresarlos la haría sentirse incómoda. Eva lo entendía, y por consiguiente dedujo que debía ser ella quien iniciara la conversación.
-Riddle es un capullo y no se merece tu compañía.- Julia dio media vuelta y la miró sorprendida con sus ojos ahora irritados.
-¿Tan deducible soy?- contestó apoyando la espalda en un cojín. Eva parpadeó incrédula.
-Te has pasado la semana entera hablándome de él, me falta saber qué talla de calzoncillos usa para convertirme en una enciclopedia suya andante.
-Lo siento.
-No te preocupes.
-¡Pero es que estaba tan segura!- la interrumpió marcando sus palabras con frustración y agitando los brazos.- era tan simpático conmigo, tan encantador...
a Eva le hubiese gustado decir "así es con todo el mundo", pero no lo creyó oportuno. Esperó a que su amiga se desahogara mientras pensaba en lo que haría a continuación. Iría a ver a Tom Riddle y le hablaría sin tapujos. Le hablaría sobre el tacto con las mujeres y sobre darle oportunidades a la gente; tal vez así sacara a la luz su verdadera naturaleza... El problema de su amiga se había convertido de repente en la excusa perfecta para provocarlo, aunque en el fondo se negaba a admitir sus verdaderas intenciones. Ella no estaba loca y lo iba a demostrar.
Le dio unas palmaditas en el hombro a Julia, se despidió de Shawn al bajar y recorrió el pasillo. Ahora que lo pensaba, no sabía por dónde empezar a buscarlo. Se había dejado guiar por la cólera y la excitación; su espíritu aventurero volvía a hacer de las suyas. No estaba calmada en absoluto, no podía dejar de moverse, la idea de concocer el lado oscuro de Riddle la había absorbido por completo. Anduvo por el quinto pasillo sin tener a dónde ir, pasó la clase de Encantamientos y una serie de cuadros y puertas que llevaban a salas escondidas, algunas de las cuales ya había visitado. Y entonces lo oyó. A la vuelta de la esquina se proyectaba una voz de mujer.
-Y esa es la verdad- soyozaba la voz- no me atrevía a contarla, esta es la primera vez...
-Lo entiendo- susurró una voz conocida- su secreto estará a salvo conmigo.
Era Riddle, con total seguridad.
De pronto sus pasos se acercaron al lugar donde ella estaba. Tan rápido como pudo se pegó a la pared, por suerte la oscuridad la escondía y le bastó con aguantar la respiración unos segundos para no ser vista. El chico se alejó por las escaleras y pudo volver a respirar.
Dejando ver a través de su cuerpo translúcido el cuadro del final del pasillo, la figura de una mujer joven levitaba en silencio; su rostro iluminado por el tenue resplandor de las velas, quien bajó la mirada y, asombrada, la vio. Deslizándose por el aire se acercó a Eva hasta que solo unos centímetros las separaron.
-¿Cúanto has oído?- no estaba amable como de costumbre, sinó alterada.
-Acabo de llegar.
-No sé si creerte.
-Acabo de llegar, lo juro.
Un duelo de miradas acabó dándole la razón a la chica de Ravenclaw. Por un momento pareció que la Dama Gris luchaba consigo misma.
-Bah, qué importa, ya se lo he contado a ese chico, y tú...- le inspeccionó la cara en un segundo- sígueme.
Extrañada por su conducta, pero a la vez impaciente, hizo lo que le decía. La fantasma cruzó una esquina y continuó recto hacia una pared adornada con varias pinturas. Atravesó un cuadro de un paisaje veraniego y Eva tuvo que levantarlo y cerrarlo al pasar. Estaban en una habitación pequeña y sin muebles, que más parecía un desván vacío.
-Siéntate, esto será largo.
-¿Ocurre algo?
-Sí.- Eva se sentó, dispuesta a escuchar.- Acabo de cometer el mayor error de mi vida... él me convenció con esas palabras... pero pude verlo en su mirada, esos ojos sedientos de sangre. Lástima que sólo fui capaz de darme cuenta cuando ya me había sonsacado hasta la última palabra. Es la Maldición de las Ravenclaw, puedo deducir.
-¿Qué maldición?- ahora estaba del todo emocionada. Un fantasma como ella debía conocer muchísima información sobre el castillo, historias inauditas, leyendas verídicas; y estaba allí para contárselas.
-Debería empezar presentándome. Soy Helena Ravenclaw.- Eva abrió los ojos en señal de sorpresa. Hablaba con la hija de Rowena Ravenclaw, era increíble.- mi madre, la fundadora de tu casa, me crió para que fuera tanto o incluso más inteligente que ella. Sin embargo, nunca conseguí superarla. Mis esfuerzos no fueron suficientes, no era capaz, y eso me frustraba. Ser la hija de una mujer así creó en mí una competencia constante con ella; intenté superarla en todo lo que había hecho con el fin de no pasar a la historia como "la hija de la Gran Rowena". Quería destacar más que nadie, y él me ayudo.
Eva no podía hacerse a la idea de a quién se referiría con "él", pero dejó que continuara, pues no era capaz de irse antes de conocer todos los datos de ese fascinante relato.
-Dijo que lo tendría todo; dinero, poder, fama... yo era ambiciosa, pero él lo era aún más. Sabía en lo que me estaba metiendo, pero nunca creí que llegara a tal extremo. El Barón Sanguinario se obsesionó conmigo, y yo no podía escapar.
La castaña se sobresaltó. Estaba hablando del fantasma de Slytherin, el mismo que deambulaba por los pasillos y apartaba a todo tipo de criatura a su paso.
-Un día lo abandoné y volví a Hogwarts, donde mi madre me acogió nuevamente. Sabía que allí estaba segura, y volví a dedicarme a los estudios de magia. Desgraciadamente, mis esfuerzos por superarla fueron en vano. Me encerré en tu sala común durante años prácticamente, y sólo salía para comer. Un día, observando su estatua, llegué a la conclusión de que sólo había una forma de superarla en astucia y conocimientos: hacerme con su diadema mágica. Y así fue como, de madrugada, me adentré en su habitación usando trucos que el Barón me había enseñado y conseguí mi preciado tesoro. Escapé lejos, hasta Albania, con la seguridad de no ser encontrada, y viví durante meses enmedio de un bosque. Obviamente mi madre no iba a permitirme el lujo de vivir con su diadema, ella hizo lo peor que podría haber hecho: mandar al Barón Sanguinario en mi búsqueda.
A la luz de un candelabro a punto de extinguirse, el rostro compungido de Helena se veía aún más alterado. Eva creyó que iba a dejar de hablar cuando notó unas lágrimas trasnparentes asomarse a sus ojos de fantasma. La chica se dispuso a pronunciar palabras de consuelo, pero Helena la interrumpió.
-El Barón me encontró una mañana soleada, mientras leía a la sombra de una enorme haya. Rápidamente escondí la diadema en el hueco del árbol, pero me olvidé de salvarme a mí misma. El Barón trató de forzarme. Le arañé la cara, le mordí un brazo, pero él era más fuerte que yo. Saqué mi varita y le lancé una maldición, él me lanzó otra, y nos vimos envueltos en un duelo de magos. Finalmente me desarmó, pero para entonces había cambiado de idea sobre qué hacer conmigo. Él me mató con un puñal.
Parecía increíble que la mujer con la que estaba hablando hubiera sufrido tales tratos y fuera capaz de explicarlos. Sintió un profundo respeto por ella en ese momento, y dejó de verla como una ladrona vanidosa.
-Se suicidó a continuación. No pudo soportar ver mi cuerpo inerte ensangrentando el suelo. Y lo curioso es que sólo después de muerta empecé a creer realmente en la Maldición de las Ravenclaw.
Hubo un segundo de silencio y Eva supuso que podría preguntar.
-¿En qué consiste esa maldición?- la Dama Gris despegó de nuevo los labios.
-Para explicarte eso debo remontarme a los años de juventud de mi madre. Salazar Slytherin la pretendía, pero ella nunca le correspondió. El muy orgulloso Slytherin no pudo tolerar esa ofensa, y resolvió que, si él no podía tenerla, nadie más lo haría. Años más tarde, cuando abandonó Hogwarts, le habló a mi madre de esta maldición y lo que ésta significaba:
"la mujer de sangre Ravenclaw podrá ser inteligente y gozar de fama en sus empresas, pero jamás tendrá éxito en el amor".
- A demás, con ella sellaba el destino de los descendientes de Ravenclaw y Slytherin, y así ha sido durante siglos, siempre que éstos se han encontrado. El Barón Sanguinario era en realidad hijo de Slytherin, aunque siempre lo mantuvo en secreto.
Toda esa información era muy valiosa y le hacía replantearse por qué se la estaba contando. Tenía una teoría, pero resultaba demasiado increíble, y de ser cierta, la colocaba en una posición peligrosa.
-Se dice que la amó en secreto eternamente, y que en su lecho de muerte deseó que ningún Slytherin conociera jamás el amor.
Helena cerró los labios y Eva supo que había terminado su historia. Era la hora de las preguntas, y tenía muchas. En ese punto no valía la pena dejar ningúna cuestión sin aclarar; no iba a cortarse a la hora de exponer sus dudas. Habló, pues, y sus palabras se proyectaron como dardos contra la pared.
-¿Soy yo la heredera de Ravenclaw?
No hubo respuesta hablada. La fantasma contestó con una intensa mirada y un "deberías tener cuidado" antes de desaparecer, dejándola sola en la lúgubre estancia.
Andando apresurada hacia la sala común no le fue difícil profundizar sobre lo que había escuchado. Si ella era en verdad la herdedera, el heredero de Slytherin debía ser Riddle, y de ser así, eso lo convertía en el asesino de Myrtle y aclaraba el mal augurio que le transmitía. Debía evitar por todos los medios que Julia se le acercara, y se alegró de que la hubiera rechazado. Era irónico, se dijo, que un prefecto, premio anual y ganador de varios trofeos fuera capaz de tales atrocidades.
Subió a la habitación de las chicas, donde sus compañeras ya estaban a medio arreglar, y ella aún no había empezado. Se vistió con una túnica azul claro escotada y de mangas largas que casi le llegaban al suelo y se recogió el pelo en un moño que parecía muy trabajado, pero que en realidad había realizado en cinco minutos mediante magia. Julia estaba espléndida de amarillo claro, con el pelo cayéndole a un lado y acabado en un marcado rizo. Abajo, Shawn y Derek con su pareja los esperaban. Shawn lucía una túnica negra que resaltaba sus facciones, y Derek estaba muy mono de rojo. Julia sintió de repente que sobraba, pero tan pronto como dejaron la sala apareció un chico rubio de Gryffindor, amigo de Shawn, al que no le importaba ser su pareja. Como bien dedujo Eva, fue todo idea de Shawn. Todavía quedaba una hora para el comienzo del baile, pero entonces Eva recordó. Había quedado con alguien a esa hora, se le había olvidado la fiesta de Slughorn y no le quedaban excusas esta vez. Se lo comentó a Shawn y los dos se pusieron a correr.
Hogwarts parecía aún más grande ahora que tenían prisa, pero aún así no tardaron. Las mazmorras habían sucumbido también al espíritu de Halloween, con calabazas por cada rincón y guirnaldas de colores. Pararon delante de la sala donde cursaban pociones, que estaba abierta. Riddle, sentado encima de una mesa y con la mirada perdida, probablemente a causa de haber pasado tanto tiempo allí sentado, los estaba esperando.
-¿A qué debo esta tardanza?- dijo al bajar de la mesa.
-Lo siento, ha sido culpa mía.- se excusó Eva, pero Riddle, más que enfadado, estaba serio.
-Tú eres el capitán de Ravenclaw. Gran partido el del otro día.
Saltaron chispas cuando los dos chicos se dieron la mano. Riddle estaba sereno, pero Shawn lo último que mostraba era serenidad. Veía en Tom un adversario por el amor de Eva, nada más alejado de la realidad. Ni siquiera le habló en el camino hacia el despacho de Slughorn.
El profesor Slughorn los acogió con alegría a pesar de la tardanza. No se le olvidó preguntar el motivo de ésta, pero pasados unos minutos no le dio más importancia. Se interesó especialmente por saber quién era Shawn, y se sorprendió al darse cuenta de que no lo había invitado, aún siendo prefecto y capitán de quidditch, y atribuyó ese fallo a que no debía ser demasiado bueno en su asignatura.
La fiesta no era para tanto; eso sí, podían disfrutar de cualquier tipo de dulce que desearan, así como de bebida en abundancia. Unos pocos alumnos bailaban en el centro de la sala donde se había improvisado una pista de baile. Pero Slughorn no los había dejado tranquilos desde que llegaron, por lo que no pudieron deshacerse de Tom.
-Y entonces, aquel vampiro enorme intentó morderme. Pero claro, no sabía con quién se las estaba viendo...- explicaba el profesor con un gran vaso de cerveza de mantequilla en la mano que vació en un segundo.- Tom¿te importa traerme otra¡y a estos chicos también, por supuesto! Bien, como seguía contando...
Por fin un segundo sin Riddle, finalmente podía descansar de la acechante mirada que notaba clavándose en su nuca. No le temía a la Maldición de las Ravenclaw, pero prefería estar cuanto más lejos mejor de aquel asesino, ahora que sabía la verdad.
Pronto apareció y le dio un vaso a cada uno. Brindaron juntos y continuaron escuchando a Slughorn que había pasado a hablar de los famosos jugadores de quidditch que conocía, y que podía enchufar a Shawn fácilmente en algún equipo profesional. Después de una hora, Eva decidió marcharse, aunque muchos alumnos se quedaron. Shawn no parecía estar demasiado contento por alguna razón, pero prefirió no preguntarle.
El Gran Comedor estaba aún mejor que esa misma mañana. Las calabazas habían sido hechizadas para que volaran por el techo transportando velas y múltiples decoraciones fantasmagóricas, algunas con sonido incluído, pululaban de un lado a otro. Julia bailaba con su pareja y parecía estar pasándoselo de maravilla, mientras que Derek estaba sentado tomando algo con la suya. Eva decidió ir a saludarlo, pero a medio camino Shawn se negó.
-Creo que... no me encuentro bien.- afirmó retorciéndose. Eva lo miró preocupada, pero él habló primero.- no hace falta, sé ir solo a la enfermería. Tú pásatelo bien, no creo que sea grav...
No terminó la palabra. Tuvo que salir corriendo ante una sorprendida Eva que se quedó sola en el medio de la pista. La noche no estaba siendo precisamente perfecta.
Fin del capítulo 3!!
A lo mejor alguien se pregunta por qué la Dama Gris le explica tan rápido la historia. Bien, ella sabe que Eva es la heredera, así como la conversación con Tom, alumno de Slytherin, le hace suponer que algo tiene él que ver con la Maldición. Ella ya sabía con anterioridad lo de Eva, pues le es fácil reconocer a sus descendientes, por eso la ve en peligro y no puede evitar avisarla.
Y nada, tras haber aclarado esto sólo pido... unas palabrejas, un review chiquitito
Nos vemos en el capítulo 4!!
