Volver a vivir

Solo lamentar que los personajes no sean mios

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Capítulo 2

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Vegeta subía por las escaleras de la casa de Berus-sama, conocía perfectamente cada peldaño ¿Cuántas veces los habían limpiado con Kakarotto a lo largo de los años? Si al menos una vez a la semana tenían que hacer el aseo completo del hogar del felino…

- ¿Y el pez oráculo? – dijo sin pensar mirando a su alrededor.

- ¿Cómo sabes de él? – le dijo Wiss.

- Nos habíamos encontrado en un sueño, ¿verdad, príncipe Vegeta? – le dijo el mencionado.

- ¿Eh? – frunció el ceño y decidió tomar la oportunidad – creo que sí, aunque es un poco nebuloso, he estado un tanto confundido desde la pelea con la lagartija.

- Le diste una buena pelea – le dijo el pez oráculo divertido – pero es una lagartija con cuernos muy tramposa – dijo riendo – algún día un príncipe saiyajin lo hará polvo.

- ¿En serio? – sonrió orgulloso pensando en su hijo del futuro, ese que trapeó el piso hasta con el padre de Freezer – espero que el día no esté muy lejano.

- Eres un chiquillo bastante peculiar – le dijo el dios mirando cómo le hacía el quite a un peldaño falso – es como si conocieras el lugar de antemano, aunque creo que nunca has estado aquí.

Vegeta lo miró confundido antes de caer en cuenta de lo que había hecho, recordaba perfectamente que ese peldaño era una trampa para cuando el hermano del dios llegase a molestar, Kakarotto había quedado atrapado en él y había tenido que mantener la pierna escayolada casi un mes dadas las heridas que la caída le había infligido y a que Wiss había sido llamado a quien sabe dónde. Habían aprendido a evitarlo desde entonces, era algo que había memorizado y que reaccionaba por instinto.

- Tienes buen instinto para evitar el peligro, aunque parece que lo buscas.

- Si lo dice por la pelea con Freezer, puede parecer una imprudencia, pero el tipo ese debe aprender que con los saiyajin no se juega.

- Hablas como un anciano – le dijo el ángel.

- Los saiyajin somos una raza guerrera, no se supone que seamos chiquillos imprudentes o lloricas si vamos a ser despiadados en el campo de batalla – le explicó.

- ¿Estás seguro? – le dijo Wiss pero Vegeta le sostuvo la mirada, desafiante – sólo tienes ¿cuánto, 8 o 10 años? No puedes haber sido mandado en alguna misión fuera de tu planeta.

Vegeta miró al ángel divertido, estaba equivocado.

- Yo fui enviado a purgar varios planetas yo solito – le dijo muy ufano – fue por eso que Freezer supo de mí, conseguí dejarlos limpios en menos de una semana y venderlos a un buen precio.

- ¿Ah, sí? – le dijo el dios de la destrucción – seguramente alguien fue tu apoyo.

- Soy un guerrero de elite – le dijo ofendido – el rey estaba enojado porque no me comuniqué durante todo el tiempo que estuve en la misión con la base, aunque, me temo que los guerreros de ese planeta eran unos debiluchos, cualquier guerrero de clase baja pudo haberlo logrado.

- Ya me parecía a mí – dijo el felino comprendiendo que le habían dado esa misión para aumentar la confianza del altivo chiquillo – Wiss, lleva a Vegeta a su habitación y enséñale el lugar antes de comer.

- Berus-sama, ¿puedo saber por qué me eligió como su discípulo?

- Eres un chiquillo con agallas, y sé de buena fuente que ustedes los saiyajin son guerreros de fuerza ilimitada, quiero comprobar si eso es verdad.

- Bueno, cada entrenamiento hace crecer la fuerza de un guerrero, y cuando resultamos heridos en batalla y sobrevivimos, nos fortalecemos – fingió estar pensando – de seguro ahora soy más fuerte después de enfrentar a Freezer, aunque dudo siquiera poder hacerle cosquillas.

- Sabías que no podías ganarle, pero igual fuiste contra él – dijo el pez oráculo.

- Me llamó simio estúpido – le dijo molesto, al menos eso le soltó Nappa – y podré convertirme en un simio gigante ante la luz de luna, pero yo tengo mucha inteligencia como para no darme cuenta de lo que realmente quiere esa lagartija con cuernos de mi raza.

Berus miró asombrado al saiyajin que seguía a su guardián, el chiquillo tenía perfectamente calado al demonio frío, porque sabía que este sólo quería usarlos como herramienta para seguir dominando planetas y razas.

- El chiquillo es peligroso – le dijo el pez oráculo – no se vaya a convertir en un enemigo si alcanza el nivel de un dios.

- Hay que mover bien las piezas – dijo el dios felino – si consigo la lealtad de este saiyajin, podremos olvidarnos que el dios saiyajin aparezca y nos destruya.

- Sí, puede ser una buena idea.

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Vegeta miró al ángel al sentarse a desayunar, al parecer ese día comenzaba la gran siesta de Berus-sama, si mal no recordaba, ese iba a ser el comienzo de la leyenda, puesto que pasarían casi cuarenta años antes que volviera a despertar para buscar una leyenda de la que, hasta ese momento, no tenía ni el más mínimo conocimiento.

- Pero, aunque Berus-sama esté durmiendo – le dijo Wiss – eso no significa que vayas a dejar de iniciar tu entrenamiento, yo me preocuparé de enseñarte todo lo posible.

- ¿Las siestas de Berus-sama son muy largas? – le dijo – es que, por lo que decían los libros, los gatos suelen dormir mucho, y como él se les parece – agregó tratando de parecer inocente.

- No lo sabemos – dijo Wiss – y sí, suele dormir mucho, pero ten cuidado que te atrape estando sonámbulo o de despertarlo, tiene un genio digno de un dios de la destrucción.

- ¿Sacaría las garras?

- Peor que eso, pero ya lo verás en acción – suspiró – ojalá ellos o vengan a incordiar.

- ¿Quiénes? – le dijo fingiendo preocupación y no saber de quien hablaba.

. Olvídalo, desayuna y ponte tu traje de entrenamiento – le ordenó.

"Así que Champa-sama ya lo fastidiaba de antes".

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(Mundo de los Kaioshin)

Los tres dioses y el ángel miraron preocupados el cielo, el planeta de los saiyajin ahora estaba habitado, pero se veían tan diferentes a como ellos los habían conocido.

- Ha pasado algo raro – dijo Shin mirando el planeta – intenté comunicarme con Kaoisama del norte por si tenía alguna noticia del señor Goku o del señor Vegeta y no me responde, tampoco he podido contactarme con Emmadaiosama.

- Tus poderes están fallando – le dijo Berus-sama – Wiss, inténtalo tú.

El ángel sacó su báculo y trató de activar sus poderes, pero no sucedió nada.

- No, no funciona tampoco.

- Eso sólo puede significar una cosa – dijo el anciano kaioshin – han cambiado el pasado y hemos sido sacados de su historia.

- ¿Y qué va a ser de nosotros? – dijo Shin preocupado.

- No lo sé, pero debe haber algo que podamos hacer ¿no?

- Sin comunicación al exterior es bastante difícil – dijo Wiss mirando una vez más en su báculo, sólo quedaba esperar, ya que la historia tenía que encontrarse de nuevo en algún punto.

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Goku abrió los ojos, cansado, hacía ocho años que había llegado a la Tierra y había tratado por todos los medios ser como el niño que Bulma había conocido, pero le era muy difícil no cambiar las cosas, sabía que no debía mirar la luna llena ya que tenía su cola, pero había sido incapaz de volver a matar a Son Gohan, por lo que sabía eso lo había cambiado su futuro, pero no era su culpa ¿verdad? No tenía cómo saberlo, Vegeta estaba demasiado lejos para preguntarle.

- Goku – lo llamaba el abuelo – iré a visitar a mi maestro ¿estás seguro que estarás bien solo?

- Claro que sí, abuelito – le dijo – iré a pescar y volveré a casa sin problemas.

- Quizás debieras acompañarme, estoy seguro que al maestro no le molestaría.

Goku movió la cabeza negativamente, no es que no quisiera volver a ver al anciano y pervertido maestro Roshi, pero era por las fechas en que había conocido a Bulma, sin ella jamás volvería a encontrarse con Vegeta, ni conocería al resto de sus amigos.

- Bueno, pero no me siento muy bien dejándote solo en casa.

- Abuelito, yo ya estoy grande, no voy a quemar la casa ni destruirla – le dijo divertido, en realidad eso lo había hecho Bulma buscando la esfera de cuatro estrellas que le pertenecía.

- Es que me preocupa dejarte tanto tiempo solo – insistió el anciano.

- Abuelito, no te preocupes tanto, tarda lo que necesites – le sonrió y el anciano se marchó.

Cuando el anciano se perdió de vista, se permitió un segundo de angustia, todo este tiempo había estado su pensamiento encerrado en el cuerpo de un niño, no podía acceder a su verdadera fuerza porque ese cuerpo no lo aguantaría, tal como había acontecido cuando se convirtió en supersaiyajin la primera vez, tendría un fallo al corazón y sin haberse encontrado de nuevo con Vegeta.

Suspiró mientras caminaba hacia el río, estaba medio muerto de hambre, pero allí podía entrenar a su antojo, ya que no estaba el abuelo podía perfeccionar la lectura del ki y tratar de controlarlo para volar, era divertido volver a descubrir tu propia fuerza.

- ¿Qué clase de entrenamiento estará teniendo Vegeta? – se dijo dando un salto en el aire equilibrándose sobre las piedras dando saltos de una a otra.

Un ruido lo sacó de su concentración y cayó al agua.

- Bulma está cerca – se dijo al sentir el pequeño ki de su amiga – entonces, debemos volver a actuar, no queda de otra.

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Vegeta, ahora de 16 años, había tenido un cambio notorio en su apariencia, los mechones de su frente habían desaparecido y había cobrado un aspecto más maduro.

- Creo que te sobreexiges – le dijo Wiss mirando al joven haciendo las dos mil flexiones que le había ordenado en poco tiempo – tu cuerpo no lo resistirá y…

- Terminarás teniendo un fallo cardíaco – completó – me lo has dicho demasiadas veces – dijo volviendo a sentarse – soy un saiyajin de clase alta, no me puedo dejar vencer. Además, dijiste que si las conseguía, podría ir a mi planeta ¿no?

- Si, pero no necesitas hacer todo en un solo día.

- Seré el más poderoso – le dijo volviendo a las lagartijas – Freezer va a tener que dejar de eliminar a los míos ocultamente, si no quiere que despierte a Berus-sama y él se haga cargo de él, me gustaría tanto ver al dios de la destrucción en acción.

- El pez oráculo dijo que un príncipe saiyajin lo eliminaría – le recordó.

- el tiempo no es inmutable – le replicó – ¡ah, perdí la cuenta!

- Vuelve a empezar – le ordenó Wiss divertido – mientras, yo prepararé de comer – le dijo y se marchó.

- Eres peor que Kakarotto – le dijo fastidiado mientras recomenzaba la cuenta pensando que el ángel no lo escucharía.

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Wiss miraba al rey de los saiyajin preocupado, le había preguntado por alguien llamado Kakarotto, pensando que tal vez fuera su amigo, otro joven de la misma edad, un saiyajin con quien el príncipe quisiera entrenar, pero su padre le había dicho que el único Kakarotto que ellos conocían había desaparecido del planeta hacía unos ocho años.

- ¿Por qué me preguntas por él?

- Es que Vegeta suele mencionar ese nombre cuando cree que nadie lo escucha – dijo Wiss pensativo – es como si fuera un amigo al que conoce de muchos años y al que echa de menos.

- Kakarotto desapareció a tres días de nacido – dijo un joven de cabello largo – nadie supo qué pasó ni que fue de mi hermano pequeño, algo rato pasó ese día que Freezer casi mató a su alteza.

- Si, parece que no está cumpliendo las órdenes de Berus-sama, o al menos Vegeta eso cree.

- No tenemos pruebas, solo comunicados de ataques sorpresivos a algunas bases saiyajin de lo que podría ser una de sus naves, pero nada concluyente.

Wiss asintió, lo de Freezer tenía arreglo, pero lo que de verdad le preocupaba era el tal Kakarotto, si era un incentivo para el entrenamiento para Vegeta, ¿de dónde lo conocía y quién era? Debía averiguarlo.

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Goku entrenaba con mucho ahínco en Kamehouse, después de todo era su segundo entrenamiento para su segundo torneo de las artes marciales, el anterior lo había perdido no adrede, sino porque su cuerpo aún no era capaz de aguantar el potencial requerido para vencer a su maestro.

Miró a Krilin que dormía cansado del arduo entrenamiento, pero él estaba preocupado, no se acercaba ni remotamente al poder que tenía cuando llegó Vegeta ¿Cuánto tiempo más tendría que entrenar para poder encontrarse con el otro saiyajin? ¿Cuánto le tomaría alcanzar siquiera el primer nivel del supersaiyajin?

Odiaba tener 10 años, si tuviera el cuerpo que tenía con 20 tal vez consiguiera hacer algo mejor. Miró hacia el cielo en silencio sin percatarse que el maestro Roshi había entrado en la habitación.

- Vegeta ¿has conseguido alcanzar el poder que tenías? ¿Será que ahora seré yo quien deba alcanzar tu poder? – suspiró – oh, no, hay luna llena – dijo volteándose abruptamente metiéndose debajo de las sábanas cubriéndose hasta la cabeza.

"¿Quién será ese tal Vegeta?" se dijo el maestro Roshi preocupado, al mismo tiempo, del gesto del muchacho, ¿Qué más ocultaría el pequeño? Porque estaba seguro que guardaba mucho poder y, al no poderlo sacar, se frustraba y menos lo conseguía.

- Quizás si se encuentra con su amigo pudiera ponerle más atención a su entrenamiento.

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Wiss estaba sentado a la mesa mirando desayunar al felino dios de la destrucción, algo había interrumpido en su ausencia la siesta del dios y se le veía bastante molesto, puesto que no tenía con quien desquitarse – normalmente lo hacía con Vegeta – y tenía hambre.

- Así que dejaste a Vegeta con los suyos – dijo golpeando con una uña la cubierta de la mesa.

- Si, parece bastante preocupado porque varios saiyajin fueron asesinados de forma bastante extraña, creen que la culpa es de Freezer, pero no han podido probar nada.

- Lo podrías haber dejado y regresado de inmediato ¿no?

- Es que tenía curiosidad, Vegeta ha mencionado en varias ocasiones, cuando cree que no lo escucho, el nombre de otro saiyajin – bebió un poco de su té – sin embargo, el nombre que menciona es de un saiyajin que desapareció hace años y cuando era tan sólo un bebé, por lo tanto me parece difícil que exista un lazo entre ellos.

- ¿Y por qué te preocupa tanto ese saiyajin?

- Es que dijo algo de romper las barreras para alcanzar el supersaiyajin antes que ese tal Kakarotto – le explicó – y en varias ocasiones ha mencionado que soy más molesto que él y yo me considero una persona agradable.

- Mmm, yo podría estar de acuerdo con Vegeta en algunas ocasiones – le replicó divertido.

- Pues no sé, Vegeta se sobre esfuerza tratando de superar a ese tal Kakarotto y se frustra demasiado cuando no obtiene los resultados que espera.

- Usa tu báculo e investiga, no me interesa demasiado quien sea ese tal Kakarotto.

Wiss miró en su báculo y se quedó mirando al chiquillo que le presentó, se veía que entrenaba muy duro, pero también se le veía frustrado tratando de obtener algo.

- Así que ese chiquillo es Kakarotto, pero no se encuentra en el planeta Vegeta – le mostró el color del cielo – si mal no recuerdo, el cielo de allí es rojo y el planeta donde está ese chiquillo tiene el cielo azul.

- Si, se encuentra en un planeta muy lejano, en la galaxia del norte, en un planeta llamado Tierra – le dijo pensativo – según la información que me aparece, llegó allí cuando tenía apenas un año, así que dudo que tengan amistad.

- Quizás ese no sea el Kakarotto del que habla Vegeta – se encogió de hombros – quizás debieras preguntarle a Vegeta al respecto.

- O preguntarle al tal Kakarotto – dijo Wiss pensativo.

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Vegeta estaba de pie frente al espejo de su habitación, estaba harto de tener que fingir que era un joven de 20 años, cuando en realidad tenía la madurez de un saiyajin adulto de cien años, pero sabía que Kakarotto no estaba en edad de ser un compañero de entrenamiento, aunque podría entrenarlo para que fuera un buen sparring.

Suspiró, si iba por Kakarotto a la Tierra tendría que darle a Wiss una excusa para dejar su entrenamiento por casi año, a no ser… a no ser que le metiera una excusa para que él lo llevase a la Tierra, pero ¿con qué? Si le decía que era por una comida especial, por muy buena que esta resultase Wiss iba a querer saber cómo lo conocía y allí iba a tener que inventarse otra mentira…

- Vegeta, nos vamos a la Tierra – le dijo Wiss.

- ¿A dónde? – repitió asombrado – usted nunca me lleva a ninguna parte.

- Bueno, pues he oído que en ese lugar hacen los postres más deliciosos de todo el universo – le dijo el ángel.

- ¿Y me tiene que llevar a mí para averiguarlo? – le dijo cruzándose de brazos, sabía que era una oportunidad de oro y ni siquiera tendría que poner una excusa, pero le asombraba que quisiera ir a un lugar tan lejano tan así como así.

- Berus-sama despertó y quiero cambiarle el ánimo para cuando regreses allá.

Vegeta volvió la mirada hacia la ventana del cuarto, el dios de la destrucción siempre se ponía de mal humor cuando estaba en su planeta, pero se suponía que la siesta que tomaría sería de 39 años y apenas habían pasado 10, ¿acaso habían conseguido cambiar tanto la historia con sus acciones? Si así era ¿qué sentido tenía seguir mintiendo?

- Supongo que el rey Vegeta no se opondrá, quería verme en acción – miró el patio de entrenamiento – está poniendo en duda mi capacidad como guerrero y príncipe de los saiyajin.

- Cuando regresemos, podrás mostrarle todo tu poder.

- Si pudiera mostrarlo, se moriría de nuevo – gruñó en voz baja.

"¿Morirse de nuevo?" lo miró asombrado, pero Vegeta caminaba hacia la salida al balcón. Nadie podía volver a morirse sin haberlo hecho antes, y sin embargo tendría que tener una manera de revivir para poder hacerlo "¿a qué se refiere con eso?".

- Vamos, así regresaremos cuanto antes – le dijo – aunque deberíamos llevar a Berus-sama o se pondrá celoso si usted prueba cosas deliciosas y no él no.

- ¿Y si algún guerrero lo desafía y destruye el planeta?

- No lo creo – dijo apenas comenzaron el viaje – sólo los saiyajin somos lo bastante idiotas para provocar a alguien más poderoso con el fin de probar nuestra propia fuerza.

- Sueles hablar como si fueras un hombre mucho más maduro de la edad que tienes, por lo que sé, ustedes no alcanzan la madurez física hasta los 80 años.

- Que no es lo mismo que la madurez psíquica – le dijo pensativo – siempre se lo dije a Kakarotto, pero nunca pudo dejar de actuar como un chiquillo pese a todos los años que cargaba encima – se cayó al ver que el ángel se había volteado hacia él – está bien, tengo algo que contarles, la verdad me está matando.

- Te he escuchado mencionar a ese Kakarotto antes – le dijo – y lo he investigado…

- La última vez que le vi tenía tres días de nacido – sonrió – lo saqué de su incubadora y lo mandé a la Tierra ¿ha crecido bien? Supongo que ha sido tu investigación sobre él que te ha llevado a querer llevarme allí ¿verdad?

- No sueles hablar tanto – dijo al fin – no entiendo nada, pero supongo que hay una explicación plausible para todo esto.

- Así es – dijo Vegeta guardando silencio, ya la había regado, ahora quizás pudieran resolver el asunto, o al menos encontrar al culpable que ellos hubiesen vuelto en el tiempo.

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Berus-sama estaba sentado en una silla de playa esperando que se sirvieran un gelatto rosa que Vegeta le recomendaba. Se había negado a contarles nada mientras no se encontrase con el otro saiyajin.

- Parece que estás seguro de encontrarte con él aquí – le dijo Wiss mirando el enorme helado que el mozo ponía frente a él.

- Prueben – les dijo y sonrió al ver la cara de asombro de ambos – sabía que les gustaría.

-¡¿VEGETA?! – escuchó una voz infantil y su dueño se echó a correr hacia el mentado colgándose de su cuello – no sabes cuánto te he echado de menos, la vida aquí es insoportable, ¿no podemos regresar a casa? O al menos tener un cuerpo más adulto, como el tuyo.

- Eres un crio – le replicó – Berus-sama, Wiss, este es Kakarotto.

- Siguen iguales – les sonrió soltando a Vegeta – pero los demás no, son tan infantiles que me duele el estómago, hasta ella me causa repugnancia.

- ¿La has visto? – el muchacho asintió – espero que no te hayas comprometido con ella.

- ¡Ya sé lo que significa casarse, Vegeta! – le reclamó.

- Ustedes dos están locos – les dijo el dios terminando su helado.

- Veran, lo que pasa es que Kakarotto y yo venimos de otra época – empezó Vegeta.

- Pero no por nuestro gusto – agregó Goku – sabemos que es un delito el viajar en el tiempo, que sólo los Kaioshin pueden hacerlo, pero nosotros fuimos tomados de nuestro tiempo y tomado el cuerpo de los que estaban aquí, hemos tenido que vivir estos 10 años…

- Eso explica que Vegeta conozca tantas cosas – dijo Wiss pensativo – ¿de qué época vienen?

- Ochenta años – dijo Vegeta – llegué a vivir noventa – se sentó frente al dios – fuimos sus discípulos por más de cuarenta años, por eso conozco bien el castillo, y, cuando llevábamos dos años alcanzamos la gracia de Zenosama…

- ¡Conocen a Zenosama! – dijeron ambos exaltados.

- Si, Zen-chan dijo que éramos sus amigos favoritos…

- Zen… Zen… Zen-chan – tartamudeó el felino.

- Bueno, fue en… - vio el gesto de Vegeta y se calló.

- Hemos alterado muchas cosas – dijo Vegeta mirando al otro saiyajin – sea quien sea el que nos haya enviado a vivir de nuevo nuestras vidas, quería cambiar algo grande, pero en todo este tiempo no tenemos ninguna noticia que nos diga quién o por qué.

- Es aburrido tener apenas una pequeñísima parte del poder que teníamos de base, si no alcanzas el supersaiyajin común ¿cómo alcanzar…?

- Kakarotto – lo calló.

- ¿No les podemos contar del poder que alcanzamos antes?

- Déjalos que asimilen un poco lo previo y les soltaremos el resto – le dijo – ¿Cómo vas con tu entrenamiento?

- ¡Me aburre, quiero volver a entrenar contigo!

- ¡Goku! – lo llamaron desde la distancia.

- Es la pandilla, Krilin y Yamcha – lo vio hacer un gesto y se rió en voz baja, al príncipe nunca se le pasarían los celos – se quedaron a entrenar con el maestro Roshi, Bulma dijo que nos veríamos aquí…

- ¿En serio ella está aquí? – sonrió perverso – ella volverá a ser mía, solo que ahora el gusano no va a tener siquiera ocasión de ser su novio.

- Vegeta, vas a cambiar la historia de tu vida – le reclamó.

- Kakarotto, ya lo hemos cambiado todo cuando llegamos aquí, qué más da cambiar un poco más nuestra historia, dudo que ellos lo sepan siquiera.

- Goku, que bueno que te encontramos – le dijo una voz femenina.

- Bulma, aquí tengo unos amigos que quieren conocerte – le dijo Goku divertido viendo como el saiyajin mayor se sonrojaba levemente – él es…

- Vegeta, un primo lejano – dijo este mirándola a los ojos – eres la mujer más bella que mis ojos han visto – le tendió la mano para coger la de ella y besarle el dorso – seguro que serás una reina de belleza ¿verdad? E inteligente también.

- Mm, pues…

- Un presente para una bella dama – se sacó los guantes y le entregó una de sus muñequeras de oro – se usa así – se la colocó y esta se ajustó de inmediato.

- Oye, ¿esa pulsera no es…?

- No le hagas caso a mi maestro – le dijo besando de nuevo su mano – sí quieres, puedo invitarte a tomar un helado o alguna otra cosa.

- A Vegeta se le corrió la teja – se rió Goku divertido.

- ¿Acaso sabes quién soy? – le dijo ella divertida.

- Eres Bulma Brief, la genio más hermosa de este planeta ¿Por?

- Vegeta es el príncipe de su raza – le dijo Goku – y un guerrero muy poderoso ¿verdad?

- Ni tanto – le dijo acariciando los dedos de Bulma – sólo necesito una reina que me dé fuerzas para luchar – le dijo con coquetería.

- En el pasado sacó fuerzas para ponerse de pie e ir contra un enemigo más poderoso que él gracias a ella – le dijo Goku en voz baja a Wiss – ella era la mayor fuente de poder de Vegeta, por ella pena, muere, vence y revive.

- Pues lo he visto frustrado últimamente – le dijo Wiss mirando a la pareja que conversaba – me pregunto si ella, si le conociera el mal genio…

- Bulma tiene el suyo – le dijo Goku riendo.

- Goku, no has presentado a los demás.

- Cierto, ellos son Wiss y Berus-sama, los maestros de Vegeta – sonrió señalando al mentado – y ellos son Krilin, Yamcha y el maestro Muten Roshi.

- ¿Van a participar del torneo de las artes marciales? – les dijo Yamcha mirando furioso a Vegeta que le seguía coqueteando a Bulma quien parecía feliz de las atenciones del saiyajin.

- No, sólo hemos venido a ver a Goku – le dijo Wiss.

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(Ochenta años adelante en el tiempo)

Un hombre caminaba furioso por las orillas de un lago, ahora los saiyajin eran más que antes de pedir el deseo a esas esferas, antes eran sólo dos de raza pura y ahora eran cientos ¿Qué diablos había hecho?

- Malditos saiyajines, se siguen saliendo con la suya – gruñó – tengo que hacer algo y evitar que se hagan más poderosos, así tenga que trasladarme yo mismo para evitar que Zeno-sama los premie con la eternidad.

Volvió hacia donde estaba su nave, buscaría de nuevo las esferas y los destruiría de una buena vez, los saiyajin no existirían costase lo que le costase.

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Continuará…