Capítulo 2 - ¿Dentro o fuera?:
(MACC)
Después de dejar a Kay sana y salva y acabar con esa extraña conversación que ni siquiera sé porqué empezó, le he dado la mañana libre para que se instalara y descansara, y he seguido con mis clases. De aquí a un cuarto de hora, Mika, ella y yo tendremos una conversación. Según parece, Kay se ha escapado de casa y si es así, debemos hablar con el director para que tome la decisión sobre si seguirá en el internado o no.
Me levanto de mi asiento y me doy la vuelta, apuntando en la pizarra las soluciones de los problemas de algebra que había encomendado. Me ajusto el nudo de la corbata pensando en la estupidez de la norma. ¿Por qué deben los profesores ir en traje? "Para aparentar responsables y dar sensación de nivel al lugar" decía el director cada vez que se lo preguntaba e intentaba cambiar la norma. Vanesa, una de las chicas más populares –cotillas y pesadas- alza la mano. Le doy permiso para hablar.
-¿Es cierto que ha venido una alumna nueva? –pregunta curiosa, levantando una capa de murmullos entre los demás.
-Sí, exacto –respondo secamente, no quiero dar más información de la necesaria-. Quiero seguir con la clase, si no te importa.
Vanesa agacha la cabeza decepcionada y vuelve con los ejercicios que había puesto. Nuevas manos se alzan. No quiero seguir con el tema y lo ignoro, pero ellos ignoran mi ignorancia.
-Una cosa, una pequeña –pide una voz masculina-. Si es fea, cámbiela de clase, ¡que aquí ya hay suficientes!
Una avalancha de risas se desmorona después del comentario. Ales, mi alumno más egocéntrico y problemático, obviamente deja ha soltado su humilde opinión. Decido tomármelo a la ligera.
-Ya te responderás a la pregunta cuando empiece las clases mañana, ahora, no voy a responder nada que tenga que ver con ella.
Nuevos murmullos sobre su apariencia y lo que podría ser su nombre llenan mis orejas de ruido. Lo aguanto hasta que las clases se acaban; son las doce en punto del mediodía.
Aligero el paso pensando que Kay y Mika pueden estar esperando enfrente de mi despacho. Desde lejos, diviso la silueta de Kay sentada en el suelo, al lado de la puerta. Ella mira por la ventana de enfrente, con los ojos perdidos, pensativos, profundos. Con una expresión madura pese su rostro infantil e inocente. Como si fuera solo una visión, como si no pudiera ser real. Preciosa como un ángel. Mis propios pensamientos me asustan.
Me ve y sonríe, inocente y joven de nuevo. Se levanta ágilmente y me mira mientras abro la puerta. Me odio a mí mismo.
-Hola –me dice sonriendo-. Gracias por dejarme un mapa y algo de comida. Si no, no hubiera llegado hasta aquí.
Cálmate Macc, olvida todo.
-De nada –contesto devolviéndole una media sonrisa.
La dejo pasar primero. Se acomoda en mi silla de cuero marrón, y pone los pies encima de la mesa. Me río por su atrevimiento y indiferencia, pero igualmente le hago un gesto y baja los pies de inmediato.
Me encanta este sitio… es más… ¿hogareño? Que el resto del palacio.
¿Palacio? Así que ha transformado el internado en un palacio… Río ante la idea y ella aun se desconcierta más.
-¿Verdad? Pienso lo mismo que tú –le digo observando el despacho. Suelo con parqué, paredes pintadas de verde, muebles de madera oscura, algo menos de iluminación…
Kay sonríe y se fija en cada detalle de la habitación, posa su mirada en los cuadros que tengo. Son del mar de noche. Se levanta y se dirige hacia ellos. Son dos, uno encima del otro, una continuación, se necesitan el uno al otro, si no pierden su belleza. Cuando los miras es como si transmitieran sentimientos ajenos, sentimientos que compartimos muchos; melancolía o nostalgia, no sé.
-Me encantan –dice mirándolos abstraídamente-. ¿Sabes? Ambas cosas, cuando las miro, me dan como cierta tristeza, ¿no te pasa? No sé, melancolía o algo. Sí, es una cursilada pero…
Como si pudiera leerme los pensamientos. Me mira expectante, no quiere haber quedado en ridículo, menos por algo que ha dicho con sinceridad. ¿Pero cómo va a hacerlo si tiene toda la razón? Sonrío; ella lo entiende y me sonríe de vuelta. Se queda satisfecha de que piense igual que ella. La yema de su dedo, da la vuelta a la gigantesca luna blanca del cuadro, un simple roce. Vuelve a sentarse, esta vez en su sitio correspondiente.
(KAY)
Michaela entra y se sienta en la silla que hay a mi lado. Macc nos sigue y se sienta en la butaca –muy cómoda por cierto- en frente nuestro. Vuelvo a centrar mi vista en Mika. Como su cabello liso y rubio platino se desliza por sus hombros hacia abajo, su pose madura… En cierto modo y sin saber porqué me da envidia. Las mujeres tendemos demasiado a preocuparnos por lo que piensan los demás, tendemos demasiado a compararnos evaluar, para saber en qué puntos somos mejores o peores, especialmente con otras mujeres. Sus ojos chocolate noventa por ciento se encuentran con los míos y me sonríe. La situación se mantiene así durante unos instantes. Michaela me aparta la vista, se acomoda bien en la silla y carraspea mirando a Macc. "Di algo" parece que signifique la mirada. Ambas le miramos, él suspira y empieza.
-Bueno Kay –dice Macc mirándome fijamente-. Te escapaste de casa, ¿no?
Michaela no se cree lo que acaba de oír y le fulmina con la mirada.
-¡Macc! –se queja- se más sensible, ¡por dios!
-No pasa nada –aseguro agradeciéndole a Mika su preocupación-. Si tiene razón. Me escapé de casa, cogí el tren y aquí estoy.
Sonrío, ellos no entiendes porqué, pero con ese movimiento yo solo pretendo que entiendan que no me arrepiento. Que ha sido mi decisión. En mi opinión, la sensación de sentirte libre para escoger, y saber que sea cual sea la consecuencia, tú vas a seguir sintiéndote orgullosa, es un motivo para sonreír.
-¿Porqué?
-¿Como que porqué? –digo levantándome de la silla ante la pregunta de Macc, para dar más importancia a mis palabras-. Pues porque mis padres no saben que es tener dos dones, no saben que puedo cambiar un pedazo de mundo gracias a ellos. Pero no me permiten nada de eso y por eso me escape. ¿Te parece motivo suficiente?
-Kay, ninguno de los dos ha estado en tu situación pero…
-Pues si crees que aquí puedes cambiar todo eso quédate –le interrumpe Macc, sentándose encima de la mesa-. Desde luego no voy a ser yo quien no te permita cambiar ese pedazo de mundo.
Suspiro y me dejo caer en la silla. Cierro los ojos y me repito "Menos mal" una y otra vez. Entonces Mika me pide que me vaya a fuera un rato, que tiene que hablar con Macc. ¿La he cagado? Porque si lo he hecho quiero enterarme, y así poder darles entender las veces que haga falta, que de verdad necesito estar aquí. Pero aun que piense así, salgo del despacho y vuelvo a sentarme donde antes. Mirando la ventana, porque ese paisaje jamás será para siempre, y menos si no puedo quedarme.
(MACC)
-¿Como le has podido decir eso? Ella no… -me mira enfadada y triste- No puede quedarse.
-¿Porqué? Hay muchos otros alumnos en una situación parecida, y se han quedado.
-Macc, las "situaciones parecidas" de las que me hablas, son de gente que se ha escapado del orfanato. Esa chica tiene casa, padres. ¿Cómo estarías tú si fueras su padre?
Se pasa la mano por el pelo estresada, sin saber qué hacer. Anda de un lado al otro del despacho, sin decir nada. Kay debe quedarse, sé que debe y Mika también lo sabe, pero ella siempre tiene que pensar en las demás personas envueltas.
-Mika… Trata de entenderla, eres una especialista en eso, ¿no?
Y es verdad, ese es el don de Mika. Tan solo con un roce, las emociones que la persona está sintiendo en ese momento, ella también las siente. Y a la inversa, con un roce, puede transmitir sus sentimientos a otra persona y así controlarlos.
-Sé cómo se siente, claro que la entiendo. Pero trata de entender tú a los demás.
Se va. Dejando la puerta abierta para que Kay pase. Ella entra y vuelve a sentarse donde estaba, yo me pongo de pie delante suyo.
-Mika no cree que deba quedarme, ¿no?
Asiento y dirijo mi mirada al suelo, pensando en las palabras más apropiadas para decirle. Kay se deja caer al suelo, cosa que me sorprende y la agarro por la cintura, impidiendo que se caiga.
-¿Qué haces? –pregunto aún en shock. Por un momento creía que se había desmayado.
-No es para tanto, me he dejado caer, lo hago cuando no sé cómo actuar.
Estás loca –confirmo riéndome-. No vas a irte, tranquila. Hablaré con el director y lo solucionaré.
Le suelto, pero ella me abraza. Por unos segundos, no nos movemos. Me pregunto que estará pensando. Pero no quiero situaciones comprometidas. No de momento.
-¿Eres así de cariñosa con todos los profesores? –pregunto sonriéndole. No se irá, lo prometo.
-Gracias por todo Macc –dice divertida.
Se va mirándome pícara; "quien se acabará quedándose con quién", me dice la mirada. Me deja solo en el despacho. "Nada de compromisos… ¿Por qué narices tiene que ser tan atrevida? Me estoy volviendo loco…"
-.-.-
Y hasta aquí el segundo capítulo. ¡Ya habéis podido descubrir el don de Mika! Pero aún faltan muchos personajes importantes por aparecer… chán chán cháán! En el siguiente se verá más información sobre el internado y sobre Kay, espero que lo disfrutéis. ¡Prometo no haceros esperar mucho!
¡Vamos! un review me merezco, ¿no?
¡FELIZ AÑO NUEVOOOOOOOO!
-K.S's
