Disclaimer: Los personajes utilizados de Cardcaptor Sakura, pertenecen a CLAMP. La historia es de mi autoría.

Capítulo 2: Demonwizard al acecho

—Mi nombre es Sakura de Abaddón.

Los comentarios comenzaron a subir de decibeles.

—Es un poco escueta, ¿no crees, Syaoran? —señaló Takashi Yamazaki, uno de sus mejores amigos de la preparatoria—. Ni siquiera ha dicho que es un gusto conocernos.

Syaoran estaba pasmado, esa muchacha parecía que estuviese profundamente enojada y eso lo hacía estremecer. Además le recordaba a la mujer de su sueño, a ella.

«No, eso es imposible. Esa tal Sakura, jamás sonreiría como ella, como la chica de mi sueño», pensó con cansancio.

—Siéntese detrás de Kinomoto —indicó la maestra.

Ella sin siquiera esperar que Syaoran levantara su mano, se dirigió en su dirección. Sus piernas largas y torneadas le quitaron el aliento, la chica era preciosa. Pero sus ojos oscuros eran los que más llamaban su atención, tan desprovistos de emociones.

—Ahora procederemos con el examen —un largo "no" se escuchó en el salón.

La mañana pasó rápidamente. No obstante, Syaoran sentía que estaba más distraído y enmudecido de lo normal. Esa muchacha, quien había literalmente desaparecido en cada descanso de la mañana, lo tenía muy pensativo. Él también había sentido algo como lo descrito por Tomoyo, era como si ya la hubiese visto, pero al mismo tiempo no. Ella era diferente, incluso diferente a sus compañeros. La observó unos breves momentos, y ella parecía observar todo minuciosamente, como si pudiese ver algo que él no.

Luego esa tarde, regresaba a su casa junto con su grupo de amigos: Tomoyo, Yamazaki, la novia de este último llamada Chiharu Mihara, también unas amigas que recordaba desde la primaria: Naoko Yanagisawa y Rika Sasaki. Iban haciendo mucho escándalo, gritando bromas y riendo como los adolescentes que eran.

Syaoran sonreía ante algunas ocurrencias de Yamazaki, ese chico se inventaba cada historia, que a pesar de rayar en lo inverosímil, muchas veces había creído de ton a son. Pero eso paulatinamente había cambiado, ahora era más complicado que Yamazaki lo envolviera con sus cuentos. Aunque debía decir, a favor del muchacho, que cada vez se curraba más aquellas historias, tratando de que Syaoran terminara creyéndole.

Y aunque la historia, sobre los viajes en el tiempo de los faraones del antiguo Egipto, estaba muy interesante, ya fuera verdad o mentira, Syaoran no lograba concentrarse. Sentía una extraña sensación desde hace un rato, estaba callado intentando descifrar qué era.

Ninguno de los adolescentes se percató del ensimismamiento de Syaoran, era muy normal que estuviese callado la mayor parte del tiempo. Casi nunca hablaba si no se le preguntaba algo, era difícil saber qué pensaba o sentía, ya que era una persona sumamente introvertida.

Tomoyo a menudo decía que él tenía una coraza y no dejaba que la gente se le acercara. Y mostraba un Syaoran frío y lejano a la mayoría de las personas. Pero que a ella le importaba un reverendo cacahuate, porque ella sabía cómo era él en realidad.

Syaoran se sentía raro, era como si estuviese siendo observado. No era algo maligno pero se sentía incómodo. Con el pasar de las cuadras lo dejó pasar y se olvidó de esa extraña sensación, quizás sólo era parte de su perpetua paranoia. Nada más.

Al día siguiente Syaoran se había logrado librar de la sobreprotección de Touya, pero para ello tuvo que irse muy temprano de casa, de modo que llegó con más de treinta minutos de adelanto a la preparatoria.

Se encaminó a cambiarse los zapatos y la vio. La chica parecía angustiada, estaba frente al que adivinó sería su casillero. La muchacha estaba completamente quieta, con la desolación atormentando sus preciosos rasgos. Syaoran tuvo que esforzarse para reprimir el impulso de acunarla entre sus brazos y jurarle que todo estaría bien.

«¿Por qué haría eso? Si ni siquiera la conozco», se preguntó muy confundido.

Él era el chico serio y tímido que pasaba de todo el mundo, salvo de sus amigos y su familia. ¿Por qué reaccionaba de esa manera?

Luego ella movió la cabeza negativamente, se sobresaltó y lo miró. Sus miradas chocaron por primera vez, y Syaoran alcanzó a observar un montón de cosas en los negros ojos de ella, Sakura de Abaddón, ella pestañeó rápidamente y todo eso desapareció. Sin mayores ceremonias, sacó unas cuantas cartas que estaban recluidas en su casillero se cambió los zapatos y pasó por su lado caminando. No lo saludó, ni nada. Era como si él no estuviese allí realmente, como si fuese invisible. La vio tirar las cartas, sin siquiera abrirlas. Con un gesto de cansancio que logró que Syaoran se enfadara un poco.

—¿Acaso vas a botarlas sin siquiera leerlas? —le preguntó directamente a la chica, su voz denotaba un gran cabreo.

Ella estaba de espaldas a él, sin embargo, se detuvo y se encogió de hombros antes de contestar:

—No tengo tiempo para esta clase de cosas.

—Deberías ser más agradecida, si alguien se toma el tiempo de escribirte al menos lee lo que quiera decirte —se encontró diciéndole a la chica, aunque él sabía que pecaba de predicar lo que no practicaba, casi nunca leía las cartas que le llegaban a su casillero, pero verlo de esa muchacha le parecía inconcebible.

—Repito: No tengo tiempo.

—¿Por qué no me hablas de frente, Abaddón?

Ella volteó lentamente y su semblante estaba oscurecido.

—Abaddón no, soy Sakura. Simplemente Sakura —escupió la muchacha como si estuviese tragando fuego.

—Pues no tenemos la suficiente confianza para llamarte así, sólo por tu nombre —quiso explicar el muchacho. No entendía la razón por la cual sentía sus mejillas calientes. Era la rabia, eso era lo más probable.

—No me importa, Li… Kinomoto —rectificó tardíamente—. Yo soy Sakura, si necesitas mi permiso para llamarme así, lo tienes. Y si vas a llamarme de la otra forma, será mejor que no me hables —ella le encajó una mirada triste que pronto cubrió de indiferencia.

Syaoran frunció el ceño, no sabía por qué se sentía tan extraño al hablar con ella. Porque su voz hacia que le sudaran las manos, su timbre era tibio y él añoraba ese sonido. Pero, ¿qué estaba pensando? La chica esa era una pesada, y de plano no la soportaba. Porque intentaba mostrarse indiferente, y él sentía que esa no era su manera de ser.

—De acuerdo, Sakura. Eso no implica que tú puedas llamarme por mi nombre, ¿queda claro? —lanzó en el tono más frío que tenía.

Ella pareció perturbada, pero lo supo ocultar muy bien.

—Muy claro, Kinomoto —enfatizó su apellido y dio media vuelta retomando su camino sin voltear a mirarlo ninguna vez.

El vacío que sintió Syaoran al irse Sakura, era inexplicable. ¿Cómo diablos se supone que debía sentirse si ella era una extraña?

Al llegar al salón, observó a Sakura, quien era la única en ocuparlo. La chica tenía los ojos cerrados, con la espalda recta, las manos puestas en la mesa. No era una posición para dormir, sin duda, concedió Syaoran; más bien parecía que estuviese concentrada en algo, aunque en esa postura, el chico se preguntaba en qué podría ser.

Entonces ella se sobresaltó, Syaoran pudo ver claramente la cara de horror que puso la muchacha, quien se levantó lentamente de su asiento y con pasos firmes salió del salón.

Comenzaron a llegar sus otros compañeros, pero Sakura parecía no querer aparecer por ninguna parte. Sus cosas seguían en la sala de clases, pero de ella ni luces. Cuando las clases empezaron, su preocupación aumentó, y eso lo cabreaba. La chica, Sakura, no había regresado durante todo el día de clases.

Sus compañeros comenzaban a murmurar sobre ella, sobre lo antisocial que era, sobre lo petulante que se mostraba al no saludar a nadie en los pasillos. Y con esto último coronaban su reputación: en el segundo día se había saltado todas y cada una de las clases. Los alumnos más rebeldes hablaban de ella como si fuese una líder, a lo que Syaoran bufaba mentalmente.

Durante el almuerzo Syaoran se reunió como siempre con su grupo de amigos, estaba tan callado como de costumbre, escuchando las conversaciones banales pero entretenidas que mantenían los muchachos.

—¿Y qué opinan de la nueva compañera?¿Creen que sea una rebelde? —quiso indagar Chiharu.

—No lo sé —respondió Tomoyo—. No la conocemos lo suficiente como para emitir un juicio.

—Sí, Tomoyo lleva razón —admitió Rika—. Esa muchacha es muy seria como para ser una rebelde. Quizás sólo tuvo algo importante que hacer.

—¿Dejando sus cosas aquí? —preguntó Naoko—. No me explico por qué dejó sus cosas entonces. Eso no tiene nada de lógica.

—Yo creo que Sakura de Abaddón es una persona misteriosa —confesó Yamazaki—. Me encantaría saber lo que esconde. Quizás sea una espía del gobierno…

—No empieces, Yamazaki —pidió Chiharu mientras ponía ambas manos en la boca del chico, intentando acallarlo.

Syaoran observaba a todos, no hablaba pero eso era tan normal que los presentes ni siquiera se inmutaron, ninguno de ellos sabía que él se había encontrado con Sakura antes en el salón. Ni mucho menos que él la había visto irse con esa expresión de legítimo terror.

El timbre del fin del descanso llegó rápidamente. Y mientras se dirigían al salón donde tendrían el examen de matemática. Observó por la ventana un momento, y sobre el gimnasio pudo ver claramente una nube de color negro con morado oscuro, la cual arrojaba rayos. Su corazón se detuvo un momento.

Se quedó observándola, preguntándose: ¿qué demonios era eso?

—¿Qué es lo que miras tan fijamente, Syaoran? —preguntó Tomoyo, quien había regresado sobre sus pasos al ver el aturdimiento de su amigo.

Él dio un leve respingo y miró a Tomoyo como si a esta pronto le hubiese crecido otra cabeza.

—¿Acaso no lo estás viendo? —cuestionó atónito—. Mira por allá.

—Sí, es el gimnasio, ¿y qué? —insistió la chica.

—Tomoyo, me estás asustando —le confesó Syaoran—. ¿No ves la extraña nube que está sobre el gimnasio?

La muchacha miró a Syaoran quien parecía muy alterado.

—No veo nada fuera de lo común. ¿Syaoran, quieres ir a la enfermería?

—Demonios, no. No quiero ir a la enfermería. No estoy loco… —masculló entre dientes, ante la mirada preocupada de su amiga—. Adelántate, yo iré al baño a mojarme la cara.

Tomoyo se quedó con el rostro desencajado, mirando como Syaoran se alejaba en dirección al baño. ¿Qué había sido eso? ¿Qué fue lo que vio Syaoran para parecer tan perturbado?

Por otro lado, Syaoran tenía la sensación de que alguien necesitaba su ayuda en aquella nube de extraño color. Así que dispuesto a averiguar de qué diantres iba todo, comenzó a correr para dirigir sus pasos en dirección al gimnasio. Si se trataba de una jodida alucinación, él lo averiguaría.

A medida que llegaba, notaba cómo los demás alumnos parecían no notar la extraña atmósfera que se conformaba a medida de que se acercaba más al gimnasio. ¿Acaso nadie se percataba del insólito suceso?

Cuando estaba por llegar, notó que la nube realmente no estaba sobre el gimnasio, sino que más a la derecha, en un pequeño bosque que lindaba con la escuela. Intentó acercarse más, pero notó como una especie de domo de color amarillo transparente le impedía el paso. Más por un reflejo que por otra cosa, extendió su mano y se percató que podía traspasar la cápsula y ésta no se rompía. Se encaminó en la espesura de los árboles. Dentro, más al fondo, grandes ráfagas de viento desordenaban aún más su rebelde cabello. El viento traía consigo pequeños retazos de polvo que no le permitían ver con claridad, pero siguió adentrándose, como un obsesionado, hacía donde todo estaba más oscuro y turbulento.

Al aproximarse escuchó algunas palabras, pero el viento era de tal envergadura que no podía dar significado a ninguna de ellas. Sin embargo, todo pareció calmarse de un momento a otro. Syaoran se escondió tras un árbol y dejó de respirar por varios segundo asegurándose de no hacer ruido y ser descubierto.

Lentamente se asomó y lo que vio lo dejó con los nervios de punta.

Más allá a unos cuantos metros, se encontraba un hombre, pero no era un hombre al mismo tiempo. ¡El tipo estaba flotando en el aire! ¿Cómo describirlo? Simplemente sus pies no tocaban el suelo y no estaba sobre algún vehículo que lo explicara.

Syaoran calculaba que el tipo tenía al menos dos metros de estatura, llevaba una armadura como los caballeros medievales, pero carecía de un casco, eso le permitía ver su cabeza, su rostro era completamente blanco, como si se hubiese maquillado intentando imitar a un mimo, pero su sonrisa era monstruosa, ningún humano podía tener ese tipo de dientes, eran afilados y grandes como los de un oso. Sus ojos estaban cerrados y el cabello de un plateado brillante, ondeaba a pesar de que no hubiese viento, era largo y le daban un aspecto aterrador. En su mano derecha tenía una espada que resplandecía en un rojo, que hizo que a Syaoran se le retorcieran las entrañas, era como si tuviese una película de sangre adosada.

Frente a él estaba su contrincante, quien tenía aspecto femenino, su cabello de color castaño estaba sujeto en una coleta, pero se notaba que no era demasiado largo. Vestía una extraña túnica de color gris, que estaba rasgada en el pecho, el cual dejaba ver el nacimiento de sus generosos senos. De su espalda salían dos alas de color blanco, era como un hermoso ángel. Sus pies estaban descalzos. Y su rostro estaba cubierto por una especie de mascarilla de color negro, el flequillo de su cabello tapaba desde ese ángulo los ojos de ella. Con ambas manos sostenía un tipo de báculo de color rosa, algo que desentonaba completamente con su vestimenta. Aquella mujer, respiraba profusamente por la boca, como si estuviese agotada.

Syaoran se detuvo a mirar el báculo que tenía esa mujer, una estrella de color dorado estaba inscrita en un círculo del mismo rosado que el báculo, además dicho círculo tenía dos pequeñas alas, una a cada lado. ¿Por qué le parecía tan familiar ese báculo? ¿Por qué sentía que no era la primera vez que lo veía?

Pensando en esas preguntas fue como notó que ella tenía uno de sus hombros más caído que el otro, su mirada siguió hasta sus manos y ahogó un grito, cuando se percató que la sangre escurría por una de ellas.

La mujer estaba herida, sin embargo, seguía en posición de ataque.

La maraña de sentimientos de Syaoran, lo confundían. Tenía y sentía la necesidad de protegerla. Sus ojos recorrieron su figura, parecía tan cansada, respiraba profusamente por la nariz, haciendo que su pecho se removiera velozmente.

—¿Acaso no vas a rendirte? —preguntó el primer sujeto que había visto—. Dame al chico y me largaré. Es una buena oferta, guerrera de la destrucción.

—No puedo permitir eso, demonwizard —contesto la mujer—. Jamás permitiré que le pongas un dedo encima.

—Puede que te equivoques, guerrera —señaló en dirección a Syaoran—. Él solo ha venido a ofrecerse como mi alimento.

La guerrera miró hacia donde apuntaba el sujeto y en cuanto hizo contacto visual con Syaoran, sus ojos de contrajeron en una mueca de legítima preocupación.

—¿Cómo llegaste hasta aquí? Estoy segura de haber puesto suficientes campos de energía —gritó con un timbre de desesperación que heló la sangre del muchacho, quien se quedó ensimismado viendo aquella expresión de congoja.

El demonwizard no esperó más y se dirigió volando hacía donde estaba Syaoran.

—¡Te absorberé, chiquillo! Y me coronaré como el rey de todos los magos del abismo.

—¡Corre, Syaoran! —gritó la guerrera y él se sobresaltó, lo había llamado por su nombre pese a ser la primera vez que se veían—. ¡Intentaré detenerlo, pero no dejes de correr! Por favor, Escudo, brinda a mi protegido tu campo de energía, no permitas que nada lo lastime. ¡The shield! —conjuró ella, lanzando una especie de carta al cielo, su báculo brilló y la estrella comenzó a girar, las pequeñas alas crecieron. De la carta salió una bruma que Syaoran no podía describir, éstas se dirigieron a su encuentro de forma más veloz que el demonwizard, lo rodearon y formaron una nueva cápsula a su alrededor. Syaoran corría pero de soslayo pudo apreciar como el sujeto blandía su espada y cortaba en su dirección.

Instintivamente cerró los ojos, esperando una muerte segura. Pero nada ocurrió, cuando los abrió, pudo ver como aquel sujeto intentaba cortarlo una y otra vez, sin éxito.

—¡Diablos! ¡Eres una malnacida! —bramó el tipo, con una ira que daba terror. Dirigiéndole a aquella mujer una mirada de amenaza—. ¡Si tengo que derrotarte primero, antes de tomar lo que me pertenece, lo haré!

—Tu espada no pudo con la fuerza de Escudo —la guerrera sonrió con suficiencia—. ¡Ya sé como derrotarte!

El demonwizard soltó una risotada de incredulidad.

—Pues ya lo veremos, guerrera.

—Dame el poder de usar tu filo destellante, con tu corte erradiquemos el sesgo de la maldad. Por favor, Espada, sirve a mis propósitos ¡The Sword! —vociferó el conjuro.

El báculo de ella fue rodeado de una materia sin forma y se transformó en una espada resplandeciente.

La mujer tomó el arma con la mano que no tenía lastimada, y se dirigió donde aquel sujeto la esperaba con su sonrisa displicente en el rostro.

—Es inútil, guerrera —gritó blandiendo su espada en contra.

Las espadas chocaron, sacando chispas. Ambos guerreros, intentaban con todos sus fuerzas, romper el golpe de su oponente.

Syaoran observaba todo, imposibilitado de salir de su protección.

—¡Demonios! ¡¿Por qué?! Necesito ayudarla, ese tipo la va a matar.

El demonwizard encajó su espalda en el hombro del brazo lastimado de la mujer. Ella reprimió un sollozo de dolor. Pero en ese momento el tipo dejó su guardia descubierta. La muchacha aprovechó esto y dio un corté rápido y funesto en su cabeza.

Ella cayó apoyándose en el suelo con su espada. El tipo la miraba desde arriba con arrogancia.

—Te dije que sería inútil, eres una estúpida —comenzó saborear la victoria—. Hubiese sido más sencillo que me entregaras al chiquillo…

De pronto, los ojos del demonwizard se desorbitaron y cayó violentamente a la tierra, desprendiéndose su cabeza del cuerpo, en el acto.

La mujer pareció tomar lo último de fuerza que le quedaba, manteniéndose sostenida por su espada, y recitó:

—¡Oh ángel de mi regencia! ¡Vuestra justicia fue llevada a cabo! ¡Dadme el rayo de la destrucción para borrar la inmoralidad de esta tierra! ¡Venid a mí!

La mujer alzó su mirada suplicante al cielo y levantó su mano donde el brillo de un anillo, se distinguió.

—¡Light Destruction! —gritó a todo pulmón.

La mujer agitó su mano en ondas y la dejó caer con fuerza. En ese mismo momento un rayo de luz inmenso, atravesó desde el cielo hasta el cuerpo de aquel sujeto, limpiando por completo el lugar. Sin dejar una minúscula parte del demonio ese.

La muchacha se desvaneció apenas aquella gran energía se disipó. Cayendo estrepitosamente al suelo. En ese mismo momento la barrera que encerraba a Syaoran, despareció tomando la forma de aquella extraña carta del principio. Lo mismo ocurrió con la espada y las alas de la mujer desaparecieron convirtiendo a su vez en otras de esas raras tarjetas. Él iba a tomar una de ellas, pero la carta voló en dirección a la mujer. El báculo también desapareció convirtiéndose en una pequeña llave.

Corrió para ver a la mujer. No entendía qué cojones ocurría, pero tampoco tenía demasiado tiempo para ocuparse de ello. Por ahora su prioridad principal era que la mujer no muriera. Debía darle las gracias por haberle salvado la vida, por arriesgar la suya en el proceso y necesitaba que ella le explicara de qué iba toda esa mierda de los rayos, los demonwizard, los guerreros y esas extrañas cartas.

Se acercó a ella, pero parecía como si estuviese muerta.


Buenas noches he tenido un poco de tiempo para subir el capítulo que ya estaba escrito. La verdad es que aún no tengo solución para mis temas de salud, por lo cual pido paciencia en mi otra historia, han sido semanas realmente difíciles.

Bueno está vez más reviews pediré buenas energías para mi salud, que espero que mejore pronto. Gracias de antemano.