Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
.
.
Sueño de Verano — Toma 3
.
.
Shouji Kotama acababa de cumplir 24 años y ya se sentía un fracasado.
Vivía en una barriada de Tokio, en un apartamento que alquilaba por semanas y pagaba a duras penas, un espacio de cinco tatamis con una cama, un grifo y un aseo comunitario para todo el edificio.
Terminó de realizar su compra habitual en el konbini que quedaba a dos calles de su domicilio, fideos instantáneos y onigiris precocinados que le ayudarían a aguantar al menos una semana, también cogió una caja entera de latas de cerveza.
Volvió hasta su apartamento y a pesar de que era martes y apenas pasaban de las once de la mañana tomó una de las cervezas. Se preguntó qué demonios le pasaba, era demasiado joven para ser un alcohólico.
Suspiró y miró a su alrededor, aquello era una pocilga de basura sin sacar, boles de plástico de días anteriores acumulados sin sentido y un futon deshecho y sucio. ¿Qué estaba haciendo con su vida? Volvió a dejar la lata de cerveza en su caja y se puso en pie, tal vez una visita a los baños públicos le ayudarían a despejarse. Era su cuarto mes suspendido de empleo y sueldo a la espera de que se realizase un juicio que bien podría no llegar jamás.
Era alto, medía metro ochenta lo cual para un japonés era bastante, le había servido para destacar en los deportes durante el instituto y para ganarse más de una mirada de admiración. Su cuerpo denotaba años de entrenamiento físico al servicio de su profesión, tenía brazos fuertes pero sin resultar excesivos. Su rostro era apacible la mayor parte del tiempo, un mentón redondeado que contrastaba con unas facciones marcadas, unos pómulos altísimos, ojos almendrados y labios sensuales. Solía llevar el pelo corto pero en los últimos meses se lo había dejado crecer de forma descuidada hasta que casi comenzaba a rozar sus hombros. Un caballero andante, el sueño de toda mujer, o al menos antes lo era.
Buscó su toalla y enseres de baño y caminó lentamente por la calle, no tenía nada mejor que hacer. Por supuesto no pudo evitar volver a rememorar aquel momento que había acabado con su brillante carrera en el cuerpo de policía, era un pensamiento obsesivo, que le perseguía y poseía sus actos día y noche.
— "El caso Min" — dijo en voz alta, invocando de algún modo los recuerdos.
Su primer y último caso importante, hacía pocos meses que después de un duro examen había ascendido al puesto de inspector, y fue entonces cuando llegó a sus manos aquella carpeta. Era un caso escabroso que nadie parecía querer, sus superiores se lo habían asignado para librarse del peso que suponía en sus conciencias el no investigarlo.
Dos drogadictos aparecieron muertos en una zona portuaria, tenían claros signos de sobredosis y sus cuerpos parecían llevar abandonados varios días.
Estaban fichados por tráfico a pequeña escala desde hacía años, eran viejos conocidos de la policía, fue por ello y tras una autopsia que se consideró que sus muertes habían sido debidas a una sobredosis.
Sin embargo había cosas que no encajaban, no se encontraron drogas entre sus pertenencias, ni jeringuillas ni pipas de fumar...nada. Al joven inspector de policía aquellos detalles no le pasaron desapercibidos y decidió investigar más a fondo. El tráfico de drogas y armas en la zona se repartía entre varias familias de yakuzas, desde luego no era buena idea entrar en la casa de esa gente y preguntar por el propietario. Estaba claro que aquellos dos desgraciados habían sido las víctimas de una lucha de poder de gran envergadura, si los intereses mafiosos habían comenzado a agitarse no tardaría en haber nuevas víctimas.
Se metió en los bajos fondos, preguntó a mendigos y consumidores habituales, al parecer había un tipo nuevo en la ciudad, se hacía llamar Min y había comenzado a vender cristal de una pureza pocas veces vista. Se había extendido por las barriadas más pobres de Tokio hasta llegar al centro, quería hacerse con el negocio en la zona y eso había ocasionado no pocos enfrentamientos.
Los dos cadáveres que habían encontrado eran camellos de poca monta que trabajaban para la familia Okita, famosos por ser dueños del negocio desde los años cincuenta. Sus muertes no representaban una gran pérdida, ¿acaso habían visto u oído algo que no debían?¿se encontraban en el lugar y momento equivocado?, no, era algo más. Era una advertencia, ese tal Min estaba jugando duro, les acababa de plantar cara a uno de los clanes de yakuzas más antiguos y peligrosos de Japón y les estaba diciendo: "Las reglas han cambiado chicos, ahora mando yo".
Ni de broma, nadie que jugaba con la yakuza vivía el tiempo suficiente para contarlo.
Según le dijo uno de sus mejores confidentes, Min era un magnate chino, había amasado una pequeña fortuna a base de vender armas a medio Asia de contrabando. Su negocio había comenzado a funcionar después de 1945 , cuando su abuelo aprovechando la coyuntura mundial montó una empresa de pocos trabajadores y comenzó a vender armas a bajo precio a los gobiernos. Tras la muerte de éste y posteriormente de su padre, el joven Min dilapidó gran parte de su herencia y al verse privado de su hasta ahora gran tren de vida comenzó un nuevo negocio.
Por supuesto contactos no le faltaban y consiguió que gran parte de la policía de Pekín hiciese la vista gorda ante sus trapicheos. Se hizo con el tráfico de drogas y armas menores en gran parte de China, y al parecer ahora el gigante asiático se le había quedado pequeño.
Shouji se dio cuenta que atrapar a un pez tan grande era prácticamente imposible, y más si sus medios eran poco más que una caña de pescar. Imputar al tal Min iba a ser complicado.
Habló con sus superiores, intentó convencerlos de que el caso era demasiado grande, tenían que infiltrar a alguien dentro del grupo de Min y reunir pruebas suficientes...debió de tocar alguna fibra sensible. Ahora era más obvio que nunca, si le habían dado ese caso era para que lo dejase morir, no para que lo investigase, la policía japonesa también estaba implicada.
Dos días después una patrulla se presentó en su casa. Habían recibido una llamada anónima diciendo que en esa dirección había tráfico de drogas, y para asombro del propio Shouji sus propios compañeros encontraron en su domicilio dos kilos de cocaína.
Le detuvieron a pesar de los gritos, de que asegurase que él no había hecho nada, que todo era una trampa. Le metieron en la cárcel, su novia Chiemi le abandonó en cuanto se enteró de todo, por suerte su estelar carrera como policía le había llevado a conocer al fiscal de la zona, el cual y debido a la gran amistad que se profesaban le ayudó a salir de la cárcel mediante el pago de una elevada fianza. Todo eso era temporal a la espera de un juicio mayor, se mudó de barrio y se olvidó de todo lo que era, su vida había quedado tristemente aparcada a la espera de que un jurado popular se la devolviese.
Llegó a los baños públicos, se frotó la piel con rabia, como si quisiera desprenderse de toda esa suciedad que le emponzoñaba por dentro. Se sumergió en el agua caliente y sintió cómo se relajaban sus músculos, eso le hizo sentir un poco mejor.
Volvió a su apartamento con la cabeza embotada y con pensamientos menos turbulentos rondándole, quizás debería pedir trabajo en algún mercado y comenzar de nuevo, olvidarse de su vida de policía aún a pesar de que era lo único que había amado. Sacó las llaves de su casa del bolsillo dispuesto a abrir la puerta, sí, quizás...arrugó el entrecejo, acurrucada junto a su puerta se encontraba una chica, estaba hecha un ovillo y se abrazaba las piernas con ambos brazos, escondiendo su rostro.
Shouji miró a ambos lados preguntándose si tenía algún acompañante.
— ¿Buscas a alguien? — dijo metiendo las llaves en la cerradura intentando aparentar despreocupación.
La joven dio un respingo al escuchar sus palabras y levantó la mirada, él se quedó sin aliento. Era guapa, no, más que eso, era la mujer más hermosa que había visto. Sus ojos eran almendrados y de un extraño color entre el gris y el morado, tenía una cara de ensueño todo ello adornado por cabello largo hasta la cintura. La chica se levantó de golpe y como si fuese una niña perdida se agarró de la manga de la camisa del policía.
— Hombres malos perseguirme — susurró quedamente mientras temblaba de miedo.
— ¿Qué?¿quién? — preguntó Shouji alarmado.
— ¿Poder entrar?
El chico miró por encima de su cabeza, allí no había nadie, volvió a contemplar unos segundos la frágil figura de la asustada chica, era extranjera, posiblemente china por su peculiar acento y su escaso dominio del japonés.
— Bueno...pero sólo un momento.
— ¡Gracias! — exclamó aliviada siguiéndole al interior del apartamento.
Se quedó plantada admirando la cantidad de basura y suciedad amontonada en tan poco espacio, él también pareció incómodo.
— Perdona, no esperaba visita. — se limitó a decir algo cohibido mientras con un pie apartaba los botes de ramen de la cena de ayer. Dejó sus enseres de baño y apartó el futón aún tendido a la vez que colocaba en mitad de la habitación una minúscula mesa.
— Necesitar ayuda. — dijo ella bruscamente con ojos suplicantes.
— ¿Eh?
— Tu ser Shouji Kotama, mi hermano dar dirección.
— ¿Tu hermano?¿de qué estás hablando? — exclamó anonadado.
— ¡Tu unica persona que poder ayudar!¡Bai estar en peligro!
— ¿Quién es Bai?
— ¡Yo ser Bai! Deber escuchar, no tener tiempo...
Y de repente el timbre sonó claro e inconfundible, la chica se llevó ambas manos a la boca y Shouji se dirigió a la puerta.
— No abrir, ¡ser ellos! — le rogó colgándose de uno de sus brazos.
— ¿Pero quién?
— Yakuza. — susurró tan bajo que él pensó que no había escuchado bien.
— ¿Te está persiguiendo la yakuza?
Dos golpes secos, habían golpeado la puerta con un puño fuerte y poderoso, la mujer a su lado pareció encogerse sobre sí misma, estaba realmente asustada. Él tragó saliva, tomó con cuidado el pomo de la puerta y la entreabrió ligeramente.
— Hola, vengo a ofrecerle la suscripción a una nueva revista sobre bienestar y salud, ¿puedo pasar? — Era un hombre joven delgado y con aspecto debilucho, Shouji suspiró sin admitir que se sentía aliviado.
— No gracias. — dijo mientras volvía a cerrar la puerta. —¿Lo ves? no hay nada que te...
"Clic-clic".
Dejó de respirar, conocía aquel sonido, lo había escuchado miles de veces, al otro lado de la puerta alguien acababa de amartillar una pistola.
Actuó en apenas un segundo, agarró por la cintura a la chica y se tiró al suelo junto a ella momentos antes de que se escuchasen cinco potentes explosiones, los disparos de una semiautomática atravesando la finísima puerta del departamento.
La china comenzó a gritar y Shouji se apresuró a cerrar su poderosa mano alrededor de su mandíbula, aquello pintaba mal. Buscó con su mano libre algo que pudiese servirle de ayuda, solo dio con una percha tirada en mitad del suelo juntos a los restos de basura. Se deslizó con sigilo al ángulo muerto de la puerta mientras se llevaba un dedo a los labios indicándole a Bai que guardara silencio, ella le miró desesperada con lágrimas en los ojos a la vez que la puerta comenzaba a abrirse lentamente.
Una pistola, fue lo primero que vio antes de retroceder histérica hasta el fondo del diminuto espacio, se quedó pegada a la pared, sentada sobre un arrugado futon mientras las lágrimas surgían sin control por sus ojos.
— ¡No tener nada!¡dejar marchar! — gritó mientras la figura del desgarbado y aparentemente débil hombre se recortaba contra la puerta ya abierta y avanzaba en su busca.
Fue entonces cuando Shouji se le echó encima, puso la percha alrededor de la pistola y retorciéndola con un hábil movimiento se la arrebató al vendedor de suscripciones. El arma cayó al suelo y el delgado hombre reaccionó propinándole un hábil puñetazo, el espacio era diminuto y aún así el intercambio de golpes poseía una celeridad endiablada. Patada, bloqueo, una mano al cuello, golpe en la muñeca. La china asistió boquiabierta a todo un despliegue de habilidad por parte de ambos hasta que, metiendo un pie dentro de uno de los botes de ramen vacíos Shouji elevó la pierna, lo tomó con una mano y se lo puso a su enemigo por sombrero para acto seguido tomar su cabeza y estrellarla con todas sus fuerzas contra la pared.
El cuerpo cayó lánguido al suelo y el ex policía aún con la respiración agitada y con gotas de sudor perlando su frente se giró hacia la chica.
— Hay que salir de aquí.
— ¡Cortén!
El director que había permanecido de pie junto a uno de las cámaras parecía satisfecho, miró con ojo crítico el destrozado decorado antes de dar por terminado el trabajo por aquel día.
— Me has pegado de verdad... — murmuró el actor que interpretada al asesino poniéndose en pie y sobándose la frente.
— Lo siento. — repuso Ranma tendiéndole una mano, Shampoo también se había levantado y se sacudía la ropa molesta.
— No entender porqué tener que rodar con escenario tan sucio y con ropa tan fea. — dijo mirando por enésima vez los pantalones ajustados y la chaqueta deportiva que le habían dado en vestuario.
— Porque el personaje viste así. — respondió Akane no sin cierto desdén avanzando hacia ellos. La china la fulminó con la mirada.
— Ranma te dije que ese último movimiento debías hacerlo girando el cuerpo a un mismo tiempo. —interrumpió Ryoga llamando la atención del chico y poniéndose a su altura haciéndole una demostración. — ¿ves? es así, creo que deberíamos repetir esa toma.
— ¿Qué? ni loco, llevamos todo el día haciendo lo mismo. — le dijo dándole la espalda.
— ¿Tu que opinas Akane? — preguntó el chico de la pañoleta mirándola en busca de apoyo, Ranma arrugó los labios. Ella suspiró.
— Ha sido un día largo, mejor lo hablamos mañana. No olvidéis repasar los guiones para la siguiente escena.
Se retiró mientras se estiraba ruidosamente, sentía los músculos anquilosados, tantas horas metidos en el estudio pasaban factura, y lo peor es que su día aún estaba muy lejos de terminar. Pero antes de que llegara siquiera hasta su despacho el chico de la trenza ya le había dado alcance.
— ¿No te has olvidado de lo de esta noche verdad? — preguntó apresurado, aún cansado por el esfuerzo de la grabación.
— Como podría...
— Dame un segundo, devuelvo la ropa y nos vamos.
— Te esperaré en la salida. — dijo ella mientras él se alejaba a la carrera. Volvió a suspirar, definitivamente aquel trabajo le estaba complicando la vida. Entró en su despacho y cerró la puerta tras de sí, buscó los guiones que había dejado listos y los metió en su bolso.
Su padre le había hecho prometer a Ranma que iría a cenar con ellos esa noche. Después de abrazarle efusivamente y para sorpresa de ambos jóvenes, Soun Tendô había comenzado a hablar rápidamente acerca de su juventud y uno de sus mejores amigos, Genma Saotome. La estupefacción del artista marcial no podía ser más grande y después de unas cuantas palabras sin mucho sentido le invitó a cenar al día siguiente a él y a sus padres, aludiendo que debían recuperar el tiempo perdido.
Akane había asistido confusa a toda la charla y aún ahora no entendía muy bien lo que estaba pasando. Sólo sabía que esa noche tendría que sentarse a la mesa con un puñado de desconocidos y ser cortés.
"Venga, es sólo una cena" — se dijo a sí misma antes de tomar el pomo de la puerta y comprobar que estaba atascado, lo intentó girar un par de veces sin resultado antes de agarrarlo con fuerza y quedarse con él en la mano. Eso no era bueno.
— ¿Alguien me oye? — dijo mientras daba un par de golpes, apoyó la oreja en la superficie comprobando que al otro lado no se escuchaba nada, la gente estaba cansada y se habían dado prisa en recoger. — Fantástico... — murmuró para sí misma dejándose caer en una silla, buscó su teléfono en el bolso y marcó el número de su hermana hasta en tres ocasiones, no contestaba. Miró con fastidio el aparatito conteniéndose para no estrellarlo con todas sus fuerzas contra la pared. ¿Y ahora qué? sorprendentemente su agenda telefónica era muy escasa, se preguntó porqué no tenía siquiera un número de alguien del rodaje.
— ¿Akane?
La chica dio un respingo cuando escuchó su nombre al otro lado de la puerta, se acercó rápidamente con el corazón agitado.
— Sí, sí, ¡estoy aquí!
— ¿Tienes un momento? Me...me gustaría hablar contigo.
— ¡La puerta está atorada!
— ¿Estás encerrada allí dentro? Échate a un lado.
Ella hizo lo propio y se refugió en una de las esquinas del cuarto, se escuchó un fuerte golpe y la puerta cayó dentro de la habitación de forma contundente. Ryoga entró atropellado buscándola con la mirada.
— ¿Estás bien? — preguntó con excesiva preocupación, ella asintió.
— Sí, sólo estuve aquí un momento, muchas gracias por rescatarme, no sabía a quién llamar. — confesó con una franca sonrisa en los labios, el chico pareció quedarse atontado un segundo antes de que el color bañara sus mejillas y él mismo comenzase a imitarla como un estúpido.
Akane no le prestó atención y recogió sus pertenencias.
— Tengo prisa, pero si quieres puedes contarme eso que querías de camino a la salida.
— Ah, verás... — comenzó a decir siguiendo sus pasos. — Es sobre las escenas de acción, mañana tenemos que rodar una persecución y me preocupa un poco que los actores no estén preparados.
— Eres demasiado perfeccionista. — suspiró ella de nuevo con una sonrisa. — pero no puedo decir nada al respecto, a mi me ocurre igual, de todas formas ya estáis entrenando para las principales, ¿no?
— Sí, ya hemos comenzado, aún así creo que tu y yo deberíamos reunirnos más a menudo para charlar sobre como integrar los diálogos con la acción.
— En unos días esto se volverá un lugar de locos, vamos a tener que movernos mucho para filmar diferentes localizaciones, tendremos tiempo de sobra durante los viajes.
Llegaron hasta la puerta principal del estudio y se quedaron parados unos segundos sin percatarse de que Ranma se acercaba distraído hacia el lugar.
— De todas formas deberíamos intercambiar nuestros números de teléfono, ya sabes, por si vuelvo a necesitar que me rescaten. — dijo ella en tono cómplice.
El chico pareció comenzar a echar humo por las orejas antes de buscar con histerismo su celular y apuntar el número que le dictaba ella, a su espalda el artista marcial se quedó escondido tras la puerta con cara de pocos amigos. Se despidieron con un simple "hasta mañana" y Ranma no tardó más de un segundo en aparecer.
— No pierdes el tiempo. — dijo poniéndose a su lado y mirando hacia el lugar por el que acababa de irse Ryoga, Akane le miró sorprendida.
— ¿Estabas espiando?
— No te hagas falsas ideas, te recuerdo que habíamos quedado aquí, además, si querías coquetear con él deberías hacerlo de forma menos descarada.
Comenzó a caminar dejándola atrás, estaba molesto y su expresión le delataba, apretaba los labios en un mudo gesto de frustración mientras Akane andaba tras él sin terminar de entender lo que ocurría.
— No estaba coqueteando con él, hablábamos de trabajo y además...tengo novio. — dijo con la boca pequeña como si ella misma dudase de esa última parte.
Eso no pareció mejorar el humor de Ranma quien ya casi avanzaba a zancadas hasta la estación, ella se forzó a correr en pequeños pasos tras él. Subieron al tren y en pocos minutos ya se encontraban en la estación cercana a Nerima dirigiéndose hacia el dojô Tendô aún sin pronunciar palabra.
— Que sepas que sólo he aceptado venir porque me lo pidió tu padre. — volvió a hablar el chico de la trenza cuando se encontraban a pocas cuadras de su destino.
— Eso ya lo sé.
— No tengo interés en tener ningún tipo de relación contigo más allá del trabajo.
Akane levantó una ceja.
— ¿Debería sentirme decepcionada? no te he pedido amistad ni nada parecido.
Se plantaron delante de las grandes puertas del dojô y la chica entró primero, él la siguió. Se quitaron los zapatos en la entrada y Ranma pisó por primera vez la casa de los Tendô, era realmente magnífica, muy grande. Akane le guió por un largo pasillo en el que resonaban risas provenientes del salón, el chico adivinó que su padre ya debía encontrarse allí.
— Hemos llegado. — dijo ella parándose en la estancia principal e inclinando educadamente la cabeza en señal de respeto a sus mayores.
— Sigo sin creerme que sean tus hijas Tendô, la belleza es toda de su madre. — bromeó Genma excesivamente sonriente viendo a la menor de las hermanas llegar junto a Ranma. A su lado Nodoka, quien también había acudido a la invitación se inclinó mucho más educada que su marido.
— Soy Nodoka Saotome, muchas gracias por ocuparte de mi hijo.
— Oh, no, no es molestia. — replicó la chica repentinamente colorada.
— Por favor Ranma, toma asiento. — dijo Soun indicándole al artista marcial que les acompañase. — Akane ayuda a Kasumi a servir la mesa.
— Claro. — Akane se retiró de la estancia, a Nodoka no le pasó desapercibida la forma en la que Ranma seguía con la vista su figura hasta que desapareció por el pasillo.
— Kasumi, ¿puedo ayudarte en algo? — preguntó mientras entraba en la cocina, varias cacerolas hervían al fuego mientras su hermana terminaba de preparar un par de ensaladas.
— No te preocupes ya está todo listo, hacía tanto tiempo que no recibíamos visita...hasta me hace ilusión.
— Que dices, el doctor Tofu vino a cenar la semana pasada.
— Mi futuro marido no cuenta.
— ¿Llego tarde? — dijo Nabiki apareciendo por la puerta y observando el despliegue. — Wow, te has esmerado. — se acercó hasta la mesa y fue a coger una de las gambas en tempura que artísticamente había colocado su hermana en una bandeja.
— De eso nada. — repuso la menor arrebatándole el plato. — Vamos a cenar ya.
— ¿Que ocurre?¿Quieres que todo esté perfecto para impresionar al chico de los labios sexys?
Ambas hermanas la observaron a la vez mientras Nabiki sonreía suspicaz.
— ¡Pero que dices!¡eres una calentorra Nabiki!
— ¿Es guapo? — susurró tímida Kasumi, como si tuviese miedo de ser escuchada.
— No finjas que no lo has pensado, tener esos labios debería ser delito, sólo puedes preguntarte si sabrá usarlos bien. Eso unido a su cuerpo es casi una bomba, hoy cuando le he visto con la ropa de rodaje hasta he suspirado.
— Lo siento, no me he fijado, estaba atenta a la escena. — replicó Akane molesta.
— Imagínate que te rodea con esos brazos musculosos y después se inclina suavemente sobre ti...me entra calor solo de pensarlo.
— ¡Nabiki!
— Además, tengo entendido que vive cerca de aquí, papá me dijo que te acompañó a casa.
— ¿Te crees que no se lo que pretendes? — la empresaria pestañeó intentando parecer inocente. — Crees que si me fijo en otro hombre me olvidaré de Shinnosuke, pero deja que te diga que eso no va a pasar.
— Eres tan fiel como un perrito, Akane. — respondió tomando un par de platos y dirigiéndose al salón. — A ver cuanto tiempo puedes seguir así.
La menor cogió otros dos platos con la cólera brillando ardiente en sus ojos y siguió a su hermana, cuando los depositó en la mesa el chico de la trenza se encontraba hablando animadamente con su padre sobre artes marciales. No pudo evitar fijarse en sus labios, carnosos, sensuales y ligeramente humedecidos enmarcando una sonrisa perfecta. Tragó saliva.
"Condenada Nabiki..." — se reprochó a su pesar. Terminaron de colocar la cena y se sentaron todos juntos. Se desarrollaban varias conversaciones a un mismo tiempo, Kasumi charlaba con Nodoka mientras servía los platos, Genma y Soun recordaban batallitas y Nabiki había comenzado a hablar con Ranma sobre el plan de rodaje.
— Este es un momento muy especial. — dijo Soun por encima del murmullo general, las dos familias guardaron silencio. — Me he reencontrado con mi antiguo amigo Genma después de muchos años, jamás pensé que volveríamos a vernos.
— Es cierto. — asintió el hombre calvo a su lado. — La casualidad ha querido que mi familia comenzase a vivir hace escasos meses en este barrio.
— ¿La casualidad o el destino? — repuso Soun y ambos hombres rompieron a reír.
Akane tomó su tazón de arroz y se llevó los palillos a la boca distraída, Ranma a su lado la imitó complacido por la cantidad de comida.
— Está muy bueno. — dijo con sinceridad y haciendo que Kasumi sonriese de forma afable.
— ¿Cuando perdimos el contacto? — preguntó confuso Genma como si le costase recordar.
— Hará unos cinco, quizás seis años, cuando me escribiste diciendo que te ibas a entrenar a China.
— Ah, sí...China.
El chico de la trenza se atascó con el arroz que acababa de llevarse a la boca y se dio unos discretos golpecitos en el pecho.
— Entrenamos mucho en China. — se apresuró a decir Genma mientras Nodoka le dirigía una mirada sombría.
— Fue por aquel entonces cuando mi esposa nos dejó. — continuó Soun con tono triste.
— Lo siento mucho. — dijo Nodoka con pesar.
— Lo que más lamento es que mis hijas se criaron sin una madre.
El silencio se cirnió de golpe sobre la sala y todo el mundo pareció reflexionar durante unos segundos mientras continuaban dando buena cuenta de la comida. Ranma miró discretamente a la chica que tenía junto a él en un mudo gesto de comprensión.
— ¿Cómo os conocisteis? — preguntó Nabiki en un intento por volver a romper el hielo.
— Estudiamos juntos. — contestó Soun de nuevo animándose.
— Así es, con el maestro Happosai. — respondió Genma con la boca llena.
— Nos pasamos casi diez años aprendiendo artes marciales con aquel vejestorio, ¿recuerdas Saotome cuando robaba cosas y luego nos perseguían para que pagáramos nosotros?
— O cuando nos dejaba pendientes las cuentas de los restaurantes.
Todos rieron felices, todos menos Ranma quien estrechó la mirada sobre su padre, ahora comprendía unas cuantas cosas.
— Entonces éramos muy jóvenes.
— Y que lo digas.
— Incluso llegamos a pensar en unir nuestras escuelas.
— Sí, pensamos que si teníamos un hijo y una hija algún día podríamos ser parientes.
Ambos hombres volvieron a reír sonoramente pero esta vez el resto de comensales no les acompañó, se quedaron callados mientras les miraban con sorpresa.
— Menos mal que mi mujer hizo que me lo quitara de la cabeza. — aclaró Soun divertido.
— ¿Te imaginas que hubiésemos prometido a nuestros hijos?¡Ahora mismo podríamos ser abuelos!¡tener un heredero de la disciplina "Musabetsu Kakuto" de artes marciales!
— Jajaja...un heredero...
— Un heredero...
Ranma sintió un escalofrío recorriéndole la columna cuando los dos se giraron para mirarle con ojos brillantes, tenía un mal presentimiento.
— Dime Ranma, ¿tienes novia? — preguntó Soun de forma casual.
— Y-Yo...no. — respondió poniéndose repentinamente tenso.
— Lo digo porque dos de mis hijas aún están solteras y quizás...
— ¡Papá! — explotó Akane dejando los palillos en la mesa y mirando furiosa a su progenitor.
— Akane es un poco temperamental, pero en realidad es una chica muy dulce. — apostilló Kasumi sin perder la sonrisa.
— Y también hace artes marciales, como tú. — ayudó Soun ignorando el requerimiento de su hija y mirando directamente al chico de la trenza.
— Además, está pasando por una ruptura sentimental, es un buen momento. — terminó Nabiki guiñándole un ojo.
— Cielos... — comentó Nodoka mientras posaba sus ojos en la chica de cortos cabellos que había comenzado a temblar de pura ira a la vez que sus mejillas se encendían de la vergüenza.
— ¡No digáis estupideces! — Akane se levantó de su sitio. — ¿Que pretendéis, humillarme?¡No tengo intención de salir con él!
— ¡Eh! — protestó Ranma airado lentantándose y plantándole cara — ¡Ni te pienses que yo sí quiero salir contigo! Ni loco me acerco a una mujer tan poco atractiva como tú.
Ella abrió la boca asombrada por el insulto.
— Me llamaste pervertida, insoportable y ahora resulta que también soy poco atractiva...
— Fíjate que bien se llevan. — repuso Genma, los dos hombres volvieron a reír en voz alta.
Akane no le quitaba ojo a Ranma, apretó los dientes y le fulminó con la mirada.
— ¡Imbécil!
Salió corriendo por el pasillo claramente ofendida, de nuevo un repentino silencio sustituyó a las risas, todas las miradas se posaron en el artista marcial que continuaba igualmente furioso.
— Ranma. — Nodoka miró a su hijo de manera firme. — Ve a disculparte.
— ¿Porqué deberia...? — pero se interrumpió a mitad de la frase cuando los ojos de su madre le hicieron una seria advertencia, mensaje captado. — Mierda... — murmuró mientras comenzaba a caminar tras los pasos de la chica.
— ¡Mira en el dojô! — le gritó Nabiki a su espalda.
Nuevas risas desde el salón, "malditos entrometidos" — pensó mientras llegaba a la entrada y se ponía los zapatos. Avanzó por el jardín y volvió a descalzarse una vez más antes de subir las escaleras que conducían a la sala de entrenamiento, se asomó de forma tentativa, sin hacer ruido. Allí estaba ella, sentada en mitad de la estancia agarrándose las rodillas y con la cabeza gacha.
"Está...¿llorando?" — pensó un segundo antes de que la chica levantase rápidamente la mirada y le viese. Se escondió tras la puerta sabiéndose descubierto y se llevó una mano a la cara, ¿pero qué demonios estaba haciendo?.
— Sé que estás ahí.
No le quedaba más remedio, lentamente salió del improvisado escondite y evitando su mirada dio un paso al frente, ella se puso en pie y le miró con suficiencia.
— ¿Qué es lo que quieres ahora?
— Yo... — comenzó, el caso es que cuando se trataba de encontrar las palabras adecuadas era un completo patán.
— Entiendo, te hicieron venir a disculparte, no es necesario. — dijo la chica mientras le daba la espalda, él miró su delgada figura y pestañeó sin comprender. — Ya se que no soy atractiva.
Ranma tragó saliva, aquello sí que no se lo esperaba, dio un paso más dentro del dojô y ella se estiró los brazos por encima de su cabeza.
— En lugar de disculparte puedes hacer una cosa mejor.
— ¿Como qué? — preguntó desconfiado.
— Puedes ayudarme a liberar estrés.
El chico de la trenza no supo si sólo era cosa suya, pero en su cabeza aquella frase había sido pronunciada con un toque ligeramente sensual. Se le ocurrió una forma perfecta de hacer desaparecer sus tensiones, las de los dos...
— ¡En guardia! — dijo Akane adoptando una pose combativa.
No era esa. Aún así no le disgustó el ofrecimiento y miró a la chica mientras sonreía de medio lado.
— Con que era cierto que sabes artes marciales.
— Antes de esta noche pensaba que era la única heredera del estilo "Musabetsu Kakuto".
— ¿Quieres comprobar que soy el mejor?
— Arrogante... — dijo ella antes de lanzar un puñetazo al aire que Ranma esquivó sin problemas, a ese golpe le siguieron otros tanto que no consiguieron dar en su objetivo, el chico parecía divertido y Akane comenzaba a enfadarse por momentos. — ¡Deja de brincar por todas partes y golpéame!
— No pienso golpear a una chica tan patosa.
— ¿Qué me has llamado? — y acto seguido lanzó una patada al aire, firme y directa, él se apoyó en su pié y aterrizó a su espalda con una brillante pirueta. — Pero como... — Akane le miró asombrada.
— Azules.
— ¿Qué?
Ranma levantó una ceja divertido y ella se percató en ese mismo instante de que la pequeña falda que llevaba no era la prenda más adecuada para la ocasión, enrojeció hasta la raíz del cabello y apretó los dientes.
— ¡Pervertido!
El chico soltó una risotada sincera y ella volvió a lanzarse al ataque, para su sorpresa volvió a esquivarla con una facilidad pasmosa y en apenas un pestañeo se pegó a su espalda, extendió el brazo y agarró el suyo.
— Lo estás haciendo mal. — dijo en un tono puramente pedagógico, pero ella no pudo evitar estremecerse al sentir su agarre acompañado de aquellas palabras tan cerca de su oído. — Tienes que mover el brazo así. — continuó Ranma pegando su brazo al suyo, haciendo que ella misma acompañase el movimiento simplemente dejándose llevar. — Y cuando estés a milímetros del objetivo cierras... — tomó la pequeña mano de Akane con la suya, apretó ambas con fuerza. — ...y golpeas.
Ella miró su puño cerrado un instante, giró la cabeza muy lentamente, vio de reojo su mentón así como la comisura de sus labios, completamente concentrado. Sus ojos volvieron de nuevo sobre su mano.
— Vamos, inténtalo.
Repentinamente obediente comenzó a mover el brazo al compás que marcaba su improvisado maestro.
— Si haces fuerza desde el principio los músculos se tensan y pierdes velocidad, tienes que relajarte e intentar alcanzar el objetivo, no pienses en golpear fuerte, eso llega solo en cuanto el cuerpo reconoce el segundo exacto del impacto.
— ¿Así? — preguntó Akane repitiendo el movimiento.
— Sigues haciendo fuerza, las chicas suelen ser menos brutas.
— ¡Oye! — ella se giró y rompiendo el contacto le golpeó en el pecho en un rápido reclamo.
— Mejor. — sonrió de nuevo el artista marcial tocando divertido el lugar. Akane hizo un mohín con los labios enfuruñada, pero un segundo después resopló y sonrió.
— Eres un idiota. — pero esta vez en su voz no había reproche ni intención, Ranma incluso hubiese podido jurar que le pareció reconocer cierto tono divertido.
Se miraron en silencio, evaluándose el uno al otro.
— Estás más guapa así.
— ¿Eh?
— Cuando sonríes.
"Tum-tum, tum-tum, tum-tum" — le pareció comenzar a escuchar sus propios latidos, la sangre viajó a toda velocidad desde sus rodillas, burbujeó en el abdomen e inundó sus mejillas de color. Miró al chico que tenía frente a ella como si fuese la primera vez que lo hiciera, notando como él mismo parecía no haberse dado cuenta de lo que había dicho hasta que no fue un segundo demasiado tarde.
Era guapo, demonios, era un bombón de ojos azules con labios de caramelo.
"¿Pero en qué estás pensando?" — se dijo a sí misma a la vez que bajaba la mirada y retorcía con nerviosismo sus manos, de pronto no sabía qué hacer con ellas.
— ¿Ranma?
Ambos jóvenes se separaron casi un paso cuando escucharon la voz de Nodoka proveniente del exterior, unos segundos después la mujer se asomó a la puerta del dojô.
— Oh, estáis ahí. — sonrió — Ranma, yo me voy ya a casa, tu padre ha comenzado a beber sake y creo que se quedará hasta tarde.
— Te acompañaré. — dijo él caminando rápidamente hacia la salida, se puso los zapatos y volvió la vista de forma tímida hacia la sala de entrenamiento.
— Bu-buenas noches.
— Buenas noches. — contestó Akane con una voz aterciopelada que hizo que se le erizaran los vellos de la nuca. Nodoka le dirigió a la chica una breve inclinación a modo de despedida.
— ¿He interrumpido algo? — le dijo a su hijo mientras comenzaban a caminar de regreso a su casa.
— ¿Qué? ¡claro que no!
— Me pareció que sí.
— Estás volviendo a imaginar cosas.
La mujer se quedó pensativa.
— Es preciosa y tiene carácter, hacéis una bonita pareja.
— ¡Mamá!
— Es ella ¿verdad?, la chica que te gusta.
— A mi no me gusta ninguna chica. — contestó de manera esquiva. Por el rabillo del ojo pudo ver como su madre lucía una expresión de complacencia, como si con lo dicho ya se hubiese dado por satisfecha.
Ranma miró distraído a la verja metálica que protegía el camino de una posible caída al canal, era lisa por arriba de forma que una persona lo suficientemente hábil podría caminar sobre ella. De repente se imaginó a sí mismo caminando por aquella valla, que diferente hubiese sido su vida si en lugar de pasar su adolescencia de instituto en instituto huyendo con su padre se hubiesen instalado allí.
Tal vez Akane y él habrían estudiado juntos, tal vez se habrían hecho amigos, caminado por aquella calle, peleado, reconciliado... sonrió, de lo que estaba seguro es que su yo pasado también se habría fijado en ella.
.
.
¡Hola de nuevo!
Aquí vuelvo después de un par de semanas sin actualizar, espero que haya valido la pena. No he contado en este capítulo ni la mitad de lo que me había propuesto, pero se estaba alargando tanto que mejor continuar en el cuarto.
Creo que este fic se hará bastante más largo que el anterior, así que espero no aburriros demasiado y gracias por vuestra gran paciencia. Ah, y por si os lo estábais preguntando, sí, voy a contar también todo lo que será "la película" que por supuesto también tiene su trama, nudo y desenlace. Dos por una, ¿Que más queréis?jajaja.
Muchas gracias por leer, mi más sincero agradecimiento por darle una oportunidad a este fic y dedicarle parte de tu tiempo.
Agradecimientos especiales a Nodokita por ver más allá de lo que yo veo, a Jorgi por estar siempre por aquí, Akai27, Yanya, RosemaryAlejandra, Dulcecito311, Noriko, RXAparasiempre, Kiko, Allisha (tus palabras me sacaron los colores amiga, un abrazo muy grande) y Akane370 por tomarse la molestia de dejarme reviews que me alegraron estas semanas, no saben cuanto.
