3. Motivo
determina la manera de actuar de una persona.


Sus reglas existían, eran reales. Nunca había pensado en deshacerse de ellas. Ni siquiera se le cruzó por la mente considerar aquella idea cuando Mike le dijo que no era necesario un gran conjunto de pautas con las que regirse, que podía conservar las necesarias, las imprescindibles y descartar las demás. Ellos no tenían el mismo concepto, no entendían de la misma forma… Así que no lo discutió. Tampoco se deshizo de ellas.

Para él, eran más que directrices, eran más que modelos. Eran algo que le había enseñado Shannon, y no podía —no quería— abandonarlo. Un código de vida, una forma para sostenerse después de haber quedado en el limbo, un apoyo necesario, un recordatorio de que debía seguir viviendo pese a que no tenía una razón para hacerlo.

Las reglas se hicieron para seguirse, incluso cuando no eran cumplidas. Pero no se quebrantaban solas. Las personas eran las que fallaban, no las reglas. Las personas se equivocaban, las reglas eran arbitrarias en su regencia. Se rompieron antes y ocurriría de nuevo, muchas veces. En ocasiones, incluso resultaban ser un problema más que una solución. Y, sí, también existían los momentos donde parecía inevitable ignorarlas. Por eso, podía colocarlas en una perspectiva adecuada, relativa… Y eran flexibles. O algo así.

Él podía romperlas todas las veces que creyera necesarias pero, de igual modo, las conservaba escritas para no olvidar ninguna. Las usaba según su conveniencia, y eso era cierto. Porque en la vida había más que puntos absolutos y blancos y negros, se contemplaban aristas y consecuencias. Porque en el mundo imperfecto donde vivían y respiraban, la zona acre e intoxicante, las reglas podían romperse y, aún así, seguir existiendo.

Y, para él, era más que suficiente.


N/A: No tengo idea de que inspiró esto.