CAPÍTULO 3
COMO SI NADA HUBIERA PASADO
Aiko se despertó cuando los primeros rayos del sol penetraron tímidamente por los resquicios de la persiana. Le costó bastante levantarse de la cama porque estaba muy a gusto, pero sabía que tenía cosas que hacer.
Al principio, cuando se puso en pie y se vio así misma desnuda y en una habitación extraña se sintió desorientada. Pero al tocarse el cuello y sentir el collar que Satoru le había dado, recordó todo lo que había sucedido el día anterior. Ahora era la esclava de su nuevo compañero de clase, que era en realidad un brujo. Si no la obedecía, este le haría daño a su padre, y eso no podía permitirlo.
Fue al baño para asesarse y luego preparó el desayuno. Como ocurrió la noche anterior, Satoru ya estaba sentado en la mesa, esperándola mientras cambiaba entre los canales del televisor. En su rostro había dibujado un rostro de disgusto.
- Tantos canales y no dan nada interesante… no entiendo este invento de la televisión.
Aiko no le hizo caso. Puso los platos sobre la mesa y se sintió en el mismo sitio que anoche, frente a él. Comenzó a comer con prisa, porque quería irse cuánto antes a clase e intentar encontrar la forma de contarles a sus compañeras que era lo que le había pasado. Como se había quedado dormida tan rápido la noche anterior, no pudo pensar en una forma para comunicarse con ellas, pero se le tenía que ocurrir algo.
- Recuerdas que debes volver a casa cuando acabes en el colegio, ¿verdad?
- Si, ya lo sé – respondió brusca.
- ¿Mmm? ¿Es qué no has dormido bien? Preparé esa cama especialmente para ti.
- Si he dormido bien… pero no esperes que tras lo que me hiciste vayamos a tener una buena relación, ¿me oyes?
- Vale, vale… solo quería tener un poco de conversación.
- Pues lo siento por ti, pero yo no quiero hablar contigo.
Aiko terminó el cuenco de arroz y se puso en pie, con intención de quitarse el collar, porque quería vestirse. Sin embargo, se llevó la desagradable sorpresa de que no podía quitar el enganche de la hebilla, por más fuerza que hiciera.
- ¿Q-Qué pasa…?
- Ah, lo siento. El único que te puede quitar ese collar soy yo.
- ¡¿Qué?! ¡¿Quieres decir que voy a tener que llevarlo todo el tiempo?!
- Es normal que una mascota lleve el símbolo de identificación de su dueño, ¿no crees?
- ¡Pero no puedo ir al colegio con esto puesto! ¡¿Cómo voy a explicarlo?!
- ¿Eso es lo que te preocupa? Ellas no verán nada. Solo los que tienen un fuerte poder mágico podrás verlo. Así que no te inquietes.
- ¿S-Seguro…? – Preguntó Aiko, asustada de que le estuviera tomando el pelo.
Satoru notó su preocupación y no pudo más que suspirar. Si le había dicho que no pasaba nada, ¿a santo de qué estaba tan preocupada?
- Te propongo un trato. Si alguien se percata que llevas el collar puesto, te dejaré darme un puñetazo. Dónde quieras. No me defenderé ni nada.
- Estás de broma, ¿verdad?
- Cuando hago tratos siempre los hago en serio.
Titubeó por un momento. Le hubiera gustado más que el trato hubiera sido que la dejaría libre, pero no podía negar que no tenía ganas de darle un buen puñetazo en su bonita cara.
- Acepto entonces. Ahora voy a vestirme.
Decidida, abandonó la habitación para ir hacía la habitación de la colada. Reconocía que le daba miedo que alguien viera el collar, pero si alguien se daba cuenta, podía decirle a sus amigas lo que estaba pasando. Y quizás, mientras ella le intentaba dar un puñetazo, sus amigas podrían usar algún conjuro para detenerle.
Cogió su ropa que estaba encima de la secadora y se dispuso a vestirse. Tras ponerse los calcines y la camiseta buscó las bragas, pero no las encontraba. Miró en la lavadora, en la secadora o dentro del cesto de la ropa sucia que había en la habitación. No estaban por ningún lado.
- ¿Buscas esto?
Escuchar la voz de Satoru la asustó, especialmente porque en ese momento le estaba dando la espalda, con el culo al aire, mostrándole su vagina sin nada que la cubriera. Dio media vuelta tapándose con la camiseta, colorada. Entonces se percató de que Satoru estaba haciendo girar sus bragas en su dedo.
- ¡¿Q-Qué haces con mis bragas?! ¡Dámelas, que me las tengo que poner!
- Hoy no las vas a llevar puestas.
- ¿Qué?
- Qué no las vas a llevar puestas.
Aiko casi palideció por un momento. ¿Ir al colegio sin llevar bragas? Estaba acostumbrada a vestir petos o pantalones vaqueros y si con las bragas ya notaba como a veces se le clavaban en la entrepierna cuando hacía algunos movimientos no quería ni imaginar como sería ahora. Nunca había salido a la calle sin llevar ropa interior, bueno si, una vez cuando era muy pequeña y se hizo pis encima porque no pudo llegar al baño. Como estaban fuera de casa, le tocó ir sin bragas, pero era muy pequeña. Ahora ya tenía 10 años y nunca en la vida se le había ocurrido ir sin bragas a ningún sitio.
- Por si lo has olvidado, tienes que hacer lo que yo te diga. Te podría pedir que fueras con minifalda si quieres, así sería más interesante…
- Serás…
- Además… - levantó su mano izquierda en el aire y apareció un círculo mágico que desapareció a los pocos segundos.
Aiko miró a su "amo" sin entender nada. Este simplemente sonrió guiñándole un ojo y abandonó la habitación. Resignada a que tendría que ir a clase sin ropa interior, se puso el peto. Desgraciadamente no tendría tiempo de pasar por su casa para coger ropa interior limpia, así que se marchó corriendo hacía clase.
Cuando llegó al colegio caminaba temerosa, encogiendo el cuello entre sus hombros, con miedo de que alguien pudiera verle el collar. Ya sabía que eso podía significar que le podría dar un puñetazo a Satoru, pero tenía miedo de que alguien se diese cuenta, porque le daba mucha vergüenza llevarlo puesto y recordar que había pasado el día anterior.
Alguien le dio una palmada en su trasero, lo que le hizo dar un pequeño brinco y girarse aterrorizada.
- ¡E-Esto no es lo que parece…! ¡E-Es porque me han obligado a llevarlo…! ¡Yo no…!
Se calló cuando vio que le había golpeado era Doremi que estaba junto con Momoko. Las dos la miraban extrañadas, sin entender muy bien que era lo que le pasaba a su amiga.
- ¿De qué estás hablando Aiko? – Preguntó Doremi -. ¿Qué te han obligado a llevar?
- ¿Hablas de esas braguitas de osito, quizás? – Preguntó una interesada Momoko – No te preocupes, a mi me parecen adorables. Yo hoy llevo una de gatitos.
La joven trago saliva. Entonces, ¿era verdad qué no podían ver el collar que llevaba puesto? Se palpo el cuello, esperando que todo aquello hubiera sido una pesadilla. A pesar de que no lo notaba colgando en su cuello, si que notaba el cuero en la yema de sus dedos y el frío del metal de la chapa que tenía impreso su nombre. No había sido una pesadilla. Además, si así hubiera sido, ¿por qué demonios habría ido al colegio sin bragas?
- ¡Ah, mirad! ¡Es Satoru-kun!
La exclamación de Doremi la sacó de sus pensamientos. Satoru acababa de atravesar la entrada del colegio y se dirigía hacía el edificio. En tan solo un día ya se había vuelto uno de los más admirados por las chicas. Algunas no le quitaban el ojo de encima, como su amiga Doremi cuyos ojos se habían convertido en unos enormes corazoncitos.
- Es guapísimo…
- Si, la verdad es que no está mal – admitió Momoko, aunque no era su tipo – Si se apuntase a un equipo deportivo ganaría muchas fans.
- Pues yo creo que es un cretino… - murmuró Aiko, furiosa de que ese tipo se pasease por ahí como si nada.
Se marchó corriendo hacía la clase, seguida por sus amigas que no entendían muy bien que era lo que pasaba. Tomo asiento en su pupitre, notando una sensación rara en sus nalgas. El tejido del vaquero se las acariciaba suavemente, mientras que la zona de su entrepierna se le clavaba un poco por dentro, lo que era ligeramente molesto, aunque no tanto como había esperado. Satoru llegó poco tiempo después y tomo asiento en su pupitre, al lado de Aiko.
- Buenos días, Senoo-san – la saludó con una sonrisa.
Esta lo único que hizo fue hacerle un gesto de indiferencia. Delante de todo el mundo Satoru no podía hacer nada, así que si pudiera avisar a alguna de sus amigas en clase, entonces podría desenmascararlo y que hicieran algo con él. Pero, ¿cómo?
La profesora entró en el aula y todos la saludaron como era habitual. La primera hora era matemáticas, una de las asignaturas que menos gustaban a Aiko. Mientras la profesora explicaba la lección, ella no paraba de darle vueltas a una forma de comunicarse con Doremi u Onpu, pero no se le ocurría nada. La profesora, que se dio cuenta que estaba distraída, le lanzó una tiza a toda velocidad.
Fue demasiado tarde cuando Aiko se dio cuenta de que venía volando hacía ella. Normalmente la podía parar sin problemas, pero no le iba a dar tiempo. De pronto, una goma de borrar apareció en la trayectoria de la tiza que la desvío y esta fue a parar hacía la nuca de Tamaki, que se quejó por el impacto de la tiza.
Todos se rieron, porque muy pocos se habían dado cuenta que esa tiza iba hacía Aiko. Lo cierto es que la profesora no daba crédito a que había podido pasar. La joven tampoco lo entendía. Miro la goma de borrar que había ido a parar a su escritorio tras desviar la tiza. Quizás de lo había imaginado, pero esta había venido desde su izquierda, y a ese lado solo había alguien sentado: Satoru.
Lo miró de reojo. Este estaba mirando hacía la ventana, como si la cosa no fuera con él. La joven le lanzó la goma de borrar de mala gana. Este ni se inmutó.
- No creas que te debo nada, maldito… - murmuró para sus adentros, aunque en el fondo se lo agradecía, porque esa tiza le hubiera hecho mucho daño.
- Senoo-san, por favor, sal a la pizarra y haz el ejercicio 6 de los que os envíe ayer.
- ¿Eh? – Por un momento no tenía ni idea de lo que hablaba, pero a los pocos segundos se acordó de pronto que ayer les habían mandado varios ejercicios de matemáticas. – Am… si… si… un momento…
- Los has hecho, ¿verdad?
Pues claro que no los había hecho. Al salir del colegio Satoru se la había llevado a su casa y la había forzado a hacer lo que quería y convertida en su esclava. ¿En qué momento los iba a poder hacer? Sudando la gota gorda, no sabía muy bien que hacer, porque le iba a caer una buena bronca. Miraba la libreta para ganar tiempo, pero no se le ocurría nada. Entonces, en la última página, encontró ese ejercicio precisamente hecho, lo que la dejó sin palabras.
- ¿Y bien?
- S-Si, ya voy, sensei.
Fue a la pizarra y comenzó a copiar el ejercicio que estaba escrito en su libreta. No recordaba para nada haberlo hecho. Es más, esa no era su letra. Una vez terminado, regresó a su pupitre, respirando aliviada de haberse salvado, aunque aún no entendía bien como.
- Muy bien… Mmmm… a ver… el siguiente sería…
La profesora miró hacía Satoru pero este se levantó sin su libreta y resolvió el ejercicio. Una vez escrito todo el proceso, regresó a su asiento. La profesora lo miraba con extrañeza.
- Esto… ¿Satoru y la libreta?
- No lo sé, pensaba que me la había traído pero parece que me la he olvidado. De todas formas daba igual, me acordaba del ejercicio, sensei. ¿Es un problema?
- N-No… bueno, lo has hecho muy bien. Pero, la próxima vez tienes que traer la libreta, para que corroboré que has hecho los deberes. Como es tu primer día no pasa nada.
- Gracias.
Aiko no pudo más que pensar en la gran prepotencia de ese tipo. Para él este tipo de ejercicios debían ser muy fáciles puesto que en realidad era mucho mayor que todos los niños de la clase, puede que incluso más que la propia profesora. Cuando terminó la clase, Aiko cerró la libreta y miró la portada bastante confusa. Esa no era su libreta de matemáticas, porque la suya tenía una cubierta de color azul claro y la de esta era blanca. Es más, el nombre que estaba escrito en ella no era el suyo, sino el de Satoru.
Lo miró de nuevo. ¿En qué momento le había hecho el cambio de libretas? Es más, ¿con todo lo que pasó ayer cuándo demonios hizo los ejercicios de matemáticas? ¿Es qué acaso los hizo mientras ella estaba llorando el sofá? ¿Lavando la ropa que se había manchado por su culpa? ¿Haciendo la cena? ¿Mientras dormía? ¿O mientras ella estaba preparando el desayuno por la mañana? Pero, la pregunta que más le estaba rondando por la cabeza era "¿por qué la estaba ayudando?"
Llegando el momento del almuerzo se sentó con sus amigas en su espacio de siempre. Ya ni se acordaba de que llevaba el collar puesto y ninguna de ellas parecía haberse percatado. Miraba a su alrededor, pero Satoru no estaba en la clase, lo que era su oportunidad. Ya sabía que le había avisado de las consecuencias de decir algo sobre lo que había pasado, pero no pensaba permitir que se siguiera aprovechando de ella. Sin embargo, al pensar en como la había ayudado le hizo pensar que en realidad no fuera tan malo como pareciese. Negó con la cabeza. No, claro que era una persona mala. La había chantajeado y abusado de ella. Y pensaba seguir haciéndolo. Así que tenía que librarse de él cuánto antes.
- Oídme, chicas… hay algo que necesito decir…
Sus amigas la miraron para escucharla, pero Aiko tuvo que callar. No sabía porque, pero de pronto le entraron muchas ganas de ir al baño y tuvo que salir corriendo de la clase. Las cuatro chicas se quedaron mirando hacía la puerta de la clase interrogantes.
- ¿Qué le habrá pasado? – Preguntó Momoko.
- Quizás se ha acordado de que tenía que hacer algo importante.
- Que va Onpu-chan, seguro que se ha acordado que están los chicos guapos jugando en el campo y habrá querido ir a verlos.
- No seas tonta Doremi-chan. No todas son como tú.
- Jope, como te pasas, Hazuki-chan…
Pero Aiko no se encontraba en el campo de fútbol como otras tantas chicas animando a los "chicos guapos" del club de fútbol en su corto partido durante el tiempo del almuerzo. Estaba en el baño de las chicas de la primera planta, orinando. No entendía muy bien como le habían podido entrar ganas tan rápido, si ella generalmente no iba hasta la tarde. Al terminar se limpio bien la vagina, ya que al no llevar bragas lo último que necesitaba es se le manchase el peto con su orina.
Al regresar a clase se sentó con sus amigas de nuevo, que ya casi habían terminado de almorzar.
- ¿Ya has ido a ver los chicos, Aiko-chan?- Quiso saber Doremi.
- ¿Eh?
- ¿No te has ido corriendo para verlos jugar?
- Ah, no, claro que no, Doremi-chan. Am… dejando eso de lado. Hay algo de lo que tengo que habla-.
De nuevo le entraron las ganas de ir al baño y tuvo que irse corriendo del aula, esta vez a mayor velocidad que antes. Sus amigas ahora si que no entendían nada de nada. Sentada ya en el váter mientras la orina salía disparada de su vagina no comprendía que le pasaba. Nunca había tenido esos problemas. Es más, esta vez por poco no llega al baño para poder soltarlo todo. Si se lo llega a hacer encima se hubiera muerto de la vergüenza de que todos la vieran.
Una vez bien limpia salió del baño y fue directa al aula. Pero en el pasillo se encontró con Satoru, que estaba apoyado en la pared cruzado de brazos.
- Problemas de vejiga, ¿eh? – Le dijo en tono burlón, lo que la molestó mucho.
- No es asunto tuyo.
Aiko iba a pasar de largo, pero entonces Satoru dijo algo que la hizo detenerse frente a él.
- Cada vez que intentes decirle a tus amigas sobre lo nuestro, será peor.
- ¿Q-Qué…? – Fue todo lo que llegó a decir, mientras un sudor frío le recorría la espalda.
- ¿Crees que no sabía que intentarías contarles a tus amigas lo que pasó ayer? El conjuro que he usado esta mañana es para evitar que digas nada. Cada vez que vayas a decirlo, ya sea por voz o escrito, sentirás ganas de ir al baño. Y cada vez será peor, porque cada vez las ganas de ir al baño aumentarán y llegará el momento en el que no podrás aguantarte. No querrás que todo el mundo vea como te meas encima a tu edad, ¿no?
La joven apretó los puños con fuerza. Ahora entendía porque motivo sentía esas extrañas ganas de ir al baño. Eso significa que no podía contarle nada a sus amigas ni a nadie. Tenía razón, la idea de que alguien le viera como se lo hacía encima la mataría, aunque ya habían pasado algunos casos en el pasado. Pero ella, no quería ser uno de esos.
- Así que creo que deberías dejar de intentar decirles nada, Senoo-san – Satoru pasó por su lado y se detuvo frente a ella, mirando cara, con unas pequeñas lágrimas saliéndole de los ojos de la impotencia – Porque sería una pena que ese peto se manchase. Te queda muy bien.
Le dio un beso en la mejilla y se marchó. Aiko se quedo parada por un momento, viendo como se marchaba lleno de rabia. Por algún momento se le había pasado por la cabeza que ese tipo podía tener "algo bueno", pero lo cierto es que en realidad era peor que el mismísimo demonio. La cuestión es que ahora estaba sola y no sabía muy bien como iba a poder hacerle frente sino podía contarle nada a sus amigas.
Satoru giró la esquina y alguien se chocó con él. Al contario de quien se había chocado con él, Satoru no se cayó, pero si que se quejó por el golpe. Miro a quien había sido. Era una niña pelirroja con dos enormes moños, lo que hacía fácil distinguirla.
- Auch… que daño… - se quedó Doremi que había caído de culo al suelo.
- ¿Estás bien?
Al abrir los ojos se encontró de frente con la cara de Satoru, lo que la hizo enrojecer y dar un brinco hacía atrás.
- ¡S-Satoru-kun…!
- ¿Estás bien? – Repitió.
- ¡S-Si…! ¡Perdona, es qué no miraba por donde iba!
- No te preocupes – la calmó con una sonrisa – Lo importante es que no te hayas hecho daño.
Le tendió la mano para ayudarla a levantarse y esta la aceptó, sin dudarlo. Una vez en pie, Doremi no pudo evitar su nerviosismo cuando Satoru la miraba fijamente.
- ¿Q-Qué pasa…?
- No, nada. Es solo que pensaba que tienes unos ojos preciosos, Harukaze-san.
- ¡O-Ooooooooh! ¡¿Q-Qué dices?! ¡Y por favor, llámame Doremi!
- De acuerdo, Doremi-chan.
Escuchar su nombre de la voz de Satoru la hizo enloquecer por dentro. Temblando como un flan por la alegría giró la esquina del pasillo y siguió su camino hacía el baño. Por su parte Satoru sonrió, porque parecía que esa chica era tan simple que sería un objetivo mucho más simple que Aiko.
