CAPITULO 2: Spiccato (Separado)

- Hazlo ... - ordenó Jane al guardia que sostenía a mi padre. Vi sus manos moverse para agarrarle mejor de los hombros y sus dientes se clavaron en el cuello de Charlie antes de que pudiera gritar que parara. De nuevo ningun sonido salió de mi garganta. Observé con ojos aterrorizados como la escena más espantosa de toda mi vida ocurría frente a mí. Apenas un minuto y tanto el color como la vida se escaparon del cuerpo de mi padre.

Le habían matado.

Mi sollozo resonó como un grito desgarrando la noche. Las lágrimas fluían en torrentes desvocados por mi cara. Quería ocupar su lugar, pagar mis culpas con la muerte, él no se lo merecía, no tenía culpa alguna.

- Tu sabrás cuantas muertes más quieres causar antes de aceptar lo inevitable.-

- Jane...- la reprendió Demetri.-

- Aro... no... no permitirá... que mateis... a los Cullen. Él... les quiere.- hablé entre sollozos, tratando de razonar con los monstruos que habían entrado en mi casa de noche para destrozar mi vida. No iba a funcionar, lo supe desde el primer minuto, pero la esperanza es caprichosa y nunca te abandona del todo.-

- No, él no quiere que lo hagamos, pero su curiosidad por ti es más fuerte que su amor por ellos. Hará lo que sea necesario, incluso eso...-

- Felix te dice la verdad. Muchacha, no tienes más caminos. Acepta, te lo ruego.- pude notar sin demasiado esfuerzo el tono casi suplicante en la voz de Demetri. Al igual que él, yo sabía que el único camino medianamente razonable ahora era aceptar sin oponer resistencia, pero aún me quedaba una última carta que jugar. Una en la que no confiaba demasiado y que prefería no tener que usar. Aunque las circunstancias no estaban para escoger.

- Sois... seis. Ellos son siete, ¿Quién dice que será fácil... acabar con ellos?.- Una nueva risotada me hizo mirar hacia donde se encontraba la muchacha de aspecto infantil pero feroz.-

- Todos aquí tenemos dones especiales. Solo dos de nosotros podríamos con ellos.-

Supe al oír la arrogancia de su voz que decía la verdad. No es que pudiera pensar con demasiada claridad en este momento, tenía el cadaver de mi padre a escasos tres metros, seis vampiros poderosos rodeandome y toda una corte vampirica dispuesta a hacer lo que sea por cumplir los deseos de su señor.

Tenerme entre sus filas.

- Acepto...- dije temblorosamente firmando mi sentencia de muerte. Literalmente.-

* * *

Resistir el verlo por última vez no iba a ser una tarea realizable para mi corazón. Lo notaba palpitar irregularmente en mi pecho suplicando por una oportunidad para seguir de una pieza, pero las palabras de Felix resonaron de nuevo en mi cabeza.

" Esto no se trata de que vengas con nosotros con su aprobación, ambos sabemos que no lo aceptaría. Tienes que engañarle, si no te deja ir tendremos que librarnos de él. Haz lo que quieras, no nos importa, pero tiene que creer que te marchas para estar lejos de él. La verdad no es una opción aceptable en esto. Si llegas a decirle algo... le mataremos antes de que pueda siquiera pestañear."

Que Edward muriera por mi culpa se me antojó espantoso. No iba a permitirlo, tuviera que hacer lo que tuviera que hacer, le convencería de que no quería estar más a su lado. De algún modo... aunque no sabía cual. Yo que era incapaz de mentir sin que se me notara...

- Bella...- me llamó con una sonrisa en los labios. Estaba tan feliz de verme como yo de verle a él. Dos días eran demasiado para estar separados. ¿Y se suponía que yo tendría que hacerlo por toda la eternidad? Era imposible.

Le vi acercarse con gestos veloces hasta que pudo estrecharme en sus brazos con una fuerza casi dolorosa. Quise echarme a llorar arropada por su protección, contarle como una niña pequeña que unos tipos malos me habían asustado y que me cantara mi nana para dormirme con la promesa de que él los espantaría. Sin embargo, aquellos tipos malos eran mucho más fuertes que él. No había posibilidad alguna de que una pelea acabara bien para nosotros.

- Edward.- le corté con voz dura mientras me separaba de él. Era la primera vez desde que nos conociamos que era yo quien se separaba antes. Sin duda le extrañó.-

- ¿Qué pasa? ¿Estás enfadada? -

- Me voy.-

- ¿Cómo que te vas? ¿Estás enfadada por qué me puse paranoico ayer? Lo siento, sé que debería confiar más en ti, pero sabes que me preocupo cuando no puedo estar o hablar contigo.- La confusión bailaba en su rostro, pero la sonrisa no le abandonó. No era la sonrisa feliz que yo amaba ver en él, esta era un poco más difusa y torcida, pero era una sonrisa al fin y al cabo. Me deslumbraba como siempre, y yo... yo solo podía limitarme a recoger los retazos de valor que me quedaban para empujarle lejos de mí. Un lugar donde estaría a salvo.

- No estoy enfadada.- lo pensé mejor, ese era un buen camino. Una excusa igual que otra cualquiera para mi marcha. Total, todas serían igual de falsas. Alejarme de él... como si fuera algo que yo haría por propia voluntad.- Sí, tienes razón, lo estoy. Estoy harta de que me agobies, no puedo hacer nada sin que me tengas vigilada y menos aún sin tu permiso. No soy una niña pequeña, necesito espacio y libertad. Me voy... nos vamos...- dije recordando el elaborado plan que habían urdido para ocultar la muerte de mi padre y que así los Cullen no sospecharan. - ... mi padre ha recibido una oferta de trabajo en otra ciudad, me voy con él.-

Me di cuenta, en aquel mismo segundo, que no conoces el terror hasta que lo ves reflejado en la cara de la persona que más amas. Su gesto se torció de manera tan rápida que si hubiera sido humano le hubieran dolido los músculos. La llama de felicidad y amor se apagó de un soplido, estaba pensando que decirme, que excusas poner para evitar mi marcha. Yo solo rogaba que no me lo pusiera más díficil de lo que ya era, en cualquier momento me echaría a llorar, se descubriría todo y la guardia de los Volturis le destrozaría en mil pedazos. Ese pensamiento era lo único que me animaba a ser lo más firme posible.

- No... ¡no puedes irte! - rugió -

- Lo haré. Me he dado cuenta que no tengo vida, que todo se límita a lo que me permites o no hacer. - decidí usar algo que sabía que le otorgaría realismo a mi alegación. Cuanto mayor fuera el daño, menos probable sería que me siguiera. Lejos igual a seguro, me repetí como si fuera una formula matemática. - Jacob tenía razón, es como si estuviera secuestrada y padeciera sindrome de Estocolmo. Sólo soy yo misma cuando estás lejos.

- Lo siento, ... lo siento ... - comenzó a disculparse con un ruego ronco.- No volveré a comportarme así. Si quieres ir a LaPush no diré nada, si quieres montar en moto yo mismo te compraré una, si quieres saltar de un acantilado te acompañaré, si quieres pasar menos tiempo conmigo lo entenderé, pero por favor, no me dejes.- En solo unos segundos había conseguido que su cara de juvilo por volver a mi lado se convirtiera en una mascara hecha de dolor. La culpa atenazaba mi pecho dificultandome el habla.-

- No... hay nada que puedas hacer. Ya está decidido. Nos vamos esta noche. Charlie...- me dolió pronunciar su nombre. - ... tiene que estar allí lo más pronto posible. Una inmobiliaria se encargará de vender la casa.-

- ¿Por qué tan de repente? No entiendo la prisa. No entiendo nada. He sido demasiado insistente con el asunto de protegerte, pero nunca te habías quejado demasiado. Siempre hemos bromeado con ello, ¿por qué ahora...? -

No tenía respuesta pensada para eso. Bueno, si tenía una, pero se acercaba demasiado a ser una verdad peligrosa. No me cabía en la cabeza como alguien, menos alguien que fuera él, podía ser capaz de pensar realmente que yo tenía motivos y voluntad para alejarme de su lado. Era tan rídiculo que un "huh" ironico y ofendido salió de mi boca. Sus ojos me miraron con una punzada de dolor. Tenía que pensar algo, y tenía que hacerlo rápido. Contra más rápido terminara con esto, menos tendría luego para recordar y torturarme por toda la eternida.

El universo tiene un extraño sentido del humor, pensé. Había estado luchando durante meses con Edward para convencerle de que convertirme en vampiro era la única manera de estar juntos para siempre, lo único que necesitaba para ser feliz a su lado. Ahora el interés de alguien más por mi cambio me separaba de Edward. ¿Ironico? Sí, mucho. ¿Cruel? También. En vez de acercarme a él, mi conversión me alejaría más.

- Ahora es tan buen momento como cualquier otro.- a ambos nos dolió mi crueldad innecesaria.- La decisión está tomada... me marcho.-

- ¿Y si no te dejo? - noté su mano fría agarrandome con demasiada fuerza por el brazo. No iba a ponermelo nada fácil, cada vez lo veía más claro. Un pequeño rugido llegó a mis oídos. Era la primera vez que veía a Edward tan enfadado.-

- No tienes opción. ¿Qué vas a hacer sino? - Sus ojos bailaron de un lado para otro sopesando mil y una posibilidades. Notaba como algunas le agradaban, otras la disgustaban y otras, supuse que las más extremas, le horrorizaban. Suavizó notablemente su rostro cuando volvió a mirarme a los ojos. Directo y profundo. Como un disparo.-

- Solo dime que puedo hacer para que no te vayas y lo haré. Lo que sea...-

"Solo tienes que matar a toda la guardia de los Volturis" pensé destrozada. "Pon tu vida en un riesgo innecesario y entonces podremos estar juntos. Si no te matan ellos a ti."

- Bella... por favor.- ver a Edward Cullen rogar añadía un nuevo clavo a mi ataúd. No estaba acostumbrada, muy pocas veces le había visto hacerlo y ninguna con tanta desesperación. Me sentí terriblemente ofendida conmigo misma por hacer que alguien tan excepcional, hermoso y puro rogara por mi. Sucia mentira, me insulté. No importaban los motivos por los que estuviera haciendo esto, incluso si se trataba de salvar a toda la humanidad, Edward estaba humillandose por mí.

- Dijiste...- dudé. Necesitaba un tono de voz más firme si quería protegerles. - Dijiste que estarías a mi lado hasta que te dijera que no era eso lo que quería. Bien, no es eso lo que quiero. -

- ¡Deminios, tiene que haber alguna maldita razón más para todo esto, Bella!.- perfecto, ahora estaba maldiciendo. Una persona que jamás había dicho en mi presencia más que "estupido".-

- Solo hay una... Me he cansado de esto.-

Su mano se aflojó en su captura de mi brazo. Ahí estaba... la duda, el dolor, el sentimiento de abandono. Crecían y formaban una nube oscura a su alrededor.

- Si solo me dieras la oportunidad de ...-

Sonó mucho más débil y expuesto de lo que era bueno para mi poca convicción. Tuve que interrumpirle para que su pena no ganara a mis ganas de mantenerlo con vida. Iba a conseguir que esa familia no sufriera ningún daño, así tuviera que decir lo más cruel que se me pasara por la mente. Sería la única manera de alejarlo... tenía que resultar.

- Edward... - levantó la mirada cuando pronuncié su nombre. Había sonado mucho más dulce de lo que desearía. Acariciarlo antes de golpearlo con más fuerza. De nuevo crueldad innecesaria.- ... llevo mucho tiempo pensandolo en realidad. Solo estaba tan cegada por ti que no era capaz de darme cuenta del todo.-

- ¿Darte cuenta de qué?.-

- Tú has sido un bonito sueño. Llegué aquí, sin conocer a nadie y de pronto tenía a alguien que parecía salido de un libro interesado por mí. Cualquier chica en mi lugar hubiera quedado deslumbrada como yo, pero... pero cuando tú no estabas conmigo y veía todo desde fuera de la burbuja me daba cuenta que no teníamos futuro. ¿De verdad podría renunciar a todo? Incluso si lo hacía ¿De verdad podría soportar toda una eternidad contigo? -

La sombra que lo recubría se volvió más y más opaca hasta que deje de verlo. Ahí estaban, todos sus temores rondandole dispuestos a plantar batalla. Que yo me cansara, que me diera cuenta de lo que según él iba a perder, que quisiera dejarlo... siempre pensaba en eso. No era como si me lo dijera, al menos no con frecuencia, pero podía leerlo en sus ojos. La chispa de incredulidad brillaba cuando yo le confirmaba que quería ser suya por toda la eternidad. Después de eso, ¿cómo le era tan fácil creerme ahora? Más aún, ¿cómo no se daba cuenta que estaba usando el mismo método que él usó conmigo meses atrás?.

Edward, en el fondo, era estupidamente inseguro cuando se trataba de mí.

Como si yo tuviera otra opción que amarle...

- ¿Piensas eso... de verdad?.- por fin noté la primera señal de rendición. -

- Sí. -

- ¿Vas a ... dejarme?. -

- Sí.-

- ¿Vas a ... irte mañana? - con cada pregunta su voz bajaba un poco... apenas un aliento.-

- Sí.- afirmé de nuevo con una rotundidad que me pregunté de donde venía.-

- ¿No hay... nada que... pueda hacer?-

- No. - suspiré.- Todo sería más fácil si lo aceptaras y me dejaras ir sin crear problemas.- Mi frase tuvo tanta verdad en cada palabra que tuve miedo que Felix apareciera para decirme "Te advertí lo que pasaría si le decías la verdad". Una pequeña verdad entre tantas mentiras no sería descubierta.

- ¡¡¿Crees que puedo hacerlo?!! - la furia había vuelto. De nuevo su mano me agarró con demasiada fuerza, no pude evitar que un leve gemido de dolor saliera al expulsar el aire de mis pulmones. Estaba dolido, estaba enfadado, ... pero era más que eso. Estaba siendo abandonado. - ¡¿Crees de veras que puedes decirme que no sientes nada, que realmente no estás segura de haberlo sentido este tiempo, y pretender que me quede tranquilo?! ¡¡JA!! Tu me quieres, ¡lo sé! Te he besado, te he abrazado...- me acercó un poco más a él, con rabia.- ... Maldita sea, oigo tu corazón cuando lo hago. Estoy oyendole ahora mismo. Eso no se puede fingir.- apretó un poco más mi brazo y juré escuchar un crujido. No me había roto el brazo, pero si seguía así lo haría. Entendí mejor que nunca a lo que se refería cuando me dijo "Tengo que estar concentrado cuando estoy contigo... No sabes lo fácil que sería descuidarme y aplastarte el craneo sin darme cuenta. Mi fuerza va más allá de lo que desearía."

- Ah...- jadeé por el creciente dolor. - Me estás haciendo daño.- Click... pude oírlo. Una pieza en su cabeza encajó y se dio cuenta con horror de lo que estaba haciendo. Se apartó de mí como si quemara, con un gesto tan culpable que superaría al mio cuando fuera libre de ponerlo. No me importaba demasiado si me rompía un brazo, una pierna o lo que quisiera. Mi dolor físico no era comparable al emocional.-

- Lo siento...- farfulló mirandose las manos horrorizado.- Quizás tengas razón... quizás lo mejor sea que te alejes de mí tanto como puedas.-

Antes de que pudiera contestar, antes siquiera de que pudiera pensar, Edward suspiró entrecortadamente y salió corriendo hacia algún punto indeterminado y alejado. No hubo un "adios", nisiquiera un "cuidate"... No es que esperara una despedida tradicional. Pedirle eso en este momento rozaría lo sadico, pero al pensar en que sugerir que lo mejor era estar alejado de él fuera la última frase que le oiría me hizo temblar.

Adios mi único amor.

Adios mi vida perfecta.

Adios humanidad.

* * *

Mientras mi mente repetía con exagerado lujo de detalles la cara de Edward mientras le disparaba toda mi sarta de mentiras, el avión se alzaba con ligeras turbulencias con destino a Italia. Por alguna razón que nadie se molestaría en explicarme, uno de los guardias de los que no conocía el nombre y Demetri eran los únicos escoltandome en el avión. Los otros volverían por otros medios.

- Odio volar.- dijo de pronto Demetri. Mi cara de sorpresa debió hacerle gracia. Sus labios se movieron con una levisima sonrisa.- Aunque parezca rídiculo viniendo de alguien como yo, tengo miedo a los aviones.-

No pude evitarlo, sonreí y él ensanchó su sonrisa al verme. Sin duda era el más humano de todos, me reafirmé en mi primera impresión. Aquel hombre pálido pero de caracteristicas mediterraneas me miraba son desprecio, me hablaba con normalidad... De algún modo me tranquilizaba ser tratada como algo más que mera mercancía.

- No te preocupes, no es tan malo como parece.-

- ¿Cómo puede no ser malo? Acaban de sacarme a rastras de mi casa tras matar a mi padre y alejarme de mis seres queridos. ¿Puede ser peor?.- sopesó mis palabras.-

- Bueno, quizás si es tan malo, pero pudo ser peor.-

- Lo dudo.- bufé. -

- Creeme, Jane venía dispuesta a arrasar con todo a su paso. No sé si lo habrás notado, pero no te tiene demasiado cariño.-

- Lo he notado, es imposible no notarlo.-

Calidamente su risa inundó mis oídos. Me sentía muy cómoda con él, era extraño. Quería estar alerta, pero me era humanamente imposible. Mirandole bien podía apreciar lo hermoso que era, no en el sentido deslumbrante de la belleza vampirica, sino una belleza tierna y tamizada. Cuando se reía la nuez de su garganta vibraba provocando una reverberación extraña. Me recordó a Edward y mi corazón dolió.

- Ella ha sido el centro de todas las atenciones de Aro durante siglos. Está celosa del interés que tiene en ti, siente como si fuera a ser sustituida.

- ¿Ellos son...? - la curiosidad era evidente, pero él solo estalló en risas de nuevo.-

- No te sabría decir. Jane actua como si fuera propiedad privada, pero ¿no son todas las mujeres así cuando quieren a alguien sean o no correspondidas? -

- Sí, definitivamente. - mi afirmación le hizo reir nuevamente. ¿No eran demasiadas risas por minuto para alguien que debería darme miedo? Sopesé la posibilidad de que él hubiera pasado por algo parecido a mí.

"Unirse o morir, ¿no es eso?"

Recordé la frase de Edward cuando estabamos en Volterra. ¿Habría sido así para Demetri? ¿También le habían amenazado con eliminar a la gente que amaba? Eso explicaría porque era tan humano. Perderte a ti mismo por la gente que amas... aún tras ser convertido, esa decisión esperaba que ayudara a mantener un poco al humano que se era antes.

- Puede que ahora no lo creas, pero Volterra no es tan horrible como te puede parecer ahora. Somos una extraña y gran familia... -

Arrugué mi nariz con desaprobación. Nadie me convencería jamás de que todo esto tenía algún lado positivo. Desde el mismo momento en que se decidió mi camino sin contar conmigo habían perdido mi buena predisposición. Cumpliría ordenes, eso es todo, nada de familiaridades. Mi familia se encontraba en ese momento a kilometros de distancia desconocedores de mis circunstancias. Me pregunté de pronto como se habrían tomado los Cullen mi repentina marcha.

* * *

Edward PV

Entré como un ciclón tropical por la puerta de mi casa. Los cristales temblaron en una fuerte sacudida. ¿Qué demonios estaba pasando? Un día fuera y el fin del mundo se desataba sin previo aviso. Ayer estaba tan ansiosa por mi vuelta... y hoy de repente decía no sé que tonterías de irse lejos y tener una vida sin mí.

- Hijo, ¿qué ocurre? Casi tiras la casa abajo.- la voz de mi madre perdió todo su efecto calmante. No habría nada que pudiera apagar las llamas que ardían bajo mi piel. Estaba siendo llevado al límite de todas las pesadillas que tenía desde que conocí a Bella Swan.

- ¡¡No lo entiendo!! - grité llamando la atención de toda mi familia. No estaba hablando para ellos, ni siquiera hablaba para mí, hablaba para alguien en el universo que tuviera una explicación al caos en el que me encontraba. Todo había sido demasiado rápido, demasiado incluso para que mi mente extremadamente veloz lo entendiera.

- Sientate y tranquilizate. ¿Qué ocurre? ¿No ibas a ver a Bella?.-

No hice caso. Mi cuerpo se movía con una voluntad propia, mi mente estaba demasiado ocupada para guirlo. Recorrí la distancia entre la entrada y el salón y comencé a dar vueltas como un león enjaulado. Nada tenía sentido, no lo tenía. Quizás ella solo estaba enfadada por alguna razón tonta que mi mente no entendía, mañana se daría cuenta de lo irracional de su comportamiento y entonces volvería aquí. A mi lado.

- Ufff... toda esa angustia va a matarme. No sé que le pasa, pero su cuerpo destila confusión, angustia y rabia suficiente para todo el pueblo.-

- Jasper, ¿no puedes calmarle para que hable de una vez?.-

- Lo estoy intentando, Alice. Juro que lo estoy intentando.-

- ¡¡Demonios!! - golpeé la pared con furia y esta crujió bajo mi puño. Sabía que eso no iba a ocurrir. Bella no era el tipo de persona que te dice cosas crueles en una rabieta. Sus palabras eran sinceras, ella jamás me mentiría. Al menos eso creí hasta que habló de esa manera de sus sentimientos. ¿Deslumbramiento? ¿Burbuja? ... ¿Qué era yo? ¿Un juguete nuevo al que no podías resistirte? No, ella no era así. Lo sabía demasiado bien. La amaba demasiado para no saber que en todo estoy había algo extraño que me ocultaba. ¿Se había arrepentido de lo de convertirse en vampiros y pensaba que era mejor irse a enfrentarme? ¡Como si a mi me importara que fuera un vampiro, una mujer o una piedra! La hubiera amado aunque fuera una nueva forma de vida sin catalogar.

- ¡¡Calmate de una vez y dinos que pasa!! - mi padre me agarró por los hombros y me sacudió lanzando todos mis pensamientos hacia algún lugar lejano.-

- Se va...- conseguí articular.-

- ¿Quién se va? - preguntó confuso.-

- Bella, ella se va. Se marcha. Lejos. -

- ¡¿Qué?! No me lo creo.- Alice rodó los ojos. Sí, conocía bien ese sentimiento de incredulidad. Yo mismo hubiera jurado que eso era una imposibilidad cientifica sino fuera porque lo había vivido de primera mano.

- Quizás esté enfadada por algo. Has estado muy pesadito últimamente. La pobre parece una niña de guardería que no puede ir al baño sin permiso.-

- No tiene gracia, Emmett.- le fulminé con la mirada.-

- Esto parece serio.- Esme se acercó a mí. Acariciaba mi espalda en un movimiento de arriba a abajo que resultaba placentero. Casi podía notar mi cuerpo relajandose... casi.- Seguro que ella está molesta por algo y ha dicho cosas que no quería decir. Bella es una chica muy cabal y te quiere mucho. -

- No es eso lo que me ha dicho.-

- ¿Bella te ha dicho que no te quiere? Eso si que definitivamente no me lo creo. Ayer tenía esa cara de tonta enamorada mientras hablaba contigo por teléfono. Además, se pasó todo el día suspirando y mirando a las musarañas. Casi se corta un par de dedos.-

- ¡Juro que no lo entiendo! Ha estado diciendome que se sentía asfixiada, que no quería que la controlara, ... y no sé que tonterías de una burbuja. ¡¿Cómo puede cambiar alguien de un día para otro?! Uno no se despierta un día y se le ha pasado el amor... ¡El amor es para siempre!.-

- Tranquilizate, llamaré a Bella y hablaré con ella. Estoy segura que todo quedará arreglado en cuanto se le pase el enfado. -

- Alice, por favor... - le rogué.-

- Todo estará bien. Bella es demasiado lista para saber que no podeís vivir el uno sin el otro.- su sonrisa calida me confortó. Igual yo estaba exagerando, igual todo esto era una gran y estupido malentendido. Yo me comportaría mejor, ella me perdonaría y los dos olvidaríamos este día tan negro.

Esperé con ojos esperanzados mientras Alice marcaba y se ponía el teléfono sobre la oreja. Durante varios segundos podría jurar que mi corazón marchito volvió a latir en mi pecho, retumbaba tan fuerte que Bella podría oírlo desde su casa.

- Nadie contesta en casa, que raro... Voy a llamarla al móvil.- repitió la misma operación y obtuvo el mismo resultado. Un terror ilógico comenzó a bombear junto con mi recién resucitado corazón. No podía haberse ido más pronto aún de lo que me había dicho, ¿verdad?.- Que extraño, según tenía entendido al menos Charlie debería estar en casa.

- Se ha ido... - fue todo lo que acerté a decir antes de que mi cuerpo comenzara a temblar y los ojos de todos los miembros de mi familia comenzaran a adquirir el brillo de la duda. Sí, sin duda el infierno se había desatado... y lo hacía de la peor de las maneras.

CONTINUARÁ ...