Hola! Después de un año de ausencia, ¡I´M BACK! Espero que no se hayan olvidado de este fic y continúen leyéndolo! De verdad que he estado muy full con la uni, pero trataré de continuarlo! =) Disfrútenlo!

Capítulo II:

¿La calma antes de la tormenta?

Dormí tan profundamente que, cuando me desperté, pensé que había dormido toda la mañana, sin embargo, al mirar el reloj despertador, vi que apenas eran las 7:31am. Despacio, me volteé para encontrarme a Jake durmiendo plácidamente mientras roncaba de forma estruendosa. Menos mal que yo acostumbro a dormir como una piedra y no escucho sus ronquidos porque sino ya tuviese unas ojeras enormes por la falta de sueño y lo más probable es que también estuviese divorciada para conservar mi salud física y, sobretodo, mental.

Le roce suavemente el rostro con la yema de los dedos, no quería despertarlo. Él arrugó un poco la cara ante el contacto, pero siguió durmiendo. Sonreí mentalmente al compararlo con un niño pidiéndole a su mamá que por favor lo dejara dormir 5minutos más. ¡Qué indefenso se veía en ese estado! Le di un casto beso en los labios y me dispuse a levantarme. Me coloqué una tanguita y la camisa que uso Jake la noche anterior, la cual me quedaba lo suficientemente larga como para cubrir todo lo necesario.

Salí del cuarto y cerré la puerta con el mayor cuidado posible para no hacer ruido. Bajé a la cocina y comencé a buscar algo para desayunar. Después de revisar todos los estantes y la nevera unas 4 veces, me decidí por preparar unos Hot Cake con algo de fruta y jugo de naranja. Tenía pensado sorprender a mi esposo y llevarle el desayuno a la cama. Encendí la radio para no sentirme sola y así animarme en mi labor. Al ritmo de la música, comencé a sacar todos los ingredientes que necesitaría para preparar los Hot Cake. No sé en qué momento una de mis canciones favoritas comenzó a sonar y yo empecé a cantarla, sólo me estaba dejando llevar por la letra. Tan ensimismada me encontraba que, cuando sentí unos brazos rodear mi cintura por la espalda, casi me quemo gracias al brinco que pegué por el susto.

- ¡Me asustaste! - Le reclamo a mi marido con el corazón en un hilo - Pensé que estabas dormido -

- Lo estaba - Me responde riendo entre dientes - Pero el olor a comida me despertó - Me voltea lentamente y se inclina para besarme, él me saca más de una cabeza de altura, pero, cuando faltaban escasos centímetros para unir nuestros labios, se detiene y me dice rozándolos - Eso, sin mencionar que extrañé el cuerpo de mi linda y amada esposa a mi lado. Me sentía solito - Culmina dramáticamente con una carita de niño bueno que ni él se creía.

- Poeshito - Le digo siguiendo su juego mientras hago un puchero - En ese caso, supongo que tendré que compensarte de algún modo - Su sonrisa se ensanchó y, en un abrir y cerrar de ojos, me estaba devorando ferozmente los labios. Me apretó contra su cuerpo y, en ese momento, pude caer en el detalle de que estaba en bóxer únicamente.

Despacio, me fue empujando hasta chocar con el borde del mesón de la cocina. Yo estaba de puntillas, con mis brazos enrollados en su cuello, respondiendo el beso con la misma intensidad. Jake coloco ambas manos en mis muslos, acariciándolos y apretándolos suavemente, provocándome gemidos acallados por nuestro beso. Fue subiendo lentamente hasta llegar a mis nalgas, la cuales apretó, pegándome mucho mas a él, me subió al mesón y yo enrollé mis piernas en su cintura. Eché la cabeza hacia atrás facilitándole el acceso a mi cuello.

Jake - Jadeé.

Sentí un chupón en mi cuello que me hizo abrir enormemente los ojos. Él sonrió contra mi piel, lamiendo la zona afectada. Cerré mis ojos y me dejé llevar por el sin fin de emociones que me embargaban.

Las manos de mi esposo acariciaban mi espalda por debajo de la camisa, recorriéndola lentamente en toda su extensión, estremeciendo cada una de mis terminaciones nerviosas. Apenas fui consciente de que desabrochó todos los botones de la prenda, cuando comenzó a bajar por mi cuello dejando una estela de besos a su paso.

Mi mano izquierda se encontraba enredada en su negro cabello, mientras que la derecha acariciaba su bien formado torso. En un arranque de placer y excitación, tome su cara entre mis manos y, de forma violenta y algo desesperada, la llevé a mi altura para devorar sus labios, de los cuales tenía una repentina ansiedad. De repente, de un momento a otro, Jake se separó de mí, alejándose un paso, pero sin quitar las manos de mi cintura.

- ¿Qué pasa Jake? - Le pregunto picada por nuestra repentina separación. Él tenía los ojos cerrados y la nariz arrugada en un gesto de desagrado.

- ¿No te huele como a quemado? - Me cuestiona con reflejada confusión en su rostro.

- ¿Eh? - Cierro mis ojos y agudizo mi olfato. No tardé ni un segundo en captar el desagradable olor. Y, como si fuese un relámpago, la realidad y el entendimiento me golpeó de frente - ¡La Comida! - Nos habíamos metido tanto en el momento y en nuestro placer que nos olvidamos por completo de la comida que estaba en la estufa y que tenía un buen rato quemándose.

De un brinco me bajé del mesón acomodándome, a duras penas, la camisa para que no se convirtiera en un estorbo y llegué lo más rápido que pude a la estufa y la apagué. No quería ver el estado en el que se encontraba el sartén y el proyecto de Hot Cake, tenía pánico de lo que me encontraría. Mi esposo, al ver que yo no me iba a mover ni un centímetro, se asomó a revisar los daños.

- Wow, quedó espantoso - Comenta Jake asombrado, pero con cara asco. Ante eso, la curiosidad pudo conmigo y me asomé.

Era horriblemente catastrófico y mal oliente. Me tapé la nariz en el acto. Del sartén ya no quedaba nada, sólo era un pedazo de metal achicharrado; bueno, quizá estoy siendo un poco exagerada, ¡pero del Hot Cake si no había ni rastros! Jake y yo nos miramos un par de minutos a los ojos y después estallamos en risas. Era la primera vez que nos pasaba una cosa así y, analizando la situación, era algo gracioso. Con cuidado de no quemarse, Jake agarró el sartén con un pañito, lo tiro en el lavaplatos y abrió el grifo. Cuando el agua entro el contacto con lo que quedaba del sartén, comenzó a evaporarse aumentando el desagradable olor a quemado.

Mi cara de desagrado debía ser bastante graciosa porque Jake soltó una carcajada en cuanto me vio. Lo fulminé con la mirada por burlarse de mí y le di la espalda mientras salía de la cocina para dirigirme a abrir las ventanas y así dejar que saliera un poco el olor, en el camino me abotoné de nuevo la camisa.

- ¡Bells! - Me grita desde la cocina.

- ¿Si? - Le pregunto alzando la voz.

- ¿¡Te parece si salimos a desayunar! ¡Aquí apesta! - Me reí por lo bajo ante su comentario. Siempre tan sincero.

- ¡Ok! ¡Además creo que vomitaré si sigo oliendo esto! -

Mientras yo terminaba de abrir las ventanas y apagar la radio, Jake acomodaba las cosas en la cocina y limpiaba un poco.

En una hora ya estábamos listos y en camino a un restaurant especializado en desayunos. Eran deliciosos y baratos. Normalmente íbamos a comer allá los fines de semana, así que ya nos conocían. Se extrañarían de vernos allá un día de semana.

El restaurant no estaba a más de 15minutos de la casa, así que, a la velocidad que conducía Jake, llegamos en un abrir y cerrar de ojos.

Al entrar, nos saluda un joven mesero, el mismo que siempre nos atiende y que conocemos desde que vivíamos en Fork.

- ¡Jake! ¡Bella! ¿Y ese milagro? ¿A qué debemos su espléndida visita un día de semana? - Nos dice, dándonos un fuerte y caluroso abrazo a cada uno.

Embry es casi tan alto como Jacob y delgado. Tiene el pelo negro hasta los hombros, pero lo usa recogido en una coleta baja, y los ojos marrones. Es un poco tímido, pero una vez que te agarra confianza no hay quién lo pare. Es un gran amigo de Jake, y uno de sus confidentes, a veces me siento celosa de que a él le cuente cosas que a mí me omite, pero entiendo que se sienta más a gusto hablando de ciertos temas con sus amigos que conmigo, de la misma forma en que yo lo hago con Alice y Rose.

- Nosotros estamos bien ¿y tú? También nos da gusto verte y… ¡Auch! - Le di un codazo en las costillas para que se callara y dejara el sarcasmo de lado. Nuestro amigo rio ante el pequeño grito de dolor de Jake - Claro ¡búrlate! Como no es a ti a quién le pegaron - Susurra bajito pensando que nadie lo oiría, ganándose otro codazo de mi parte - ¡Auch!

- ¿Cómo estás? - Le digo sonriendo a nuestro amigo e ignorando los quejidos de Jacob -

- Muy bien Bella, ¿y tú? ¿Cómo te va? - Me responde devolviéndome la sonrisa.

- Muy bien, mejor imposible - Jake aún seguía diciendo una sarta de incoherencias acerca de lo injusto de la vida, de que él nunca hace nada malo, del karma que está es su contra, en fin, estaba haciendo un pequeño berrinche que tanto Embry como yo, ignoramos - Embry, ¿Será que nos puedes conseguir una mesa? - Le pregunto al ver lo lleno que está el lugar, ¡y yo que pensaba que en los fines de semana no entraba ni un alfiler! ¡Qué equivocada estaba! Definitivamente en ese sitio cabía mucha más gente de la que yo pensaba - Tuvimos un pequeño accidente con nuestra cocina esta mañana - Le digo riendo al recordar nuestro pequeño percance, y es que si bien no le había dicho una mentira, tampoco podía decirle toda la verdad a nuestro amigo, ¡sería algo muy vergonzoso!

- ¿Si? ¿Y eso? Hasta donde recuerdo tu eres una excelente cocinera Bella - Me dice a medida que caminamos por las mesas. A Jake ya se le había pasado su berrinche, así que ahora me abrazaba por la espalda mientras caminábamos.

- Algún día mi torpeza tenía que hacer estragos en la cocina, ¿no? - Comento alzando los hombros para restarle importancia al asunto.

- Pero no les paso nada malo, ¿verdad? - Nos pregunta preocupado.

- No, no nos paso nada, pero deberías ver como quedó todo, ¡completamente irreconocible, y ni hablar del olor! - Interviene Jake con cara de asco siguiendo con la mitad mentira que yo le había dicho a Embry.

- ¡No me lo quiero ni imaginar! Aunque habría sido gracioso ver el desastre - Nos dice con burla, Jake y yo volteamos los ojos ¡Si supiera! - Bueno, sé que no es la mejor mesa, pero es la única que queda, ¿no importa, cierto? - Pregunta mientras nos detenemos frente a la única mesa libre y de la cual se acaba de levantar una pequeña familia.

- ¿Acaso hay otras opciones? - Se burla mi esposo mientras me saca la silla para que me siente.

- No - Responde riendo - Lo de siempre, ¿cierto? - Ambos asentimos - Entonces en un rato regreso con sus desayunos - Finaliza para después desaparecer entre el montón de gente.

- Aquí no cabe ni un alma - Suspiro mientras apoyo la cabeza en mis manos y los codos en la mesa - Y yo que pensaba que el lugar iba a estar tranquilo y sin tanto ajetreo - Digo mirando a toda la gente a nuestro alrededor.

- Siempre podemos cancelar la orden e irnos, preciosa - Me dice mi esposo tomándome del mentón para que volteara a verle.

- No cielo, no importa, además sabes lo mucho que me gusta la comida de aquí -

- Podemos pedirla para llevar -

- Se enfriaría y recalentada no es tan sabrosa - Le digo haciendo un puchero, arrancándole una gran y sonora carcajada.

Estuvimos esperando 20 minutos a que nos trajeran nuestros desayunos y yo estaba que me comía a mi misma del hambre. Cuando vi el plato de comida frente a mí, me pareció haber ido al cielo, me olvidé de todo y sólo me concentre en devorar la deliciosa comida que se me presentaba ¡Cómo me encantaban esos desayunos! Aunque claro, cuando crees que todo es perfecto ¡ZAZ! Viene alguien y te baja de tu nube.

Mi celular comenzó a sonar frenéticamente llamando la atención de todos en el lugar, tardé un poco en contestar porque no recordaba donde lo tenía.

- Si diga - Conteste sin haber visto quien era.

- ¡Por Dios Bella! ¿Cuándo será el día que me atiendas como se debe? - Chilló Alice al otro lado de la línea, esa voz era inconfundible. Jake me miraba interrogante, pero sin dejar de comer.

- Alice, más te vale que lo que me vayas a decir sea tan importante como para haber interrumpido mi sagrado desayuno - Casi le gruñí al responderle, ¿Qué no pudo haber llamado en otro momento?

- Lo es, Bella. Lo es - Se escuchaba más impaciente de lo normal, y de ser así, algo grande se estaba cocinando en su loca cabeza.

- Te escucho - Le digo, mientras sostengo el celular con mi hombro, para facilitarme el manejo de los cubiertos y así poder seguir comiendo.

- Se me acaba de presentar un importante encargo para la próxima semana y no podremos ir con ustedes a buscar a los niños. Lo siento, de verdad. Tú sabes cuánto yo quería realizar este viaje - Pude escuchar su voz algo apagada y podría jurar que en estos momentos tenía un enorme puchero en sus labios y los ojos cristalizados por las lágrimas. De todos nosotros, la más emocionada por viajar era Alice, seguro le estaba doliendo bastante el no poder ir.

- No te preocupes, enana - La escuché gruñir por el apodo y tuve que contener una carcajada, ¡Qué infantil podía ser mi amiga! - Rose y Emmett aún vienen con nosotros, así que no hay problema -

- Te equivocas Bella. Ellos no los podrán acompañar -

- ¿¡Qué! ¿¡Por qué! - Solté de una los cubiertos y agarré el celular con mi mano. Jake se sobresaltó a causa del ruido producido por el choque de los cubiertos con el plato y me miró asombrado - ¡Explícame eso! -

- Bella, esta presentación que me pidieron es muy importante, necesito a Rose de modelo, no conozco a nadie que tenga mejor cuerpo que ella, y bueno, ya sabes que al no ir Rose, Emmett tampoco irá -

- ¿Y ellos ya aceptaron eso? - Le pregunto insegura para luego meterme un bocado de comida a la boca.

- No, pero lo harán. Lo sé - Me dice confiada.

- ¡Claro! Se me olvidaba que eres psíquica - Exclamo irónica.

- Búrlate ahora, pero ya verás que yo tengo la razón - Bufa molesta ante mi subestimación de sus "dones"

- Sí Alice. Lo que tú digas. Sólo te recuerdo que Haylie es la luz de los ojos de Emmett, no creo que él se vaya a quedar así como así pudiendo ir a buscarla -

- Nunca apuestes contra mí, Bella - Rodé los ojos ante su comentario ¡Cómo le encantaba decir eso! Y lo peor es que al final, ella termina teniendo razón, pero no importa, porque a mí me encanta llevarle la contraria, así sepa que es inútil. Simplemente es divertido - Por cierto, ya compré los pasajes -

- Nosotros pudimos haberlos comprado Alice - ¡Que mala manía la de comprar por los demás! Me irritaba eso.

- Deja de quejarte, que al fin y al cabo ya están comprados y en mis manos -

- ¿Para qué día? -

- Para hoy a las 7:30 pm - Al escuchar eso, me atraganté con la comida y comencé a toser como una loca, al ver mi desesperación, Jake se levantó y comenzó a darme palmaditas en la espalda. Cuando me recuperé, mi esposo me quitó el celular de las manos y comenzó a atacar a Alice.

- ¿Acaso quieres dejarme viudo, enana? ¡Bella casi se asfixia! ¿Qué le dijiste? - Estaba alterado y del otro lado de la línea sólo se podía escuchar un zumbido, las personas a nuestro alrededor nos miraban como si fuésemos unos bichos raros. Baje la mirada a la mesa y sentí arder mis mejillas. Me sentía incómoda siendo el centro de atención - ¿¡Cómo! ¿¡Estás loca o qué! - Jacob estaba realmente alterado y frustrado, lo veía en su expresión - Pues entonces cámbialos - Hubo un prolongado silencio en el que su expresión pasó de frustración a seriedad y luego a resignación. Ya sabía lo que venía - De acuerdo. Adiós - Trancó la llamada y se dejó caer pesadamente en la silla - Ya se me quitó el hambre -

- Sí, a mi también - Y es que ahora mi cabeza estaba maquinando el montón de cosas que tenía que hacer. Alice definitivamente estaba loca - Veamos el lado bueno, tendremos a Derek en nuestros brazos antes de lo pensábamos - Dije para darnos ánimos y Jake me devolvió una hermosa sonrisa indicándome que pensaba lo mismo que yo.

Derek es nuestro príncipe, la razón de nuestras vidas, nuestro hermoso y adorado hijo de 5 añitos de edad. Tiene mis ojos y mi color de piel, pero el cabello negro, y todo el porte y las expresiones de mi esposo. Es lo más hermoso que hemos hecho juntos y lo amo con cada fibra de mí ser. Es un niño muy tranquilo y le encantan los deportes, aunque, para mi grandioso orgullo, sacó mi pasión por la lectura.

El día en el que mi príncipe nació, fue el día más maravilloso y especial de mi vida. Cada detalle está grabado a fuego en mi mente y nunca los olvidaré. Ni aunque pasen mil años olvidaré el día del nacimiento de mi hijo.

Estaba sola en casa, recogiendo un poco y ordenando unos escritos mientras escuchaba música. Me encontraba muy concentrada en mis labores y en la música que flotaba a mí alrededor. Todo era perfecto, incluso el clima apoyaba mi felicidad haciendo relucir un enorme y caluroso sol allá afuera. No podía ser mejor.

Cuando estaba revisando que todos los escritos estuviesen completos, me percaté de que faltaban unas hojas que había impreso la noche anterior y que se encontraban sobre mi mesita de noche, así que deje los documentos sobre el escritorio y me dirigí a la habitación a buscarlos. Al pasar frente al espejo del tocador no pude evitar detenerme y mirar mi reflejo ¡estaba enorme! Parecía que me hubiese tragado un balón de básquet, mi vientre se encontraba abultado pero el resto de mi cuerpo seguía tan delgado como siempre, y eso que tenía 7 meses de embarazo. Sonreí al espejo mientras acariciaba tiernamente mi vientre. Me encantaba acariciarlo y sentir las diferentes, y dolorosas, reacciones de mi bebé. Era muy fuerte y pegaba unas patadas increíbles.

- ¡Auch! Tranquilo príncipe, ya no te molesto más, pero no me des esos súper golpes porque lastimas a mami - Exclame al aire sabiendo que él me escucharía y acataría mi petición, sin embargo, me inquietó un poco que el dolor que sentí no fue, ni parecido, al de sus comunes golpes, pero como no volví a sentí nada, descarté mi inquietud y fui a buscar los dichosos papeles que le faltaban al documento.

Estar embarazada no significaba discapacidad, así que en ningún momento dejé de trabajar, aunque tampoco es que estar sentada frente a una computadora tecleando supusiera un gran esfuerzo. Miré el documento de mi nueva obra, ya con las páginas anexadas, y lo leí. Aún le faltaba mucho para estar terminado, pero me sentía bastante satisfecha de lo que llevaba.

Al mediodía almorcé tranquilamente, pero sola. Jake no pudo escaparse de una reunión de último minuto así no iba a poder hacerme compañía. Me sentí algo triste ante su ausencia, pero recordé que mi bebé podía sentir mis emociones y cambié mi estado de ánimo automáticamente. Cuando estaba lavando los platos otro fuerte dolor me atacó, pero así de rápido como llegó, se fue. Me extrañó bastante pero descarté cualquier posibilidad, aún faltaba mucho para el nacimiento de mi niño.

Después de terminar de lavar los platos y de ordenar un poco la cocina, me fui a la habitación y me acosté para tomar mi siesta. Tenía un sueño enorme, lo ojos prácticamente se me cerraban solos. Apenas toqué la cama, caí rendida ante los brazos de Morfeo y no supe más del mundo.

No sabía por cuánto tiempo había dormido, sólo era consciente de las enormes y dolorosas punzadas que sentía en mi vientre y que me habían despertado de golpe. Miré hacia la ventana y vi que aún estaba claro. Traté de aislar el dolor para poder pensar con claridad, pero me fue casi imposible, además de que estaba muy asustada por mi bebé, no quería que le pasara nada. Como pude llegue hasta el teléfono y lo descolgué, traté de recordar el número de celular de Jake, pero mi intento fue inútil. Una nueva punzada, más fuerte que las anteriores, me atacó y caí de rodillas al piso, soltando el teléfono para rodear mi vientre con ambos brazos. Sentí un líquido caliente bañar todas mis piernas y el piso y entonces entré en pánico. Tendría a mi hijo antes de tiempo, y no sólo eso, sino que además me encontraba sola y desamparada e incapaz de comunicarme con nadie para poder pedir ayuda. No sabía qué hacer y me estaba desesperando. Me decía en mi mente una y otra vez que todo estaría bien, pero ni yo misma me lo creía, ¡Por Dios! ¿¡Cómo iba a estar todo bien si no tenía a nadie que me ayudara en mi parto! Cerré mis ojos y me concentré en respirar, era lo único que podía hacer.

A lo lejos escuché un ruido de vidrios rotos, sin embargo, estaba demasiado asustada y adolorida como para preocuparme por un supuesto ladrón, o lo que pudiera ser.

- ¡Bella! - Yo conocía esa voz - ¿¡Bella, Dónde Estás! - Era Alice. Sí, era ella, pero cómo - ¡Oh por Dios Bella! - Sentí que me agarró por el brazo, pero lo único que yo podía hacer era abrazar mi vientre como si mi vida dependiera de ello, y en cierta forma así era - ¿Bella, estás bien? - Me cuestionó mientras sobaba mi cabello, ahora mojado por el sudor.

- Ayúdame Alice - Susurré entrecortadamente mientras sentía otra fuerte punzada. No me importaba cómo era que había llegado en el momento justo, o cómo había entrado, sólo me importaba que me ayudara y salvara a mi hijo - No quiero que le pase nada a mi bebé, por favor ayúdame - Un mar de lágrimas corría por mi rostro y me sentí sumamente indefensa.

- Tranquila Bella, nada le pasará ni a ti, ni a mi sobrino. Yo lo sé, así que tranquila - Desapareció de mi lado por unos instantes y luego regreso y comenzó a jalarme ligeramente del brazo - Vamos Bella, levántate. Tenemos que ir a la clínica -

- No, no quiero. No me quiero arriesgar a que le pase algo a mi hijo - Sollocé tratando de explicarle mi temor y de mantenerme lúcida.

- No le pasará nada al bebé, te lo aseguro, pero por favor, levántate para poder ir a la clínica - Su voz era de preocupación y angustia, debía verme terrible.

- ¿Me lo prometes? ¿Me prometes que todo estará bien? -

- Sí, te lo prometo, confía en mí. Ahora levántate - Asentí y con dificultad me puse de pie. Alice colocó mi brazo izquierdo alrededor de su cuello y rodeo mi cuerpo con su brazo derecho para poder ayudarme a mantenerme en pie y caminar. A pesar de su diminuto tamaño, esa enana tenía bastante fuerza.

- Alice, la pañalera - Dije recordando que necesitaría esa ropa más adelante, cuando me encontrara en la clínica.

- Aquí la llevo, tranquila - Esa fue la última cosa que hablamos hasta que llegamos al auto, fue un milagro haber bajado las escaleras sin rodar por ellas. Aún me pregunto cómo lo hicimos.

Una vez adentro del Porsche, Alice comenzó a conducir como una maniática mientras hacía un montón de llamadas, yo tenía los ojos cerrados y estaba recostada en el asiento con la cabeza hacia atrás intentando mantener el ritmo de mis respiraciones, las cuales se me estaban dificultando bastante.

- Tranquila Bella, ya casi llegamos. Aguanta un poco más - Alice trataba de darme ánimos pero ni ella podía controlar su ansiedad, no la estaba mirando, pero percibía claramente sus brinquitos en el sitio. No se podía quedar quieta - ¡Si No Se Quitan De Ahí Les Paso Por Encima! ¡Tengo Una Emergencia Aquí Adentro, Así Que Muévanse! - Gritó de pronto la enana mientras tocaba la bocina desesperadamente. Me pegó un susto de infarto, eso no me lo esperaba - Estúpidos desquiciados - Por un momento sentí lastima de los agredidos, pero al recordar mi situación, lo descarté inmediatamente. Se tenían que quitar… ¡Y rápido! Las punzadas era cada vez más seguidas.

- ¡Alice! ¡Apresúrate! ¿Falta mucho? - Pregunté alterada.

- No Bella. Ya estamos llegando. Tranquila - Pasó lo que a mí me pareció una eternidad antes sentir el auto detenerse.

No me había ni movido a abrir la puerta y ya tenía un montón de gente a mi alrededor, todos vestidos de blanco y preguntándome un montón de cosas. Me estaban aturdiendo y sólo quería que atendieran a mi bebé para que no le pasara nada.

- Isabella, escúcheme. Présteme mucha atención, ¿sí? - Entre el montón de voces pude distinguir la voz de mi ginecólogo y me concentré en ella, sabía que Alice estaba a mi lado tomándome fuertemente la mano, así que asentí - Bien, escúchame. Te vamos a trasladar a una camilla y ahí a la sala de parto, tu bebé se adelantó así que debemos sacarlo antes de que todo se complique. No te colocaremos la epidural porque ya estas completamente dilatada y sólo necesitas pujar, ¿entendiste? -

- Si - Busqué con la mirada a Jake, a ver si de por casualidad estaba por ahí, pero ni rastros de él - Alice, ¿Dónde está Jake? -

- Lo llamé y ya viene para acá. Tranquila que no debe tardar en llegar - En ningún momento soltó mi mano y le agradecí por eso, no quería sentirme sola.

Me pasaron a una camilla e inmediatamente me trasladaron a la sala de parto. Alice me acompañó en todo momento, incluso una vez que estaba dentro de la sala, ella estaba ahí.

- Bien Isabella, ya está todo listo, necesito que pujes a la cuenta de 3, ¿ok? - Asentí mirándolo a los ojos y apreté lo más fuerte que pude la mano de Alice. Quería a Jake conmigo - Bien. Empecemos… 1… 2… ¡3! - Cerré los ojos y pujé apoyándome en la mano de mi amiga y en el barandal de la camilla. A mi lado podía escuchar a Alice dándome ánimos y a una enfermera contando el tiempo - Muy bien, lo hiciste muy bien Isabella. Descansa un rato - Me dejé caer en la camilla respirando entrecortadamente. Estaba bañada en sudor y las fuerzas me estaban abandonando poco a poco.

- Lo estás haciendo bien Bella, pronto tendremos a ese niño en nuestros brazos. Yo sé que tú puedes - Me alentó Alice animadamente mientras secaba un poco el sudor de mi cara, quise poder agradecerle, pero no tenía fuerzas para hablar. No entendía como ella podía estar tan entusiasmada si seguramente le había roto la mano de lo fuerte que la apreté, aunque seguramente ni cuenta se dio con tanta adrenalina fluyendo por su cuerpo.

- Vamos de nuevo Isabella, esta vez puja más fuerte… -

- ¡Bella! - Entro Jake de improvisto a la sala, interrumpiendo al doctor y alarmando a todos - Bella, vine lo más rápido que pude, pero había unas colas enormes, no sé qué le pasa a la gente hoy, como que decidió salir toda al mismo tiempo… - Se veía ansioso y emocionado, ni siquiera se había percatado del empujón que le dio a Alice al llegar a mi lado, pero no me importó, lo necesitaba aquí, conmigo - De verdad lo siento cariño - Me dio un beso y le hice saber que todo estaba bien a través de él, que me alegraba de tenerlo junto a mí.

- Ya que el padre está aquí, entonces podemos continuar - Dijo el doctor llamando nuestra atención - Ya sabes lo que tienes que hacer. A la cuenta de 3 como hace un rato - Asentí y Alice se situó del lado contrario a Jake y me agarró la mano. Tenía a 2 de las personas que más amaba dándome ánimo, no me podía rendir, y menos si de eso dependía el nacimiento de mi querido y hermoso bebé - 1… 2… ¡3! - Volví a pujar más fuerte que la vez anterior, apretando con todas mis fuerzas las manos de mi amiga y mi esposo. La enfermera volvió a contar el tiempo y cuando llegó a 10, me dejé caer para reposar.

- ¡Muy Bien! ¡Estás Genial Bella! - Gritó Alice dando saltitos y secándome de nuevo el sudor. Sonreí ante su entusiasmo.

- Bella… - Miré a Jake ante su llamado y me percaté de que no tenía buen aspecto. Se veía pálido - Cariño no me estoy sintiendo bien, creo que me voy a desmayar… - Abrí los ojos horrorizada por su afirmación y, antes de que pudiera decir nada, desapareció de mi vista y cayó al suelo produciendo un fuerte golpe seco.

- ¡Hombres! Muy machotes que se la tiran y a la hora de la verdad no sirven para nada - Comentó una de las enfermeras, quise decirle algo, pero estaba más preocupada por mi esposo.

- Tiene toda la razón - La apoyó Alice y yo la fulminé con la mirada - ¿¡Qué! No me mires así, sabes que tengo la razón, y ya no te preocupes que sólo está desmayado. No es nada del otro mundo - Volteó los ojos fastidiada y alzó los hombros para restarle importancia al asunto, yo sólo suspiré y miré al doctor delante de mí, no tenía ni ganas y fuerzas para discutirle a mi amiga.

- No es el primer hombre que se desmaya en un parto - Ahogo una risita y yo lo miré feo - Así que tranquila y concéntrate, porque vamos de nuevo - Asentí y repetimos todo el proceso una vez más. Me hizo falta la mano de Jake para apretarla, pero ni modo, él se encontraba muy lejos de ahí.

Pujé unas dos veces más, y a la sexta vez, escuché lo más hermoso de mi vida, el llanto de mi hijo. No pude contener las lágrimas que se desbordaron nuevamente cuando lo escuché. Fue el momento más maravilloso de mi vida.

Cuando lo tuve entre mis brazos, dejó de llorar y me miró con sus profundos ojitos chocolate, como si me estuviera reconociendo y sintiera que yo soy su mami. Al verlo así, tan pequeño e indefenso, sentí unas enormes ganas de protegerlo y de no separarme nunca de su lado. Mi pecho se infló de orgullo y felicidad al sentir su suave manita contra mí mejilla. No podía dejar de verlo y acariciarlo, era la mezcla perfecta entre mi Jake y yo. Lo más perfecto y hermoso que pudimos hacer juntos.

- Es precioso Bella, ¿cómo lo vas a llamar? - Miré a mi hijo por unos segundos y el nombre vino a mi mente como si fuese una revelación.

- Derek. Se va a llamar Derek Christopher Black Swan - Mi bebé sonrió ante el nombre, dándome a entender que le gustaba, y yo me quedé completamente deslumbrada. Tenía la sonrisa más hermosa y contagiosa del mundo. Lo acerqué un poco más y roce con mi nariz su carita, al parecer eso lo relajó porque se quedó dormido de inmediato. Yo estaba muy cansada por el parto, pero no quería, ni podía, dejar de verlo, de sentirlo mío.

Me fue muy duro separarme de él cuando se lo iban a llevar a la incubadora, estaba muy sano pero querían tenerlo vigilado ya que a pesar de todo, seguía siendo un niño prematuro. Luego de que se lo llevaran no pasaron ni 5min y yo ya me encontraba dormida. Estaba agotada, pero feliz.

No supe nada de Jake hasta el otro día cuando me desperté en una habitación de la clínica. Tenía a todos mis familiares y amigos alrededor con un montón de obsequios. Me felicitaban, me abrazaban, sonreían. Todo era estupendo, y lo fue aún más cuando llevaron a Derek para que lo conocieran. Todos brincaron de la emoción y se debatían entre quién lo cargaría primero. Yo sólo podía sonreír y mirar toda escena agradecida de estar rodeada por seres tan maravillosos como esos.

El primer año fue difícil, tenía que aprender a balancear mi vida entre mi trabajo, atender a mi esposo y cuidar a mi hijo, pero poco a poco me fui adaptando. Ser madre es un de las experiencias más maravillosas por las que he pasado, no cambiaría eso por nada del mundo.

Pocas veces son las que me he separado de mi príncipe, y ésta es una ella. Cada año, en las vacaciones de verano y después de año nuevo, lo enviamos 2 meses con sus abuelos. Como nosotros vivimos en Cambridge, Inglaterra, y ellos en Forks, Estados Unidos, al otro lado del mundo, pues no es que podamos ir a visitarlos muy seguido, así que por eso tomamos esa decisión, para que pase tiempo de calidad con sus abuelos.

Lo extraño horrores cuando no está, pero es algo debemos hacer. Mis padres y los de Jake lo adoran y sé que les encanta estar con él, y por más que nos duela, eso es algo que no les podemos negar. Se suponía que dentro de una semana íbamos a ir a buscarlo, pero gracias a la intervención divina de Alice, nótese el sarcasmo, se adelantó todo.

Cuando terminamos, a fuerza, la poca comida que quedaba en nuestros platos, salimos del restaurant lo más rápido que pudimos, ni siquiera nos despedimos de Embry como se debe. Una vez en el auto Jake comenzó a hacer un montón de llamadas, y yo por mi parte trataba de comunicarme con Rosalie, pero sonaba siempre ocupado, tanto el teléfono de su casa, como su celular.

- Cariño, iré a la oficina a arreglar todo y pedir permiso para el viaje. Nos vemos ahora, trataré de estar en casa antes de las 5pm - Me dice mi esposo al llegar a la casa.

- Ok, que te vaya bien. No te estreses tanto y controla tu ánimo cuando hables con tu jefe, ya sabes lo inestable que eres. Te amo - Me despedí con un beso y entré a la casa, hasta que no cerré la puerta él no se fue. Es muy sobreprotector.

Tiré mi bolso en uno de los sofás y luego yo me dejé caer pesadamente en otro. Cerré los ojos y coloqué uno de mis brazos encima de ellos, para que no me molestara la luz. En la casa aún permanecía ese desagradable olor a quemado, pero no me importaba, lo único que quería era relajarme antes de comenzar a hacer las maletas y organizar todo para el viaje. Alice esta vez me las pagaría muy caro, estaba poniendo mi mundo al revés en un abrir y cerrar de ojos, y no sólo mi mundo, sino también el de mi esposo. Nada le costaba comprar los boletos para la semana que viene, como lo habíamos planificado.

Solté un suspiro profundo y me levanté, tenía muchas cosas que hacer y muy poco tiempo. Agarré mi bolso y comencé a buscar mi celular mientras subía las escaleras hacia mi habitación. Me estaba comenzando a frustrar no encontrarlo, así que al llegar al cuarto volqué todo el contenido del bolso sobre la cama. El bendito celular fue el último en salir.

- Estúpido aparato - Bufo molesta contra él mientras busco el número de mi rubia amiga. Apenas y había entrado a la agenda de contactos cuando la pantalla se puso negra y el celular dejó de funcionar - ¡Perfecto! Ahora hasta el celular se revela contra mí - Lo tiro hacia algún lugar del cuarto y busco el teléfono.

Tardé un rato en recordar el número de Rosalie, mi memoria es fatal para los números, pero cuando estuve segura de cual era, lo marqué inmediatamente.

Empieza a sonar una, dos, tres, cuatro veces y nadie se digna a contestar, a la séptima vez por fin alguien se apiadó de mí.

- ¿Diga? - Escucho la voz de Emmett del otro lado.

- ¡Emmett Cullen! ¡Comunícame con tu esposa en este mismo instante! - Digo demandante y con algo de furia.

- Verás enana, es que en este momento no te la puedo comunicar… -

- ¿Por qué? Quiero hablar seriamente con ella así que pásamela -

- ¿Me podrías dejar terminar? Rose se está bañando así que llama dentro de un rato - Su voz era seria y algo enojada, seguramente elegí un mal momento para llamar. ¡Bah! Me importa un comino, quiero hablar con Rosalie así que eso haré.

- Escúchame bien Emmett. Mi día no ha sido el mejor que digamos, mi cocina casi se incendia esta mañana, el restaurant al que fuimos a desayunar estaba peor que concierto de rock, no cabía ni un alma más, Alice casi hace que muera asfixiada y mi casa apesta a quemado. Así que déjame decirte que no estoy como para aguantar tu mal humor y tus negativas, por lo tanto, más te vale que entres a ese baño y le entregues el teléfono a Rosalie para que yo pueda hablar con ella, ¿entendiste? - Mi paciencia había llegado al límite, de paso que Alice cambiaba todos mis planes viene su hermano a tratarme mal, como si yo tuviera la culpa de lo que sea que le hubiese pasado. Se equivoco de persona.

Dejé de escuchar ruido por el teléfono durante un buen rato, supuse que Emm estaba hablando con Rose, pero de un momento a otro comencé a escuchar un pitido ¡Los muy desgraciados me habían cortado! Aventé el teléfono no sé a dónde y me dejé caer en la cama.

- ¿Qué se creen? Ya me las pagarán todos. Gracias a Dios voy a estar lejos de ellos un buen tiempo, así quizá retrase mi entrada a la cárcel por asesinato - Susurro bajito con los ojos cerrados. Puse mi mente en blanco y traté de relajarme y olvidarme de todo, pero fue totalmente inútil - Bueno Bella tienes muchas cosas que hacer, así que mejor descarga tu frustración con alguna de ellas - Me digo resignándome y tratando de darme ánimos. Lentamente me levanto de la cama y me paro de frente a ella, quedándome así por un buen rato - ¿Por dónde comenzaré? - Miro la colcha de la cama como si fuera la cosa más interesante del mundo mientras me debato internamente por dónde comenzar - Creo que mejor comienzo limpiando la casa y quitándole esta peste a quemado que ya me está dando ganas de vomitar - Con paso decidido camino hasta el closet para cambiarme y ponerme algo más cómodo, sin embargo, al abrir las puertas, un penetrante olor lastima mis fosas nasales - ¡Maldición! - Una vez adentro, comienzo a oler frenéticamente toda la ropa. ¡Era increíble! Toda, absolutamente toda la ropa, olía a quemado - ¡Esta mañana no olía así! ¡No entiendo! -

Me entraron unas ganas enormes de tirarme al suelo y ponerme a llorar, pero siendo realistas, nada gano con eso, así que respiro profundo para controlarme y agarro toda la ropa y la echo al cesto de la ropa sucia. Lo mismo hago con toda cosa de tela que se pueda lavar y que huela a quemado, es decir, prácticamente todo.

Al llegar abajo la montaña de ropa que tenía para lavar no era normal, y eso que aún no había incluido las cortinas de la sala y los manteles del comedor. Cuando le agrego lo que falta, la montaña de ropa es dolorosamente grande. La miro por unos cuantos minutos con una pereza enorme de ponerme a lavar.

- ¡Dios! ¿Por qué me castigas así? Esto es demasiado - Comienzo a separar lentamente la ropa y a medida que voy avanzando me voy dando cuenta de la cantidad de ropa que tenemos sin usar - Nos vendría bien hacer una obra de caridad - Mi cabeza se ilumina y voy apartando todo el montón de ropa que no nos ponemos apilándola en un pequeña montañita para donarla a algún orfanato o quizá a la iglesia.

Entre la pequeña gran montaña de donaciones, hay ropa tanto de Derek, como de Jake y mía. En mi muñeca tengo una liguita, así que me agarro el cabello y me hago una coleta, para trabajar más cómoda.

- Bien Bella, si quieres terminar con todo a tiempo, es mejor que comiences, así que deja la flojera para después y a ¡trabajar! - Con paso decidido camino al reproductor, busco uno de mis Cds favoritos y lo pongo a todo volumen. So Violento So Macabro de Panda comienza a escucharse en cada rincón de la casa ensordecedoramente. Las notas musicales invaden mi cuerpo renovándome las energías e inyectándome nuevos ánimos, haciendo que me olvide del mal humor que tenía hace rato.

Al ritmo de la música, y con movimientos alocados, camino hacia la lavandería, meto un poco de ropa en la lavadora y la pongo a funcionar. Luego, busco todos los implementos que necesitaré para dejar la casa impecable y, lo más importante, con un agradable aroma. Una vez que los saco, me pongo unos guantes de látex y subo con cosas hasta en los dientes para no tener que bajar después a buscar algo.

Para asegurarme de no rodar por las escaleras con el montón de cosas, paro en cada en cada escalón y piso firmemente el siguiente. Sería muy triste y doloroso caerme con tantas cosas encima.

Una vez que llego arriba, comienzo a atacar frenéticamente los cuartos y los baños. Me gusta que todo esté limpio y en orden así que me tomo mi tiempo en cada uno. De vez en cuando bajo para sacar ropa de la lavadora y meterla en la secadora, o simplemente meter ropa en la lavadora o sacarla de la secadora, depende del ciclo en que esté cada una.

En ningún momento dejó de sonar la música y yo no paraba de moverme, de forma graciosa y alocada, al ritmo de ésta. El que me viera así de seguro no dudaría ni un segundo en llamar al psiquiátrico para que me internen, pero es que de alguna forma debía animar mi tediosa labor.

Cuando consideré que la casa estaba lo suficientemente impecable y olorosa miré mi reloj de muñeca. Eran las 2:58pm. Había hecho todo en tiempo record, aún tenía tiempo de ducharme y terminar de lavar con calma.

Mientras camino hacia el baño voy desatándome la coleta y quitándome la ropa, dejándola tirada en todo el trayecto, estaba sola en casa así que podía darme la libertad de hacer lo que se me viniera en gana. Al llegar al baño, abro el grifo de la tina y, mientras espero que se llene, me pongo a cepillar mi cabello. En un arranque de locura e inspiración, agarro el cepillo como si fuese un micrófono y comienzo a cantar a todo pulmón frente al espejo del baño.

Bonito espectáculo el que debía estar dando, toda desnuda, cantando y bailando como loca ¡Gracias a Dios no había posibilidades de que nadie me descubriera! ¡Sino esa sería la vergüenza más grande jamás vivida!

Al llenarse la tina, cierro el grifo y me meto en ella, aún cantando. En un momento cierro los ojos y recuesto mi cabeza en la tina, flexiono una de mis piernas y coloco la otra encima, moviéndola al compás de música. Me quedo así un buen rato, dejando vagar mi mente en nuestro viaje, pensando lo que meteré en las maletas y en los que dejaré listo antes de partir. El no haber podido hablar con Rose me complicaba todo, pero igual, después de haberme dejado hablando sola, ahora creo que si me la encuentro le saltaré encima, tanto a ella como a su querido esposo, y comenzaré a degollarlos.

Bufé ante el recuerdo de la llamada y traté de bloquearlo, la verdad no quería amargarme. Al enfriarse el agua, me levanto, agarro una toalla y me envuelvo en ella, salgo de la tina y jalo el tapón para dejar correr el agua, me paro frente al espejo y observo un rato mi reflejo. Con mis manos trato de desenredar mi cabello, pero al ver que no estoy obteniendo resultados agarro el cepillo e intento alisarlo con él.

Lucho un buen rato contra mi cabello, pero al final logro desenredarlo por completo, así que tomo el secador que está en el baño y comienzo el proceso de secado. Claro que yo no soy nada cuidadosa, por lo que sólo paso el secador alrededor de mi cabello sin preocuparme en cepillarlo. El resultado, una catástrofe. Mi, ya de por sí, rebelde cabello quedó todo esponjado y sin orden, casi me parecía al Rey León después de sacudirse. Suspiré sonoramente ante la comparación.

- Genial. Simplemente genial. Ahora quedó más desastroso de lo que ya es. Esto no ayuda a mi imagen personal y mucho menos a mi autoestima - Exclamo tratando de dominarlo. Parecía tener vida propia el condenado.

Cuando vi que por más que luchara tenía la batalla perdida, me rendí y comencé a buscar algo con que sujetarlo. Lo primero que encontré fue un ganchito y no dudé en usarlo. Me las arreglé para hacerme una cebollita y salí frustrada del baño. Siempre era lo mismo con mi cabello, nunca lograba dominarlo, a la única que parecía hacerle caso era a Alice, porque realizaba maravillas con él, dejándome a mí con la boca abierta y llena de envidia. Ojalá yo pudiera dejarlo, siquiera, liso y sin friz.

Una vez que salgo del baño, bajo lentamente las escaleras, recogiendo la ropa que había tirado a mí paso, y llego a la lavandería. Meto a secar una ropa y pongo a lavar el único montoncito que quedaba. Gracias a Dios me dio tiempo de lavar todo. Odiaba tener que dejar la ropa en una Lavandería. Por muy buena que fuese, siempre maltrataban la ropa y la mezclaban, además que no quedaba tan olorosa como si la hubiese lavado yo. Y ni hablar de la ropa blanca, siempre regresaba toda curtida y amarilla, eso me enojaba. Lo que era blanco tenía que seguir siendo blanco, no color crema, beige o cualquier otro color.

Doble una ropa que tenía en el mesón y la coloqué en la cesta, junto con el resto de la ropa lavada. La ropa que íbamos a donar la metí en una bolsa negra y la puse en un lugar visible, para que cuando la viese me recordara de llevarla. Con mucho cuidado, agarré la cesta y me dispuse a subir con ella, teniendo la precaución de no enredarme, ni con la toalla con la que estaba envuelta, ni con mis propios pies.

Me tardé un buen rato en subir la escalera ya que la cesta pesaba mucho, además de que tenía que asegurarme de no rodar por ellas. Normalmente ese trabajo lo hacía Jake para evitar cualquier visita al hospital, pero ya que estaba sola me tocaba arriesgarme. Cuando llegué a la habitación sentí un alivio enorme. Había subido unas mortales escaleras, en toalla, con por los menos 2kilos encima, y aún seguía viva. Esa era una gran hazaña por la cual enorgullecerme. No todos los días tenía tanta suerte como para salir ilesa.

A medida que iba guardando la ropa en su sitio, iba sacando lo que nos llevaríamos para el viaje, lo que en realidad no es mucho ya que ambos conservamos ropa en casa de nuestros padres. Cuando terminé de organizar todo la ropa en su sitio y de separar la que nos íbamos a llevar, me dispuse a vestirme. Me coloqué el primer conjunto de ropa interior que conseguí, unos jeans negros, una franela ¾ morada y unas Converse del mismo color. Muy deportiva y cómoda para el largo viaje. Metí en la maleta algunas cosas de aseo personal, que seguramente no usaríamos porque allá teníamos todo, pero por si acaso, uno nunca sabía que cosas podían pasar fuera de tu casa y era mejor estar preparados.

Al terminar de empacar, bajé la maleta, rogándoles y rezándoles a todos los santos que conocía para no caerme por las escaleras, la coloqué en la sala, cerca de la puerta, y fui a enjuagar y a meter en la secadora la ropa que se acababa de lavar.

Lentamente subí las escaleras y llegué al cuarto, estaba cansada y, si no fuese por viaje, me acostaría a dormir de una vez hasta mañana. Corroboré la hora en reloj de mesa, 4:22pm, seguramente Jake no tardaría en llegar y, como si mis pensamientos fuesen ley, escuché la puerta abrirse y cerrarse. Me recosté un momento sobre la cama y cerré mis ojos.

- ¿Bells? Cariño ya llegué - Su vos sonaba suave, casi como un susurro, seguramente debía pensar que me encontraba dormida. Giré mi cabeza hacia donde provenía su voz y abri mis ojos, sonriéndole al hacerlo - ¿Estabas dormida? - Negué con la cabeza, no quería hablar - Bueno, yo iré a bañarme y a cambiarme de ropa, duerme un rato si quieres, yo te despierto cuando esté listo, al parecer has hecho bastante hoy - Me deleito un rato con su tierna y hermosa sonrisa antes de asentir, él me dio un cálido beso en frente y ya después no supe mas nada. De verdad que estaba muy cansada y tenía bastante sueño.

¿Cuánto tiempo dormí? No lo sé. Sólo sé que Jaké me despertó muy amorosamente cuando ya era hora de partir hacia el aeropuerto. Él llamó un taxi para no tener que sacar nuestros carros de la cochera y confiárselos a algún extraño, en casa estaban más seguros.

Eran las 5:30 cuando llegamos al aeropuerto y allí ya estaban Alice y Jasper esperándonos.

- ¿Hace mucho rato que llegaron? -

- Para nada, hace como 5min - Alice estaba tan feliz como siempre y yo sólo pude bufar ante su actitud. Seguía enojada con ella, aunque el sueño me quitara las ganas de pelear, por lo que sólo opté por mirarla de forma indiferente - Aquí están sus boletos, sólo les falta ir a registrarse y enviar las maletas -

No mediamos más palabras y fuimos a hacer los que la enana nos dijo, ambos estábamos realmente agotados. Al terminar de registrarnos fuimos a uno de los café que habían en el aeropuerto a tomar algo. Comenzamos a hablar trivialidades y la única que parecía feliz era Alice.

- A ver enana, vuelve a explicarme ¿por qué adelantaste el viaje y no lo dejaste para cuando lo teníamos planeado? - Pregunta Jake al tiempo que se pasa, por 10ma vez, la mano por el cabello.

- ¿Seguirán con eso? ¡Vamos! ¿Qué más da una semana más o una semana menos? - En ese momento deseé que las miradas mataran para poder dejar a Alice 20mts bajo tierra, aunque con eso dejara viudo a Jasper y huérfanos a sus hijos.

- De verdad, ¿Tienes alguna idea de todo lo que tuve que hacer para que me dieran permiso en el trabajo? Definitivamente, tú no piensas en los demás -

- No seas exagerado Jake, créeme que tarde o temprano me lo agradecerán - Su sonrisa y su mirada estaban llenas de misterio, sólo propio de aquellas personas que se saben conocedoras de algo.

- Pues ruega porque sea temprano, sino puedes considerarte una mujer muerta - Mi mirada no dada lugar a dudas, aún seguía muy enojada con ella.

- Si, si. Lo que tú digas Bella -

Decidimos dejar el tema por la paz y seguir hablando de cosas triviales. Pocos minutos después llegaron Emmett y Rosalie, excusándose por haber llegado tarde. Al parecer se habían entretenido no sé dónde, haciendo no sé qué. Prontamente, y sin darnos cuenta, se hizo la hora de partir. Nos despedimos rápidamente de todos y abordamos el avión, antes de despegar le tomé la mano a Jake y le susurré un débil "Te amo" que él respondió dándome un corto y amoroso beso, después de eso mi vista se perdió entre las nubes y no supe más de mi.

¿Y bien? ¿Qué les pareció? Este capi es medio spoiler, pero espero que igual les haya gustado y me lo hagan saber con un lindo review xDD Gracias a ellos es que la continúo =) ¡Nos leemos! Ja ne ^^

- Cualquier sugerencia, comentario, amenaza de muerte, o simplemente un saludo, delen click al botoncito de ahi abajo que dice "Review this Story/Chapter" Harán feliz a la autora y no les cuesta ni dinero ni trabajo! -