El sutil oleaje que el mecanismo electrónico enviaba contra las piedras, era rítimco y perezoso; al contrario que el movimiento de su corazón, que latía con fuerza, amenazando con borrar su escasa cordura. Por un instante se sintió fuera del tiempo. No recordaba haber experimentado esa sensación desde aquel infortunado día en que despertara en la sala de observación, dentro de la barraca estéril del Campo Experimental Zona Cero, la base ultrasecreta del ejército japonés. Aspiró aire, intentando tranquilizarse. No era momento para un descontrol en su sistema que, bien sabía, le conduciría a un desastre seguro. Su cuerpo debía obedecerle, se dijo con rabia. Él no era su esclavo. ¡Jamás lo sería!.

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*fat*

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Ranma sintió que perdía el piso.

Ahí, con la belleza de la poza remodelada del hogar de los Tendo como marco, se encontraba una misteriosa mujer; responsable, sin duda, de su inoportuna reacción, tan inexplicable como poco bienvenida.

¿Quién era ella?

─¿En serio? ─preguntó la desconocida; la genuina sonrisa que esbozara hacía unos instantes, había sido reemplazada por una mueca aprehensiva.

─¡Por supuesto! ─confirmó Soun Tendo con alegría─. Ranma ¡qué bueno que llegas! ─El hombre fue a su encuentro saludándolo con una reverencia profunda que le hizo recordar las normas de urbanidad─. Permíteme presentarte a mi hija menor: Akane.

─Encantado ─hizo una reverencia al par de la joven─. Saotome Ranma, a sus órdenes ─al incorporarse notó que las mejillas femeninas estaban levemente sonrojadas; y tuvo que contener el absurdo impulso de tocarlas con sus dedos para inundarse de su calidez.

─¡Pero no se queden ahí! ─exclamó Soun Tendo con su acostumbrado estilo exagerado─. ¡Pasen! ¡Akane, aún no has llevado tu equipaje al interior! ─se llevó la mano a la frente en un gesto dramático─. Pero ¿Qué estoy diciendo? ¡Ni siquiera has visto la remodelación que le hicimos a las habitaciones!

─Yo se las mostraré papá, no te preocupes ─ofreció Nabiki con una sonrisa─. ¿Porqué no te quedas con Ranma en el salón mientras ayudo a Akane a instalarse? ─le palmeó el hombro a su padre en un ademán conciliador.

─Claro, claro ─repuso Soun ya más tranquilo, aunque burbujeaba de felicidad: su querida hija estaba en casa, y pronto Ranma sería su yerno. ¿Qué más podía pedir a la vida?

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*fat*

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─¿Y bien? ─preguntó Nabiki nada más llegaron a la habitación, que ahora sería de Akane.

─¿Bien, qué? ─preguntó esta, genuinamente intrigada. Se encontraba distraída, contemplando los detalles de la decoración en una de las paredes.

─¿Qué te pareció?

─Si tuviera que definirlo con una palabra diría: imponente ─respondió Akane, malinterpretando la pregunta a propósito.

─¡No me refiero a la remodelación; sino al prometido de nuestra hermana! ¿No crees que es magnífico?

─En realidad, creo que es imponente ─dijo Akane con indiferencia. haciendo que Nabiki torciera los ojos.

─¡Estás hecha de piedra hermanita!─gruñó Nabiki, con evidente frustración.

─Di lo que quieras, pero creo que soy la única mujer de la familia que tiene el buen sentido de no correr tras el primer par de pantalones que ve ─Akane se dirigió al armario para abrirlo y luego regresó para hacer lo mismo con la maleta y empezar a acomodar su ropa─. ¿Cómo rayos fue a terminar comprometida? ─exclamó moviendo la cabeza con incredulidad─. ¿No decía que prefería quedarse a atender a nuestro padre? De hecho, esa fue la razón por la que abandonó la universidad.

─Pues, ya ves ─Nabiki hizo una mueca mientras extendía una blusa que había sacado de la maleta sobre su cuerpo; luego, se dirigió al espejo─. Al parecer fue algo fortuito, ya que se conocieron en una recepción que ofreció la corporación Saotome a todos los maestros de Artes Marciales de Tokyo y...

─Sus alrededores ─la interrumpió Akane, arrebatándole la blusa para colgarla en el armario .

─Eso ─dijo Nabiki sin perder el estilo─. Parece que nuestra hermanita no es tan fría como tú y sucumbió a los numerosos encantos de ese increíble hombre. ¡Dios! ¡Ojalá yo hubiera acompañado a papá ese día!

─En fin. Espero que sea feliz ─concluyó Akane, su tono dejó claro a Nabiki que no deseaba continuar hablando del asunto.

─Yo también ─acordó Nabiki antes de dirigirse hacia el pasillo.

─¡Es sensei de Artes Marciales! ¿Qué demonios pasó con Kasumi? ─al cerrar la puerta tras ella, la mediana de las Tendo escuchó que, pese a su obvia intención de olvidar el tema, Akane continuaba con su misterio del día.

─Único heredero del Musabetsu Kakuto Ryu Saotome, uno de los estilos más prestigiados del país ¡Y es millonario! ─le aclaró, gritándole a través de la puerta cerrada, entornando los ojos con exasperación; cuando Akane se aferraba a una idea equivocada era imposible hacerla cambiar de opinión.

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*fat*

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─Por favor! ─aún en el tono bajo, la urgencia era evidente─. ¡Piensa en lo que hablamos! ¡Te lo suplico Kasumi!

─No, Tofú, no puedo ─Kasumi estaba aterrada. Él había tenido el atrevimiento de citarla en el dojo ¡Justo bajo las narices de su padre! ¡Si los descubrían todo estaba perdido!

─¿Acaso no me amas? ─él tomó su rostro entre las manos con una ternura indescriptible. Sus ojos color miel despidieron reflejos dorados que, con solo verlos, provocaban que sus rodillas se debilitaran.

─Sabes que te amo ─ella intentó zafarse de su abrazo pero no lo consiguió; sintió sus labios, cálidos y suaves contra los suyos.

─Entonces...ven conmigo ─dijo contra su boca.

─¡No! ─exclamó desesperada, rompiendo la magia que los unía─. ¡Mi padre moriría de vergüenza! ¡No puedo hacerle eso!

─¿Estás dispuesta a destruir nuestras vidas por una tonta promesa de honor? ¿Eso es lo que me estás diciendo? ─él se apartó de ella mirándola con rabia .

─Tofú...

─Estaré esperándote ─susurró él antes de salir del dojo─. Sabes el lugar y la hora.

Kasumi se dejó caer sobre la recién pulida superficie y, por interminables momentos, dio rienda suelta a su dolor.

No tenía el valor para desafiar a su padre. Ni siquiera por el amor de su vida.

¡Maldita la hora en que Ranma Saotome se había fijado en ella!

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*fat*

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─¡Mu! ¡Por fin llegas! ─exclamó la joven con inmensa alegría, sus ojos soñadores contemplando con arrobamiento al recién llegado.

─¡Xian Pu! ¿Te hice esperar demasiado? preguntó él, aproximándose para darle un casto beso en la mejilla. Luego, se sentó a su lado en esa pintoresca banca del parque aledaño al barrio de inmigrantes.

─Por supuesto que no; lo que sucede es que la bisabuela me dejó salir antes.

─¿Y eso?

─Dice que cuando estoy pensando en verte ─la linda muchacha de cabellos púrpura bajó la mirada apenada─, no pongo atención en el trabajo. Y como tiene un pedido muy importante, prefiere hacer todo ella.

─¡Vaya! Tu bisabuela me sorprende; pensé que no le agradaba que salieras conmigo.

─No seas tontito; tan sólo porque te golpeó con el bastón el día que nos encontró...

─¡Lo había olvidado! ─el hombre se levantó repentinamente de la banca donde estaban sentados.

─¿Qué? ─ella lo miró, confundida, mientras enredaba un mechón de su largo cabello en su pequeño dedo.

─¡El Señor Saotome me ordenó que fuera al puerto, a supervisar la llegada de un cargamento importante! ─le dio un rápido beso en los labios y comenzó a caminar─. Lo siento; pero en verdad es urgente. Mejor nos vemos en la noche ¿si?

─Está bien. ¡Te esperaré! ─dijo la joven, mirándolo perderse entre la gente, mientras intentaba ocultar su desencanto.

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*fat*

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─Ouch! ─se quejó la anciana que, sentada en el suelo, daba los últimos toques a un vistoso kimono de tonos escarlata. Al parecer el cansancio la había afectado en serio, porque no podía incorporarse. Había decidido trabajar en la recepción, dado que la sala de costura estaba ocupada con más diseños por terminar, y no quería desordenarlos.

─¿Puedo ayudarla? ─una mujer, vestida con un yukata en color azul, entró a la boutique.

─Se lo agradecería mucho ─la señora extendió la mano para tomar la de la mujer y pronto estuvo sobre sus pies.

─Debe estar muy cansada ─dijo la visitante con una sonrisa.

─Un poco. Cuando uno llega a esta edad todo cuesta el doble ¡Pero no hay que admitirlo ni en sueños! ─dijo en broma; luego le preguntó:

─¿Qué se le ofrecía?

─Bueno ─la mujer pareció vacilar─. Lo que pasa, es que estoy buscando trabajo.

─¿Trabajo?

─Sí. Pensé que tal vez podría necesitar alguien que se especializara en acabados.

─Vaya ─dijo la anciana un poco confundida, había observado el porte de la recién llegada y la calidad de su atuendo y no esperaba una petición así; sin embargo, reconoció─: Pues, sí necesito ayuda, sobre todo en esta temporada; pero en realidad no puedo pagar mucho. No han sido buenos tiempos y los pedidos escasean, sobre todo ahora que más extranjeros han llegado al barrio.

─No importa. Necesito el dinero ─la mujer bajó la cabeza apenada de reconocer algo tan prosaico─, porque acabo de llegar a la ciudad ─explicó.

─Bueno, si lo desea puede venir mañana ─hizo una reverencia y la nueva empleada también. Cuando la observaba alejarse tuvo un presentimiento y le habló─: ¡Oiga!

─¿Si? ─respondio la mujer, volviendo sobre sus pasos. La anciana pudo notar su tímido andar y supuso que, mujer refinada o no, era una provinciana y sin duda estaría atemorizada por la gran ciudad.

─¿Tiene donde quedarse? ─preguntó, sabiendo de antemano que la respuesta sería negativa. El sonrojo de la señora también fue un indicio inequívoco de la situación en que se encontraba.

─En realidad.. .─pareció como si tratara de pensar una excusa aceptable; sin embargo, la anciana fue más rápida.

─Tengo una habitación vacía; no es muy grande, pero hay un futón por ahí y algunas otras mantas. En realidad a mi bisnieta y a mí nos agradaría su compañía. En ocasiones nos aburrimos mucho las dos.

─Gracias...─la mujer se inclinó profundamente; evidentemente avergonzada por tener que aceptar su generosidad─. Muchas gracias.

─Por nada ─dijo la vieja con ternura─. Por cierto ─añadió─. ¿Cuál es su nombre?

─Nodoka ─repuso con voz queda.

─¿Así nada más?

─Senko, Nokoda ─de nuevo habló en un susurro.

─Mucho gusto, soy Khu Lon ─la anciana se inclinó de nuevo con cortesía─. Sígame. Le mostraré el cuarto; y creo que ya es hora de preparar la cena ─luego regresó por donde vino─. Espere un minuto; olvidé que mi bisnieta salió, así que debo cerrar.

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*fat*

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Ranma luchaba contra el aburrimiento.

Su futuro suegro era adicto al shougi; pero un pésimo contrincante. Estaba seguro de que no conocía más que los movimientos básicos.

Disimuladamente verificó la hora en su reloj de pulsera: faltaba un cuarto para las cuatro, hora en que debían partir hacia Nikkô ¿Dónde estaba Kasumi?

─¡Ya llegué! ─la voz de su prometida se escuchó desde la cocina─. ¡Papá! ¡Déjame contarte que... ─lo que iba a decir murió en sus labios al verlo. Por un momento, él tuvo la extraña sensación de que su mirada perdía el brillo y que su tez palidecía; pero hizo a un lado el absurdo pensamiento─. Buenas tardes─dijo la joven, inclinándose en una graciosa reverencia; luego ladeó un poco la cabeza para que la besara en la mejilla. Sintió su piel fría; demasiado, y tampoco dejó de notar sus ojos enrojecidos ¿Qué le sucedía?─. Lo siento... olvidé que debíamos irnos temprano.

─¿Te encuentras bien?

─Si, claro ─esbozó una sonrisa tenue y luego giró para dirigirse a las escaleras y prometió con su habitual calma─: Estaré lista en un momento.

─Jaque ─dijo Soun Tendo desde su lugar. Ranma se volvió, extrañado de que hubiera sucedido eso, y al ver el tablero comprendió todo: ¡Soun Tendo había hecho trampa!